La danza de lo intocable

Capítulo III: Desastre


A pesar de sus dudas y temores, Kurama hizo lo que Kaito le sugirió. Esperaría al menos una semana a que el súcubo diera el siguiente paso, mientras tanto, él se encargaría de vigilarla.

De este modo, en pocos días averiguó que Yotsuba Tenjō era una gal de diecisiete años sin mayores ambiciones además de tener un novio guapo y dinero para comprar chucherías. No tenía ni un solo amigo en la escuela, pero sí en los barrios de Shibuya, donde solía hacerse la importante entre los grupos de chicas con cabello teñido, maquillaje fuerte y piel bronceada.

Kurama no volvió a verla en el reforzamiento —seguramente por rechazo hacia él mismo—, en lugar de eso, solía encontrarla dando vueltas en el centro comercial después de clases. En ocasiones, los delincuentes de otras escuelas la seguían, pero cuando eso pasaba Yotsuba procuraba andar sola en las calles para mezclarse fácilmente entre la multitud hasta perderlos. Era muy hábil en ello, y al demonio le pareció una buena estrategia para mantener a su gente al margen de esos conflictos, aunque le implicara casi siempre el vagar indefinidamente por la ciudad y llegar tarde a casa.

Por fortuna, no hubo otra riña que la pusiera en peligro como hacía días atrás. Las pocas veces en las que se topó con sus enemigos, el asunto se limitó a algún cruce de palabras desagradables e intentos de intimidación por ambas partes (el zorro en parte ayudó a que quedara así, pero eso no era algo que Yotsuba fuera a saber). Tampoco había rastros de su supuesta clientela, por lo que Kurama no pudo confirmar ni descartar el rumor de que se prostituía.

Lo que sí pudo corroborar, para su alivio, fue que no tenía un interés amoroso o alguien que fuera especialmente cercano a ella, pues incluso con sus amistades guardaba las distancias. Es más, cuando él la espiaba sigiloso sobre un edificio o tras una pared, le parecía que Yotsuba no disfrutaba realmente de la compañía de su grupo. La veía mucho más feliz en casa leyendo algún manga o contemplando la nada desde su balcón.

— ¡¿La estás siguiendo?! — saltó Kaito al enterarse de sus andadas.

— Vigilo que sus poderes no causen estragos — corrigió Kurama, un poco avergonzado. — ¿Tienes una mejor idea?

Kaito se llevó una mano al rostro, pensativo, para entonces asomarse por la ventana del pasillo. Desde el piso donde se encontraban tenían una vista panorámica del patio principal de la escuela, por lo que no fue difícil localizar a Yotsuba, quien estaba almorzando sola en una banca.

— Ya pasó una semana — comentó, observándola. — Tal vez podría hablar con ella.

— ¿No pensará que nos pusimos de acuerdo para engañarla? — dijo Kurama. — Es muy desconfiada, Kaito.

— Aunque nos considere un par de lunáticos, lo más importante es hacerle entender que no puede simplemente ignorar lo que es — le recordó el psíquico, volteando hacia él con determinación. — Pensaba mostrarle un poco de mi poder para probarle que no estamos mintiendo.

— Mmm… No es una mala opción. — El pelirrojo también había pensado en eso, pero Yotsuba ni siquiera le dedicaba una mirada después de lo sucedido en su último encuentro. Tal vez lo mejor era delegárselo a Kaito, de momento. — De acuerdo, solo… no seas demasiado agresivo, ¿sí? Sobre todo si lo haces en la escuela. Es capaz de armar un gran escándalo.

Su amigo le sonrió.

— Lo sé, confía en mí.


Después de lo platicado, Kaito planeaba aprovechar que estaba en la misma clase de Yotsuba para hablar con ella. La chica solía ser de las primeras en salir al acabar la jornada, por lo que tenía que actuar rápido.

