Lamento demasiado no haber actualizado en tanto tiempo. Pero ente mis proyectos, mi trabajo y una enfemerdad que padecí me consumieron mucho tiempo.
En fin, ya terminé esta historia hace rato y la iré subiendo al menos una o dos veces por semana.
gracias por leer!
Tanto su hermano como el dragón le hicieron caso a la par que el mago hacía lo mismo y lo que sucedió después fue más que sorprendente: De la punta del bastón de aquel viejo mago una luz enceguecedora se dio a ver por todo el callejón, brillaba a tal punto que a cualquier deslice por mirarla aunque sea un poco podía ser muy perjudicial. Aquellos hombres pudieron sentir como el sol les quemaba los ojos cuando vieron aquello salir de la nada, era una luz demasiado poderosa y fuerte, era como si les derritieran sus orbes y esto les hizo caer de dolor al suelo mientras se quejaban. Callum tomo de la mano a Ezran y sobrepasaron al anciano que aún continuaba haciendo de su magia, Zym poso su cabeza bajo las piernas y con un movimiento de su cuello lo levanto un poco para que cayera sobre su lomo y así comenzaran a correr despavoridos del lugar.
Pasaron a mucha velocidad por varios callejones hasta dar con una calle que los conduciría hasta un lugar más custodiado y seguro. Se detuvieron a descansar tan solo cuando llegaron hasta la posada en la cual iban a pasar el resto de la noche. El anciano reía a carcajadas después de aquella triquiñuela y de haber dado un movido paseo por el lomo de un dragón.
-Así es como van a aprender! – Se bajó el anciano como pudo de Zym mientras le ayudaba su antiguo estudiante.
-No los mato, verdad? – Intranquilo cuestiono Ezran a Resmir.
-No, claro que no… yo no uso la magia para matar… Con ese truco fue que me quede ciego – Guiño el ojo al joven Rey a lo que este solo trago saliva. Sí que se trataba de gente poderosa con la que se relacionaba su hermano – Pero sí la uso para defenderme… sino fuera así entonces ya estaría muerto hace años.
Pasaron un rato afuera del hogar de hospedaje decidiendo que era lo que iban a hacer con Resmir. Le propusieron que pasara la noche con ellos a fin de que no anduviera por ahí ni se metiera en lugares peligrosos mientras estuvieran en Neolandia. El anciano acepto de forma muy humilde la invitación de los hermanos, pero… ¿Con quién iba a dormir? En un principio Ezran le sugirió que lo mejor era que durmiera en su habitación, era como que la más accesible, con Claudia era obvio que no le iba a gustar ser atosigado por ella y sus preguntas… y bueno, con Callum y Rayla en una misma habitación la cosa iba a ser muy incómoda. Al final dejaron que el viejo mago decidiera y opto por dormir en la misma alcoba con su aprendiz, a él lo conocía más y se sentía en mayor confianza. No es que no confiara en Ezran, pero no quería incomodar con su aroma y presencia a un rey.
Accedieron a sus demandas y cada uno entro hacía su respectiva alcoba. El dragón, por supuesto iba a dormir en el techo, ya había hecho un lugar cómodo para descansar y estar atento por si algo pasaba. Callum hablaba con su viejo maestro mientras subían las escalas, el pelicastaño abrió la puerta y al introducirse en ella vio algo que le encanto: Rayla estaba sentada en la punta de la cama con una mirada picarona y con una hermosa sonrisa dibujada en sus labios, aún estaba algo somnolienta por haber bebido tanto con la pelinegra un rato atrás pero este gesto se borró de inmediato cuando se dio cuenta que su mago no venía solo. Un viejo harapiento y sucio estaba tras suyo:
-Ulala… - Hablo el mayor – Aquí hay un aroma entre mujer y… - Esnifo un poco el aire de la habitación – Vino de Duren.
-Rayla! – Le saludo de forma animada a su compañera de cuarto mientras se dirigía a abrazarla – Que tal tu día? Vaya… te queda muy bien el nuevo corte de cabello.
Al menos Callum noto que su elfa se había hecho un corte de cabello, cumplió con su palabra; se lo corto un poco más debajo de los hombros y al lado de su oreja derecha tenía una bonita trenza que gustaba hacerse cuando era más joven… joven en forma de metáfora, Rayla no había cambiado en absoluto, así era como él la recordaba. Claro, aún su cornamenta era un poco más alta pero eso era un porvenir menor.
