-Y ahí fue cuando ella te vio besándote con Claudia – Afirmo Ezran mientras miraba fijamente a su hermano mayor.
-Sí, quería explicarle que ella se abalanzo sobre mí. Pero cuando quise buscarla, Rayla salió corriendo – Callum bajo la cabeza acongojado – Cuando casi estaba por acercarme a ella ya había salido del castillo y los guardias no me dejaron ir más allá de las puertas.
Obviamente verlo en esa situación con su némesis la destrozo por dentro. En ese momento lo odiaba tanto que no quiso saber para nada de él. Ezran le había predispuesto un cuarto para ella por si deseaba quedarse con ellos pero sin haber sabido en ese entonces se fue y dejó sus cosas. Ya a los dos años que volvió para las fiestas del concilio fue que se las llevo.
-Fui hasta Xadia para ir a buscarla pero cada vez que me presentaba y preguntaba por ella siempre me decían que andaba de viaje o que estaba en una misión.
Ezran ya sabía que ella no iba a ninguna misión, solo se negaba a ver a su hermanastro y eso se lo contaba en las tantas cartas que se enviaban cada cierto tiempo. Sin darse cuenta la mañana paso volando mientras hablaban hasta que Callum sentía que alguien estaba haciendo falta al lado del rey:
-¿Y Claudia? – Indago el mago preocupado – Pensé que no se apartaba de tu lado.
-Ella está en Neolandia terminando unos tratados con el tesorero del reino – Dijo Ezran tranquilamente para después beber un sorbo de jugo que le habían llevado unos minutos antes – Es buena negociando y yo no podía irme con todos los reyes aquí listos para la fiesta.
-Sí, tienes razón. Es una buena oradora – agrego el mago - ¿Y Soren?
-Él… bueno – volteo su rostro para todos lados y comenzó a murmurar – Él las mañanas las usa para visitar a alguien…
-Sí hablan del demonio tienen que estar dispuestos a jugar con él – Ambos reconocieron la voz a sus espaldas, no hizo falta voltear sus cuerpos para saludarlo ya que él rubio los abrazo a ambos por a traición – Cuando escuche que estabas aquí no dude ni un momento en dejar mi puesto para venir a saludarte.
Soren también había cambiado. Su cabello era un poco más largo pero tenía un peinado un poco diferente a como lo recordaba; rapado por los lados y por encima del cuello y toda la parte alta de su cabeza arreglaba su cabello con una elegante trenza. También se había vuelto más fuerte, eso lo sintió Callum con su efusivo abrazo, su estatura también cambiaria, aunque el mago no lo notaría mucho ya que ambos medían lo mismo pero antes Soren no era tan alto.
-Soren! Si vas a abrazarme al menos quítate la… - Trataba de recobrar el aliento – la armadura!
Soren soltó tanto al príncipe como al rey para reír de inmediato al verlos volver a tomar aire:
-¿Cómo que me quite la armadura? – Pregunto con un cierto gaje de indignación – Mi armadura es mi ropa habitual. Si alguien quiere atacar al rey como lo voy a defender? En ropa interior?
-Tiene sentido – Ezran comento luego de que el aliento le volviera – Pero evita los abrazos conmigo por unos días, vas a terminar haciendo lo opuesto a lo que realmente te dedicas.
Así es, Soren era el guardian del rey de katolis y no solo del rey, era el encargado de todos los hombres del ejército del reino. Callum lo miro admirado mientras se rascaba la cabeza algo apenado por el regaño de su hermano. Era increíble cómo había pasado el tiempo, ya no veía a Soren ni como su maestro en la espada ni como su enemigo ahora lo veía como un verdadero amigo, alguien confiable… un poco tonto, sí, pero muy valiente.
Los tres se sentaron a comer, beber y hablar por primera vez en mucho tiempo. Soren contaba historias de sus fallidos intentos en el amor, de cómo término volviéndose amigo de unos mercaderes que al final resultarían ser piratas, de la vez que trato de matar a un Baunter con sus manos solo para impresionar a una chica. Ezran no tenía mucho que contar, las cosas de un rey en un reino de paz no son muy emocionantes y por lo general solo se la pasaba viajando cada cierto tiempo a la vieja cabaña de invierno para relajarse unas semanas.
-¿Y tú, Callum? - Tuteo el rubio al príncipe – Has viajado mucho, debes tener muy buenas historias.
