Jazz quería gritar, su hermano había sido atacado de forma tan violenta que muchos de los espectadores habían cubierto sus ojos para no ver la cabeza rebotar contra el muro.
Jazmine no cegó su vista solo cubrió su boca, de nada le servía gritar por mucho que quisiera. Su voz no iba a ayudar a su hermano, ni ella ni sus padres habían podido protegerlo. Vió como el adolescente se sujetaba la cabeza, seguramente estaría sangrando y ella había dejado el botiquín de primeros auxilios en casa.
A pocos metros de su hermano los huesudos empujaban a sus padres y a los chicos que habían resistido el ataque a donde se fundía la oscuridad con los muros. Jazz veía a su madre luchando infructuosamente por llegar a donde Danny estaban, por alguna razón el chico no fue apresado como los otros.
Estaba de pie, solo en la arena, libre y con la cabeza herida. Jazz estaba a punto de llamarlo, si no se lo llevaban significaba que era libre y podia salir. A punto de pronunciar su nombre la pelirroja quedo muda al ver a Danny siguiendo los pasos de los prisioneros por voluntad propia.
No entendía porque su hermano rechazaba su libertad, tampoco porque el fantasma dijo que no era humano y mucho menos que fue lo que Danny dijo que logró molestar tanto al tipo de niebla. En lo único que Jazz se permitió pensar fue en que debía ser útil y sin preocuparse por lo que no escuchó o vió salió corriendo en dirección a su casa. Fue la primera en salir del lugar, la señoras Manson y Foley que siempre la acompañaban seguían inmóviles en sus asientos. Jazmine corría con tanta prisa que no se dió cuenta de la sombra que la seguía.
Los sobrevivientes al ultimo ataque en la arena fueron empujados dentro de los vacíos corredores de la escuela, esta vez su número era tan poco que las nueve personas entraron sin resistencia a lo que se había convertido en su calabozo personal, la mayoría de ellos tenían heridas leves con excepción del señor Gray a quien se le notaba bastante pálido.
Al igual que en las demás ocasiones, los esqueletos de Pariah montaron guardia frente a los portones abiertos, si bien su presencia no impedía la entrada de la comitiva que solía traer ayuda, solo necesitaron provar una vez para darse cuenta de que a los prisioneros no los dejarían salir.
Danny entró poco después del grupo. A diferencia de otras veces no fue recibido por un abrazo de sus padres, sus inseparables amigos se acercaron a él con preocupación en el rostro, todos habían escuchado lo que el príncipe dijo y pronto las preguntas romperían el silencio, las respuestas que Danny podía dar eran tan distintas a la verdad que pensar en lo que era correcto hacer le provocaba mareos o quizás esto último fueran por la hemorragia en su cabeza.
Los ojos de todos observan al trío, incluso Estrella medio recuperada de su desmayo y con la mitad de la información que los demás entendía que todos esperaban una buena explicación por parte de Danny.
Sin embargo la tensión fue expulsada fuera cuando escucharon los pasos de todos los llevados por los fantasmas. Los señores Manson y Foley entraron seguidos por el señor Lancer y el resto de estudiantes desaparecidos durante la batalla todos cubiertos de polvo pero sanos y salvos. La alegría de recuperar a sus seres queridos sobrepasó las dudas, guiando los pasos hasta convertirlos en cálidos abrazos llenos de alivio. La tarde afuera empezaba a convertirse en noche, Danny vió el grupo formado principalmente por madres y liderado por Jazz acercarse y sin mas energías para esperar de pie el adolescente recargó todo su peso sobre la pared a su espalda.
No quería llamar la atención, mucho menos arruinar un momento tan feliz como lo era aquel reencuentro, pero sin saberlo mientras dejaba su cuerpo bajar al piso los restos de la herida sin atender en su cabeza marcaba un escalofriante camino de sangre roja.
Sam estaba feliz de ver a su padre sano. Corrió a sus brazos y en algun momento llegó su madre con su pomposo vestido rosa de siempre, los cubrio a ambos con sus delicados brazos y un montón de besos rosas. Jamás lo diría en voz alta pero había dias en que Sam realmente disfrutaba de los cariños con que sus padres la llenaban.
Pero no podía durar para siempre, alguien gritó asustado y el encanto se rompió. Sam saltó en busca de la amenaza, Tucker corrió tras ella y Valerie ya tenía el arma apuntando a todos lados cuando los tres vieron el motivo de tanto escándalo. Danny estaba inconsiente sobre el piso, habia sangre en la pared atras de él y en la ropa de Jazmine quien gritaba tratando de despertar a su hermano.
Los padres Fenton estaban al lado de su hija sosteniendo al chico herido, sin embargo en los rostros de ambos cazafantasmas no era la preocupación lo que se veía, ellos al igual que todos los demás en el oscuro corredor de la entrada veían asombrados el rastro de sangre roja brillando con pequeñas manchas de color verde, estaban en el muro, en la ropa de Jazz y entre el cabello de Danny.
Valerie bajo su arma sin entender que pasaba, Sam y Tucker trataban de llegar a donde su amigo se desangraba empujando fuera a las personas en su camino, pero un hombre de traje negro se les adelantó.
Vlad Masters levantó al chiquillo que consideraba su hijo del regazo de su hermana, no podía creer que sus verdaderos padres quedaran deslumbrados por un poco de sangre híbrida, olvidando que la vida de su hijo pendía de un hilo. Jazmine que había resultado mas sensata lo siguió con el botiquín de primeros auxilios en los brazos y nisiquiera tuvo que llamar al par que siempre acompañaba a Daniel, pues lo siguieron antes de dar el primer paso lejos del frío en la entrada.
