Tardío florecer
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Quinto pétalo
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Aoi se despertó sintiéndose mareada, completamente desorientada, sintiendo que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que siquiera abrió los ojos. La luz del sol era bastante intensa, le hizo cerrar los ojos casi de inmediato.
Se relamió los labios, una parte de ella quería volver a dormir, pero sabía que no debía hacerlo.
Se puso de pie, saliendo de aquel enredo de sabanas, las piernas le temblaron, se tuvo que apoyar con la cajonera que había cerca. Vio detrás de ella, extrañada por lo que dejó atrás. Eso se parecía mucho a un… nido.
Los recuerdos se aglomeraron, uno detrás de otro, de forma abrumadora. Haciéndola caer al suelo por el impacto.
Ella. Ella era una omega. Había tenido su primer celo, y Shinobu había cuidado de ella, y entonces…
Inosuke, él había venido a ella.
Ambos se aceptaron como compañeros.
Se sujetó las mejillas, el calor de su sangre en todo el cuerpo, en especial su cuello, como si añorará la marca que no fue dejada.
Suspiró, y cerró los ojos. Inhaló aire con fuerza y decidió que no debía hacer las cosas más grandes de lo que ya lo eran. Es más, seguro que ni siquiera era algo tan importante, después de todo, esta clase de espectáculos eran comunes.
Shinobu seguro la perdonaría por haberse portado así con ella, cegada por su parte más primitiva.
— ¡Shinobu-sama!— se puso de pie rápidamente, casi tropezando, corrió hacia la puerta, cuando trató de abrirla, se dio cuenta de que estaba bloqueada— ¡Shinobu-sama! ¡Kanao-sama!— insistió golpeando la puerta, tratando de no sonar tan alterada para que no pensará que aún seguía en su celo.
— ¿Aoi?— escuchó la voz de Sumi del otro de la puerta, dudosa de siquiera decir su nombre.
— ¡Sumi!— gritó feliz al tiempo que dejó de golpear la puerta—, ¿dónde está Shinobu-sama? Necesito hablar con ella.
— Ella está en su oficina— escuchó cómo se iba alejando—, le voy a decir que ya ha pasado el efecto, ¡no te preocupes!
Aoi se sentó en el suelo, contra la puerta, esperando.
Tenía seca la garganta, más bien, era como si estuviera irritada. Estaba segura de que no era por los gritos que acababa de pegar.
¿Qué tanto había hecho mientras estuvo en celo?
La respuesta no estaba del todo clara, y eso le daba miedo.
Abrazó sus piernas contra su pecho, asustada. ¿Qué había pasado? Para empezar, ¿por qué había pasado?
Que alguien se presentara a su edad era algo inusual, no imposible. La suerte que había que tener para que eso pasará justo cuando estaba su… compañero.
Inosuke parecía ser su compañero.
Eso, eso era algo seguro.
Aoi pensó en cómo a él le gustaba pelear y tendía a ser desordenado, pero también en su perseverancia y como se esforzaba por no romper las cosas, y como le ayudaba a cargar los cestos de ropa. El cómo hace lagartijas con las niñas en su espalda y come absolutamente todo lo que Aoi cocina, incluso un pastel que quedó casi quemado.
— Supongo que no sería algo tan malo— sonrió para sí misma.
Aunque, bueno, no estaba lista para que él la tomará como su compañera. La lucha contra Muzan, si bien desde un punto de vista pesimista pareciera ser algo interminable, pero debía de mantener las esperanzas de que algún día, en un futuro no tan lejano, pueda tener una familia en un mundo sin demonios.
Se iba a aferrar a eso, después de todo, había encontrado a la persona más perfecta para ella.
Quizá ser una omega no era tan malo.
Escuchó como tocaban la puerta, y de inmediato se puso de pie, pues no quería que la golpearan.
Shinobu le saludó ondeando la mano, aunque en sus ojos veía la duda.
— Hola— dio un paso delante, ahora aparentemente más segura de que Aoi ya no estaba bajo efectos de las hormonas. Tomó una bocanada de aire, con los ojos cerrados, bastante concentrada.
