Una multitud frente a él, metida en sus propios asuntos. Encontrando a la persona destinada, a la indicada; aquello a los que llamaban "almas gemelas".
Ninguno de ellos se preocupaba por su presencia, después de todo esto era una fiesta casual y él se estaba aburriendo un poco desde su asiento en una de las mesas olvidadas cerca la entrada. Pensaba que ir a tal evento sería divertido como usualmente era, beber hasta emborracharse, pasar el tiempo con amigos y aunque no le interesará mucho, quizás tener una compañía ocasional.
Pero nadie le había dicho que esta vez la fiesta estaba enfocada en encontrar a tú alma gemela. Esas personas que todo el mundo ansiaba por conocer y pasar el resto de sus vidas juntos hasta un punto que Joseph consideraba como obsesivo.
Claro que sin mencionar el "insignificante" beneficio que traía el conocer al alma gemela.
El poder del stand.
Joseph no era una persona que prestará mucha atención a temas que no lo beneficiarían pronto, pero debido a que fue su querida abuela Erina quien le contó sobre ello, puso mucha atención en su explicación.
Según lo que ella le había contado hace tiempo, nadie conocía la fecha exacta del primer caso donde se manifestó un stand. Al no encontrarle un gran sentido científico a este hecho, popularmente se llegó a un consenso de asociar un evento tan poderoso y mágico a conocer a tú alma gemela, con la que se compartían vínculos intensos en donde habían caso que incluso eran capaces de recordar sus vidas pasadas.
Este despertar se daba cuando la mirada de un individuo conocía a su "alma gemela". Al entrar en un contacto visual, ambos despertaban involuntariamente áreas del cerebro que les otorgaba poderes sobrenaturales, mejor conocidos como "stand".
Aunque el despertar del stand tenía varias "fallas", debido a que despertaba con un contacto visual, las personas con problemas severos de la vista tenían menos probabilidades de despertar el stand a pesar de conocer a su alma gemela.
Además de que el despertar es involuntario, no hay ninguna otra reacción fisiológica del cuerpo ante él por lo que se podría conocer al alma gemela sin saber que es ella al instante. Todo ello sin contar que cada vez la población mundial aumentaba por lo que las posibilidades de conocer al alma gemela eran menores.
Por ello, es que cada vez las personas organizaban más "fiestas de encuentro", con la finalidad de reducir a una menor población la búsqueda de las almas gemelas y poder tener más probabilidades de despertar el stand.
Nada de eso le preocupaba mucho a Joseph, eran simples patrañas para él, incluso si en su familia el despertar del stand había sido posible en todo su linaje. Desde su bisabuelo hasta su padre, todos habían conocido a su alma gemela, pero ninguno de ellos se había quedado mucho tiempo con la suya.
No quería tomarle importancia a algo que sabía, no podría funcionar nunca.
Por eso es que la fiesta de encuentro le parecía tan aburrida, chicos se arremolinaban entre chicas y viceversa, incluso se mezclaban entre ellos. Todos en búsqueda de su alma gemela.
Suspiro por quinta vez, en algún momento decidió que era mejor idea ir a la desolada e ignorada barra del pequeño bar que había en el salón. Bebía anímicamente mal mientras esperaba que de alguna forma, está noche no fuera un desperdicio.
—Veo que te diviertes.
Levantó la mirada hacia la bartender que atendía esa noche, se trataba de una chica linda rubia y de ojos azules, parecía ser un tanto divertida e inocente lo cual le brindaba un adorable rango de torpeza. En otra ocasión, Joseph seguramente estaría flirteando con ella pero hoy no se sentía de muchos ánimos, por lo que solo le brindo una sonrisa ladeada mientras alzaba su trago.
—Creo que no he bebido lo suficiente para animarme, ¡Otra ronda!
La chica río por lo bajo y canturreo en respuesta, dirigiéndose a preparar otro trago para ese hombre.
Después de otro par de rondas, Joseph ya estaba más relajado, olvidándose un poco del motivo de la fiesta, se animó a coquetear con ella.
—Así que tú nombre es Suzi Q, ¡Es lindo, lindo! Pero el mío es mucho mejor. —expresó sonriente a la chica, quien lo miraba sorprendida por el cambio pero igualmente, divertida.
—¡Vaya! No lo creo, seguro tienes el nombre de un don nadie. —Respondió con simpatía, siguiéndole el juego a Joseph.
Este se hizo el ofendido, sobreactuando pero no menos motivado.
—Claro que no. —Con ambos dedos en forma de pistola apuntó a la chica y sonrió ampliamente—. ¿Qué te parece que estás hablando con el único e increíble Joseph Joestar?
La chica se sorprendió y su rostro lo expresaba bien al abrir ampliamente los ojos y cubrir su boca con su pequeña palma.
