Lamento mucho la demora, pero mi computador tuvo un abrupto accidente que lo dejó incapacitado de por vida (Ya era hora, necesitaba cambiarlo)
En fin, no siendo más, gracias por leer!
Runaan se estaba acercando a Neolandia. Su paso era rápido pues esperaba encontrar a su vieja pupila antes de que quizás volviera a perder su rastro. Con una fría mirada y lleno de determinación alcanzo las puertas de la enorme ciudadela amurallada. No quería enfrascarse en una pelea tan rápido y a pesar de que odiara a los humanos no se sentía capacitado para enfrentarse a toda la guardia de la entrada él solo. Su rostro lo tenía casi cubierto por la chompa de su atuendo color negro, así que era duro que supieran que se trataba de un elfo de luna asesino y lleno de puro odio. Antes de ingresar a la ciudad mientras iba guiando su montura fue que un soldado salió de la nada y poso su mano sobre el pecho del guerrero. El peliblanco le miro un poco molesto por aquel gesto, como se atrevía a detenerle antes de llegar tan siquiera a pisar la aquel lugar.
-Lo lamento, forastero – Le hablaba el soldado con voz neutral – Pero necesitamos saber que intenciones tienes en el reino.
Runaan le miro con un rostro de pocos amigos y solo se limitó a responderle:
-Negocios…
El soldado noto de inmediato que bajo la chompa se encontraba un elfo de luna por sus respectivas marcas en la cara. Ya había visto a una hace unas horas deambulando por las calles con otro joven, entonces imagino que debían tratarse de conocidos. Los de su clase no iban más allá de Katolis, puesto que era la ciudad que primero les acogió luego de la guerra, se le hizo un tanto raro, pero de igual eran otras épocas las que corrían entonces.
-Oh, vienes a visitar a tu amiga, elfo? – Le pregunto el soldado de forma amable y de inmediato Runaan abrió los ojos como un par de platos.
-Qué? – Se quitó la chompa dejando ver su rasgos élficos por completo – Como era? – Indago, tenía que tratarse de Rayla, es la única elfa de luna que anda tan libremente por ahí.
-A ver… - Comenzó a pensar en aquella joven elfa que vio hace un rato - no era muy alta, cabello blanco, cuatro dedos, ojos de color violetas, marcas moradas bajo estos – El soldado la describía a la perfección y obviamente Runaan ya dedujo que se trataba de su vieja discípula – Caminaba con un muchacho ahí de cabello algo largo… en fin, te dejaré pasar pero no te metas en problemas.
Ante esa última advertencia el soldado se hizo de lado para que el asesino continuara. De todas maneras no presentía el guardia que aquel elfo fuera una amenaza. Tenía que estar centrado, si Rayla continuaba por allí, necesitaba preparase mentalmente para tener un enfrentamiento fiero con ella. Mientras caminaba se imaginaba en los cientos de movimientos que tendría que utilizar para frenar a la albina, suspiraba de forma pesada del mero hecho de pensar que habían llegado los dos hasta ese punto. Él quería lastimarla, lo traiciono y permitió que todo su pelotón muriera de forma abominable, ya no continuaba viéndola como la antigua muchacha que una vez crío y que la hizo casi su hija con su esposo Ethari. Debía hacerse, por lo menos en venganza de sus viejos compañeros. Aun así, muy en el fondo sentía un enorme pesar por lo que iba a suceder, pero no hay más opciones; si quiere ser libre del hechicero tiene que hacerlo.
Mientras estuvo aprisionado recordó que no solamente Viren le tenía encerrado en esas monedas, sino también a otras personas muy allegadas a él ¿Cómo fue que terminaron allí? ¿Habrá alguna forma de liberarlos? ¿Lo perdonarían después de lo que estaba planeando hacer? Eso tendría que esperar, no era tiempo para pensar en cuestiones sentimentales ahora mismo. Por el momento encontró un bar y esperaba preguntar a ver sí habían visto a otra elfa de luna por los lares. Cuando preguntó por ella al dueño simplemente se limitó a decir que no ha visto a otro elfo de su "clase" salvo él. Iba a descansar por un rato, tal vez estaría por allí con el supuesto "muchacho de cabello largo" tampoco es que fuera difícil encontrarla, era una elfa, no parece que se vieran mucho por Neolandia. Pidió una jarra con agua para beber, no iba a desfilarse a beber y menos los licores humanos que le parecían nauseabundos. Se sentó en una mesa con el ceño fruncido y mientras meditaba sobre su objetivo escucho como la puerta de aquel establecimiento se abrió de manera abrupta y fuerte dejando ver a dos siluetas de unos hombres vestidos de negro y con aspecto amenazante.
Fueron hasta la barra, pidieron cerveza y se sentaron en una mesa al lado de Runaan. No se habían percatado que él era otro elfo de luna, uno de la misma raza que habían enfrentado hace un rato:
-Maldición! – Espeto molesto uno de aquellos tipos – Ayer teníamos a unos ciegos entre las filas y ahora también a dos lisiados! – Runaan empezó a escucharlos atentamente mientras bebía de su agua.
-Sí, que desastre… no tenía idea de que hubieran magos en esta ciudad tampoco – Comento de la misma manera el segundo – Y pensé que los elfos de luna eran fáciles de acabar, pero esa condenada es rápida y buena - ¿Escucho bien? ¿Elfos de luna? ¿Condenada? ¿Acaso será… Rayla? Su puntiaguda oreja no se despegaba de la conversación – En fin, al menos nos quedamos con una de sus espadas – Runaan ladeo un poco la cabeza y en efecto lo que decía aquel hombre era cierto porque comenzó a relucir una de las espadas características de su raza… más concretamente parecía una de las hojas de su antigua pupila.
El elfo asesino se levantó de su asiento y fue directo hacía aquellos sujetos con un rostro poco amigable. Los dos bandidos al notar su presencia frente a ellos se pusieron muy tensos:
-Oye, Elfo… - Le hablo uno de los tipejos – No queremos más problemas con ustedes. Ya suficiente tuvimos con una hace unas horas y un mago… - ¿Un mago? ¿Será aquel escuálido muchacho de la otra vez que Rayla defendió?
-Cabello blanco, ojos de color violetas, marcas moradas bajo los ojos… - La empezaba a describir de forma lenta. Ellos se miraron y no entendían de que estaba hablando Runaan – Cabello blanco, ojos de color violetas, marcas moradas bajo los ojos… - Repitió pero esta vez apretando los dientes y su único puño impaciente – La vieron?
-Sí… - Respondió finalmente uno de los bandidos – Una parecida a ti, es tu amiga? – Mientras hablaba llevaba su mano hasta una pequeña daga que tenía escondida en la funda de su cintura.
-No… quiero saber por dónde fueron… - Añadió y esperaba una respuesta franca por parte de alguno de los dos.
-Por el camino hacia Duren, los desviamos y cayeron por un acantilado – Explicaba con una sonrisa malévola entre su rostro – Supongo que debieron matarse.
Runaan no iba a creer aquello de forma tan fácil, Rayla no iba a dejar que una simple caída fuera a detenerla. No iba a continuar perdiendo más el tiempo con esos dos sujetos. Estaba listo para partir, pero algo agarro la manga izquierda de su atuendo; el bandido se sorprendió al notar que lo único que sentía su mano era la seda de aquel traje. Esto molesto mucho al elfo de luna, que en un rápido movimiento llevo su mano derecha hasta la cintura de aquel tipo y saco la daga que este estaba escondiendo para luego de una forma fugaz llevar la hoja por el cuello con mucha fuerza y rapidez de su otro compañero y luego clavarla en la mano del idiota que le estaba impidiendo marcharse.
La sangre de su compañero caía a cantaros sobre la mesa y sobre el rostro de aquel sujeto que se dispuso a molestar a un elfo que no se encontraba de buen humor. Mientras gritaba con dolor y trataba de arrancarse aquella daga de su mano fue que Runaan se acercó a su cara y le dijo:
-Eso es por tratar de matar a mi presa, idiota – Se arregló su atuendo, pago por aquella jarra de agua y se marchó de allí sin dar más explicaciones no sin antes tomar la espada de Rayla ante la mirada atónita y asustadiza de los que estaban allí presentes viendo aquella muestra de violencia por parte del elfo.
¿Con qué Duren? Entonces iban directo hacía aquella choza que Runaan le comento a Rayla de joven, eso era bueno. Podía tomar un atajo fácil y esperarlos allí, iba a ser difícil, luchar contra un mago, una elfa y un dragón, sería tedioso y peligroso; confiaba en que el instinto noble de la albina le impida atacar a matarlo. Tomaría ventaja de eso y tendría la suerte de que esta vez él saliera vencedor.
-o-
Los barrios bajos de Katolis se estaban empezando a llenar de soldados por doquier, nadie sabía realmente porque estaban allí en primer lugar y estos tenían la estricta orden de no decir absolutamente nada a nadie a pesar de que su misión era encontrar a como diera lugar a Viren. Entraban de casa en casa con la excusa de "inspección de protocolo" una vieja y antigua ley del reino que fue deshecha por Harrow poco después de su posesión como rey, ya que no era ético atropellar a las personas más marginales del reino de esa manera. Pero, Amaya no tenía otra opción, era eso o esperar a que el antiguo consejero y hechicero hiciera su acto de presencia para seguir haciendo de sus fechorías.
