Y desde este punto la historia ya comienza a tener más contexto.
Muchas gracias!
-Callum! Cuantas veces debo pedirte perdón por lo que paso – Suplicaba una joven elfa de cabello blanco a un mago furioso e iracundo – En serio? – Se cruzó de brazos ya enfadada ella también – Quieres que te recuerde quién fastidio al otro primero?
-Ah! Sabía que en algún momento me lo ibas a sacar en cara – Respondió Callum aún más molesto con la elfa – Rayla fue una…
-Malentendido? Error? – Proponía la guerrera al mago con un aire de sarcasmo – Te besaste con ella minutos después de que casi te besas conmigo!
Y sí, ahí estaba… el rencor había regresado. Era increíble ver que hasta hace unas horas se llevaban muy bien, de hecho se estaban volviendo más cercanos conforme pasaban los minutos. Pero solo basto que Rayla se molestara para sacar todo ese veneno que ha estado guardando contra el mago durante 5 años. Ciertamente Rayla a veces no podía conectar su lengua con el cerebro para hablar y soltaba sin más todo lo que sus sentimientos pedían a gritos decir.
-Rayla… yo… - El mago trataba de defenderse de las espinudas palabras de la elfa – Trate de buscarte… pero… - Su corazón palpitaba rápido desde ese momento – No he dejado de pensarte.
-Sí, claro – Rodo los ojos. ¿Cómo fue que se invirtieron los papeles? ¿No se supone que Callum era el que estaba molesto? – Si me has pensado tanto por qué no vi ningún dibujo sobre mí en tu alcoba…
Callum río por debajo de su voz habitual. De su mochila saco un nuevo libro de dibujos y se lo estiro hacía ella… la oji violeta dudo por unos instantes si tomarlo o no hasta que al final lo recibió.
-Que le paso al libro viejo? – interrogo.
-Se quemó mientras hacía magia de sol – Contesto ya más calmado. La elfa solo observaba la tapa de color carmesí del libro, aún cuestionándose si debía abrirlo – Vamos! Ábrelo…
Rayla se quedó sin habla luego de mirar la primera página… era un dibujo, sí, pero era sobre ella. Estaba acostada bajo un árbol mientras dormía. Los ojos de la elfa estaban por ponerse vidriosos mientras más páginas pasaba, era como si cada vez que él estuviera en un nuevo lugar la dibujara. ¿De verdad ese sentimiento estaba volviendo? ¿Qué cambiaría esta vez? Necesitaba ir con cuidado, la última vez que se emocionó tanto con él fue desastroso. Pero… ¿Y si le daba una nueva oportunidad? Seguía ojeando los dibujos hasta que se encontró con uno que le movió todo por dentro: Estaban los dos juntos y abrazados mientras observaban el atardecer en una colina mirando el castillo.
-No sabía cómo estabas hoy en día – La saco del trance el mago con sus palabras – así que siempre te dibujaba como te recordaba.
-No, no importa – Se secó un poco los ojos – Yo siempre creí que solo pensabas en… bueno ella.
-Qué? No! – Negó con sus manos de forma desesperada – Claudia y yo jamás tuvimos algo. Ella solo quería de una u otra forma aprender magia primaria – Hablaba el mago explicándole – Pero la magia oscura era más poderosa en ella así que no le fue posible y después de darse cuenta del daño que hacía decidió dejar la magia para siempre.
¿En serio? Espero 5 años para esa respuesta… si tan solo no hubiera sido tan impulsiva habría escuchado esa explicación no ese día sino muchísimo antes tal vez… solo tal vez ellos no hubieran terminado de esa manera. Callum estiro su mano, esperando que ella le devolviera su libreta de dibujos.
-Oh! Tan rápido? – Chillo como una niña pequeña – Pero si pensé que me lo regalabas.
-Sigamos disfrutando de nuestro día y si me convences – le guiño un ojo – te lo obsequiare.
La tarde iba mejorando después de esa pequeña pelea. A veces participaban en los diferentes juegos y actividades que el reino de Katolis había propuesto para las dos razas. Para la gente era muy raro verlos, aunque muchos elfos dejaban la timidez de lado y se acercaban a hablar y entablar amistad con los humanos esos dos se veían ya con demasiada confianza. Se codeaban a ratos y se hacían chistes sobre las imperfecciones del otro, fue como si esa barrera de 5 años nunca hubiera existido entre ellos. A Callum le encantaba ver reír a Rayla, era muy hipnotizante ver como a veces podía soltar unas risas educadas y otras como se reía en forma de un marinero boqui sucio. Los dos estaban muy ameno con la compañía y la disfrutaban, de eso se trataba todo: "disfrutar" pero algo pasaba por la mente del mago que lo intranquilizaba… si bien el festival duraría unos cuantos días temía que nuevamente no pudiera volver a verla en mucho tiempo.
