Domingo sabroso para subir un nuevo capítulo.

Gracias por leer!

La suerte parecía acompañar al joven mago ese día. Tanto que sin querer durante el camino dieron con una pequeña cascada, era perfecta para descansar un rato y asearse como era debido. Rayla apestaba a mil demonios luego de su pequeño encuentro contra Linrei, y él tampoco es que tuviera un aroma de lo más agradable. Esperaba que al menos la elfa ya hubiera perdido el temor al agua luego de su demostración con la roca primaria del océano que tuvo en sus manos en el bosque de Aerin. Callum se acercó hasta la orilla para tocar el agua un poco, estaba muy fría, pero para ese calor que hacía era más que perfecta para refrescarse. Comenzó a quitarse la camisa ante la vista de la albina, luego los pantalones y las botas y por poco iba a quitarse su trusa… pero no lo creyó muy pertinente mientras era Rayla quién lo miraba.

-Quizás me deba dejar esto – Decía mientras señalaba su ropa interior ante las risas pequeñas de la albina – Bien! Aquí voy!

Tomo algo de impulso antes de llegar a la orilla y dando un salto impresionante cayó hasta la pequeña laguna que daba la cascada hasta casi tocar fondo. Una vez sintió todo el líquido vital inundar su cuerpo salió con rapidez a la superficie para tomar algo de aire, removió algunos mechones mojados de su rostro que le impedían ver con claridad y entre risas y tembleques opino:

-Esta fría! – Veía a la chica a la elfa quién continuaba dudando si entrar o no – Vamos! No es tan honda realmente – Nadaba para atrás sin quitarle la mirada a su pareja.

-Callum, no tengo ropa adecuada para nadar – Afirmo.

-Y? – Preguntó de forma jocosa – Yo tampoco!

-Para ti es fácil decirlo – Se sentó a escasos centímetros de la orilla y jugueteaba un poco con el agua entre sus dedos – Los hombres pueden ir por la vida sin camisa y todo normal. Para nosotras ya es diferente…

¿Estaba apenada? ¿Pero por qué? ¿No se supone que ahora son novios? Callum parecía entender la situación, no la culpaba, de todas formas tenía razón, no tenía ropa para entrar al agua. Fue entonces que al mago se le ocurrió una idea un poco loca y a la vez lujuriosa. Llevo sus manos hasta su ropa interior y con mucho esfuerzo logro hacer una voltereta dentro del agua con sus piernas para quitar la prenda. La alzo ante los ojos de la albina quién no podía creer que el pelicastaño se hubiera quedado tal y como los dioses lo trajeron al mundo.

-Listo! – Arrojo la prenda lejos – Ahora podremos estar iguales.

-Callum! Qué diablos?! – Preguntaba mientras volteaba su rostro a otro lado mientras tapaba sus ojos – Y si alguien viene?!

-Llevamos caminado por horas y no hemos visto a nadie pasar por estos lugares! – Afirmaba a la par que volvía a zambullirse y regresaba de nuevo a la superficie – Vamos! No te hagas rogar y diviértete!

Ella odiaba el agua, no la toleraba en cantidades alarmantes. Pero de cierta forma cuando estaba con él era un poco más fácil llevar su fobia. Tampoco es que fuera ahogarse, eso era ridículo, y Callum no iba a dejarla tranquila si no se zambullía pronto. El muchacho comenzaba a impacientarse, llegó a pensar en un momento que no lo iba a hacer.

-Está bien… pero date vuelta – Le pidió como en forma de súplica – No me gusta que me vean mientras me quito la ropa…

-Vale! – Dio un giro de ciento ochenta grados para quedar de espaldas por completo con la albina.

Aunque realmente él quería ver, deseaba observar la figura de Rayla en todo su esplendor. No sabía porque era tan renuente a no dejarse echar la vista a su cuerpo, ya conocía sus senos de todas formas, supuso que debía tratarse de alguna costumbre que tenía. Él por el contrario no tenía pudor a la hora de mostrar su cuerpo, no era el más tonificado pero tampoco era el peor. De un momento a otro el pecado pudo más con el mago y lentamente fue girando su rostro y lo único que pudo observar fue como de a poco la elfa iba quitándose los pantalones dejando ver unas hermosas piernas pálidas. Ya no tenía encima su prenda superior, su pequeña cintura se denotaba de inmediato, esa curvilínea que dibujaba por todo su torso era sumamente enloquecedor y sin mencionar tampoco sus proporcionados pechos a la medida de su cuerpo, era exquisita ante los ojos del pelicastaño quién sin notarlo un leve rubor se pronunció en su rostro. La albina levanto sus ojos y de inmediato se dio cuenta que su compañero estaba haciendo trampa:

-Callum! – Le grito apenada y rápidamente cubrió sus pechos y su parte íntima con sus brazos y manos.

-Sí, sí, perdón! – Volvió a centrarse en mirar la cascada para evitar seguir sintiendo incomoda a la elfa.

De pronto escucho como alguien se zambullía al lago de forma menos violenta que él. Ya era momento de darse vuelta y mirar a su amante, una vez hizo aquello se extrañó de no verla por ningún lado pero de repente la figura mojada de Rayla salió a la superficie haciéndola ver supremamente hermosa. Con despacio fue nadando hasta el mago para quedar cerca de él.

-Bien… Feliz? – Arqueo una ceja mirándolo con cierta picardía en sus ojos.

-No! – Le tiro un poco de agua a su rostro de forma juguetona mientras nadaba para escapar de la furia de la albina.

Hace una semana ni siquiera podía creer que estaría en esa situación con su querida elfa. De hecho su plan una vez regresar al reino era solo tomar un leve descanso y marcharse al siguiente día, tuvo la fortuna de dar exactamente con las fechas del "concilio" y al parecer los astros se alinearan para que Rayla también deseara ir a celebrar de las fiestas… aunque claro, con todo lo que ha sucedido los últimos días tener un poco de descanso era bueno para ambos. Él pensó que la muerte de su rey y abuelo iban a dejarla algo "shockeada" y decaída, el ritual de unión también creyó que iba a bajarle la moral, pero ha ocurrido todo lo contrario. Ha estado súper animada, contenta, feliz, como si la elfa de luna de hace cinco años que llego a conocer no hubiera desaparecido por completo.

¿Qué va a pasar después de todo? Una vez atrapado Runaan se imaginaba que podrían darse la vida que deseaban. Pero en ese momento recordó entonces que Rayla era la siguiente en tomar el control sobre los elfos de luna, sería la nueva monarca de los bosques plateados. Era un cargo muy importante, no podía dejarlo pasar así como así y aunque la albina no tuviera madera para gobernar si tenía el temple de ser justa y buena con los demás, de interponer su propio beneficio por el bien del otro. Eso era algo sumamente encantador y valeroso por su parte, pero también sumamente peligroso. Ser la nueva reina era un peso que no cualquiera deseaba llevar, Ezran lo hace de la mejor manera porque tiene a Claudia que a pesar de todo y con todas las experiencias que vivió con su padre la convirtieron en una mujer sabia y equitativa, Soren era un guardián implacable que jamás permitiría que algo le sucediera a su hermano o a su reino; Corvus, Opeli, hasta el mismísimo maestro de los cuervos estaban allí para el moreno… pero Rayla… ella ya no tenía a nadie salvo él.

Según lo que ha entendido la única familia que le quedaba era Ethari, el esposo de Runaan… pero al parecer no llevan una buena relación en este momento. Recordó entonces que cuando visitaron por primera vez los bosques plateados el tipo al darse cuenta que fue la única que regreso de la misión de matar a Harrow y Ezran la tacho de inmediato de traidora. ¿El motivo era ese? ¿Haber sobrevivido la convertía de inmediato en alguien malo para los elfos de luna? Sí, es lógico pensar que los había traicionado en su tiempo, pero lo hizo por un bien mayor para todos. Ella creía que su mentor jamás había muerto, solo que lo atraparon y que estaba encerrado en las mazmorras de Katolis. Incluso llegó a pensar que una vez Zym volviera con su madre y que el hermano del mago llegara a mandar podrían llegar a un acuerdo para no solo liberar a Runaan sino también a toda la escuadra de elfos que fueron con ella. Pero jamás pasó, su maestro desapareció y sus viejos compañeros habían fallecido. El único que creyó que hizo lo que debía fue su abuelo, Niilo. Él no la castigaría por lo que sucedió pero de vez en cuando trataba de volver a conectarse con el esposo de su casi figura paterna pero jamás dio un buen resultado después de tantos años…

-Ay, otra vez… - Dijo la albina mientras le quitaba algunos mechones mojados del rostro a Callum. ¿De qué estaba hablando? Pensó un poco asustado – Otra vez tienes esa mirada.

-Qué mirada?

-La que pones cada vez que te quedas pensando demasiado – Le toqueteo su frente con la yema de sus dedos índice y anular izquierdos para empujarle suavemente – Me pregunto si algún día esa cabezota tuya deja de pensar.

-No, no creo – Tomo su mano y se fijó entonces en el listón de la joven guerrera – Quieres ser reina de tu raza?

-Eh? – Rayla estaba confundida ¿A qué se debía eso? Bueno, era una manía del pelicastaño preguntar cosas así al azar, pero esa sí la dejo un poco aturdida – Y eso por qué?

-Bueno, es que te relaciono mucho con mi hermano… - Confeso – Perdimos a Harrow y era obvio que Ezran iba quedar a cargo… al principio fue difícil para él, pero luego supo llevarlo de la mano de buena compañía - ¿A qué se refería? ¿Qué quería decir con ello? – Lo que quiero saber es si vas a estar bien siendo reina de los elfos de luna, con gente de confianza…

-Callum, te digo un secreto? – Fue hasta su oído y con un leve susurro le conto – Yo no quiero ser reina de nada… - Se separó de él mientras tenía una cara de estupefacción e incredulidad – Toda mi vida me la he pasado rodeada de personas que siempre me han dicho que es lo que debo hacer – Contaba con un tono de melancolía – Mis padres querían que me quedará con Runaan y su esposo; Runaan quería que fuera una elfa asesina; Niilo quería que fuera la encargada de su guardia personal – Enumeraba cada falencia de su círculo familiar – Mi abuelo y yo no teníamos tampoco una relación muy fraternal realmente. Y una vez muerto… -Se detuvo allí y luego suspiro un poco - sí, me sentí muy triste… pero a la vez también aliviada…

-Por qué aliviada?

-Porque puedo elegir – Miro a los ojos esmeraldas del mago – Y yo elijo estar contigo, con los humanos…

-Y no te vas a meter en problemas? – Seguía dudoso sobre aquello – Digo, no necesitan a alguien que lleve las riendas?

-Solveg puede encargarse de eso - ¿Solveg? ¿Quién era ese? – Siempre ha sido más preparado para comandar y sigue los mismos pasos de Niilo, así que es la mejor opción.

Callum escuchaba alegre aquello, su corazón se inundó de tanta dicha al saber que Rayla no se apartaría de su lado por nada del mundo. Sentía como nuevamente sus labios deseaban estar pegados a los de la albina que sin ningún indicio fue hasta ella y se apegó junto a su cuerpo. Aquellos besos mojados eran sumamente excitantes para el mago, sentía como las finas gotas de su cabello recorrían el rostro de la elfa y se detenían junto a la comisura de sus labios para relamerlos una y otra vez.

Rayla por su lado, nuevamente llevo sus brazos para entrelazarlos con el cuello del joven y así besarlo con más pasión. De entre pequeños mordisqueos y danzas sensuales con la lengua del mago fue que de a poco se dio cuenta que algo rozaba con su muslo derecho, algo que dé a momentos iba creciendo más y más. La elfa se asustó un poco, olvidaba por completo que ambos están desnudos y en el agua pero debía tratarse de algo natural, obviamente Callum es un hombre y hasta donde sabe los hombres a veces no controlan bien sus hormonas. Libero su brazo derecho mientras continuaba con el izquierdo aprisionando la nuca del pelicastaño y con delicadeza fue deslizando sus finos dedos por todo el pecho y abdomen del mago provocándole un cosquilleo lujurioso en el cuerpo. No estaba segura de lo que estaba haciendo, pero supuso que así sería más estimulante para su amante.

Fue entonces que a escasos milímetros de llegar a su zona pélvica con sus dedos es que bajando un poco más logro dar con la virilidad del pelicastaño. Callum al sentir el contacto de los dedos de la elfa con la base de su miembro soltó un leve gemido que alcanzo a escuchar la elfa con sus puntiagudas orejas. Abrió la palma de su mano por completo y lentamente agarro la hombría del mago. Se sorprendió un poco, no cabía en su mano de elfo, lo sentía plenamente enorme… también habría que considerar que era la primera vez que hacía aquello, pero no tenía ni idea del porque su cuerpo pedía a gritos también continuar haciéndolo. Era como si el éxtasis por estar tan cerca de él le perpetuara aquello, pero estaba más que encantada de continuar masajeando el pene de su amante.