Cuando el timbre sonó, Kurama no pudo evitar sentirse ansioso. Decidió acercarse al salón de Kaito cuando ambos implicados estuvieran solos y la conversación se diera, solo por si acaso. Pero apenas se encaminó hacia allá, vio a Yotsuba salir corriendo con lágrimas en los ojos. Estaba tan alterada que ni siquiera se fijó en él cuando cruzaron caminos en el pasillo. Su primer impulso fue perseguirla, pero se abstuvo al ver a Kaito también precipitarse fuera de la sala.

— Oye, ¿qué fue lo que pasó? — le preguntó.

— Luego te cuento — respondió Kaito de forma cortante, acelerando el paso hacia Yotsuba.

— ¡Kaito! — lo llamó Kurama, notando que algo no andaba bien con él.

Al no recibir respuesta, el zorro lo detuvo bruscamente del brazo, forzándolo a voltear. Lo que vio estaba lejos de ser el estudiante centrado que conocía, sino un muchacho de expresión perdida y pupilas inyectadas de una desbordante pasión. "Esto es..."

— ¡Suéltame! — Kaito lo apartó con violencia, salido de sí. — Esa chica es lo único que me interesa. No te atrevas a interponerte.

Esta declaración confirmó las sospechas de Kurama, quien vio al humano salir corriendo hacia donde el súcubo se encontraba.

— Kaito, si no reaccionas, tendré que hacerte reaccionar — murmuró, momentos antes de correr tras él, alcanzarlo y golpear duramente su nuca con el canto interno de la mano.

Kaito cayó de bruces sobre el piso flotante, inconsciente, y a Kurama poco le importó que algunos estudiantes estuvieran viéndolo. Un profesor les llamó la atención, pero él se limitó a seguir rápidamente la fuerte energía demoníaca que se dirigía hacia la azotea. Ya se las arreglaría después con lo demás.


Cuando el demonio llegó a la azotea, tardó unos segundos en encontrar a Yotsuba. La chica estaba ahí, no tenía ni una sola duda de ello; sin embargo, aun revisando el sitio de esquina a esquina, no lograba divisarla.

— ¿Qué estás haciendo aquí? — la escuchó escupir de pronto, llena de rabia. — ¡Déjame sola!

Kurama volteó y alzó la vista, encontrándola sentada sobre el techo de la pequeña estructura que conformaba la entrada. Al juzgar por sus ojos irritados y su voz rasposa, había llorado bastante.

— Tenjō, necesito saber qué fue lo que sucedió con Kaito — le preguntó con la mayor delicadeza que pudo.

El súcubo aguzó la mirada. No quería tener que contárselo precisamente a Minamino, no confiaba en él, y menos después de su última conversación. Pero cabía la casualidad de que era amigo de Kaito y quizá podía servir de mediador, después de todo, en caso de levantar la situación a las autoridades de la escuela difícilmente creerían en su palabra por sobre la del genio literario de su clase. Necesitaba orientación y algún testigo.

Se mordió el labio antes de hablar.

— Él... él... — balbuceó, temblando. Sus ojos volvieron a humedecerse a medida que los recuerdos regresaban a su mente. — ¡ÉL ROBÓ MI PRIMER BESO! ¡BUAAAAAA!

Aquel lloriqueo escandaloso desconcertó a Kurama, quien se limitó a parpadear desde su posición, más confundido que nunca.

— ¿Kaito te besó? — quiso confirmar. Yotsuba asintió en silencio, cubriendo su rostro con ambas manos. — ¿Yū Kaito? ¿Estás segura?

— ¡¿Vas a dudar de mi palabra?! — saltó ella, enojada.

— No... es que... — Kurama sabía lo poco agradable que resultaba Yotsuba para Kaito (en todo sentido), pero no quería sonar ofensivo ni herirla aún más, por lo que dijo simplemente: — Tú no eres el tipo de Kaito.

— ¡¿Qué se supone que significa eso?!

— Hablo en serio, Tenjō — insistió él, visiblemente preocupado. — Creo que debiste hechizarlo.

— ¡¿Otra vez vas a hablarme de esas tonterías?!