La tarde paso y pronto el cielo se volvió en un hermoso anaranjado. Optaron por ir a ver el atardecer en Katolis en un cerro de las cercanías, así más o menos tal cual he lo había dibujado hace algún tiempo. Se llevaron unos cuantos bocadillos para admirar la vista y de un momento a otro el mago decidió volver a prestarle aquel libro de dibujos a la guerrera.
-Te volverás a ir cuando el festival termine? – Pregunto el muchacho de forma algo triste.
-Obviamente… - Dijo sin despegar la vista de los dibujos – Oye… tienes aún muchas páginas en blanco.
-Sí, solo dibujo algo cuando encuentro un lugar nuevo – Añadía. Callum necesitaba decirle a Rayla lo que sentía por ella, pero no sabía cómo… aunque sí bien ya le estaba dando buenos indicios con los dibujos necesitaba que de sus labios salieran las palabras adecuadas para comentarle de una idea que se le ocurrió – Quería preguntarte si querrías… terminar de ayudarme a llenar el libro…
-Callum! – Le codeo de forma juguetona – No he conocido muchos lugares y tampoco sé dibujar. Como quieres que te ayude?
-Tú… ya sabes… - Tenía que decirlo, necesitaba decirlo, su corazón palpitaba a mil y sus manos comenzaban a sudar de los nervios – Acompañándome…
Rayla detuvo su vista al libro para ahora fijarse en los ojos esmeralda del chico… ¿Le estaba pidiendo que fuera con él? ¿Viajar por el mundo y conocer nuevos lugares? Le estaba proponiendo una nueva vida junto a él, una vida que ella quería sin lugar a dudas… pero su rey no la dejaría ir tan fácil…
-Callum, no lo sé… - El muchacho tomo de sus manos y poco a poco se fue acercando a ella. La distancia entre ambos se iba cortando mientras se acercaban más y más, el corazón de Rayla palpitaba como loco, un nudo en su estómago se hizo y su mente se estaba nublando. Cerró los ojos y se dejó llevar, ahora era él quién tomaba la iniciativa y eso le estaba empezando a gustar. Sentía la respiración de Callum en la comisura de sus labios, no podía permitir que algo que deseaba desde hace años se volviera interrumpir y fue ella quien dio el último impulso. Sus labios habían por fin chocado con los del mago, dejo salir esa frustración sentimental que llevaba cargando desde hacía tiempo finalmente. De repente se soltaron, ambos sonrojados pero contentos, había sido muy corto realmente, pero había sido mágico para ella… quizás fue la primera vez que pudo sentir magia real en su cuerpo en toda su vida.
-Por favor, Rayla – le pedía con voz ronca mientras llevaba la palma derecha de su mano para tocar su rostro con delicadeza– Ven conmigo.
-Callum, mi rey de seguro no me dejaría – Explico un poco triste – Él jamás se apartaría de mi lado…
Callum la soltó de manos para luego posar su cabeza entre los muslos de la joven elfa. Ella no pudo evitar masajear el sedoso y bonito cabello que este tenía.
-Y si se lo pido yo? – Propuso Callum.
-Vas a seguir insistiendo…
-Bien… y si nos escapamos?
-Tus ideas son cada vez más absurdas, Callum – Sonrió luego de la estúpida y mala idea del mago – Pero si le dices tú quizás sí pueda acceder – acto seguido llevo sus labios hasta los del pelicastaño para volver a saborearlos, esta vez con más calma y con más pasión y lujuria. Sus mentes y sus besos se fundían con el hermoso atardecer sobre Katolis. Sus sentimientos eran mutuos, sentimientos que se habían guardado por muchos años. A la Elfa se le ocurrió entonces una forma para sacar de casillas al mago unos minutos y mientras él estaba concentrado besando los suaves y dulces labios de Rayla ella lo tomo por sorpresa cuando mordió con fuerza el labio inferior del pelicastaño, no pudo evitarlo, quería hacerlo desde hace tiempo. Él trato de liberarse de inmediato cuando sintió el dolor y cuando lo hizo… solo se echó a reír con ella un poco adolorido.
