-Flashback-

Luego de entregar al pequeño Zym con su madre y que los reinos de Xadia se dieran cuenta de la gran hazaña causada por una de sus subordinadas y un humano no hicieron esperar para llevar la buena nueva por todos los rincones de la tierra. Tanto fue así, que Ezran en ese entonces como nuevo rey decreto que aquel día que su pequeño amigo volvió con los suyos se hiciera una fiesta en honor al trabajo hecho por dos razas que anteriormente se odiaban.

Callum y Rayla eran los más elogiados por todos, tanto elfos como humanos los felicitaban, les enviaban regalos y les aplaudían y cantaban sobre el dúo que salvó a la tierra de la total aniquilación de razas. Había que admitirlo, Ezran se divertía como nunca, Soren después de unas cuantas semanas de terapia ya se encontraba listo para bailar con las jovenes damiselas del reino y Claudia… bueno, ella trataba de menguar su buena vibra con los demás, claro, no sin apartarle la vista a cierto mago principiante y a cierta elfo asesina que se encontraban en una esquina del enorme salón riendo y jugando a veces de manos entre ambos. La maga ciertamente se sentía un poco celosa por el príncipe, había logrado dominar un poco el arte de la magia real sin necesidad de la nigromancia ni de las artes oscuras que su padre le había inculcado… ahora ella deseaba pasar tiempo con él, lo veía como un ejemplo a seguir, era la primera vez que se sentía por debajo de él y eso en cierto sentido le atraía. Quizás en el pasado no le presto la atención que realmente se merecía, pero ahora ella era la que estaba interesada.

-Vamos, Rayla! – Le dijo Callum codeándole amigablemente – cuando quieras puedo darte unas clases de natación – Reía jocosamente de la pequeña debilidad de su mejor amiga.

-Obvio sé nadar, tonto – Respondió con la misma alegría halando uno de los mechones del pelicastaño– que odie el agua es diferente.

-Y como es eso? No te bañas o algo así?

-Nos hacemos lavados, sí – Explicaba divertida – pero no me meto a una fuente o en algo hondo es difícil para mí. Además – Agrego – nosotros los elfos jamás agarramos malos olores como ustedes.

Ante los ojos de los demás se podía llegar a pensar que aquella joven Elfo y aquel príncipe habían llegado a experimentar algo más que una simple amistad. Y no iban tan alejados, luego de que Callum hubiera curioseado por su propia cuenta a las malas lo que es hacer nigromancia no hubo otra persona más preocupada por su estado que ella. Para la elfo Callum significaba mucho, quizás no debía desarrollar esa clase de emociones y sentimientos hacia otro que no fuera de su raza, pero el muchacho… era diferente, totalmente diferente a lo que conocía de los hombres en su tierra natal. Aún así, ella lo guardaba, no quería asustarlo o arruinar su amistad con él. No lo merecía, ni siquiera podía pensar en lo inaceptable que sería que una elfo asesina estuviera con un príncipe de un reino humano.

La fiesta continuaba, habían algunos elfos en el salón pero trataban de no socializar mucho con los humanos. No hasta que un joven y algo ebrio Soren comenzó a llegar a hablarles y a sacar a sus hembras a bailar. Claudia estaba apenada con el comportamiento de su hermano mayor, tanto así que sin darse cuenta perdió de vista a Callum y Rayla. Bufo molesta, no quería perseguirlos pero algo en su interior le pedía hacerlo. Ella tenía un plan, quería ganarse la confianza entera de Callum para aprender de su magia, quizás en algún momento llegaría a superarlo… claro aún sabiendo que él sigue siendo un novato en esto de artes mágicas. Suspiro intranquila y decidió ir a buscarlos.

