Sagradamente subiendo nuevo capitulo cada domingo.

Y que no sobren las gracias por tomarse el tiempo de leer esta historia :)

Mientras tanto, en Katolis las cosas estaban muy densas para un joven guerrero rubio quién se encontraba desfilando por los pasillos con su armadura pulida, una nueva espada y con el semblante más serio que jamás ha podido tener. Iba a llevar a su padre al nuevo lugar donde pasaría el resto de sus días y tenía que ir lo mejor presentado posible. Aunque la situación lo entristecía un poco aun cuando días atrás se prometió no volver a verlo ni visitarlo más pero… tenerlo tan lejos será difícil de asimilar. No puede pensar en cómo se va a sentir su hermana cuando se dé cuenta que Viren está a kilómetros de distancia.

Llegó a las afueras del palacio y encontró que ya todo estaba listo. Los guardias y hombres de confianza de Amaya estaban listos para partir y un carruaje hecho de metal estaba allí con ellos. No había ventanas ni nada lujoso, solo una pequeña abertura por donde entraba el sol un poco y el aire. Al parecer su padre ya estaba allí y solo faltaba él. Soren suspiro algo triste, ensillo su caballo y con una orden comenzaron a partir sobre sus corceles. Era una caravana pequeña, tampoco necesitaban llamar la atención: Dos jinetes al lado de la carroza mientras otros dos iban con las riendas del carromato de metal, Soren y otro guardián iban al frente de todos esperando que nada malo sucediera durante el camino.

-Y cómo te iba diciendo… mi querido… - Señalo al hombre con el que entablo una conversación horas atrás.

-Jhonnatan, me llamo Jhonnatan, Capitán Soren – Refunfuño el guardia con el que iba de lado ya cansado de la habladuría de su compañero.

-Eso! Jhonnatan! Como te iba diciendo no existe mejor tipo de mujer que las pelirrojas… son hermosas, sensuales – Describía el rubio el tipo de mujer con el que se llegaría a casar en algún momento adecuado, claro, obviamente no por ahora ya que disfrutaba de la soltería – algunas tienen un rostro súper inocente… bien, como es tu tipo de mujer, amigo?

-Capitán, estoy casado desde hace diez años ya – Contesto mientras no le dirigía la mirada al joven.

-Diez años?! – Interrogo sorprendido – Eso es mucho tiempo! Me parece increíble Jhonnatan, eres un gran esposo y un gran soldado!

El guardia solo rodo los ojos ya cansado de la conversación ¿Qué clase de castigo le pondría su superior Amaya para hacerle viajar con un sujeto tan irritante? En fin, el guerrero solo se limitaba a contestar con mono sílabos a cada pregunta que Soren le hacía, a veces solo emitía sonidos de aprobación o negación o usaba onomatopeyas para calmar la ansiedad de interrogar de forma intima los aspectos de su vida privada o de su vida como soldado. En todo caso, no trato de detenerlo tampoco, quizás era la forma de desahogo que tenía al saber que estaba custodiando a su padre a uno de los peores lugares de la tierra.

De inmediato Soren levanto su puño al aire en señal de detener la marcha. Se había percatado de que una extraña figura estaba enfrente de ellos: Vestido con una especie de túnica que cubría gran parte de su cuerpo y su cabeza, solo se alcanzaba a ver el mentón de dicho personaje. Esto puso algo nervioso al joven guerrero, él de verdad pensaba que no iba a encontrar nada extraño durante el viaje a la frontera con Xadia.

-Hey! Tú! – Le grito desde su posición al extraño – Quítate del camino ahora mismo! – Le ordeno con voz fuerte y pareciendo tener el control de la situación.

Pero el extraño hizo caso omiso a la advertencia del rubio y con su mano derecha saco de su espalda una espada que se encontraba enfundada. Soren perplejo se dio cuenta que se trataba de un arma originaria de los elfos de luna. En un solo pestañeo el extraño corrió de inmediato hacía ellos mientras los guerreros de Katolis desenfundaban sus espadas preparados para el ataque. Si era un solo hombre contra los mejores guardias de Amaya y el guardián del rey era imposible que les ganara.

Viren se encontraba en el carromato meditando, escuchaba con tranquilidad los gritos de dolor y pánico de sus compatriotas mientras forcejeaban con aquel sujeto. Respiraba tranquilamente para calmar su mente, él sabía que su único hijo estaba con ellos también y lo más probable era que también tuviera un desenlace abruptamente crítico contra aquel sujeto que él ya conocía. La pelea se extendió por varios minutos antes de que la absoluta e inquietante calma reinara por fin. Abrió los ojos cuando sintió que la cerradura de aquella celda movible era forcejeada, una vez abierta entrecerró los ojos mientras se acostumbraba a la brillante luz del sol y se fijó en la figura de aquel extraño hombre. Estaba cubierto de sangre, sangre humana, sangre de hombres de Katolis. El sujeto solo se limitó a hacerse a un lado mientras el antiguo consejero del reino descendía con elegancia el carromato y miraba el desastre causado por el asesino: Miro los cuerpos de aquellos soldados llenos de sangre y semi-mutilados a su alrededor.

-Hiciste un buen trabajo, Runaan… - Finalmente dijo Viren felicitando al viejo asesino – Eres realmente bueno haciendo esto…

El elfo levanto un poco la cabeza y con sus orbes de color verde esmeralda le dirigió una mirada de completo odio y repulsión.

-Eres libre, hechicero – Hablo Runaan muy enojado – Cumple tu parte y libérame de tus ataduras ahora mismo! – Le exigió apretando los dientes con rabia.

-Creo que te equivocaste, elfo – Viren le devolvió la mirada desafiándolo – A mí no es a quién debes liberar es a otro quién debes ayudar a liberarlo… - Explicaba mientras caminaba hacía los cuerpos de los soldados tratando de encontrar a su estirpe entre ellos – Aaravos fue quién me pidió liberarte de aquella celda en la que te tenía pero me dijo que hiciera un hechizo de obediencia hacía mí para que cumplieras nuestras tareas… liberarme fue solo el principio…

-El principio? – Cuestiono Runaan molesto mientras desenfundaba su espada nuevamente y la llevaba al cuello del viejo hechicero – Mate a mi rey por ti, mate a estos hombres por ti, te libere! Me lo debes, desgraciado!

Runaan estaba comenzando a impacientarse, desde que fue liberado de aquel medallón por el que había estado encerrado por años solo ha tenido pensamientos de ira y rabia contra el hechicero y contra alguien más… alguien más cercano a él de lo que parece.