Callum por su parte se encontraba en un gran trance, sentía los finos dedos de su elfa toquetear y jugar con su miembro en un vaivén de lujuria sexual que le encantaba. Hacía tiempo que no lo sentía, ni siquiera cuando él mismo se tocaba en sus largas jornadas de soledad llegaba a ese nivel de hormonas que estaba sintiendo. Rayla se notaba que era una inexperta en el tema, era lógico, a veces se deslizaba su mano y perdía el contacto con su virilidad, pero luego volvía a recobrarla rápidamente, debía ser porque se encontraban nadando o eso era lo que se imaginaba. Mientras mantenía sus ojos cerrados fue que sintió entonces como la albina llevaba sus labios hasta su cuello para besarlo y lamerlo de la misma forma que él hizo con ella días atrás, tal vez se estaba desquitando por lo que le provoco, pero no se molestaba en detenerla, de hecho eso causaba que su pene se levantara y se erguiría más sobre la palma de su amante.

-Veo que te gusta… - Dijo Rayla en forma de susurro sensual.

-Sí… - Callum abrió los ojos ruborizado a más no poder sin despegar la vista de su hermosa compañera de viaje – No te detengas…

-Dime algo, Callum… - Captó su atención – Es la primera vez que hacen esto contigo? – Preguntó algo apenada, ella quería saber si por casualidad el mago continuaba siendo casto y puro como ella.

-No… - Con sinceridad le respondió – Ya he tenido estas experiencias antes.

-Oh… - Rayla de verdad quería ser la primera en su vida como lo estaba siendo él para ella. Pero era muy sensato pensar que el mago se la pasaba viajando, ya quizás habría conocido otras mujeres a lo largo de su camino, mujeres de su misma raza.

-Hey! – Le llamo ganando nuevamente su hermosa mirada violeta sobre su rostro – Eso no quiere decir que esta vez sea igual a las anteriores… - Eso sonrojo bastante a la albina – De hecho, diría que es más especial…

-Por qué?

-Porque lo hace la mujer que amo…

El corazón de Rayla palpitaba a mil, volvió a dejarse llevar por sus feromonas juveniles y beso de forma apasionada al mago. Su mano continuaba masajeando el miembro de Callum pero esta vez con más frenesí, a pesar de que estuviera bajo el agua se denotaba que estaba haciendo una fuerza sorprendente para darle estimulación a su mago. El pelicastaño noto aquello, tampoco deseaba que esto se sintiera como tarea tortuosa para ella y si le estaba dando indicios de que quería más que unos simples besos y caricias entonces tendrían que salir del agua.

-Rayla, yo creo que ya deberíamos salir – Le propuso – Además, nos vamos a arrugar – Reía de manera tonta ante ese comentario y la albina solo accedió con una simple afirmación de su cabeza.

Una vez fuera del lago, no perdieron el tiempo y se acostaron sobre el césped para continuar demostrándose cuanto se querían y amaban en ese momento. La albina se posó sobre el cuerpo desnudo del mago y continuaba besando cada parte del cuello de Callum, él, por otro lado llevo sus manos hasta la espalda de la elfa para recorrer con sus dedos su suave y mojada piel. Bajo un poco más y se encontró entonces con las firmes y bien torneadas posaderas de Rayla. Su apetito sexual no podía contenerse más, tanto así, que sin esperarlo la joven guerrera sintió como un fuerte apretón le era propiciado en su nalga derecha.

Callum se erguía un poco para quedar sentado frente a ella y admirar sus pechos, aquellos rosados y parados pezones le encantaron desde el primer momento en que los vio. Sin darle algún aviso, fue hasta ellos con sus labios y empezó a besarlos causando una reacción electrizante por toda la espina de la elfa, era como una especie de escalofrió sexual que sentía por primera vez. Era raro, pero a la vez la llenaba toda. El mago relamía una y otra vez la punta de su pezón izquierdo con mucha pasión, fue entonces que decidió darle un pequeño y suave mordisco allí lo que hizo que la albina soltara un gemido lleno de placer. Rayla con su rostro notándose un color rojizo se escondió entre los hombros del muchacho para tomar de su castaña melena y entrelazar sus hebras entre los dedos.

Se quedó así por unos cuantos minutos, apreciando y saboreando el pecho de su amante, parecía un bebé que recién estaba siendo amamantado porque no deseaba soltarse por nada del mundo. Estaba tan embelesado con aquello que sin darse cuenta sintió como los delgados dedos de su elfa de luna estaba nuevamente toqueteando y jugando con su virilidad. Rayla a veces se perdía dentro de su propia excitación, se le olvidaba por completo el mundo entre lamidas, besos y mordiscos causados en su pezón, quería hacer sentir al mago lo más pleno y lleno que pudiera, incluso si se trataba de que esta la primera vez que mantenía una intimidad más personal con alguien. Se separó un poco de él y llevo su mirada hasta el pelvis del joven, más concretamente hasta su entrepierna, pudo notar que se trataba del miembro de un adulto lo que tenía en su palma, debía medir entre los quince y dieciocho centímetros y en toda la punta de este se hacía una interesante forma que contrastaba con el resto de su pene. Ella intuyo que se trataba de su glande, ya se lo habían enseñado en las clases de anatomía durante el tiempo que estuvo en la escuela, pero era diferente a como lo describían, era más grande y de un tierno color rosado.

-Qué? – Preguntó el pelicastaño cuando se fijó que la elfa estaba atónita mirando su parte intima.

-No, nada… - Continuaba con el rubor en sus mejillas y masajeándole al mago su virilidad – Es que no sé, quiero intentarlo… pero me da miedo…

Callum solo la vio con ternura, es lógico que sintiera temor ante su primera experiencia sexual y aunque estaba yendo bien también se le notaba el susto por encima. El mago solo fue hasta sus labios para besarlos.

-Si no estás segura es mejor que no – Toqueteaba su mejilla dulcemente – Lo dejamos para otro momento.

-No – Negó con su cabeza – Debe pasar algún día, no? Es mejor ahora que me siento con ganas de intentarlo.

-Muy bien, entonces hagamos "Sandiwchs" – Añadió de forma divertida mientras recibía un leve empujón en su pecho por parte de la albina de forma juguetona.

-Sabía que se trataba de eso! – Reía la pareja de forma jocosa ante aquel comentario – Y bien… - Suspiro – Me debo sentar sobre eso – Señalaba de forma tímida el miembro del mago mientras Callum solo asentía con cierta malicia en su rostro – Va a dolerme?

-Rayla, si he de serte sincero es la primera vez que lo intento con una virgen – Confeso – Solo hazlo despacio…

La albina solo trago saliva, suspiro un poco y agarro nuevamente el miembro erecto del mago. Con mucho cuidado poso sus rodillas a un lado de la zona pélvica del mago y una vez sintió como el glande del más alto rozaba con sus labios vaginales se asustó. Iba a detenerse en ese momento, pero Callum se erguía nuevamente para estar a la par con ella y abrazarla.

-Tranquila… - Le susurraba al oído – Hazlo despacio…

Rayla solo asintió de forma tímida, cerró los ojos y de a poco iba deslizándose por el pene del mago. Era una sensación interesante, incluso más de lo que esperaba. Sus rojas mejillas y su sonrisa de placer le daban cierta satisfacción al pelicastaño, él sentía como su miembro iba adentrándose de más por las estrechas paredes vaginales de la elfa de luna, obvio, era una virgen. Era totalmente distinto a las veces anteriores, cosa que, no es que suela hacer de costumbre, hacía tiempo que no estaba con una fémina de esa manera pero esta vez era totalmente diferente; mientras más bajaba más se excitaba el mago, finalmente de un momento sintió como la piel de su virilidad se estiraba lo que provoco que soltara un gemido que alcanzo a escuchar la albina.

Pero noto algo que le preocupo, miro un poco a Rayla y estaba tratando de contener el llanto… ¿Le estaba… doliendo?

-Duele… - Apretaba sus labios con fuerza y cerraba los ojos de la misma manera tratando de no llorar – Duele mucho…

-Si quieres para… - Le propuso el mago en un sonido de placer.

El pequeño cuerpo de Rayla no estaba tan preparado para llevar a cabo tal ejercicio. Un fuerte shock eléctrico surcaba por toda su espalda haciéndola estremecer mientras posaba sus manos en el pecho del pelicastaño quién agarraba las muñecas de la albina sintiendo un leve temblor en ellas. De pronto, sintió como unas pequeñas gotas caían a su mejilla; de verdad le estaba doliendo ¿Se supone que debe ser así? No, no lo creía. La elfa trataba con todas sus fuerzas de contenerse lo más que pudiera y evitar sentir dolor, pero le era tan difícil, ella de verdad quería hacerlo con el mago, quería experimentar plenamente su sexualidad ¿Pero por qué le era tan difícil? ¿Será por la situación en la que están? ¿O será porque dentro de si piensa que no es el mejor lugar para hacer esas cosas? Se sentía insegura una vez sintió el miembro de Callum dentro de sí, pero no quería decepcionarlo, después de todo era la persona que más amaba en ese entonces.

Callum al darse cuenta que ella no iba a disfrutarlo como se debía decidió detenerla:

-Rayla… detente – No quería verla soltando pequeñas lagrimillas – Dejemos así por el momento…

Con los ojos un poco encharcados le hizo caso y de a poco fue levantándose del cuerpo del mago. Sus piernas estaban temblando como nunca antes lo habían hecho, se sentó a un lado de Callum abrazando sus rodillas y ocultando su rostro avergonzada de no poder haber logrado sentir pleno a su amante.

El mago al verla no pudo evitar también sentirse mal por ella, no tenía idea de cómo consolarla para hacerla sentir mejor. Escuchaba pequeños sollozos salir de la elfa y se acongojo bastante, fue hasta ella y la rodeo con sus brazos mientras le daba un pequeño beso en el cuello.

-Vamos, no es tan malo – Le calmaba – Es normal que te sientas insegura.

-Callum, que no lo ves? – Se volteo para verlo mientras sus iris violetas se notaban un tanto rojizos causado por el llanto – Si no puedo darte placer como puedo ser una buena chica para ti?

¿En eso pensaba? ¿Creía que ser novios se trataba solo de eso? Callum sonrió de manera tímida y tonta al escuchar aquello.

-Rayla, en una relación hay más cosas que solo hacer "Sandiwchs" – Le comentaba cuando le quitaba las lágrimas de su rostro con uno de sus dedos – Y sé que te encuentras bajo mucha presión para hacerlo de forma plena – La albina no parecía entenderlo demasiado, creía que eso era lo que él quería – Hay otras maneras de demostrarnos que nos amamos; apoyarnos, estar juntos, salir de las situaciones difíciles como esta… - La elfa empezaba a calmarse de a poco al escucharle hablar – Además que tu primera vez sea en el pasto es muy vulgar.

-Tonto… - Por fin empezaba a reírse como era debido – Perdón… - Le dio un pequeño beso en sus labios mientras aún se notaba un poco apenada.

-No tienes nada que perdonar, todo está bien…

Al terminar aquella frase sintió algo terrible; era como si algo estuviera apretando con demasiadas fuerzas sus muñecas; los listones, la unión, empezaban a hacer el efecto que tanto el temía. Trataba de agarrarse a sí mismo pero le era imposible, el dolor que le provocaba le hacían retorcer de dolor sobre el pasto. Rayla también había sentido aquello, pero había optado por hacer caso omiso, ya había pasado por eso antes y estaba un poco más preparada para el primer apretón que era el más difícil de todos pero al parecer el mago no. Tomo ambas muñecas del joven príncipe entre sus manos para masajearlas y así evitar que Callum siguiera pensando en el dolor, si no lo hacía sería más fácil de llevar la situación.

-Rayla… - Trataba de aguantar el dolor pero le era casi imposible – Será así todo el tiempo? – Temeroso le cuestiono a la albina quién no tenía idea de cómo responderle.

-No, te acostumbraras y no lo notaras – Era falso, ella no se pudo acostumbrar cuando le pasó lo mismo aquello vez – Además, tú mismo lo dijiste… saldremos de esta situación juntos.

Callum le creyó entonces, si ella quién era más experimentada en este tipo de torturas le dice esto es porque será así. No tiene por qué dudar de la albina… lo que Rayla le estaba ocultando es… que se iba a poner peor con los días.

-o-

Casi al caer nuevamente la noche sobre la tierra, Ezran y Claudia ya se encontraban casi llegando a los bosques plateados o eso parecía porque Zym con el tiempo empezó a descender de a poco entre las coloridas y mágicas montañas de su hogar. La pelinegra jamás había estado en Xadia, era su primera vez y todo le parecía maravilloso y lleno de vida. Si hubiera continuado con el penoso arte que anteriormente manejaba se sentiría plena de gozo de encontrar suficiente y de más material para sus experimentos con la magia oscura. Se fijaba en el sin fin de bestias de diferentes tamaños, formas y colores que había por todo su alrededor, unas hermosas aves que brillaban en el cielo volando a la par con el dragón la enamoraron ante sus ojos. Ojalá Soren estuviera allí con ella, seguro lo disfrutaría tanto; después de su encuentro con aquel draconico que por poco lo deja cuadripléjico comenzó a tenerles respeto y admiración a aquellas criaturas, ya no las veía como un objeto de caza sino todo lo contario: unos seres para contemplar.