— No son tonterías. Es mucho más real de lo que crees y está afectando tu vida. — Kurama la observó muy serio, pero ella bajó la cabeza y cubrió su boca con una mano. No parecía estarle prestando atención. — Tenjō, necesito que me escuches.

— Mi primer beso... — sollozó ella con voz solapada, ignorándolo. — Yo quería que fuera especial…

La ceja del demonio tembló de manera imperceptible, denotando un pequeño tic nervioso. Si la chica supiera que sus poderes podían hacer que miles de hombres y mujeres inclusive la besaran sin su consentimiento, sabría que se estaba preocupando de una nimiedad. Pero ese era el asunto: decírselo y que lo creyera posible.

Kurama suspiró, haciendo grandes esfuerzos en disimular su exasperación, y de manera silenciosa buscó la escalera de incendios que lo llevaría con Yotsuba. Cuando él empezó a subirla, el súcubo se sobresaltó. Lo último que quería era tenerlo cerca, más aún después de lo sucedido con Kaito, por lo que automáticamente empezó a buscar una vía de escape. Una caída desde ese sitio no la mataría ni le rompería un hueso, pero quizá sí se doblaría el pie, y temía humillarse frente a Minamino para luego acabar siendo cargada por él hacia la enfermería. "No, por favor..."

Con pesar comprendió que no podía huir.

Antes de que el pelirrojo acabara sentándose a su lado con las piernas extendidas en el límite del techo, la muchacha se enjugó rápidamente las lágrimas con la manga del uniforme. Ella mantenía las piernas flectadas, envueltas en sus brazos, como si quisiera hacerse bolita y llorar el resto de la tarde. Solo los acompañaba un enorme cielo rosáceo sobre sus cabezas. Kurama lo contempló unos segundos que a Yotsuba le parecieron eternos, mientras la brisa le acariciaba la melena rojiza.

— Sé que estás afectada, pero hay una razón por la cual Kaito te forzó. Creo que sabes que él no es la clase de persona que haría una cosa así — habló con suavidad, sin mirarla. — Y si no me escuchas, podría volver a suceder.

Al súcubo le preocupó oír eso. Seguía sin creer una sola palabra de esa extraña historia sobre poderes y demonios, pero estaba dispuesta a ceder si con eso podía evitar otro evento similar.

— Si me entero que tú y Kaito están jugándome una broma, te juro que-

— No es así. — Kurama volteó hacia ella, mirándola fijamente. — ¿De verdad crees que perdería mi tiempo molestándote?

— No lo sé, tú dime — lo desafió Yotsuba, sin dejarse intimidar por esos llamativos ojos que parecían ver a través de ella. — Tienes un minuto.

El demonio no esperaba que realmente le concediera esa oportunidad, por lo que tardó unos pocos segundos en ordenar las ideas más importantes en su cabeza. Yotsuba seguía encogida sobre sí misma y había desviado la mirada hacia un punto indefinido del horizonte, pero aun así Kurama notó que lo estaba escuchando.

— Como te decía el otro día, yo soy un demonio y tú también lo eres. La diferencia es que yo he sido consciente de mi naturaleza desde niño, en cambio… tú apenas estás despertando tu poder, el cual es muy peligroso para ti si no sabes dominarlo — resumió rápidamente el zorro. — Cuando te sientes en peligro, tu cuerpo de manera inconsciente atrae a quienes te rodean, cegándolos de su razón. Eres un tipo de demonio que despierta el impulso sexual y lo usa en su beneficio. — Kurama levantó la vista hacia el cielo antes de continuar: — No sé qué fue lo que sucedió con Kaito, pero, sin querer, tú…

— Se terminó el minuto — lo cortó Yotsuba. — Ahora, déjame sola.

El pelirrojo apretó los labios y obedeció, no sin cierta resignación, impulsándose hacia delante desde el techo donde se encontraban. Yotsuba reprimió una exclamación, para entonces verlo caer en una pieza, amortiguando elegantemente contra el suelo. Minamino se marchó campante de la azotea, dejando una dulce esencia a rosas danzando cerca de su compañera.