-Bueno… - Terminó su bebida y contó – Una vez salí de viaje a altamar en un pequeño barco. Quería aprender más sobre el arcanum de agua y que mejor forma de hacerlo que en el mismo océano. En todo caso un día estaba muy cansado y me acosté a dormir sobre la popa y mi sorpresa fue que al despertarme sentí mi cuerpo helado, me fije por encima y había encallado en un reino cubierto por hielo y nieve…
Ezran y Soren se miraron fijamente y al instante no pudieron evitar una sonrisa burlesca después de escuchar su historia.
-Callum, tonto – Dijo el guardián sin tapujo – Cuando es invierno todos los reinos tienen nieve.
-No, no, no – le detuvo el joven mago – Pero este lugar era diferente: nunca se derretía la nieve y por más sol que estuviera por encima hacía más frío aún – continuó Callum con su relato – las noches llegaban a durar semanas y los días eran muy cortos – Ahora sí estaban sorprendidos sus dos acompañantes – la gente del lugar hablan un idioma muy extraño, todos los animales tienen pelaje blanco que se camuflan con el hermoso paisaje, pero… son muy amables los lugareños. Tanto así que me enseñaron un truco.
Callum soltó su vaso y después hizo una leve señal en el aire y con unas cuantas palabras incomprensibles a los oídos del rey y del guardián, todas las bebidas de la mesa se habían congelado. Ezran abrió la boca sorprendido y Soren estaba inmute…
-Bien hecho, Callum… - Soltó el rubio – ahora cómo diablos voy a tomarme esto?
Todos soltaron una carcajada amistosa. Sin que se dieran cuenta la noche llegó, Ezran debía irse a dormir pronto si quería recibir a los Elfos con buena cara. Mientras, Soren y Callum siguieron charlando otro rato continuando con sus risas e historias.
-Y dime, Callum… emocionado por ver a mi hermana? – Comento de forma burlona Soren a su acompañante. El pelicastaño solo se sonrojo lo que hizo que el rubio agudizara más su risa – Obvio no estás aquí por mi hermana, bobo.
-Y por qué crees que estoy aquí?
-Pfffff por la elfa, a leguas se te nota que sigues enamorado de ella – continuo el fornido después de darle un último sorbo a su trago – Por lo general vienes, te cambias, nos saludas y te vas por otro tiempo. Pero como mañana son las fiestas del concilio… bueno…
-Y dime… Soren… ella… - Su cara comenzó a arder del sonrojo – está muy cambiada?
-Mi hermana o tu elfa?
-Tú quién crees! – Soltó algo apenado Callum.
-Ah, la elfo… bueno… es una elfo, ya sabes que ellos no es que cambien mucho. Debe tener el pelo más largo o la verdad es que no lo sé… yo tampoco la veo desde la primera celebración.
Callum sintió un palpitar fuerte en su pecho, quizás, tan solo quizás Rayla podía asistir al feriado. Pero eso solo era una esperanza… aunque ya se sabe que es lo que se dice de ella.
La mañana llegó deprisa al reino, ese día comenzarían las fiestas del concilio y los elfos eran tan puntuales que apenas se comenzaba a notar el sol por horizonte sus carruajes desfilaban de forma organizada hacía la ciudad de Katolis. Eran bellos carrosas con diferentes detalles y escudos de cada reino de Xadia. Los ciudadanos se levantaban desde temprano para ver semejante evento, solo una vez al años los elfos iban hacía su ciudad en forma de agradecimiento por devolver al próximo rey de los dragones con su raza y haber concluido con una guerra que ya llevaba mucho tiempo llevándose a gente de ambos bandos. Las dos carrosas principales eran las más imponentes e impresionantes y no era para menos, en ellas iban los respectivos reyes de los elfos de la luna y el sol. Llegaron a la entrada del castillo y allí en todas las escalas ya Ezran y los demás reyes de los otros reinos humanos los esperaban.
Se abrió el primer carruaje y de allí bajo el rey de los elfos de luna: Niilo; su semblante serio era muy bien distinguido por los demás, por no olvidar tampoco su tamaño que no era desapercibido por nadie; un metro con noventa no era algo que fuera fácil de no mirar, sus finos rasgos élficos una ventaja por encima de los de su raza, su cabellera blanca llegaba hasta casi su cintura y sus ropajes eran elegantes y oscuros acordes a su estilo.
-Siempre será un honor venir a este hermoso reino de los humanos, Lord Ezran – Dijo el rey de los elfos de la luna mientras hacía una reverencia no solamente al joven sino también al resto del consorcio de reyes que le acompañaban.