De repente pensar en su hermano mayor le provocaba melancolía, llevaba ya días sin saber nada de él ¿Estaría bien? Eso esperaba, quería volver pronto para compartir tiempo con su sangre y dejarse llevar de sus chistes baratos y tonterías absurdas que tanto le gustan hacer. Pronto, Zym descendía más hasta dar con la espesura de unos árboles y mientras planeaba tratando de no chocar contra nada fue que de un momento a otro se detuvo. Ojeo para todos lados y finalmente toco suelo, al perecer ya habían finalmente llegado a su destino.

-Es aquí? – Ezran le pregunto a lo que su amigo de piel escamosa solo pudo asentir mientras sacaba la lengua.

El moreno no veía nada salvo un enorme bosque que se mostraba ante ellos. ¿Zym ya habría venido antes por acá? Su hermano omitió ese pequeño detalle cuando le contó de su viaje por Xadia para devolverlo con su madre. Con cuidado bajo del dragón y ayudo a su consejera a hacer lo mismo y un tanto incrédulo seguían pensando ambos que quizás el príncipe de los dragones se había equivocado.

-De verdad es aquí? – Claudia estaba un poco confundida. Esperaba encontrar una comunidad de elfos de luna que decidieron no participar de las fiestas merodeando por allí, pero no veía absolutamente nada. Recordó entonces a aquella ilusionista que se encontraba en el nexo de luna cuando quisieron su hermano y ella atrapar a los jóvenes monarcas, los elfos de luna por lo general suelen usar hechizos para esconderse de los demás – Tal vez, están ocultos…

-Como una ilusión? – Propuso el joven a lo que la pelinegra solo asintió sonriendo – Bueno, supongo que los elfos de luna son cuidadosos… tal vez – Una vez se dio vuelta para buscar otra forma de verlos fue que su cuerpo choco contra el de un sujeto un poco más alto.

Ezran levanto la vista y noto de inmediato que aquella extraña persona tenía encima puesto un uniforme de los elfos de luna, con el característico color verde/azulado; una piel blanca, casi pálida igual a la de su amiga Rayla, marcas élficas de color azul por todo su cuerpo y parte de su rostro y unos iris en sus ojos de la misma gama, su cabello era blanco; casi plateado y estaba rapado por la parte de su puntiaguda oreja derecha mientras el resto le caía del lado izquierdo hasta su cuello.

-Humanos? – Comentaba con duda mientras arqueaba una ceja aquel guerrero a la par que se fijaba en los "invitados" – Y oh no! – Paso de largo tanto de Ezran como de Claudia mientras se dirigía a Zym para arrodillarse de forma respetuosa ante el dragón – Y el príncipe Azymondias – El joven dragón solo pudo darle una lamida en la cara con algunas chispas eléctricas que el elfo de luna tuvo que aguantar para no mostrar inconformidad – Es un honor tenerlo aquí, su alteza.

-Eh… hola? – Fue Claudia quién hablo por los "invitados" atrayendo la mirada del elfo hacía los humanos – Quién eres?

-La pregunta aquí es: quienes son ustedes y por qué están con el príncipe de los dragones? – Se levantó de su reverencia – Lo tienen secuestrado?

-Secuestrado? A Zym? – Ezran respondió de la misma forma de pregunta hacía el albino – No, para nada. Es nuestro amigo. Mi nombre es Ezran, soy el rey de Katolis y ella es Claudia mi consejera real – Se presentó formalmente ante al muchacho señalando también a la pelinegra quién solo saludo amablemente desde lejos agitando su mano derecha – Vinimos porque… bueno…

-Espera, Rey de Katolis? – El joven elfo presentía que algo andaba mal por tener al monarca de un reino aliado a las puertas de su hogar – Qué hace aquí? No se supone que están en eso del concilio?

-Es a eso que hemos venido – Interrumpió la pelinegra – Rayla nos dijo que podríamos venir y…

-Rayla?! – Se sorprendió al escuchar ese nombre – Donde está ella?! Está bien?! – Se notaba muy preocupado por la elfa.

-Sí, ella está bien – Explicaba Ezran calmándolo – Se encuentra con mi hermano, Callum y…

-Callum?! – Grito todavía más sorprendido de que por sus puntiagudas orejas pasara el nombre de su hermano mayor – Con ese imbécil?! Qué hace con ese idiota?!

Eso a Ezran no le gustó ¿Acaso le conocía? Pero si su hermano jamás había conocido a otro elfo de luna que no fuera Rayla.

-Oye, es mi hermano, no voy a permitir que te refieras de esa manera a él – Le reprendió el moreno.

-Perdón, me deje llevar… -Suspiro hondamente fijando sus ojos al joven rey- es solo que por culpa de él casi perdemos a Rayla hace un tiempo - ¿Claudia escuchó bien? ¿Perderla? ¿Cómo? – Soy Ville, guardián encargado de los bosques plateados mientras regresa la verdadera sucesora, Rayla. Que les trae a estos lugares?

-Oh! Que bien, entonces es contigo con el que tenemos que hablar – Ezran de inmediato saco la carta que su amiga le había dado en Neolandia y se la enseño al lugareño.

El elfo la tomo y se dispuso a leerla con calma. Obviamente se trataba de la letra de Rayla, así que era enserio todo esto y al parecer no se trataba de una simple visita cualquiera.

-Muy bien, qué es lo que tienes que contarme…

Pasados unos minutos, Ezran le confeso todo al hombre de confianza de Rayla, sin omitir detalle alguno de lo que ha sido su viaje durante aquellos días: Desde la muerte del rey Niilo, la acusación a su hermano mayor, la sospecha de que Runaan fue quién lo asesino, la unión de vida que tanto su amiga elfa y el príncipe habían aceptado hacer, el encuentro con los medio elfos, la visita a Neolandia, la separación del grupo para dar con el esposo del mentor de la albina, todo, nada había olvidado… Ville parecía estar entendiendo la situación, era complicado todo este enredo, aun así solo una cosa le estaba atormentando la mente:

-Entonces Rayla esta con Callum? – El joven elfo parecía más enfrascado en tener la mente ocupada en su superior que en lo que estaba sucediendo.

-Y eso qué importa? – Ezran comenzaba a impacientarse de la falta de empatía hacia el rey que este elfo demostraba – Tu rey está muerto! Quieren cortarle la cabeza a mi hermano y Ethari puede ser la única pista que tengamos sobre Runaan para evitarlo! – Sí, estaba perdiendo la poca paciencia que le quedaba.

-Sí, sí, te escuche cuando lo contaste, rey Ezran – Mascullo fastidiado el peliblanco frente a su visita no esperada – Es solo que me molesta…

-Por qué te molesta tanto Callum? – Claudia estaba un poco curiosa de saber la relación de su amigo mago con los elfos de luna.

Ville no estaba cien por cien seguro de si contarles, la situación era un poco bochornosa para él de alguna manera. La pelinegra era buena para deducir cosas antes de tiempo, pero quizás lo que pasaba por su mente no estaba tampoco tan errado:

-Rayla era tu novia, verdad? – Se cruzó de brazos y esbozaba una sonrisa maliciosa entre sus labios la consejera de Ezran mientras el elfo solo volteaba su rostro hacía otro lado para evitar que vieran lo apenado que estaba – Ja! Lo sabía.

-Ville, no tenemos tiempo para esto – Ezran ya se estaba cansando para este tipo de trifulcas sentimentales – Podemos ir con Ethari y acabar con todo esto de una vez? – Le pidió de forma suplicante y desesperante.

El elfo le veía de manera compasiva, de verdad que quería salvar a su hermano. Si fuera por él ni los dejaría pasar si se trataba de ese mago humano escuálido. Pero si Rayla estaba también en problemas tendría que dejar de lado su orgullo de despecho y ayudarla, no importa si estaba bien con el hermano del rey de Katolis, después tendría una charla con ese tipo y quizás le daría uno o dos golpes en la cara por ser tan idiota.

-Está bien, rey Ezran – Exhalo algo de aire pesadamente – Pero tendrás suerte si quiere hablar contigo – El moreno arqueo una ceja esperando una respuesta precisa – Hace años que no habla con nadie, ni siquiera con la propia Rayla.

Ville extrajo de su bolsillo una especie de medallón con el símbolo de la luna incrustado en la mitad de aquel objeto. Después estiro un poco aquello hacía el aire y dijo unas leves palabras. Ante los ojos del rey, su consejera y el joven dragón una luz resalió del medallón y empezó a dibujar una especie de puerta que se dibujaba con el resplandor mientras se escribía sobre la encimera luminiscente algunas extrañas palabras en élfico para después dar paso a un brillo que encandelillaba los ojos tanto de los humanos como de Zym.

Una vez pasó el efecto, Ezran no podía creer lo que estaba viendo: el bosque plateado en todo su esplendor. Había una hermosa arquitectura élfica detallada desde la roca más pequeña hasta la más grande por doquier, las casas estaban diseñadas para ser amables con la naturaleza, tanto así que sus moradas residían dentro de estos mismos arboles sin quitarles la vida esencial de las raíces y siendo pintadas con una combinación entre morado y blanco en las puertas y ventanas. Una enorme fuente se magnificaba desde el centro de la ciudad de forma espectacular que rociaba agua cristalina hasta la poceta donde reposaba. No era muy grande la ciudadela, pero se sentía un ambiente acogedor, como si todos vivieran en constante armonía con la fuente primaria de la luna.

-Bienvenidos al bosque plateado – Decía Ville con orgullo guiando la visita inesperada – Como podrán notar no hay mucha gente en la ciudad – Añadía sin detener su paso – La mayoría están celebrando con los humanos en tu reino – Señalo con la mirada al joven rey – Lo mejor será que no hablemos con nadie sobre lo que me comentaste. No quiero que los que nos quedamos pensemos en cosas de conspiración y todo eso…

-Tranquilo, seremos discretos – Calmo Claudia al elfo sin apartarle la mirada – No tardaremos demasiado.

Pasaban de lado ante los lugareños y estos les veían con rostros amables y sonrisas entre sus labios. Se notaba que en realidad los líos del pasado con esta gente habían quedado sepultados. Ezran se había dejado llenar tanto la cabeza de las conspiraciones de Claudia que ante toda esa gentileza que recibía era imposible pensar que realmente estaban tramando algo peligroso estos seres.

-No se preocupen, si llegamos a ver a Runaan lo detendremos – Llegaron hasta unas escalas en forma de caracol que rodeaban un enorme árbol un poco alejado ya del centro de la pequeña ciudad – Aquí vive Ethari – Indico – Es la puerta más elevada. Sean amables con él… perder a Runaan le afecto demasiado y sobre el príncipe de los dragones… – Veía como Zym correteaba a las pequeñas criaturas del bosque plateado de arriba abajo como un pequeño niño travieso – Le echaremos un ojo para que no haga nada imprudente.

Antes de proseguir Ezran a subir por las escalas el elfo le agarro de su manga suavemente y lo miraba con el ceño fruncido, cosa que en efecto asusto demasiado al moreno:

-Si tu hermano hace llorar a Rayla otra vez juro que le voy a romper la cara a golpes… - Amenazo a la par que el joven muchacho abría los ojos como un par de platos muy asustado. El elfo le soltó, dio media vuelta y prosiguió con su camino a la entrada de la ciudad para seguir custodiándola.

El moreno solo pudo tragar aire dudando todavía si era buena idea confrontar a un sujeto que al parecer no ha superado su duelo. Claudia le miraba sonriendo un poco para calmarlo y animarle a que esto debía hacerse. Mientras subían por las escalas Ezran trataba de encontrar las palabras adecuadas para contarle todo a Ethari: "Hola, venimos de Katolis. Al parecer tu esposo mató a tu rey y lo estamos buscando" No, era demasiado cruel hasta para él. ¿Qué iba a decirle exactamente? Recordó entonces el dibujo que Rayla hizo para él en Neolandia, aun lo conservaba en uno de sus bolsillos, esperaba que aquello pudiera darle una idea al elfo de luna que tanto su antigua protegida como su esposo estaban involucrados.

Por otra parte, la antigua hechicera no inmutaba palabra alguna, no deseaba ser impertinente con su rey y menos si debía ser él quién hablara tanto por Katolis, por su hermano y por su amiga elfa. Aún pasaba por su cabeza la petición de Ezran; usar la magia oscura por si las cosas se salen de control, esperaba que no fuera así, que el elfo cooperara para que esto terminara lo más pronto posible para todos y más para ella, ya deseaba volver a su hogar y ver nuevamente a su hermano. Sin notarlo habían llegado hasta el final del pináculo arboleo; ante ellos, una puerta deteriorada que al parecer los años le han estado quitando el color blancuzco que esta poseía alguna vez, no habían ventanas ni nada por donde pudieran mirar si había alguien o no allí.