—¿En serio? ¿Eres el estudiante extranjero de la dinastía Joestar? ¡Eso es genial, ustedes son casi nobles en Inglaterra y que su stand siempre despierte es increíble!
Joseph bufó divertido, usar su nombre siempre funcionaba.
—¿Qué te dije? Podría mostrarte más de la increíble familia Joestar si me das tú número.
Suzi le siguió sonriendo con cierta picardía, Joseph no paraba de mirarla pero antes de poder hacer otro movimiento, sintió un tirón de sus solapas.
—Oye, oye.
Una voz masculina le habló, miró hacia su captor encontrándose con un joven rubio, dos marcas oscuras, casi púrpuras adornaban sus pómulos pero lo que terminaba con su encanto angelical, definitivamente era la mirada severa que le dirigía.
—No la molestes, idiota.
—¿Por qué? ¿Es tú novia o algo así? —preguntó el castaño sin intimidarse ante el desconocido.
El rubio frunció aún más el ceño, molesto por el castaño pero eso no lo hizo retroceder, en cambio se puso más a la ofensiva. Antes de empezar a golpearse como bestias, Suzi intervino.
—Cálmense ustedes dos. —Miró al rubio antes de continuar—. Caesar, él solo estaba pidiendo unos tragos y sabes que puedo cuidarme sola.
La rubia hizo un puchero, se cruzó de brazos indignada. Caesar suspiró pero no soltó al castaño.
—Sea como sea, no permitiré que hagas nada con un ebrio como este, nunca sabes qué tipo de temperamento podría tener.
—¡Oye! —Se quejaron tanto Joseph como Suzi al unísono.
—¿Quién dices que está borracho, idiota? —Continuó Joseph, hablando barrido y con movimientos erráticos.
Caesar ignoró su comentario. Miró con ferocidad a Suzi quien le sonrió avergonzada, después de todo no podía refutar sus palabras con esa actitud tan inestable de Joseph.
El castaño se vio arrastrado por el rubio a quien le costó mucho trabajo sacarlo de la fiesta, ya que Joseph hacía un gran escándalo.
Afortunadamente una vez que salieron dejó de forcejear y se dejó llevar por el rubio a través del campus universitario.
—Oye… —Se quejó Joseph en medio de un hipido nada disimulado—. ¿A dónde me llevas? ¿A tú habitación? No me digas que eres un pervertido.
—Cállate. —dijo el rubio con molestia—. No te emociones por las estupideces que tú mente maquila, solo vamos al edificio de los de primer grado, eres de ahí ¿no?
Joseph asintió molesto, en otra ocasión seguramente seguiría con palabras y frases mordaces pero no se sentía del todo bien, quizás bebió mucho más de lo usual pues la cabeza le daba demasiadas vueltas.
Lo último que recordó de aquella noche, fue la mirada asqueada de Caesar seguida de muchos gritos suyos.
El amanecer era sumamente molesto, particularmente ese día pues los primeros rayos del sol se colaban por su ventana y paraban a dar justo sobre sus ojos. Le ardían demasiado así que los abrió con mucha lentitud, aunque se arrepintió al instante de hacerlo pues un fuerte dolor invadió su cabeza.
Sentía todo el cuerpo pesado, como si un camión le hubiese pasado encima o tuviera a un par de personas con su misma complexión sobre él. Además que apestaba como alcantarilla y se sentía todo pegajoso.
—Maldita sea… —susurró para sí mismo—. Me siento terrible, soy un buen bebedor… seguro esa maldita mujer le puso algo a mis tragos.
Después de muchas quejas sin sentido, logró hacer el tiempo suficiente para asimilar la tarea de despertar y comenzar el día. Descubrió que olía y se sentía muy mal debido a que vomitó sobre sí mismo. Tardó un rato más en tener que hacer la tarea de limpieza de su cama y ropa.
—¡Maldición! Está estupida tapa no abre —Se quejó mientras hacía demasiada fuerza para abrir el detergente en polvo.
Dio un fuerte golpe a la mesa. Su frustración inicial se vio opacada por el shock al ver una delgada enredadera morada llena de espinas salir de su mano.
Su escepticismo inicial no impidió a su cerebro intentar hallarle sentido a esto, para su desgracia no había otra explicación más que la conclusión a la que llegó.
—No puede ser… esto es un… ¡Es mi stand!
La conmoción fue tal que dejó de lado sus tareas, se sentó en el sofá pensando en todo lo que había pasado el día anterior y cuando pudo ocurrir el despertar de su stand. Todo se resumió en la fiesta de encuentro.