— No puede ser — fue lo único que dijo Kaito tras enterarse de lo sucedido.

— Sí.

Al día siguiente, el humano había regresado a la normalidad, pero solo recordaba haber despertado en la enfermería después de hablar con Yotsuba. Fue interceptado por Kurama en el receso, como ya era costumbre, y quedó visiblemente afectado después de escucharlo.

— Mi primer beso… desperdiciado con una chica tan poco agraciada — lamentó, devastado, llevándose ambas manos a la cabeza.

— ¿Eh? — se extrañó el pelirrojo, comprendiendo que eso era lo que realmente preocupaba a su amigo, y no el haber sido hechizado por un súcubo. — Como sea, ¿qué es lo que recuerdas?

Kaito se recompuso para hacer memoria, contemplando los libros de texto ordenados sobre su pupitre.

— Hablamos muy poco — respondió. — Se puso inmediatamente a la defensiva cuando empecé a hablarle del tema. Pensó que me había puesto de acuerdo contigo.

"Lo suponía", pensó el zorro.

— Le dije que, aunque yo no era un demonio como ustedes, iba a hacerle una demostración de mi poder, pero antes de activar mi territorio sentí… el irrefrenable deseo de besarla. — Kaito continuó el relato con incomodidad. — Mis recuerdos son muy borrosos. De hecho, cuando desperté creí que todo había sido un sueño. Esa idea me alivió. Tú mejor que nadie sabes que ella no me gusta nada.

— ¿Qué pasó cuando la besaste? — preguntó Kurama, cada vez más interesado.

— Aún estaba consciente, pero mi cuerpo se movió solo. La tomé de los hombros y forcé un beso. Fue todo muy rápido — recordó el psíquico, llevándose la yema de los dedos hasta el tabique de la nariz. La imagen de sí mismo besando a Yotsuba después de clases volvió a su mente, provocando que sus emociones oscilaran entre el asco y la vergüenza. — No sé cómo explicarlo, era como si ella me estuviera induciendo a hacerlo. Sentí mucho calor y excitación por todas partes cuando la toqué. Fue una locura. Después de eso, ya no recuerdo más.

Kurama se cruzó de brazos, pensativo.

— Con esa información podemos deducir que Tenjō es el tipo de súcubo que utiliza su poder para atraer al enemigo cuando se siente en peligro. Si este llega a tocarla, el afrodisíaco se intensifica, y si este llega a besarla, pierde su consciencia y voluntad — concluyó. — Me tranquiliza bastante que este pequeño inconveniente sucediera contigo y no con otra persona. Ahora sabemos a qué atenernos.

— Un gusto ser tu rata de laboratorio, Minamino — ironizó Kaito.

— Vamos, no te pongas así. — Kurama le sonrió. — Al juzgar por su reacción, podría apostar que no tiene ningún tipo de experiencia, lo cual también es un alivio.

— Eso aún no lo sabemos, ¿no se supone que se prostituye? Podría estar perdiendo la consciencia y el control de su cuerpo para satisfacer sus instintitos de súcubo y tomar la vida de gente inocente.

— También lo pensé. Fue por eso que empecé a seguirla. Hasta la fecha no hay indicios de que tenga una doble vida o algo así. — De pronto, el semblante del demonio ensombreció. — La verdad… lo que más me preocupa es el asunto del contacto.

— ¿El contacto?

— Quizá no bese a nadie, ni tampoco tenga relaciones próximamente, pero… sí tiene contacto con gente, sea de manera casual o intencionada — explicó al humano. — En el metro, cuando camina por las calles atestadas de Shibuya… Cualquier roce en un mal momento podría despertar un fuerte deseo en otra persona. Y si ella percibe a esa otra persona como peligrosa, activará el afrodisíaco.