Aunque los soldados no tenían malas intenciones con su propia gente, recibían maltratos y malas palabras de los residentes por aquel acto tan deplorable por parte de la general y reina regente por el momento, ojalá pudiera contar con la gente para que le ayudaran a buscarlo, pero no deseaba ponerlos en peligro. La búsqueda no estaba rindiendo frutos, habían inspeccionado cada calle, casa, callejón pero no había indicios o alguna prueba de que el hechicero y antiguo consejero del reino estuviera por esos lares. Amaya comenzaba a angustiarse ¿Soren estaría diciendo la verdad? No, no es posible dudar del joven ahora mismo, le creía obviamente, no tiene razones para ocultar nada sobre su padre menos cuando casi hace que lo mataran el día anterior. Después de un rato; sus hombres dieron por sentado que Viren no estaba en ninguna parte de los barrios bajos de Katolis. La pelinegra ya no tenía un semblante de autoridad y fiereza como siempre ha solido tenerlo, de hecho, estaba asustada… aquel sujeto es una persona muy peligrosa y si lo que dice el elfo de luna es cierto… está confabulando con alguien muchísimo peor.
Solveg por otro lado se encargó de buscar el susodicho espejo en el castillo ¿Por qué él y no Amaya? Se supone que la general era la que conocía más el lugar, pero, por otro lado el consejero del rey Niilo era quién más sabia de artefactos y reliquias mágicas. No tuvo la oportunidad de conocer directamente al famoso Aaravos, solo lo que le comentaban de aquel entre sus estudios y clases en el Bosque Plateado. Aun así, al parecer las leyendas le hacía merito a su nombre, era un elfo muy peligroso y aunque conoce una de las razones por las cuales Avizamdun lo encerró hace milenios jamás llegó a conocer todos los detalles.
Al igual que Amaya, Solveg también comenzaba a desesperarse, busco en todas partes del castillo; desde los baños, cocinas, hasta los más recónditos cuartos de aquel lugar. A pesar de no conocer del todo a los humanos o no entenderlos de la mejor manera, la raza contraria parecía tener una especie de desconfianza entre ellos mismos, habían alcobas y salas tan escondidas que hasta llegaba a pensar que la propia general ni siquiera conocía… de hecho, ni siquiera el propio Rey ¿A qué tanto secretismo?
-Es inútil… - Decía el elfo al aire observando una desordenada habitación que antes había pasado por allí – El espejo no está en el castillo… - De la nada escucho como de a poco se iba acercando una persona hasta su lugar, iba a paso lento, de hecho parecía que se recostaba contra la pared para no irse de cara al suelo. Volteo su rostro y ojeo como de poco el joven Soren se iba aproximando – Creo que te dijeron que no te movieras de tu cama – Hablo el mayor en forma de reprimenda al guerrero.
-Sí, pero soy muy testarudo – Le contesto de forma burlesca y amigable – Además, veo que estás haciendo un desorden con tus amigos elfos en todo el castillo.
-Buscamos el espejo que dijiste – Explicaba con voz neutral mientras se giraba por completo para quedar frente a frente con el rubio – Estas seguro de que está aquí? – Entre una enorme duda con él le pregunto.
-Sí, eso fue lo que dijo mi papá ayer... – Mostró algo de decepción en su rostro, no quería que lo tacharan de mentiroso – Antes de que fuera encarcelado, mi papá solía pasar mucho tiempo en las zonas bajas del castillo – Solveg le empezó a prestar más atención – Creo que fue en las salas donde tenía encerrado a Runaan tiempo atrás.
-Y apenas nos vienes a contar? – El elfo de luna estaba un poco molesto ante esa declaración – No conocemos este castillo. Era muy obvio que íbamos a encontrar ese lugar - ¿Eso era sarcasmo? Debía serlo, puesto que Soren por fin aprende a diferenciarlo.
-Puedo guiarte si quieres – Le propuso – Pero tendrás que ser paciente, ya sabes… no puedo moverme muy rápido ahora mismo.
Solveg vio a lo lejos del pasillo a dos soldados elfos de luna pasando por allí y les llamo de inmediato para que ayudaran al rubio a moverse más rápido. A Soren no le gustaba mucho que sintiera compasión por él, pero dada las circunstancias debía dejar de lado su orgullo de guerrero para ir lo más pronto posible. Llegaron a un punto del castillo donde se desmenuzaba una zona un tanto enredada pero que el joven parecía entender a la perfección, unas escaleras un tanto ocultas se mostraron ante ellos y dispuestos a encontrar lo que fuera bajaron por ellas.
El pasaje era un tanto angosto, más bien demasiado pequeño y bastante oscuro. Soren recordó entonces aquellos momentos tan vergonzosos en los cuales tuvo que bajar al comandante Gren a la fuerza para encadenarlo hace un tiempo atrás a aquellas salas tan olvidadas por el reino pero tan apreciadas por su padre. Una vez allí, Solveg observo que se trataba de una especie de laboratorio de alquimia y magia oscura, su piel se puso como de gallina al observar todos los instrumentos de tortura y frascos para extraer la fuente mágica de todo ser conectado a algún arcanum. Estaba abandonado, el tiempo no ha sido justo con aquel lugar puesto que todo estaba lleno de telarañas y polvo por doquier.
-Tu padre es un ser despreciable – Dijo el elfo mayor mientras ojeaba botellas y frascos que contenían el pequeño cadáver de alguna criatura.
-Lo sé, no tienes por qué recordármelo – Los hombres de Solveg le ayudaron a sentarse – Aquí era donde más practicaba su magia – Recordaba entonces – A Claudia le gustaba venir, yo era más de no acceder a este tipo de cosas…
-Soren, no me interesan tus historias familiares – Espeto el elfo impaciente – Donde está el espejo?
-Vaya que si eres aburrido – Observo hacia todos lados esperando recordar donde era que estaba la cámara secreta del hechicero. Vio entonces un pequeño estante con algunos libros, sonará muy predecible pero más o menos sabía que era lo que tenían que hacer – Allí – Señalo a la repisa – Mueve alguno de esos libros…
-… - Solveg no podía creerlo ¿Era enserio? ¿Los humanos son tan predecibles? Los cuartos secretos que encontró arriba eran más interesantes de desentrañarlos que algo tan vulgar y simple. En fin, no dio mucho hincapié a aquello y fue directo hasta los libros; de a uno comenzó a moverlos hasta que dio con el que era más especial; tenía una pasta negra que al sacarlo un poco de la fila de los demás escucho como se movía una pared al lado del laboratorio – No puede ser… funciono…
Soren estaba esbozando una enorme sonrisa, al parecer tenía toda la razón y eso le hacía sentir orgulloso. El elfo se entraño hasta aquella pequeña habitación y pudo observar como en la mitad de este había una especie de mueble cubierto por una manta de color gris debido al polvo. Una vez cerca allí pudo notar como algo muy mágico emanaba debajo de aquella prenda, la quito sin mucha delicadeza haciendo que el polvo se esparciera por todo el estrecho lugar y sus ojos se abrieron de par en par cuando lo vio; era el espejo, pero a su vista no parecía ser más que un simple espejo normal, común y corriente. Su reflejo se veía normalmente, no tenía la pinta de ser algo tan poderoso o especial como se lo describían cuando era más joven en los cuentos de su tierra.
Con más cautela fue dirigiéndose hasta aquello, estiro sus dedos para hacer contacto con el vidrio que le reflejaba y una vez lo toco sintió un enorme frio recorrer por su mano. Poso toda su palma contra el espejo mientras se miraba a sí mismo con el ceño fruncido. Parpadeaba de forma algo intranquila y sentía como su corazón comenzaba acelerarse de estar frente a uno de los artefactos más peligrosos de toda la tierra. Fue entonces que en un parpadeo rápido pudo observar como al otro lado de aquel vidrio se erguía frente a él parado una sombra que destilaba unos ojos de color rojos, una mirada tan afilada y una sonrisa tan perturbadora que de inmediato se separó de él saltando asustado y cayendo al suelo atemorizado de lo que había visto. Fue rápido, ni siquiera pudo detallarlo mejor, sacudió su cabeza con fuerza mientras dirigía su mirada nuevamente ante su propio reflejo.
Los otros elfos de luna quiénes los acompañaban fueron directo hacía el estruendo causado por Solveg y se encontraron con el consejero del rey sentado en el suelo y sudando frío tras presenciar aquello.
-Rápido! – Le ordeno a uno de sus soldados – Destruye esa cosa! – Decía señalando el espejo con desesperación.