Ezran agarro algo de valor y fue el primero en golpear suavemente el portón, solo tres golpecitos dio para no sentir que era una molestia o algo amenazante hacía la persona que viviera ahí. Pasaron unos segundos y nadie respondía, Se giró hacía su consejera y con un ademan le sugirió que volviera a intentarlo y de nuevo volvió a dar tres golpes, esta vez más fuertes, quizás a la primera no alcanzo a escucharlos. Pero continuaba cerrada, como si no hubiera señales de vida en esa casa. El moreno entonces hizo algo un poco arriesgado, poso su oreja derecha en la fría madera para tratar de oír algo y en efecto lo hizo, hay alguien ahí, puesto que escucho unos leves pasos algo lentos adentro.

-Señor Ethari… - Finalmente hablo el joven rey – Somos amigos de Rayla, hemos venido a hablar con usted… - Se tensó demasiado tras decir aquello, en ese momento no se sentía un monarca sino un simple niño y esperaba que esa muestra de humildad pudiera rendir sus frutos.

Volvió a poner su oreja en la puerta y ya no escuchaba nada. Tal vez esto no estaba funcionando, retomo a dirigirse a Claudia y ella entonces señalo hacía los pantalones del moreno ¡Claro! El dibujo que la elfa hizo, tal vez eso pueda ayudar. Ezran extrajo el papel de su bolsillo y con cuidado lo deslizo por debajo de la puerta esperando que quizás él se dignara a tomarlo y así abrirles. Se alejó un poco de la puerta y esperaba pacientemente que Ethari le correspondiera. La hechicera seguía sin decir palabra alguna pero con sus gestos le daba indicaciones a su rey si debía o no proceder a usar una táctica más… pragmática. El moreno solo negó con su cabeza, no deseaba incomodarlo ni mucho menos asustarlo.

De pronto, la puerta comenzó a abrirse soltando un chirrido molesto que le destemplo los dientes a los humanos. Desde la oscuridad la figura de un hombre mucho más alto que Claudia y Ezran comenzó a salir; un sujeto de tez morena con marcas características de los elfos bajo sus ojos de color cafés claros, cabello blanco corto peinado en un elegante flequillo que cubría parte de su frente y astas de mediano tamaño como si se tratara de una persona ya madura para los elfos. Fijo su mirada hacía sus "invitados" y se le notaba cierto vació en sus orbes, como si estuviera perdido o más bien… acongojado. El rey de Katolis se fijó que al parecer Ethari sí había agarrado y visto el dibujo puesto que lo empuñaba todavía en su mano derecha:

-Rayla está en problemas? – Se escuchó la voz del elfo un poco ronca y triste.

-Es complicado… - Le contesto Ezran – Tenemos que hablar contigo sobre algo – Escueto el moreno al elfo.

-Hace años que ella y yo no hablamos – Sentenció Ethari en un tono de melancolía – Después de la misión de ir a matar al rey y a su hijo en Katolis muchas cosas cambiaron para los dos… - Entrecerró los ojos tratando de aguantar su llanto – Pero me arrepiento tanto de haberla tachado como traidora… - Finas gotas de lágrimas bajaban por sus mejillas mientras trataba de hablar claramente ahogándose entre el aire – No tuve el valor para volver a verla a los ojos después de eso… pero cuando vi el dibujo… - Dirigió su mirada a Ezran apretando los labios – Supe de inmediato que me necesitaba – Volvía a ojear la hojita esbozando una melancólica sonrisa – Prosigan – Se hizo de lado y les convido a entrar a su hogar.

Tanto Ezran como Claudia se adentraron hacía la morada del elfo y lo que veían los devastaba; habían muchas cosas tiradas en el suelo, armas, joyas, herramientas, restos de comida, este hombre ha estado viviendo en la inmundicia desde no saben cuánto tiempo. Lo que no entendía el moreno todavía era la razón de porque seguía viviendo, hasta donde Niilo le contó "Los elfos mueren cuando tienen el corazón roto" y vaya que Ethari lo tenía, tal vez algo lo estaba aferrando a la vida ¿Esperanza de volver a hablar con Rayla? O… ¿Esperaba que Runaan todavía siga vivo? Pronto lo descubriría, hasta ahora era una sorpresa que la persona más alejada de los suyos les esté hablando de forma tan natural a un par de humanos.

El dueño del hogar se había perdido por unos minutos mientras los humanos encontraban un sitio donde sentarse, no había muchas sillas así que optaron por esperarlo en el salón principal. Cuando regreso notaron que llevaba entre sus manos dos tazas que emanaban un líquido caliente. Le dio a cada uno un vaso y les calmo diciéndoles que solo se trataba de té de yerbas de los bosques. A Claudia pareció gustarle, era agridulce tal como a ella le encantaba, claro que no era como su "Poción marrón caliente de las mañanas" pero era aceptable, Ezran por otro lado solo comía cosas que a su paladar le parecieran dulces, pero siendo invitado sería una falta de respeto no aceptarle.

-Supongo que están aquí por algo grave – Espeto Ethari sin cambiar aún su semblante – Son a los primeros que dejo entrar desde hace años – Confesó – Y sin son humanos es porque son amigos de Rayla… es la única que se lleva tan bien con los de su raza.

-Algo así… - Ezran trataba de buscar las palabras adecuadas para no lastimar a Ethari – Mire, algo malo pasó… - Vio a Claudia una vez más y ella solo asintió con la cabeza en silencio como si le dijera: "Dile" – Niilo, el rey de los elfos de luna murió… - Aquello al de orejas puntiagudas le parecía sorprender – Bueno, no murió… lo mataron… - Abrió los ojos como un par de platos al escuchar aquello – Y al parecer… - El moreno mordió su labio, estaba inseguro de continuar – Runaan fue el que lo mato…

-Ru… Runa… - Eso fue demasiado para Ethari, cuando escucho el nombre de su esposo salir de la boca del pequeño sintió como todo su mundo daba vueltas, blanqueo su ojos y su cuerpo se fue tambaleando de lado a lado, parecía que se estaba desmayando. Rápidamente la pelinegra soltó la taza haciendo que se hiciera añicos en el suelo y agarro como pudo al elfo de luna. Sí, al parecer eso fue demasiado para él, lo acostó suavemente en el suelo mientras miraba asustada a Ezran.

-Y qué vamos a hacer? – Dijo casi gritando – Necesitamos que hable!

-Lo sé, lo sé – Ezran se acercó al elfo y en efecto su cuerpo estaba ahí, pero no respondía para nada ante ningún golpeteo suave en su mejilla o pellizco – Si tardamos mucho van a sospechar que algo está pasando aquí… y si lo encuentran así nos van a echar la culpa! – El moreno también empezaba a angustiarse – Voy a cerrar la puerta y hagamos todo lo posible para que despierte!

-o-

Callum no podía dormir bien, esa noche estaba siendo más complicada que las demás. Sus muñecas eran lastimadas por aquel lazo mágico y mientras más trataba de no pensar en eso más sentía como se estrujaban. Rayla le conto que con las horas se iría acostumbrando, pero era imposible ¿Cómo podía estar tan calmada? La veía dormir tan tranquilamente a su lado que no podía creer que ella estuviera pasando por el mismo tormento que él. Se rasco la cabeza desesperado y se levantó de su improvisada cama hecha de hojas. Fue hasta la fogata y empezó a practicar algo de magia de sol, al parecer aún tenía completo dominio de las fuentes primarias ¿Pero por cuánto tiempo? Sin sus hábiles manos era como otro simple humano común y corriente y sin nada especial.

Echo otro pedazo de madera al fuego para avivar las llamas y alejar a las criaturas peligrosas de la zona de ellos. De repente sintió unas enormes ganas de ir a "regar las flores" suspiro hondamente y se levantó apartándose de a poco de una dormida Rayla. No iba a alejarse demasiado, solo necesitaba relajar el cuerpo. Encontró un árbol listo para ser rociado y allí noto que hasta para bajarse los pantalones era toda una tortura, trataba de no pensar en el dolor, lo intentaba pero era una tarea muy difícil. En ese momento una fuerte corriente de aire le helo la piel haciéndolo temblar unos instantes, luego se reincorporo para continuar con su "necesidad" escucho a lo lejos como unas pequeñas ramitas se crujían y no le importo para nada, creía que se trataba de algún venado o animal pasando por allí.

El joven mago estaba tan sumido en sus cosas en ese momento que en un abrir y cerrar de ojos sintió como algo frío se posó sobre su cuello, esto lo asusto bastante, lo suficiente como para hacer que casi se haga también encima. Iba a girar un poco su cabeza para ver que se trataba y una voz amenazante le hablo:

-No grites… - Callum solo trago saliva al escucharlo – Si gritas te degolló de inmediato… - De pronto su mente empezó a recordar donde era que había oído esa voz antes, pero le era difícil rememorarlo más cuando al parecer tenía una especie de espada en su cuello – Dejan mucho rastro tras de sí, no fue difícil encontrarlos…

-Ru… Runaan? – Solo dijo eso y no escucho respuesta alguna, solo la respiración pesada del otro sujeto tras de sí amenazándolo.

-Dame el cubo y a Rayla y te dejaré ir… - Fueron sus demandas sin quitar la espada de su cuello, estaba haciendo un esfuerzo enorme de no matarlo en ese momento, de todas maneras ¿Que era un mago menos en el mundo?

El pelicastaño estaba un poco confundido ¿El cubo y a Rayla? Si se trataba de Runaan era lógico que buscara a su elfa ¿Pero un cubo? ¿De qué está hablando? ¿Habla de aquel juguete que su padrastro le regalo?

-Mira… - Decía con voz temblorosa mientras tragaba saliva – No sé de qué cubo me hablas ni de que Rayla me hablas – Le mentía y eso al elfo sí que le molesto – Pero deja me subo al menos los pantalones, si me vas a matar quiero morir de forma digna… - Reía nervioso y esperaba que el mayor le concediera ese último deseo.

-… está bien, hazlo…

Lentamente el mago comenzó a subirse los pantalones todavía teniendo la hoja del elfo asesino sobre su cuello, entonces en un momento oportuno y rápido se agacho, dio media vuelta y ágilmente hizo la señal de "Aspiro" frente a Runaan:

-Aspiro!

Una gran y fuerte corriente de viento choco contra el cuerpo del elfo de luna disparándolo lejos de él. Fue entonces que se levantó y corrió tan rápido como pudo hacía el campamento donde estaba Rayla dormida. Se movía entre la espesura del bosque mirando de vez en cuando hacía atrás asustado de que Runaan no le hubiera perdido el rastro, se guiaba por la tenue luz que emanaba la fogata, por poco se cae en más de una ocasión escapando del tipo que quería matarlo. Llegó entonces y agarro a la elfa de la mano despertándola de golpe y asustada.

-Qué? Qué paso? – Dijo una somnolienta albina al mago mientras este buscaba su bolso para escapar de allí.

-Runaan! – Le grito – Runaan está aquí!

La albina dirigió su mirada a todas partes y alzando la vista noto como una silueta que bajaba de uno de los arboles a gran velocidad caía sobre ella. Lo esquivo rápidamente y desenfundo sus armas y al ver a aquel tipo sus violetas iris se sorprendieron y a la vez no creyeron de lo que estaba a su frente: Era él, era su antiguo mentor. La miraba a través de sus orbes verdes lleno de odio, finalmente terminarían el encuentro que tuvieron hace cinco años, había llegado el momento que tanto ha estado esperando. Fue velozmente hacía ella con su espada desenfundada y en un fugaz movimiento le ataco por la derecha. Rayla retuvo el ataque con su hoja pero no esperaba que el elfo fuera más oportuno y le golpeara su abdomen con una patada que la hizo retroceder varios pasos hacia atrás.

Ahora era su turno de atacarle, entre lanzada que le daba Runaan le esquivaba como podía no sin llevarse algunos cortes a su atuendo, Rayla entonces noto que su flanco izquierdo estaba muy vulnerable puesto que de por ese lado no lanzaba ningún ataque hacía ella. Fue directo a su cuello en un rápido movimiento que el elfo esquivo agachándose y nuevamente volviendo a contratacarle esta vez a sus piernas, la albina se dio cuenta y alzo su muslo derecho para no ser alcanzada por la hoja de este y con la misma rodilla le dio un fuerte golpe en su mentón que le hizo elevar algunos centímetros del suelo y caer de forma violenta casi al lado de la fogata.

Runaan se levantó tan rápido como pudo e hizo una maniobra digna de los elfos asesinos en forma de ataque giratoria hacía Rayla que a duras penas podía contener con sus espadas; era un sujeto entrenado para matar era lógico que le diera pelea. La albina seguía concentrada en atacarle por la izquierda y estaba empezando a dar frutos porque en uno de sus contrataques fue que alcanzo a rozar algo de la mejilla de su contrincante provocándole una herida de la cual empezaría a salir sangre.

Callum observaba asustado aquel frenesí, de verdad que estaban intentado matarse el uno al otro y debía detenerlos de inmediato antes de que esto fuera a más lejos:

-Aspiro Frigis!

Grito el mago haciendo la respectiva señal con sus dedos en el aire en dirección a Runaan y mágicamente unos enormes bloques de hielo aprisionaron al elfo antes de que volviera a atacar a Rayla.

