Disclaimer:ninguno de los personajes de Naruto me pertenece.
Advertencia: lenguaje vulgar, violencia, lime, muerte. AU (en el mundo ninja).
Notas: los hechos son cambiados a mi gusto, algunas de las cosas del anime son respetadas en la historia, muchas otras no.
Este capítulo contiene en casi todo el escrito la historia de mi Oc "Aiichiro", y quizá una que otra sorpresa. Pueden simplemente no leerlo pero en realidad, creo que podría ser interesante ya que influye levemente en el lore.
Recuerdos "(M)"
Transición de un recuerdo a otro "..."
El clima en la noche no era tan caluroso como las tardes, normalmente una manta bastaba para apaciguar el frío, pero esa noche, Yume sentía como el frío amenazaba con calarle los huesos. Sus pies descalzos se arrastraban con pereza sobre el tapizado color vino del extenso pasillo de su hogar.
Se habría despertado tras una horrible pesadilla donde una serpiente de escamas doradas se envolvía en su cuello hasta matarla.
Se habría dirigido al baño de su alcoba de no ser porque algunos subordinados de la rama secundaria no hubieran estado reformandolo durante esa mañana, así que no tuvo más opción que utilizar el baño de invitados. Tras refrescarse y darle un rápido vistazo a su rostro con ojeras profundas, realizó el mismo trayecto para ir a su habitación.
En cuanto entro notó que algo no andaba bien, en su cama no yacía la silueta de su esposo, en su lugar había un pequeño bulto en los pies, la manta estaba acomodada de una manera extraña y manchadas con algo obscuro que no lograba reconocer dada la escasa iluminación.
—¿Ryu? —no recibió respuesta y eso la asustó—¿Ryu dónde estás? —su voz sonó algo apagada. Temerosa se acercó a la cama, con el brazo extendido y el pulso temblandole, fue que le dió fin a la incognita que rondaba su mente.
¿Qué había allí?
Sus cuerdas vocales no le respondieron, en su rostro se dibujo el horror, las lágrimas comenzaron a asomarse en sus ojos, la respiración se le corto ante la presencia de la cabeza mutilada de su amante.
Los ojos marrones de Ryu se veían opacos, sus labios manchados de sangre, la misma que teñía las sábanas blancas .
—C-cariño.
Su voz se quebró, se arrodilló sobre el suelo y acarició las mejillas de su difunto esposo. Lloraba de impotencia y dolor, mataría a quien le hizo eso.
—Que conmovedor, hermana —la voz de Izumi sonaba sarcástica, desde la penumbra, la figura de su hermana se fue alzando con gracia, sus cabellos rubios se veían blanco platinado a causa de la iluminación de la luna—. No te preocupes, pronto te reuniras con él.
Se dirigió velozmente hacía ella, empuñando una daga. Esquivó las primeras estocadas y respondió dandole una patada en el estómago, se movió agilmente por el cuarto en busca de su katana.
—No Yume, madre estaría tan decepcionada de ti —la jaló de los pies y la arrastró hasta poder acomodarla bajó su cuerpo—. Arrastrandote como larva.
En un último esfuerzo para defenderse, clavó sus uñas en los brazos de ella, la empujó y cambió las posiciones.
—Izumi, no tienes que hacer esto. Puedo perdonarte lo de Ryu, diremos que fue en def-
—¿Mami? —la puerta se abrió con cuidado, la pequeña Nanami intentaba enfocar su vista, la obscuridad la abrumaba, le daba la sensación de que un monstruo surgiría de las sombras.
—Na-nanami —Yume la miró con pánico impregnado en los ojos—. Corre.
Se despertó con la respiración agitada, el pecho le dolía como el demonio, levantó la cabeza del libro que había estado leyendo hace unas horas y observó la pared frente a ella mientras sus ideas se acomodaban.
Se frotó las sienes con pereza.
—Deja de irrumpir en mi casa, Kakashi —miró por el rabillo del ojo al peliplata que descansaba en su sofá frente al ventanal, la mañana prometía tener un buen clima dada la suave brisa que movía las cortinas del monoambiente.
El hombre cerró su libro, sonriendo detrás de su tapabocas, le dirigió una mirada cargada de una emoción ajena a ella.
—Dejaste la ventana abierta, Aii.
Las formalidades entre ellos habían acabado cuando el dejó de ser Hokage, y pese a que ya no se veían obligados en tener una relación de ningún tipo, el Hatake disfrutaba de pasar su tiempo molestandola cuando no se encontraba trabajando.
