El grupo que había escapado del calabozo logró avanzar una considerable distancia sin problemas con Sam y Tucker al frente y Danny en la retaguardia, lamentablemente para ellos sin la ayuda de los poderes de Danny le estaba costando bastante trabajo salir de donde fuera que estaban.
Tras los primeros minutos varios de los chicos empezaron a quedarse atrás. No todos tenían la misma condición física y no tenía sentido ir con prisas sin tener claro a donde deberían de ir.
Dash trató de quitar del mando al trío apoyado por algunos de los a-listar que todavía no terminaban de confiar en los que ahora parecían expertos. Para la buena suerte de su futuro bienestar, los mayores, amigos de Jazz, se negaron de inmediato y la situación continuó igual con los tres amigos al mando y con Danny tratando de burlar la feroz vigilancia de Valerie; algo que no logró pues la morena parecía una sombra pegada a sus tobillos.
En silencio y moviéndose por las sombras los todavía adolescentes llegaron a ver lo que tanto deseaban, tras subir la mas aterradora escalera que cualquiera de ellos hubiese visto, simples bloques de piedra pegados a la pared sin pasamanos ni agarraderas visibles, terminaron aterrados tras la peligrosa subida frente a la única puerta con la luz del sol filtrándose en sus esquinas. Repitieron el acto de fundir las bisagras esta vez a cargo de Tuck, y salieron a un conocido páramo verde.
—Es la cancha de fútbol ¡Es nuestra cancha! —gritó Dash felíz de haber salido.
—Creo que deberías de decir, era.
La corrección de Sam llamó la atención de Dash que se giró para ver de donde habían salido. La última puerta que abrieron formaba parte de los altos muros de una arena parecida al coliseo romano. La enorme construcción estaba asentada sobre lo que otros tiempos fuera el campo de fútbol americano de Casper High.
—¿Ya todo esta listo? —preguntó el príncipe Ian.
—Esta preparado, su alteza —respondió el fantasma con la armadura negra.
—Los mayores ¿Han llegado a la entrada?
—Siguen a su guía, llegarán en poco.
—¿Y los más jóvenes?
—Están en la salida que da al páramo de sus juegos, Señor.
—Encargarte tu mismo de hacerlos entrar, amenaza, finge o arrastra si es necesario. Quiero a todos los niños humanos dentro.
El Caballero del Terror pensó que hubiese sido más fácil si los detenían cuando se avisó que salieron del calabozo. Cavilación que se abstuvo de compartir con el hijo de su Rey, sus absurdas ideas no tenían necesidad de salir a molestar el linaje del gran Rey Pariah.
—Como ordene, mi Lord.
—Será mas fácil así —explicó Danny al grupo reunido a su alrededor —Todos se quedan aquí a salvo con Sam mientras yo y Tuck revisamos los alrededores.
—Estas loco, Fenton ¿Cómo sabes que vamos a estar a salvo aquí con la gótica? Es más fácil si cada quien se va a casa ya ¿O me vas a decir que detrás de la niebla esta una pared irrompible?
Danny suspiró cansado de la mala actitud de Dash. Si antes su pasatiempo favorito era golpearlo, hoy lo había cambiado por contradecir todo lo que Danny decía. ¿Y qué debía decirle? Que apenas puso un pie sobre el pasto verde de la cancha tuvo que cubrir su boca, para que nadie viera los incontables alientos fríos que le avisaban de la presencia de fantasmas.
O mejor lo empujaba de una vez entre la niebla, en donde, estaba seguro, se escondían el resto del enorme ejército Pariah. Tal vez así Dash dejaría de dudar de todo lo que decía.
—Puedes hacer lo que quieras Dash. Solo no vengas gritando después cuando te atrapen —dijo Danny.
—Espera Danny, yo voy contigo.
Tucker siguió por un lado de la arena y Valerie siguió a Danny, que la ignoraba, por la otra. No había nada mas que desconfianza en sus acciones y palabras. Después de todo si Danny creía o sabía su secreto ella tenía que averiguar alguno de los suyos.
Pocos minutos después, los comunicadores Fenton dejaron oír la voz de Tucker a todo el grupo.
—Danny, Sam, ¿Me escuchan?
—Te escucho Tuck —dijo Sam.
—Yo también —escucharon decir a la voz de Danny.
—Llegue a la fachada de esta cosa hay muchos de los esqueletos fantasmas de Pariah y una puerta grande muy llamativa. No creó que pueda pasar sin que me vean. La niebla es menos densa aquí, alcanzo a ver la silueta de Casper High. Si logro evitar a los fantasmas puedo llegar hasta...
—No lo hagas Tuck —interrumpió Danny —No hay nadie dentro de la escuela.
El silencio que siguió a la noticia puso nerviosos a todos, hasta que Sam lo interrumpió.
—Danny ¿Dónde estas?
—Estoy, estamos, dentro de Casper High. Cuando llegamos a la puerta de la que habla Tuck vimos la escuela cerca y fuí a revisar. La puerta estaba abierta y Valerie corrió dentro. No encontramos a nadie con excepción de la mochila que besó Valerie.
Si la noticia de que no había nadie dentro de la escuela no los hubiese impactado tanto, alguno de los populares habría reído al escuchar que Valerie besó su mochila, pero no tenían tiempo para eso. La mayoría estaba pensando en sus padres desaparecidos. Si bien era cierto que los mayores no estaban en la misma situación, era imposible no pensar en lo mal que sus compañeros se sentían.
—Danny —habló Tucker —¿Qué quieres que haga?
—Vuelve, con Sam y los demás. Quizás nuestros padres ya están afuera. Nosotros casi llegamos de vuelta cuando estemos juntos podemos salir —dijo Dany.
—¡Demonios! —el grito de Sam resonó en sus auriculares —¡Danny nos atacan! Es el ejército de Pariah.
—¡Sam!
Danny corrió con todas sus fuerzas en dirección a donde estaba el grupo. Si tan solo Valerie no estuviera ahí, Phantom llegaría más rápido.
A sus espaldas, apenas alcanzó a oír la voz ahogada de Valerie.
—Danny...
El chico fantasma dió media vuelta solo para ver al Caballero del Terror apretando la garganta de Valerie.