La albina vio aquello y llena de ira fue rápidamente hasta su antiguo maestro dispuesta a matarlo, determinada en pasar sus hojas por el cuello del pelilargo y desprender su cabeza del cuerpo. Pero de pronto sintió como un pesado cuerpo se abalanzaba sobre ella haciéndola caer al suelo de forma violenta, Callum la aprisiono contra el prado encima de su abdomen sosteniendo sus manos con fuerza para que no se levantara:

-Basta! – Le gritó – Ya basta! No tienes que matarlo! – Le pedía enojado.

-Callum! Quítate ya! – Le gritaba de la misma manera con más odio y molestia en su voz.

-Rayla, no vas a ser mejor que él si lo matas – Trataba de hacerla entrar en razón – No tiene por qué terminar así!

La albina no podía creer lo que estaba escuchando ¿Le estaba impidiendo asesinar a su maestro? La persona por la cual todo este lío había empezado en primer lugar, el tipo que le arruino básicamente la vida.

-Rayla… por favor… - Le soltó una mano y comenzó a acariciarle la mejilla a la albina – No hagas esto…

La elfa de luna empezó a respirar de forma menos agitada, estaba empezando a calmarse. Callum tenía razón, no era la forma como debía acabar esto, ella no es una asesina ya… más bien, nunca lo fue realmente. Los pensamientos negativos empezaron a disiparse mientras veía el rostro de su mago, era lo único que realmente la tranquilizaba ahora.

-Bien… - Suspiro cerrando sus ojos – No lo voy a matar…

Callum se levantó de ella y le ayudo a pararse mientras se sonreían el uno al otro. De pronto, escucharon una risa burlona y molesta provenir del prisionero que tenían lo que a ambos molesto cuando le dirigieron la mirada.

-Ahora le obedeces a un humano? – Decía Runaan de forma burlona – Cada vez me decepcionas más, Rayla… - Le daba una sonrisa malévola a su antigua pupila a lo que ella le respondía:

-Lo dice el tipo que está atrapado en un enorme pedazo de hielo? – El elfo solamente escupió molesto tras escuchar aquello. Tomo sus armas del suelo y fue hasta donde él mientras esbozaba una sonrisa bufona y sarcástica – Que bueno verte, Runaan. Donde has estado todo este tiempo?

Runaan solo se limitaba a ver de forma rabiosa a la elfa, cosa que a ella le encantaba. Verlo derrotado era todo un excelso, humillado por su propia pupila… claro que tenía que darle gracias a Callum, sin él la pelea se habría alargado más de lo esperado y aunque fuera una buena guerrera su viejo mentor podría darle más lidia de la esperada.

-No respondes? – Le pregunto acercándose a él mientras este no le despegaba la mirada – Mejor, tener un prisionero silencioso hará el viaje más tranquilo. Callum! – Le grito al mago quién estaba a unos metros de ellos – Trae una soga, nos llevamos a Runaan a Katolis…

-Eh… Rayla… - Comenzó a rascarse la cabeza muy preocupado, en este momento no creo que sea buena idea sacar de casillas a la albina, más teniendo a su pasado frente a sus ojos – No tengo ninguna soga… - La elfa solo alzo una ceja y se cruzó de brazos esperando que el mago pudiera resolverlo rápido – Pero! Creo que vi una sosteniendo un viejo campamento cerca de aquí – Explicaba mientras se iba alejando – Ya vuelvo!

El mago partió dejando solos a los dos elfos, al menos no podían matarse el uno al otro o eso era lo que él quería creer. Rayla por su lado no le quitaba la mirada a Runaan tampoco, era como una especie de pelea silenciosa en la cual luchaban por ver cuál sería el primero en soltar un improperio tratando de insultar al otro. Era un momento muy tensionante entre ambos, ninguno decía palabra alguna y la albina lo único que sentía era la fría mirada de su mentor sobre ella como imaginando las miles de formas en que la mataría si tuviera la oportunidad. La albina entonces comenzó a inspeccionar más de fondo al elfo y noto de inmediato que su brazo izquierdo no estaba, eso explicaría porque era tan vulnerable a la hora de pelear por esa zona.

Ella no debía culparse sobre aquello, le insistió varias veces aquella noche que abortara la misión de tratar de matar al rey de Katolis y a Ezran y que fueran juntos a entregar al príncipe de los dragones para dar por terminada la guerra. Pero Runaan era un elfo extremista, él odiaba con todo su ser a los humanos por razones muy estúpidas a decir verdad, siendo francos jamás le hicieron nada a él o a los otros del bosque plateado y eso con el tiempo Rayla lo entendió. Como habían humanos malos también habían buenos, más de lo normal como: Ezran, Soren, Amaya, Gren, Corvus… hasta la mismísima Claudia parecía estar llevando una vida tranquila y sin olvidar a su tonto pero amado humano; Callum.

Ahora que lo piensa… ¿Qué habría pasado si Runaan hubiera aceptado devolver el huevo en primer lugar? ¿Callum y ella hubieran logrado esa conexión luego de haber cumplido dicha tarea? Lo más posible es que no, era realista, tal vez ella hubiera seguido con su vida normalmente y él de la misma forma, quizás jamás se hubiera interesado en las fuentes primarias sino que hubiera seguido los mismos pasos de la pelinegra… ¿Debía darle las gracias por eso? Claro, amaba al mago como a nadie, era algo bueno en su vida después de tantos años, algo que ella escogió, pero no tendría por qué agradecerle por nada, después de todo casi lo mata al minuto después de haberlo visto.

Por la mente de Rayla pasaban un sinfín de preguntas ¿Dónde había estado? ¿Por qué mato a su propio rey? ¿Por qué los persigue? ¿Con qué motivo? Si él la hubiera querido matar lo habría hecho tranquilamente la misma noche en que le quito la vida a Niilo, pero era sumamente sospechoso todo esto, como si alguien más estuviera tirando de los hilos de Runaan. Dio media vuelta, dándole la espalda y se dirigió a la fogata para mover las brasas un poco antes de que se extinguieran.

-El brazo… - Hablo finalmente Rayla a lo lejos pero lo suficientemente alto para que le escuchara – Fue la unión, verdad? – El elfo no decía palabra alguna, eso estaba comenzando a exasperarla de sobremanera, trataba de ser al menos civilizada con el tipo que estaba luchando hace un rato por tratar de matarla – Qué pasa? El hielo te entumió la lengua? – Se reía esperando que aquella burla surgiera al menos el efecto de que se llenara de rabia y le hablara. Pero nada, solo se limitaba a mirarla nada más – Sabes, todos los elfos de luna están molestos contigo. Te mataría yo misma pero ya sabes cómo son las leyes… - Continuaba hablando – Quieren hacer justicia ellos mismos…

Runaan también hacía lo mismo que ella; inspeccionarla, se dio cuenta que traía un lazo de unión igual al que le hizo jurar unas horas antes de la misión para matar a los monarcas de Katolis. ¿Era por él? ¿Su unión era encontrarlo? Era patético que hubiera aceptado tal cosa y con cada palabra que decía la elfa más se daba cuenta que su relación con los humanos la estaban perjudicando de sobremanera, actuaba más como ellos y menos como los suyos, eso sí le hervía la sangra pero no lo suficiente como para que pudiera derretir el hielo… es cierto… ¿El humano puede hacer magia primaria? ¡Es imposible! Esa raza inferior no estaba conectada bajo ningún arcanum pero al parecer el muchacho logro conectarse por su cuenta, eso era de admirar, al parecer sí hay humanos dispuestos a sobrepasar sus límites para conseguir lo que quieren… y eso también era lo que le aterraba.

-Ah! – Mascullo molesta Rayla al no escuchar palabra alguna del elfo. Se levantó furiosa y fue hasta él y lo agarro con su mano derecha fuertemente la cara – Al menos dime por qué demonios mataste a Niilo?! – Le pregunto molesta – Solo quiero saber que te llevó a hacer algo que era obvio que iba a perjudicarme?! – Ambos se miraban fijamente con el ceño fruncido – Si tu plan era matarme lo complicaste todo para todos! – Le explicaba sin soltarlo – Pudiste haberlo hecho mientras dormía!

-El humano… - Finalmente habló – Qué relación tienes con él?

Rayla abrió los ojos sorprendida de escuchar aquello ¿Y eso a qué venía?

-Lo amo – Le confeso – Algún problema con eso?

Runaan soltó una risa que molesto de inmediato a la elfa, con un gran esfuerzo torció su cabeza para zafarse del agarre de la albina y volteo sus iris verdosos para encontrarse los violetas de ella:

-Y de verdad crees que va a funcionar? – Le indago continuando con su risa fastidiosa.

-Pues, ya nos dimos cuenta que sí puede funcionar – Explico de forma natural – Lo que tú pienses realmente me importa un bledo.

-Y tus padres, crees que lo aceptarían? – Rayla al escuchar aquello se tensó demasiado… ¿Sus padres?

-Están muertos… - Respondió dirigiendo sus ojos hacía la fogata – Su opinión ya no vale nada… - Un fuerte estrujón en el pecho se hizo presente, el hecho de que tocaran ese tema era doloroso para ella en todos los aspectos. Escucho entonces como Runaan reía más fuerte ante su oración, la albina se giró hacía él nuevamente de forma amenazante – De qué te ríes?!

-De nada, de que eres más idiota de lo que yo creía – Rayla no lo soportaba más, desenvaino una de sus hojas y rápidamente la llevo hasta el cuello de su mentor dispuesta a rajarle la garganta para que dejara de hablar – Vamos, hazlo! – Le desafiaba manteniendo una sonrisa malvada en su rostro a la par que la albina apretaba los dientes con rabia – No tienes el valor ni el coraje para matar a alguien, eres una decepción para los tuyos, para mí, para Niilo, para tus padres! – La elfa de luna temblaba de tan solo escucharle decir aquello, hacía un esfuerzo muy grande de su propia voluntad de no matarlo, apretaba con más ira su espada y presionaba fuerte contra la garganta de Runaan sin que aquel dejara su sonrisa de lado.

Callum tuvo algo de suerte, no solamente encontró la soga que necesitaba sino también un caballo que estaba atado a pocos metros de donde fue a orinar, quizás era de Runaan, eso explicaría como fue que se movía tan rápido y pudo dar con ellos. Eso haría el viaje de regreso más pronto a Katolis, claro que no sabía si la bestia podría con los tres a la vez, tiene que recordar que ahora llevan a otro en su camino. Bueno, al parecer su aventura estaba llegando a su fin o al menos esa pequeña parte, mientras iba de regreso hacía el campamento improvisado donde estaban los elfos pensaba en las miles de sorpresas que tendría para su elfa una vez hayan devuelto al asesino de Niilo: Viajar por el mundo, conocer nuevos lugares, aprender cosas cada día, estar juntos… eso era lo que más le emocionaba, el dolor en sus muñecas era menor cuando se imaginaba todo eso.

Cuando empezó a divisar la fogata noto de inmediato algo que le asusto: Rayla tenía su espada puesta en el cuello de Runaan casi lista para tasajearle la garganta. Corrió tan rápido como pudo y antes de que ella pudiera hacer alguna tontería la agarro y noto que estaba temblando, pero no de frío sino de rabia.

-Rayla! – Le grito tratando de apartar su mano del cuello del elfo – Rayla! Dijiste que no ibas a matarlo! – Le alzaba la voz más tratando de parar todo esto.

-Callum! – De la nada comenzó a soltar pequeñas lágrimas de sus ojos – Voy a cortarle la garganta a este desgraciado! – Espetaba molesta.

-Ya te dije que lo hicieras! – Continuaba desafiándole Runaan – De todas maneras tus padres no aceptarían ninguno de tus caprichos en este momento!

-Deja de hablar sobre ellos como si estuvieran vivos! – Le grito con más rabia en su voz.

-Es porque lo están! Idiota! - ¿Escucho bien? ¿Sus padres siguen con vida? No, no es posible… Rayla estaba teniendo una crisis en ese momento, lo suficiente como para hacer cualquier cosa para hacer que se callara de una vez por todas – Están vivos! Por qué crees que te di el mapa aquella vez de esa choza en el reino de los humanos? – Explicaba, al menos eso sí quería saberlo – Si sobrevivías y fallábamos los elfos de luna te iban a tachar de traidora, igual que a tus padres – En parte eso fue muy cierto cuando regresó a su aldea, de no ser por Niilo las cosas hubieran sido peores – Ellos me enviaron un mensaje días antes de nuestra misión para que te volvieras a reunir con tu familia lejos del bosque plateado… - Soltaba sin tapujo y la albina no podía creer nada de lo que él le estaba contando…

-Mientes! – Apretaba más su hoja contra el cuello, casi llegando a cortarle por la ira.

-Seré muchas cosas, Rayla – Espeto finalmente – Pero un mentiroso jamás y lo sabes bien…

En medio de su propio temblor dejo caer su espada y sentía como su cabeza estaba dando vueltas como una tormenta. Callum la abrazo para que pudiera calmarse, estaba sufriendo un ataque de estrés de haber escuchado eso ¿Sus padres siguen vivos? ¿Cómo es posible? ¿Por qué no se contactaron con ella personalmente? El mago no conocía bien a Runaan, no lo suficiente como para saber si de verdad mentía o no, pero al parecer la elfa sí le estaba creyendo, lo necesario para que soltara su arma.