-Ya te dije… cumple nuestras tareas y serás libre – De un momento a otro Viren sintió como alguien más adelante tosía de forma dolorosa contra el polvoriento suelo. Volteo el cuerpo de aquel hombre y se dio cuenta que era su hijo; estaba mal herido y solo podía echar sangre por la boca. Noto que una herida por un costado del abdomen le relucía y le hacía perder aquel liquido rojo por allí, era un corte muy profundo. Aunque no se llevaran bien, el hechicero no pudo sentirse algo mal de ver a su valeroso hijo en esas condiciones – Tienes una resistencia muy admirable, Soren…

-Púdrete… - El joven guerrero solo pudo decir eso antes de volver a toser sangre por la boca y quejarse de dolor – Cuando Claudia se dé cuenta…

Viren bajo un poco la mirada, estaba matando a su único hijo y de darse cuenta su otra hija lo odiaría y trataría de buscar venganza, pero si este era el único camino para sus propósitos… que así sea entonces. El elfo de luna se acercó rápidamente a Soren con la espada en mano, listo para asestarle el golpe final y acabar con su sufrimiento… pero el hechicero le detuvo. Runaan solo pudo darle una mirada de confusión ante tal acto de piedad:

-A este no… - Observo los azules ojos de su hijo ahora cubiertos por sangre e ira hacía él por lo que estaba haciendo – En un par de horas morirá. No es necesario.

El elfo de luna guardo su espada y se quitó la capucha para tomar algo de aire fresco:

-Y ahora? – Pregunto – Qué es lo que sigue…

-Aaravos necesita de una llave para salir de su prisión – Comentaba – Llave que curiosamente alguien cercana a ti tiene a su disposición.

-Rayla… - Frunció el ceño al mentar el nombre de su antigua pupila.

-Sí, sé qué no se llevan bien – Recordó entonces que la situación de su esclavo era exactamente igual a la suya con sus hijos – Sin esa llave no podremos abrir la dimensión en la cual se encuentra Aaravos. Trae la llave y te daré tu libertad… pero – Comenzó a ojear de pies a cabeza a Runaan – No creo que puedas ganarle a tu antigua pupila en esas condiciones… más cuando solo eres un manco.

Runaan había perdido su brazo izquierdo hace años, todo porque el lazo de unión le ahorco la extremidad a tal punto de perderla. Era otro motivo por el cual sentía mucho resentimiento contra la chica a quién crío y a quién le enseño todo lo que él sabe. Era lógico que por mucho ella podría derrotarlo, mejor dicho cualquier elfo de luna asesino era capaz de matarlo en un abrir y cerrar de ojos, pero contaba con la suerte de que solo ellos dos quedaban.

-Solo roba la llave y Aaravos te dará la fuerza necesaria para vengarte de aquella elfa – Comento Viren a su igual – No te enfrasques en una pelea que no puedes ganarle.

-Y a donde voy a encontrarlos? Y como es la tal llave?

-Creo que tú sabes a donde pudieron ir… supongo que en este momento ellos te deben de estar buscando y la llave es una especie de cubo… no te será difícil saber que es – Viren continuaba observando a su hijo mientras este trataba de quitarse la pesada armadura de su cuerpo para respirar un poco – Una vez tengas la llave búscame en los barrios bajos de Katolis, me esconderé mientras regresas. El espejo aún sigue en el castillo, así que no debemos marcharnos muy lejos.

-Está bien… - Runaan se disponía a marcharse de inmediato cuando las últimas palabras del viejo hechicero le detuvieron.

-Y si hay una pelinegra con ellos… no le hagas nada…

El elfo no dio respuesta de nada y solo dio media vuelta y se largó del lugar. Soren se había quitado la armadura y arrastrándose fue hasta la sombra que daba el carromato a un lado para tratar de sentarse recostado en una de las ruedas mientras trataba de contener que la sangre de su cuerpo no saliera a más de su cuerpo ya tan débil. Este miro de reojo con repudio a su padre y con una burlesca sonrisa llena de ironía y decepción le hablo:

-No va a funcionar – Soltó otra bocanada de sangre de su boca mientras relucía sus dientes sonriendo ya manchados con su propia sangre – Crees que la elfa tiene… tiene esa cosa – Se retorcía mientras hablaba, cada vez le era más pesado mantener la conciencia – Pero te olvidas de alguien… Callum ahora es más poderoso que tú… y tu… - Estaba comenzando a sentir como se tornaba más oscuro a su alrededor – y tu patética magia…

Viren no respondió nada y comenzó su viaje de retorno a Katolis, esta vez iba a pasar desapercibido por ahora, no quería cometer ningún error y confiaba plenamente en que el elfo iba a cumplir el cometido en un tiempo corto. Solo era cuestión de esperar pacientemente el momento adecuado para entrar al castillo y encontrar el espejo para liberar a aquel poderoso hechicero que se encontraba encerrado.

El rubio no le dijo nada más a su padre una vez este emprendió camino, se dispuso a ver con la poca fuerza que tenía los cadáveres de sus compañeros a su lado. Estaba tan decepcionado consigo mismo; ¿Cómo no detuvo el ataque de aquel elfo? Su fuerza no era suficiente ante la agilidad y la rapidez de aquel asesino, todo paso tan deprisa. Sus ojos comenzaban a cerrarse y la mano con la que sostenía la herida comenzó a bajar ya cansado de todo esto. Miro por última vez el azulado cielo y pensó en su hermana, aquella mujer que tanto él quería y que lo había acompañado durante tantos años. Era obvio que no iba a venir a su rescate, esta vez ya no sería como con aquel dragón hace tiempo que ella olvido el cometido de su padre tan solo para salvarlo… eso solo hizo que ella ganara el rechazo casi total de aquel hombre por haberle dado una nueva oportunidad de vivir. Su deuda con la pelinegra jamás fue saldada y ahora que sentía como la vida se desprendía de sus manos ya no iba ser posible pagarle aquel enorme gesto de bondad con él.

-Perdón… - Susurro al viento mientras sus ojos se cerraban – Perdón por todo, Clauds… - Un fuerte viento lo golpeo y le hizo caer al suelo inconsciente ya sintiendo como tocaba las puertas de la muerte.

-o-

Por otro lado los viajeros en rumbo hacía el paradero de Runaan cabalgaban por la tundra de Neolandia esperando llegar pronto a la ciudad central para comprar algunas provisiones para continuar con su viaje. Pero de repente algo golpeo a la pelinegra que hizo detener sus riendas, dio media vuelta con su caballo y comenzó a mirar al horizonte, más exactamente hacía donde estaban las tierras de Katolis. Ella sentía en su interior que algo muy malo había acabado de suceder, más concretamente con su hermano: "Soren…" pensó un poco aturdida, era como si sintiera un dolor inmenso al imaginar que algo le habría sucedido, era como una especie de horrible corazonada que estrujo su pecho y la hizo preocuparse de sobremanera. ¿Sería prudente decirles que debían regresar de nuevo? No, ya estaban muy lejos como para retroceder, tenía que sacar esos pensamientos de su cabeza si quería estar concentrada en la misión. De seguro no debía tratarse de nada serio, su hermanito era muy testarudo y muy terco como para perder una pelea o como para tan siquiera morir.