— Parece que ya no tienes rastros de tu celo, al menos ya no puedo olerlo— Aoi asintió, y bajó la mirada. Esperaba que Shinobu dijera algo más—, ¿cómo te sientes?
— Lamento mucho lo que sea que haya hecho.
— ¿No recuerdas nada?—preguntó notablemente sorprendida, a lo que Aoi asintió. Entonces su rostro después se relajó en su tan característica sonrisa—, creo que es lo mejor.
— ¿Lo es?— preguntó dudosa—, quisiera saberlo. No importa si es muy vergonzoso.
— ¿Segura?— preguntó algo pícara la Pilar.
— ¿Lo hice con Inosuke-san?— la duda la tenía no angustiada, solamente era curiosidad. No era como le hubiese gustado tener su primera experiencia sexual, pero de tantas posibilidades como omega eso no parecía ser tan malo, porque después de todo, Inosuke le agradaba mucho.
Y ahora, incluso podía decir que le gustaba.
Shinobu se sentó en una pequeña silla que estaba al lado de un escritorio, y pareció sentirse un poco angustiada.
— No. Llegué a tiempo antes de que pudieran lograr algo— su voz sonaba un poco severa, del modo que Shinobu usaba cada vez que era necesario regañar a los chicos—, y la verdad estuve a punto de rendirme, peleaste para que los dejáramos en paz. E Inosuke-kun tampoco lo hizo fácil.
—¡Lo lamento mucho!— hizo una reverencia enérgicamente, avergonzada por lo que aparentemente había hecho, le apenaba demasiado la posibilidad de haber agredido a su mentora, que tanto había hecho por ella.
— No pasa nada, que yo en mis primeros celos era horrorosa— ella suspiró y le dirigió la mirada—, si me sentí un poco asustada, pero sabía que no podía dejarte con él, eso no era lo que tu yo "real" deseaba.
— No— la misma Aoi le aseguró que ella había hecho lo correcto. Por que esa era una verdad absoluta.
— ¿Sigues pensando así?— preguntó, como si fuera probable que hubiera cambiado de opinión.
— No deseo ser madre aún. Tampoco estoy segura de querer casarme, aunque sé que estoy en edad [1].
— Entonces hay que seguir con el plan— le extendió la mano, esperando que Aoi la tomara. Así fue, pues, aunque definitivamente ya no tenía miedo, seguía sintiéndose bastante vulnerable en esta nueva etapa de su vida—, no sé que tanto tardaré en tener tu supresor, pero, espero no tener que hacerte esperar demasiado.
— Gracias— volvió a inclinarse, pero esta vez era una reverencia más suave.
— No hay nada que agradecer, Aoi— acarició con su pulgar el dorso de la mano—, ¿estás lo suficiente compuesta como para salir de la habitación? ¿O aún no te sientes lista?
— Estoy bien— afirmó contenta, no llevaba mucho tiempo "consciente", pero sentía que tenía que volver a trabajar.
— Pero nada de trabajo— dijo la Pilar, como si ya supiera en que estaba pensando.
— Pero…
— No— la sonrisa de Shinobu era más que clara de que no estaba abierto a discusiones.
— Al menos la cena— soltó su mano para juntar las palmas, a modo de súplica.
— Puedes ayudar a Kanao con la cena.
— ¿Kanao ha estado haciendo de comer?— le sorprendió mucho eso.
— A tenido algo de tiempo libre y quería hacer algo diferente— se rascó la mejilla, con la cara hecha un gesto demasiado gracioso—, la verdad ya extrañamos tu comida—, se rió suavemente—, incluso Kanao dice que has puesto la barra muy en alto.
— Siempre puedo enseñarle.
— Entonces ve, antes de que empiece.
— ¡Sí!— Aoi fue en dirección a la puerta, pero antes de salir volteó a verla, no sabía que esperaba, pero de todos modos lo hizo. La joven mujer de ojos violeta le asintió suavemente, dándole valor.
