Disclaimer: ninguno de los personajes de Naruto me pertenece.

Advertencia: lenguaje vulgar, violencia, lime, muerte. AU (en el mundo ninja).

Notas: los hechos son cambiados a mi gusto, algunas de las cosas del anime son respetadas en la historia, muchas otras no.

«Así que arrástrame al infierno si eso significa que puedo tomar tu mano.»

BMTH, Follow You.

Hurricane

Al amanecer, el grupo se reunió en las puertas de Konoha, Lee se encontraba haciendo flexiones con una mano; Shikamaru observaba las pocas nubes que se arrimaban en el cielo luminoso, era una buena mañana; por su parte, la femenina del equipo se hallaba observando las grandes puertas, hace mucho tiempo no salía de misión, inhaló el aire fresco, sentía que todo era un poco más maravilloso ese día.

La brisa removió sus cabellos, cerró los ojos disfrutando el momento. Su momento de paz se vio interrumpido por la repentina llegada del ninja copia.

Shikamaru soltó un pesado suspiro, preguntandose que famosa excusa daría ahora.

—Lamento haber llegado tarde, me crucé un gato negro en el camino y tuve que tomar el sendero largo —los tres presentes lo miraron sin creerle, ¿cómo olvidarían las legendarias llegadas del Hatake?

—En marcha —Shikamaru comenzó a caminar hacia la salida, la castaña deseo que les esperara una misión más tranquila que la de hace unos años, la piel se le erizó.

Nendo los recibió con una ligera llovizna, aproximadamente dos días después de su partida. El viaje habría sido sumamente silencioso de no ser por la personalidad alegre de Lee, quién no podía evitar parlotear con la joven castaña que a penas tenía tiempo de soltar una palabra antes de que la conversación tomara un rumbo nuevo. Shikamaru se limitaba a hacer comentarios de vez en cuando mientras que el ninja más experimentado del equipo se dedicó a leer su libro favorito.

En la entrada de las aguas termales, que más tarde descubrieron que se les llamaba «Hotel Wabi Sabi» (muy conocido por sus aguas termales) se encontraba un pequeño hombre rechoncho de barba espesa y sonrisa amigable. El señor Satō los condujo hacia sus habitaciones para que pudieran acomodarse y comenzar con su misión.

No fue hasta que el sol comenzó a caer que Tenten camino hacía la habitación de sus compañeros

En el fondo del pasillo, una figura masculina reposaba junto a la ventana, lo analizó por unos instantes antes de golpear la puerta y ser recibida por el Nara.

Le dió una última mirada, sus cabellos rojizos resaltaban a causa del atardecer, su silueta se dibujaba en el suelo, era alto y algo delgado. Decidió ignorar aquella corazonada extraña y entró a la habitación.

—El señor Satō nos trajo los planos del lugar —el joven azabache no espero que la castaña se acomodara, estaba ansioso, durante el trayecto las manos le sudaron ligeramente a causa de su estado emocional. Tenía aquel presentimiento de que las cosas no saldrían bien, pero no podía evitar sentirse optimista, la última vez habían salido bien parados, quizás, con un poco de suerte, podrián ganar—. Lo mejor es pasar desapercibidos, es más fácil rondar por los pasillos siendo huéspedes o empleados sin llamar la atención.

—Unas mini vacaciones —

sugirió divertido el Hatake, los tres lo miraron mal, sonrió bajo su máscara con nerviosismo—. Veo que el clima no está para mis bromas.

El Nara carraspeó en un vano intento de disipar la tensión del ambiente.

—Cómo decía —señaló lo que parecía ser el bar del hotel, llevaron su atención al punto indicado—. Allí, hay una repisa cubierta en cristal, está lo que ellos dicen su reliquia.

—¿Por qué dicen? —cuestionó la castaña, algo indignada por la falta de valor hacia el objeto más preciado de aquella familia.

—Bueno —el estratega se rascó la mejilla, «que problemático» pensó—. Es su primer Yen.