-Eh! Claudia – Se acercó Callum cabalgando hacía ella una vez noto que no les seguía el paso – Por qué paraste?

-Eh! Eh! – Sacudió su cabeza algo atónita – Perdón, perdón… es que… - No podía decirles que presentía que algo sucedía, no ahora – Me fije que ya estamos muy lejos de Katolis…

-Así es – Miro hacía la misma dirección que la pelinegra – Estás bien? – Cuestiono algo preocupado por la ex hechicera.

-Sí, tranquilo – Volvió a poner su montura hacía el destino establecido y comenzó a cabalgar.

No era normal que Claudia se comporte así, ella por lo general no era de las que se apegaba mucho a la nostalgia. Quizás no debía tratarse de nada o eso quería imaginar el mago en ese instante que volvió nuevamente a las riendas.

Vieron como a lo lejos después de atravesar el valle como una enorme muralla resaltaba, adornada con las insignias y banderas de Neolandia. Era la ciudad más protegida de todos los reinos, sus enormes muros eran impenetrables y eso hizo que ganara un respeto entre los demás reinos e invasores que intentaron asediarla años atrás. Lo más increíble era ver que cuando los rayos del sol chocaban con tan magna obra arquitectónica parecían ser el doble de imponentes y grandes como si de un hechizo de ilusión se tratase. Pero no, no era así, aquella ciudad era bien custodiada por los soldados y guardias del rey, tan bien protegida estaba que en cada torre de vigilancia habían al menos tres arqueros y una hoguera lista para ser encendida por si algo sucedía a las afueras. Logran divisar la enorme puerta que los separaba del pueblo, Ezran necesitaba pasar desapercibido allí, si se daban cuenta que el rey de Katolis no estaba durante las fiestas del concilio podría levantar muchas sospechas ya que el rey de Neolandia sí se encontraba disfrutando de las festividades.

Fue fácil pasar por las puertas, algunos guardias ya conocían a Claudia y los dejaron entrar. Pero era extraño, hacía un par de días que ella estaba allí en la ciudad y de nuevo volvió en muy poco tiempo. Aun así no le hicieron reparos y les dejaron entrar. Ezran y Rayla llevaban una capucha que cubría parte de sus rostros mientras que la pelinegra y Callum no era muy necesario que lo hicieran. Los soldados solo pensaban que se trataba del novio de la consejera del rey, aunque nadie lo dijo en voz alta, no deseaban ser impertinentes con ella ni con sus compañeros de viaje.

La ciudad era completamente hermosa por doquier, todo estaba muy limpio y bien cuidado. La imagen de que Neolandia poseía quizás la ciudad más hermosa de los reinos humanos le hacía derecho por donde miraban. Rayla estaba perpleja de ver tanto orden y que la gente se trataban con respeto y tolerancia entre todos, ella jamás había estado tan lejos de Xadia, si este era el plan de Callum de llevarla a viajar por el mundo le hubiera recibido años atrás y no hace unos cuantos días.

Llegaron hasta una enorme casa que parecía ser una posada. Dieron sus corceles a los empleados para que cuidaran de ellos y Claudia entro con los demás hacía aquel lugar. Era muy bien recibida, pero no era de extrañar, siempre que iba a aquella ciudad era donde se hospedaba por la hospitalidad, la amabilidad y la pulcritud que había. Hablo con el que parecía ser el dueño, un señor de barba roja y con una barriga prominente y este entre sonrisas le entrego tres llaves. Esta se despidió de él y fue hacía sus amigos… y Rayla.

-Bueno, no pude conseguir cuatro habitaciones… - Dijo algo apenada – Así que dos de nosotros van a tener que dormir en la misma alcoba… yo propongo – Le entrego una llave a Ezran, otra a Callum y ella se quedó con la última – Ezran y yo dormiremos en habitaciones separadas y ustedes dos – Señalo a la elfa y al mago – Pueden dormir en la misma… que les parece?

El mago se apeno tanto del momento, era ya más que obvio que entre los dos sucedía algo, pero no tenía por qué decirlo de forma tan a la ligera.

-Por mí está bien – Dijo Rayla de forma despreocupada.

-Oigan! – Ezran comenzó a mirar a todos lados y se dio cuenta de que el lugar era muy pequeño para su fiel amigo dragón – Y Zym? Donde se va a quedar?

De pronto sintieron como la enorme casa comenzó a estremecerse desde el techo. El dueño muy preocupado por esto salió disparado hacia afuera, asustado miro hacia arriba de su posada y noto como un dragón estaba acostado en su techo acomodándose para descansar. Esto no pasó desapercibido por los otros lugareños que estaban rondando por ahí cuando maravillados y horrorizados miraban a la majestuosa criatura.

-Ay no! Ay no! – El dueño miraba a Zym incrédulo – Un dragón! En mi hospedaje!

Claudia salió de inmediato y trato de calmar al hombre mientras le explicaba que se trataba del príncipe de los dragones quién también la estaba acompañando. En secreto le conto que el rey Ezran estaba de viaje para comprar algunas cosas rápidamente para los demás reyes y volver al reino para finalizar con las fiestas en Katolis pero que no debía comentarlo con nadie o sino la sorpresa para el rey de Neolandia se iba a arruinar. Esto cautivo al hombre y se comió en total confianza la patraña, no podía decirle la verdad, sería una locura si se enterara. Una vez calmada ya la situación con el regente de la posada optaron por disfrutar al menos por ese día de la ciudad.

Rayla estaba más que encantada de pasar tiempo con Callum, pero alguien la tomo del brazo de forma alegre y no era nada más ni nada menos que cierta pelinegra que ella detestaba…

-Sabes, Rayla – Comenzó a hablarle de forma confiada a la guerrera – Conozco un lugar que te va a encantar! Si deseas te puedo llevar…

La elfa miro a Callum y este solo levanto su pulgar en signo de afirmación. Sería bueno para las dos que pasaran algo de tiempo juntas y resolvieran de una vez las tensiones que tenían entre ambas. La albina solo suspiro y con una falsa sonrisa accedió a seguir a su rival hacía quién quiera que la iba a llevar. El mago y su hermano harían lo mismo pero iba a hacer difícil contando que cierto dragón de tormenta iba a estarlos siguiendo a donde quiera que ellos fueran.

