Cancion: Farewell- Apocalyptica

Pareja: Toshiro-Hinamori (Pedido: 777thHeaven)

Basada: Melodia

Tipo: One-shot

Farewell

El día estaba algo nublado, era muy temprano cuando aquella joven salió en busca de agua al manantial cercano. Era un pueblo pequeño donde vivía, lleno de aldeanos sonrientes que acostumbraba a estar despiertos antes del alba para realizar sus actividades cotidianas. Mientras atravesaba la aldea las personas la saludaban, era una chica muy querida en el pueblo, había perdido sus padres siendo solo una niña y la curandera del pueblo la había acogido, desde que aprendió ayudó a los aldeanos en todo lo que podía.

Ella llegó pronto al bello manantial, en el pueblo había un pozo pero ella siempre había preferido el agua de aquel lugar, era tan cristalina. Llenó el envase que llevaba, observó el hermoso paisaje, ese sitio le encantaba, era algo místico.

Muchas personas en el pueblo le temían por antiguas leyendas de espíritus y dioses que reinaban en el bosque que lo rodeaba. Ella realmente no creía en eso, giró sobre sí misma y respiró el aire puro de aquel lugar, libre de olores que no fueran los naturales.

Abrió los ojos, era hora de volver, cuando iba a levantar el agua algo en el suelo mucho mas allá de la orilla del manantial llamó su atención, casi oculto entre los arboles había alguien. No lo había notado porque la vegetación lo ocultaba pero aquel vistoso cabello llamó su atención.

Se acercó temerosa, era un hombre que parecía dormir, joven, tal vez contemporáneo con ella, su cabello era extremadamente claro, tan claro que ya no parecía rubio sino blanco, su piel era clara. Dormía por lo que no podía ver su tonalidad de ojos, observó sus facciones, estaban relajadas, sus pestañas eran del mismo color que su cabello. Era atractivo pero a la misma vez infundía ese temor, nunca había visto una persona con esa apariencia, vestía de blanco y negro por lo que se veía casi angelical, ella por un momento pensó que se había topado con un ángel o un espíritu.

Impulsivamente tocó su mejilla, era suave al contacto pero con eso confirmó que era de carne y hueso como ella. Al estar tan cerca se percató que respiraba con dificultad, lo revisó de manera general, no veía ninguna herida ni nada, pero estaba inconsciente. Tomó la decisión que lo mejor era llevarlo al pueblo, la curandera sabía mejor que hacer en este caso.

Movió su hombro pero el hombre no respondió el gesto, decidió ir por ayuda, sola no podría con él. Corrió rápidamente al pueblo, apenas llegó, llamó a los primeros aldeanos que vio, ellos al reconocerla no dudaron en seguirla. Pero para su sorpresa no había nadie en el lugar al volver, confundida pidió que buscaran alrededor.

—Momo, ¿estás segura que fue aquí? —preguntó uno de ellos, cuando luego de unos minutos confirmaron que no había nadie.

—Sí, estaba inconsciente

— ¿Como era? ¿Era algún aldeano? —preguntó otro, los cuatro que había ido con ella parecían incómodos, ese lugar no les agradaba.

—Nunca lo había visto, no tenía aspecto tampoco de ser de las aldeas cercana, parecía un forastero

—Tal vez solo se fue

—Pero estaba inconsciente —la pelinegra estaba preocupada.

—Tranquila Momo, sino esta debe ser que pudo ponerse de pie e irse, ven, volvamos este lugar no es agradable. No vuelvas a venir sola

—Está bien —respondió solo para complacer, antes de terminar de irse volvió la vista, pero seguía sin haber nadie, confundida decidió dejarlo así.

Los días pasaron y ella olvidó aquel suceso, una tarde la curandera la mandó al manantial por unas flores que solo florecían en ese sitio. La chica solo asintió y fue por el recado.

Pronto encontró las flores, así que empezó a cortar algunas, la brisa era tan ligera y fría que ella se detuvo un minuto y cerró los ojos para sentir mejor aquella maravillosa sensación. Por un momento le pareció oír un sonido demasiado dulce y melancólico, agradable, era música.