-o-
Por otro lado Claudia se preparaba para visitar a su padre. Realmente se había alistado hace un par de horas pero dudaba si era buena idea visitarlo por estas fechas, Vireen odiaba tanto a los elfos que la mera idea de que convivieran juntos le era desagradable, le provocaba una fuerte decepción el saber que sus únicos hijos le habían dado la espalda… pero era más hablador con Claudia, de alguna forma su hija no termino por decepcionarlo tanto como su primer primogénito. La pelinegra dio un hondo suspiro antes de dirigirse al guardia de turno de la celda de su padre. Se arregló un poco el vestido de color negro que se había puesto y al final decidió ir. Con su hermosa sonrisa característica le hablo a aquel soldado amablemente:
-Buenas tardes! Vengo a visitar a mi padre…
-Lo lamento, pero este prisionero no recibe visitas – Dijo con voz de autoridad el guardia.
-¿Qué? – Pregunto indignada la muchacha – Pero si el rey Ezran nos dio permiso de bajar a verlo cuando quisiéramos.
-A mí nadie me ha comentado algo así…
-Déjela pasar soldado – Le hablo otro caballero de la guardia, a ese si lo conocía. Tenía el cabello negro, unos ojos de color negro y una piel morena… eso sin añadir la enorme cicatriz que surcaba por su cara y la armadura brillante con el escudo de Katolis. Se llama Fausto y ha sido buen amigo de la ex hechicera desde que baja a los calabazos a visitar a Viren – Ella viene desde hace 5 años a visitar al prisionero. No hay problema.
-Pero señor… - Trato de defenderse el guardia.
-Pero nada, soldado. Yo me encargo.
El soldado asintió ante la orden de su superior y se marchó sin decir una palabra más.
-Muchas gracias – Dijo la pelinegra a su amigo. Él solo asintió y se dispuso a entrar en la celda.
Era un lugar pequeño, pero tenía las necesidades básicas para que prisionero pueda vivir allí de forma digna. Un montón de libros fue lo primero que se alcanzaba a ver, libros que Claudia le llevaba de vez en cuando para que él matara el tiempo. Viren se encontraba sentado sobre su cama meditando, al parecer al igual que ella había abandonado la nigromancia, quizás sea por respeto a la pelinegra o quizás porque ya no estaba tan motivado de seguir practicándola, no después de su encierro y dada de baja por el concejo. Su rostro había envejecido más, notando más arrugas que antes, su cabello aún continuaba con la misma altura pero su barba era aún más larga.
-Papá… - Dijo Claudia susurrándole desde el otro lado de las rejas.
Él solo abrió un ojo, estiro las manos y se levantó de su cama. Tomo un bastón de madera y se dirigió a paso lento hacía ella. Cuando era Claudia quién lo visitaba él sí mostraba algo de atención, pero cuando bajaba Soren solo se limitaba a meditar sin prestarle atención.
-Tardaste varios días… - Hablo el mayor.
-Soren no te dijo que iba a estar de viaje? – Explico en forma de pregunta – El rey Ezran quería que…
-No me hables de ese niño, ya te lo he dicho – Comento con odio – Y menos que lo llames rey frente a mí.
Claudia cerro sus puños con algo se enojó y frustración hacía su padre. Le dolía verlo en esas condiciones pero le dolía más que él no aceptara la decisión de aceptar a Ezran como su rey.
-Estoy cansada, padre… - Dijo finalmente entre dientes – Cansada de ver cómo eres, cansada de saber cómo tratas a Soren, cansada de venir por aquí a que me humilles – Sin notarlo unas gotas comenzaron a salir de sus ojos.
-Pues nadie te obliga a bajar – A veces Viren era tan despreciable, hasta con su propia sangre – A mí tampoco me agrada ver a dos traidores todos los días.
-Deja de llamarnos así! – Le grito con furia – Si no hicimos lo que nos pediste fue para que el reino sea un lugar mejor! – Viren se dio media vuelta y mejor regreso a su meditación – Perfecto! Ignórame! Es lo mejor! Pero entiende que a partir de hoy… no volveré a visitarte – Amenazo y su padre ni se inmuto. Ella hizo lo mismo, se limpió las lágrimas y salió de aquella celda con rapidez.
Lo que Claudia no sabía era que su padre nunca había estado solo y una vez cerró la puerta una tenebrosa voz le hablo a Viren…
-Hoy es el día…
-Así es… - Dijo Viren al aire.
-Nuestro amigo en común está listo?