-Rayla? – Se acercó el viejo a la pareja – Así que tú eres la chica de mi alumno! – A Callum se le olvidaba que su mentor no conocía eso de "invadir espacio personal" – Pero espera… eres una criatura mágica, una conectada al arcanum de luna.
-La chica de su alumno? Espere… - La chica noto algo singular en la forma en que era observada por aquel hombre mayor – Esta ciego?
-Rayla! – Su compañero de inmediato le reprocho por aquella pregunta tan indecente.
-No te preocupes, muchacho – Entre carcajadas calmo a su alumno – Es normal que me hagan ese tipo de preguntas… pero si me hubieras dicho que tenías compañía aquí – Tenía razón, era muy descortés dejar que amanecería con ellos, también estaba el hecho de que apestaba a mil demonios.
-No creo que Rayla tenga problemas, verdad? – Esperaba una respuesta positiva por parte de la guerrera y esta con el ceño fruncido y con los brazos cruzados asintió con la cabeza afirmando que realmente sí le molestaba la compañía de aquel tipo – Eh, maestro… creo que tiene razón… - El semblante del joven mago cambio drásticamente por uno de pavor al ver el rostro asesino de aquella mujer.
-No hay problema, dormiré afuera con el dragón. Será una experiencia más interesante – Callum planeaba acompañarlo hasta afuera para al menos saber que se llevarían bien durante la noche. Resmir estaba un poco inquieto cuando salió de la habitación y por fin conoció a la chica de su alumno – Callum, alguna vez te dije que puedo ver el futuro en las personas?
-A qué se debe eso, Resmir…? – Alzo una ceja mientras bajaba las escaleras con su mentor.
-Siento que la vida tiene muchas grandezas para tu amiga Rayla – Continuó hablando – Pero sufrirá por la senda que ha escogido…
Una vez que dejo a sus dos viejos amigos afuera del hospedaje comenzó a meditar sobre las últimas palabras de su viejo maestro. ¿Rayla sufrirá mucho? Por lo general él creía que esa habilidad que tenía aquel anciano solo eran patrañas o algo que solo le da a los de una edad muy avanzada… ya saben, alucinar cosas. Pero a veces era asertivo con respecto a eso de "ver el futuro" No deseaba prestarle mucha atención por ahora a eso. Ahora tenía a su elfa para él solo por una noche, sin ser molestados por nadie, menos por la entrometida naturaleza como aquel día en la frontera de Katolis. Antes de abrir la alcoba se aseguró de estar bien presentado para ella, paso su mano para peinar su cabello, arreglo un poco sus ropajes y con un pesado suspiro tomo el pomo de la puerta que les separaba y se dispuso a entrar.
Se puso un poco triste en ese instante, su elfa estaba acostada ya, parecía que no pudo aguantar más las ascuas de la bebida y se dejó caer en la cama para dormir algo. Callum quería jugar con ella un rato, necesitaba tocarla, besarla, acariciarla, necesitaba todo de ella, más todavía ahora que podían tener privacidad sin ser molestados. Se acostó a un lado de la albina para luego comenzar a pasar la yema de sus dedos por sus brazos, aquella hermosa y suave piel de su compañera, era una exquisitez que quería probar. Rayla al parecer no sentía aquel contacto que el mago le proporcionaba, por el contrario se movió tan solo unos milímetros de su lugar para acomodarse mejor. Pero el pelicastaño no se iba a quedar ahí solamente, de verdad que comenzaba a disfrutar de la "Rayla dormida", comenzó entonces a aprovechar que ahora que tenía el cabello corto podía saborear mejor el cuello de la chica sin tener que hacer mucho esfuerzo por quitar sus blancos cabellos. Llevo sus labios hasta esa parte sensible y empezó a besarla, pequeños y suaves besos, a veces se sentía tan alejado de la mente que olvidaba que la piel de ella era muy reveladora al momento de cebarse en un lugar mientras la besaba. Cuando se dio cuenta, se levantó un poco asustado de notar que un leve rojizo se quedó impregnado en la garganta de la elfa.