Abrió los ojos y vio su alrededor, se escuchaba muy cerca, tomó la cesta donde llevaba las flores, salió del bosque y al fijar su vista en el manantial, vio a alguien cercano a la orilla, era un joven y estaba sentado, tocaba un instrumento, era una flauta, tenía sus ojos cerrados dejándose llevar por la música, pero ella lo reconoció. Era la misma persona que había visto unos días atrás.

Él la notó por lo que detuvo su música, abrió sus ojos y fijo sus vista en la chica, ella se quedo un momento sin respiración, aquellos ojos la dejaron asustada y a la misma vez maravillada. Nunca había visto unos ojos azules tan brillantes, no era común ver en esa región ojos que no fueran oscuros pero ella había visto algunos extranjeros con ojos claros pero nada como aquellos. Eran sobrenaturales a su parecer.

—¿Q-quien eres? —se sorprendió de ser capaz de decir aquello, estaba como estática, el sola la observó con curiosidad.

—¿Puedes verme? Curioso. ¿Qué haces aun aquí? Nadie viene a este lugar, solo una bruja de una aldea cercana

—¿Una bruja?...Yo vivo en esa aldea y no sé de una bruja, mi nombre es Momo Hinamori — decidió acercarse, aquel chico no parecía peligroso, solo la veía con curiosidad —¿Y cuál es el tuyo?

—No se —su rostro se volvió hacia el agua, su mirada se volvió indiferente, la chica se sintió mal al parecer había preguntado algo que no debía—.No lo recuerdo.

—¿De dónde vienes? —preguntó sentándose junto a él, la vio sorprendida.

—¿Por qué no corres?...Las pocas personas que he visto aquí, solo corren al verme

—No entiendo por que

Él permaneció en silencio y ella pensó que había hecho mal en preguntarle pero sintió que no debía dejarle, tenía mucha curiosidad por él. Permanecieron en silencio unos minutos más hasta que él volvió a hablar.

—He estado aquí desde que desperté, no sé quién soy y no sé de dónde vengo —Momo se sorprendió.

— ¿Desde cuándo estas aquí?

—Tampoco lo se

—¿Por qué no fuiste al pueblo?

—La bruja me dijo que debía quedarme aquí, que los aldeanos no debían de verme

—¿Bruja? —la pelinegra lo vio confundida, si había una bruja en la aldea ella debería saberlo.

—Debo irme —se levantó sorprendiéndola, tomó su flauta y para sorpresa hizo una inclinación a ella para luego internarse en el bosque, fue tan rápido que no le dio tiempo de preguntarle porque, así que optó por solo despedirse.

—¡Hasta luego!

Momo lo vio alejarse, extrañada por aquel encuentro volvió a tomar la cesta y regresó a la aldea. Los días siguientes no dejo de pensar en eso, al final decidió preguntarle a la curandera, ella debía saber algo sobre el chico.

—¿Lo viste?—la mujer de edad avanzada no levantó la mirada del tópico que hacía.

—¿Sabes quién es?

—Es un alma en pena

—¡¿Qué?!

—Tranquila, es una persona, está viva pero es como si fuera un alma en pena, lo encontré hace unos años, estaba inconsciente y herido. Al principio pensé que era un dios, un espíritu pero no lo es. Cuando despertó no recordaba nada, yo si había escuchado de él…Había investigado el tiempo que estuvo mal y supe que en una aldea cercana se habían enfrentado al supuesto espíritu del invierno, al hijo de la luna, alguien que traía desgracia y mala suerte, un niño nacido con el cabello blanco y los ojos del color del cielo.

—No entiendo

—Ellos creían que era el hijo de un dios encarnado, creían era un ser de mala suerte, por eso intentaron matarlo. Este lugar esta llenos de supersticiones y las personas las creen fervientemente, este pueblo no es la excepción, por eso le dije que se mantuviera oculto en ese lugar, allí nadie iba. Yo le haría compañía de vez en cuando pero ahora es tu turno, cuida de él, no es un ser malo solo incomprendido.