Una vez que salieron del hospedaje y de que los hermanos no estuvieran viéndolas la elfa opto por zafarse del agarre de Claudia con algo de fuerza. La idea de que la tocara con tanta confianza no le agradaba ni cinco, solo fingió unos minutos para que el mago y el rey no notarán la ira que sentía en ese momento. La pelinegra solo bajo la cabeza un poco, iba a ser difícil ganarse la confianza de la albina, pero tenía que intentarlo, tan solo para que el viaje no fuera hostigante para las dos. Rayla notaba como todo el mundo la miraba, se dio cuenta que a pesar de llevar una capucha no llevaba guantes que le hicieran ocultar la falta de un dedo así que mejor se cruzó de brazos tratando de ocultar sus manos. Claudia noto lo incomoda que ella estaba al verla con ese semblante tan serio y dedujo de inmediato que su disfraz para parecer humana no estaba funcionando. Ella llevaba unos guantes en su pequeño bolso y se los mostro esperando que ella los tomará. Rayla no dio señales en su rostro de ningún tipo, ni indiferencia, rabia o alguna otra emoción negativa, tomo los guantes de la pelinegra y se los puso. Claudia esperaba una especia de agradecimiento… pero debía esperar sentada porque esto no iba a suceder.

Se pararon frente a un lugar muy acomodado y con una fachada de lo más bonita. Estaba toda adornada de diferentes flores y encima de estas había un enorme aviso que ponía: "Spa"

-Spa? – Pregunto la albina mientras Claudia solo asentía con la cabeza sonriendo – Que es eso?

-No hay Spa's en Xadia? – Rayla entrecerró los ojos y negó con la cabeza, era obvio que no había nada de eso, los humanos son diferentes en toda cultura a los elfos – Bueno… - Llevo un dedo a su mentón para buscar la forma correcta de explicarle aquel lugar a la albina – Es un lugar donde te relajan… y te hacen sentir bonita…

-Oh! Como un Tyr'nashur… - Eso sí era totalmente nuevo para Claudia, ella no comprendía muy bien la lengua elfica así que solo imagino que se trataría de lo mismo – Los elfos de luna vamos a un lugar llamado el Tyr'nashur… ya sabes, te tiran a un pozo lleno de bestias salvajes y tienes que salir de ahí como sea – la consejera palideció al escuchar sobre tan horrible lugar y se dio cuenta que no era exactamente como lo imaginaba – Sirve para controlar la mente en momentos de tensión y cuando sales sientes todo tu cuerpo relajado…

-No, no, no… no es parecido… - Claudia negó con las manos – Es diferente, vamos! – La tomo del brazo nuevamente y la introdujo a aquel lugar.

Rayla de inmediato olía por todo el lugar diferentes aromas y esencias bastante agradables además de que tenía un bonito decorado muy típico de los locales de alta alcurnia de los reinos humanos. Debía de tratarse de un establecimiento bastante caro, ya que había también diferentes estatuas bañadas en oro en poses un poco… sugestivas, sin mencionar la pequeña fuente que había en toda la mitad del salón principal. Pudo notar que solo eran permitidas las mujeres porque por donde miraba solo habían féminas humanas caminando… en toalla y ropa interior? "¿Qué clase de lugar es este?" pensaba a sus adentros la elfa un tanto confundida.

-Claudia! – Llamaron a su compañera y esta dio media vuelta para saludar a una señora de una edad algo avanzada ya que se le notaban algunas arrugas y canas, pero su cuerpo estaba en perfectas condiciones tanto así que la ropa que llevaba; un camisón blanco con unos pantalones del mismo color y descalza la hacían lucir algo más joven de lo que aparentaba realmente – Que gusto volver a verte tan pronto! – Abrazo a la pelinegra en un gesto muy efusivo y esta le respondió de la misma manera.

Aquella señora de inmediato miro a Rayla un poco dudosa si debía saludarla de la misma manera. Así que una vez se separó de Claudia comenzó a repararla minuciosamente; no daba mucha vista debido a la manera en que estaba vestida; con una capucha ocultando medio rostro era difícil verla realmente.

-Oh! Veo que tienes a una amiga, Claudia – Le burlo de forma inocente a la pelinegra. Claudia negó con las manos rápidamente y con su cabeza a la par algo apenada.

-No, no… es una compañera de viaje… - La dama estiro la mano hacía Rayla para saludarla de forma adecuada – Rayla, ella es Helga. Ella es la dueña del Spa y es una buena amiga mía de años atrás.

La elfa observo la mano de la señora e hizo lo que era correcto de hacer, saludarla de manera formal. Pero algo noto de inmediato la dueña que al tener contacto con los dedos de la albina se dio cuenta que aunque tuviera los guantes puestos… le hacía falta un dedo. Luego dirigió su mirada hacía el rostro de la menor y se percató que se trataba de una jovencita muy apuesta y que tenía un rostro muy tierno, claro, había que quitar primero esas manchas moradas que tenía bajo los ojos. La mayor llevo su pulgar hasta la comisura de los labios y allí paso la lengua, luego lo llevo hasta las marcas elficas de Rayla para tratar de quitarlas algo que de sobremanera molesto a la albina.

-Oiga! Pero que hace! – Se separó de ella bruscamente y con el rostro algo rojo.

-Lo siento, lo siento mucho! – Se disculpó juntando ambas manos en forma de oración y reverenciando un poco – Creí que se trataba de algunas manchas en tu rostro! Pero veo que son tatuajes…

-No, no son tatuajes… son… - Rayla no podía terminar su frase sin hacerse notar de inmediato. En el rato que estaba allí no había visto a ninguna de su raza y eso podía generar algo de confusiones.

-Helga, lo que pasa es que Rayla es una elfa… - Finalmente hablo Claudia sin notar que una albina furiosa la miraba con ganas de asesinarla en ese momento.

-Una elfa! – La miro asombrada y se acercó más a ella – Oh! Hace años no he tenido una clienta elfa aquí! – Estaba emocionada por mirar más de la menor – Pero por qué escondes tanto tu rostro? Se nota que eres muy bonita! Vamos… puedes quitarte todo eso. Nadie te va a decir nada – Aseguro con firmeza.

-Jummmm… - Rayla solo suspiro y le hizo caso. Quito sus guantes y dejo ver que obviamente solo tenía cuatro dedos. Luego fue por su capucha; sus cuernos y orejas de inmediato denotaron más sobre la raza a la que pertenecía – Así está mejor…? –

-Oh! Pero si eres toda una ternura! – Se abalanzo sobre la elfa para abrazarla con fuerza y luego soltarla rápidamente – Mira eso! Que piel tan suave tienes! – tocaba con cariño las palmas de sus manos – Y ese cabello tan sedoso, suave y blanco! – luego fue a acariciar su melena blanca que de inmediato la enamoro – Mi cabello también se vuelve blanco pero es por la edad – Comento de forma agridulce y divertida a la vez – En fin! Qué lindo que hayas traído a una elfa aquí! – Espetaba de forma animada – Y bien… que va a ser hoy… El especial? – Propuso la dueña cerrando un ojo de forma coqueta a la albina lo que hizo que se sonrojara bastante.