No iba a detenerse ahí, despertaría a Rayla como fuera para saciar su libido que comenzaba a aflorarse con cada segundo que pasaba. Comenzó a bajar más sus manos hasta la parte íntima de la chica, poso sus dedos justo encima de la prenda inferior que estaba llevaba y comenzó a acariciar aquella zona muy despacio, con leves movimientos circulares que provocaban en la elfa sin querer que soltara unos pequeños gemidos. Esto provocaba en el mago que su virilidad empezara a despertarse, realmente deseaba estar con la chica en ese instante. Lo curioso con Callum es que tampoco es que fuera un experimentado a la hora de tocar en cuerpo lo que es el tema sexual, pero sus pocas experiencias le habían dado algo de habilidad para satisfacer a una mujer y esto se notaba, porque con cada acción que sus dedos perpetuaban en la albina esta gemía sin darse cuenta. Después de unos minutos, comenzó a desabrochar con lentitud el pantalón de su compañera, una vez logrado, introdujo su mano para continuar masajeando aquella zona, esta vez, con solo la ropa interior separándole de sus dedos.
El mago, por otra parte, sentía como su cuerpo le pedía refregar nuevamente su miembro viril contra el perfecto trasero de la elfa. Su vaivén entre los dedos comenzaba a ser más frenético con el paso de los segundos, tanto así que de vez empezaba a hundir sus dedos sintiendo como la intimidad de la albina estaba empezando a soltar de aquel fluido orgásmico sin querer, los dedos del mago empezaban a mojarse de a poco a través de la ropa interior de aquella chica. Sus labios volvieron a aferrarse del cuello de la albina, besando y mojando con su saliva aquella zona. Era un momento de climax perfecto, si tan solo Rayla se despertara también entraría en contacto consciente con su pelicastaño o al menos eso era lo que él quería creer…
-Hmmm… - Rayla empezaba a abrir los ojos de a poco y sentía como su cuerpo se acaloraba. Sintió los finos dedos del mago hundiendo su clítoris a través de su delgada ropa interior - Callum? – Le llamó pero este estaba embelesado en continuar besando el cuello de la albina - Callum! – Un fuerte punzón se hizo presente en su parte trasera, era su pene rozando y tratando de penetrar con la ropa aun puesta de ella – Callum! Ya, para! – La mujer llevo su mano rápidamente hasta su entrepierna para detener al mago con sus juguetones dedos. El mago salió de su trance para entender que su querida elfa ya se encontraba despierta y que al parecer no le había gustado nada de lo que él estaba haciendo. Se sentó sobre el espaldar de aquella cama, con su rostro rojo como las cortinas de aquella habitación – Qué tratabas de hacer? – Llevo sus dedos hasta su cuello y noto como estaba húmedo por la saliva de su acompañante.
-Eh, bueno… yo… yo… - Estaba apenado, tanto que no podía ni terminar la oración sin tartamudear – Lo siento, lo siento, lo siento muchísimo! – Rogaba por sus acciones – Es que… te vi así y no me pude contener… - Suspiro entre sonrisas socarronas.
A Rayla no le gustaba que se aprovecharan de ella, menos cuando estaba en un estado de inconsciencia absoluta como lo es dormir. Despierta y con ganas, de inmediato lo haría, pero comenzaba a pensar que el mago tenía intenciones mucho más sexuales que románticas con ella.
-Ay Callum… - Peino un poco sus cabellos tratando de comprender la situación de su viejo amor – Soy virgen – Cerro un poco los ojos ante su declaración – Espero y entiendas que… no es tan fácil para mí llegar a este punto…
Callum abrió los ojos un tanto sorprendido. Estaba convencido que Rayla ya habría tenido varias experiencias sexuales durante el tiempo en el cual no se vieron y eso esperaba de ella, es decir, las últimas noches han sido un poco movida entre ambos… pero ahora que lo pensaba, no llegaban a más de un punto intermedio, ya fuera por algún inconveniente de la naturaleza o que los molestaran.