El Team Gai no pudo evitar poner la cara de póker más grande que se le permitió a sus facciones. ¿Había que cuidar un simple billete?

¡Que bajo habían caído!

«Pero el deber es el deber» se recriminó Lee, con fiereza en los ojos (o fuego brotando de ellos, más bien), se golpeó el pecho con un puño en un gesto totalmente dramático.

—¡Cuídare esa moneda aunque se lo último que haga! ¡Yosh!

La fémina del grupo suspiró, una sonrisa divertida brotó de sus labios ante la expresión aburrida de los otros dos.

—Algunas cosas no cambian —sus ojos divagaron por la habitación, buscando algo (a alguien) que sabía que ya no estaba allí—. Neji...

La voz de Shikamaru sonó lejana, su labio tembló, el pecho se oprimió, ¿a caso hacía calor? Su respiración se volvió algo irregular, no podía evitar sentir que todo le daba vueltas. Ah, ¿por qué el pecho dolía tanto?

—Tenten.

¿Iba a morir de una forma tan patética? Por un simple dolor de pecho.

—¡Tenten!

«Si hubieras hecho algo Neji no habría muerto»

—¡Oye! —el no muy amable pellizco del Hatake la sacó de su transe — ¿Qué mierda?

La respiración comenzó a regularse, un suave hormigueo comenzó a recorrer sus manos y sus piernas.

—Te pregunté si lo habías entendido —Shikamaru a pesar de tener un tono molesto en su voz, no podía evitar verla con preocupación, por un momento, el rostro de la joven se había tornado sumamente pálido, parecía de papel.

—Si, yo entendí.

—De acuerdo —la observó no muy convencido de sus palabras, y tras unos minutos de pesado silencio todos se equiparon con sus audífonos para mantenerse en contacto en lo que daban un vistazo rápido en el hotel para asegurarse de que no hubiera nada extraño. Posteriormente el Nara tomó su bolso y se lo colocó sobre el hombro.

—¿Dónde vas? —inquirió la castaña.

—A tu habitación, ya te lo había dicho.

—¿Eh?

Hurricane

La noche anterior a salir de la aldea, no había podido evitar pensar que sería difícil para ella, desde la guerra no había pisado la puerta de Konoha más que para recibir a alguno de sus amigos. Se tocó la nuca, frotó ligeramente, con suavidad.

Estaba muy tensa.

—¿Qué sucedió? —el Nara ingresó a la habitación dejando su bolso en el suelo, la observó desde la puerta con una expresión que ella no había visto desde el funeral de la kunoichi de la arena.

Debía reconocer, que a pesar de haberse convencido mentalmente que ambos lo habían superado, internamente sabía que no era así. Aunque ahora podía salir con sus amigos, tener citas o entrenar sin ninguna culpa, había días que lograba divisar al fantasma de Neji atormentandola desde las sombras.

—Hay días en los que me siento estancada, Shika -murmuró con pensar, escondiendo el rostro entre sus manos. El azabache se sentó a su lado luego de unos segundos, meditando algunas palabras que sirvieran de confort, vaya, que problemático era lidiar con los sentimientos de una mujer.

A pesar de sus intentos, las palabras no parecieron ser suficientes para brindarle consuelo, optó por simplemente acariciar su espalda, trazando circulos. La fémina apreció el gesto en silencio, sintiéndolo extrañamente familiar, el ambiente se puso tenso, por alguna razón, su cuerpo se puso tenso de repente.

Un carraspeó desde la entrada alertó a ambos shinobis, el Nara detuvo sus caricias, intentando recomponerse de la situación que se había tornado incómoda.

—Kakashi —Tenten se sintió aliviada de ver a su amigo, cómo si aquella situación se hubiera transformado en un martirio. El joven a su lado no pudo evitar sentirse ligeramente ofendido por el tono de voz y la familiaridad con la que la morocha se refería al ex-hokage— ¿Ya es hora?