Río con sarcasmo, la vida daba vueltas que uno no deseaba. Había ido a una fiesta de encuentro pensando que era una simple fiesta de bienvenida para los alumnos de primer año de universidad, luego se encontró con gran variedad de personas en ese lugar y él, sin desear despertar su stand ni hoy ni nunca, lo hizo.
No le dio mucho tiempo de seguir ahogándose en su miseria, pues su teléfono comenzó a sonar cuando le llegó una llamada, justamente de su amigo que lo invitó a colarse a la fiesta.
La razón, parece que él no fue el único en despertar su stand, había al menos varias decenas de personas que lo hicieron y ahora estaban recopilando la información de todos ellos. Todo con la única esperanza de encontrarse en un futuro cercano y descubrir a su respectiva alma gemela.
—Maldita sea. —Susurró Joseph clavando con furia su tenedor sobre el plato de espaguetti nero, los envolvió con furia pero no se los llevó a la boca; solo siguió picandolos una y otra vez.
—¿Podrias dejar de irrespetar así a la comida de mi pais, idiota?
Una mano sujetó fuertemente la suya, miró por el rabillo del ojo al rubio que lo impidió continuar y resopló. Dejó caer el tenedor al plato, luego ambos desviaron las miradas.
Joseph pensó en lo difícil que era convivir con ese idiota, según recordaba se llamaba Caesar Zeppeli o algo así. No era más que un mujeriego galante, era un estudiante de tercer año en la universidad por lo que se enteró de terceros.
Si fuera por el mismo, no estaría sentado en una habitación de hotel, comiendo unos extraños espaguetis en compañía de ese estupido italiano.
Tampoco se trataba de ningún plan pervertido que ellos dos habían organizado.
Solo se trataba de que todos aquellos que habían despertado su stand fueron citados a ese lugar. Al parecer ellos fueron los primeros en llegar; ahora no tenían otra opción más que convivir juntos mientras alguien más llegaba.
El silencio se estableció entre ambos, pues Joseph no recordaba mucho al rubio cuando lo conoció en la fiesta. Por su lado Caesar ya tenía una desagradable impresión sobre él, después de todo, Joseph vació todo su estómago sobre su ropa, jamás volvería a ayudar a un borracho.
Joestar odiaba esperar algo y con Caesar como compañía solo era más intolerable la espera. Pudieron seguir enviandose más miradas de odio incesante de no ser porque la puerta finalmente se abrió, dejando ver a Suzi quien miraba con curiosidad hacia el interior.
La chica soltó un gritillo al verlos, corrió hacia Caesar con emoción, olvidando cerrar la puerta detrás suyo.
—¡Caesar! —exclamó con alegría—. No sabía que estarías aquí, eso significa que también tú stand despertó.
El rubio le sonrió cálidamente y besó su mano, Joseph a lo lejos hizo una mueca de asco viendo la escena.
—Así es mi adorada Suzi, de no ser porque nos conocemos desde antes de la fiesta, juraría que tú serías mi damisela destinada.
La rubia se sonrojo y rio, más divertida que halagada por las palabras coquetas de Caesar. Luego volvió a mirar a Joseph y rápidamente su atención se desvió a él.
—Y tú. —dijo mientras se acercaba hacia él, meneando sus caderas y con una sonrisa traviesa—. ¡Eres Joestar! Cómo olvidarte.
—¡La vieja loca del bar!
—¡¿Qué?!
Suzi se escandalizó mientras Caesar no perdió el tiempo y rápidamente asestó un golpe en la cabeza de Joseph.
El escándalo comenzó, Joseph quejándose por el golpe de Caesar, el italiano mirándolo con molestia mientras Suzi reclamaba a Joseph por su mal hablar.
Sin darse cuenta, la habitación ya estaba llena de otras personas que los observaban como si se tratarán de alguna clase de espectáculo.
Se detuvieron cuando notaron la presencia de los demás, cada uno tomó su propio rumbo en la habitación, mezclándose entre la gente.
—¡Vaya! ¿Quién pensaría que el gran Caesar podía actuar como un niño pequeño frente a un hombre de 1.95?
Bromearon unas chicas con el nombrado, este se sonrojo sutilmente e intentó cambiar el tema de conversación. Por otro lado, Suzi convivía con las personas que conoció aquella noche que despertó su stand y Joseph solo esperó cinco minutos más antes de marcharse.
Esto es solo una perdida de tiempo, pensó al momento de irse.
Los días continuaron con normalidad, o así llamaba Joseph a su rutina desde esa fiesta. Lidiar al mismo tiempo con dos nuevas etapas de la vida, el inicio de su vida universitaria y el despertar de un stand, no era tarea tan fácil para Joseph.
Aunque le parecía interesante la idea de tener a su favor una poderosa herramienta como lo era Hermit Purple, se rehusaba a explorar su potencial al 100% pues, no le gustaba del todo tenerlo. Aún se sentía algo acomplejado.