—Así que a usted se refería con lo de bruja —sonrió la chica, la anciana bufó para luego soltó una carcajada.

—No logró hacerle entender que no soy una —Hinamori sonrió, decidió que iría todos los días a visitarle, debía sentirse solo estando en ese lugar. Parecía alguien solitario y ella quería hacerle compañía.

Con el tiempo se acostumbró a ir todas las mañana a verlo, ella le hablaba del pueblo y él de la naturaleza, poco a poco se conocieron y una conexión se creó. Ella descubrió que le gustaban los dulces, él descubrió que le gustaba su sonrisa. Ella le dio un nombre, le dijo que su cabello parecía nieve, por lo que lo más adecuado era decirle Shiro.

Los aldeanos empezaron a ver un extraño comportamiento ella, parecía ida y siempre salía muy temprano al manantial, parecía soñadora y llevaba siempre dulces, regresaba al mediodía. Extrañados, algunos decidieron seguirla y lo que encontraron los asombró. Alarmados volvieron a la aldea, aquel ente estaba atrayendo a la dulce Momo, aquel monstruo estaba llevándosela.

Pronto las personas se organizaron, matarían aquel ser, habían escuchado rumores espantosos de la aldea vecina sobre un ente, hijo de un dios. Cuando la curandera se dio cuenta de lo que ocurría, ya era tarde, todos parecían fuera de sí, ella solo podía hacer lo más prudente, advertirles.

Corrió lo que pudo para su avanzada edad, llegó rápidamente donde ambos jóvenes se divertían sin saber lo que les esperaba. Al verla tan cansada, ambos se acercaron con curiosidad.

—Vienen, por ti…debes huir lejos de aquí, piensa que eres malo, tienes que irte, te harán daño

El joven la vio sin entender pero Momo si lo había hecho, ella sabía que era muy malo que lo encontraran. Él la vio confundido y ella sintió un nudo en el estomago, debía enviarlo lejos, ella no quería alejarse de él, pero debía irse para protegerlo.

—Debes irte —le dijo empujándolo hacia el bosque.

—¿Por qué?

—Debes correr, ellos te harán daño debes esconderte

—Ven conmigo —Momo quería decirle que si pero no podía dejar a la vieja curandera sola, la mujer solo la vio y sonrió.

—Si quieres ir con él, ve…Yo sabía que un día debería dejarte ir, tu no eras para este pueblo, ve pequeña…vayan y sean felices, lejos de aquí y sus estúpidas supersticiones

—¡Por aquí! —escucharon un grito

—Vayan rápido —insistió la curandera, ambos la vieron con tristeza y luego corrieron alejándose.

Cuando los aldeanos llegaron, no había nadie, el lugar estaba completamente solo pero creyeron en las palabras de los hombres, encontraron la cesta que siempre llevaba Momo, la buscaron en el bosque por días pero no la hallaron, al final todos llegaron a la conclusión que el espíritu se la había llevado, quedo completamente prohibido ir aquel lugar.

La curandera observaba el tiempo transcurrir, las personas aun hablaban de la misteriosa desaparición. La anciana no podía decir nada, sabía que no lograría nada, cuando las personas se ciegan por sus creencias, era casi imposible hacerlos entender. Aun así, ella cada cierto tiempo iba a aquel lugar, con la esperanza de volverlos a ver, varias veces ellos volvieron y les contaban sus aventuras, para luego desaparecer entre los arboles a realizar otros de sus viajes, se despedían con tristeza pero a la misma vez con la esperanza de volverla a ver.


¡Gracias por leer!

Amo las canciones de Apocalyptica, me sacan de este mundo, son hermosas.

Gracias por sus comentarios *-*

Misery: ¡Hola! Espero pronto cumplir tu pedido, cuando encuentre una canción que me guste para ellas cumpliré, espero que sea pronto. ¡Besos!

Pueden seguir sugiriendo parejas y canciones :)

¡Hasta la proxima!