El elfo de luna desenvaino su espada y con mucha rapidez fue hasta el espejo para golpearlo con mucha fuerza y destruirlo. Pero al momento en que su hoja choco con el vidrio de inmediato emano una onda expansiva que hizo saltar por el aire al soldado hasta chocar con violencia contra un muro. Tanto Solveg como el otro que se encontraba allí vieron con mucho temor aquello. Soren quién estaba escuchando todo fue hasta aquella pequeña alcoba y no solo encontró a dos elfos asustados viendo aquel mueble sino también a uno inconsciente en el suelo.
-Qué… qué… - Trago saliva mientras unas gotas de sudor frio bajaban por su frente – Qué paso?
-No puede ser… - Solveg continuaba mirando su reflejo en el espejo atónito – No lo podemos destruir…
-Por qué? – Cuestiono el rubio un poco confundido.
-Porque esto es magia hecha por dragones – Explicaba – Y solo el dragón que la creó puede destruirlo…
-El papá de Zym? – Volvió a preguntar todavía más enredado – Pero está… muerto… no?
-Sí, así es – Como pudo se levantó del piso mientras sacudía su ropa del polvo – Pero su pareja no…
-o-
-Callum… - Decía una elfa con la respiración algo agitada mientras trataba de seguirle el paso a su compañero – De verdad no nos perdimos? – Le preguntó algo preocupada, el mago podría ser un grandioso maestro en las artes mágicas pero no creía en serio que fuera bueno para guiarse a través de las tierras de su propia raza.
-Sí, tranquila – Dijo con mucha seguridad – Ya casi estamos por llegar.
Habían estado caminando todo el día por los verdosos valles de Neolandia, el mago podía estar más que seguro que en pocos minutos estarían ya saliendo de aquellas tierras para adentrarse más hacía las montañas donde según Callum vivía un antiguo conocido. No le dio muchos detalles a la elfa de luna, de hecho no deseaba arruinar la "sorpresa" que le tenía. Rayla cayó en cuenta de que poco a poco empezaba a oscurecerse si no encontraban un refugio o hacían una fogata para descansar tan siquiera no podía estar tan al cien por ciento segura de que fuera capaz de protegerse ambos de las criaturas salvajes que pudieran existir por allí.
A pesar de que no confiara en el sentido de la guía del mago confiaba en su tremenda intuición y si decía que ya casi estaban por llegar era porque así lo sería. Como podían escalaban por una ladera para llegar hasta una pequeña planicie sobre un montecillo, Rayla pensaba que allí era donde iban a descansar por lo menos esa noche. Pero no veía que Callum se empeñara en buscar madera o algo para realizar una fogata para iluminarse durante la noche, no, solo estaba parado mirando al verdoso prado que de forma lenta se iba transformando en un hermoso naranja debido al crepúsculo, mientras observaba como el sol se ocultaba entre los valles no pudo evitar no abrazar al joven por la espalda y posar su mejilla derecha mientras inhalaba el dulce aroma que este emanaba.
Callum tomo con delicadeza las suaves manos de su elfa que estaban entrelazadas apretándole de forma delicada su abdomen mientras esbozaba una enorme sonrisa. Ambos se quedaron embobados por unos minutos así mientras la noche caía y se empezaba a notar más la luna, aún no estaba llena por completa, pero en el estado en el que se encontraba era más que romántica. Fue entonces que el mago decidió separarse del abrazo y dar media vuelta hasta un enorme muro de tierra que se encontraba tras ellos.
-Sí, es aquí – Puso sus manos en la cadera sonriendo.
Rayla se fijó que no había nada ahí, salvo un montón de tierra. Opto por no decir nada, de hecho, creo que estaba empezando a pensar que el mago solamente le estaba tomando el pelo. Fue entonces que Callum le pidió con un gesto de su mano derecha para que se posara a su lado. La elfa le hizo caso y este entrelazo sus dedos con los de la albina y con su mano libre hizo un hechizo de luna. Poco a poco aquel muro de tierra comenzaba a desaparecer frente a sus ojos para mostrar una pequeña cueva que estaba propinando algo de luz en su interior.
-Una ilusión? – Cuestiono Rayla sorprendida.
-Sí, parece que si estoy a tu lado puedo hacer magia de luna – Explicaba – Lo que no sé es si surge el mismo efecto si estoy con otros elfos de luna.
-Ni se te ocurra tomar de la mano a otra elfa de luna, Callum - ¿Eso eran celos? El mago solamente pudo reír de forma inocente mientras Rayla lo miraba con un rostro de pocos amigos – Es enserio, Callum…
-Tranquila, no creo que eso pase – Le calmo mientras caminaban hasta el interior de aquella caverna.
¿Quién puede vivir ahí? ¿Otro de los amigos ermitaños de Callum? Al parecer tiene la habilidad de hacer amigos que gustan de vivir en cuevas apartadas de toda sociedad. Esperaba por el hechizo de ilusión que se tratara de alguien conectado al arcanum de luna, eso le agradaría, sería el primer humano que conociera que puede hacer tal magia aparte de su joven mago ahora mismo o quizás se deba tratar de un elfo de luna… ¿Sería posible? No, no cree que haya más de los de su clan merodeando desde hace tiempo por las tierras humana. Mientras más caminaban por la caverna, Rayla se fijó que estaba muy bien iluminada, había antorchas que al parecer hace poco estaban en fuego y que les guiaban a través de aquel lugar. Pero comenzó a sentirse un poco rara, no sabía cómo describirlo, pero se trataba como si todo su cuerpo estuviera siendo recorrido por un millar de hormigas que le causaban un cosquilleo, como cuando usa sus poderes cuando la luna está llena por completo ¿Pero cómo? Ni siquiera está en el punto exacto el lucero para que ella pudiera sentir aquello.
Mientras descendían por aquella caverna, las puntiagudas orejas de la elfa comenzaron a escuchar a lo lejos el característico sonido de un martillo golpeando un yunque ¿Un herrero vive allí? Bueno, sus dudas comenzaban a despejarse cuando observo que las paredes del pasadizo de la caverna empezaba a mostrar algunas armas colgadas como si fueran exhibidas: espadas, dagas, lanzas, escudos, mandobles, mazos, todo un arsenal. Rayla estaba maravillada de ver aquello, eran preciosas a sus ojos, inclusive más que sus adoradas hojas que la han estado acompañando por tantos años. Miraba su reflejo en las hojas de aquellas armas tan hermosas, ese sí era su mundo, ella era una guerrera después de todo y estar frente ante aquello le parecía espectacular. Pero todavía continuaba sintiendo ese cosquilleo por todo su cuerpo, tanto que empezó a preocuparse ¿Otro nexo de luna? No, imposible, solo el que cuida Lujanne está en el reino de los humanos, debía tratarse de otra cosa porque era como si sintiera la luna en ese lugar.
Llegaron entonces a un gran salón que estaba lleno de armas por doquier, de diferentes tipos y colores más que todo arsenal que parecían provenir de Xadia. Se fijó que en el centro había una persona trabajando pero no podía describir bien como era en ese momento puesto que estaba encorvado golpeando la hoja con bastante fuerza pero se notaba que se trataba de alguien sumamente enorme.
-Hola, Linrei – Callum habló a la entrada del salón provocando que aquel sujeto se detuviera en ese instante. Soltó el norme martillo y se fue enderezando lentamente para estar derecho, fue entonces que Rayla noto de inmediato unas enormes astas ¿Un elfo? ¿Viviendo con los humanos? Su enorme cabellera de color marrón que se encontraba peinada en una larga trenza que le llegaba a la cintura y unos hombros tan anchos que parecía ser una montaña en dos piernas. Dio un giro de ciento ochenta grados para quedar frente a los jóvenes y allí la albina despejo todas sus dudas: Unas orejas puntiagudas, marcas por sus anchos brazos y parte de su rostro de color verde oscuro y una piel morena que si bien no se comparaba con los elfos de sol si era más oscura que la de cualquier elfo de luna, además que de sus extremidades relucían algunas hojas de árboles pequeños… - Tiempo sin verte, amigo – Esbozo el mago una amigable sonrisa mientras el elfo iba hasta él deprisa para abrazarlo con fuerza.
-Callum! – Su voz era muy gruesa, realmente – Muchacho travieso! – Le apretaba con más fuerza mientras Rayla sentía como algunos huesos del mago podían escucharse sonar ante tal contacto – Que bueno que vienes de visita! – Le bajo para que el pelicastaño pudiera retomar el aire – Y tú debes de ser Rayla, no? – Se giró entonces para que sus iris oscuros chocaran con los de la elfa de luna – En efecto! Lo eres! – Le estiro su mano para saludarla como era debido cosa que en efecto la albina le correspondió – Callum hablaba mucho de ti cuando estaba por acá – Le guiño el ojo de forma picarona mientras esta solo volteaba su rostro algo apenada – "Tengo a una genial amiga elfa de luna, Linrei!" "Es la mejor de todas!" – Imitaba la voz del mago a la par que este solo cubría su rostro para que no se viera la vergüenza que sentía en ese momento.
-Vaya… eres… muy grande – Rayla tenía que levantar su cabeza para observar más a aquel elfo ¿Es uno de tierra? Debía serlo, según lo que ha escuchado sobre ellos es que eran tan grandes como un árbol y fuertes como una montaña y al parecer las leyendas hacían merito, era la primera vez que veía a uno con sus propios ojos – Lo lamento, perdón – Se disculpó y Linrei solo pudo echarse a reír.