-Era obvio que íbamos a fallar aquel día – Empezaba a recordar entonces de su misión – Lo sabía porque no tienes lo que se hace falta para hacer lo necesario cuando es debido – Rayla escondió su cabeza en el pecho del mago para no verlo más – Pero quería que te reunieras con ellos de alguna forma, era lo único que quería… - Hablo con algo de melancolía – Para mí fuiste como una hija – Su voz se estaba… ¿Quebrando? – Y yo quería que fueras feliz, ya sea con nosotros o con ellos…

Callum escuchaba el sollozo de la albina sobre su pecho, era mucha información para procesar y más en este tipo de situaciones. La familia para el mago era muy importante, para él, Ezran era lo más preciado en el mundo junto con Rayla y aunque ya perdió a los suyos tal vez la elfa podría recuperar los de ella. Aunque no estuviera cien por ciento seguro de las palabras del elfo de luna, tendrían que meditarlo bien y tomar una decisión juntos… fue entonces que el mago recordó algo: su cubo de runas ¿Para qué quiere él un "juguete"? Eso fue algo raro, pero haría caso omiso sobre aquello, tal vez Runaan estaba sufriendo demencia o algo parecido.

Se alejó con ella unos cuantos pasos para que pudieran hablar tranquilamente sin que el elfo les escuchara. Callum vio el triste rostro de su amada y suavemente fue quitando algunas lágrimas de las mejillas de la elfa con su pulgar derecho, no le gustaba verla así, tan vulnerable sabiendo que es una persona tan fuerte, la tomo de sus pomulos y la miro fijamente:

-Haremos lo que tú quieras – Le propuso – Podemos llevar a Runaan a Katolis… o… podemos ir a buscar a tus padres – Rayla se sorprendió ante aquello ¿Qué hay de la misión? ¿Lo estaba arriesgando todo por algo que quizás sea completamente falso? Bueno, si era así al menos se defenderían tal cual lo hicieron hace unos minutos…

-Callum… - Dijo rodando sus ojos a otro lado – No estoy segura… - Fue sincera con él – Runaan jamás me ha mentido, pero no sé si pueda confiar en él como antes – Suspiro.

-Será lo que tu corazón te diga… - Señalo el pecho de la elfa mientras sonreía de forma tranquila – Yo jamás conocí a mi verdadero padre, perdí a mi madre y perdí a Harrow – Recordaba con tristeza él también que su vida tampoco ha sido tan fácil – Pero si tuviera la oportunidad de verlos nuevamente créeme que daría hasta mi propia magia por hacerlo…

Rayla no estaba segura de que hacer… Por un lado estaba la opción de corroborar si lo que decía su viejo mentor era cierto pero por el otro también había una gran probabilidad de que se tratara de alguna trampa y si Runaan estaba involucrado después de lo que les ha hecho pasar sería algo muy peligroso. Sus padres, sus progenitores ¿Estaban vivos? ¿Después de tanto tiempo? ¿Por qué no se comunicaron con ella entonces? ¿Por qué esperar hasta este punto de su vida y más de esta situación para saber sobre ellos? La mente de la elfa estaba muy desorientada, demasiado para su gusto.

Quería creer… pero dada las circunstancias era mejor pasar de largo sobre ese tema. Tenían una misión en ese momento; regresar con Runaan y terminar con todo esto de una vez por todas. Esa era su prioridad, pero… suspiro hondamente, necesitaba tomar una decisión rápida antes de que Callum fuera el que la tomara por ella. Miro con algo de pesar el rostro del mago, el pelicastaño no entendía aquella expresión, creía que estaba contenta de saber que sus padres seguían con vida.

-No… - Dijo finalmente Rayla – Regresaremos con Runaan a Katolis – Dio su ultimátum sobre el tema.

-Pero… y tus padres?

-Callum, sé que no me apoyas, sé que quieres que vaya a buscarlos – Se puso su mano derecha en el pecho – Pero hicimos una unión de vida para encontrar a Runaan, es nuestra prioridad – Explicaba de forma triste mientras señalaba el listón que tenía en su muñeca izquierda – Estoy cansada de arriesgar tanto por nada…

Las experiencias y la vida habían hecho a la elfa más sabia y centrada que antes. Si fuera la Rayla de hace cinco años no dudaría ni un minuto en ir a buscarlos, sería su prioridad. Pero tenía una misión importante con los elfos de luna, ya les falló una vez, no iba a hacerlo de nuevo. Se separó del mago ante una mirada de incertidumbre por parte de este. Tomo la soga que el pelicastaño dejo caer hace un rato y fue hasta donde el aprisionado elfo de luna para hablarle:

-Volveremos a Katolis – Ordeno y el elfo solo le dio una mirada amenazante – Callum! – Le grito al mago y este solo giro su rostro hacía ella – Prepara el caballo, tú y yo cabalgaremos encima y Runaan… - Le mostro la soga entonces con una sonrisa maliciosa – Ojalá y te guste caminar porque vas a tener que seguirle el ritmo a la bestia…

-o-

La mañana llegó al reino de Katolis, Solveg había pasado casi toda la noche haciendo los preparativos para que su gente pudiera partir sin sospechar demasiado sobre lo que iban a hacer. Por un lado le dio la tarea a los elfos que de verdad eran guerreros que dejaran sus armaduras y solo llevaran sus armas escondidas entre los carruajes, pero a los otros fue más difícil convencerlos de lo que tenían que hacer. Algunos hasta le miraban algo incrédulos de lo que el consejero del rey de los elfos de luna hablaba; ¿Ir vestidos como soldados? ¿Por qué? El mayor solo les explico que se trataba de un simple capricho por parte de Niilo, aunque también jamás les conto que había muerto hacía unos días, más bien, el primer día que llegaron. A la final no tuvieron de otra más que aceptar e ir por el paso de la brecha, lo cual era muy raro ya que ellos no conocían bien el camino, aun así el peliblanco les dio a un guía de esas tierras para que los llevara.

El elfo veía como las dos caravanas partían del reino sin hacer muchas preguntas, esperaba por los grandes que el plan del joven Soren diera resultados y que nada malo sucediera. El espejo estaba bien escondido, los lugareños de las tierras de Xadia ni por enterados sabían que llevaban algo peligroso y eso era lo que más le preocupaba, estaba arriesgando la vida de elfos inocentes solamente para que Zubeia destruyera aquella cosa, una vez estando el mueble en el bosque plateado sería más fácil transportarlo hacía la reina de los dragones y acabar con todo esto. Solveg solo se quedó con unos cuantos hombres en el reino, le pidió específicamente a uno que no se apartara de su lado, no deseaba más sorpresas durante unos días al menos.

Sin que se diera cuenta, una silenciosa pelinegra se acercó a él. Solveg la noto de inmediato y se apartó un poco para que pudiera ver la caravana también, ella le "hablo" a través de sus señas algo pero recordó que Gren no estaba cerca para que le tradujera, estaba ocupado ayudando a los otros elfos a partir de Katolis:

-Tengo que aprender ese extraño lenguaje, general Amaya – Dijo suspirando – No le entiendo nada…

-Creo que dice que no te preocupes, que no va a pasar nada malo – El soldado que dejo a su lado fue quién hablo por ella esta vez, cosa que de inmediato sorprendió a Solveg ¿Desde cuándo hay elfos que saben "hablar" con las manos?

-Tú le entiendes? – Le pregunto a su guerrero personal.

-Eh… sí, algo así… - Trataba de explicar – Algunos soldados nos enseñan lenguas de otros reinos, el lenguaje de señas es una de ellas – Solveg no tenía idea de nada de eso, pero era muy interesante el dato - El problema es que los humanos al tener otro dedo dicen una que otra cosa de más así que es un poco más difícil…

-Me hubieran dicho eso antes… - Dio media vuelta para irse de aquel lugar para estar solo un rato – Dile a la general Amaya que no voy a esperar dos días a que vuelvan sus muchachos – Espeto girando un poco su rostro y sonriendo por lo bajo – Iré a quitarles la unión ya mismo…

El soldado le comunico aquello a la pelinegra y esta esbozo una enorme sonrisa, tanto así que se dejó llevar por sus emociones y fue a paso rápido alcanzando a Solveg y dándole un enorme abrazo por la espalda. El elfo de luna se tensó al contacto de la mujer, tanto que hasta por primera vez que llegó a Katolis se dejó ver un leve sonrojo en sus mejillas. Le soltó nuevamente y esta le agradecía con su peculiar "lenguaje"

-Muchas gracias, Solveg – Hablaba el soldado por ella – Haces lo correcto…

-Sí, eso es lo que espero…

El elfo volvió a retomar su camino hasta sus aposentos para tomar lo necesario y hacer el ritual para quitarles la unión al príncipe y a Rayla. Pensaba que quizás esto ya se iba a terminar, una vez que todo se calme daría la noticia de que Niilo; el rey de los elfos de luna, ha fallecido presa de un asesinato a sangre fría por parte de Runaan. Aquel peliblanco era bien conocido entre los suyos, era algo así como una especie de "héroe" en sus días cuando se dieron cuenta que había tomado venganza por el Avizandum y el príncipe dragón, quién creyera que su sed por aquel liquido rojo se transformaría en una obsesión por matar reyes, sería interesante tenerlo unos días y desentrañar la psicología del asesino antes de proponer condenarlo a muerte, porque claro, su delito solo podía ser purgado con más sangre.

Su viaje hasta los aposentos estaba resultando un tanto inquietante, era más largo de lo que recordaba, tal vez en parte sentía que no era al final buena idea hacer lo que iba a hacer, pero se lo prometió a la pelinegra, tenía que cumplir eso al menos ya que no pudo cumplir por la seguridad de su rey. ¿Qué es lo que piensa? ¡No es su culpa! ¡Es culpa de Rayla por dejarlo solo y con dos guardias de pacotilla resguardándolo! Suspiro de forma cansada, ya no le daría más vueltas al asunto hasta que hablara con la elfa de luna cuando volviera… Entonces… ¿Ella sería su nueva monarca? Se tensaba de solo pensar en eso. La albina era una buena guerrera ¿Pero sería una buena reina? Ni siquiera sabe tomar decisiones correctas y eso ya lo demostró hace un par de días. En fin, todo quedaría a manos del consejo una vez que vuelvan al bosque plateado.

Finalmente llegó a su destino, su alcoba estaba hecha un desastre y él todavía más. Esta cruzada por salvar al mundo se estaba convirtiendo en una carga demasiado pesada para sus hombros, el hecho de tener que evitar que el viejo hechicero de Katolis quiera liberar a Aaravos lo nerviaba como no se imaginan. Fue hasta sus cosas y buscaba las flechas draconicas para dar señal a través del reino humano a Rayla y Callum que su misión había terminado, esperaba que a este punto ya hubieran dado con él o eso era lo que creía. Mientras más desordenaba sus pertenencias se daba cuenta que no las encontraba ¿Cómo es posible? ¡Las dejo en un lugar exacto por si la situación llegaba a estos estribos!

-Buscas esto? – Escucho una gruesa voz a sus espaldas y se preocupó, estaba inmóvil en una posición en la cual no podía defenderse.

Poco a poco fue girando su rostro hasta dar con la voz que le hablo a sus espaldas y lo único que alcanzó a ver fue a un sujeto que tenía un aspecto más que aterrador; las cuencas de sus ojos estaban completamente oscuras y unas finas marcas de color grisáceo se posaban sobretodo su rostro, llevaba en su mano derecha las dichosas flechas que necesitaba y de la nada un fuerte golpe de magia oscura le hizo perder la consciencia y caer al suelo de forma violenta.

-Fue más fácil de lo que pensaba… - Hablo otra voz, una más grave, casi gutural.

-Lo fue… - Dijo quién provoco que Solveg se desmayara. Se acercó hasta el cuerpo del elfo de luna, poso sus manos sobre la cabeza del desmayado y después de unas palabras extrañas y mágicamente oscuras empezó a escarbar entre los últimos recuerdos del elfo; la unión de los jóvenes, las peleas con Amaya y lo más importante… el plan de su "querido" hijo, fue entonces que añadió hablando al aire – Los aldeanos tienen tu prisión…

-Y qué esperamos? – Indago mientras reía – Vamos por ellos… Por cierto, Viren… - Comento nuevamente – No hay que dejar cabos sueltos…

El hechicero entendió aquello de inmediato y de la cintura saco una pequeña daga que tenía enfundada, preparando su hoja, ya lista para matar al elfo que yacía inconsciente en el suelo.

Soren había pasado toda la mañana en su cama con un gran dolor en su abdomen, creyó que la herida se abrió pero menos mal que no fue así, solo era una gran molestia. Estuvo buscando por todo el castillo al consejero del rey de los elfos de luna para que le diera un poco de esa medicina mágica pero sin dar fruto alguno. Fue entonces que decidió mejor ir a sus aposentos, tal vez estaba allí. Caminando como podía por los pasillos a la lejanía de la alcoba de Solveg vio algo extraño en la entrada del cuarto; una figura encorvada acuclillada con una vestimenta harapienta de color tierra, observo entonces que tenía una daga alzada y en el suelo se encontraba la persona que estaba buscando totalmente dormida.