— ¡Eso es malo! — exclamó Kaito, comprendiendo su preocupación. — ¿Qué piensas hacer? Esa idiota ya no quiere saber nada de nosotros.

— Ocuparé un último recurso — declaró Kurama con decisión. — De no funcionar, no me quedará otra opción más que entregarla a Koenma.


Los días pasaron sin mayor novedad. Tanto Kurama como Kaito fueron interrogados por el director, a quien se le informó de su supuesto pleito. Era evidente que había sido cosa del maestro que atestiguó lo sucedido, molesto de que ninguno obedeciera a sus advertencias en el momento. Ambos acordaron excusarse con estar practicando sus técnicas marciales, actividad que se salió de las manos esa tarde.

A pesar de sus ruegos y reproches, Kaito recibió la primera infracción de toda su vida estudiantil, manchando su antes impecable historial. Kurama, en cambio, no se liberó del castigo, ya que no solamente fue atrapado corriendo por los pasillos, sino que golpeó a un compañero delante de otros alumnos. Para las autoridades del Meiou, alguien tan admirado no podía permitirse semejante comportamiento, menos contra uno de los genios de la escuela.

— Jamás imaginé que te vería en mi oficina por un motivo como este, Minamino — comentó el director, sin disimular su decepción. — Será mejor que no estés teniendo malas juntas.

— Soy el único responsable de mi error, señor — respondió Kurama, muy tranquilo.

— Eso espero. Aún recuerdo que en tu segundo año dos delincuentes del Sarayashiki armaron un gran revuelo en la escuela para encontrarte, y cuando te preguntamos al respecto, respondiste que eran amigos tuyos.

"¿Dos delincuentes? ¿Se refiere a Kuwabara y Botan?", se preguntó el pelirrojo, recordando aquella ocasión. Fue ahí donde conoció a Kaito y a los demás psíquicos.

— Así es, pero ellos no tienen nada que ver — insistió.

Pero el director no parecía conforme con su respuesta.

— Un estudiante tan brillante como tú debería estar más preocupado de los exámenes de ingreso a la universidad — continuó con severidad. — En lugar de eso, renunciaste a la posibilidad de convertirte en un profesional y solo vienes aquí a jugar y a distraer a otro de nuestros prodigios. De verdad, espero que estas sean tus propias decisiones y no las ideas de alguno de esos "amigos" que tienes.

— De hecho, creo que ellos han sabido escoger mejor que yo — respondió Kurama con una sonrisa apacible y sincera.

No iba a detenerse a explicar que Kuwabara había dejado las peleas atrás para dedicarse a sus estudios e ingresar a una buena universidad, mientras que Botan era una guía espiritual que prescindía de las necesidades humanas. En lugar de eso, se fijó en el par de retratos que tenía el director en su escritorio: uno de ellos enmarcaba una foto familiar de él, su esposa e hijos, mientras que el otro lucía la foto de una niña rubia que a Kurama le resultaba extrañamente familiar.

El sermón no duró demasiado, lo suficiente como para enterarse que su castigo consistía en ayudar a limpiar los salones de tercer año durante una semana. Él acató sin discutir.

Durante esos días, Yotsuba pasó a su lado varias veces durante el receso, y cada vez que lo hacía parecía mirarlo de reojo, disimuladamente, para después ignorarlo con intención. El demonio interpretaba estos gestos como una mezcla de curiosidad y aversión, por lo que aprovecharía estas emociones contradictorias para llevar a cabo su plan.

Antes de irse a dormir, el súcubo solía contemplar las estrellas desde el pequeño balcón que conectaba con su habitación. Aquella noche llevaba el cabello suelto y vestía un buzo deportivo sobre su pijama. Como resultado de tantas semanas siguiéndola, Kurama se sabía de memoria esta rutina suya. "Espero que funcione", pensó, un poco azorado, mientras la observaba oculto desde un edificio de mayor altura. Ni la madre ni la hermana pequeña solían presentarse a esas horas. Era su oportunidad.