-No lo sé – Saco un viejo medallón de su bolsillo – Pero si quiere su total libertad tendrá que hacerlo.
-No te preocupes, viejo amigo… has esperado mucho pero hoy… comienza tu reinado.
Claudia fue con su hermano de inmediato. La estaba esperando fuera del castillo para ir a pasar el resto del día divirtiéndose, era justo. Le comento de su pequeña pelea con su padre y ambos se prometieron no volver a visitarlo… era lo mejor para los dos, para todos era lo mejor.
-o-
Mientras tanto, la noche había ya caído. Callum y Rayla fueron a comer algo y después irían a escuchar a unos bardos que se habían puesto en el centro de un parque a cantar. La mayoría de canciones eran sobre las hazañas del rey Harrow, Ezran aún era muy joven para ganarse un título de héroe pero lo estaba haciendo bien, quizás algún día hagan sus canciones.
-Muchas gracias por venir aquí! – Hablo el bardo líder – gracias tanto a los humanos, como a las hermosas elfas por acompañarnos esta noche – miraba de forma picarona a las elfas y ellas solo volteaban para reírse apenadas mientras los machos de su raza veían con total desprecio al bardo – Nuestra próxima canción es para dos personas que quizás no están disfrutando de la fiesta como nosotros… quien sabe porque jamás nos acompañan… pero sin ellos, nada de esto sería posible – Callum y Rayla se miraron sonriendo, sabían que la canción iba para ellos, se tomaron de la mano y esperaron las siguientes palabras – Pero hoy! Gracias a los dioses están con nosotros! SOREN Y CLAUDIA! – Señalo a los hermanos que estaban en una esquina del parque observando el espectáculo y recibiendo los aplausos mientras que una enojada Rayla echando en sentido figurado chispas de la cabeza y un confundido Callum los miraban – Sin ellos las noches de "bardos al parque" nunca hubiera sido posible.
Rayla tomo del brazo a su mago y se fueron de allí sin notar que la pelinegra ya los había visto a lo lejos. Tomo a Soren de la manga y decidió perseguirlos para saludar al mago.
-Ay como la odio! – Dijo Rayla sin pensar en ese momento que Callum y ella llevaban una amistad.
-Tranquila, solo es un evento – Le calmaba a su elfa mientras aún llevaba la mujer un rostro de querer matar a alguien.
-No es el evento sino por quien hacen el evento – Su ira se podía notar a varios kilómetros de distancia – Si no hubiéramos arriesgado nuestras vidas para devolver a Zym con su madre ni siquiera "bardos al parque" existiría – Hizo mayor hincapié en el nombre mientras hacía comillas con sus dedos.
-No entiendo, los odias a los dos?
-No, a Soren lo respeto y lo admiro como guerrero pero a ella! – Y su rostro se puso aún más rojo cuando vio la silueta de la pelinegra correr hacía ellos.
-Callum! – no pudo evitar la oji verde saltar para abrazar a su amigo – Por qué no avisaste que vendrías? Te hubiera recibido!
Callum no sabía qué hacer, estaba estático, si la abrazaba quizás Rayla trataría de matarlo… otra vez.
-Eh… hola… Claudia – Le dijo aún sin tocarla con sus manos. La elfa se cruzó de brazos molesta y volteo su cara para otro lado.
-Estas más grande – Lo libero de su agarre y cuando lo hizo se dio cuenta de que la peliblanca estaba con él – Rayla! Vaya! Mira! Has crecido mucho! – Rayla no había crecido para nada, se veía un poco más alta porque sus cuernos habían crecido un poco más – Como te ha ido? – Esta vez le pregunto a la albina.
-Muy bien… - Su respuesta fue seca y simple, ni siquiera quiso devolver el saludo.
-Claudia, eres muy rápida – Llegó Soren a la reunión fatigado, tomo algo de aire y también se dio cuenta que la elfa estaba ahí – Vaya! Ujuy… - Su sonrisa picarona no se hizo faltar – Parece ser que decidieron dar el siguiente paso, eh?
-Cual paso? – A veces la consejera de Ezran era un poco despistada. Pero de inmediato supo que su amigo estaba saliendo ese día con la elfo de la luna – Oh! Ya veo! Se ven lindos juntos! – Rayla no se tragaba para nada la sonrisa de Claudia. Aunque fuera sincera… la seguía odiando.
-Callum, tenemos que irnos – Aviso la guerrera esta vez – Niilo es muy estricto con su horario y se va a dormir temprano.