Y como si sus problemas actuales no fueran suficientes, ahora tenía que lidiar con cierto problema llamado Caesar Anthonio Zeppeli.
Ese chico se le había pegado como un chicle después de aquella reunión en el hotel, cuando preguntaba al respecto obtenía la misma respuesta.
—Se que le agradas mucho a Suzi, ¡Solo me aseguro que seas un buen partido!
—Si, si, como digas. ¿Eres su papá o algo así?
La pregunta voló en el aire, como las hojas que cubrían el campus en aquella tarde soleada. Sin duda era el inicio del otoño.
Ambos pasaban el rato compartiendo su compañía y el tiempo de almuerzo. Joseph disfrutaba de un panque relleno que no duraría mucho entre sus manos.
—Suzi es una buena amiga de una de mis hermanas, la conozco desde que era una niña y la traje aquí desde Italia. La cuido como si fuera una más de la familia.
—Qué amargado. —Exclamó Joseph, mordiendo nuevamente su panqué, pero antes de que Caesar se molestara con él, continuó—. Pero lo respeto, si yo tuviera alguna hermana que cuidar, quizás sería tan paranoico como tú.
Después de aquello se quedaron callados por un rato, nuevamente admirando el sencillo pero encantador paisaje del campus frente a ellos.
El silencio se rompió cuando Joseph lamentó en un susurro la ausencia de su panque, todo se había terminado. Caesar lo miró como si se tratara de un niño pequeño y no se lo pensó dos veces antes de extender el tenedor de su almuerzo con algo de fruta en él.
—Anda, come. —le dijo al castaño quien lo miró dudoso, rodó los ojos e insistió—. Hazlo o te quedarás con hambre, tienes una clase de dos horas después, ¿No?
Dándole la razón en silencio, Joseph abrió la boca y dejó que Caesar lo alimentará. No era una sensación desagradable.
—Oye. —llamó esta vez el castaño al rubio—. Está es una hermosa vista, pero ¿Puedes hacerme un favor?
Caesar lo miró dudoso, luego Joseph se acercó a su oído y susurro su petición. El rubio sonrió y asintió.
Extendió las palmas de sus manos hacia afuera y de un movimiento, burbujas salieron de ellas, creando con el reflejo de la luz de la puesta de sol, un paisaje aún más bello que todos en el campus podían admirar.
—Eres como un niño.
—Lo dice el chico cuyo stand es crear burbujas. —respondió Joseph con una sonrisa burlona aunque sutilmente, llena de cariño. Admirando el paisaje y de vez en cuando, a su acompañante.
El tiempo pasó en un parpadeo. Durante ese tiempo, para Joseph las obligaciones de la escuela pasaban rápidamente a segundo plano cuando estaba con Caesar.
Si bien su presencia le pareció molesta al inicio, no se dio cuenta en qué momento sus pensamientos se dirigían directamente a él. No podía esperar la hora del día en la que podía admirar sus cabellos rubios brillar con más intensidad que el oro, o en las que podría tocar sus marcas de nacimiento para molestarlo un rato. Y no podía dejar de pensar en sus ojos verdes, mirándolo con tanta intensidad que se perdía de vez en cuando en ellos, ¿Qué pensaba?, ¿por que lo miraba así?, ¿estaría enojado o solo disimulando lo feliz que también estaba de encontrarse?
Joseph lo entendió, desde el primer momento en que lo sintió; supo que la forma en la que miraba y pensaba sobre Caesar no era una simple amistad.
Le gustaba.
Quizás lo amaba.
Así que él, siendo tal cual era y actuando, moviéndose hacia el flujo de sus sentimientos, estaba más que dispuesto a intentar conquistar al rubio.
Pero él jamás iría a una batalla sin saber que tenía asegurada la victoria, primero tantearía el terreno antes de arriesgarse a entregar su corazón en bandeja de plata.
Fue en una noche de tragos, en un bar cercano al campus cuando las copas se les subieron un poco a ambos. Se les pasó la mano celebrando que ambos salieron con buenas notas en los primeros exámenes semestrales.
Ambos reían y conversaban de cosas sin sentido. Joseph no podía apartar la mirada de su compañero por más que lo intentará, le fascinaba mucho observarlo y grabar todas sus expresiones en su cabeza.
—Y bueno, al final termine por derramar el té por accidente sobre su vestido y se fue furiosa. Al final ni era tan bonita.
Caesar soltó una risa burlona por la historia recién contada de Joseph, este lo miró con una ceja alzada, intentando hacerse el indignado pero sin lograrlo pues, su sonrisa lo delataba.
—¿Qué es tan divertido?