-Solía causar esa impresión con los otros elfos hace siglos ya – Recordó sus días de antaño de manera breve cuando vivía en Xadia – Pero no recordaba que los elfos de luna fueran tan pequeños – Ojeo de pies a cabeza la delicada figura de Rayla – En fin! Esto hay que celebrarlo, estaba a punto de hacer la cena, vengan, vengan! – Les convido entonces a que le siguieran hasta otro salón, uno más pequeño donde parecía tener una cocina muy arcaica puesto que toda estaba hecha de piedra.
Cuando el elfo se escabullo para buscar los ingredientes fue que a sus espaldas Rayla empezó a preguntarse sobre qué relación tendría aquel enorme sujeto con el mago:
-Quién es? – Le indago de forma curiosa al pelicastaño.
-Es un elfo de tierra, creo que lleva viviendo siglos entre los humanos – Le explicaba de forma que pudiera entenderle – Es un gran herrero, podría decirse que es el mejor y un gran mago de la fuente primaria de la tierra y… es mi maestro – Rayla le escuchaba maravillada y a la vez confundida ¿Ese tosco y enorme tipo era también un mago? Tendría que dejar de creer en el estereotipo de que todos los que practican magia son delgados.
-Soy el mejor herrero que existe en este mundo – Decía orgulloso de su propio oficio – Callum vino a mí hace uno o dos años para aprender magia de tierra, era un poco tonto al principio pero es un humano con un gran potencial – Añadió mientras echaba unas patatas a un caldero – Se te olvido decir que soy un gran cocinero también – Reía de forma amigable mientras miraba a la joven pareja – Que les trae por estos lugares? Veo que pudiste deshacer el hechizo de ilusión, fue cosa tuya, Rayla?
-No, yo no tengo nada que ver con la magia, perdón – Se disculpó así misma – Pero… Qué haces viviendo con los humanos? – Tenía que saciar su curiosidad y esperaba que el elfo no hubiera tomado aquella pregunta de forma grosera.
-Los elfos de tierra somos guerreros por naturaleza – Espetaba orgulloso – Los mejores herreros de toda Xadia también. Cuando empezó la guerra hace siglos vine a Neolandia para hacer armas a todos los reinos humanos - ¿Era enserio? ¿Entonces es un traidor? O bueno, antes lo era porque ya el conflicto terminó – Los humanos son criaturas interesantes, siempre quieren aprender, luchar, sobrevivir… los elfos al tener una vida tan longeva no se preocupan por ello y son aburridos.
-Eso es… interesante – Añadió la albina un poco escéptica – Pero si no mal recuerdo ustedes los elfos de tierra por poco se matan entre ustedes – Callum no sabía nada de eso y de hecho necesitaba conocer un poco más de la historia de su mentor.
-Así es – Soltó una carcajada al escuchar las palabras de la elfa de luna – Tuvimos que separarnos de los otros elfos porque Avizamdun le advirtió a mi gente que si continuábamos peleando entre nosotros él sería el encargado de pulverizarnos para siempre - ¿Y lo contaba de forma tan tranquila? – Lo que quedó de mi raza se desplazó hasta las montañas de Xadia y otros como yo nos dedicamos a pasear por el resto del mundo. Por eso no congeniamos bien con los otros elfos, nos gusta vivir alejados de ellos… son muy elitistas.
-Vaya, buen curso de historia, Linrei – Dijo Callum – Pero… - Fue hasta la espalda de la elfa de luna y sin su permiso extrajo el arma que le quedaba a Rayla para mostrársela a su maestro – Seria un gran favor si pudieras hacer otra igual a esta? Es que perdimos la compañera hace un rato escapando de unos bandidos…
Linrei tomo aquella pequeña arma con su enorme mano y la ojeo por unos instantes para después soltar nuevamente una gran carcajada:
-Otra de estas? – Miro a la albina quién solo pudo asentir – Por los grandes, esto ni siquiera sirve para untar mantequilla al pan – Arrojo la espada de la elfa lejos para ir hacía la albina y tomarla por los hombros con sus enormes manos – Te haré el mejor juego de hojas que jamás ha llegado a tener un elfo de luna. De todas formas, ninguna raza élfica salvo nosotros saben forjar una buena espada después de todo – La soltó y luego dirigió su mirada al pelicastaño – Bien, carne de venado para cenar? Esta mañana cace uno que se veía muy jugoso.
-Eh… Linrei… yo tengo algo de carne y Rayla es vegetariana – El elfo de tierra arqueo una ceja mostrando algo de indignación inocente mientras veía a la joven pareja.
-Mejor, más para mí…
La comida y el ambiente estaban amenos para el joven pelicastaño, escuchaba atentamente cada leve aventurilla que había tenido su maestro tiempo después que él decidió dejarlo para continuar explorando el mundo. Linrei vivía entre los humanos desde hacía siglos, se podría decir que era casi igual o aún más viejo que la propia Rash; líder de los "medio elfos", lo curioso es la manera como se relacionaba con el resto de la gente. Usaba un amuleto de runa de la luna que le regalo una vieja conocida para ocultar sus característicos rasgos élficos y no causar conmoción entre los pobladores y también para que no fuera presa de captura por parte de ningún reino ¿Pero cómo podía alguien que solo dominaba el arcanum de tierra hacer magia de luna? Era una pregunta que la albina se preguntaba mientras más hablaba aquel enorme sujeto con su pupilo.
Rayla volvía a sentir ese cosquilleo por su cuerpo, esa sensación de poder que solo se mostraba cuando la luna estaba en su máximo apogeo y empezó a moverse algo incomoda en su puesto sin que los otros dos notaran aquello. No tenía ni idea de que era lo que le provocaba aquello ¿Acaso ayudarle a hacer magia de luna a Callum le estaba perpetuando dentro de sí un efecto secundario? No, el pelicastaño no haría nada que lastimara a la elfa, jamás lo haría ¿Entonces de donde proviene tal poder y fuerza? Es obvio que se encuentra en esa caverna, pero no tiene ni idea de que es o de que se tratara.
Por unos minutos mientras su mente divagaba llegó a pensar que Linrei tendría bajo su poder una roca primaria de luna, eso sería lo más lógico. No paraba de moverse en su lugar, hacía extraños movimientos como tratando de mostrar incomodidad y desespero. A pesar de que Callum en esos momentos no le estaba viendo como algo malo sino más bien como que tendría algo metido en el zapato jamás se le llegó a pasar por la mente lo que realmente estaba sintiendo la albina. Pero el elfo de tierra si lo noto, empezaba a preocuparse de que quizás algo muy malo le estuviera pasando.
-Qué tienes? – Linreí le preguntó a una inquieta Rayla que no paraba de sentir esa sensación.
-No… no lo sé… - Callum la miro y se notaba que no estaba muy cómoda con la situación – Es como si la luna llena estuviera en este lugar, siento que mis poderes de elfo de luna están… empezando a fluir – Trataba de explicarse lo mejor posible y el joven mago la veía un poco confundido.
-Hmmmm… - El elfo de tierra solamente empezó a masajear su barbilla tratando de esclarecer lo que le estaba ocurriendo – Rayla, quiero que vengas conmigo.
Linrei empezó a caminar a través de la caverna mientras era seguido tanto por el pelicastaño como por la elfa desde atrás. Callum no estaba entendiendo para nada que era lo que estaba ocurriendo en ese momento ¿Estaba bien Rayla? No, al parecer no se sentía bien pero no entendía el por qué.
-Cómo creen que puedo hacer un hechizo de luna para ocultar la entrada a la caverna? – Le preguntó a los jóvenes mientras se dirigían por un estrecho pasillo que era la primera vez que Callum pasaba por allí.
-La verdad, Linrei. Pensé que solo era casualidad que pudieras hacerlo – El pelicastaño le contesto – Para hacer magia hay que estar conectado a un arcanum, no? Bueno, eso es lo que tengo entendido.
-Sí, exacto, Callum – Le felicito el mayor, era como si estuviera teniendo una nueva clase con él después de tanto tiempo – Tú nunca aprendiste a conectarte con el arcanum de luna porque o no lo veías necesario o sin querer ya estabas conectado a través de tu amiga - ¿Entonces por eso es que ha podido hacer magia de esa clase durante el día? – Cuando te separaste de ella quizás brevemente lo perdiste, pero ahora que vuelve a estar junto a ti parecer que estas recobrando de a poco el poder de la luna – Explicaba tratando de ser claro más para la elfa que para su propio aprendiz - Al ser yo una criatura proveniente de Xadia estoy conectado por naturaleza a la fuente de la tierra, el elemento más noble de todos; puesto que nos provee de hogar, comida, refugio y vida… - Decía mientras se acuclillaba para tomar algo de arena del suelo logrando que las partículas y granos de tierra desfilaran por su mano de forma mágica – Pero si me alejo mucho de la caverna no puedo hacer magia de luna… es así de simple.