Aoi dio su primer paso dudosa, y después echó a correr.
— Kanao— la encontró con el kappōgi [2] mal colocado, cuchillo en mano y con su cara en blanco, pero evidentemente compungida por el estado en el que estaba la cocina.
No era un absoluto desastre, pero no era la cocina impecable que mantenía Aoi.
— Aoi— la saludó, y volvió a ver de reojo los vegetales cortados en cubos algo irregulares.
— Hola— le devolvió el saludo, entrando despacio, con las manos en su pecho. Kanao no parecía saber que decir—, ¿qué haces?
— Yakisoba.
— Que bien, ¿puedo ayudarte?
— Sí— le hizo espacio para que se acercara a apoyarla con la cocción de la carne y los tallarines. Aoi empezó a hacer todo en automático, como si jamás hubiera dejado la cocina.
Era bueno volver a hacer algo tan cotidiano, le gustaba su vida así. No estaba segura de qué tanto fuera a cambiar ahora que se manifestó como omega, pero esperaba que no fuera a hacer un cambio tan drástico.
— ¿No estás molesta conmigo?— a Aoi le sorprendió escuchar como había un leve toque de vergüenza. Aunque ya no era algo nuevo, le seguía pareciendo extraño que Kanao se expresara con mayor facilidad.
— No, ¿por qué lo estaría?
— Te separé de Inosuke— dijo, sin detener el movimiento de sus manos, picando las verduras—. Lloraste mucho.
— Bueno— Aoi no estaba segura de cómo sentirse, porque para empezar no recordaba casi nada—, creo que hiciste lo que pensabas que era lo correcto, y también que fue lo mejor.
— Hmm…— Kanao le pasó la tabla, cuyo contenido Aoi pasó a la olla.
— De verdad, fue lo mejor. No es tiempo para que tengamos un bebé en la Finca Mariposa.
Kanao sonrió suavemente ante eso.
— Pero sería agradable— se atrevió por fin a verla a los ojos—. Inosuke y tú tendrían hijos muy bonitos.
— ¡Kanao!— Aoi se puso completamente roja, y casi siente ganas de pegarle con el mango del cucharon, pero se contuvo porque Kanao se estaba abriendo con ella, y mostrar esa clase de violencia haría que se volviera a alejar de ella, así que prefirió volver a cocinar, después se quedó pensando, y la verdad es que era cierto, Inosuke era muy guapo, tenía un cabello que destacaba mucho por las puntas azules y sus ojos verdes eran muy llamativos, y ella quizá no era tan llamativa como Kanao o Shinobu, pero sabía que era linda—. Supongo que tienes razón.
La tsuguko simplemente se limitó a poner atención al modo en que Aoi terminaba de preparar todo para la comida. Aunque no lo expresó, también había llegado a temer que las cosas no pudiesen volver a la normalidad.
Todo estaba tan tranquilo hasta que escuchó como alguien entraba estrepitosamente, sin embargo, ninguna de las dos se vio afectada por esto, apenas girando levemente su torso para ver hacía atrás, ya bastante acostumbrada de que la Finca esté llena de ruidos y golpes.
Detrás de ellas está Tanjiro, que se ve inquieto, aunque sigue guardando la calma que le caracteriza. Aoi siente tristeza al ver en sus ojos la angustia.
Al notar esto, Tanjiro hizo una reverencia tal que su frente tocó el suelo, sus pendientes rozando con el mismo.
— ¡Lo siento mucho, Aoi-san! No tengo justificación para lo que he hecho.
— ¡Tonto, te dije que no vinieras aún! ¡La vas a asustar!— detrás de él estaba Zenitsu, que trató de ponerlo de pie para sacarlo de allí.
Aoi se quedó quieta, y parpadeó un par de veces. No estaba segura de qué debía responder. No sabía si quería disculparlo.
Kanao observó en silencio, pasando su mirada de ver a Tanjiro a Aoi, como buscando cualquier especie de señal que hiciera que requiriera su intervención para de inmediato hacer lo que tuviera que hacer.