—No puedo creer que seas tan malo con las chicas, eres incluso peor de lo que creí, niño mimado.
—¡¿Qué?! ¿Cómo me llamaste? —preguntó Joseph sobre exagerando su molestia, Caesar encendió otro cigarrillo completamente tranquilo.
—Ya sabes, eres tosco y demasiado sincero, podría decirse que hasta eres insensible con las damas, quizás con las personas en general. —Dio una calada antes de continuar—. Solo te interesa divertirte y seguir a tú ritmo.
Joseph se sonrojo, pero no por sentirse halagado sino todo lo contrario, Caesar lo había enfurecido un poco. Pero antes de que esa furia creciera, el rubio le dio una mirada tan cálida que lo dejó perplejo. Sintió a su corazón acelerarse y a su propia mirada iluminarse al ver sus ojos, brillando con cariño y sinceridad auténticas.
—Pero eso no te hace mala persona, no te creas la gran cosa por lo que voy a decir pero, extrañamente me agradas. Te preocupas por las personas que te importan y lo das todo por ellas.
Después de algunos segundos de mirarse fijamente, Caesar fue quien desvió la mirada a su cigarrillo mientras Joseph fingió toser, con tal de cubrir un poco su rostro por la vergüenza de ser tan expresivo frente a él.
No podía ocultar sus sentimientos tan bien como hubiera deseado, por lo que decidió que quizás era el momento de dar el primer paso. Habían bebido demasiado así que tenía la vieja excusa del alcohol para hacerse el tonto al día siguiente.
—Oye. —llamó al otro quien dejó reposar el cigarro entre sus dedos. Lo miró atento y aunque Joseph no se atrevió a hacer lo mismo, continuó—. ¿Tú de verdad, piensas así de mi?
—¿A qué viene una pregunta tan rara? —respondió el rubio, interesándose un poco en lo que el castaño tenía por decir.
—Bueno ya sabes, este asunto de las almas gemelas y los Stands me ha dejado pensando un poco. Se que tarde o temprano estaré con mi alma gemela pero… ¿Soy un buen partido?, ¿Podré hacerme responsable de los sentimientos de otra persona? Siempre veo por mi mismo, así que no me emociona el querer descubrirlo.
Se quedó callado al igual que Caesar, quien ya había terminado su cigarrillo y lo apagó en el cenicero que reposaba en la barra del bar. Joseph por un momento pensó que lo había molestado con sus lloriqueos infantiles así que se arrepintió un poco. Pero nada lo preparó para lo que ocurrió después.
Caesar lo jaló del cuello de la camisa y estampó sus labios en un beso. Joseph abrió la boca, a punto de gritarle al otro lo que fuera, pues estaba tan sorprendido que quizás hasta lo golpeaba por ser tan brusco. Pero nada de eso pasó y se dejó llevar por la sensación de la lengua de Caesar invadiendo su boca, metiéndose en su mente y derramándose en una acalorada y placentera sensación que le nublaba los pensamientos. Incluso su cuerpo empezó a reaccionar, quiso llevar una mano a la cadera del contrario pero el contacto terminó, con un delgado hilo de saliva uniéndolos. La respiración de ambos era un desastre al igual que sus rostros.
Joseph estaba perplejo, quiso preguntar muchas cosas como el porqué de las acciones de Zeppeli, esperando que entre ellas está el amor correspondido. Aunque fue Caesar quien terminó con el silencio.
—No te confundas. —Se limpió el hilo de saliva antes de continuar—. Te veías como un crío desolado, mi cuerpo solo reaccionó para consolarte. No soy un puto marica y dudo mucho que tú lo seas.
—Um.. yo… —balbuceó nervioso, el cambio repentino de la actitud de Caesar lo confundió, además de que quizás la excusa de beber demasiado no era solo una excusa, se sentía algo mareado como para formular alguna respuesta audaz como usualmente haría.
—No me digas que vas a vomitar de nuevo. —susurró Zeppeli, un poco más relajado. Joseph lo miró y le sonrió amargamente mientras se tomaba del estómago.
—No prometo nada.
—Y esa es mi señal —dijo Caesar, levantándose y extendiendo una mano gentil—. Vamos, por suerte mañana no hay clase pero no es excusa para quedarnos más tiempo del necesario.
El castaño estuvo a punto de tomar su propuesta, pero cuando sus manos estaban a unos cuantos centímetros de encontrarse, se alejó y se dio la media vuelta.
—Quizás es mejor que me vaya solo. —dijo Joseph dejando confundido a su compañero—. Ya sabes, podría vomitarte o algo así.
Sin que Caesar pudiera hacer nada, miró a Joseph marcharse del bar, alejarse en la ligera neblina que cubría al campus y desaparecer en ella. No entendió porque algunas lágrimas querían salir de sus ojos, o porque sintió que había cometido un grave error.