Yotsuba mantenía los codos apoyados en la baranda y la mirada fija en el cielo. Las luces de su habitación estaban apagadas, pero aun así el resplandor nocturno de la luna, las estrellas y la misma ciudad delataban parte del desastre que tenía tras el ventanal. Su mente divagaba, abstraída por el misticismo de los astros, cuando una criatura increíble saltó sobre ella. El movimiento resultó tan absolutamente veloz y sobrenatural que no consiguió dar un grito de aviso, no cuando su boca fue silenciada de inmediato.

Sintió cómo su espalda chocaba contra el cristal y su hombro era sostenido con brusquedad, mientras que sus pupilas horrorizadas no podían hacer otra cosa más que observar la abrumadora belleza de su atacante.

— Vaya, vaya, qué tenemos por aquí — le escuchó decir con voz grave y aterciopelada.

La vista de esa noche ahora se ocultaba tras el alto porte del desconocido y su luz tenue se reflejaba a través de las finas hebras de cabello plateado. Dos orejas de aspecto animal sobresalían de su cabeza y una cola felpuda se movía de un lado a otro a sus espaldas, tal y como si estuviese acechando a una presa. La musculatura de su cuerpo era muy firme y presionaba contra ella con seguridad, inmovilizándola sin esfuerzo. Sus ropas eran simples y desgastadas, como si las estuviera vistiendo durante décadas, y su frío mirar la atravesaba como una cuchilla de oro.

— No levantes la voz… o te irá mal — le advirtió a Yotsuba, antes de retirar la mano de su boca y deslizar una de sus filosas garras en la línea que le dibujaba el mentón.

Ella apenas podía respirar.

— Qué… qué… — balbuceó la chica, mientras la bestia siseaba, pidiendo silencio con un gesto de su dedo.

— Mi nombre es Youko, soy un demonio — susurró él, manteniéndose cerca de ella.

— Un… dem…

De pronto, sintió que la mano de la hermosa criatura aflojaba y se deslizaba de manera suave por su hombro, provocando que sus mejillas adquirieran un vivo rubor. Estaba siendo acosada por un ser evidentemente anormal, pero su temor no la volvía inmune a esos ojos rasgados y seductores, ni a esa rodilla estratégicamente ubicada entre sus piernas.

— Tu cuerpo es muy especial, no debes dejar que nadie lo toque, ¿de acuerdo? — dijo Youko entonces, hablándole cerca del oído. — Un simple roce tuyo puede despertar el deseo de quien sea, porque eres un súcubo.

— ¿S-súcubo? — repitió Yotsuba, mareada de tantas impresiones.

— Así es. Y debes aprender a controlar tu poder.

Sin agregar más, el demonio la liberó dando un brinco hacia atrás. Permaneció de pie sobre la baranda con una apariencia majestuosa, embellecida por los destellos del horizonte. Su cabello de plata se mecía y brillaba, como si se tratara de la personificación de una divinidad.

Youko Kurama le dedicó una última sonrisa antes de dar un paso al vacío.

— ¡E-espera…! — lo llamó ella, precipitándose contra la baranda poco después de que él se hubiera dejado caer.

Pero, al hacerlo, la bestia ya había desaparecido.

"Tienes que estar jodiendo...", pensó Yotsuba, mientras se dejaba caer sobre sus rodillas temblorosas.


A la mañana siguiente, Kaito quería saber qué se traía Kurama entre manos y utilizó varias de sus artimañas para averiguarlo, sin resultado. Al psíquico le extrañaba que no quisiera compartir su nuevo plan con él, y la sospecha no hizo más que crecer cuando dejó de referirse al tema durante sus encuentros, siendo que, desde que descubrieron al súcubo, era prácticamente de lo único que hablaban. En lugar de eso, Kurama evitaba la conversación a consciencia, como si su próxima maniobra lo avergonzara profundamente.