El albino asintió levemente.

Luego de darle un vistazo rápido al lugar, se colocaron en sus puestos sin intención de dejar de estar alerta. Lee se encargó de atender algunas mesas con un gracioso traje tradicional típico de la zona en el área del bar, de color cobrizo con una especie de delantal rodeando su cintura. El Hatake, no muy lejos de ahí, se hallaba en recepción entregando las llaves de las habitaciones.

Shikamaru le permitió a Tenten sujetar su brazo con fuerza mientras deambuleaban por el hotel, vestían unas yukatas patéticamente combinadas, como si fueran una pareja recién casada, se dirigieron a la zona de las aguas termales, el Nara le dedicó una mirada que ella supo interpretar como que era momento de inspeccionar individualmente. El hombre camino con pereza hacia el bar, seguro de que probablemente sería mejor que dos vigilarán la insulsa reliquia. Por su parte, la femenina se movió sigilosamente hacia las aguas, al abrir la puerta se topó frente a frente con un torso no muy fornido.

Levantó la cabeza con timidez y rápidamente observó sus pies, el mismo hombre que había visto en el pasillo, pensó.

—L-lo siento -intentó zafarse del camino del pelirrojo, sin embargo este no se movió ni un centímetro de la puerta. Volvió a levantar la mirada, encontrandose con unos ojos lavanda que la examinaban cuidadosamente.

—La culpa fue mía —no recordaba haber oído en su vida una voz tan profunda, un no muy sutil escalofrío recorrió su espalda— ¿Señorita...?

—Eh...Miyuki —una sonrisa nerviosa adornó sus labios—. Descuida, si tan solo...

—¿Quiere hacerme compañía?

—¿Disculpe? —no pudo evitar pensar que aquél hombre era sin duda un desvergonzado, sus mejillas se colorearon de un rojo más intenso.

—Las aguas termales son mixtas.

Esa fue la segunda sorpresa del día, ¿por qué debía de ser tan descuidada?

—Bueno —no vió como opción rechazarlo, de todas formas debería de ir hacia allí—. Claro.

Hurricane

El reloj marcaba las doce de la noche y no había señal alguna de los supuestos atacantes, bebió un sorbo de su bebida, no había visto a su amiga castaña desde que se separaron, no se habían comunicado por lo que supuso que no halló nada igual que ellos.

No fue hasta que las agujas del reloj indicaron cinco minutos tras la medianoche, que se escuchó un enorme estallido por las aguas termales. Todos sus sentidos de pusieron alerta, la gente comenzó a moverse con desesperación en cuanto más cercanos se oían los ruidos de lo que parecía ser una batalla.

Junto con Lee se encaminaron hacia el patio interior que conectaba la zona de relajación con el bar, pudieron divisar entre el polvo y el humo, como la figura de su compañera se alzaba en el aire. De sus pergaminos brotaron algunas armas en dirección hacia otra silueta que se levantaba con gracia entre los escombros, aquel cabello rojizo no podía pasar desapercibido, era el mismo que había utilizado técnicas de elemento fuego para atacarlos.

Otra explosión, o eso creyeron, un cuerpo masculino atravesó las finas paredes de recepción hasta donde ellos se encontraban, a lo lejos pudieron divisar a Kakashi, con la máscara a medio bajar y la respiración agitada. Poco a poco, más hombres se sumaron a la batalla.

Los habían visto, supuso. Lo lógico era que ellos de igual manera estuvieran estudiando el campo, no eran estúpidos. Si iban a atacar un lugar específico, seguramente debían de saber cómo era, cuántas personas solían circular, o si alguien se encargaba de cuidarlo.

Y si bien, habían tratado de pasar desapercibidos interpretando roles de simples civiles, era difícil no notar como caminaban por los pasillos de manera insistente, observando minuciosamente cada rincón del hospedaje.

