Gui: Premio por el primer review, un review GENIAL, a Anikuni. GRACIAS, disfruta del capítulo.
Disclaimer: Agradezco a Suzanne Collins la creación de estos personajes que me fascinan. Espero que los míos no desentonen.
Nació y murió una estrella
Mentiras
Denh no trabajaba en la mina los fines de semana y Harra le dijo a su madre que saldría el sábado con él. Pero en realidad solo pretendía seguirlo.
Salió pronto, bastante antes de que llegara su madre, y se dirigió hacia la plaza en la que vivía el tío Donner. Se había dejado el pelo suelto y revuelto con la esperanza de que no la reconociesen. A aquello le había añadido un gorro que le había regalado su abuela hacía mucho tiempo, cuando aún vivía. No se lo había puesto nunca y le iba pequeño. Al intentar darle de sí lo rompió, pero le importó poco. También iba con una blusa de su padre muy sucia y se había revolcado con todo eso en la tierra del suelo. A lo mejor así parecía una chica de la Veta, aunque pocas chicas de la Veta eran rubias.
Se apostó en una esquina de la plaza con un trozo de pan que masticaría si alguien aparecía y la miraba demasiado. Y esperó.
Era casi la hora de comer cuando Harra se preguntó qué estaba haciendo. Por qué estaba perdiendo su mañana haciendo la tontería de esperar a alguien desconocido. Pero aún esperó. Media hora después decidió volver a casa. Se metió por la ventana abierta de su cuarto y se cambió antes de salir y volver a entrar, esta vez por la puerta. Garan Donner ya estaba dentro, y Denh llegó cinco minutos después. ¿Acaso había estado durmiendo todo ese tiempo?
Cuando su madre vio entrar a Denh, lo saludó.
–Qué bien que invites a Harra a salir con tus amigos.
Se hizo un silencio, durante el cual el tío Donner miró a Denh y Denh a Harra. Harra le hizo un gesto de advertencia a Denh, que frunció el ceño.
–Sí, bueno... –contestó, una coletilla sin sentido que podía pasar por una respuesta desapasionada.
El tema no volvió a salir.
Cuando se fueron los Donner, Harra tuvo que quedarse en casa por su madre. El domingo pasaba lo mismo. Tan solo fueron en familia a comer a la casa de la plaza, la del tío Donner.
Harra esperó fervientemente al sábado siguiente para seguir investigando, deseando con todas sus fuerzas que Denh Donner no durmiese hasta la hora de comer. Después de una semana en la mina no parecía imposible.
Sin embargo, la investigación provocó un cambio. El lunes, al llegar los Donner, tío y sobrino, a la mercería, Denh Donner se paró más de un segundo ante Harra.
–Tenemos que hablar–, le dijo. Dicho lo cual, hombre de pocas palabras, se fue con Fancy.
Por suerte, Garan Donner no notó la diferencia y estuvo contándole los chistes soeces de mineros de siempre mientras Harra guardaba las cintas por color y por grosor, riéndose cuando tocaba. A menudo se equivocaba en su clasificación y tenía que corregir sus gestos, volviendo la tarea más lenta y torpe de lo que solía ser.
Denh se sentó a su lado cuando el tío Donner se fue a fumar con su padre después de la cena, en la que aún no había potaje alguno.
–¿Qué hiciste el sábado por la mañana? ¿Por qué me usaste de excusa?
Harra sopesó sus posibilidades.
–¿Qué hiciste tú? ¿Acaso importa?
–Podrías pedirme permiso para que yo no acabe en situaciones indeseadas. Si quieres usarme bien como excusa más te valdría compincharte conmigo. Si llego a aparecer antes que tú y tu madre me pregunta, ¿qué habría dicho?
A Harra le asombró muchísimo que Denh Donner se preocupase por las represalias que podrían tomar con ella. Luego recordó al hermano pequeño muerto en los Juegos.
–Obviamente no te lo pienso contar.
–Y, ¿aun así quieres que te cubra?
–Es... por un chico –la mentira se le ocurrió tan rápido como pensó en Fancy. Pensar en Fancy le hizo tener una idea nueva.
–Podré exigirte un nombre si algo se tuerce –exigió Denh señalándola con el dedo.
–Vale.
–¿Lo vas a hacer todos los sábados?
Harra se mordió el labio.
–En principio sí.
Denh Donner la miró un rato muy largo. Su tío los interrumpió.
–Qué bien que os llevéis tan bien, chicos.
El juego había empezado. No solo había mentido a su madre, sino también al tío Donner.
No todos los juegos son del hambre... Ahí os lo dejo
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