Gui: Unas palabritas más.

Disclaimer: Agradezco a Suzanne Collins la creación de estos personajes que me fascinan. Espero que los míos no desentonen.


Nació y murió una estrella


Investigación

Harra perfeccionó su atuendo, sus entradas y salidas, y las horas. La semana siguiente no fue a casa de Denh sino a casa de Fancy. Vio salir a muchas chicas Wood, incluso a Bris un momento, para regar las plantas de la entrada, pero nada más. El sábado de después salió a investigar más lejos. Estaba a punto de rendirse cuando vio a Fancy y a Denh salir con un chico más de una casa desconocida. Siguió un poco a todos antes de darse cuenta de que el chico volvía a entrar, Denh acompañaba a Fancy y seguramente iría después a su casa. Así que echó a correr hacia casa. El encuentro le dio fuerzas para seguir con sus pesquisas.

El martes que siguió pasaba por el Distrito 12 el vencedor de los Juegos, Donald, del Distrito 6. La asistencia era obligatoria. El tío Donner iría con ellos, así como su madre. Harra dijo que iría con Denh y eso intentó hacer. El chico no estaba con Fancy, con la que estaba Harra, puesto que salían de la mercería. Lo buscó al azar hasta que se le ocurrió acercarse a un grupo de jóvenes mineros. Sonrió al verle entre ellos.

Prestó poca atención al discurso del chico del Distrito 6, sólo intentó acercarse al grupo de Denh Donner. Las palabras que resonaban por los altavoces no eran más que un impedimento para que sus oídos captasen las conversaciones de los jóvenes adultos. Cuando se fue el vencedor la gente empezó a dispersarse y Harra se pegó al grupo de mineros. A alguno lo conocía del colegio. Cuando reconoció a Gast P. decidió que era mejor acercarse.

–Ostras, Gast.

–¡Harra! –ese era Denh.

–Hola Denh –contestó ella. Pero volvió su atención a Gast P. – ¡Cuánto tiempo!

–Harra, ¿cómo te va?

Charlaron un rato de todo un poco y Harra consiguió enterarse de que Gast P. estaba al mando de los ascensores de la mina, junto con Denh.

–Se supone que tienes que certificar que no queda nadie abajo antes de cerrar, o sea que también implica meterse en medio cuando hay accidentes, pero nunca hay, –dijo, haciendo que el mal pensamiento se esfumase con su mano.

–Alguna vez–, intervino otro chico, muy alto, que parecía mayor y que tenía pinta de haber sobrevivido a alguno de esos accidentes.

Harra consiguió que Gast P. la invitara a una fiesta el viernes por la noche. Así sí que podía trabajar, tenía algo a lo que aferrarse. A sus padres les haría gracia que hubiese retomado contacto con aquél simpático muchacho.


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