Capítulo 16

Los ojos de la morena se cerraron y si no fuera por que llevaba la mochila en la espalda, esta había caído al piso, igual que las manos de la joven que quedaron colgando sin sensaciones. Con su única testigo inconsciente Danny dejó salir los aros de luz con que cambiaba a su otro yo.

Cuando estuvo volando debió ingeniarselas para atrapar el cuerpo de Valerie que sin cuidado le arrojó el Caballero para derribarlo.

Distraído con no lastimar a la morena, Danny no se dió cuenta de la presencia del caballero a sus espaldas.

El golpe con el mango de la espada que recibió en la cabeza nublo su vista haciéndolo tambalearse todavía cargando a su compañera. Perdiendo fuerza cayó de rodillas. La mano enguantada del caballero, lo sujeto por el pelo blanco obligándolo a verlo a los ojos dentro del casco vacío.

—Apúrate y cambia de forma chiquillo. A mi nuevo amo no le interesa conservar a los fantasmas para esto.

—¿Qué...?

—¡Sí quieres que te lleve con tus amigos, cambia a humano ya!

Danny hizo lo que el fantasma decía. Su cabello volvió al color negro de siempre y sus ojos a ser azules. Con una mano el de la armadura sujetó a Valerie por la mochila y con la otra agarró a Danny por el cuello de la camisa acercándolo a su cara.

—Finge que estas inconsciente así verás el camino y a lo que te enfrentas. Se estúpido actúa por tu cuenta y Mi Príncipe te eliminará.

—¿Y si no quiero hacer lo que dices? —desafío Danny.

—Entonces le diré al Oscuro que eres mitad fantasma. Él te mandará tan lejos en la zona fantasma que nunca saldrás a tiempo.

—¿A tiempo de qué?

—No tenemos tiempo de preguntas, cállate ya y has lo que te dije.

Colgando de la otra mano del caballero, Danny vió a Valerie balancearse en su inconsciencia. La cabeza le dolía pero no tanto como el orgullo de verse atrapado tan fácil. No sabía si podía fiarse del caballero pero tampoco podía hacer nada más. Era demasiado tarde para ir con Sam y jamás sería capaz de perdonarse si abandonaba a Valerie en manos de un fantasma en que no confiaba.

—Maldita sea, sabía que era una trampa —dijo Jack golpeando a los esqueletos que los rodeaban en medio de la enorme arena.

Los adultos habían seguido la mancha de niebla hasta el edificio recién construido, una vez adentro el secuestrador lanzó a la señora Manson sobre el piso y se alejó volando. En segundos estaban siendo rodeados por el viejo ejército de Pariah que sin moverse pero sin retroceder los encerraron en un improvisado círculo de huesos. Nadie se dió cuenta de las otras voces hasta que pudieron examinar con detenimiento su alrededor.

Las gradas estaban llenas, había poca luz pero podían ver las siluetas de las personas sentadas alrededor.

—Bienvenidos, padres —dijo una voz con extraño acento.

—Han sido pacientes, y ahora que las condiciones se han reunido podemos continuar.

—Jack ¿Ustedes saben de que esta hablando? —preguntó el padre de Tucker.

—No amigo, no entiendo nada.

La sombra de la que salía la voz empezó a rodearlos, oculto entre la niebla y la oscuridad del lugar. Estudiando a sus presas.

—Ya entenderán, a su tiempo.

El fantasma se acercó mas a las rejas de hueso y en una seña levantó una mano al cielo. La oscuridad empezó a retirarse y la luz cayó sobre todo el lugar, en los asientos los habitantes de Amity Park observaba en silencio.

—Mi Señor.

El caballero del terror apareció por una de las puertas con las rejas abiertas y de inmediato hincó la rodilla frente al joven con la capa de niebla.

—¿Los has traído?

—Si, mi Lord estan todos.

—Has que entren con los demás.

El fantasma de armadura negra desapareció por la puerta y apareció seguido por mas esqueletos de brillo morado, estos y los que mantenía a los padres cautivos dieron pasos atrás mostrando a los jóvenes que hace poco habían escapado de una celda.

—¡Niños! —Maddie Fenton corrió para abrazar a sus hijos. Jazz ya estaba sujetando a Danny por lo que solo los rodeo con sus brazos.

—¡Mamá! ¡Papá!