-Callum, yo creo que este está más loco que Lujanne – Le susurro su compañera y el joven mago solo le codeo un poco en las costillas para que dejara de burlarse de su maestro - Entonces, Callum no puede hacer magia de luna si no estoy a su lado? – La elfa deseaba desentrañar algo de misterio tras el nuevo poder de su compañero – Y el día que no esté qué? No podrá volver a hacerlo? – Cuestionaba Rayla un poco decaída de escuchar aquello.
-Eso ya depende de él, por ahora se conecta a través de ti – Rayla llevo sus iris violetas hasta el rostro de su mago y en lugar de ver un rostro decepcionado lo que encontró fue al de ojos esmeralda dedicándole una tierna sonrisa, él ya más o menos sabía que todo se trataba gracias a ella, no se sentía mal por aquello, antes le gustaba depender de la elfa para poder hacer magia de luna. Lo que no quería era que ella pensará que la estaba usando como si fuera un instrumento para alcanzar más poder.
-Rayla, mírame – La tomo por los hombros y ambos chocaron sus miradas por unos instantes, la elfa no se estaba sintiendo bien por aquello, ella no quería ser una herramienta para él en ningún sentido. Sintió entonces el cálido tacto de la palma del joven mago sobre su mejilla – No me importa si estoy o no conectado a la luna gracias a ti – Se explicaba y esta abrió los ojos un poco sorprendida – Para mí, eres más importante que cualquier hechizo o truco de cualquier tipo – La sonrisa del pelicastaño estaba siendo opacada gracias al rostro de tristeza que estaba teniendo en ese momento la albina.
-Desde cuándo? – Le indago con la voz un poco decaída.
-Desde que te fuiste la primera vez… - Rayla al escuchar aquello sintió una fuerte punzada en su pecho, como si se hubiera disparado su corazón empezó a palpitar y una pequeña sonrisa empezaba a vislumbrarse en su rostro – No alcanzarte ese día ha sido una de las cosas en las que más pensaba hasta que volví a verte – De a poco y sin querer sus labios se iban acercando hasta los del mago para depositar un tierno beso en ellos. Una vez separados y con el rostro ruborizado el mago acerco más el rostro de la albina para tocarse la punta de la nariz el uno con el otro mientras decía, trago algo de saliva y con valor se dispuso a decirle lo que realmente sentía por la joven elfa – Rayla… eres la mujer que más am…
-Sniff, sniff – Ambos se habían olvidado por completo de Linrei quién estaba viendo la tierna escena soltando algunas lágrimas de sus ojos – Las parejas jóvenes son tan hermosas – Ambos se separaron de inmediato avergonzados de aquello – Me acuerdan a mi amada Helgi…
-Helgi? – Callum le preguntó – Quién es Helgi?
-Ah, fue una humana de la que me enamore hace unos años – Explicaba el elfo de tierra ya más animado – Lastimosamente el tiempo no es muy amable con los humanos y bueno… - Suspiro un algo melancólico – Ya sabes… en fin, a lo que hemos venido.
Finalmente llegaron hasta una pequeña sección de la caverna que estaba siendo separada por solo un trozo de tela roja que cubría la entrada. Era una especie de habitación, no había decoración ni nada parecido salvo lo que daban los propios muros de la cueva, pero en toda la mitad había una enorme piedra de color grisáceo y con algunos pequeños cráteres de casi la misma estatura de la elfa, claro que de proporciones más anchas. Ella podía sentir un enorme poder provenir de aquello, era tan extraño pero a la vez tan hipnotizante ¿Qué era? Obvio no era una roca primaria de luna, no, eran más pequeñas y las podías llevar en la palma de tu mano. Esa cosa incluso se notaba más poderosa. De a poco se fue acercando a ella, lo hacía por un extraño magnetismo que le atraía.
Sin darse cuenta estaba frente a aquella roca y podía sentir como el poder de la luna viajaba a través de todo su cuerpo, por cada fibra, cada vena, cada hebra de su blanco cabello y cada célula de su ser. Se sentía en el mismo estado en el cual el lucero en su máximo esplendor le daba cuando necesitaba transformarse en la guerrera más poderosa y letal de todo el bosque plateado, con la luna llena era ella la que dominaba aquel estado, pero en ese momento era como si la fuente primaria era la que la controlaba.
-Eh… Rayla… - Escucho la voz del joven mago tras de sí y giro un poco su rostro para verle – Estás bien?
Miro entonces sus manos y se dio cuenta que podía ver a través de ellas. Su característico tono verde espectral que solo se hacía presente cada que la albina activaba los poderes de los elfos de luna. Callum hacía años no la veía así, de hecho solo fue una vez y fue cuando casi trata de matarlo… y cuando lo salvo de Runaan el mismo día.
-Yo… yo… - La elfa estaba asustada, se supone que eso no debería pasar, menos cuando no hay luna llena ni cerca.
-Con que eso era… - Hablo Linrei sorprendido – Una verdadera roca de la luna…
-Eso explica porque puedes hacer magia de ese tipo, no? – Callum bregaba a esclarecer todo lo que estaba pasando – Como la conseguiste?
-Cuando llegue a estas tierras vi como algo descendía del cielo con fuerza y envuelta en fuego durante la noche – Comenzó a contar la historia – Hizo un estruendo que sacudió todo el reino y cuando fui a mirar me encontré con esta cosa – Señalaba la piedra – La traje hasta la caverna más cercana y la deje aquí… a los días descubrí que podía hacer hechizos de luna simples pero nunca supe la razón, hasta ahora…
Rayla al parecer estaba volviendo a tener el control de sus poderes porque nuevamente regreso a su estado normal mientras escuchaba al elfo. Miraba embelesada aquello, estaba encantada de estar cerca literalmente de la luna, bueno, aunque fuera un pequeño pedazo de lo enorme que era realmente. De pronto se le ocurrió una idea maravillosa:
-Linrei, puedes hacer mis espadas con esa piedra? – Miraba al elfo de tierra con los ojos llenos de esperanza de que pudieran hacer sus nuevas armas con aquel material.
-No, no lo creo – Dijo acercándose a la roca y la tocaba con algo de recelo – La verdad este material no sirve para hacer hojas – La albina mostro una mueca de decepción tras escuchar aquello – Pero sí podemos encantarlas con la magia de esta piedrota.
-De verdad? – Indago emocionada la elfa ya poniendo un rostro de alegría enorme.
-Sí, serán las primeras espadas hechas con una roca verdadera de la luna. No sé qué propiedades o poderes puedan tener – Linrei miro hacía una esquina de la habitación y dio por buena fortuna haberse encontrado con un pico de hierro acuñado contra una esquina. Fue hasta la herramienta y la agarro – Entonces que así sean! Te haré las mejores hojas que jamás han visto los elfos de luna en toda su vida!
-o-
Zym no ha parado de volar desde que despego de Neolandia. A pesar de que le encantaba estar en el cielo, estaba comenzando a sentir la fatiga en su cuerpo y eso de inmediato Ezran lo notó, confino con Claudia de parar cerca de la frontera con Xadia, Rayla tenía razón, con el joven dragón llevándolos sería mucho más rápido y fácil, pero no era justo tampoco exponerlo a tal tipo de ejercicio por tan largo tiempo.
-Zym! – Le dijo a su amigo al oído suavemente – Ves ese peñasco de allí? – El rey de Katolis extendió su mano hasta una pequeña montaña y el dragón solo soltó un sonido como si estuviera afirmándolo – Detente ahí, tienes que descansar.
El dragón se sintió contento de poder descansar un poco y con mucho cuidado fue descendiendo hasta el lugar donde su amigo le había pedido parar. Una vez Zym poso sus patas en tierra, Claudia fue la primera en descender de su lomo igual de cansada, trataba de recobrar el aire que le estaba haciendo falta por volar a alturas tan exageradamente altas y también, era la primera vez que volaba sobre una criatura mágica, así que tampoco es que fuera una experiencia común para ella.
-Estás bien? – Dijo Ezran bajando de su amigo con cuidado también de no lastimarse.
-Sí, solo… - Trataba de recuperar el aire – Solo será un momento y ya…
Ezran miro hacía la lejanía, podía sentir un poco el calor del paso de la brecha en mitad de un rio de lava que separaba el reino de los humanos con Xadia, estaban cerca de las tierras de su amigo pero no tenía idea de que tan cerca del Bosque Plateado. Volteo nuevamente para ver a sus compañeros y se fijó que el joven dragón ya estaba acostado en el suelo durmiendo, sí, fue un viaje muy largo desde Neolandia hasta allí y Claudia tampoco parecía estar en buenas condiciones.
La consejera después de recobrar el aliento se fijó en su rey; estaba tan metido en sus propios pensamientos que ni ella tenía idea de que era lo que pasaba por la cabeza del joven monarca. ¿Esto enserio es buena idea? ¿Por qué separarse así tan de repente de Callum y Rayla? ¿De verdad Runaan tiene un esposo? Tantas preguntas y ninguna respuesta en concreto, no podía guardárselo más, tenía que decirle a Ezran lo que ella estaba pensando, era su mano derecha después de todo y sí, a veces han tenido desacuerdos pero siempre han logrado llegar a un punto en el que ambos sientan que están haciendo lo correcto.