A partir de ese día, las esperanzas de Joseph sobre ser correspondido por Caesar aumentaron. Pues sabía que aunque al final fue Caesar quien usó la excusa de estar demasiado ebrio para besarlo, seguro lo hizo porque también se sentía atraído por él; después de todo, él no era el tipo de persona que besaba a sus mejores amigos.
Motivado, planeó más estrategias para poder estar cerca del rubio y volver a intentar algo íntimo entre ellos, solo lo suficiente para que todo quedará claro en su relación y dar el siguiente paso.
Pero parecía que Caesar tenía otros planes ya que empezó a ceder los tiempos que compartían juntos para más citas nuevas y proyectos escolares. Por supuesto que nada de eso ponía feliz a Joseph pero no podía hacer gran cosa, cada vez que iba a buscarlo a su habitación, solo se encontraba con Suzi quien le avisaba de la ausencia del rubio.
—Ya sabes cómo es él, siempre atento con las mujeres. —excusó Suzi a su amigo, Joseph rodó los ojos con molestia y se recargó en la pared.
—Si claro, todo un galán. —exclamó sarcásticamente, Suzi notó su mal humor por lo que se atrevió a preguntar.
—¿Acaso tenían planes para hoy?
Joseph se sonrojó, a decir verdad no quería contarle a Suzi sus planes para hacerlo confesarse por lo que maquilo una excusa.
—No… yo solo quería decirle que había una promoción de pollo frito en el nuevo restaurante cerca del campus, me pareció buena idea ir.
—Vaya, ¿En serio? —exclamó la chica con emoción—. Yo adoro el pollo frito, aunque lo como muy poco. ¡Vayamos Jojo!
—¡Ah! ¿En serio irías conmigo?
—¡Por supuesto! Solo déjame tomar un abrigo de mi habitación y ahora salgo, no tardó.
Después de aproximadamente quince minutos de espera, ambos jóvenes se dirigieron al restaurante y se la pasaron excelente. La compañía que ambos hacían les resultaba cómoda y agradable. Joseph estaba un poco triste por no encontrarse con Caesar, pero la compañía de Suzi era entretenida.
No lo veía como un día perdido, para nada.
Los días se convirtieron rápidamente en semanas y estas en meses, la situación no había cambiado mucho a partir de ese día. Joseph iba a buscar a Caesar a su habitación y al no encontrarlo, salía con Suzi quien vivía a un lado.
Siempre se sentía un poco desilusionado por no encontrarlo, sabía que lo estaba evadiendo pero Suzi estaba ahí para distraerlo de ese pozo de desilusión, le entretenía y él hacía lo mismo por ella. Debía admitir que ella era una chica muy guapa y aunque no era muy lista, le gustaba su personalidad.
Pero él ya estaba enamorado de alguien más, solo tenía ojos para una persona. De no ser por eso, quizás ya habría empezado una relación con Suzi desde hace mucho tiempo.
Extrañaba a Caesar, deseaba mucho verlo. Por más que lo intentara, sus pensamientos terminaban rondando alrededor suyo.
Y esa forma de pensar no era exclusiva de Joseph, pues Caesar también extrañaba verlo, aunque le costaba mucho más admitirlo.
Si tan solo no le hubiera dado ese beso, pensaba constantemente el rubio. Desde aquella noche en el bar su mente se volvio una maraña bien enredada de confusión y negación que envolvían casi irremediablemente a la verdad de su sentir.
Se dejó llevar por ese mismo sentir aquella noche al besar a Joseph e inmediatamente se escondió en ese escudo de negación. A pesar de ello no pudo afrontar ver a Joseph a partir de ese momento, pues sentía que si lo volvía a ver, haría otra locura de la que no estaría orgulloso para nada.
Por eso prefirió guardar la distancia, le pidió a Suzi decirle a Jojo que no estaba a pesar de que si lo hacía; todo con la excusa de darles tiempo a solas a ambos.
Y cada vez que escuchaba la voz desilusionada de Joseph cuando Suzi le decía que no estaba, se moría de ganas por salir y sorprenderlo, ver sus ojos iluminados, llenos de alegría. Luego lo abrazaría del cuello, pegaría sus cuerpos un poco más hasta que sus pechos se tocaran y sintieran la respiración del otro. Se acercaría un poco a su rostro, solo lo suficiente para que sus narices se rozaran y sus labios volvieran a unirse.
—¡Oye Caesar! ¿Me estás escuchando?
Miró a su acompañante, una chica hermosa de largo cabello castaño claro y ojos azules. Carraspeó un poco y fingió haberse distraído con el menú del restaurante que sostenía en sus manos.