— Esta bien, Kanao— Aoi le tomó de la mano, y se alejó de la estufa de leña—. Agradezco que hayas cuidado de mí, Zenitsu-san— le hizo una pequeña reverencia al rubio, ella que le tenía mala fe y se portó como un caballero cuando necesitó de su ayuda—. Tanjiro-san— se le quedó viendo, aún con la frente contra el suelo—. Es suficiente.
— Aoi…— Zenitsu parecía querer llevarse aún a Tanjiro, pero Aoi negó con la cabeza.
— Está bien, al final no pasó nada malo. Sé que jamás me haría daño en sus cinco sentidos.
— Me esforzaré— la voz del joven alfa tembló, y Aoi sintió que su yo omega se sentía angustiado por ese efecto en un alfa—, no volveré a tener esa reacción tan inapropiada, por el bien suyo y de todos.
Aoi sabe que debería decirle que lo disculpa, y que de verdad entiende que era algo que él no podía controlar, pero una parte de ella, la que estaba aún herida, fue la que habló por ella.
— Eso espero— se acercó a la mesa, tomó una bandeja con onigiris un poco deformes y se puso frente a ambos—. Ponte de pie, Tanjiro-san— él lo hizo a duras penas, y Zenitsu parecía alerta, igual que Kanao—. Tomen. Deben de tener hambre después de tanto ajetreo.
Sonrió, casi como si no hubiese pasado nada, aunque Tanjiro pudo oler el agridulce aroma de la decepción y Zenitsu escuchar la tristeza de saber que las cosas no podían volver a ser lo mismo de siempre.
Ambos prefirieron guardar silencio, esperando que algún día las cosas puedan ser un poco más amenas.
— ¿Podemos hablar?
Aoi se encontraba colgando las ropas limpias en el tendedero, cuando su presencia la invade. Ya sabía que era él, incluso desde antes de que él hablara. Ya le era imposible no captar ese delicioso aroma a cítricos, que, si bien ya no era tan fuerte como aquella noche, le era irresistible.
— De todas las cosas que podías decir, esto era lo que menos hubiera pensado que dirías— no se giró, sin dejar de doblar la sabana. Como no obtuvo respuesta, se digno a voltear a verlo, con la sabana sobre su brazo—, buenos días, Inosuke-san.
— Aoi…
— ¿Quieres pasar a comer algo?— Aoi trató de actuar con naturalidad, le pareció que ese era el mejor modo de no hacer que las cosas sean lo menos incomodo posible.
Inosuke asintió, y ella dejó todo en los canastos, caminando en silencio al lado del chico, que como era costumbre, tenía puesta su máscara de jabalí. Aoi se preguntó si era por eso, o porque hoy se sentía particularmente tímido y prefería no verla a la cara.
Pero eso no lo detuvo a rozar sus manos, y cuando cuando Inosuke estuvo seguro de que Aoi aceptaba este avance, se atrevió a tomar su mano, apretándola con un poco más de fuerza de la necesaria, como si no quisiera que se fuera corriendo. La ojiazul respondió igual con un apretón, diciéndole en silencio que ella no iba a huir a ningún lado.
Llegaron a la cocina, y Aoi tomó el frasco con dulces de la alacena, los tenía guardados para una ocasión especial, aunque no específica, así que esta parecía particularmente una buena oportunidad.
Sin hablar, acabaron sentados en la engawa[3], aún en silencio, y Aoi abrió el frasco, ofreciéndolos a Inosuke.
— ¿A dónde te llevaron?— no se le ocurrió que otra cosa preguntar, así que por qué no empezar por eso.
— A un río con cascada— eso no era muy exacto, pero probablemente con la brama Inosuke ni siquiera sabía dónde diablos estaba y probablemente de igual modo no recordaba todo lo que había pasado.
¿Si quiera recordaba lo que casi hacen? Aoi de verdad deseaba que lo hiciera, quizá las cosas serían un poco complicadas, pero no tendría que hacer como que eso no significó algo especial para ella, y que estaba esperanzada de que en algún momento se repitiera.