-Oh… - Estaba un tanto confundido – Bueno, yo pensé que como tuviste novio y todo eso…
-Sí, pero jamás llegamos a nada más que besos – Abrazo sus rodillas, esperaba no estar decepcionando al mago – No es que no me guste, en serio, me gusta… es solo que – Sus orbes violetas se voltearon para ver los iris verdes del mago un poco triste – Es que son muchas cosas, Callum. Quiero que sea especial, no bajo la presión de que tengo que encontrar a Runaan y evitar una nueva guerra – Explicaba con un tono apagado – Y bueno… - Escondió su rostro entre sus brazos – Me han dicho que duele…
El mago solo se arqueo un poco sobre la cama para reír ante la timidez y el nuevo miedo que ya conocía de su elfa: "Sexo" A fin de cuentas no le dio mucha más importancia y menos aun cuando sintió un fuerte golpe en la cabeza por estarse burlando de ella y de su virginidad.
-Perdón, perdón… - Se recompuso un poco y se acostó mirando hacía el techo – Será entonces cuando te sientas preparada – Dijo para de esta manera calmar un poco a la chica de orejas puntiagudas – Sabes… aún está muy temprano, quieres ir a comer algo? – Propuso y eso sí que le llamo más la atención a la elfa.
Se levantó animada de la cama y fue hasta el baño para cambiar de ropa. Supuso que por esa noche no tendría que pelearse con nadie, así que unas vestimentas tranquilas le sentarían bien por el resto de la jornada. Pero una vez que se miró en el espejo y noto su cuello alzo su voz en un tono molesto, casi gritando que asusto a cierto pelicastaño que la esperaba en la cama:
-CALLUM! MALDITA SEA! ME DEJASTE EL CUELLO LLENO DE MORETONES!
-o-
Amaya decidió tomarse un pequeño descanso de las tareas como reina provisional de Katolis, opto por salir a uno de los balcones reales para admirar el reino durante la noche y tomar algo de aire fresco. Mentalmente estaba un poco devastada, esperaba que sus sobrinos terminaran rápido la misión para que ella regresara a donde realmente pertenece: la frontera. Las cosas que involucraran la realeza no le simpatizaban mucho, ella era una mujer de acción, quería volver rápido al borde con Xadia para continuar protegiendo tanto a los suyos como a los elfos. La brisa de la noche le refrescaba y eso le estaba gustando. Pero de repente sintió una pequeña algarabía desde abajo, en las puertas al castillo. Se fijó que había entrado una pareja subidos a una carreta siendo arrastrada por una vieja mula y atrás había un hombre lleno de sangre… comenzó a pensar en lo peor…
Le aviso a su fiel traductor; Gren, que la siguiera. Bajaron tan rápido como pudieron a las puertas, pasaron de lado los demás guardias del reino y una vez fueron a la carreta se encontraron con lo peor: Soren estaba allí, su piel estaba casi de parecer al de un elfo de luna y a duras penas sostenía una herida de la cual brotaba sangre sin parar por un lado del abdomen. Amaya vio furiosa a la pareja y comenzó a "hablar" a través de sus manos:
-Qué fue lo que paso? – Gren hablo por ella en un tono molesto.
-Perdón, perdón – Reverenciaba aquel hombre desconocido asustado por la fiera mirada de Amaya y Gren – Lo encontramos a mitad de camino, veníamos a las fiestas y… y… bueno – Trataba de encontrar las palabras adecuadas – No hicimos nada! – Se excusaba nervioso – Habían un montón de cadáveres y solo este estaba aún vivo!
La mayor abrió los ojos asustada y atónita ¿Sus mejores guerreros habían muerto? ¿Solo Soren estaba vivo? ¿Qué diablos estaba pasando? Se recompuso de nuevo y ordeno por el pelirrojo que avisaran de inmediato por un médico. Pasaron unos angustiantes minutos cuando una camilla llegó con todos los expertos en medicina del rey para llevarse al rubio hacía un lugar donde pudieran salvarle lo que le quedaba de vida. Amaya seguía aún impactada de lo que estaba viendo ¿Quién es tan hábil de herir de esa forma al mejor guerrero de Katolis? Debía de tratarse de una emboscada. Comenzaba a pensar que no fue buena idea alejar a Viren de las mazmorras del reino y mucho menos dejar que Soren fuera quién lo llevara.
