Gui: Y este capítulo viene pisando fuerte.

Disclaimer: Suzanne Collins hablaba del PTSD, yo tiro al romance; cuanto más, mejor.


Nació y murió una estrella


Explosión final

Harra y Denh estaban de nuevo en buenos términos para el final del año. Su reconciliación había tardado, porque Harra estaba muy ocupada en la panadería, en hacer notar su utilidad, para que no la despidiesen también. Pero cuando Beta Hawk llevaba un mes dándole de mamar al bebé, un niño de pelo rojizo, rollizo y con aspecto de tener buena salud, le dijeron a Harra que a la semana se iría.

Por su lado, Denh había estado ayudando a reparar la Aldea de los Vencedores, una inversión del Capitolio para infundirle al Distrito 12 algo de energía para los Juegos. Como prácticamente nadie había usado las casas, las obras acabaron bastante rápido y volvió a estar en búsqueda de trabajitos.

Un miércoles, después de la comida, y cuando el padre de Harra y el tío Donner volvieron a la mina, empezaron a hablar. Se contaron chistes y rieron. Se pidieron perdón por haberse gritado estupideces. Sin comerlo ni beberlo terminaron mencionando los primeros días de su relación, cuando no sabían nada el uno del otro.

Denh tenía especial curiosidad por entender cómo se había escapado Harra de casa para hacer creer a su madre que pasaba el tiempo en el que él se veía con Fancy, y a veces alguien más, con él.

Harra admitió que había sido arriesgado.

—¿Qué hacías en vez de salir con mis amigos?

No le iba a decir que le intentaba seguir. Mentir un poco a todo el mundo, esa era la idea. Nadie se da cuenta.

—Salir a la aventura —insinuó, con una sonrisa de medio lado.

Denh se acercó interesado.

—¿Qué tipo de aventura?

Demasiado cerca. Harra giró la cabeza tan rápido que se hizo daño en el cuello.

Se frotó la zona en silencio, intentando disimular el gesto, y mirando a lo lejos intentó contestar.

—Ya sabes, ser libre, hacer cosas prohibidas, satisfacer curiosidades, conocer gente poco decente...

Todo lo que decía le parecía una gran estupidez. Denh contestó otra. No se miraban, no se hablaban, se sentían. Demasiado cerca, y sin embargo no se tocaban. Podrían haber estado en dos salas distintas de la casa sin cambiar su separación, pero sentían atracción. Harra estaba segura de haber oído la respiración entrecortada de Denh.

Si se mirasen, todo les caería sobre las cabezas. La tensión extraña, las amabilidades, el llanto, las risas, las dudas... El aire contenía la respiración: si no se mirasen, no habría historia. Y podría no haberla, podrían separar las huellas de sus caminos sin trazar, salir adelante con otras historias, tan buenas, tan malas como esta. Igual no lo sabían, no tenían imaginación suficiente. Igual fue la curiosidad, porque murieron todos al final. Fuera quien fuere se miraron, se miraron, se miraron y se besaron, como inseguros, sin saber que estaba hecho al haberse mirado. Dos imanes funcionan igual. Parecían haber tenido elección, por un instante. Por un segundo, el esbozo de una vida mejor podría haberse dibujado... Pero, ¿por qué sería mala su historia? Cada cual tiene sus tragedias.

La tienda de golosinas fue idea de Harra, en los primeros meses, esos en los que Denh habría hecho cualquier estupidez por ella. Por suerte las ideas de Harra no eran estúpidas y la tienda de golosinas no tardó en llenarse de niños.


En realidad es una historia cortita y simple, a mí me gusta cómo está narrada. No porque la haya escrito yo, claro...

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Gui
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