— Ya veo, espero que haya sido divertido.
— No quería estar allí— declaró, medio levantando la máscara para descubrirse la mitad inferior de su cara y llevarse un puño de dulces a la boca. La pelinegra se relamió los labios, recordando lo que se sentían los de él contra los de ella—. Me ataron a un árbol—. Aunque estuvo a punto de salírsele una risita ante la idea mental del joven balanceándose en el árbol refunfuñando, le vio y antes de que tuviera que preguntar, el chico jabalí intuyó lo que deseaba saber—. Quería regresar a la Finca. Contigo.
— Oh— la sonrisa se borró de su rostro. No esperaba esa franqueza.
— ¿Está bien si…?— se quedó callado, parecía saber lo que quería decir, pero no cómo decirlo. Pero Aoi supo descifrar que era eso que quería, pues notó como él se había acercado a ella al mismo tiempo que iba quitándose la máscara e iba inclinando un poco su cabeza.
— ¿Si…?— se acercó un poco más a él, levantando la vista para enfrentarse a él. Llegaron al punto de juntar sus frentes, y la chica cerró los ojos, concentrada en este pequeño momento.
— ¿… si juntamos nuestros labios, de nuevo?— esta vez ella no contuvo la risa, pero fue acallada por el toque entre sus bocas que por fin se atrevió a hacer Inosuke.
El contacto fue breve, pero el sentimiento de plenitud era asombroso.
— Eso es un beso, Inosuke-san.
— Lo sé— dijo antes de robarle uno más.
— ¿Entonces por qué no lo dijiste así?— él la volvió a besar, ahora poniendo sus manos en su mentón, para después pasearlas por su cuello, bastante interesado en esta área de su cuerpo.
— Es raro— refunfuñó, ahora besando los lugares en donde habían estado sus manos, y Aoi tuvo que separarlo un poco, algo abrumada, pero él volvió a pegarse, impulsándola a tumbarse en el suelo de madera, besándola más profundo. Le sacó un jadeó de sorpresa cuando Inosuke introdujo su lengua a su boca, tímidamente le correspondió, abrazando los hombros anchos—. Ahora que ya pasó eso y no hay peligro...— él le veía con los ojos brillantes—, ¿podemos terminar lo de esa noche?
— ¡No!— chilló mientras lo empujaba, él no opuso resistencia, así que le fue fácil ponerse de pie para después girarse para enfrentarlo—, ¿qué pasa contigo?
— Es que se sintió bien— fijó su vista en el suelo, en una mezcla entre herido y abochornado.
— No podemos… no aún— agregó mientras sentía que todo su cuerpo estaba ardiendo, aumentando notablemente cuando él también se paró, enfrentándola.
— ¿Por qué no?— preguntó genuinamente curioso.
— Aún no estoy lista— no sintió la necesidad de mentir, y cuando los ojos verdes de Inosuke cambiaron de verle inquisidores a ver hacía abajo, supo que fue lo correcto.
—Hmm— le tomó de los hombros, Aoi pegó un brinquito, sorprendida por las sensaciones, siendo este toque algo extraño y nuevo pese a que evidentemente antes tocaron mucho más del otro—. Entiendo.
— ¿Sí?— preguntó con duda, sin entender muy bien por qué no insistió al menos una vez más. ¿Acaso quería que lo hiciera?
— Sí. Si no quieres hacerlo, no puedo forzarte. Eso está mal— Aoi parpadeó perpleja, no pensó que él entendiera algo tan importante para ella, sin necesidad de pelear, claro.
— Gracias.
— ¡No agradezcas!— pegó su frente a la suya, viéndola a los ojos tan cerca cómo fue posible, viéndose cómicamente severo—, es lógico que yo respete tus deseos, soy tu alfa, y debo cuidar de ti.
— ¿M-m-mi, mi alfa?— balbuceó, a lo que Inosuke rió, las vibraciones llegando a ella.
— Sí, enana— cerró los ojos, disfrutando de la unión, pequeña, pero íntima—, ¿o acaso no me aceptas como tu compañero? Creí que lo era por lo de esa noche.