—Konoha Gōriki Senpū! —Lee golpeó fuertemente a uno de los sujetos que se acercó a ellos con intención de atacarlos con una Kunai, dió un rápido giro en el aire y volvió a golpearlo de seco en el rostro, cayó estrepitosamente sobre un montón de cajas amontonadas, inconsciente probablemente.

A lo lejos podía lograr divisar a Tenten luchando con el sujeto de cabellos rojizos, cuerpo a cuerpo, el hombre se veía ligeramente exhausto, ella golpeaba fuertemente el abdomen de su contrincante con su bō.

—¡Shikamaru! —Kakashi se encontraba rodeado de un par de ellos, no parecían manejar nada en particular solo un par de armas básicas— ¡La reliquia!

Asintió y con rapidez se dirigió hacia el bar. La mujer de cabellera blanca estaba de espaldas a él, de esa forma podía apreciar completamente el abanico de Temari, parecía ser que tomaba cuidadosamente el yen que estaba en la vitrina, o simplemente lo observaba.

—Tu debes ser el ninja de las sombras—su voz sonaba desafiante y burlona. Aún de espaldas lucía intimidante, con un kimono largo de color violaceo con un estampado floreal en color plata—. Debiste ver su expresión, pánico y horror.

Sus puños se cerraron de la impotencia, chasqueo la lengua, no podía dejarse llevar por sus emociones. Inhaló, exhaló.

—Entrega los objetos robados —onix y ambar se encontraron, la mirada de la mujer era frívola y despectiva, atemorizaba.

—Oh, cariño, ¿por qué crees que daría lo que es mío? —sonrío con burla y se movió con rapidez hacía él—. ¡Katon: Kaen Senpū! —su cuerpo se envolvió en fuego, le fue difícil esquivar el ataque pero lo logró a duras penas. No tenía ni idea de como enfrentarse a ella por lo que no tenía una estrategia elaborada en su contra—. ¡Katon: Onidōrō! —sus manos tocaron el suelo y posteriormente aparecieron tres círculos amarillentos, unos entes extraños brotaron de ellos, se desplazaban con rapidez hacía él, dos de ellos impactaron con muebles de la habitación que fueron arrasados por una ligera explosión y golpearon contra las paredes, el último chocó con su cuerpo mientras intentaba esquivar el ataque, voló varios metros hacia atrás. La albina se acercó a él, caminando elegantemente mientras el fuego que antes la envolvía se disipaba, sacó una daga desde la manga izquierda de su kimono. Su cuerpo tenía ligeras quemaduras, se sentía inútil—. Los ninjas de la hoja tienen clanes tan patéticos, yo me encargare de ustedes, los reducire a cenizas y sembrare mi semilla a partir de su destrucción. Sin división más que la mía y el resto, me servirán como siempre debieron hacerlo, les arrebatare lo que más qu...

"Poof".

La mujer desapareció ante sus ojos en cuanto una katana atravesó su cuerpo, un tronco apareció en su lugar. Permaneció estático, si aquel era un simple clon, ¿como lidiarian con ella? Su respiración estaba agitada, estuvo a punto de morir y no fue capaz de defenderse solo.

—¿Estás bien? —la voz de su salvadora lo devolvió a la realidad, Tenten estaba despeinada y parte de su vestuario arruinado, tenia la mejilla marcada y el labio roto— ¿Shika?

—Si.

Le sonrió apenada, no quiso decir nada con respecto a lo que había visto, estaba segura de que el Nara ya se estaba castigando solo en ese momento.

—Atrapamos a uno.

Y entre toda esa obscuridad, Shikamaru vio un rayo de esperanza.

Hurricane

Notas finales del capítulo: Bueno, estoy bastante nerviosa ya que ando bloqueada últimamente a pesar de saber hacia dónde quiero dirigir la historia.

Le doy créditos especiales a la página "narutoaventura" por los magníficos jutsus que me ofrecen para la historia.

Agradecimientos a todos los que sigan esta historia y los que comentan. Sin más que decir, nos leemos en el próximo cap.