Y así era, pero el zorro no quería que Kaito confirmara esa información. "Ojalá y Tenjō nunca se entere que Youko y yo somos la misma entidad", pensaba, sin poder creer que había recurrido a una estrategia tan sucia solo para hablar un poco con ella.

No obstante, cuando la implicada se presentó en su salón durante el receso, atropellando en el acto a varios de sus compañeros, supo que había funcionado.

— Tenemos que hablar — le dijo Yotsuba a viva voz, deteniéndose frente a su pupitre con una mano en la cintura y la otra extendida sobre la mesa.

Por supuesto, aquel desplante lo pilló desprevenido. Se hizo un silencio abrupto y sepulcral.

Ambos estudiantes llamaban la atención por razones completamente opuestas, por lo que resultó inevitable que acapararan la atención de los atónitos presentes.

— ¿Qué pasa ahí? — susurró una chica.

— No me digas que Tenjō piensa declarársele a Minamino — murmuró otra, visiblemente espantada de solo pensarlo.

— ¡Como si ella tuviera oportunidad…!

— Pero, ¿no estará seduciéndolo?

— ¡Minamino no se dejaría seducir por esa zorra!

Irritada de escuchar tantos cuchicheos a su alrededor, Yotsuba hizo un gesto simple con el pulgar para indicarle al pelirrojo que la siguiera. Él se incorporó de su asiento y lo hizo sin mediar palabra. Se retiraron juntos del salón, perseguidos por los murmullos de los estudiantes que no les quitaban los ojos de encima.

Una vez estuvieron solos en la azotea, el súcubo explotó de indignación:

— ¡¿Qué rayos les pasa a tus fans?! Me veían como si fuéramos a coger o algo así.

— Solo ignóralas. — Kurama restó importancia al asunto antes de dedicarle una sonrisa. — Me alegra que estés bien.

Yotsuba parpadeó. No acababa de acostumbrarse a su inherente amabilidad.

— Pues… pues claro. ¿Por qué no lo estaría? — respondió, algo nerviosa.

— Bueno, la última vez que hablamos, tú…

— ¡Sí, sí! No me lo recuerdes. Justo de eso quería hablarte — lo cortó ella, para entonces desviar la mirada y carraspear. Kurama notó que su piel empezaba a enrojecer, mientras buscaba las palabras adecuadas para expresarse. Él esperó pacientemente. — Yo… ehm… quiero que me expliques un poco más…

— ¿Eh?

Yotsuba se llevó ambas manos hacia la espalda y recompuso la idea, queriendo sonar natural:

— No es que te crea o algo, solo… estoy muy aburrida y me da curiosidad escuchar todos los disparates que me querías contar con tanta desesperación. Eso es todo.

Kurama no pudo evitar quedar boquiabierto unos segundos. En consecuencia, soltó un bufido suave.

— ¡Oye, no te rías! — saltó ella, roja como un tomate.

— Lo siento — se disculpó el zorro, conteniendo otro gesto similar. — Parece que algo de lo que dije te persuadió finalmente.

En ese instante fugaz, Yotsuba recordó a Youko. Aquella sonrisa maliciosa, su profunda voz... Solo evocarlo hizo que se le erizara la piel.

— Eh, sí… claro — respondió, deshonesta. Aún no confiaba lo suficiente en Minamino como para hablarle de ese peculiar encuentro.

Evidentemente, no tenía idea de que el atractivo demonio que conoció el día anterior estaba justo delante de ella.

A Kurama no le gustaba engañar a la gente de esa manera, pero se contentaba con saber que aquel indeseado movimiento no había sido en vano. Quería ignorar su propia ética y valorar que ahora el súcubo lo escuchaba. De momento, eso era lo más importante.

— Bien, lo primero que debes saber es-

— ¡Tenjō, el maestro te está buscando! — Para su desgracia, Kurama fue interrumpido por una voz femenina.

— Sí, ¡y ni creas que podrás escaparte esta vez! — exclamó otra igual de imponente.