-Mi rey… - Hablo finalmente la pelinegra acercándose al lado del moreno – Siento que deberíamos regresar a Katolis – Le propuso y Ezran solo volteo a verla un poco confundido – Perdón, pero no creo que esto sea buena idea.
-Es porque no confías en Rayla, verdad? – Espeto un poco desganado.
-No! Claro que no es eso! – Negó de inmediato – Confió en ella, sé que no nos guarda secretos… pero todo esto – No sabía cómo explicárselo a su rey, no quería hacerlo sentir incomodo – Me parece que es una trampa…
-Qué?! – El rey de Katolis preguntó indignado ante aquello – Como que una trampa?! A qué te refieres?!
Claudia mordisqueo su labio inferior luciendo mucha preocupación en su rostro. Luego de un suspiro, lo mejor era decirle lo que realmente sentía.
-Rayla es la siguiente en el linaje real de los elfos de luna – Ezran abrió los ojos sorprendido ante aquello ¿Cómo lo supo? ¡Claro! Ayer se le escapo eso y sabía que su consejera no iba a tomar eso como un simple error – No es que desee pensar en algo malo, pero y si todo es un plan entre ellos para deshacerse de ella y usted?
-Eh?! – Ezran no podía creer nada de lo que salía de la boca de la pelinegra – Como es eso?!
-Mi rey, siento que el consejero de Niilo trama algo – Explicaba – Por qué tan preocupado por apartar a Rayla después de la muerte de su rey? Con usted a su lado es obvio que la acobijara y optarían por dejarla al mando del bosque plateado… - El moreno no entendía nada de lo que estaba hablando la pelinegra y eso que su rostro lleno de confusión era el que respondía en lugar de contestarle – En pocas palabras, quieren deshacerse de Rayla y de su majestad a la vez para que puedan elegir a otro elfo…
-Pero por qué Rayla nos enviaría a su hogar para pedir ayuda?
-Porque ella de verdad cree que Runaan está vivo – Espeto con un tono de voz algo alto – Por qué su maestro y no otro elfo pudo haber matado a Niilo? Todo se está conectando para que tanto ella como usted desaparezcan!
Ezran dio media vuelta un poco decepcionado de las palabras de Claudia y aunque quisiera negarlo… estaba comenzando a aceptar la teoría de Claudia. Hace unos días tuvo ese pensamiento también ¿Por qué Rayla tiene que buscar al asesino de su rey si es la que sigue en la realeza? ¿Todo este tiempo lo han estado tramando para acabar con ella? ¿Entonces la paz con los elfos de luna realmente nunca existió sino que estaban esperando el momento adecuado para mover sus fichas? Eso explicaría porque después de tantos años decidió volver a participar de las festividades, estaban guardando paciencia para el momento en que su amiga elfa volviera con ellos aunque fuera por unos días.
Se sentó entonces un poco aturdido con todo esto, abrazo sus rodillas mientras miraba con tristeza hacia el horizonte con Xadia. ¿Pero él que tiene que ver con todo esto? Claro, ahora es obvio, no querían que él mismo manejara la situación y se dejó llevar por sus sentimientos hacia su hermano que decidió acompañarlo una vez más a una aventura pero ahora mismo estaba dudando demasiado. Interpuso su reino y a su gente solo por un poco de diversión junto a sus viejos conocidos y eso era algo de lo cual estaría tan avergonzado su padre. El rey Harrow jamás haría algo así en toda su vida por más que lo deseara. Si él estuviera a cargo ahora mismo ya habría movido fichas con los demás reinos humanos y de Xadia para que consideraran a Rayla como la nueva monarca de los elfos de luna, pero claro, también sabrían que no se negaría ante la primera oportunidad de salir de su reino unos días para divertirse para deshacerse también de él. Estaba tan abatido ahora mismo con llegar a esa conclusión que sentía como su corazón se quebraba en pedazos ¿Tanto luchar por una paz solo para que los elfos de luna estén peleando por una disputa política?
Claudia le veía algo triste de verlo así, era rara la vez que el joven Ezran se desmoronaba de esa manera. No debió decirle nada y dejar que las cosas continuaran con su curso hasta ver a donde llegaban, pero se apresuró demasiado a sacar una conclusión apresurada de su propia cabeza. Haber estado bajo el yugo de un hombre tan lleno de conspiraciones como su padre también le afecto demasiado, quizás a su hermano no tanto puesto que no acostumbra a usar mucho su cerebro pero con ella era muy diferente.
-Claudia… - Dijo Ezran con un tono de voz bajo – Iremos al bosque plateado… - Ella solo asintió desde su lugar – Y si es una trampa quiero que uses tu magia para que nos saques de allí…
La pelinegra no podía creer lo que su rey le estaba pidiendo. Ella no quería creer aquellas palabras que salían de su boca.
-Pero, Ezran… - Le llamo por su nombre, solo lo hacía cuando estaba realmente angustiada por algo – No quiero lastimar a nadie, nunca más…
Pasaron unos segundos en constante silencio, era bastante incómodo para ambos haber llegado a esa situación. Menos mal que Zym estaba dormido para no escucharle hablar, se pondría triste de verlo así tan lleno de dudas.
-Confió en Rayla – Finalmente dijo el moreno – Pero tienes razón en no confiar del todo en los otros – Se levantó del suelo y algo parecía haber cambiado en él en ese instante – Y lo de usar tu magia para que salgamos de allí si las cosas se ponen mal no es un favor… es una orden.
Claudia solamente cerró los ojos y dio un enorme suspiro al aire…
-Sí es lo que desea… entonces así será…
-o-
Linrei con ayuda de Callum lograron extirpar un pedazo de aquella piedra lunar y transportarlo hasta el salón principal de aquella caverna. El elfo de tierra comenzó a buscar el material perfecto para hacer las espadas de la elfa de luna. Debían ser ligeras, supuso que la albina era más experta en el arte de escabullirse y del sigilo que del enfrentamiento bruto frente a frente. Unas hojas pesadas le harían perder velocidad y equilibrio en una pelea. Daba gracias que la cueva aparte de ser su hogar también era una fuente casi inagotable de recursos para hacer sus armas aunque solo fueran para exhibirlas… tendría que reprocharles en algún momento que fue gracias a ellos que se quedó sin trabajo, pero sería para otro momento más oportuno. Encontró entonces lo que sería lo mejor para ella; molibdeno… era un material lo suficientemente fuerte, resistente y ligero para hacerlas.
Al enseñarle un pedazo de aquel hierro la albina accedió de inmediato, ella no tenía ni idea de los metales como los elfos de tierra así que supuso que sí él lo consideraba el mejor tendría que serlo. La albina quería ayudarle, pero de inmediato el mayor se negó a aceptar, no creía que la ex – asesina alguna vez en su vida haya forjado algo y si metía sus manos quizás no podría funcionar lo que él quería hacer. Callum solo le aconsejo que se trataba de un maestro herrero de elite, que sabe que es lo que hace.
Después de calentar aquel material a una temperatura exageradamente alta opto por conservar el mismo estilo de las hojas anteriores de la elfa, así el cambio no sería tan drástico para ella. Las espadas de los elfos de luna no es que fueran difíciles de hacer, pero si tenían un complejo mecanismo para cambiarlas de una espada a una daga e incluso un pico. Pasaban las horas entre golpeteo y golpeteo en el yunque de Linrei, templándolas para lograr el filo perfecto. Pasó entonces a fundir la roca lunar y después de un buen rato llevo aquel líquido que emanaba un calor impresionante y verterlo sobre las hojas para continuar golpeándolas hasta lograr templarlas lo suficiente. Supuso que el proceso de hacer aquello era lograr el mismo efecto que en las espadas de los elfos de sol aunque a ciencia cierta… no tenía idea de que era lo que iba a suceder.
Llegó la mañana sin darse cuenta y su obra maestra ya estaba casi lista. Faltaban las empuñaduras, opto por hacerlas con madera de roble en lugar de acero como las que tenía antes, serían más fáciles de empuñar y más cómodas. Las pintó de un color verde/azul y de pronto algo muy interesante empezó a suceder en las hojas que había acabado de forjar, sonrió orgulloso de su logro y las envolvió en un fino trapo de color rojo para llevárselas. Fue hasta otro lado de la caverna para ver a la joven pareja con sus espaldas acostadas sobre un muro mientras dormían. No quería esperar a que se levantaran para ver la reacción de la albina.
-Hey! – Le toco un poco su hombro a la par que estaba abría los ojos de a poco – Ya están…
Los jóvenes se despertaron aun algo somnolientos y Linrei le estiro bien envueltas las nuevas espadas a Rayla quién las recibió de inmediato pero noto algo extraño. Las solivio un poco y se dio cuenta de que eran extremadamente livianas, como si se trataran de un papel lo que tenía entre sus finos dedos.
-Oye… de verdad son espadas? – Le preguntó algo dudosa – No pesan nada.
-Solo míralas!