-Sí, claro! Iremos a cambiarnos… - Afirmo Claudia para luego tomar de la mano a la guerrera y llevarla a un lugar más "privado"

Durante el camino a uno de los cambios de ropa, Rayla escuchaba por debajo a las demás mujeres por las que pasaba al lado murmurar cosas como: "¿Una elfa? ¿Aquí?" "¡Es muy bonita!" "Su cabello es hermoso… ¿que se echa?" "Ojalá vinieran más como ella" Todo este tipo de halagos la estaban haciendo sentir muy incómoda, tanto así que agacho la cabeza mientras Claudia continuaba dirigiéndola. Llegaron a un pequeño cuarto donde había una mesa con unas toallas encima de esta. Claudia comenzó a desvestirse frente a ella y de inmediato la albina le reprocho con el rostro rojo como un tomate:

-Hey! Qué demonios haces?! – Tapo sus ojos con ambas manos para evitar ver aquel desfile de poca vergüenza que estaba haciendo Claudia.

-Oh! Perdón! – Paro antes de quitarse su ropaje superior – Veo que no estás muy acostumbrada a ver el cuerpo de otras mujeres… - Rayla de inmediato negó con la cabeza molesta – Bueno… si quieres esperas afuera y luego entras tú, vale?

La elfa de inmediato salió como diablo de aquella habitación supremamente apenada. Pero se fijó que era normal en ese lugar estar así porque a su lado pasaron dos mujeres charlando lo más tranquilo de la vida tan solo llevando en sus cuerpos una toalla blanca que nada más tapaba sus senos y sus partes más íntimas. Claudia salió a los instantes de la misma forma, pero algo desanimo a Rayla un poco… ¡Ella tenía un cuerpo maravilloso! Bien curveado, delineado y cuidado. Tanto así que la albina miro hacia otro lado para no seguir admirando la despampanante belleza que esta poseía. Cuando Claudia termino de agarrar su cabello, la albina entro rápidamente al cuarto y se sentó sobre el suelo para tratar de procesar todo esto:

-Pero que les pasa a estas aquí? – Susurro mientras se fijaba que encima de la mesa quedaba otra toalla, quizás era para ella… - No creo ser capaz de hacer algo así… - Si bien el cuerpo de Rayla había madurado en belleza y le quedaba bien, cosa de la cual nunca se había quejado a comparación de su rival… esta le llevaba más la delantera… y la trasera también – Bueno, supongo que si debo simpatizar más con las humanas debería hacerlo.

Rayla tampoco tardo demasiado en salir de la misma forma en la que Claudia la esperaba. Pero a diferencia de la pelinegra esta estaba un poco más preocupada porque su toalla no se callera a mitad del camino, tanto así que mientras caminaban ella con sus manos sujetaba el borde de esta con fuerza para evitar pasar vergüenzas. Entraron de repente a otro pequeño cuarto donde habían dos camas con dos mujeres a los lados esperándolas… la elfa estaba presintiendo lo peor en ese instante. ¿Iban a hacerle el amor o algo así? ¿Por qué esas mujeres estaban tan sonrientes? Claudia fue hacía la cama derecha de la habitación y se recostó sobre ella boca abajo para luego quitarse la toalla y notar que algo la albina había hecho mal… CLAUDIA TENÍA SU ROPA INTERIOR PUESTA Y ELLA NO! Ella lo había dejado todo en el cuarto anterior.

-Es… espe… - Trataba de hablar mientras buscaba la salida – Ya vuelvo!

Salió despavorida de aquella pieza con la mirada confundida de las damas a la vez.

-Que tiene la elfa? – Pregunto una de las trabajadoras a la pelinegra.

-Eh… no lo sé… quizás olvido algo…

Pasaron unos minutos y Rayla regreso muy apenada, pero al menos ya tenía su ropa interior al menos. La empleada del lugar le extendió la mano para que ella pudiera acostarse boca abajo y esta accedió aun dudando de lo que iba a suceder. Cuando lo hizo, olvido el acto de quitarse la toalla, cosa que la trabajadora hizo sin ningún reproche y causo en la elfa una sensación de escalofríos pasar por toda su espalda.

-Vaya… - Hablo aquella muchacha – Tienes muchas cicatrices… pobrecita… - Notó de inmediato al ver la desnuda espalda de Rayla.

-Sí, ya sabes… cuando te la pasas más en los bosques que en lugares así suelen lastimarte mucho – Hablo con la característica ironía de la elfa. De repente, Rayla sintió como algo medio viscoso y caliente cayo por su espalda y esto la puso muy nerviosa, tan nerviosa que de inmediato tenso los músculos.

-Oye, elfa… tranquila – Le hablo en un tono suave la empleada – Si te tensas mucho el masaje no te va a surgir efecto…

-Masaj… - Ni bien pudo terminar cuando sintió las manos de aquella fémina pasar por toda su espalda de manera maravillosa – Oh… ya veo… - Entrecerró los ojos y con una enorme sonrisa llena de pena se dejó llevar de aquella esplendida sensación. Jamás nadie en la vida le había dado algo así…

-Ves! – Esta vez fue Claudia quién hablo cuando la escucho gimotear como una gatita mientras recibía el masaje – Te dije que te iba a gustar!

-o-

Callum y Ezran habían decidido pasar el resto del día juntos. Hacía días no charlaban de forma adecuada después de los últimos acontecimientos, suponían que tendrían algo de tiempo para volver a fraternizar antes de continuar con el viaje. Se detuvieron en todo el mercado para comprar algunas cosas que les serviría para llevar por el camino: comida, algunos cerillos, carbón… cosas que realmente no necesitaban pero que por la poca experiencia en la senda del joven Rey creía deber de adquirir para continuar. El mago trataba de explicarle que no era necesario tanta cosa pero al moreno poco o nada le valía a la final él terminaría perdiéndose con su elfa durante la noche para hacer "Sandiwchs" o eso era lo que él pensaba.

Zym también iba con ellos, obvio no iba volando sino que iba detrás jugueteando con todo lo que se interpusiera en su camino. Al parecer se había hecho amigo sin querer de un can que lo perseguía por donde el dragón fuera. Claro que a la gente le parecía muy extraño ver a un joven dragón andar por ahí como si nada… a veces los asustaba, pero una vez que daban por sentado que la enorme bestia no era ninguna amenaza continuaban con lo que estaban haciendo… ya la guerra terminó así que tener una criatura como esas paseando por las calles de la ciudad de Neolandia era agradable.

-Zym! – Le regaño el moreno – Deja de tratar de morderle la cola a ese pobre perro! Se la puedes arrancar! – el príncipe de los dragones le hizo caso y lo único que hizo fue lamerle el lomo para enviarle una pequeña descarga eléctrica al perro que lo hizo correr a toda velocidad espantado – Ves! Te lo dije!

