Al sonar la cerradura, el aliento fantasma de Danny alertó del peligro. No tuvo tiempo para transformarse en fantasma en lo único que podía pensar era en encontrar a Sam. Y lo hizo chocando de frente, cabeza contra cabeza.

—¡Auch, Danny!

—¡Sam! ¿Estas bien?

El impulso de Tucker cayendo sobre ambos evitó que Sam contestara.

—Demonios chicos no me dejen solo. Me asuste.

—No se alejen, me transformaré para entrar a la escuela —los aros de luz apenas habían aparecido cuando Tucker lo jaló rompiendo su concentración y desapareciendo los anillos.

—¡No, Danny! Hay cámaras por doquier y puede que la niebla no les afecte.

Siguiendo el consejo de su amigo, Danny conservo su forma humana, sin embargo reacio a permanecer indefenso pidió a Sam una de las armas de repuesto que siempre cargaban en sus mochilas.

La niebla se disipó dejando ver un círculo de tres adolescentes con pequeñas armas anti-fantasmas. Las cabezas giraban de un lado a otro sin encontrar nada, sin ver a nadie. El sonido de la puerta al cerrarse de nuevo llamo su atención.

Solo la niebla en la entrada se había disipado dejando ver la entrada tan bloqueada como al principio del día.

Sam y Tucker relajaron sus posturas, pensando que no había ninguna amenaza alrededor, Danny permaneció alerta.

—Niños...

Apenas audible, el susurro de esa palabra erizó la piel de los adolescentes. No veían de quien provenía, no alcanzaban a ver nada más allá de la niebla espesa.

—Tres... valientes... niños...

—¿Quién eres?

Danny gritó a la nada, en vano sus ojos azules escudriñaban buscando el extraño ser.

—Más... busquen... más... necesito más...

La voz pausada desapareció llevándose con ella la anormal neblina. El confundido trío no alcanzaba a comprender que era lo que había pasado. En la distancia, calle abajo la sirena de una patrulla sonaba acercándose a la escuela.

—Chicos debemos irnos —Llamó Sam mientras se encaminaba a los arbustos de parque.

—¡Silencio! Estamos perdiendo de vista el objetivo por el que nos reunimos. —Jazz dirigía sus palabras a un enorme grupo de adolescentes de su misma escuela —Yo sé que las fiestas son divertidas, pero ¿No creen que ahora que muchos no tenemos vigilancia paterna, hacer una enorme y descontrolada fiesta es una mala idea?

La mayoría de los que se molestaron en escucharla dirigían a la pelirroja marcadas miradas de incomprensión. Se suponía que la chica era lista ¿no? Entonces por que parecía no entender la increíble oprtunidad que se estaba precentando ante ellos.

—Bien, basta de decir tonterías. Voy a tomar esto en mis capaces manos.

Paulina una compañera de danny había subido a la misma banca en la que estaba Jazmine. Las curvas de la joven de piel morena y descendencia latina, opacaba la delgada figura de la mayor a su lado.

—Permiteme querida, yo me encargo de esto.

Con sutiles movimientos la de menos edad se las había arreglado para bajar a la pelirroja. Después detodo nunca le había gustado compartir la atención que recibía.

—Perfecto. Creo que todos compartimos la misma idea, es hora de llevarla a cabo.

Por un momento Jazz creyó estar orgullosa de la joven que parecía tener tanto liderazgo sobre sus compañeros.

—Obviamente la fiesta será en mi casa, que es la mejor del pueblo —dijo sin modestia alguna —Vamos a necesitar que algunos lleven bebidas y algunas botanas. Yo me encargaré del Dj y la música. Ah y nada de alcohol, no quiero meterme en problemas serios. Los espero esta noche, lleven a sus amigos y no le digan a sus padres.

El guiño de ojos azules y la sonrisa de pintalabios rosa fue recompensada con gritos y una algarabía absoluta.

A unos pasos de distancia Danny y sus amigos veían bajar de la patrulla a un par de los policías del pueblo. Segundos después de un automóvil blanco con los también hombres de blanco quienes de inmediato empezaron a revisar las cámaras en el lugar.

—Estuvo cerca —suspiró Tuck aliviado desde su escondite en los arbustos.

—¿De qué creen que estaba hablando la voz en la niebla? —preguntó Sam que ya había dejado de preocuparse por los agentes frente a la escuela.

—Los tres oímos lo que quiere —respondió serio Danny —A más como nosotros, niños, adolescentes ya tiene a los adultos. Quien sabe si después vaya por los ancianos.

La garganta de Sam dolía al pensar en su loca abuela que estaba en casa.

—¿Para qué? Sigo sin entender que gana al retener a los padres. Piensa encerrarnos a todo el pueblo...

—Lo que sea que planee no se lo vamos a poner fácil.

Los ojos azules de Danny tenían la seria frialdad del hielo. Él y sus amigos sabían que esta no era una de las veces normales en que atrapaba a otros fantasmas y ya, este ser traía consigo algo tras de sí, algo tan oscuro que nisiquiera podían llegar a imaginar de que se trataba.