Capítulo 18

Maddie Fenton podía jurar que pasó poco tiempo, solo segundos, a lo mucho minutos desde el momento en que fue capturada.

Sin embargo al regresar con los demás encontró a todo su grupo capturando a los últimos fantasmas con el termo. En su mano derecha Maddie sostenía una de sus inseparables armas, en la izquierda, por suerte todavía tenía su propio termo bien agarrado.

A la distancia logró escuchar los gritos de su esposo llamándola.

Orgullosa observó que Jack lideraba la marcha seguido por los niños y con estos rodeados protectoramente por demás padres armados.

Solo en una esquina los dos rebeldes amigos de su hijo se encargaban de atrapar a los últimos fantasmas por su cuenta, se veía que tenían experiencia, que no dudaban en disparar y que tampoco escuchaban a sus preocupadas madres que seguían pegadas fieles a la seguridad del grupo organizado por Jack y sus hombres. Apenas iba a felicitarlos cuando la pregunta de Jack hizo temblar sus fuertes piernas.

—¿Y Danny? ¿Donde esta Danny?

—Estaba contigo —Se excusó asustada.

—No Maddie, la cosa que te llevó también tomó a Danny.

Tardó una mirada entre ambos esposos para que la mujer se diera la vuelta, decidida a rescatar a su hijo de lo que sea que estuviera oculto en la oscuridad, no dió más de dos pasos cuando Tucker y Sam la alcanzaron resguardando sus lados. Iban armados y con la seriedad de quienes estan decididos a todo. Maddie se preguntó en que momento habían cambiado tanto ¿Era su Danny como ellos?

A su espalda sus madres seguían gritando pidiendo que se resguardaran.

—Gracias por el apoyo chicos, pero deberían quedarse con sus madres.

—Eso no pasará —dijo Sam.

—Encontraremos a Danny —apoyó Tucker.

Maddie se dió vuelta una última vez, se despidió asintiendo con la cabeza a su esposo, el lider naranja que protegía a sus amigos y se dispuso a no volver hasta que llevara a Danny con ella.

Las madres de los adolescentes a sus lados ya no gritaron, sabían que serían ignoradas de nuevo. El pueblo que llenaba las gradas veían mudos, a esa gente que pensaban eran solo vecinos un poco locos, a los adolescentes que parecían tan distraídos y en realidad eran tan letales. A los padres con los que charlaban en las reuniones y que ahora luchaban con la rabia de los presos recién liberados.

La arena crujía bajo los pasos del equipo que rescataria a Danny. El túnel de donde salieron tantos fantasmas estaba ahora desierto.

Ian Pariah observaba atento al pequeño equipo avanzado a la oscuridad del túnel.

Él sabía lo que se ocultaba dentro ya que por sus ordenes estaba ahí, un calamar fantasma. El devorador de los barcos antiguos, un kraken difícil de encontrar e imposible de manejar.

La mujer pelirroja había sido afortunada de escapar, el muchacho por otro lado, parecía demasiado simple para sobrevivir luchando por tanto tiempo. Aún lleno de la esencia fantasma que emitía. "Cazador" Había dicho a su gente... mentiras y falsedades.

Los cazadores tenían esa mirada intensa llena de un hambre insaciable por las presas, el gusto por las armas de filo cortante y la fanfarroneria del que se cree el mejor.

La madre pelirroja tenía esa mirada ansiosa de presas y el hombre naranja presumía al llamarse cazador, en cambio el chiquillo se estremecía al oírla.

Quizás trataba de ocultar otro secreto, no sería la primera vez que un fantasma se prendara de un humano llenándolo de su esencia ¿Sería este el caso? ¿Tendría una enamorada fantasma la cuál ocultaba?

—Danny...

La voz de Sam llamó la atención de los que estuvieron lo suficientemente cerca para oírla. Maddie no supo en que momento los adolescentes abandonaron su lado para adentrarse en el túnel, estaba por seguirlos cuando los tres pares de piernas alcanzaron la luz de la arena.

Sin aliento, apoyado en los brazos de sus amigos Daniel Fenton regresó cubierto de plovo y con el arma de su madre colgando de uno de sus hombros.

—¡Danny!

—¡Danny-boy!

Jack abandonó el frente de su grupo para fundirse en un abrazo con su mujer e hijo. Estaba tan feliz de tenerlos a ambos de vuelta que junto a su mujer prácticamente asfixiaba al trío.

—Papá, mamá nos estan ahogando... —logró decir Danny.

—Lo siento hijo, es solo la alegría que inunda el cuerpo de tu viejo padre.

Los mayores soltaron al trío adolescente y fueron rodeados por el resto del grupo.

—¡Que demonios paso ahí, Fenton! Tu madre y tu fueron capturados por tentáculos enormes y de repente tu vueles como si nada.

Voz de Valerie rompió la alegría durante el reencuentro del grupo. La morena que sostenía firmemente la mochila roja contra su pecho, era la única que mantenía un insistente interés sobre las secretas habilidades del adolescente.

—¿Esto te parece como si nada? —señaló Sam el rostro lleno de suciedad de su amigo.

—¿Qué había ahí dentro Danny? —preguntó tranquilo el señor Lancer.

El chico de pelo negro compartió una mirada cómplice con sus mejores amigos, demeritando la pregunta al no responder durante los segundos que le tomó quitar el termo Fenton de las manos de Sam.

—Solo era otro pulpo —mintió dándose la vuelta para encarar la oscura abertura. —Uno rojo, un poco mas grande y el doble de torpe. Quedó noqueado con el arma de mamá.

Usando el poder del termo Danny iluminó el hueco donde habían estado mientras capturaba al fantasma; nadie, ni los que estaban cerca, alcanzaron a ver más que una larga mancha color rojo.

—Señora Fenton ¿Usted también lo vió? —preguntó Valerie todavía negándose a dejar ir el tema.

Maddie Fenton dudó varios segundos, observando la todavía delgada figura perteneciente a su niño. Recordó el miedo al ser capturada con tanta facilidad y el terror que sintió y percibió, había estado oculto en la oscuridad.

Maddie no sabía porque, sin embargo algo en su interior le decía que《eso》no había sido un pulpo fantasma.

—Estaba muy oscuro... yo no alcance a ver nada.

—Mi Príncipe.

La llamada del caballero recibió un cabeceo afirmativo. Volando para enfocar la atención en su presencia el fantasma de la armadura declaró:

—La prueba terminó por hoy, mi príncipe los dejará ir con la condición de que vuelvan mañana.

Los esqueletos descendieron hasta crear ordenadas filas en el centro de la arena. Las salidas estaban por fin libres y la gente empezó a salir.

—¿Y sí no lo hacemos? —gritó Jack.

—Oh, no se confundan —los ojos bajo el casco se estrecharon con malicia. —Yo me dirigía a los espectadores. Ustedes son propiedad del príncipe y como tal pueden escoger entre quedarse en aquel gallinero en que estaban o pasar a los calabozos donde teníamos a los menores.

Al acabar de hablar las filas de huesudos rodearon al grupo. Sin más quejas de por medio las filas los empujaron hasta las puertas abiertas de la escuela. Prácticamente los lanzaron dentro y después dos esqueletos cruzaron sus lanzas quedándose petrificados e inmóviles pero al menos no cerraron las puertas.

—¡Maldición! Nadie dijo nada sobre convertirse en esclavos. —Se quejó Dash tratando de empujar los huesos fuera de la entrada.

Cuando un montón de cabello rojo salió de la nada asustando de muerte al rubio.

—Jazz.

—Mamá, papá, Danny.