Gui: He tenido unos diez días de ausencia, así que voy a publicardos capítulos ahora mismo y uno mañana. Porque hay que mantener el suspense.
Disclaimer: Suzanne Collins hablaba del PTSD, yo tiro al romance; cuanto más, mejor.
Nació y murió una estrella
La cosecha y los Juegos
Harra tenía cinco meses por delante, antes de que en la panadería sobrasen sus manos. Sus horarios no eran los mismos y veía al tío Donner y a Denh una vez en casa. Las cosas no iban bien. Denh conseguía a diario que le pagasen por vaciar trenes de mercancías del capitolio, o de otros distritos. A veces, ropa, otras, material escolar, a menudo, comida. Él era quien llevaba los sacos de harina a la panadería.
El tío Donner estaba taciturno. Los mineros le hacían el vacío y cada día iba perdiendo la ilusión, el buen humor, cosa que el padre de Harra no dejaba de hacer notar. Los sábados era menos directo, porque su mujer le adulzaba el ambiente, pero el resto de la semana no era amable. Harra sufría por la situación. Y ni en sus mejores días Denh habría sido capaz de animar el ambiente. A medida que el ambiente se cargaba, se acercaba la cosecha. Día temido. Día terrible.
La panadera, Beta Hawk, lloró toda la noche anterior. A ese mundo traía a su bebé. Garlic Mellark no era capaz de consolarla, quizás porque se sentía de la misma manera. Harra intentó como pudo decir que los Juegos afectaban a un niño al año (por sexos). Las posibilidades eran ínfimas. ¡Ellos tres habían sobrevivido! No sirvió de mucho, pero fueron capaces de hacer pan y venderlo por la mañana. Por lo menos.
Cuando salía para la cosecha, vio a Denh Donner en la puerta. Con muy mala cara.
–Fancy se va a casar con ese idiota de Finch.
Vaya sorpresa.
–¿Por qué?
–Porque está embarazada.
Harra se quedó en silencio. Cuánto peso de significado en tres palabras. ¿Desde cuándo? ¿Quién era el padre? ¿Quién había decidido ese enlace? ¿Era impuesto?
Y la más importante: ¿cuánto le afectaba a Denh?
Echaron a andar. Por fin Harra reunió el valor para preguntar.
–¿Has hablado con ella?
–Sí, claro, nadie sabe que está embarazada.
–Vaya un día para aprender algo así.
Denh la miró de una forma extraña, como con esperanza. Siguieron hasta la plaza y se colocaron como pudieron, ni en la primera ni en la última fila, y observaron el redil de niños, en una búsqueda silenciosa por saber si conocían a alguien con edad de ir a los Juegos.
Les dieron la bienvenida a los 32º Juegos del Hambre, treinta y dos años ya asistiendo a esa barbarie. Sus propios padres incluso habían participado, votando a niños en el Vasallaje de los Veinticinco. Vaya un día, y una época.
Eligieron a la niña y era toda escuchimizada, desnutrida, de la Veta. Empezaron los llantos. El niño otro igual, un poco más joven. Morirían como los demás.
–Me temo que conozco a los padres de los dos –dijo Denh, con el ceño fruncido.
–Lo siento por ellos.
–Algún día nos tocará a nosotros...
Harra no lo entendió, y Denh no quiso explicarlo más. El pesimismo era natural, pero no le encontraba el sentido a ese "nosotros". Denh ya había visto morir a su hermano en los Juegos, y no sería la primera vez para él. Además, no sabía si tenía que entender que serían hijos de ambos. O qué.
–¿Qué te ocurre, Denh?
Él la miró desesperado.
–¡Que no sé qué voy a hacer!
Y se echó a los brazos de Harra, con emoción contenida en un abrazo sorprendentemente fuerte. Se aferró a ella.
Los días de los Juegos. Interminables, acalorados. Días deprimentes. Días de autoengaño. Harra siempre había mirado los Juegos como una película lejana. Cada año representaba el no estar allí. Y desde que se había librado se sentía del todo fuera del asunto. Pero a Denh le afectaba.
Fue a verlos con él. El desfile, las entrevistas, los colores y la felicidad, las cosas más brillantes eran lo que más le afectaban.
Además, no podía ni ver a Fancy. Le dolía. Y Harra estaba ahí, así que se aprovechaba del asunto.
Como no trabajaba a penas, Denh se tiró todos los Juegos mirando la pantalla en casa del tío Donner. Harra pasaba a verlo al salir de la panadería, a horarios que nadie tenía, como siempre ocurre con los panaderos. Por casualidad, estuvo con él cuando murió la Tributo chica del 12. Él lloró contra su cuello. No vio la muerte del chico.
Yo no sé vosotros pero soy fan de esta gente.
Gui
SdlN
