Disclaimer: ninguno de los personajes de Naruto me pertenece.

Advertencia: lenguaje vulgar, violencia, lime, muerte. AU (en el mundo ninja).

Notas: los hechos son cambiados a mi gusto, algunas de las cosas del anime son respetadas en la historia, muchas otras no.

Ramé: algo caótico pero hermoso.

Volvemos con la programación habitual. (?)

Intenté hacerlo un poco más cómico dentro de lo que cabe, um, si lo notan occ pues que decirles, considero que cuando uno quiere mucho a alguien se le nubla la razón.

"Ese rasgo en tu hermosura, produce una envidia sana."

LPDA, Ojos de dragón.


Había sido una semana dura, tras el arribo a Konoha por parte del escuadrón que fue en busca del clan Sandorozu, las naciones habían comenzado a ser atacadas en diferentes sectores. Se habían esparcido como una plaga.

Los mercaderes no se animaban a salir de sus aldeas por miedo a ser atacados, los renegados ya no se limitaban a atacar solo a los grandes clanes si no que también a las pequeñas familias que salían de sus tierras. Eso significaba un gran golpe en la comercialización, por lo que muchas de las cosas que se conseguían en el exterior ya no llegaban como antes; si seguían así los recursos comenzarían a escasear para todos.

Ese fue un impulso para los Kages, quienes se reunirian el sábado de esa semana para discutir que hacer en esa situación. No podían tampoco olvidar el que todos habían recibido el mismo mensaje en un pergamino extraño con el sello del clan: "Segunda advertencia".

Para las otras naciones eso no había tenido ningún sentido, pero para el rubio Uzuamaki significaba que el tiempo comenzaba a terminarse y debían de accionar. Debía de solicitar ayuda a el resto de los países, no podía seguir lidiando con esto solo, sentía que era responsable de aquella especie de guerra.

Por su parte, Shikamaru se había sumergido en su propio caos. Habiendo aceptado ya sus sentimientos hacia la castaña, el lidiar con el luto de ella era todo un trabajo.

Se sentía patético teniendo celos de un fantasma.

Se dedicó a cumplir el rol de amigo, conforme con eso, durante los cuatro días posteriores a la llegada del escuadrón la visitó con frecuencia, quedandose a su lado hasta que la noche cayera; dando una caminata, cenando o compartiendo té.

Había descubierto que incluso en medio de todo eso, aunque estuviera con el cabello despeinado y las ojeras marcadas o sin arreglarse. Ella era simplemente hermosa.

Su personalidad era atrayente, parecía preocuparse por el resto del mundo pero manteniendo los límites entre su bienestar y los demás. Era alegre, espontánea, y a la vez seria y calculadora. Tenía muchas matices y no podía encontrar algo que no le gustara.

Sabía que en ese momento estaban en medio de la tormenta, debía esperar a que ella estuviera segura de abrir sus sentimientos a alguien más.

Todo parecía estar bien, al menos hasta que esa noche algo o más bien alguien, hizo que se replanteara su estrategia.

Hurricane

Las estrellas se alzaban en el manto obscuro de la noche, las farolas a penas iluminaban las calles de Konoha dandole una bella imagen del cielo nocturno. Caminaba relajado con las manos en los bolsillos, un sentimiento liberador había comenzado a invadir su sistema una vez que fue capaz de reconocer que estaba comenzando a enamorarse de Tenten. Esperaba que fuera donde fuera que la rubia problemática estaba, no estuviera enfadada con él.

Luego de unos minutos llegó a la residencia de su amiga, golpeó y espero unos segundos a que le atendiera.

—Ho- ¿Shino? —no quiso delatar su incredulidad, por lo que pasó saliva intentando borrar el sabor amargo que depronto había invadido su boca.

—Shikamaru, Tenten dijo que vendrías —el Aburame se movió de la puerta, entró sintiéndose ligeramente atraído por el olor a comida casera—. Está en la cocina.

Rodó los ojos, claro que estaba allí, sino no tendría que toparse con su tuerto rostro. Oh, eso había sonado grosero incluso para solo pensarlo.

—Claro —se sentó en uno de los sofás individuales, recapacitó cuando vio al castaño sentado en el sillón para dos, maldita sea—. Mn, ¿cómo está tu...?

No podía decir ojo, no seas estúpido Shikamaru, no lo tiene.

—Mejor —contestó de forma monótona—. Karin-san logró atenderlo a tiempo para que no se infectara.

La conversación se quedó allí, durante unos segundos se sumergieron en un silencio sumamente incómodo.

—¡Shika! —Tenten salió de la cocina luciendo un poco más arreglada de lo usual, eso hizo que se sintiera mal, ¿por qué lucía así de radiante? ¿era solo por la presencia del Aburame?—. Te estabamos esperando, recién puse la pasta, ¿eso está bien?

Tardó unos segundos en procesar lo dicho por la castaña, lentamente asintió, cegado por lo que supo reconocer como celos.