Rayla empezó a desenvolver sus nuevas espadas con cuidado y sentía como de a poco nuevamente la sensación del día de ayer volvía a recorrer por su cuerpo pero esta vez a menor medida. Sus iris violetas no podían creer lo que estaban viendo; esas hojas tenían un peculiar color grisáceo brillante que relucía, comenzó a juguetear con ellas como lo hacía con sus viejas armas y eran mucho más versátiles y rápidas que las anteriores pero todavía continuaba cautivada por el color de estas, era la primera vez que veía un par de espadas así.
-Ves, te dije que era un gran herrero… - Callum hablo orgulloso de su maestro – Pero por qué brillan?
-No lo sé, Callum – Ni el propio Linrei conocía el porqué de aquella extraña reacción – Rayla, que te parece si las probamos?
-Pero claro que sí! – Se levantó animada mientras le seguía el paso al elfo de tierra que dentro de su colección de armas alcanzo a sacar una extraña funda que contenía una espada que para ella era muy conocida. De a poco, Linrei fue desenvainando su arma hasta dar con la certeza de la albina que se trataba de una hoja de los elfos de sol encantada con runas – En serio? – Dijo Rayla algo acongojada – es una espada de sol, obvio va a cortar las que me hiciste!
-Ja! – Soltó una jocosa risa el elfo mientras miraba el ceño fruncido de Rayla – Eso no lo sé. Vamos, ven y atácame con todas tus fuerzas!
Linrei hizo una postura listo para el combate mientras Rayla miraba a su mago quién solo levanto el dedo pulgar derecho para avisarle de que todo saldría bien… o eso era lo que él esperaba. La albina se fijó entonces concentrada en el elfo de tierra, preparada para ir a atacarlo. Dio un hondo suspiro y fue con bastante rapidez para atacarle con sus nuevas espadas. Salto a escasos metros de llegar al elfo de tierra para asestarle un golpe desde el aire, así al menos si sus hojas fallaban tendría oportunidad de esquivar la espada de sol y no salir quemada en el acto, pero algo increíble sucedió; al momento de chocar sus armas con la del más grande se escuchó el chirrido característico metálico de ambas hojas por toda la caverna y sus nuevas armas ni siquiera habían recibido daño alguno, ni siquiera se habían cortado como mantequilla ante el absorto calor de la espada del mago de tierra.
-Lo sabía! – Grito eufórico Linrei a la par que Rayla se impulsaba con sus armas hacía atrás después del choque con la espada de sol para dar una media vuelta y caer al suelo de pie sorprendida de lo que había acabado de pasar – Bueno, la verdad no lo sabía. Solo tenía el leve presentimiento de que eso iba a suceder.
Rayla miraba sus hojas anonadada e impactada de darse cuenta de que seguían como nuevas.
-Qué les hiciste? – Callum también estaba sorprendido, era la primera vez que veía unas espadas hacer de frente contra una de los elfos de sol – Es por la piedra lunar?
-La verdad ni yo lo sé – Hablaba entre sonrisas su maestro – Las espadas de los elfos de sol son encantadas con runas para que mantenga su filo y calor por cientos de años, me imagine que al hacer lo mismo pero con algo real de la luna tendrían un efecto similar – Trato de explicarse ante algo que ni él mismo sabía bien.
Rayla continuaba embelesada observando su nuevo juego de armas. Eran maravillosas, con ellas ni los elfos de sol podrían detenerla. Desde su lugar estiro su brazo derecho con su espada en dirección al elfo de tierra quién no paraba de sonreir:
-Un duelo amistoso? – Le propuso con una sonrisa picarona a lo que Linrei lleno de gracia le respondió.
-Por supuesto, pequeña elfa de luna!
Callum miraba con emoción cada movimiento de su elfa, cada acción que tomaba para atacar a su maestro y cada movimiento ágil que hacía para esquivar los ataques de Linrei. Veía a Rayla tan contenta en ese momento, era una guerrera después de todo, pelear era lo que más le apasionaba. Se dio cuenta que durante los días que han estado juntos él solo le ha platicado de su mundo sin haberse fijado en el de ella, le parecía un poco triste pensar que quizás la albina ha estado ya muy saturada de que a cada rato hable solo de magia, debía abrirse más a ella, saber más de su vida y eso era lógico, si iban a estar juntos necesitaban saber lo que más pudieran el uno sobre el otro. ¿En este punto ya pueden considerarse como novios oficialmente? Se han estado besando y toqueteándose el uno al otro desde que se volvieron a encontrar, entonces podía dar por sentado de que su relación ya era algo formal o eso supone él.
Después de unos minutos de una pelea "amistosa" llegaron a la conclusión de dejarlo como empate. Linrei era básicamente una montaña de músculos difícil de derribar y Rayla era una pequeña elfa de luna muy rápida y ágil como para atrapar. Cansada y llena de sudor se sentó en el suelo extasiada de aquel ligero entrenamiento, hace tiempo que no se daba el lujo de tener una batalla decente contra alguien y aquel elfo de tierra era un contrincante digno, por lo general durante los enfrentamientos leves con los otros de su pueblo siempre era ella la que salía victoriosa fácilmente, eso le aburría bastante. El maestro de Callum se acercó a ella para ayudarle a parar.
-No tienes idea de lo agradecida que estoy contigo – Le reverencio la albina en señal de respeto y empatía – Pero no me has cobrado nada por ellas… - Dijo exponiendo sus armas al elfo de tierra quién solo alzo una ceja mientras sonreía.
-No, no es nada – Aunque luego de decir aquello empezó a pensar en una manera en que pudiera recompensarle por las nuevas espadas que hizo para Rayla – Pero si deseas pagarme puedes dejarme tu vieja espada – Miro entonces a Callum quién continuaba en su lugar de forma tranquila y serena – Quiero tener algo para recordarlos a ambos por el resto de mi vida.
Rayla no sabía si acceder, esa espada ha estado con ella desde la primera vez que salió de misión hacía el reino humano. Le iba a hacer mucha falta, pero era un trato justo por haberle forjado tan maravillosas armas.
-Trato hecho!
Luego de un desayuno rápido, la joven pareja se disponía a partir para continuar con su viaje. Fue muy bonito para ambos haber llegado a la caverna de aquel elfo. Por un lado Callum estaba contento de volver a ver su viejo maestro y por el otro Rayla igual de haber conocido a tan agradable sujeto. Una vez ya afuera de la caverna y sintiendo el calor del sol golpearles la piel fue que pensaron que se habían quedado más tiempo del necesario. Linrei después de una efusiva y melancólica despedida fue que les indico por donde ir para retomar el camino que habían perdido cuando cayeron por ese acantilado.
Caminaban por el sendero que Linrei les dijo, Callum estaba casi seguro de que ya muy pronto estarían saliendo de las tierras de Neolandia. No hablaban mucho, más que todo porque la elfa estaba tan embobada con sus nuevas armas que no paraba de juguetear con ellas. A los ojos del mago le parecía adorable verla así, era como una niña pequeña con un nuevo juguete. Volvía a pensar de cómo sería su vida de ahora en adelante junto a la albina, se imaginaba con ella a su lado viajando por todos los reinos humanos y élficos, visitando nuevos lugares, conociendo nuevas personas, dándose amor a diario… pero de pronto comenzó también a cuestionarse en algo que le perturbo demasiado; él no era una criatura que aspirara a ser tan longevo como ella, algún día se haría viejo y sus piernas ya no podrían dar un paso más, su cuerpo no resistiría el paso del tiempo de manera amable como la albina ¿Lo amaría de igual forma? ¿Le dejará de gustar el día que empiece a envejecer? ¿Qué va a pasar con ella cuando él ya no esté? Era joven, sí, pero no lo sería por mucho tiempo, la vida de un humano es un simple suspiro para un elfo…
-Por qué estás tan callado? – Le codeo un poco la albina sacándolo de su mente – Por lo general casi nunca paras de hablar.
-No, solo… pensaba – Dijo con algo de tristeza en su voz. Rayla se dio cuenta de aquello e hizo una mueca de angustia.
-Qué tienes?
Callum no estaba completamente seguro de comentarle sobre aquello a la albina. No deseaba indisponerla con cosas "humanas" pero era la persona que más quería, no puede mentirse a sí mismo ni tampoco mentirle a ella sobre aquella situación que veía tan lejana pero que algún día llegaría.
-Quiero estar contigo… - Le respondió algo triste. La elfa no podía entender que era lo que le sucedía al mago – Toda la vida…
-Pero… ya estamos juntos, no? – Cuestiono con duda Rayla – O te refieres a otra cosa?
-Te seguiré gustando cuando me empiecen a salir canas? - ¿Era eso? ¿De verdad era eso? Rayla al escucharlo solo pudo soltar una carcajada seca – Rayla! Esto es serio!
