—Jazz...
—No Danny, nada de Jazz... y tus excusas. Soy la mayor aquí y debes obedecer me. No voy a permitir que te pongas en peligro. Que tal si caes y el gatillo se acciona...
—Jazz, sabes que eso no va a pasar. Y también ambos sabemos que estas armas no representa ningún peligro para los humanos. —Danny hablaba muy serio. —Papá y mamá nos han enseñado a disparar desde que pudimos dar un primer paso. Tu misma te has enfrentado a fantasmas de todos tipos desde pavos ectoplasmicos hasta a el temible fantasma de Wisconsin.
—Pero tu... Danny... no puedes —los ojos azules se llenaron de lágrimas.
Mientras un ruido se materializó en la oscuridad donde la puerta había caído. Todas las cabezas giraron en esa dirección para ver a uno de los soldados esqueleto asomarse por el hueco en la pared.
Espada en mano el montón de huesos cruzó el umbral con dirección al grupo. Una de las chicas soltó un grito de miedo y los demás contuvieron la respiración a cada paso que el ser daba.
Un disparo voló por la habitación desarmando el fantasma hasta caer en una pila de restos.
—Vámonos antes de que se rearme —dijo Sam con el láser despidiendo el humo del disparo.
—¡¿Qué demonios?! —gritó asombrada Paulina, Sam quería sonreir pero lo consideró poco profesional.
—Esta bien si tu decides no llevar un arma contigo Jazz, pero Sam, Tucker y yo vamos a sacar a todos de aquí antes de que otro fantasma aparezca.
Danny sujeto a su hermana del brazo y la acompañó al lugar por donde apareció el fantasma. Dejándola fuera Danny regresó y apuró a los demás para salir, mientras Sam y Tucker vigilaban atentos la pila de huesos, apuntado sus armas por si se levantaba como solían hacerlo en especial ese tipo de fantasmas.
—¡Todos afuera! —gritó Danny.
Los adolescentes siguieron la orden asombrados de las desconocidas habilidades del trío. Cuando ya todos estuvieron afuera Sam y Tuck también salieron, por el agujero de la puerta alcanzando a ver los huesos flotar para volver a unirse.
—¡Dash, Kwan ayúdenme con la puerta!
Danny sujeto la orilla de la puerta y con la ayuda de de sus compañeros volvieron a ponerla en su lugar, mientras el soldado esqueleto corrió hacía donde ellos estaban. Este mismo no paró hasta chocar con fuerza sobrenatural contra la puerta tratando de tirarla, pues sin las bisagras estaba suelta y sin ningún agarre. Los chicos resistieron valientes sin saber cuánto tiempo serían capaces de soportar.
—¡Tuck el fantasma! ¡Sam la puerta! —gritó Danny.
Con un disparo que pasó por la ventanilla de barrotes Tucker se encargo de desintegrar de nuevo al soldado. Sam se dirigió al lado donde el láser había fundido las bisagras y sin soltar el gatillo término de derretir los restos del metal. La orilla se puso al rojo vivo pero para sorpresa de todos la madera no ardió. Danny no relajó la postura y por ende Dash y Kwan tampoco lo hicieron, esperaron sosteniendo la puerta hasta que el metal se enfrió un poco y volvieron a escuchar el ruido de los huesos levantándose en el interior.
—Muy bien, gracias chicos —dijó Danny a Dash y Kwan cuando soltaron la puerta.
Nadie podía creer lo que habían visto, en menos de una hora el trío mas desastroso de Casper High los había liberado de una prisión infranqueable, defendido de un soldado fantasma hecho de huesos y atrapado al mismo tras una puerta medio fundida.
—¿Que maldita cosa pasó aquí? —Preguntó muy molesta Valerie.
Todos guardaron silencio amontonados en el oscuro pasillo sin antorchas. Dentro de la celda el fantasma arremetió de nuevo contra la puerta intentando derribarla. Danny, Sam y Tucker cruzaron miradas antes de que Sam dijera.
—No ha pasado ni pasará nada Valerie. Solo vamos a salir de aquí, lo demás no importa.
La morena no parecía contenta con la respuesta de la chica gótica y fue a pararse frente a Danny.
—¿Y tú danny también vas a fingir que nada pasa?
—Escucha Val, tenemos que irnos antes de que ese amigo derribe la puerta. Y antes de que el resto del ejército venga tras nosotros.
Los que esperaban empezaron a murmurar temerosos cuando escucharon las palabras de Danny y los golpes que no dejaba de dar el otro contra la puerta.
—Maldita sea Fenton, ¿Desde cuándo sabes disparar las armas de tus padres? —preguntó Valerie ignorando los riesgos por venir. —¿Por qué las llevan en su mochila? Y sobre todo ¿Por qué justo el día de hoy las tenían?
—Danny... —Tucker llamó la atención de sus amigos, señalando en dirección a la puerta que empezaba a moverse.
—Sam los comunicadores, Tucker tú y Sam van al frente busquen una salida o algún lugar seguro. —Danny se colocó el comunicador en el oído y continuó diciendo. — Si aparece más de estos ya saben que hacer. Ire en la retaguardia, empiecen a correr yo los sigo.
—¡Danny! —el grito de Valerie paro los pies de todos. —¡Responde Daniel Fenton! O si no yo misma me encargaré de ...
Danny no estaba dispuesto a caer ante las amenazas de Valerie, pero tampoco podía perder mas tiempo por su culpa. Quería mucho a la morena o la quiso, ya nada era claro cuando la chica tomaba esa actitud tan desmedida.
—Valerie, yo no voy por ahí preguntándote que guardas tú en esa mochila roja que nunca sueltas o en qué gastas tu tiempo libre.
Los ojos azules toparon los negros de ella y la adolescente reconoció el desafío. En silencio entendió que había una gran posibilidad de que Danny supiera su secreto.
Dada por terminada su pequeña charla Danny hizo un gesto a sus compañeros de lucha. Tucker y Sam se colocaron los aparatos al oído y sin soltar el láser emprendieron la carrera. Jazz, Paulina, Dash, Estrella, Kwan y los otros los siguieron. Mikey que se había separado de su hermana Alicia y Valerie que no se movía parecían esperarlo.
—Chicos deberían...
—No vamos a dejarte solo Danny —dijó Mikey sonriente creyéndose un apoyo para el halfa. Valerie solo observaba todavía molesta pero sin dar un paso.
—Gracias chicos.
Y empezaron a correr.