Los demonios voltearon y encontraron a dos chicas del salón de Yotsuba bajo el umbral de la puerta que conectaba la azotea con el edificio. Al parecer, otros curiosos se mantenían ocultos tras ella, pues aún en la distancia podían verse algunas cabezas asomadas con discreción.

— ¿Pueden darme un minuto? — pidió Yotsuba, acostumbrada a que los profesores la citaran a sus despachos para hablar de lo usual: sus bajas calificaciones, su mal comportamiento, su inexistente futuro como un miembro decente de la sociedad…

No obstante, las alumnas se aproximaron con la clara intención de llevarla por la fuerza de ser necesario. Todo fuera con tal de alejarla de Shūichi Minamino.

— ¡No! Ya te entretuviste bastante, ahora, ¡ven! — exigió una de ellas, molesta.

— ¡Argh, de acuerdo! — aceptó el súcubo de mala gana, para luego voltear hacia Kurama con resignación: — Lo siento.

— Descuida — respondió él, encogiéndose de hombros. — Hoy me toca limpiar tu salón después de clases. Puedes esperarme ahí, si quieres.

— Ah, ¿estás castigado? Qué novedad — se sorprendió Yotsuba, mientras sus celosas compañeras la sujetaban de los brazos, arrastrándola lejos de Minamino. — ¡Ya suéltenme! ¡Puedo caminar sola!

Kurama vio desaparecer a la chica tras la puerta en contra de su voluntad. Con ello, los demás alumnos se dispersaron escaleras abajo, fingiendo nunca haber estado ahí en primer lugar.

Le aliviaba confirmar que no era una persona tan irracional como parecía, aun cuando tuvo que hacer uso de su ilusión adolescente (y de sus hormonas) para atraerla y hacerse escuchar. Ahora solo quedaba concretar el encuentro y explicárselo todo. Y si la situación volvía a complejizarse, sabía que podía usar a Youko en su contra.

Decidió permanecer en la azotea el resto del receso. El cielo estaba increíblemente despejado, por lo que solo contemplarlo le producía tranquilidad. Hacía tiempo que no se sentía así.

Sin embargo, el relajo poco le duró.

No habían transcurrido ni diez minutos cuando Kaito se precipitó hasta la azotea con agitación:

— ¡Minamino, tienes que venir ahora! ¡Tenjō está…!


NOTAS DE LA AUTORA:

Yu Yu Hakusho es mi shonen favorito desde que tengo 11 años, ya saben, lo vi durante la época dorada de Toonami. Yotsuba es la OC que inventé para ese universo y que roleaba en diferentes medios de la época, la cual, por azares del destino, acabé relacionando con Kurama (plotwist: originalmente me gustaba Hiei, pero los caminos de la vida no son lo que yo esperaba). Cuando el rol terminó, hice un montón de fanfics de esa parejilla y otras más, la mayoría sin concluir.

Se los cuento para que entiendan lo mucho que me emociona escribir esto :'D

KimWolfMoon: Ay bb, te amo tanto por apoyar este fanfic aunque no conozcas nada de YYH ;_; hasta el momento no he integrado taaaantos conceptos de la serie, así que creo que no tendrás problemas para continuar leyendo. Ahora que lo pienso, toda esta primera parte es como una comedia escolar. (?) Me alegra mucho que Kurama te esté cayendo bien, pero ojo piojo, que es mucho más que un chico amable con una cara bonita :x

Mayu Miname: En el fondo, Kurama (casi) siempre tiene el control de todas las situaciones, pero la gracia de Yotsuba es que es re impredecible, y eso hace que su relación sea más caótica y divertida. Lo de emparejar opuestos es súper cliché, pero me encanta, no lo puedo evitar. En este capítulo te resolví la duda (creo) de cómo reaccionaría Yotsu si conociera a Youko, ¡ojalá te haya gustado!

enma-naruhina: No hay nada que disfrute más que sacar a Kurama de su zona de confort, ¡espero te siga divirtiendo tanto como a mí!

Muchas gracias a todas por leer, son lo mejor de lo mejor.