—Me mentiste —dijo, casi en un murmulló. La castaña volteó, y dado el reducido espacio de su casa no había una lejanía que les impidiera escucharse, oyó claramente la decepción en su voz.
—No sé de que hablas.
—Leí tu expediente.
Tiempo atrás el había decidido indagar en su vida, un día antes de la reunión en la torre donde habían decidido enviar un escuadrón, ellos habían ido a la parrilla junto Genma y Gai. Divagaron sobre temas del pasado, y ella al haberse criado fuera de la aldea les contó sus propias anécdotas.
Las sintió raras, forzadas y muy específicas. Su mente carburó de mil formas diferentes y algo en su compañera se le hizo extraño.
La comenzó a observar con detenimiento, hasta que un día decidió entrar y robar su expediente en los almacenes de la torre Hokage. Luego de eso ya no tuvo tiempo de interrogarla puesto que salieron de misión. Pero finalmente estaba allí, intentando aclarar sus dudas.
—Debes de contarle lo que sabes a Nar-
—No —frunció el ceño, apretó los puños sobre sus muslos—. ¿Quién te crees para indagar en mi vida?
Él no respondió, ¿qué decir? No había excusa para ello, simplemente lo hizo.
—Lo siento; pero aún creo que debes decirlo, no importa si mis acciones estuvieron mal o no.
La ojichocolate suspiró. Kakashi se acercó a la barra y depósito sobre ella el mismo expediente que había leído días atrás, había un foto de ella, de cuando era niña; la tristeza la invadió.
—Piensalo, Nanami.
Se marchó sin agregar más nada, con la esperanza de que la joven estuviera dispuesta a contar la verdad después de tanto tiempo.
(M)
La noche había pasado lentamente, pudo oir los gritos agónicos de su familia, el temor recorrió cada parte de su cuerpo. Se escondió bajó la cama de una de las sirvientas, sus manitas abrazaban a su oso de felpa con fuerza, cuando todo acabe, pensó, mamá vendrá por mi.
Con ese pensamiento, se quedó dormida en cuanto el sol comenzó a alzarse.
...
—¡Daisuke! ¡Encontré a una!
Voces y pisadas se oían cada vez más cercanas, abrió sus ojos marrones con pesadez, lentamente se fue acostumbrando a la intromisión de la luz. Un joven shinobi se hallaba en cuclillas, con la cabeza inclinada para poder mirar bajo la cama.
—Hola pequeña —le sonrió amablemente, con algo de pena en los ojos—. Ven, ya estás a salvo.
Se arrastró hasta salir debajo del mueble, sus rodillas estaban raspadas y su ropa manchada con polvo. Una vez de pie, corrió hacie él y lo abrazo con miedo, sentía un nudo en la garganta y una fea presión en el pecho.
—¿Cómo te llamas? —el muchacho acarició sus hebras castañas, conmovido por su abrazo y la forma en que temblaba su pequeño cuerpo.
—Nanami —balbuceó con voz chillona— ¿D-dónde está mi mami?
Silencio.
—¿Cuántos años tienes?
—Cinco, ¿y mi mami? —insistió.
Los hombres en la habitación intercambiaron miradas. Fue entonces que pudo apreciar con detenimiento como fuera de aquél cuarto, un charco de sangre teñia el pasillo.
...
Tras horas sentada en un pasillo de la torre del Kazekage,fue arrastrada por el mismo hombre que la habia acogido en sus brazos esa mañana, a una casa pequeña cerca de la entrada de Suna. La hizo sentarse en un sofá color café y luego él hizo lo mismo pero en una silla para estar frente a ella.
—Escucha Nanami, a partir de hoy vivirás conmigo, ¿si?
—¿Dónde están mis papás? —jugueteó con un mechón de su cabello, una niña un poco más pequeña que ella de cabellos rubios había pasado por el lugar donde había estado sentada y muy amablemente la peino e hizo unas coletitas.
—Ellos no volverán.
(M)
—Tiempo después me hice amiga de Temari, cuando supe que mi clan podía estar relacionado con su muerte decidí venir a la aldea y dar una mano con todo esto, sin revelar mi identidad, por mi propia seguridad.
Naruto observaba incrédulo a la joven, en su lado izquierdo Sasuke mantenía una expresión serena en su rostro, del lado derecho Kakashi se mantenía igual de apacible al ya haber sabido toda esa información.
—Siento haberlo mantenido en secreto.
El silencio invadió el despacho, ella esperaba una reacción un poco más...¿ofensiva? Ya se había preparado mentalmente para recibir mil y un insultos.