— Yo… ¡es pronto para decidir!— se separó de él y dio la media vuelta, caminando un par de pasos para tomar aire, poniendo sus manos en su pecho.
— Yo sé lo que siento— le tomó del brazo, haciéndola girar a su dirección—, ¿qué es lo que sientes?
— Yo…— el calor de su mano era reconfortante, ¿era acaso esto el encontrar a tu compañero?—: Me siento feliz cuando me tocas. Cuando me besas— dijo en voz baja, pero eso obviamente no pasó desapercibido para él, que, sintiéndose ahora con mayor libertad, la abrazó contra su cuerpo.
— ¿Crees que algún día podré llamarte mi compañera?— acarició de nuevo su cuello, como si allí hubiera una marca, probablemente arrepentido de no haberla dejado cuando tuvo la oportunidad.
— Eso espero— de verdad lo hacía. Trató de relajarse en sus brazos—. Y…
— ¿Qué cosa?
— De verdad no estoy lista para… hacerlo— si no podía decirlo, definitivamente no estaba lista para tener sexo—, pero, bueno, es tonto y…
— No es tonto. De los dos, tú eres la lista— Aoi se sintió alagada de que él dijera eso, siendo que usualmente Inosuke jamás admitiría que otro era "más" que él. Aoi asintió, halagada.
— Quisiera… otro beso— dijo con la cara completamente roja, sintiéndose ridícula porque ya lo habían hecho antes.
— Oh— él sonrió, con maldad absoluta en sus hermosos rasgos, alejando su rostro del de ella—, entonces. Tómalo.
La ojiazul le vio sorprendida, ¿por qué le hacía eso a ella? ¿No podía simplemente besarla de nuevo? Pero, ella sin duda también podía besarlo, independientemente de su clasificación como omega ¿por qué no retar los estereotipos?
— ¿Crees que no puedo hacerlo?— le vio con el ceño fruncido, desafiante. Se puso de puntitas, jalándolo de los hombros, dándole un beso brusco, que fue aceptado con las manos toscas en su cintura.
Mientras Aoi se perdía en la fusión que sus cuerpos formaban, por primera vez, no dejó que las dudas le invadieran: Su primavera apenas acababa de comenzar.
Como podrán haber notado, Aoi no disculpó a Tanjiro, algún día podrá hacerlo, porque su lado racional le dice que fue algo que él aún no puede controlar, pero por ahora, su yo emocional no está listo para decirle que lo perdona. Y Tanjiro entiende eso.
Inosuke fue a parar con Himejima, aunque realmente no prestó mucha atención. Genya andaba de misión, así que no se conocieron.
Me pregunto si este fue un final apresurado, pero este fanfic no iba a ser realmente algo largo y si se extendió tanto, fue porque para la desgracia de todos, se me atravesó mi internado y eso consumió mi tiempo, alma y cuerpo (literal me dejó tan agotada que ahora requiero de siestas jajaja, cuando en toda mi vida jamás las tomaba, y tengo lo que parece ser cansancio crónico). La verdad, disculpen si el capítulo quedó un poco flojo, estoy muy oxidada en esto de escribir, ya no me es para nada fácil. Espero con el tiempo volver a poder acostumbrarme a plasmar mis ideas. Me gusta pensar que próximamente podré actualizar Luces Azules, pero definitivamente no sé cuanto tiempo me va a tomar, este pensé que lo iba a tener para principios de mes xd.
Glosario:
1. Según el canon, supongo que Aoi tiene 17, y según también el mismo canon, Nezuko con 14 años ya está en edad de casarse, así que sí, Aoi está "quedada".
2. Es un tipo de bata diseñado para proteger el kimono de las manchas al cocinar.
3. Engawa: galería de madera techada que rodea a la vivienda tradicional japonesa. En palabras más sencillas, el pasillo que hace como asiento en donde se suelen sentar los personajes para romancear xd o donde Kanao estaba sentada cuando Tanjiro le dijo lo de la moneda.