-Perdón, perdón – Secaba sus lagrimillas causadas por la risa – Es que me parece increíble que pienses en esas cosas, Callum – El mago la miraba entrecejo un poco molesto de que no tomara el tema de forma seria – A ver… no sé cómo vas a envejecer – Pensaba la albina – No creo que le parezcas atractivo a las mujeres jóvenes cuando llegues a esa edad – El pelicastaño suspiro algo triste tras escuchar aquello – Pero para mí seguirás siendo hermoso, no importa que tan arrugado te vayas a poner…
El mago solo pudo soltar una pequeña risilla tras esto mientras veía a su querida elfa. Ya lo había pospuesto demasiado, a pesar de que no le ha ocultado nada a Rayla desde que volvieron a verse.
-Te amo… - Al decirle aquello la elfa abrió sus ojos como un par de platos y detuvo su paso al igual que el mago.
-Callum… - Dijo la albina en un leve susurro – No vamos muy rápido? – Tenía motivos para pensar aquello, llevaban tan solo unos días demostrarse quererse los dos, pero ya aquella palabra era un paso más de su relación.
El pelicastaño agacho un poco su cabeza un tanto triste, al parecer Rayla no recibió su declaración de buena forma.
-No… - Levanto su rostro para chocar sus iris esmeralda con los violetas de su querida elfa – Llevó sintiéndolo desde hace años – Le explicaba con toda la sinceridad que pudiera – Desde ese momento que me cuidaste luego de hacer magia oscura algo por ti crecía con cada día que pasaba a tu lado – La albina llevo una mano para tapar su boca sorprendida de escuchar aquello – Esa noche que casi te beso en el castillo iba a demostrarte cuanto te amaba… cuanto quería estar contigo pero no se dieron las cosas. Ahora que vuelvo a tener una nueva oportunidad no quiero perderte – Volvió a agachar su cabeza algo acongojado – Y sí, tal vez mi vida sea un leve parpadeo para ti… pero quiero aprovecharlo al máximo…
Sin darse cuenta sintió el cuerpo de la albina como se pegaba más a él por un fuerte abrazo que esta le daba. De repente, de forma rápida Rayla llevó sus labios hasta los del más alto para besarlos con mucho amor, se sentía aquel contacto diferente a los anteriores. No, no era ni lujuria ni pasión lo que recorría por los cuerpos de los jóvenes, era como si un choque eléctrico golpeara sus corazones y les hiciera sentir cuanto cariño, afecto y amor sentían el uno por el otro. Luego de unos instantes se separaron y la elfa de luna no paraba de verle con su rostro lleno de alegría:
-Yo también te amo, humano tonto – Dijo susurrándole – Más de lo que puedes creer – Entrelaza sus brazos en el cuello del mago para volver a besarlo.
-Entonces novios? – Le propuso Callum un poco apenado, parecía un tanto adolescente lo que dijo y tenía que recordar que ya no tenía catorce y tres cuartos como cuando la conoció.
-Más que encantada – Dijo con voz socarrona y sensual.
-Y Rayla… - Susurro también el joven mago ante su amada – Apestamos… deberíamos darnos un baño.
-o-
Solveg había enviado uno de sus hombres a cargo a buscar a la general Amaya para mostrarle el resultado de su búsqueda. Tomaron el espejo de aquellas mazmorras y lo trasladaron con cuidado hasta el salón del trono para que no pensaran que lo iban a esconder ante ella y sus colaboradores. El elfo de luna seguía un poco inseguro de tener esa cosa tan cerca de él, aquella aparición que vio le atormentaba un poco el pensamiento ¿Sería Aaravos? Debía serlo, nadie más puede estar encerrado en ese espejo. Corvus no fue con la pelinegra a buscar a Viren y aunque sus habilidades de rastreo eran incuestionable era más confiable tenerlo en el castillo cuidando de que el viejo consejero no fuera a hacer nada impertinente. El moreno también veía aquel artefacto y no podía creer que allí estuviera encerrada una criatura tan poderosa como le han comentado, no podía sentir magia en ningún sentido pero si sentía que de aquel mueble salía una energía que daba muy mala espina.
Las puertas del gran salón se abrieron y se vislumbró a una pelinegra y a su lado su fiel comandante y traductor. Amaya vio el espejo y no pensó que fuera tan poca cosa, de hecho creyó que se trataba de una broma por parte de Solveg. Pero Gren empezó a recordar que ya había visto aquello antes, cuando Viren lo tenía encadenado bajo el castillo de Katolis y lo llevó hasta otra mazmorra donde tenía encerrado a un elfo de luna hace años. Luego de inspeccionar bien aquello, la general se dirigió al elfo y con señas le "hablo":
-Es este el supuesto espejo? – Dijo Gren por ella a lo que Solveg solo pudo asentir – Por qué no lo has destruido como acordamos?
-Ya lo intente y es imposible, el joven Soren puede dar fe de ello – El rubio al ser señalado dio su aprobación ante lo que decía el consejero – Esta cosa solo puede ser destruida por el que la creó – Le explicaba – Pero Avizamdun está muerto y aunque su hijo sea el próximo rey de los dragones no es todavía tan poderoso para destruirlo – Amaya prestaba atención a cada palabra – Solo Zubeia, su pareja puede tener el poder suficiente de acabar con esta cosa.
-Bien, por qué no envías una paloma mensajera para que venga – Propuso Corvus quién no había hablado durante todo ese rato – Digo, es más factible.
-No creo que Zubeia venga a las tierras humanas – Espeto con voz neutral – A pesar de que ve con buenos ojos nuestra alianza tampoco es que quiera inmiscuirse directamente con ustedes – Por su mente minutos atrás estaba pensando en algo un poco arriesgado pero que podría funcionar – Uno de mis hombres me aviso hace un rato que hay un grupo de elfos que ya quieren regresar a su hogar. Podemos llevar el espejo con ellos sin levantar mucha sospecha, si ven que es un grupo de simples elfos de luna y sol no van a hacerles nada hasta la frontera.
-Mala idea – Hablo Gren mientras Amaya hacía sus señas – No pudimos dar con Viren, tal vez él espera que hagamos eso.
Solveg se quedó pensativo ante aquello. Creyó que habían encontrado al hechicero y dar por zanjado esa preocupación. ¿Qué podían hacer? Tenían que llevar sí o sí el espejo ante la reina de los dragones lo más pronto posible.
-Oigan – Habló finalmente Soren – Y si hacen un señuelo? – Todos voltearon a ver al joven rubio para escuchar su plan – Mi padre solo se guía por su intuición, no es un estratega militar. Hagan dos grupos; uno de soldados disfrazados como elfos de luna y sol comunes y corrientes y otro de elfos normales disfrazados como soldados – Explicaba de forma detallada – Él lo más probable es que va a atacar a los "aldeanos" pero se va a encontrar con una sorpresa…
Nadie daba por sentado de que el rubio fuera tan bueno ideando planes. Tanto así que la propia Amaya quedo boquiabierta y sorprendida tras escucharle, jamás se le paso por la cabeza que él fuera toda una mente maestra en este tipo de situaciones.
-Y sugieres que los elfos disfrazados como soldados lleven el espejo? – Solveg le preguntó a lo que el joven rubio asintió sonriendo orgulloso de que le tuvieran en cuenta su plan – Los soldados reales podrían ir por el camino de lava, es la menos vigilada y perfecta para una emboscada – Amaya parecía entender el plan, una trampa para otra trampa – Vaya, joven Soren… es un buena idea…
-La verdad es que sí, Soren – Decía Gren por su general sonriendo de soslayo – Me sorprende en lo buen soldado que te has convertido.
-Entonces así lo haremos. Organizare todo con los elfos que desean partir para explicarles bien la situación – Añadió Solveg.
Cuando el consejero se iba a marchar para tener todo preparado una pelinegra con el ceño fruncido se interpuso en su camino de forma rápida.
-Qué hay de lo que hablamos a media noche? – La voz del pelirrojo se pronunció ante las señas de la general – A este punto ya no es tan importante Runaan.
-No, tenemos algo más importante que hacer, general Amaya – Le respondió – Pero Runaan sigue siendo el principal sospechoso de la muerte de Niilo, no podemos pasar por alto esto – Amaya le miraba aún con más rabia – Veo que no va a desistir, verdad? – La pelinegra negaba con la cabeza manteniendo su postura – Bien! – Respondió molesto a su propia pregunta – Les daré dos días más, si no regresan de acá a eso les quitare la unión y sabrán que pueden volver!
Solveg se fue refunfuñando del gran salón mientras que Amaya esbozaba una enorme sonrisa de victoria. Si fueran otros tiempos quizás el elfo ya se hubiera largado de allí lleno de cólera al sucumbir en las demandas de una simple mortal, pero debía admirar su perseverancia y preocupación por los enviados a atrapar a Runaan, después de todo… la única familia que ella tenía eran sus dos sobrinos y le dolería en el alma perderlos como perdió a su hermana y cuñado. También quería mantener una buena alianza con ella, había pasado por alto el fuerte golpe que le dio cuando tenía tanta rabia, se tocaba el puente de su nariz de solo recordar aquello y todavía sentía un poco de dolor después de que fue hace ya mucho rato. Debía hacer que confiara en él y si regresándole a sus muchachos era la única forma tendría que hacerlo entonces, así fuera que atraparan o no al elfo asesino de luna.
