—¡Halfa! ¡El Halfa llegó!

—¡Ven aquí Halfa! Queremos hablarte.

—¡Necesitamos fuego!

El silencio llenó el lugar, nadie más aparte de las escandalosas aves pronunciaba palabra. El Príncipe Oscuro también esperaba a ver como respondería el joven de cabellos negros.

—¿Danny-boy esos pájaros fantasma están llamándoles a ti y tus amigos? —Preguntó Jack con las manos llenas de aquellas antiguas armas sacadas del baúl.

—¿Samy hay algo que tú y los chicos necesiten decirnos? —inquirió el padre de Sam.

El trío intercambio una mirada de complicidad antes de que Sam avanzara con tranquilos pasos como si el asunto la tuviera sin cuidado.

—Oh no te preocupes papá, son unos fantasmas Casi-inofensivos —dijo escudriñando el fondo del baúl. —A veces roban cosas pero nada importante ¿Recuerdas tú desaparecida colección de DVDs?

—¡Mis películas! —Gritó el señor Manson al hacer memoria.

—Así que pájaros fantasmas ladrones. Nunca esperé nada mejor de ti Fenturd, les quedan de amigos. —dijo Dash con desprecio.

—Danny, querido ¿Es verdad lo que Sam dice? —Preguntó Maddie recordando como no hace mucho, su hijo pequeño había aceptado que al lado de sus amigos había estado cazando fantasmas.

—De verdad, mamá. Te prometo que no son peligrosos —contestó Danny al tiempo que recibía una daga, de considerable tamaño, que Sam lanzó desde el baúl y el adolescente atrapó en el aire con envidiable habilidad.

Maddie estaba a punto de regañar a sus chicos por tan atrevida acción, cuando Valerie preguntó:

—Y a todo esto ¿Alguien puede decirme qué significa Halfa?

Los ojos azules de Danny dejaron de examinar el filo de la daga y las manos de Sam y Tucker dejaron de vaciar el alijo de armas para ver a la única persona que ponía en riesgo su secreto.

—¿Qué? ¿Donde demonios oíste esa mierda Val? —cuestionó Dash, quien de inmediato fue reprendido por su madre que desde su lugar en las gradas gritó al oírle.

—¡Ese lenguaje Dashiel!

Público y prisioneros rieron por el buen alcance del oído de la mujer. Y aún más de como el rubio se llenó de un colorido sonrojo, pero ni las risas disuadieron a Valerie quién exigió una respuesta.

—¿Y bien? van a responder o se trata de uno mas de sus super privados secretos.

Con la acusación en la voz de la morena, tanto padres como compañeros de clase volvieron a centrar su atención en los integrantes del trío.

También los asistentes en las gradas olvidaron todo lo demás para observar a los tres adolescentes. Si aquél ladrido no hubiera roto el encanto Danny y compañía habrían estado en problemas, de nuevo.

El fuerte sonido que llamó su atención venía acercándose por la puerta que el Caballero del Terror iba abriendo.

—¡No olviden a que han venido! —exclamó el espíritu de la armadura—. Mi Príncipe quiere un campeón y lo obtendrá, sin importar que deba eliminarlos hasta dejar a solo uno de pie.

—Tucker, Sam.

Llamó Danny con la mano libre entendida en dirección a sus amigos, esperando su siguiente arma.

El chico afroamericano de lentes balanceo una larga espada de doble filo antes de lanzarla a su amigo. Sonidos de asombro se escucharon viniendo desde las gradas y otros similares de los presentes a su alrededor sin embargo a Danny poco le interesó, pues con ambas empuñaduras agarradas firmemente se colocó en el frente del grupo listo para lo que sea que saliera de detrás de la reja abierta.

Los demás peleadores de la arena salieron del trance para alistar las armas Fenton, que el trio había cedido a los menos experimentados con excepción de los dos termos que siguieron en manos de Sam y Maddie, y de las armas de gran calibre que solo Jack y su esposa sabían controlar.

Temblando por lo gruñidos que se oían venir, los improvisados guerreros apuntaron al frente pero fueron incapaces de disparar al destello verde que salió a toda velocidad impactado de lleno a Danny, quien no movió ni un músculo.

Maddie gritó asustada al ver caer a su niño y estaba lista para saltar en su ayuda, cuando la mano de Sam detuvo sus pasos.

—Esta bien, es solo otro amigo —aclaró la chica gótica.

Entre el polvo de la arena las dos armas yacían olvidadas relucientes con su brillo anti-fantasmas. Mientras un chico de catorce años reía y luchaba contra la lengua y babas de un pequeño cachorro verde.

Tucker acompañó a su amigo en el piso para acariciar el lomo del perro fantasma y de inmediato fue tirado abajo y recibido con un saludo igual de húmedo e imparable.