Cierto consejero del rey de los elfos de luna estaba viendo toda la escena. El muchacho no iba a sobrevivir ante una herida como esa. Podía dejarlo pasar y dejar que la muerte siguiera su curso de llevarse al pobre rubio… pero una fuerte corazonada le dejo pensando que quizás aquel guerrero había visto algo que él necesitaba corroborar. Con cautela fue hasta sus aposentos provisionales y de una pequeña bolsa que tenía extrajo un pequeño frasco con un líquido verdoso y brillante. Regreso a su camino hasta donde tenían a Soren y tras la puerta escuchaba las pocas probabilidades de que el rubio no sobreviviría esa noche: "Es una herida muy profunda" "No hay mucho que podamos hacer, ha perdido mucha sangre" Para él, los humanos siempre han sido una raza muy débil, tienen una perseverancia digna de admirar, pero sus cuerpos son débiles… por algo no son inmortales como ellos.
Aquel elfo no pudo esperar más y abrió la puerta de par en par:
-Rápido! – Estiro el pequeño frasco ante el primer médico que vio – Hagan que él beba esto…
Las personas de allí, incluidos Amaya y Gren miraban algo escépticos al consejero. No creían prudente usar las cosas de los elfos en Soren…
-No creo que sea seguro – Dijo Gren por Amaya quién le hacía señas.
-Es medicina de los elfos de luna – Explico tranquilamente – No tienen muchas opciones. O es esto o es esperar a que el muchacho muera…
Gren observaba como Soren a duras penas respiraba, él a diferencia de los que estaban allí sí confiaba en los elfos y no dudo ni un instante más en tomar el frasco que tenía el consejero entre sus manos. Lo abrió y un fuerte aroma salió de este, pero no le dio mucha importancia. Fue hasta los resecos labios del rubio y despacio dejo que el líquido se desplazara por la boca del guerrero y con algo de ayuda por parte del pelirrojo alcanzo a tragar casi todo el contenido. Amaya lo miraba un poco enojada, pero tampoco era que ya pudiera hacer algo, ambos eran guerreros y sentían que esa sensación de hermandad entre ellos tenía que darse en algún momento.
Soren comenzó a moverse con fiereza sobre la camilla en la que estaba, el líquido que había acabado de beber le estaba quemando por dentro y esto le dolía de sobremanera, incluso más que la herida que tenía. Por varios minutos le escucharon gritar de dolor y agonía, soportando la medicina elfica como podía pero de un momento a otro comenzó a calmarse y a recuperar el color de piel que tiene por naturaleza. En cierta forma, esto tranquilizo a la mayor, al parecer estaría bien por lo que respecta. Su respiración comenzó a calmarse y aquella herida profunda comenzó a cicatrizar lentamente…
-Lo siento, capitana Amaya… - Gren bajo la cabeza mientras se dirigía a su superior – Pero no podía dejarlo morir así…
La pelinegra se enterneció un poco ante el gesto de su subordinado. Solo le dijo con sus señas: "No importa, hiciste lo que creías correcto" el pecoso le reverencio agradecido de que entendiera la situación. Luego de esto, volvieron nuevamente al elfo para que tratara de explicar porque les había ayudado.
-No lo vean como algo personal – Hablo de forma serena mientras se acercaba al cuerpo inconsciente pero vivo de Soren – Solo quiero cerciorarme de algo – El elfo rasgo el camisón manchado de sangre del rubio y al mirar la herida hizo una mueca de molestia y repudio – Así que era verdad lo que decía Callum… - Tanto Gren como Amaya se miraron confundidos ¿De qué estaba hablando? – Solo un elfo asesino de luna puede provocar una herida así… y la única que yo sé que está viva se encuentra a kilómetros de aquí…
-Qué quiere decir, señor? – Gren le cuestiono de forma respetuosa – Cree que Rayla lo hizo?
-No… - Suspiro de forma pesada al dar su respuesta – Fue la misma herida que mato a mi rey… fue Runaan – Entrecerró los ojos, estaba molesto y decepcionado de él mismo – Por qué no le creí al muchacho?
-Tal vez tu enojo no te dejo ver más allá de lo que sucedía – El pelirrojo hablo por primera vez a su voluntad propia – A todo esto… Cuál es tu nombre?