Encuentros iguales se repitieron entre los dos grupos, los chicos mayores y el señor Lancer siguieron a los demás por si algo pasaba.

—¡Valerie! ¿Qué te pasó? ¿Estas bien?

—No es nada papá, un estúpido fantasma me golpeó.

—Hermoso espectáculo —dijo el fantasma de la capa ya cansado de observar.

—Eres el fantasma del otro día en la escuela —dijo Danny que reconoció al chico nuevo.

—Mas respeto mocoso —apuntó con su espada el caballero del terror, directo al delgado cuello.

Los Fenton gritaron llamando a su hijo y sacando las armas. Mientras las exclamaciones se escucharon desde las gradas y más cerca dentro de los grupos unidos.

—Hace unos días estaban peleando rompiendo ventanas ¿Y ahora le sirves?

—Por tu bien, te conviene callar mocoso —dijo el de armadura.

—Y a ti te conviene dejar de apuntar a mi hijo —desafío Maddie.

—Contengan esa disposición —dijo Ian bajando la espada de su caballero. —Ya vendrán los enemigos con quien pelear.

—¡Hey tu! ¿Por qué haces esto? —gritó Jack Fenton. El otro detuvo su paso y respondió de espaldas.

—Porque busco algo, que quizás ustedes tienen ¡Traigan las armas!

Siguiendo sus ordenes un grupo de esqueletos llevo un largo cofre de madera. Al abrirlo el brillo verdoso dejo que los sabían al respeto, entendieran que se trataban de armas anti-fantasmas.

—Largo.

Los huesudos de brillo morado se retiraron a la oscuridad de una puerta que luego de que pasaran se cerro con barrotes.

—Busco un guerrero —dijo el oscuro. —Uno completamente humano y que luche contra fantasmas. Los que esten dispuestos a participar se quedarán en esta arena, los que no pueden tomar un lugar entre el resto del pueblo —el fantasma señaló las gradas. —Y si alguien del pueblo se cree lo suficientemente bueno puede bajar a la arena.

—¿Por que nosotros? ¿Y nuestros hijos? Ellos no son caza fantasmas —dijo el padre de Sam.

—¿Entonces por qué apestan a fantasma? Nadie mas aquí, ni ellos —señaló a los Fenton —tienen la esencia de un fantasma tan impregnada como este grupo.

—¿Los fantasmas huelen? —preguntó Valerie sorprendida.

Danny dió un paso atrás, Sam y Tucker lo rodearon queriendo ocultarlo. Los padres observaron sorprendidos a sus hijos adolescentes, estos les regresaron la mirada la mayoría sin entender nada.

—¿Y qué si olemos a fantasmas? ¿Sabes cuantas veces nos atacan los fantasmas en la escuela? ¡Cientos de veces! —se defendió Sam.

—¡Es cierto! —apoyó Tucker.

—¡Mentiras! —La voz de Ian era profunda pese al acento.

—¡Si se niegan a participar, destruiré el pueblo entero! Lo arrancaré de sus cimientos y dejaré que flote para siempre en la zona fantasma. Con ustedes encerrados dentro.

Los recuerdos del día en que Pariah arrancó el pueblo entero surgieron de la mente de todos. Era posible, ya un fantasma lo había hecho una vez, que detenía a este de repetirlo.

—Nosotros nos quedaremos, deja ir a los demás —dijo Maddie y Jack asintió de acuerdo.

—No mamá, no ustedes solos —pidió Jazz.

—Escucha Jazz tienes que salir de aquí y llevarte a Danny —explicó Jack a su hija.

—Se irá sola, yo me quedo.

La voz de Danny llamó la atención de sus padres que trataron de convencerlo para salir. Danny negó una y otra vez para después de ver a sus amigos decirle a sus padres.

—Papá, mamá no quiero que se molesten pero hay algo que les he ocultado desde hace tiempo...

—Danny, no lo hagas —pidió Sam.

—Danny espera...

—Esta bien Tuck, déjame decirles.

—Danny-boy no es el mejor momento pero sabes que cuentas con nosotros para lo que sea —Jack habló usando el viejo apodo de su hijo.

—Lo sé, papá. Y lo lamento mucho porque en parte esto es nuestra culpa. Tucker, Sam y yo hemos estado cazando fantasmas. Es por eso que olemos como ellos, ni siquiera sabiamos que tenían un olor. Lo siento.