No puede ser, otra vez me perdí en mis pensamientos, pensó avergonzado a la par que escondía su dureza entre sus piernas con incomodidad. Agradeció que las mesas del restaurante tuvieran manteles, así solo debía disimular un poco.
Sintió algo que repentinamente lo acaricio, miró a su acompañante quien le sonreía traviesa.
—Vaya, veo que en verdad estás hambriento.
Trago grueso pero fingio una sonrisa, no ocurrió como planeo pero al final las cosas terminaron justo como deseaba. Aunque se sentía algo incómodo con el contexto de su excitación.
Aún así, no podía echarse atrás.
Una comida ligera, llevarla a uno de los hoteles que tanto recurría y revolcarse apasionadamente fue lo que ocurrió después. Era algo muy cotidiano para Caesar, la mayoría de sus citas terminaban de este modo. Quizás no era algo que se obligará a sí mismo a hacer, pero admitía que cada vez se hacía más presente pensar en Joseph cuando llegaba al final.
Está noche se sentía inusualmente insatisfecho, su cita parecía estar en desacuerdo pues dormía plácidamente sobre su pecho. Mirarla tan tranquila mientras él no podía sacarse de la mente a Joseph lo frustraba más pues, solo lo hacía ser más consciente de que el problema era suyo y nada más.
Con cuidado de no despertar a su acompañante, se movió de la cama y se baño rápido, luego se cambió y sin decir nada se fue de ahí.
Le dolía demasiado la cabeza por lo que tomó el elevador. Ya era algo entrada la noche por lo que no le extrañó no ver a nadie en el lobby del hotel, solo al recepcionista a quien le dejó la habitación pagada por toda la noche para su acompañante. Al salir las calles estaban igual de desoladas, o al menos eso creyó.
Avanzó unos cuantos metros en dirección al campus universitario cuando se dio cuenta de otra presencia; recargado sobre la pared y casi irreconocible por las luces tenues de la calle, Joseph lo miraba con seriedad y con otro sentimiento que no lograba identificar bien.
—¿Qué haces aquí?
Aunque Caesar quería parecer molesto al hacer esa pregunta, el tono de su voz mostró lo sorprendido que estaba, se sentía como un niño pequeño atrapado en medio de sus travesuras. Jojo parecía algo molesto, lo recorrió de pies a cabeza con la mirada y por su desordenado semblante, no le fue difícil deducir que acababa de ocurrir.
—Veo que te diviertes mucho, entiendo porque estas tan ocupado.
—¿Cómo me encontraste? —Caesar ignoró su comentario anterior, armando el semblante que quería desde un inicio y lo miró duramente.
Joseph en respuesta, sacó una pequeña libreta del bolsillo de su pantalón y a su stand rodeándolo, a simple vista se veía un pequeño mapa de la zona.
—Claro, tú stand tiene muchos trucos que no me habías contado.
—No es como si me dieras la oportunidad de contártelos. —respondió Joseph con una pizca de rencor en su voz, Caesar quien ya había caminado hasta acercarse a él, le dirigió una mirada mordaz.
—He estado ocupado, Suzi te lo ha dicho…
—Y también sé que es mentira. —respondió el castaño con rapidez, Caesar se sorprendió y Joseph lo notó—. Sabía que estabas ahí, en tú habitación todo el tiempo pero lo que no entiendo es porque te escondías. Caesar… yo, hay tantas cosas de las que quiero hablar.
—No hay nada de qué hablar.
El tono seco de su voz fue algo que el Joestar no se esperaba y su rostro lo reflejó perfectamente. Indignado, se acercó a Caesar quien empezó a avanzar pasándolo de largo.
—¿Qué cosas dices? ¿Por qué actúas así? Yo no quiero incomodarte ni nada de eso, solo quiero aclarar las cosas.
—Si quieres aclarar las cosas entonces grábate bien esto.
Caesar detuvo repentinamente su caminata, provocando que Joseph chocara con su espalda. Luego se volteó repentinamente y le dirigió una mirada tan furiosa que dejó congelado a Joseph, ni en sus más terribles pesadillas habría imaginado ver al rubio así.
—No soy un maldito maricon como tú. —dijo con asco, el desprecio se reflejaba en sus facciones—. Lo que hice la otra noche no fue más que un estúpido consuelo del que me arrepiento cada vez que me voy a la cama y cierro los ojos, ¡Para mi, besarte fue como caer de cara en la mierda!
La furia desenfrenada habló antes que la su propia razón y, para cuando Caesar se dio cuenta de lo que había dicho, era demasiado tarde.
Miró a Joseph, el shock en sus ojos era abrumadoramente desolador y lo soltó, no podía mirarlo por más tiempo sin sentirse mal. Era un cobarde.