-Me llamo Solveg – Respondió con orgullo arreglando las solapas de sus mangas – Ya era momento que preguntaran por mi nombre alguna vez…
- o -
Claudia seguía intranquila después de una agradable tarde de "Spa" con Rayla. Se podía decir que aún no eran amigas realmente, pero al menos estaban rompiendo el hielo de odio que ambas se perpetuaban o bueno que la elfa tenía con ella, ya que Claudia jamás le ha tenido resentimiento. De hecho, la albina podía ser una buena confidente si se llegaran a dar las cosas, pero no lo creía, aunque no quisiera aceptarlo todavía no la perdona por lo que hizo en el pasado; tanto por las cosas que hizo para atrapar a los hermanos como lo que le hizo después de que hubieran entregado a Zym. Pero no era momento para pensar en ese tipo de cosas, tenía que enfocarse en lo que le dijo Rayla en el tiempo que estuvieron juntas: Nada… absolutamente nada le dijo.
A diferencia de otras personas, el poder de convencimiento de Claudia no funcionaba con la elfa y bueno, no era para menos. Quizás fue entrenada para persuadir ese tipo de cosas o quién llegaría a saber. Lo único importante que logro sacarle fue que le gustan mucho las bayas lunares… de resto, nada importante. Esperaba poder encontrar algo en las palabras de Rayla que pudieran darle algún indicio de que era lo que tramaban los elfos de luna, pero nada, absolutamente nada. Ni conspiraciones, ni traiciones, nada, tal vez Ezran tenía razón, la chica era una persona confiable y de eso tendría que comenzar a darse idea.
Recostada sobre su cama comenzó a jugar con los lacios mechones de su cabello, pero algo empezó a preocuparla un poco: un pedazo de su pelo estaba perdiendo su característico tono oscuro y empezaba a tornarse en un color gris. Tenía que ocultarlo de inmediato, no podía permitir que su rey o Callum o tan siquiera Rayla llegaran a ver esa pequeña parte del pasado oscuro de Claudia, aquella vez que tuvo que quitar una inocente vida para salvar la de su hermano. Se arrepentía mucho después de aquel día, una vez que entendió que era la nigromancia en su totalidad fue el día que más quiso deshacerse de ella, era mala, pero no quería creerlo hasta ese entonces, generalmente la usaba para ayudar a los demás pero cuando empezó a usarla para hacerle daño a sus amigos se cuestionó de que lo que hacía no era lo correcto para su débil moralidad.
Se paró de su zona de confort, fue hasta sus cosas y busco un tinte que usaba por años para ocultar esa "vergüenza" que la acompañaría por el resto de su vida, quizás cuando empiecen a salirle canas naturales dejaría de usarlo, pero hasta entonces era mejor así. Fue hasta el baño, mojo un poco su cabello y con sus manos llenas de aquel liquido pegajoso oscuro fue ocultando aquella parte gris. Miraba su reflejo frente al espejo un poco decaída ¿Por qué estaba tan intranquila? Desde la mañana la mala idea de pensar en que a su querido hermano le ha ocurrido algo la estaba carcomiendo, creía que relajándose en aquel "Spa" se le quitaría, pero solo fue por unos momentos. Moriría en el alma si algo malo le pasara a Soren. Cerro sus ojos mientras suspiraba pesadamente, los dejo así por unos minutos para que la tintura hiciera su trabajo, una vez que pasaron los segundos fue nuevamente hasta el lavado que comenzó a teñir el agua estancada en un color oscuro y cuando volvió al espejo abriendo los ojos se espantó de sobremanera: Su padre parecía estar atrás de ella, con los ojos completamente oscuros y su rostro lleno de marcas y pálido por el uso constante de nigromancia…
Pego un brinco fuerte hasta que su espalda choco con la pared más cercana y abriendo y cerrando sus ojos rápidamente quería cerciorarse de que era una mera ilusión y así fue, había desaparecido. Claudia salió aterrada del baño, tapaba su boca con su mano para evitar gritar del susto ¿Estará siguiéndola? No, no podía ser… él no tenía nada a su mano salvo libros que inútilmente servían para hacer magia oscura y estaba el hecho de que está en la prisión. ¿Entonces cómo? Tal vez el estrés del día y del viaje la estén cansado de sobremanera. Fue hasta su cama y se acostó boca abajo para conciliar un poco el sueño, pero mientras iba cerrando los ojos nuevamente la figura de su padre se cernía sobre su vista al frente. Claudia empezó a creer que tal vez solo estaba imaginando cosas así que no le dio mucha importancia mientras susurraba:
-No eres real…
-Soy más real de lo que tú crees… - Aquella ilusión comenzó a hablarle en el característico tono de Viren.