-Un elfo de la luna que se duerme temprano? – Soren a veces no podía ni saber lo que dice. La elfo le dijo con la mirada que estaban molestando – Eh, bueno! Clauds… vamos, te digo que crearon una genialidad de postre en el sur de la ciudad! – Propuso Soren sabiendo que si no se iban rápido la elfa iba a terminar matándolos.
-Oh! Está bien! Nos vemos luego, Callum – Y antes de despedirse por completo le dio un beso en la mejilla al pelicastaño. Falto poco para que la Rayla la atacara, pero no iba a hacer una escenita allí. No lo valía.
-Rayla! Yo enserio lo lamento! Pensé que iba a venir mañana… - El joven mago quería buscar una forma para calmar a la elfa, pero al parecer solo estaba empeorando la cosa.
-No importa… - Suspiro para calmarse un poco – Al menos no fue en la boca esta vez.
-Rayla…
-Está bien, celos fuera de mí. Shu! Shu! – revoleteo sus manos como si unas polillas se hubieran posado en su cara – Al final si le dirás a mi rey?
Comenzaron nuevamente a caminar esta vez en dirección al castillo:
-Sí, por supuesto – Dijo con aires de valentía – "Señor Lord de la Luna! Vengo a pedirle que me deje llevar a Rayla a conocer el mundo"
-"Oh! Y como planea un flacucho como tú defenderla del peligro?" – Esta vez fue la albina quien hablo imitando la voz de su rey.
-"Bueno! Pues así!" – Hizo una señal al aire con sus manos y de la palma derecha salió una llama de fuego.
-Magia de sol? – Esta vez había impresionado a Rayla con esa breve demostración – Como si esta de noche…
-Bueno. Resulta que la luna brilla gracias al sol – Señalo hacía el cielo más específicamente a la luna – Por eso la magia de sol aún es palpable incluso en la noche.
-Y quién te conto eso? – El mago ya iba a explicarle pero ella respondió a si misma su pregunta – Ya sé… un anciano en una cueva.
-No, de hecho fue una anciana… - Su sonrisa le quito toda la ira que llevaba hacía rato.
-Eh, Callum… - Señalo a su manga que ya se estaba comenzando a quemar gracias a la llama que él mismo había hecho. La apagaba de forma desesperada mientras la elfa reía hasta quedarse sin aire.
Ahora sí era como en los viejos tiempos. Los dos reían tanto que a veces les faltaba el aliento, era increíble ver como dos seres tan diferentes por fuera pudieran congeniar tan bien… tan bien y quererse al mismo tiempo, eso era lo que más animaba a la dupla que por donde pasaban no eran desapercibidos por las curiosas miradas de la gente que los observaba.
Llegaron al castillo y aún había gente por allí cantando y disfrutando de la velada. No perdieron el tiempo y fueron directo hasta los aposentos del rey elfo de luna. Callum se sentía preparado para hablarle. En el pasillo a pocos metros de su cuarto le aviso a Rayla que se quedara, si iba a decir que "no" al menos que no la reprenda. Había dos guardias elfos custodiando el pasillo y opto hablar con ellos para que le avisaran a su rey que iba a entrar a saludarlo.
-Buenas noches, amigos! Tengo que hablar con el rey, soy el príncipe Callum y debo… - El mago los noto un poco extraños, no se inmutaban ni hacían nada al respecto, solo estaban parados allí como estatuas. Los ojos de los guardias parecían muertos… algo presentía que estaba pasando y no era algo bueno… paso de largo de los guardias y antes de entrar escucho tras la puerta una especie de discusión:
-¿Qué crees que vas a lograr con esto? – Era la voz del rey Niilo – Por qué quieres una guerra entre los elfos y humanos otra vez? – Que estaba sucediendo?
Hubo otra voz, pero no se le entendía nada en absoluto, Callum pensaba que se trataba de una discusión con alguno de sus súbditos…
-Runaan! No! No lo hagas!
Escucho un fuerte estruendo y de inmediato uso una señal para hacer un gran soplido de aire para abrir la puerta y lo primero que encontró al entrar lo puso en estado de pánico.
Rayla jugueteaba un poco con su cabello, quizás la cosa entre los dos no este yendo tan mal ya que no se ha escuchado que se requiera de su presencia. De pronto escucho a lo lejos la voz de Callum llamándola con total desesperación. Corrió tan rápido como pudo sin notar la presencia de los dos guardias y al entrar al cuarto de su rey se quedó completamente inmóvil y sin habla.