Ella se sentó junto a Shino, y no pudo evitar soltar mentalmente algunos impropios por su estupidez. No pudo evitar observar minuciosamente cada gesticulación que la experta en armas formulaba cada vez que hablaba con el Aburame, sus manos sobre el regazo, la forma en que pestañaba.

Se sentía como un acosador, maldita sea.

Pero es que se tomaban demasiadas libertades creyó, rozaban sus manos de vez en cuando, ella reía de sus comentarios estúpidos y no pudo evitar sentirse fuera de lugar. Esos minutos fueron eternos, hasta que ella se marchó de la habitación, fue entonces que pudo respirar con normalidad.

Si hubiera prestado atención, habría logrado percibir la mirada divertida del maestro de academia.

—Luce linda esta noche —comentó deliberadamente, el Nara sintió sus orejas arder por un momento.

—Supongo.

De nuevo silencio, minutos después Tenten apareció con una bandeja de pasta y salsa roja con albóndigas, ya había probado su comida, parecía tener un don innato para la cocina. Se sentaron, ellos dos en cada esquina y ella en medio, se sirvieron y agradecieron antes de comenzar a comer.

—Shino, ¿cómo están las cosas con Hanabi? —nunca en su vida había visto aquella expresión en el rostro del chico insecto, sus pómulos se habían ruborizado y prácticamente estuvo a punto de ahogarse con los fideos.

—¿Hana-bi? —repitió el castaño, algo avergonzado. Después de todo solo Kiba y ella conocían sus sentimientos respecto a la menor de las Hyuga, se habían vuelto cercanos con Tenten gracias a las lecciones que ella daba a veces en la academia, solo que hasta ese día no se había tomado la molestia de visitarla.

El Nara prestó atención genuina en la conversación en lugar de dedicarse a fulminarlo con la mirada.

—Tuvimos una cita antes de la misión—sabía que nada saldría de esa casa, por lo que no se molestó ante la presencia del pelo de piña—. Estuvo bien.

Shino no era el tipo de persona que se apresuraba, estaba conforme con solo tomar la mano de la muchacha cuando la acompañaba a su casa y con aquellos besos en la mejilla que nunca habían amenazado con llegar a algo más. Estaba esperando que la joven se sintiera segura con él para formalizar la relación.

El resto de la cena pasó rápido, hablaron de trivialidades y un poco sobre el asunto de los renegados, muy por arriba ya que no tenían intenciones de arruinar el ambiente ameno. Levantaron los platos y el Aburame se marchó bajo la excusa de la hora, Shikamaru agradeció internamente el gesto, había tenido tiempo de meditar sobre lo que había planeado y llegó a la conclusión de que la vida era muy corta, y aunque estaba dispuesto a esperar, no quería seguir callando lo que sentía.

Lavaron los trastes en silencio y luego se sentaron en la sala con tazas de té, uno junto al otro, su cuerpo desprendía un aura de incomodidad increíble y eso no pasó desapercibido para Tenten.

Lo miró dubitativa, ¿quizás había hecho algo que lo molesto? No lo creía, había estado así desde que llegó, con el cuerpo tenso y más callado de lo normal.

—Te ves —la voz aspera del Nara la sacó de su trance. El silencio volvió a reinar en el cuarto, parecía pensar en lo que iba a decir—, te ves bien hoy.

¿Bien? ¿Que significaba eso?

—¿Eh?

Las mejillas del joven se ruborizaron, entendió finalmente a que se refería y su cara también se encendió, ambos le dieron un sorbo al té de una forma extrañamente sincronizada. El estómago se le revolvió de repente y de pronto se sintió como una niña de 15 años otra vez.

—Gra-gracias.

—Siempre te ves así.

Quizás había sonado más estúpido de lo que creía, pero ella pareció comprender el significado de esas palabras ya que su rostro estaba de un rojo más intenso.

—Tenten.

Su voz sonó más apacible de lo que quiso, se miraron de reojo y el buscó valor en aquellos ojos achocolatados. Temía que los latidos de su corazón lo delataran, sabía que eso no era posible y aún así le daba miedo, no estaba seguro ahora de si ese era el momento indicado.

¿Y si no era capaz de corresponderle nunca? No podía martirizarse con eso, se regañó, podía vivir con el rechazó, lo que más le atemorizaba era que ya no fueran amigos. Verla sonreír le había dado suficiente fuerza para salir del poso obscuro, y si al menos era capaz de hacer lo mismo por ella entonces sería feliz.

Era consciente de que el amor que le tenía era muy diferente al que había sentido por Temari, no la veía como un reemplazo si no más como un nuevo comienzo, ella era quién había sanado sus heridas y sabía que nunca habían pensado en llegar a algo que no fuera una amistad.

Pero, ¿era correcto? Él sentía que así era.

Suspiró.

—Me gustas.


Notas finales del capítulo:

¿Soy mala? (?)

Ni yo sé aún que le responderá Tenten, así que estoy ansiosa equisde.

Nos leemos.