Canción: 7 Rings - Ariana Grande

Personaje: Rangiku

Basado: Letra

Tipo: One-Shot

Advertencia: Rangiku es muy vanal y superficial.


7 Rings

Sonrió mientras veo como mis amigas se vuelven locas en aquella tienda de marca, ellas siempre parecían olvidarse de quien eran cada vez que iban de compras. Era algo que todas amábamos hacer. Elegí el vestido más caro y brillante que encontré, era perfecto para mí, me veía demasiado bien con él. Esperé por ellas para ir a desayunar en uno de esos restaurantes lujosos del cual una de ellas era heredera.

Si, podrían considerarnos niñas ricas pero no éramos esa muñeca perfecta que colocaban en la encimera, habíamos nacido para rebelarnos y que mejor manera que aprovechar el dinero de nuestros padres para ser unas niñas malas. Disfrutábamos de meternos en líos y ver a quienes querían que fuéramos perfectas enrojecer de la rabia.

Hoy había sido un día para eso, como siempre lo primero era comprarnos todo lo que nos hacía sentir y ver bien: joyas, ropas, bolsos, zapatos, lo que deseáramos tenía que caer en nuestras manos. Pasábamos el día preparándonos para en la noche ir y disfrutar de una fiesta alocada. Esa era nuestra vida, no me quejaba, tal vez tenía un vacío sentimental en mi vida, había pasado por momentos muy malos, razones por la que debería ser alguien triste y depresiva, pero a quien engañaba, había buscado una manera para solventarlo.

Era cierto que me había vuelto algo salvaje y rebelde, pero me gustaba hacer lo que quisiera así el mundo dijera que no debía hacerse, tenía dinero y era lo que a ellos le interesaba. Al entrar un sitio todos fijaban su vista en mí, en mis muñecas, en mi cuello y como arte de magia siempre me complacían en lo que deseaba.

—Me encanta tu cabello —me comentó una conocida acercándose a la mesa, siempre sucedía, se acercaban como si fuéramos amigas de toda la vida, con aquella sonrisa falsa, pero bueno…este mundo era así.

—Gracias —sonreí.

Lo acaba de comprar, mi estilista sabía lo que hacía, me veía despampanante, lo sabía por la mirada de envidia que me estaba dando. Observé a mis chicas reírse cuando ella se fue, todos conocíamos la falsedad, nosotras misma lo éramos, detrás de todo ese brillante y todas esas sonrisas, lo éramos.

Mi atención se enfocó en mi mano mientras esperábamos la comida, llevaba un anillo de diamante, era de compromiso pero no comprado por un hombre, me lo había regalado a mí misma, me había comprometido con lo que firmemente creía, el mundo era mío y yo iba demostrarlo, y cada vez que lo observa era para recordarlo. Le había dado uno a cada una de mis seis amigas perras, todas habíamos prometido lo mismo, seríamos lo que quisiéramos sin regirnos por reglas estúpidas impuesta por otros estúpidos. Nuestra amistad era sincera en ese aspecto, se había vuelto una especie de terapia aprovecharnos de las riquezas que teníamos.

Había comprobado hace mucho que quien creía que el dinero no solucionaba todo definitivamente era porque no había tenido el suficiente. Me encanta cuando alguien me pregunta "¿Cuál?" y que yo pueda responder "Los quiero todos". Me hacía sentir con poder y no consumida por este mundo en la insignificancia. Mi felicidad podía ser lograda con tener unos costosos tacones de suela roja.

El día terminó de manera magnifica, todas arregladas para la gran fiesta en aquel club elitista, la música estaba alta y las personas disfrutando de su momento. Nuestra entrada como siempre llamaba la atención, y pronto nos vimos rodeadas de una gran variedad de personas. Tomé un trago buscando quien sería la persona que yo quería conmigo esta noche, jugué un poco con los chicos que se nos acercaban pero ninguno llamaba lo suficiente mi atención, hasta que vi a aquel bartender. Él me observaba de una manera sensual, esos ojos de una tonalidad de azul que nunca había visto me llamaban, era lo que necesitaba.

