Disclaimer: ninguno de los personajes de Naruto me pertenece.

Advertencia: lenguaje vulgar, violencia, lime, muerte. AU (en el mundo ninja).

Notas: los hechos son cambiados a mi gusto, algunas de las cosas del anime son respetadas en la historia, muchas otras no.

«Amé, amé y te perdí; y duele como el infierno»

Fleurie, Hurts like hell.

Hurricane

Parte I: Overcoming.

Sus labios cálidos rozaron su mejilla, sintió el calor golpeando su rostro, seguramente estaba ruborizado. Miró la sonrisa de su amante con añoro, el corazón comenzó a latirle más rápido, ¿a caso ella lo escuchaba?

—Shika —sus manos acunaron su rostro, los ojos verdes de la chica lo observaban con ternura—, debes dejarme ir.

La imagen se distorsionó, pero aún así, creía que podía sentir sus manos cálidas acariciando su cara.

—Temari.

Despertó con el corazón latiendo rápidamente, una gota de sudor resbaló de su frente. Arrugó la sábana entre sus dedos, dolía, dolía tanto.

—No puedo, mujer problemática.

Cerró los ojos con pesadez, como deseaba volver a dormir para poder verla de nuevo, al menos allí podía sentirla. Pasó saliva, se incorporó con pereza, pasó la mano por su cabello ligeramente enmarañado y suspiró. Deseaba... últimamente deseaba muchas cosas.

—Necesito un cigarrillo.

Se levantó de la cama y comenzó a rebuscar en el cajón de la mesa velador: nada. Decidió comenzar a vestirse, debía comprar más, la ansiedad lo estaba matando.

Se sentía cansado de perder gente, su maestro, su padre, su novia. El mundo le causaba asco, las personas, no podía creer que fuera tan fácil arrebatarle lo que amaba.

El aire helado golpeó su rostro, las calles de Konoha estaban prácticamente desiertas, muy pocos aldeanos la recorrían. Guardo las manos en los bolsillos del pantalón, inhaló, exhaló.

Suspiro.

Comenzó a caminar, hace mucho no salía de casa, a veces Ino, Chōji o Naruto iban a verlo, su madre había dejado de insistir hace un tiempo, ella también sufría. Muchas veces se preguntaba cómo hubiera sido tener una familia con Temari, él solo quería ser un Shinobi con una vida normal, casarse y tener dos hijos, una niña y un niño; la pequeña tendría el cabello de su madre pero sus ojos color ónix, el niño sería su viva imágen, con los ojos de Temari.

Shikadai y... aún no había pensado un nombre para la niña.

Se encontró frente a la puerta de una tienda, sin embargo no era la que buscaba. El cartel en la puerta anunciaba que estaba cerrado, algo en su interior le dijo que no era cierto. Entró algo dubitativo, que suerte, la puerta estaba abierta.

—¿Tenten? —el lugar se encontraba prácticamente sumergido en la penumbra, recostada sobre el mostrador podía lograr distinguir la silueta de la experta en armas— ¿Tenten?

—¿Uh? —los ojos castaños de la joven tardaron en adaptarse al ambiente obscuro, finalmente, logró reconocer al Nara parado junto a la puerta—. Shikamaru, ¿qué haces aquí?

—No lo sé.

Se acercó al mostrador con pereza, se apoyó sobre el mueble en donde además, se hallaba una botella de sake. Enarcó una ceja.

—¿Día difícil?

—Siempre lo es —sonrió con amargura, Shikamaru no pudo evitar hacer lo mismo—. Es el cumpleaños de Neji.

—Lo siento.

—No Shika, su muerte fue solo su culpa —sabía que era así, sabía que Neji había decidido por si solo salvar a Hinata, que ya no tenía que ver solo con su deber en el clan. El Hyūga se redimió de esa forma, en silencio, pidiéndole perdón a su prima por todos los años de maltrato—, iré con Lee a llevarle flores, junto con Metal Lee y Sakura.

El pequeño Metal Lee tenía al rededor de cuatro años, un año más que la mayoría de los hijos de sus amigos, tenía gracias a Kami, los rasgos de su madre, aunque el color de ojos de su padre predominaba increíblemente.