-Hey! Hey! – Grito a lo lejos ganando la atención de aquella persona y cuando esta se volteo a ver quién le llamaba se dio cuenta que se trataba de su padre, esto le helo la sangre bastante. Estaba por matar al elfo a sangre fría – Viren! – A paso rápido fue acercándose como podía hasta donde estaban.

El hechicero al verlo opto por no hacer caso al ser que le acompañaba. Entonces dijo unas palabras al aire y el pasillo empezó a temblar. Soren se asustó al sentir como los cimientos se movían y vio como en un destello de magia oscura su padre desapareció dejando al elfo allí sin saber que daño le hizo. El rubio finalmente llegó hasta donde Solveg y empezó a inspeccionarlo, esperando que no le hubiera hecho nada, suspiro tranquilo al notar que solamente estaba dormido. Esto era más peligroso de lo que creía, su padre estaba suelto en el reino y quién sabe qué es lo que haría, daba gracias a los grandes por haber logrado sacar el espejo del castillo.

Rezaba porque el elfo no hubiera dicho nada sobre el plan… o sino todo estaría ya perdido.

-o-

En el bosque plateado las cosas no iban muy bien; Claudia y Ezran tenían a un desmayado elfo de luna entre sus brazos y buscaban cualquier cosa para hacerlo despertar. El moreno se estaba empezando a desesperar, si alguien llegaba y encontraba a Ethari así seguramente les echarían la culpa y ni tiempo de excusarse tendría. Intento de todo, desde agua en la cara hasta darle fuertes bofetadas pero nada sucedía.

Claudia estaba también exasperándose de ver a su rey así, no creía que el elfo fuera a despertar de forma tan fácil y tenían que hacer algo rápido. Recordó entonces un hechizo fácil pero práctico que consistía en que la persona desmayada inhalara unos humos para que se levantara de forma abrupta y rápida, pero era magia oscura y no estaba segura de querer hacerlo.

-Claudia! – Le dijo preocupado mascándose las uñas – Qué hacemos?!

-Ezran… - Dijo la pelinegra con su mirada un poco triste – Hay una forma de que despierte rápido… - El moreno la escucho atentamente – Pero es magia oscura…

-Hazlo! – Le pidió – Hazlo, no importa! No lo va a matar!

Aquello sonó más a una orden que a un favor y viniendo de su propio monarca no iba a negarse. Poso suavemente al elfo en el suelo y fue de inmediato a su cocina a buscar lo necesario para llevar a cabo el hechizo; unas cuantas hojas de yerbas que reconoció agarro, una pequeña cuenca y necesitaba ahora un pequeño ser vivo para extraer su magia, dio con tan buena suerte que un pequeño y extraño insecto con forma de libélula se había posado sobre los platos del elfo de luna. Respiro hondamente y la tomo entre sus manos desprevenida, esperaba no arrepentirse de volver a sus viejas costumbres de practicar magia oscura no le fueran a afectar. Sacó toda la magia del pequeño bicho y veía como su cadáver caía al suelo.

Con las manos llenas de magia agarro las hojas y las desmenuzo sobre la cuenca mientras repetía una y otra vez unas palabras que resonaban por toda la cocina, una pequeña explosión se formó en el recipiente dando a entender que el hechizo había funcionado. Fue corriendo hasta la sala nuevamente y dijo:

-Ezran, no respires!

El rey se tapó la nariz como la pelinegra le ordeno. Llegó hasta el cuerpo del elfo de luna, poso su cabeza entre sus piernas y de a poco fue dirigiendo aquel fétido olor que salía del recipiente hasta su rostro. Espero unos segundos a que Ethari inhalara el humor y de manera torpe fue abriendo los ojos hasta tenerlos completamente abiertos y levantarse de forma violenta respirando agitadamente. Claudia deshizo el hechizo rápidamente, no quería que se diera cuenta que había usado magia oscura para devolverlo a la realidad.

-Qué… qué… me pasó? – Preguntaba confundido mientras veía el rostro de Ezran quién ya podía respirar de forma normal.

-Te desmayaste, Ethari – Comentó.

Ethari entonces empezó a recordar de a poco lo sucedido; cuando escucho el nombre de su esposo su cuerpo no pudo soportarlo y cayó, estaba tan apenado de ser tan débil ante los ojos de esos humanos.

-Ethari – Le llamo Claudia – Sabemos que es difícil lo que escuchaste… pero Rayla y Callum están en peligro por culpa de Runaan – Contaba por el rey haciendo que el elfo agachara la cabeza.

-Si nos ayudas a atraparlo haré todo lo que este a mi disposición para evitar que le hagan daño a tu esposo – Propuso Ezran y Ethari parecía estar sorprendido ante sus palabras – No voy a permitir que se derrame más sangre de elfos mientras siga vivo.

Ethari se levantó del suelo pensando en las palabras del joven rey. ¿Puede creerle a los humanos? ¿Cómo puede decir que va a ayudarle después de que Runaan les ha estado molestando la vida? Debía ser sincero con el mismo, por una parte su corazón estaba rebosando de alegría de tan solo escuchar sobre el dato de que su esposo seguía con vida, menos mal que jamás perdió la esperanza… pero por otro… se sentía igualmente devastado de saber que ha puesto a Rayla en peligro. A Rayla, su pequeña, la niña que juro ante sus padres proteger hasta su último aliento estaba pasando por un amargo momento y él allí sin haber hecho algo. Tenía que ayudarla, sería su redención con ella, quizás así le perdonaría esos años en los que paso sin hablarle palabra alguna. Tal vez de esa forma puedan volver a unir sus lazos familiares como ahora años. Noto que en la mirada del moreno no había maldad ni mentiras en sus palabras, había decidido finalmente.

-Runaan no es una mala persona – Contaba mientras buscaba el dibujo de ópalo de luna que Rayla había hecho – Él no es de los que toman venganza a no ser que se lo ordenen… - Explicaba – Respetaba mucho a Niilo, lo suficiente como para aceptarlo como rey. El hecho de que lo haya matado fue porque alguien lo está manipulando…

Ezran lo escuchaba atentamente ¿Manipulado? Es muy posible, Ethari era su esposo después de todo, no tendría por qué mentir sobre esta situación. Claudia le oía y nuevamente su cabeza empezaba a formar una idea de que era lo que estaba sucediendo realmente… su padre, un hechicero de gran poder fue el último en verlo, tal vez también era quién lo haya mantenido oculto por tanto tiempo. Un shock de terror surco por toda la espalda de la pelinegra, muy asustada de lo que había imaginado. Al parecer su progenitor está envuelto en todo esto, eso comienza a cobrar más sentido para ella: la desaparición del elfo luego de que Viren lo encerrara, la muerte de Niilo el mismo día que Rayla estaba en Katolis, Callum al ser un mago poderoso podría ser un problema y por eso decidió alejarlo del reino cuando se enteró que estaba por allí:

-Mi papá… - Susurro… Ezran no pareció escucharla bien – Ezran, mi papá! – Se levantó rápidamente para tomar por los hombros al moreno – Mi papá es quién lo manipula! - El moreno no hizo buen gesto, si todo esto es obra de Viren iba a rendir cuentas con la justicia o más concretamente con su ira – No sé con qué motivo lo hace pero estoy cien por ciento segura de que Viren anda tras esto!

-Cómo puedes afirmarlo? – Ezran le pregunto confundido, hasta donde sabe su padre está encerrado.

-Bueno… - Claudia tenía que decirle la verdad en algún momento, era ahora o nunca – Hace días se me apareció en Neolandia en forma espectral… - Ezran frunció el ceño mostrando molestia con ella – Lo siento si no te lo dije antes…

-Me lo ocultaste… - Se separó de la morena – Por qué?

-Porque no me siento bien hablando de él – Explico con voz triste – Lo siento, de verdad…

Al menos esa opción era más creíble que toda una conspiración de los elfos de luna por matar a Rayla y quitarle su derecho de ser reina. Necesitaban volver a Katolis, tenían que ir con Viren y esperaba que siguiera en su prisión para hacerlo hablar, dialogar con el consejero de Niilo para que absuelva a su amiga y a su hermano de aquella unión y que puedan volver a casa. Sí, eso es lo que tenían que hacer ahora mismo.

-Volvemos a Katolis – Ordeno Ezran – Si nos vamos ya podremos estar para mañana en la tarde.

Claudia asintió y fue a preparar a Zym para nuevamente salir de viaje, tenían que moverse rápido antes de que Viren intente hacer más daño.

-Quiero ir con ustedes… - Ethari le hablo al joven moreno – Necesito volver a ver a Runaan…

-Ethari… vamos sobre un dragón que apenas tiene cinco años – Le explicaba – Otro peso y no creo que pueda llevarnos rápido.

-No se preocupe, rey Ezran… iré por mis medios… - Le regalo una sonrisa, una que no daba a nadie en mucho tiempo. Su pueril corazón estaba empezando nuevamente a tener esperanza, su esposo estaba vivo y eso tendría que verlo con sus propios ojos.

-o-

-Y por eso es que mi padrastro le puso a "Cebo" su nombre! Já! – Contaba Callum la vieja historia del primer nombramiento de su mascota. Rayla reía poco ante aquel chiste tan malo, ya lo escucho eso hace años cuando salieron de viaje la primera vez y no le hizo mucha gracia en ese entonces, ya viéndolo desde otra perspectiva parecía que el rey Harrow tenía un sentido del humor un poco retorcido.

Iban de regreso hacía Katolis, mientras ellos cabalgaban cómodamente sobre el caballo, Runaan va tras ellos atado por el torso solamente para que sus piernas fueran las que se cansaran. Lo arrastraba la bestia a su ritmo cosa que estaba enfureciendo bastante al elfo. Otra observación era que la conversación entre su pupila y el mago también lo estaba torturando, era mejor que le cortaran las orejas antes que seguir escuchando la enorme verborrea que salía de la boca del mago. Miraba receloso a la joven pareja, le parecía repugnante ver como la pequeña que había criado era tan melosa y romántica con ese humano, si no estuviera maniatado ya habría hecho algo para matarlos a los dos.

¿Entonces en esto se convirtió el mundo? ¿Elfos y humanos fraternizando como si cientos de años de guerra jamás hubieran pasado? ¡Los humanos mataron al rey de los dragones! Y a pesar de que tomaron venganza por ello sentía que no era suficiente todavía. Lo peor de todo era pensar que de ahora en adelante quizás las dos razas iban a unirse para tener familias, esperaba que en algún momento de su vida Rayla pudiera darse cuenta que su humano iba a morir primero que ella y muchísimo más pronto de lo que ella creía.

Escucharlos hablar le estaba colmando la paciencia, entre el ardiente sol bajo él y la caminata sin detenerse lo estaban enloqueciendo:

-Pueden parar por favor! – Les grito a lo que ambos voltearon – Sus vocecitas me están molestando!

-Oh! Eso te enoja? – Le decía Rayla en un tono sarcástico – Y qué tal esto? – A traición, tomo al joven mago del cuello de su camisa y lo acerco rápidamente a sus labios para darle un beso frente a su mentor. Runaan veía aquello y quería arrancarse los ojos, era mejor que el mago hubiera dejado que la albina lo matara.

Al menos el plan del hechicero estaba funcionando, estaba llevando el cubo nuevamente a su reino. La idea de que continuaran con su camino era tener a la elfa sola para matarla en aquella choza que le comento. Era lógico que allá no estaban sus padres, solo estaba jugando con la mente de Rayla, pero tal vez se equivocó en creer que la chica de hace un par de años que no sabía cómo actuar, ahora lo hacía con más cuidado. Esperaba que Viren cumpliera su parte del trato y le dejara matarla y liberarlo para volver con su esposo.

Rayla continuaba pensando en lo que Runaan le comento ¿Sus padres viven? No, no le puede creer ahora, lo más posible es que cuando lo entreguen a los elfos de luna volverían a embarcarse a descubrir si aquello era cierto o no ¿Y si es muy tarde? La ansiedad la estaba consumiendo, saber sobre sus padres estaban provocando en ella cierta duda en su ser; duda que era extremadamente peligrosa en ese momento. Ya le dijo a su pelicastaño que volverían a Katolis, no puede cambiar de opinión tan pronto.

-Y Runaan… - Le llamo el pelicastaño al elfo – Como era Rayla de niña? - ¿A qué se debe esa pregunta? ¿Acaso quiere entablar conversación con él? A la elfa parecía no molestarle en absoluto que el mago indagara sobre su pasado y más con la persona con la que le crio.

-Una cobarde – Dijo sin pelos en la lengua – Ya te dijo que le tiene miedo al agua?

-Já! – Rayla hizo una risa seca cuando escucho eso – Obvio lo sabe y no le molesta…

-Es triste pensar en un elfo de luna con miedo – Eso sí la molesto bastante, ella también tiene derecho a sentir temores como los demás, es alguien que siente, que Runaan sea una cosa rara sin sentimientos ni emociones es una voz muy diferente.