-El honor es todo nuestro, señor – Respondió con una misma reverencia Ezran en señal de respeto – Sí gusta pueden pasar de inmediato para que se les asigne sus habitaciones a su realeza y a sus asistentes.
El elfo asintió de inmediato pero antes de que pudiera continuar, le hablo directamente a su igual:
-Antes de continuar, quise traerle un presente.
El elfo ordeno y de inmediato se abrió la puerta del otro carruaje, lo más lógico sería que el rey de los elfos del sol se bajará de allí pero se llevó una mayor sorpresa cuando una joven elfa se bajó de allí, Ezran abrió los ojos de par en par, no podía creer lo que sus ojos veían. Un rostro que él ya conocía de antes y que no pudo evitar llenarse los ojos de lágrimas al volver a ver su amiga de su más grande aventura.
-Ezran! – Gritaba la elfo mientras corría hacia su viejo amigo. Paso al lado de su rey sin mostrar reverencia alguna y abrazo a su pequeño como nunca antes – Cuanto tiempo! Como has crecido! – lo soltaba y volvía a abrazarlo con fuerza – Y mira! Ya te están empezando a lucir las trenzas, como a tu padre!
-Ray… Rayl…- le costaba pronunciar su nombre, solo le respondió el abrazo con más fuerza todavía – Rayla! Vaya! Estoy… estoy… anonadado! Estas, preciosa… - y no era para menos. Rayla aún lucía su inocentón rostro de adolescente elfo, sus distinguidas marcas de color morado bajo sus ojos y por no olvidar un detalle… su cabello había crecido mucho, tanto que llegaba casi hasta la espalda. No había crecido mucho su estatura, antes él parecía estar alcanzándola pero al parecer Rayla no llego a notar nada de eso.
-Sabes – se zafó del abrazo – no vine sola tampoco – hizo un silbido fuerte y de su carruaje salió disparado como un rayo hacía Ezran un joven dragón con su pelaje blanco alborotado y su piel de escamas grises.
-Zym! – el dragón no lo dejaba levantarse mientras este lo lamía con algunos toques eléctricos por medio – Jajaja! Basta, Zym también te extrañe viejo amigo.
Los saludos se extendieron un poco más de lo previsto hasta que al fin decidieron entrar al castillo. Niilo encaminaba la marcha hacia sus aposentos con sus asistentes mientras que Rayla, Ezran y Azmondias iban muy atrás, charlando de sus aventuras… o bueno, de las aventuras de la elfo y del dragón.
-Y bien, Ez… - Dijo la elfa en confianza – que tal te va como rey?
-Pensé que sería más divertido la verdad – Fue sincero con ella y con su amigo dragón – Aun así, trato de distraerme de vez en cuando en la cabaña de Banther.
-Ay ese horrible lugar – Entrecerró los ojos y lo miro mientras recordaba aquella vez que su tía y sus hombres trataron de matarla – En fin, por mi lado – se señaló así misma – soy la encargada de la seguridad de mi rey y…
-Siempre estas aburrida, nunca pasa nada y además tu rey tiene complejo de narcisista.
-Shhhh- Le callo con su mano – no lo digas en voz alta, me puede dar de baja...
-Rayla! – Le llamo su rey y ella puso postura militar de inmediato – Necesito hablar contigo un minuto.
La peliblanca miro un poco preocupada a sus amigos de viaje, aun así tenía que obedecerle. Se alejó de ellos y se adentró a los elegantes aposentos de su rey. Niilo no se determinaba en mirarla para nada ya que se encontraba ocupado mirando la ventana, más concretamente hacía la ciudad. Rayla se encontraba un poco incomoda de ver al rey de los elfos de luna inmóvil y sin decirle absolutamente nada… aunque fue él quien le ordeno que tenía que hablarle de algo…
-Katolis es un lugar hermoso – Por fin se dignó a hablarle – es increíble que hayamos pasado tanto tiempo alejados de la unión entre humanos y elfos… - "¿a qué vendría todo eso?" Se debía de estar pensando Rayla en ese momento – Es por eso, mi joven capitán de la guardia… que te relevo de tu cargo…
-A qué se refiere con eso, mi lord – comento confundida Rayla.
-Me refiero a que te relevo de tu guardia y que quiero que por una vez en mucho tiempo… - Se detuvo serio y la miro directamente a los ojos con seriedad – que te diviertas.
