Gui: Las desgracias de tener una hermana gemela. Segundo capítulo para hoy, porque no soy muy regular en mis publicaciones (un par de reviews ayudarían).

Disclaimer: Suzanne Collins hablaba del PTSD, yo tiro al romance; cuanto más, mejor.


Nació y murió una estrella


Adolescencia

A veces, Kephanie tenía unos enfados fuera de lo normal, y Maysilee no ayudaba.

Denh era malísimo separándolas. El único capaz de hacerles pensar en otra cosa era el hermanito de cinco añitos.

–Realmente eres una monada –le solía decir Mayse. Esas palabras solían significar que pedía una tregua.

¿Qué había pasado hoy? Que Kephie le había robado a Mayse la respuesta de clase de Historia, porque le gustaba el profesor. Que Mayse le había puesto la zancadilla a un Agente de la Paz que había creído que era culpa de Kephie. Que Aghapa había conseguido tres nuevos admiradores y Kephie estaba segura de que Mayse era más guapa, y Mayse estaba segura de que Kephie tenía más éxito.

Harra estaba desesperada, pero a Denh le hacía gracia.

–Nunca imaginé que estas cosas ocurriesen a los trece años.

Denh con trece años tampoco había estado muy preocupado por la vida. Todo se había torcido después. Cuando se libró de los Juegos.

Y entonces un día le llegó la regla a Maysilee, y Kephanie estaba desoladísima. Eso a Maysilee, que se sentía como una paria, le sentó peor.

–¡Te la regalo! ¿Para qué quiero yo esto?

Nunca antes habían tenido que vérselas con el mal genio de Maysilee. Por otro lado, levantarse una mañana bañada en tu propia sangre era una experiencia suficiente para volver malhablado a cualquiera. Y repetir esa vivencia siete días seguidos, y así desde entonces una vez al mes hasta tu muerte, ya…

Denh comentó que había entendido a Fancy viendo a Maysilee.

–No es que fuese cosa de chicas. Es que la regla sólo les ocurre a las chicas. Es peor eso que trabajar en los ascensores de la mina.

Harra no supo si tomárselo bien, por el caso que le estaba haciendo de repente Denh a su propia condición de mujer, o si odiarle por sacar de nuevo el tema de Fancy.

En clase, con Aghapa, discutían de cómo les iban creciendo las tetas, a ellas, y a las demás chicas. Ninguna sabía lo que significaba el juicio de las demás. Quizás valían menos si tenían tal característica, o si no la tenían. La falta de seguridad que tenían empapaba las conversaciones, y todo se volvía complot, y todo aparecía bajo un velo enturbiado de conceptos mágicos. Nadie podía corroborar nada. No podían desnudarse juntas y comparar, y tampoco podían preguntar a los mayores, que probablemente no tuviesen ni idea de que unas niñas encantadoras como ellas se hiciesen ese tipo de preguntas.

Si hubiesen consultado a Harra, les habría dicho que llegaban incluso tarde. Ella había estado experimentándolo todo en la rebelde época de sus trece años, cuando le dio miedo morir en los Juegos porque seleccionaron a la chica que estaba de pie a su lado y sintió cómo el destino le había pasado muy cerca.

La vida era apacible, sobre todo cuando no había Juegos, y tener catorce años era un privilegio reservado a unos pocos. La tienda de golosinas seguía teniendo éxito y las niñas llevaban a menudo dulces a clase para compartir, por algún cumpleaños, o alguna celebración. Las ganancias de la tienda les permitía hacerse vestidos preciosos, que la señora Wood aceptaba coser, porque las niñas eran encantadoras, no como sus padres. Los chicos era guapos y tímidos, e incluso las chicas eran guapas, a ojos de Kephanie, aunque sólo lo mencionó una vez. Los amigos se multiplicaban, y con ellos encantadores regalos, como el pájaro cantor de Maysilee, o el cúter de madera para maquetas de Kephanie, o los broches de sinsajo y de águila…

Quizás vivieron algún momento triste, como cuando murió el padre de Harra, o cuando el tío Donner se rompió una pierna. Denh le pudo pagar un retiro. Nada fuera de lo normal. Casi se les olvidaba el miedo.


Y seguimos con el costumbrismo anticipador.

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Gui
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