Me acerqué a paso seguro, y sonreí apenas estuve frente a él, no pareció muy sorprendido, sino como si esperaba que yo tuviera esa reacción. Algo muy extraño porque él era solo un insignificante bartender, pero no iba a negar que extremadamente sexy. Tal vez por eso había captado su atención, yo probablemente representaba su salida de la insignificancia, pero eso no funcionaba así, yo me aburría muy rápido.

—Me da la bebida más fuerte y costosa que tenga— dije entregando mi tarjeta negra, le guiñé un ojo como insinuación. No era alardear, simplemente demostraba lo que tenía.

—A su orden —Él ni se inmutó y solo mantuvo su sonrisa, esperaba dos reacciones, pero ninguna era esa. O se ofendía o se me insinuaba, nunca me ignoraban.

—¿Siempre vienes aquí? —Era obvio que sí, pero quería demostrarle que realmente quería algo con él.

—Es mi sitio de trabajo, así que si —continuó sirviendo el cóctel como si ya estuviera acostumbrado a ser abordado, no iba a negar que eso me ofendía un poco.

Pero yo había visto esa mirada cuando bailaba, él me había devorado con ella, sabía que a pesar de su indiferencia y de no hacer ningún avance, él estaba interesado en mí. Era algo curioso, y no iba a negar que me estaba gustando. ¿Así que no era alguien fácil de obtener? Pues, yo amaba los retos.

—Interesante, eres de los difíciles —Apoyé mi rostro en mis manos observándolo, él me devolvió la mirada, esos ojos eran de una azul tan adictivo y aunque él quisiera demostrar lo contrario podía ver el deseo en su mirada—. Dejemos todo el protocolo, yo sé lo que quieres y tú sabes lo que quiero —dije de forma descarada, él sonrió por mis palabras.

—Así es, señorita…. pero estoy en horas de trabajo —desvió su mirada de nuevo al cóctel que preparaba.

—Yo no tengo problema de pagarte las horas que te descuenten si vienes conmigo, hasta un poco más para que no tengas que volver —dije guiñando un ojo, él me vio sorprendido por mi descarada proposición y pude ver como su ceño se frunció, por fin había obtenido una reacción normal, tal vez no la que quería, pero era algo que había esperado.

—Disculpa pero no me vendo si es lo que busca

—Me ofendes, yo no necesito comprar a nadie —añadí sonriendo, aquella era mi más grande mentira.

Todos los que me rodeaban estaban comprados por mi dinero, nadie era sincero exceptuando a mis seis amigas que vivían lo mismo que yo. Mi dinero siempre era lo que mantenía a mi alrededor a las personas, ninguno se tomaba un momento de conocerme, todo era cuestión de intereses y falsedades, pero con sinceridad, tampoco era que me preocupaba. Este mundo era así.

—Eso lo aseguro —me dijo observándome de forma descarada—, pero con tu actitud demuestras que sí. Dime, ¿tienes comprados a todos a tu alrededor? —No iba a negar que su respuesta tan directa me sorprendió.

—Si mi respuesta es sí, ¿te unirías?

—No —dijo sonriendo y volvió a esa actitud sexy, colocó el cóctel frente a mí—. Disfruta de tu bebida.

El maldito solo se dio la vuelta y atendió al próximo cliente, bien, si él quería jugar, jugaríamos, después de todo yo siempre tenía lo que quería y él no sería la excepción. Tal vez había encontrado algo muy interesante para entretenerme.

Sin más tomé mi bebida y me encaminé a donde bailaban mis amigas, pude sentir su mirada, podía negarse todo lo que quisiera pero yo lo atraía, sonreí y repetí la ley de mi vida:

Lo quiero, lo tengo