-No eres real… - Cerro sus ojos mientras repetía esa oración.
-No son más que una decepción para mí… pero tú, Claudia aún tienes tiempo de cambiar tu destino – Su voz comenzaba a sonar un poco más ronca, casi llegando a escucharse como la de una especie de espectro maligno.
-No eres real… - Apretó los dientes y sus puños con fuerza mientras agarraba las sabanas de aquella cama.
-Tu hermano, Soren, quizás ya no tuvo oportunidad de redimirse conmigo y eso le llevo a su triste deceso… - La habitación se comenzaba a tornar más oscura, como si las farolas que encendió se apagaran por si solas.
Claudia al escuchar aquello se inundó en cólera y rabia. Abrió sus ojos como cual demonio, tomo una taza de té que tenía en una mesita al lado de la cama y la lanzo con fuerza hacía aquella ilusión mientras gritaba de forma histérica:
-QUE NO ERES REAL! – La ilusión ante esto desapareció como un rayo ante sus orbes verdes – LARGATE DE MI VIDA!
Estaba temblando, tenía el pánico encima y fuera de eso creía que se estaba volviendo loca. Sollozaba como una niña pequeña al pensar de que su mayor temor se hiciera realidad: que su hermano estuviera muy mal o en el peor de los casos… muerto. Inundada por la tristeza sus sollozos pronto se convirtieron en un llanto desolador que trataba de ocultar con ambas palmas de sus manos. En ese momento, se escuchaba un pequeño golpeteo provenir de la ventana de aquella habitación, tal vez aún seguía atormentándola. Los golpes continuaban, con un poco más de fuerza, se secó las lágrimas y sin miedo y con mucha determinación se levantó nuevamente de su cama para dirigirse hacia la ventana, abrió las cortinas y se encontró con la criatura más tierna que ella conocía.
Zym al parecer escucho sus gritos y se preocupó y quería cerciorarse de que todo estaba bien. Abrió las ventanas y de inmediato el dragón llevo su cabeza para acariciar el abdomen de la pelinegra:
-Oh! Zym… - Ella le abrazo dulcemente – Tranquilo, no sucede nada…
Esto al parecer calmo al príncipe de los dragones y se zafo de su abrazo para darle una leve lamida en su rostro, claro, sin estar cargada de electricidad como lo hacía con los otros, tal vez porque veía en ella una figura más delicada que a sus amigos y no quería lastimarla. De pronto la puerta de su alcoba empezó a sonar con leves golpeteos:
-Claudia… estas bien? – Conocía la voz de su rey a la perfección, no podía ignorar a su llamado por nada del mundo.
Se separó del dragón que permaneció aún en su ventana como si quisiera estar con ella por otro rato. Abrió la puerta y Ezran estaba en un semblante de preocupación.
-Sí, no te preocupes, mi rey – Le calmaba – Solo fue una especie de pesadilla – Una que pareció ser muy real.
-Oh… bien – Se fijó entonces ladeando un poco la cabeza de que su amigo dragón estaba en la ventana – Veo que tienes visita – Le sonrió de lado – Te dejo entonces.
-Ezran… - El moreno ya había dado media vuelta cuando escucho su nombre, a él no le chocaba para nada que su consejera le llamara por su nombre real, de hecho, le gustaría que lo hiciera siempre que pudiera, se volteo un poco para escucharla antes de irse – Tenías razón sobre Rayla… es confiable.
-Claro que lo es – Volvió a retomar su camino un poco alegre – Es una pena lo que le sucedió a su abuel… - Esperaba que Claudia no hubiera escuchado eso, oraba internamente de que no lo hubiera escuchado – Su rey! Pero sé que se repondrá…
Rápidamente Ezran se fue de allí sabiendo que había metido la pata en grande. Claudia se quedó estática unos segundos bajo el portón asimilando lo que había acabado de escuchar: "¿Su abuelo?" ¿Rayla es de la realeza de los elfos de luna? Su mente comenzó a trabajar en una especie de teoría conspirativa nuevamente… ¿Por qué enviar a alguien de la realeza a una misión tan peligrosa? Tal vez, solo tal vez… sus congéneres elficos querían también deshacerse de ella a cualquier costo.