-Ezran! – Reía por la escena que acababa de ver – No debes tratarlo como si fuera una mascota.

-Sí, ya lo sé… pero – Luego miro hacía el lugar donde estaba el dragón y noto como varios perros se acercaban a él para jugar encima suyo – olvídalo… en fin, como van las cosas con Rayla? – Callum quién se encontraba comiendo una especie de carne reseca escupió de inmediato y tosió con mucha pena en su rostro.

-A… a qué te… a qué te refieres? – Casi que no termina su oración.

-Sí, arreglaron finalmente todo? – Seguía indagando curioso el moreno a su hermano mayor.

-Bueno… - El mago solo rasco su cabeza un poco – Digamos que por ahora las cosas van bien… al menos ya no me odia.

-Callum… no quería decírtelo pero… - Ezran en ese momento recordó las palabras del rey Niilo unas horas antes de que fuera asesinado, palabras que quizás podrían lastimar a su hermano, pero era necesario decirle – Niilo no veía con buenos ojos que Rayla volviera a mostrar interés en ti…

-Oh… - El mago cabizbajo reflexiono sobre las palabras de su hermano – Y tenía razón en hacerlo… casi se muere por mi culpa – Recordó entonces cuando estuvieron en la celda y ella le confeso todo lo que paso por el engaño de este a su querida elfa – Pero te prometo que esta vez haré bien las cosas.

-A mí no me tienes que prometer nada, Callum – Añadió su hermano de forma tranquila – Es a ella. Tú sabes que cuando los elfos se enamoran son un poco… débiles…

-No creo que ella este enamorada de mí como antes – Sus palabras sonaban algo tristes – Pero como te digo, trato de hacer lo que mejor pueda… y ella va con cuidado también.

¿Con cuidado? Sí, claro, eso era lo que quería pensar el mago, pero era obvio que aquella albina estaba recuperando el amor que sentía por él años atrás. No quería volver a meter las patas como antes, ella no lo merecía y él, bueno… quería hacerla sentir bien aunque fuera un sujeto errante. Solo esperaba que todo terminara para que pudieran estar juntos como era debido. Miro sus muñecas y observaba con cuidado aquellos listones que los ataban a la misión, no debía… mejor dicho, no podía fallarle ni a la albina ni a los de su raza. Tenía que encontrar a Runaan lo antes posible y llevarlo con los demás elfos así su vida dependiera de ello… pero y si no lo encontraban? Qué iba a suceder? Era más que lógico pensar que toda la responsabilidad caería sobre él. Estaba casi tentado a hacer que Zym le quitara los listones y luego él ponérselos nuevamente para que pareciera que jamás hizo tan sucia artimaña pero su elfa no lo perdonaría, esta también era la tarea de Rayla. Ella también quería encontrar a como de lugar a su antiguo maestro y pedirle respuestas de lo que supuestamente hizo.

-Callum… - Le saco de sus pensamientos – A donde se fue Zym?

El mago observo para todos lados y ni la jauría de perros ni el dragón estaban por allí cerca. Se distrajeron por unos minutos y ya la criatura se había extraviado.

-Ay no… - Fueron las palabras que Callum resoplo antes de correr para ir a buscar a su amigo con escamas.

-o-

En el Spa de Neolandia se sentía un ambiente mucho más tranquilo que en las calles. Rayla estaba completamente saciada en placer corporal luego de tan relajante masaje, jamás en toda su vida alguien le habría brindado algo así y no era para menos, su primera visita por esas tierras estaba resultando en toda una aventura para ella… bueno, a pesar de las circunstancias y que de vez en cuando miraba su listón en la muñeca para recordarle de nuevo que se encontraba en una misión y no de vacaciones. No trataba de pensar mucho en eso en esos gratificantes momentos. Una vez que salieron del masaje fueron directo a otra habitación un poco diferente; en esta había en todo el centro una especie de rocas que siempre estaban en constante calor y emanaban un vapor que te hacía sudar todo el cuerpo, sonaba algo desagradable… pero a la elfa le estaba comenzando a gustar.

Claudia tomo una especie de cucharon gigante y la lleno con agua para luego echarlo sobre las rocas para que emanara más vapor, cosa que Rayla tomo muy bien, ya que aunque inhalaba más por la boca se sentía completamente relajada. La pelinegra miraba de vez en cuando que la guerrera estaba disfrutando de su descanso a más no poder, era una verdadera lástima que en su tierra no hubiera lugares así.

-Debo admitirlo… - Hablo finalmente la elfa a su compañera – Esto es lo mejor! Sudo como si hubiera peleado durante todo el día pero estoy tan descansada…

-Bueno, esa es la idea de los Spa's, que te relajes… - Anexaba a la charla la pelinegra, si bien aún no se trataban como amigas al menos ya la elfa le dirigía más de dos palabras – El de Katolis es mucho mejor aún. Si terminamos rápido con esto podemos ir.

-Callum viene mucho a estas cosas? – Preguntaba en un tono de curiosidad y bueno… ella era quién más ha pasado tiempo con él así que debía saber algunas cosas que la elfa no.

-Bueno… - Puso su dedo anular derecho en el mentón para pensar una respuesta – No, no lo creo. Él por lo general no creo que sea de los que se duche muy a menudo. Estos días lo he visto algo arreglado y creo que fue porque Soren lo hizo duchar a las malas… - Recordó a su hermano y no pudo sentirse algo angustiada por él, la sensación de unas horas atrás volvía a ella y aunque tuviera su cuerpo tranquilo su corazón y mente solamente podían imaginar cosas horribles que le pudieron haber pasado.

-Sí – Rayla reía después de acordarse de lo que vivió días atrás con el joven mago – La verdad no creía que fuera él… se veía tan… parecía una especie de vagabundo sin hogar.

Pasaron algunos minutos de su amena charla hablando de las falencias del mago y como no, también de sus cualidades, las cuales tenía muchas. La albina se moría por escuchar más acerca de Callum, fueron cinco años en los cuales estuvieron muy distanciados así que se ha perdido de muchas cosas… claro que Claudia tampoco podía darle mucha información, después de esa noche en la que la elfa los vio besándose, el pelicastaño sencillamente comenzaría a planear su viaje por el mundo así que no hablaban sino las veces que él iba y se quedaba por uno o dos días o cada que se podían ver. De pronto sintieron como la puerta era golpeada desde afuera lo cual animo bastante a la pelinegra que se levantó inmediato de su lugar a abrir. Rayla no presto mucha atención a esto y lo único que hizo fue agarrar aquel enorme cucharon para echar más agua y que se vapeara más el lugar.

