Gui: Me gustan los momentos felices. Os dejo un capítulo más, porque soy una impaciente.
Disclaimer: Suzanne Collins hablaba del PTSD, yo tiro al romance; cuanto más, mejor.
Nació y murió una estrella
Las niñas
Harra y Denh se casaron antes de abrir la tienda. La gente quería llevarles algún tipo de regalo, y ellos pidieron cosas útiles para el proyecto. Se instalaron en la casa de la plaza del tío Donner y éste se fue a vivir con el padre de Harra, siguiendo órdenes de la madre de Harra. En un inicio, la tienda de golosinas no era más que el salón, pero poco a poco, fueron acumulando dinero para construir una verdadera tienda adosada a la casa.
Harra se quedó embarazada poco después y dio a luz a un niño precioso, pero débil. Denh se deprimió, viviendo de nuevo los horrores de los Juegos que salpicaban los años. Llevaba la tienda taciturno. A los niños les daba miedo ir a comprar golosinas.
Harra intentó recordarle la razón de la tienda: compensar a los niños por el sufrimiento. Nada pudo hacerle cambiar de opinión.
El niño no sobrevivió al año por culpa del invierno. Las obras de la nueva tienda habían abierto una rendija en el muro de la casa que tardaron en encontrar y el carbón no calentaba la casa. El niño se acatarró de mala manera y murió con apenas seis meses. Denh se emborrachó como nunca, lleno de culpabilidad. Harra le escuchó decir que había matado a su hijo pensando en la muerte de niños, que no le había dado suficiente amor, y que su mal humor le había debilitado hasta el punto de no poder soportar un catarro. Harra sabía que muchos niños morían en invierno y se hizo la dueña de la situación. Puso todo su empeño en atraer a Denh a su cama; un clavo saca otro clavo.
Cuando nacieron las gemelas, Harra estuvo muy cansada, pero a Denh se le iluminó el rostro. ¡Nunca estarían solas!
Su actitud cambió radicalmente. Empezó a sonreírles a los niños, a darles regalitos, jugando a que Harra, que lo sabía todo, no se enterase. Se hizo amigo de niños pequeños y mayores. Cuando se portaban muy bien, pero tenían cara de curiosos, les hablaba de sus gemelas. Si querían tener el honor de verlas, ¡tenían que ser unos clientes inmejorables!
–¿Y cómo consigue distinguirlas, señor Donner? –preguntaban a menudo.
–Una tiene unas alas de mariposa a la espalda, y la otra una hermosa cola de gato…
Los niños, las bocas llenas de oes y aes, se quedaban fascinados con el señor Donner de la tienda de golosinas, que sin duda alguna era alguien distinto del antiguo señor Donner, taciturno. Algunos tuvieron incluso el privilegio de conocer a las gemelas. Una se llama Kephanie, y no tenía alas de mariposas sino un atuendo verde. La otra se llamaba Maysilee y vestía de naranja.
Eran realmente muy pequeñas, demasiado para comer siquiera golosinas.
Demasiado pequeñas, pero vivitas y coleando. Aquí empieza lo bueno.
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Gui
SdlN
