Disclaimer: ninguno de los personajes de Naruto me pertenece.
Advertencia: lenguaje vulgar, violencia, lime, muerte. AU (en el mundo ninja).
Notas: los hechos son cambiados a mi gusto, algunas de las cosas del anime son respetadas en la historia, muchas otras no.
«Dijiste que nunca me dejarias,
te creo, creo...que puedo sentirte a mi alrededor.»
Flyleaf, All around me.
Hurricane
La lluvia había comenzado a caer, muy ligera. Su rostro se encontraba algo húmedo, por las lágrimas y por la llovizna.
A unos metros, Ino se encontraba curando a Kiba, quién no hacía más que emitir débiles quejidos, no era un dañó severo, sin embargo parecía doloroso. Lee, por su parte, se encontraba caminando de manos al rededor del campamento, se preguntó cómo le quedaba energía para ello.
Una silueta se posó frente a él, lo miraba desde arriba, o eso creía, la máscara seguía confundiendolo.
—Arruinaste la misión —regañó. El comerciante mostraba una actitud neutra, no había dicho nada después del ataque. El anbu, suponía, se encontraba muy molesto—. Es una regla básica, no debes dejar que tus sentimientos se interpongan.
Se lo había repetido tantas veces.
[Momentos antes]
Hace un tiempo los estaban siguiendo, Akamaru los había detectado un tiempo después de que salieron de la aldea. Se mantenían atentos, pero trataban de actuar con normalidad. No fue hasta que un kunai explosivo dió de seco contra un árbol frente a las narices del joven con cabello en forma de tazón, que todos sus sentidos se pusieron completamente en alerta.
Intentó pensar algún tipo de estrategia que les diera la ventaja. Nada, se encontraba sumergido en la mierda.
La explosión no fue grande, solo fue una distracción para que más de una decena de shurikens volaran hacia ellos.
—¡Katon: Hōsenka Tsumabeni! —las shurikens se vieron envueltas en fuego, la persona que había pronunciado el ataque, saltaba desde una rama seguido por un grupo de otros hombres.
Seis atacantes, contados, solo había una mujer en el grupo, se veía algo mayor, sin embargo se mostraba intimidante, en su espalda cargaba algo que él lograba reconocer a la perfección.
—Si nos dan lo que buscamos, prometemos no dañarlos mucho —manifestó la mujer. Lee y Kiba se pusieron en posición de pelea.
—Si así lo quieren —su voz sonó falsamente lastimosa—. Zen.
—Tenrō Kaken —de la palma de su mano brotó una llamarada en forma de espada, intentó atacar a Lee quien lo esquivo con facilidad para luego patear su espalda y arrojarlo al suelo, el jutsu se deshizo.
— Juujin Bunshin, ¡Gatsūga! —Kiba y Akamaru se lanzaron hacia la mujer en forma de torbellino.
—Doton: Iwa no Dōmu —otra voz masculina, e inmediatamente, un domo de tierra cubrió al hombre y a la mujer. Kiba chasqueó la lengua en cuanto el jutsu se deshizo, iba a ser una pelea complicada.
Mientras la batalla daba a lugar, el azabache quedó paralizado, observando el abanico enorme que colgaba en su espalda, la mujer lo miraba con una sonrisa soberbia; como si supiera que aquello le dolía.
—¡Shinrashin no jutsu! —uno de los hombres comenzó a atacar a sus propios aliados, finalmente, sus refuerzos hacían acto de presencia.
—¡Kaze no Yaiba! —no vio que nada saliera de las manos femeninas del anbu, sin embargo, su asombro no se hizo esperar cuando uno de sus enemigos gritó de dolor ante su ojo perforado.
Poco a poco, los gritos y las personas se volvieron lejanos junto a todo el ambiente en general, todo excepto aquella mujer de mirada gélida y cabellos blanquecinos.
Un cuerpo cayó pesadamente contra el suyo, derribandolo. El anbu se encontraba sobre él, y no fue hasta que escuchó un quejido brotar detrás de la máscara, que descubrió que lo había salvado, tenía dos kunai incrustadas en la espalda.
—Estúpido.
Fueron salvados por el Inuzuka y Lee, lograron sacar ventaja gracias a ellos. La reliquia seguía en manos de su protegido, quién se había mantenido a salvo gracias a la chica Yamanaka, pero la lucha le había costado una herida a Kiba y a la mujer enmascarada.
Se habían ido, pero sabían que eso no los detendría por mucho.
Lo único que pensó en ese momento, fue en que ese abanico debía ser suyo, era lo único que quedaba.
[Actualmente]
—Me alegra saber que la misión fue completada con éxito a pesar del...incidente —el peliplata recibió el pergamino con calma, se hallaba rodeado de carpetas, estaba ansioso de que su cargo terminara y Naruto fuera finalmente aceptado—. Pueden retirarse.
Lee fue el primero en salir, cuando estaba a punto de hacerlo, Kakashi lo detuvo.
—Shikamaru —no volteó, se quedó bajo el umbral de la puerta—. Debes dejarla ir.
Fue la primera vez que alguien además de su conciencia se lo decía, deseo fuertemente que fuera así. Al menos de esa forma, su recuerdo no lo atormentaría por las noches.
—Lo sé, Hokage-sama.
El viento frío golpeó su rostro, un buen día para dormir una siesta. No tuvo tiempo de alejarse más de dos metros de la torre Hokage, una figura se posó frente a él. No la reconoció, estaba seguro de no haberla visto nunca, parecía ser más joven que él.
—Eres un imbécil —vaya, que buen modo de conocer a alguien. Tenía el cabello castaño obscuro cayendo en cascada sobre sus hombros, sus ojos negros lo miraban con furia—. No puedes quedarte paralizado en medio del campo de batalla, ¡pudieron matarte!
Entonces, como si fuera lo más obvio del mundo, su mente hizo click.
—No te dije que debías salvarme —la muchacha pareció descolocada por la respuesta, apretó sus puños y casi logró convencerlo de que lo golpearía.
—Deberías agradecerme que haya salvado tu horrible trasero —se cruzó de brazos y lo miró con soberbia—, eres un inepto.
Que mujer más problemática.
—¿Es todo? —revolvió sus bolsillos en busca de su cajetilla.
—No, yo... —sus mejillas se ruborizaron, que extraña que era—. Quería saber si, ¿estás...bien? —formuló la pregunta con un hilo de voz, pero de todas formas la escuchó.
—¿Cómo? No escuché —se hizo el desentendido, encendió un cigarrillo y la miró, esperando que volviera a formular la pregunta.
—Olvídalo —saltó hacia un tejado, dispuesta a marcharse—. Diría que fue un gusto conocerte, pero sería mentira.
—Gracias por preocuparte —se sintió algo patético de que alguien fuera de su círculo social también notara su estado. La joven no respondió, se había ido.
Se rascó la nuca, le dió una calada a su cigarro y emprendió su vuelta a casa. Necesitaba descansar después de esa misión, ya tendría tiempo de preguntarle a Tenten sobre el abanico.
Hurricane
Notas finales del capítulo.
En primer lugar, es la primera vez que narro una «pelea», así que perdón por el modo en que está planteada la escena. Ya no actualizaré en wattpad, no ha tenido el impacto que esperaba.
Por último, la historia va a avanzar lento, así que paciencia.
Sin más que decir, me despido.
Matta Ne!