—¿Señor Masters a dónde vamos? ¿No deberíamos llevar a Danny a un hospital? —preguntó la pelirroja al verlo entrar en el salón más cercano.
—Jazmine tu hermano no puede ir a un hospital, necesita atención ahora —dijo Vlad recostando al chico boca abajo sobre el escritorio de algún maestro.
El alcalde de Amity Park se quitó el saco negro, ordenó que encendieran las luces y puso la prenda doblada bajo la mejilla de Danny. Pidió los suministros necesarios del botiquín a la pelirroja pero sus manos temblaban y apenas podía sacar uno de estos cuando se le caían de vuelta. Sam le sujetó las manos y Tucker de los hombros, el genio de la tecnología la guió a una butaca cercana, de donde podía ver a su hermano y la ayudó a sentarse.
La chica gótica se encargó de asistir a Masters durante el tiempo que necesitó para hacer una adecuada desinfección y en colocar las suturas necesarias para cerrar la herida. En consecuencia a los genes modificados de Danny la herida terminaría curandose por si sola, pero debido a la otra mitad de esos genes los de la parte humana, Vlad siempre le recomendó al trío de Amity Park desinfectar las heridas del chico fantasma, solo por prevención.
Vlad desechó los guantes de goma usados y con cuidado giró al hijo de su único amor hasta que estuviera durmiendo sobre su espalda. Si bien no estaba sobre la mejor cama, el alcalde sabía que Daniel estaría bien, resguardado por sus amigos y esa incansable hermana que tenía.
—¿Estará bien? —preguntó el hombre calvo al que Vald reconocía como el maestro de Danny.
El hombre acompañado por un pequeño grupo de adolescentes, seguramente compañeros de escuela de Danny, se había atrevido a entrar hasta llegar a un lado del chico inconsciente.
—Estará bien, es un mocoso fuerte.
El calvo asintió mientras sujetaba sus manos inquietantas y veía preocupado el palido rostro de su alumno. Vlad los dejó quedarse mientras observaba a los padres Fenton de pie en la puerta sin poder dar un paso adelante. Salió al pasillo donde todos los demás parecían esperar noticias.
—Vlad... —Maddie llamó a su antiguo enamorado. Jack parecía no ser capaz de pronunciar ni una palabra, los engranajes en su cabeza debían seguir luchando entre teorías, observando a su hijo y negando lo que su amada Ciencia le daba como respuesta ante la brillante señal bicolor que decoraba ese mismo pasillo.
—¡Esperaba más de ustdes dos! —Explotó a voces el secreto Plasmius frente a sus amigos.
—Vlady tu sabes que no es posible, fantasmas y humanos no pueden ser... —trataba de explicar Jack.
—¡Es su hijo maldita sea! Iban a dejarlo desangrarse hasta la muerte solo por una maldita prueba de que hay cosas que ni ustedes saben.
—Tú lo sabías. —Maddie afirmó sin dudas. —Lo sabías y no nos dijiste.
—¿Que le pasó Vlady? ¿Cuándo? ¿Cómo? —Jack le pedía respuestas con voz entrecortada y lágrimas en los ojos. —Vlad, sí alguna vez nos has considerado tus amigos, debes decirnos que le pasó a nuestro hijo.
—Lo siento Jack, pero no me corresponde. Hablen con Daniel cuando despierte, demuestren que puede confiar en ustedes y quizas él les explique el principio de todo. Y en caso de que no lo haga sepan que él siempre tendrá el apoyo que necesita en mí.
Vlad habló honestamente, sin preocuparse por las personas observando a su alrededor. Maddie y Jack necesitaban abrir los ojos de una vez por todas.
—¿Por qué lo ayuda? ¿Qué ha hecho Danny para que el alcalde en persona corra en su auxilio? —cuestionó Valerie ya cansada del interminable rompecabezas en que se había convertido su extraño compañero de clases.
—¿Es más importante para ti esa respuesta que conseguir ayuda para tu padre? —Vlad señaló con molestia al hombre herido de pie junto a la adolescente. —Señorita Gray no deje que el odio sobrepase sus prioridades, la señorita Manson es bastante capaz de atender a su padre si usted se lo pide.
—Esta evitando las preguntas ¿Que tanto oculta Danny que incluso sus padres ignoran? ¿Tan malo es que no puede decirnos?
Vlad lamentó la decisión que tomó el día en que entregó la armadura roja a aquélla chiquilla, en aquél momento pensó que esa terquedad se convertiría en decisión pero ahora veía la enfermedad del prejuicio en los ojos claros de la niña que envió a cazar.
No entendería con palabras estaba claro.
—Dame el cuchillo corto de un solo filo que guardas en el bolsillo derecho de la mochila.
Valerie saltó por el repentino tuteo y las instrucciones tan específicas pero entregó el arma, curiosa de ver que haría el alcalde con esta.
Masters cortó su palma y dejo la sangre reunirse mientras regresaba el cuchillo a su dueña, caminó hacía la salida por el poco iluminado pasillo y una vez junto al jugar en que había caído Danny extendio su propia sangre en el muro.
—Todos aquí son libres de considerar mis actos como muestra de solidaridad, hacía quien es lo que yo soy.
Las brillantes manchas de color verde en la sangre de Danny perdieron luminosidad al quedar junto a los puntos rosaceos más frescos y llamativos que aparecieron en la marca roja hecha por Vlad.
Nadie dijo nada más mientras el nombre de pelo blanco salía por la puerta.