-Sabes algo, Callum – Conto sonriéndole de forma maliciosa – Yo creo que el caballo quiere ir un poco más rápido…

-Ni te atrevas! – Runaan asustado le grito pero Rayla hizo caso omiso sobre aquello. El elfo ya sabía que era lo que iba a hacer.

Rayla agito las riendas un poco y la bestia empezaba a ganar algo de velocidad. Runaan comenzaba a ser arrastrado más y más acelerando su paso para no caerse ni tropezarse con nada, cada vez iba más rápido el caballo y el elfo empezaba a cansarse. La albina volteo hacía atrás para ver a su tutor sonriéndole maliciosamente, estaba disfrutando ver como lo torturaba aunque fuera de manera tan simple. Volvió a darle orden a la montura de avanzar con mayor rapidez y aquello provoco que el prisionero cayera de rostro contra la arena, estaba siendo arrastrado mientras su cara y todo su cuerpo se llenaba de tierra, cerraba la boca con fuerza para que no entrara nada malo a su organismo.

La albina satisfecha de lo que hizo detuvo el paso de la montura, se giró a ver a Callum quién no paraba de mirarla un poco decepcionado de lo que había hecho. El elfo al sentir que finalmente ceso aquello se levantó como pudo, tenía que mantener su orgullo, era lo único que le quedaba después de todo.

-Te voy a matar, Rayla… - Se le notaba la ira encima pues sus fosas nasales se expandían con cada respiración agitada que daba.

Ya que no podía matarlo (y tampoco creía que fuera a hacerlo) tenía que hacerle pagar de alguna manera todo lo que le ha hecho, ella no era un ser vengativo, de hecho, siempre ha sido alguien que predispone su bien por debajo de los demás. De igual forma, todavía pensaba en lo que Runaan le dijo; sus padres… no paraba de darle vueltas al asunto en su cabeza. Pero ir a ese lugar sin una prueba digna de que le creyera era muy difícil, en un principio ir a Duren era por atrapar a su mentor, ahora que lo tenían no veía ninguna necesidad de volver a retomar el camino.

"Son mis padres…" Pensaba "Runaan jamás me ha mentido" Callum no entendía bien como se sentía ella, él al menos sabe que perdió a los suyos pero que los trato de aprovechar al máximo pero la albina tenía tantas cosas que contarles, tantas cosas que preguntarles, volver a abrazar a su mamá, volver a recibir un beso en la frente de su papá. Pero todo podía tratarse de una trampa, una en la que no quiere que su amante se vea envuelto. Decidieron detenerse un rato para descansar, tomar algo y continuar con el camino, por más que le gustara ver a su mentor sufrir no podía hacer que muriera antes de llegar a Katolis.

No era tonta, no iba a desatar a Runaan para nada, le daba agua para beber desde el frasco para que se refrescara, todavía faltaba mucho trecho. De pronto pensó que quizás él no le estuviera diciendo todo debido a la presencia de Callum, el elfo era muy reservado cuando de secretos se trataba y el mago no iba a apartarse de su lado sabiendo que los iba a dejar solos un rato así fuera. Podría pedírselo amablemente, pero obviamente se negaría o eso era lo que ella pensaba. Se fijó que cerca de donde se habían detenido había un arbusto con unas frutas un poco interesantes; parecían fresas, pero no lo eran, tenían casi la misma forma y color de estas pero quería asegurarse de que fueran lo que ella creía.

Fue hasta el arbusto y se encontró con una extraña fruta que al parecer también crecía en Xadia: "Luchis" eran extremadamente ricas, pero hasta donde sabía también eran muy peligrosas o bueno, peligrosas para los humanos puesto que estas pequeñines tenían la habilidad de dormir a cualquier persona que no fuera un elfo. Agarro unas cuantas y regreso de nuevo con su maestro y su amante. Comió una frente al mago y le mostro un rostro de placer y satisfacción ante él, le mostraba que tan deliciosa era realmente con sus gestos.

-Son muy ricas… - Decía la elfa estirándole una al mago – Pruébalas!

El mago de forma inocente creyó en ella y accedió a tomar una de aquellas frutas. Runaan sabía qué clase de fruta era pero no esperaba que realmente le fuera a dar al humano, arqueaba una ceja mientras reía agachando la cabeza para que no descubriera la trampa.

-Hey! – Decía el mago mientras se comía la primera, de verdad que era una exquisitez a su paladar y papilas gustativas – De verdad que son ricas! – Una vez que la trago le pidió amablemente a la elfa por otra pero esta se negó diciendo que a la segunda ya no sabe a lo mismo. Callum no entendió bien eso, puesto que de repente sus ojos comenzaban a cerrarse y su cuerpo se hacía como más pesado – Ray… la… - Dijo lentamente mientras se desplomaba contra el césped.

Funciono más rápido de lo que creía y esperaba que el mago la perdonara por haberle hecho aquello. Pero en serio tiene que hablar en privado con Runaan.

-Muy bien… - Arrojo el resto de las "Luchis" mientras se sentaba para estar a la par con el elfo – Qué es lo que sabes? – Le dijo con un rostro amenazante – Por qué demonios mataste a Niilo? – Interrogaba.

-Dormiste a tu novio solo para hablar conmigo? – Al parecer sus viejos hábitos de elfo de luna no habían desaparecido por completo – Eso es sucio, hasta para mí…

-Solo habla – Nuevamente le ordenaba – Por qué mataste a Niilo? – Fue más lenta al preguntarle aquello, no iba a soportar más burlas y ahora que el mago no estaba despierto para detenerla podía hacer con Runaan lo que quisiera.

Runaan exhalo algo de aire cerrando los ojos y empezó a cantar:

-Un hechicero del reino de tu humano me tuvo preso durante años en una moneda – Confesaba – Me libero pero con una atadura mágica para hacer lo que él ordena, mate a Niilo porque él me lo pidió, luego me dijo que tenía que matar al mago y a ti para que no se interpusieran en sus planes- ¿Un hechicero de la corte de Katolis? ¿Quién? El único hechicero de ese reino que ella conoce está a su lado dormido – Su nombre es Viren, es un ser muy malvado y hasta que no los mate no me va a liberar! – Espeto molesto pero al parecer Rayla le estaba empezando a creer.

-Y por qué a nosotros? – Cuestiono dudosa – Qué le hemos hecho a ese hombre?

-Entregar el huevo de la criatura más poderosa del planeta a su madre para empezar – Comentaba – Crear paz entre los elfos y humanos después… tiene razones para matarlos…

-Entonces esto es solo por venganza… - Rayla masajeaba su barbilla suavemente desentrañando todo este misterio.

El elfo le estaba mintiendo, a Viren no le importaban ni la elfa ni el mago en lo absoluto, solamente quería el cubo de runas que ellos tenían al alcance, matarlos era solo su plan personal, uno que no estaba funcionando bien.

-Y qué hay de mis padres? – Volvía a preguntarle – Por qué no me dijiste antes que estaban vivos?

-Si te lo decía no te ibas a comprometer con la misión de matar al rey de Katolis y a su hijo – Argumento y en parte tenía razón, si le decía unos días antes de partir entonces habría dejado el bosque plateado para ir a buscarlos – Al final todo fue un desastre, ya sabes cómo termino…

Rayla se encontraba en una encrucijada, quería ir a ver a sus padres, pero todavía seguía sintiendo que todo era una triquiñuela de Runaan para matarlos a los dos. Puede que todo lo tenga ya preparado para matarlos una vez que lleguen allí o también puede ser que diga la verdad, era mitad y mitad pero no iba arriesgarse con su querido mago. Debía tomar una decisión rápida; continuar el viaje hasta Katolis o ir y averiguar sobre sus progenitores.

Fijo su mirada hacía la cintura del elfo y vio como un mango de una espada resalía entre colgada en sus pantalones. Se la quitó y se dio cuenta que se trataba de la hoja de sus viejas armas ¿Cómo la consiguió?

-Y esto? – Le enseño el arma frente a sus ojos.

-Se la quite a unos humanos que la tenían en un reino cercano – Explico, al menos eso era verdad – Fue fácil… supe que era tuya.

La elfa se giró para ver a un dormido Callum tranquilamente sobre el césped. Una sonrisa melancólica se posó sobre su rostro, estaba pensando en ir a buscar a sus padres pero sin su ayuda, si alguien iba a caer en una trampa era mejor que fuera ella.

-Iremos a buscar a mis padres – Le propuso – Pero él no viene con nosotros… si es una trampa quiero al menos intentar detenerte yo sola…

Runaan no aceptaba en su cabeza ninguna palabra que su pupila soltaba ¿Ir por sus padres sin ayuda del mago? Él sabe que no hay nada allá, pero al menos le daría tranquilidad de que el joven no esté presente para interponerse en su pelea contra ella.

-Por qué no quieres que él venga?

-Porque si es una trampa no quiero que nada le pase… - Fue sincera con él – Lo amo demasiado como para permitir que algo le suceda.

Runaan ya había empezado a entender que realmente ella amaba a ese humano, sus palabras y gestos con él eran exactamente igual a los que hacía con Ethari. Si su amado esposo también estuviera en esa situación haría lo mismo, se sacrificaría para que jamás le pasara algo.

-Dime algo, Rayla… - Gano la atención de la albina – Ethari sigue…

-Vivo? – Termino su frase por él – Sí, todavía lo está… ya no hablamos como antes, pero sigue viviendo en el bosque plateado…

-Ya veo… - Susurro, estaba tranquilo al menos de que el ser que más amaba estuviera bien, no veía la hora de terminar con esto para volver a sus brazos y escapar juntos hacía una nueva vida – Si no quieres que te siga quítale el cubo que tiene – Le dijo, aún tenía que completar la misión que Viren le había puesto para ser liberado – Así podrás irlos a buscar más tranquila…

Rayla no supo cómo reaccionar ante ¿Quitarle su juguete? ¿Por qué? Sí, le dijo que era algo así como para potenciar la magia pero no que fuera una especie de rastreador pero viniendo de Callum tal vez haría todo lo que estuviera a su alcance para seguirla hasta el fin del mundo. ¿Qué iba a pasar después? ¿Volvería con él? ¡Por supuesto! Esto no era un adiós, para nada, ella tenía que enfrentar su pasado de una vez por todas y zanjarlo por completo, darse cuenta de lo que era realmente cierto ante las palabras de Runaan. Si era una trampa y lograba sobrevivir regresaría y tendría que hacer hasta lo imposible para que la perdonara por haber hecho esto.

Fue hasta donde su mago quién todavía estaba dormido, de hecho más de lo que ella creía. Acarició sus mechones de cabello castaños y le miraba con tanta tristeza de tener que despedirse de esa manera, pero era la única forma de hacerlo sin que él no estuviera en peligro.

-Nos vemos después, Callum… - Fue hasta su frente y le dio un tierno beso de despedida. Sin esperarlo el mago hizo algo por inercia y llevo su mano hasta la cabellera blanca de su elfa, todavía seguía dormido, al parecer no se había dado cuenta de nada.

-Ray… la… - Medio roncaba hablando dormido – Te… amo…

La albina apretó los labios tratando de aguantar el llanto, no podía demostrar debilidades así frente a Runaan. Fue hasta el bolso del mago y busco aquel dichoso cubo, no creía que fuera tan importante para su mentor. Miro entonces su libro de dibujos, opto que lo mejor era que se quedara con el príncipe, no quería que nada le pasara por si las cosas se ponían mal. Extrajo un pedazo de carboncillo de entre las cosas de Callum y escribió en una de las últimas hojas "No me tardare, regresa a Katolis… te prometo que voy a volver"

Quito la mano suavemente del mago que tenía sobre su cabello sin notar que algunos pelos se habían quedado pegados de la palma del pelicastaño. Exhalo aire pesadamente y fue hasta Runaan para quitarle la soga.

-Dejaremos las armas con él – Explico – Solo llevare las mías y si intentas algo estúpido lo vas a lamentar.

-Muchas precauciones, no crees? – Decía el elfo mientras se levantaba.

-Cállate y vámonos – Le ordeno a la par que preparaba el caballo para partir. Vio por última vez la figura de su humano durmiente y se sentía tan decepcionada de lo que estaba haciendo. Se montó sobre la bestia y ayudo a Runaan a que se subiera también - Si no hay nada… te matare, será lo último que te diré…

-Lo que tú digas, Rayla…

Partieron dejando solo a Callum en aquel lugar. Esperaba que ninguna bestia se acercara demasiado para hacerle daño, pero el efecto de las "Luchis" tampoco es que fueran muy duraderos, en un par de minutos despertaría normalmente y ellos ya tendrían una ventaja considerable. Ojalá que vuelva a Katolis tal y como le escribió, que no la odiara por lo que estaba haciendo y que la comprendiera en su totalidad. Encontraron nuevamente el camino y a toda velocidad cabalgaron hacia su destino, esperaba que esto fuera el final para cerrar por completo la incertidumbre de sus padres de una vez por todas.