Mientras en lo alto de su trono el niño que fue gobernó destruía las agarraderas bajo sus manos. Siempre que las cosas importantes se salían de control, la tormenta que había en su interior destruía todo lo que estuviera cerca.

Siglos de meditación encerrado en un ataúd de piedra habían logrado disipar las nubes negras, la calma oscura de la muerte fue llegando sin dolor o eso pensó, estaba dormido pero oía, no veía pero iba aprendiendo, cambiando igual que el mundo a su alrededor poco a poco, el dulce sueño que llenó su alma le trajo la paz que tanto quería.

Hasta que un día llega un maestro con tres chiquillos ruidosos, hablando sobre su padre...

—¡Siervo!

El caballero acudió al llamado de su señor, hincando la rodilla.

—Mi Señor.

—Dijiste que el perro era una bestia incontrolable. Un demonio difícil de capturar e imposible de evadir ¿Mentiste o es que planeas traicionarme?

Las fracturas del duro trono iban expandiéndose con dirección al piso y por la ruta que llevaban el siguiente objetivo sería el mismo caballero.

—Mi Lord nunca le he mentido —Juró el espíritu colocando la mano enguantada sobre el espacio vacío que una vez fue su corazón. —El fantasma en la arena es una bestia destructora, pero así como toda mi lealtad está doblegada a sus deseos, el animal también parece ser fiel al chico de cabellos negros.

—¿Sabías de su trato?

—No, mi Príncipe.

—Envía a los mutantes. Hoy quiero a la mitad del grupo fuera de la arena.

—Su nombre es Cujo —presentó Danny al cachorro que Tucker sostenía en brazos—. En vida fue uno de los perros guardianes que vigilaban los laboratorios Axion. Cuando, em, se deshicieron de ellos, Cujo volvió con la misión de destruir los laboratorios y a algunos de los anteriores empleados.

—Por suerte Phantom lo detuvo a tiempo —dijo Sam para completar la historia —Es un buen perro y Danny lo ha estado entrenando.

—Yo lo conozco—. Todos escucharon las palabras del señor Gray —Recuerdo a los perros en el laboratorio y a uno enorme destruyendo mi casa.

—Señor Gray...

—Es el mismo, papá.

Valerie por fin había abierto su mochila roja. En la mano sostenía un arma anti-fantasma amenazante y apuntaba al cachorro con los ojos llenos de odio.

—Valerie ¿De dónde sacaste esa arma? —Preguntó su padre.

—No importa, papá. Ese fantasma es el motivo de todos nuestros problemas. Y al fin podré eliminarlo.

El perro sintiéndose amenazado salto de los brazos de Tucker, ladró una vez, haciendo todo el ruido que un cachorro podía hacer desde el piso y otro mas sonando más fuerte. Ya cambiado en el enorme fantasma que solía acosar a la familia Gray.

—Valerie, baja el arma—. Pidió Danny colocándose frente a su enorme mascota fantasma.

Los asustados padres del trío llamaron a sus hijos intentando alejarlos del aterrador fantasma, pero los chicos no se movieron, los tres habían formado un escudo entre su compañera armada y el fantasma.

—Señorita Gray, sea cuidadosa puede herir a alguien —Advirtió Jack entendiendo que su hijo no se movería hasta que la chica dejara de ser una amenaza.

—Muévete, Danny. —Pidió la morena.

—Valerie, deberías calmarte, es solo un cachorro —Sam trató de hablar pero la otra solo la ignoraba.

—Es cierto, Val tranquila, recuerda donde estamos.

Pese a que las palabras de Danny y Sam no lograron más que aumentar su ira, el comentario de Tucker hizo que Valerie diera un vistazo a su alrededor y lo que vió no le gustó. Todos los presentes la observaban de un modo diferente, con miedo y desconfianza. Su propio padre parecía no reconocerla.

Las personas en lo alto susurraban. A nadie le pareció importante que Tucker había cargado a un maldito fantasma o que Danny y Sam lo protegieran. En cambio, ella estaba siendo juzgada.

Bajo el arma sintiéndose derrotada. Quería patear algo, golpear algo, deshacerse de su furia sin ser acusada.

—Está bien cielo —dijo su padre—. Es solo un cachorro, él es inocente, no sabía lo que hacía.

Su padre la cubrió en un abrazo alejándola del trío y su protegido.

—Tenemos que hablar—. El hombre abrió la mochila, observando el interior y luchando por mantener la calma al distinguir sin problemas la máscara y el traje rojo—. Vamos a hablar muy seriamente tu y yo.

—Lo siento, papá.

Nadie más pudo ver lo que el padre de Valerie vio en el interior de aquélla mochila. Sin embargo Danny, Sam y Tucker sabían bien lo que Val escondía.

N.A: ¡Al fin volví! Gracias a todos los que comentan y leen está historia. Son los seres más pacientes que conozco.Avísenme si ven algún error y lo corregiré.¡Gracias por leer!