En otro lugar del castillo, Rayla perseguía a Callum jugueteando como dos buenos amigos. Se habían aburrido de la fiesta y el príncipe opto por enseñarle todo el castillo. Esta vez en buenos términos y sin la grave necesidad de asesinar a alguien, menos a un joven rey que aún no alcanza la pubertad. No, esta vez era más ameno todo, sin mentiras, sin engaños, a veces Rayla trataba de tomar la mano del joven mago pero de inmediato la apartaba cuando sentía que algún guardia los observaba.

-Tienes un hogar muy hermoso, Callum – Decía la joven elfo maravillada con el castillo – ojalá mi casa fuera así – bufo en tono celoso pero amigable.

-Ya estuve en Xadia, Rayla – Comento – lo que daría por estar en tanto contacto con la naturaleza como ustedes. Es hermoso.

-Sí, ya lo sé, tienes envidia de que yo pue… - en ese momento la elfo escuchó unos pasos tras ellos, los conocía bien, sabía que se trataba de la chica que casi descuartiza un dragón solo para experimentos… ella la detestaba, no le tenía confianza a pesar de que juro lealtad a su pequeño amigo Ezran.

-De que tú puedes? – Entrecerró los ojos y con media sonrisa le pregunto.

-Creo que deberíamos irnos a otro lugar… - propuso.

Callum la miro un poco confundido. Aún así solo accedió y continuaron caminando bajo la mirada furtiva de la joven hechicera de cabellos negros a lo lejos. Sin darse cuenta entre pasos y risas por parte de los dos llegaron al jardín principal del castillo. Rayla quedo maravillada con la cantidad de flores, arbustos y arboles de extrañas formas y colores que no habían en su querida Xadia. Lo que más le llamo la atención fue ver que en mitad del patio se mostraba con orgullo dos estatuas de los antiguos reyes de Katolis. No hacía falta saber que se trataban de los padres de Callum y Ezran. Esto le estrujo un poco el pecho, ellos amaban a sus padres y los perdieron de forma terrible en muy poco tiempo.

-Tu madre… - dijo Rayla mientras se sentaba en el cesped – era muy hermosa, Callum.

-Eh? – el mago la volteo a ver algo confundido por esa frase – Sí, ella era muy hermosa, sabia, justa… - agacho la cabeza un poco, no le agradaba mucho la idea de que Rayla lo viera así.

La elfo no pudo evitar sentirse apenada y dolida de ver a su amigo así. De inmediato se levanto y con un reconfortante abrazo hizo que Callum llevara su cabeza hacía su hombro para que pudiera sollozar en completa tranquilidad. El príncipe sintió el calido tacto de la elfo y no solo eso, también su aroma… era tan atrayente para el joven mago, no era estrafalario ni lleno de esencias como las que usaba su amiga Claudia que si bien le encantaba, para él en ese momento la fragancia natural de la elfo era cien veces mejor.

Rayla le soltó sin alejarlo mucho, y con su mano derecha tomo el mentón de Callum para mirar su rostro con mayor detenimiento. Ella se sentía atraía por esos hermosos ojos color verde esmeralda, su respingada nariz y esos pálidos labios… esos labios que le llamaban por ser tocados. Callum también estaba embelesado con Rayla, adoraba esos iris violetas caracteristicos de su raza, su distinguible cabello blanco que a la luz de la luna parecía de color plata y su suave y blancusca piel de elfo…

Se quedaron estaticos por unos instantes, tanto es así que sin darse cuenta la distancia entre sus rostros se iba acortando más y más sin que ambos se dieran cuenta. Callum podía sentir la apaciguada respiración de la elfo, mientras que la de él era cada vez más efusiva, su corazón estaba palpitando como loco, parecía que estaba sufriendo un ataque de taticardia mientras los labios de la mayor iban rozando los suyos… pero algo los saco de su trance, sintieron como algo cercano cayo y se rompió en cientos de pedazos, como una especie de vasija que adornaba el lugar. Los dos se separaron sonrojados y con sus rostros ardiendo y al darse la vuelta hacía el lugar del estruendo, sus ojos se toparon con las de cierta joven hechicera que estaba parada allí con las manos llevadas hacia su rostro ocultandolo, quizás de la vergüenza.