Claudia volvió nuevamente con ella y cargaba una especie de botella con el cuello algo delgado y la parte de abajo bastante enorme, también llevaba dos copas… ¿Será lo que cree que es? Destapo la botella con cuidado y le sirvió una especie de líquido morado oscuro en una de las copas y se la ofreció amablemente. La elfa tomo la copa entre sus manos y empezó a oler con cuidado, al parecer podría deducir que era amargo por el aroma tan fuerte que este era.

-Es vino tinto oscuro de los viñedos de Duren – Explicaba Claudia – Se añeja durante años para que alcance un saber fino.

-Es licor, verdad? – Rayla le dirigio la mirada un poco confundida – Jamás lo he probado…

-En serio? – Indago Claudia – Bueno, lo mejor es que lo tomes despaci… - La elfa ya había terminado su copa de un solo sorbo y a pesar de que hizo algo de mala cara le estiro la copa de nuevo a la pelinegra para tomar más – Rayla! Así no se toma esto – Reía a carcajadas ante el acto tan arcaico que su compañera había hecho – Debe ser por sorbos, así no te va a hacer efecto tan rápido – la consejera de nuevo le sirvió otra copa y esperaba que al menos no se la tragara tan rápido o sino se embriagaría muy rápido… aunque… eso le dio una oportunidad de oro a ella para sacarse de la cabeza varias preguntas que tenía sobre ella desde el día anterior… quizás la Rayla ebria pueda aflojar un poco la lengua.

-Bien, mamá voy a tomarlo por sorbos, pero no sabe tan mal – Agarro la copa y esta vez fue con más calma.

Aunque la primera botella se había acabado hace un buen rato, Claudia mando a traer otra para continuar con el rato, pero tuvieron que salir del sauna porque otras clientas querían usarlo, de igual forma fueron hasta el patio para continuar conversando y sin que se dieran cuenta la noche había comenzado a caer en la ciudad de Neolandia. Rayla había estado bebiendo más del vino que la propia pelinegra, pero aún seguía sin ser dócil a los efectos del alcohol, de hecho aunque tuviera el característico sonroso en sus mejillas de cualquier ebrio no daba nada de información vital que la consejera pudiera utilizar para desentrañar más lo que estaba sucediendo realmente. La guerrera solo se limitaba a hablar hasta por los codos de lo aburrida que era su vida en el reino y de las pocas experiencias que tenía de viajar mientras estaba de guardia, nada realmente interesante.

Pasaban más las horas y la ex hechicera noto que ya llevaban al menos tres de las mismas botellas vacías a un lado de ellas. Esto comenzó a angustiarla un poco, llevaban mucho tiempo sin ver a los muchachos y quizás los hermanos ya estarían buscándolas por toda la ciudad:

-Sabes Claudia… - Decía la albina mientras tambaleaba un poco – Siempre he creído que eres una muy mala persona hip! – Bueno, eso ya lo sabía ella de igual manera – Pero hoy te has portado bien conmigo… - Rayla miraba hacía su copa mientras hablaba sobre ella – Yo de verdad pensaba que… hip! Tú y Callum tenían algo…

-Eh?! No… bueno… sí… si llegué a sentir algo por él luego de todo lo que paso con el príncipe de los dragones – Empezó a recordar su primer beso, el beso que le robo mientras iban a la biblioteca a buscar obviamente nada – Cuando aprendió magia primaria me sentí tan celosa y a la vez tan atraída… pero la verdad fue que no pasó nada – Calmaba a la albina para que no se sintiera mal, en este rato que llevaban juntas se percató de que a pesar de la apariencia de guerrera de Rayla era una mujer que se dejaba controlar de sus emociones muy fácil.

-Ah… bueno… a mí me gustaría ser un poco más… ya sabes… hip! – Trataba de terminar su oración sin parecer muy cursi o muy ridícula. Dejo su copa de lado y comenzó a acariciar su largo cabello blanco – Me gustaría cortarme el cabello! –

-Eh? – Muy bien, eso sí fue muy inesperado para la pelinegra. Rayla tenía un cabello hermoso ¿Por qué quería cortarlo? – Pensé que me ibas a decir otra cosa… pero por qué?

-Bueno… hip! – Seguía jugueteando con las puntas de su melena – El cabello largo en una pelea te da mucha desventaja…

-Oh! Es eso… está bien! – Claudia volvió a tomar la mano de la albina para ayudarla a levantar de donde estaban – Vamos a que te lo corten, aquí son buenos en eso!

-o-

-Zym! – Gritaba Ezran como loco por doquier – Zym! Dónde estás?!

-Ez… es un dragón muy poderoso, puede estar en cualquier parte – le ayudaba su hermano a tratar de calmar su preocupación – Mira! – Le señalo hacía donde estaba uno de los perros que estaban con su amigo dragón – Es uno de los perros que estaban con él, quizás te pueda decir donde se ha ido.

Ezran fue hasta el peludo can y comenzó a hablarle, este a la par le ladraba y el joven rey le entendía a la perfección. Su habilidad de hablar con los animales no ha disminuido ni un poco, eso era una hermosa bendición poder ser la voz de los que no la tienen. En Katolis; Ezran puso una estricta ley de no al maltrato animal, cualquiera que se viera haciéndole daño a alguna criatura en cuatro patas era castigado desde una multa hasta el calabozo dependiendo de lo grave que fuera.

-Callum! Rolf dice que Zym está unas calles más adelante! – Le animo a que siguieran al perro. Claro, confiaba en su hermano… pero a veces los perros son muy juguetones y su hermano es muy ingenuo también.

Después de seguir al perro durante algunas calles más, se adentraron a una zona que Callum conocía bien: el barrio de los pobres… o bueno, de las personas menos afortunadas económicamente. A diferencia del resto de la ciudad donde abundaba la luz constante de las farolas a vela en este lado era diferente, había una que otra por ahí y estaban en muy mal estado. La gente que vivía en esa zona convivía entre la mugre y la total falta de higiene, sin contar con el constante temor de que allí se encontraban probablemente una de las bandas criminales más peligrosas de toda Neolandia; "Los petirrojos" eran conocidos en toda la comunidad por ser cruelmente despiadados tanto con los ricos como los pobres, sin mencionar la mala reputación que cargan por robo de caravanas y ataques a carromatos con gran valor en ellos. El pelicastaño nunca tuvo la necesidad de verlos, de hecho, su paso por la ciudad amurallada era sino eso, solo paso jamás le interesaba ahonda más allá que del centro o la zona más acaudalada. Ezran por otro lado iba confiado con el guía, los animales a pesar de ser traviesos jamás tenían malas intenciones con los humanos. Mientras corrían sentían como varias miradas de extraños les vigilaban por su camino, no es que fueran vestidos como la alta realeza que son pero a diferencia de los lugareños de allí… sí estaban en mejores condiciones.