—Y...¿no piensas vengar tu clan ni nada? —balbuceó el rubio. El Uchiha soltó un bufido de indignación.
—¿Disculpe? ¿Usted me cree idiota?
Bien, eso le había dado en el orgullo.
Naruto rió levemente, apoyó su mentón sobre la palma de su mano.
—¿Estás dispuesta a decirle esto al resto de los Kages?
—Por supuesto.
El camino ya no se veía tan obscuro, se sentía como si ahora tuvieran un poco más de control sobre las cosas.
Hurricane
Le dió un sorbo a su bebida, la garganta le quemó un poco, suspiro aliviada y masajeo su cuello con su mano izquierda. Se sentía bien haber dicho la verdad, muchas veces quería gritar a los cuatro vientos porque estaba allí.
La rubia había sido su única amiga, su tutor, Tsubasa, no le había permitido socializar mucho por miedo a que la descubrieran, la había educado en casa y le había enseñado las artes ninja en la comodidad de su patio. Ocasionalmente escapaba para encontrarse con Temari y entrenar juntas, la había querido mucho, con tan solo dos años de diferencia, se habían vuelto casi hermanas.
La noticia de su muerte le había dolido.
—Aquí estás —Karin apoyó su mano sobre su hombro, se sentó junto a ella y le regaló una suave sonrisa—. Sasuke me comentó lo de la reunión, quería saber como estabas.
La mujer del Uchiha había sido la primera persona con la que había entablado conversación sin razones laborales, se habían topado accidentalmente en el supermercado, habían discutido por una lata de arvejas que ambas querían. Así ocasionalmente, comenzaron a encontrarse en diferentes sitios y poco a poco entablar conversaciones como persones normales, ahora tenían algo parecido a una amistad.
—Estoy bien, gracias.
—No tienes que fingir.
—Lo sé, solo tengo miedo —la pelirroja la miró con curiosidad. Se tomó el trago de un golpe, intentando encontrar valor en el fondo del vaso—. Se que Izumi no parará hasta que encuentre lo que ella quiere.
—¿Y que es lo que quiere?
Apretó los labios, no muy segura de sus palabras.
(M)
—Merezco el mismo reconocimiento Yume —estaban cenando cuando la voz molesta de su tía resonó en el comedor, su madre ni siquiera levantó la vista de su plato. Su padre, por su parte le dirigió una mirada de compasión, casi todas las noches era lo mismo: Izumi exigiendo respeto por parte de su clan y la matriarca riendose despectivamente.
—Cierra la boca y agradece que te deje comer en mi mesa con el bastardo de tu hijo —contestó con desprecio.
Rokku había nacido un poco antes que ella, se llevaban cuatro años, su padre había sido un completo misterio para todos e incluso para la misma Izumi, quien vagamente recordaba a sus amoríos de una noche. Eso había sido una deshonra para el clan, por lo que frente al resto de la comunidad, él era solo el vástago de una sirvienta. Compartían los mismos tutores quienes no dudaban mucho a la hora de castigarlo cuando se equivocaba, a ella nunca le habían levantado la voz, le temían a su madre. Nanami sentía lástima por el de hebras rojizas.
—No hables así de mi hijo —la rubia frunció el ceño, no bastaba con denigrarla a ella si no también al pequeño. Siempre era maltratada por los de la rama principal, solían murmurar cosas crueles a sus espaldas, había llegado a ser golpeada por su propia hermana y los más ancianos del consejo.
El único que nunca la había tratado de esa forma era su cuñado.
Su dulce Ryu, quién nunca le había correspondido.
—En lo que a mi concierne, Izumi, deberías lamer el suelo por dónde camino.
(M)
Los recuerdos eran algo difusos, pero sabía que clase de persona era su madre. Quizás no había sido la mejor, pero era su mamá y la extrañaba. Tal vez si su tía hubiera sido tratada como un ser humano, no se habría convertido en el tipo de persona que era ahora, deseosa de venganza y de generar destrucción a su paso; le arrebataba la felicidad a las personas como a ella le habían hecho, negandole el derecho a las cosas que ella creía le pertenecían.
Algo materialista si le preguntaban.
Finalmente, tras un largo silencio volvió a hablar.
—Control, sobre todos.
Notas finales del capítulo:
De forma muy resumida, un poco sobre la historia de la antagonista: una perra sin corazón que al final si tiene corazón, o eso cree Aii/Nanami. (?)
Lo de los Kages y eso lo explicaré en el cap siguiente, así no quedaba muy largo este.
¡Gracias por el apoyo!
Nos leemos.