-Cla… Claudia! – Exclamo finalmente Callum - ¿Qué haces aquí?

A Rayla no le gusto para nada la intromisión de aquella mujer. Sabia desde hace rato que los estaba siguiendo y al estar tan cerca de Callum se olvido por completo de su presencia.

-Eh… yo? – liberó su rostro y con un dedo en su mentón comenzó a formular su ingeniosa respuesta – Bueno… yo… iba hacía la biblioteca! – Dijo con cierta jocosida- Ya sabes que este lugar es enorme y suelo perderme con mucha facilidad – soltó una pequeña risa burlona e inocente.

La elfo de inmediato notó que era todo una fachada. Era muy obvio, no le parecería muy raro que Callum creyera semejante tontería, de todas formas no podía evitar que aunque le dolería admitirlo el joven príncipe aún sentía una especie de atracción hacia ella, incluso luego después de lo que les hizo.

-Oh! Ya veo. Si deseas te podemos llevar. La verdad es que solo sé llegar pero no como explicar para que llegues – Propuso Callum animado mientras miraba a Rayla emocionado.

-Que? No – Hizo una negación con ambas manos mientras sonreía – No deseo molestarlos, ya sabes – se rasco la cabeza ya un poco incomoda con la situación.

-Para nada, vamos Rayla – el joven tomo la mano izquierda de la peliblanco para que les acompañara a lo que ella solo respondió llevando su palma derecha a la del mago con suavidad y negando con la cabeza.

-Ve con ella. Yo te espero, no hay problema – le dio una sincera sonrisa después de eso – además estoy algo cansada después de tanto caminar.

Callum la miro un poco anonadado, si bien quería pasar más tiempo con Rayla tampoco podía rechazar ayudar a su amiga de tanto tiempo.

-Muy bien, pero me esperas. ¿Vale? – Le guiño un ojo de forma picarona y ella le contesto una vez más con una sonrisa.

Ambos se fueron adentrando entre los pasillos mientras hablaban de alguna novedad trivial mientras que Rayla se moría por adentro completamente de los celos. ¿Cómo se atrevía a molestarlos? Estaban a punto de demostrarse cuanto se querían y dejar de lado ese taboo de que tanto un elfo como un humano también puede llegar a conocer el cariño mutuo. Bufó un poco molesta y se volvió a sentar en el cesped. De la nada comenzó a recordar cuando fue que empezó a sentir algo tan fuerte por el pelicastaño… ¿Fue durante su viaje en bote? Él decidió que lo mejor era ir a pie solo por ella… o será cuando la defendió y la protegió de su tía? ¿Cuándo viajaron en barco por todo el oceano? ¿Cuándo se enfrento a sus viejos amigos para salvar a aquella dragón? Ya la verdad ni lo recordaba… Callum para ella se había vuelto… muy importante.

Los minutos pasaban y no regresaban, comenzó a desesperarse y sin darse cuenta halaba sus cuernos de forma furiosa y estresada: "¿le haría algo? No! Si lo toca la acabo!" en todo caso llevar acabo ese tipo de pensamientos no eran normal en ella. Pero tenía tantos celos en ese momento que su mente solo podía pensar en lo peor.

No aguanto más tiempo, aunque no conocía bien el castillo no quería esperarlo más. Tenía que verlo, tenía que decirle todos los sentimientos que se ha estado guardando por varias semanas. Lo quería, deseaba quedarse en Katolis con él, se había convertido en una nueva motivación para ella. Empezó a caminar sin rumbo alguno, sin saber por donde moverse. Viajo por varios pasillos tratando de buscar la bendita biblioteca hasta que no aguanto más y al primer guardia que encontró le preguntó donde quedaba la dichosa biblioteca. Él amablemente le explico y algo dentro de ella imagino lo peor: "¿Por qué no le pregunto a un guardia?" algo no andaba bien… cuando finalmente llegó al susodicho lugar vio lo peor…