Cuando Sasuke decidió «declararse» a la chica Haruno, había sido demasiado tarde, el amor propio era algo que definitivamente la pelirosa necesitaba, y gracias a Lee, había aprendido a no esperar que nadie la amara solo por conveniencia (revivir a su clan), si no que por lo que ella era: una maravillosa mujer.

—¿Quieres venir? —como le gustaría tener esa libertad de dejarle flores a su Temari, pero ella estaba lejos, en una tumba en la Aldea oculta entre la Arena.

—Si.

Hurricane

La familia Uzumaki-Hyūga ya se encontraba frente a la tumba, con un pequeño ramo de girasoles en las manos del pequeño Boruto.

Por otro lado, el pequeño Metal Lee sujetaba con fuerza la mano de sus padres, preguntando por momentos, más sobre aquél ninja que tan heroicamente, había dado su vida por la aldea.

Al final solo quedaban ellos dos, dos almas solitarias en espera de que la muerte los reúna con sus seres amados.

—¡Feliz cumpleaños, Neji! —Lee regaló una sonrisa enorme a la lápida frente a ellos, con lágrimas asomándose en sus ojos.

Nadie dijo nada hasta que fue hora de irse, al final, solo quedaron ellos dos frente a la tumba.

—Lo lamento Shikamaru, sé que no importa cuánto me disculpe.

—Nunca pensé que fuera tu culpa —se quedaron en silencio, observando la tierra, él Nara deseo haber ido a comprar sus cigarrillos e ignorar aquella corazonada. Pronto sintió una mirada pesada a sus espaldas, volteó y se encontró con un anbu observandolos, o eso suponía, su máscara felina volvía confusas sus acciones.

—Lord Hokage lo solicita —extendió un pergamino hacia él, en cuanto dió el comunicado desapareció en una nube de humo.

Colocó una mano sobre el hombro de la castaña, eso fue suficiente para que comenzarán a caminar nuevamente hacia la tienda, dónde se despidieron prometiendo que se verían otra vez, mejor lamentarse en compañía de alguien más, pensó.

Llegó a la torre Hokage, fue recibido por Ino, Lee y Kiba, junto a Kakashi, la misma persona que había llevado el pergamino hasta el cementerio.

—Lamento por la tardanza, Hokage-sama —se inclinó levemente, se unió a sus compañeros quienes se mostraban tan confundidos como él.

—Es una misión sencilla, deben escoltar a un comerciante hasta la Arena, la razón por la que solicitó escoltas es que consigo carga una reliquia del clan Gin —les otorgó una mirada seria—, como ya saben, este último tiempo, muchos clanes han sido atacados únicamente para robarse objetos importantes para ellos —señaló con la palma de su mano al anbu a sus espaldas—. Por eso, ella los acompañará desde lejos, Ino, tú irás con ella, serán los refuerzos en caso de que algo suceda, son personas peligrosas —el anbu desapareció por la ventana—. El comerciante los espera a las seis AM, en la entrada; sin más que agregar pueden retirarse.

Cuando se encontró fuera de la torre, Ino se acercó a él, algo dubitativa.

—¿Shikamaru? —la rubia le sonrió levemente, con tristeza, creyó— ¿Quieres ir a cenar a lo de Chōji? Iré con Sai e Inojin, él... él quiere ver a su tío.

Le sonaba más a un vil chantaje, pese a eso, asintió. Acordaron verse allí, y el Nara no pudo evitar sentirse feliz cuando por fin logró estar frente a la tienda; con su cajetilla en mano, volvió a caminar por las calles de Konoha. Se detuvo frente a Ichiraku, encendió un cigarrillo, y observó fugazmente el cielo, el sol comenzaba a esconderse. Sólo había ido por unos cigarros, ¿por qué diablos había tenido que tardar tanto?

No retomó su camino hasta que la primera colilla cayó.

Se preguntó cuanto tardaría la muerte en ir a buscarlo, extrañaba a la rubia problemática, nadie sabía cuánto lo hacía realmente.