El canino entro en un callejón y antes de adentrarse también escucharon a lo lejos el rugido de una fiera bestia, más concretamente de un dragón. Sin dudarlo mucho también corrieron entre la oscuridad de los estrechos muros para encontrar una imagen algo singular realmente: Zym se encontraba siendo acicalado desde el gañote por un extraño anciano; estaba muy encorvado, su inmensa joroba era algo muy difícil de no mirar, tenía puesta una ropa harapienta de color gris y sucia desde hace ya al parecer muchas semanas, era calvo y encima todo su cuero cabelludo estaba lleno de extrañas manchas y lunares y claro no hay que olvidarnos de la larga barba blanca que este llevaba en su rostro.

-Zym! – Le grito el rey de Katolis de forma preocupada a su fiel amigo.

El dragón giro su cuello para observar a los hermanos y como era su costumbre fue de inmediato con ellos dejando de lado al anciano que después de eso comenzó a reírse de forma jocosa. Callum levanto una ceja y comenzaba a cerciorarse de quién podía ser aquel sujeto:

-Vaya! Me mentiste, dragón! – El anciano volteo hacía ellos con ayuda de su enorme bastón y de inmediato el joven mago le reconoció… - Sabía que no estabas tan perdido después de todo.

-Resmir? – Dijo Callum un poco escéptico – Eres tú? – Interrogo de nuevo al parecer un viejo conocido.

-Esa voz… - El viejo se acercó a los hermanos a paso lento y ayudado por su bastón – Callum? – Trato de erguirse a la altura del joven mago pero le era imposible. El anciano soltó su bastón y con un fuerte y emotivo abrazo saludo a quién parecía ser un viejo amigo – Eres tú! Vaya! Tiempo sin escucharte!

Callum emocionado de igual manera le devolvió el gesto de la misma forma y hasta en cierto punto llegó a levantarlo unos pocos centímetros del suelo.

-Maestro! – Le soltó rápidamente mientras buscaba el bastón para ayudárselo a dar – Resmir! Por los dioses! Que estás haciendo aquí? – Pregunto el mago mientras organizaba un poco su cabello.

-Oh! Ya sabes, a veces bajo a la ciudad a comprar algunas yerbas para mis ungüentos para los hongos de mis pies – Respondía de forma graciosa el viejo maestro – Y también sentí la poderosa energía de una criatura con poder de la tormenta… pero ni idea de que se trataba de un dragón.

Ezran les miraba un poco confundido… ¿Le había llamado maestro? ¿Se trataba acaso de uno de los que le enseño magia a su hermano? No parecía ser muy poderoso ante los ojos del moreno, más bien parecía ser un viejo senil y bastante desorientado. El joven rey no había notado que los iris de los ojos del viejo estaban de un color grisáceo bastante ¿Será ciego?

-Callum! Muchacho irrespetuoso – El anciano le golpeo en la cabeza con el bastón algo que le causo una leve carcajada a Ezran – No me has presentado a tu compañero.

-Cierto! Perdón, perdón! – Se disculpó el joven mago mientras se sobaba la parte de la cabeza que había sido violentada por su mentor – Ezran, él es Resmir… es mi maestro de la fuente primaria del sol – El anciano le reverencio con respeto al rey de Katolis – Y Resmir, él es mi hermano, Ezran.

-Es un gusto conocerlo, señor.

-El gusto es todo mío, joven! Con que tu hermano – Le codeo un poco las costillas el barbado de forma juguetona a su pupilo – Pensé que estarías de viaje con esa chica elfa de la que nunca parabas de hablar – Esto puso de forma penosa la situación del príncipe quien solo llevo su mano hasta el rostro para ocultarlo de su hermanastro.

-Oiga… puedo hacerle una pregunta, señor? – Ezran necesitaba saciar la curiosidad que desde hace unos minutos le estaba dando – Esta ciego?

-Ezran! – Le reprendió su hermano ante tal falta de respeto… bueno, el moreno aún era joven, así que su curiosidad a veces podía vislumbrar sin que se dieran cuenta.

-Claro! Me quede totalmente ciego cuando comencé a conectarme con la fuente primaria del sol – Declaraba el mayor con humor – Cuando Callum llegó a mí por poco también queda de la misma forma cuando empezó a practicar – Recordó aquella vez que haciendo magia las cosas casi se salen de control para los dos en aquella cueva recóndita de Neolandia – Al final resulto no ser tan torpe y tonto como se ve, es un gran mago y de hecho me siento orgulloso de haberlo tenido como alumno.

A pesar de que el encuentro estaba siendo ameno para los tres, se les había olvidado que se encontraban en un lugar que no era del todo seguro. Zym fue el primero en darse cuenta de ello, porque dio un giro en si hacía la entrada de aquel callejón mirando de forma amenazante hacía la oscuridad, relució sus enormes colmillos y comenzó a hacer un sonido fiero. Los hermanos también dieron media vuelta y sintieron como varios pasos se acercaban hacia ellos. Desde las sombras unos hombres misteriosos aparecieron, cubiertos de pies a cabeza con ropajes negros y sus rostros estaban ocultados tras un paliacate cada uno:

-Vaya, vaya… - Hablo uno de ellos con la voz algo ronca y gruesa – Un dragón… Cuanto puede valer un cuerno, unas escamas, un diente… - Volteo el rostro hacía uno de sus aterradores compañeros esperando una respuesta.

-Mucho dinero, señor…

Ezran estaba muy asustado, aquella situación comenzaba a darle escalofríos por cada fibra de su cuerpo, el dragón al percatarse de lo atemorizado que estaba su amigo comenzó a cargar energía en su hocico dispuesto a lanzar un rayo lo suficientemente fuerte como para matar a aquellos hombres. Callum no podía permitir que Zym hiciera algo así de desenfrenado, se trataba de una criatura de paz no de violencia. Se paró frente al dragón y le negó con la cabeza, cosa que la bestia de inmediato entendió y freno su cometido.

-Señores… no es necesario que lleguemos a esto – Propuso Callum de forma calmada – El dragón y nosotros nos marcharemos y nada va a pasar…

-Nada va a pasar… – Los bandidos parecían estarse burlando del príncipe ante las palabras de paz del joven mago – No, mi querido galán – El líder de aquella pequeña cuadrilla comenzó a desenvainar una especie de daga que tenía escondida entre la cintura – Esto es lo que va a pasar… dile al dragón que viene con nosotros y de forma calmada y nada les va a pasar a ustedes…

La situación se estaba poniendo tensa, Ezran comenzó a abrazar a su fiel compañero temblando por lo que pudiera pasar.

-Ay estos jóvenes de ahora… - El anciano negó con la cabeza y de inmediato con su bastón dio tres pequeños toques contra el suelo. El pelicastaño al escuchar eso se estremeció y grito con fuerza:

-Ezran! Zym! Cierren los ojos ya! –