Una libreta cayó a sus pies, confundido por ello no tuvo otra opción más que encarar al Joestar quien lo miraba de lado. Le dirigía una mirada que más allá del enojo, estaba llena de decepción.
—Suzi me dijo que habías perdido tú cuaderno. Recordé que lo tenía así que solo quería devolvértelo. —Su tono de voz no dejaba reflejar ningún sentimiento. Caesar fue incapaz de decir algo cuando lo vio marcharse entre las penumbras.
Joseph llegó a su habitación donde la penumbra perseveraba, al cerrar la puerta tras de sí se dejó caer sobre ella. Su respiración que antes yacía a un ritmo calmado, casi al de un muerto, aumentó conforme su rabia lo hacía. Por primera vez en su vida se dejó llevar por su sentimientos; las cosas en su habitación recibieron toda su furia.
No supo exactamente cómo fue que el tiempo pasó tan rápido o al menos eso parecía para él pues, cuando reaccionó, unos gentiles brazos lo rodeaban y la luz del sol había ahuyentado las penumbras de su habitación.
O quizás solo se trataba de Suzi, quien lo abrazaba fuertemente mientras su stand se encargaba de iluminarlos a ambos.
Ella se dio cuenta que había logrado calmarlo al ver la mirada que le dirigía, su nariz empezó a fruncirse cuando intento calmar su llanto más fue inútil y se abrazó con más fuerza a Joseph.
—No sabes lo preocupada que estaba por ti, tuve un mal presentimiento y vine a verte. Me alegra tanto haberlo hecho o si no… no sé qué habría sucedido. —explicó con la voz quebrada.
Joseph al principio se sorprendió de verla ahí, de tenerla ahí. Los recuerdos de lo que había pasado antes con Caesar se repitieron en su mente y fue inevitable soltarse a llorar. Abrazo a Suzi y finalmente dejó salir las lágrimas. Aunque la chica estaba sorprendida y preocupada por Joseph, prefirió no preguntar nada por el momento y solo quedarse así, consolándolo.
No es que a Joseph le doliera lo que Caesar dijo sobre el beso que habían compartido antes. Lo que en realidad le dolía a Joseph era el hecho de que el Zeppeli nunca iría a admitir su amor por Joseph, ya fuera que los sintiera ahora o no.
No había forma de ganarse un lugar digno en su corazón. Nunca tuvo oportunidad de ser algo más.
Después de pasados unos minutos, cuando el pecho le dejó de doler al igual que la garganta, miró a Suzi. Sus miradas de nuevo se encontraron, ella estaba ahí para él, siempre lo estuvo aunque nunca le dio nada a cambio.
Quizás se dejó llevar demasiado rápido, los sentimientos de dolor aún estaban frescos en él; su cuerpo se movió y la besó con delicadeza. Por su lado la rubia se sintió soñada, hace tiempo quería que esto sucediera entre ambos y aunque no estaba segura que la situación fuera la mejor, no lo pensó demasiado y terminó aceptándolo. Ambos aceptaron los sentimientos del otro y terminaron derramándose sobre la cama de Joseph.
La mañana siguiente fue gris, demasiado gris para Caesar. Simplemente no se dio cuenta a qué hora había salido el sol, incluso si se mantuvo toda la noche despierto. El sentido de pesadez en su pecho cargado por la culpa no lo dejaron en paz, ni antes ni ahora.
Sabía que se había equivocado, que solo se había dejado llevar por sus peores temores e impulsos y terminó diciendo cosas terribles a una persona que era importante para él. La mirada que Joseph le dio en ese momento es algo de lo que no se olvidaría nunca.
Se aseo y arreglo para salir, era horrible hacerlo pero no tenia otra opción, aun tenia cosas por hacer. Lo pensó a solas, con mucho detenimiento y aunque le doliera en su orgullo, debía disculparse con Joseph, él era más importante y lo valía.
A pesar de haber tomado la decisión, no entendía porqué lo hacía. Bien era cierto que el beso que le dio a Joseph fue un error que cometió en un frenesí que se le salió de las manos, y los indecentes pensamientos en torno a él solo eran producto de un clase de obsesión enfermiza donde lo vinculó a él como un objeto de pasión. No es que Jojo le gustara de una forma distinta al cariño de un camarada o un hermano.
El deseaba mantenerlo cerca de su vida como un compañero importante, como su mejor amigo, no había nada más que eso.
Así es como las cosas tenían que ser.
Al salir de la habitación, se encontró con Suzi quien caminaba hacia su propia habitación, con una tierna sonrisa adornando su rostro y el teléfono al habla. La saludo con la mano desde lejos y ella hizo lo mismo; cuando se acercó no se tomó la molestia de preguntar con quien, hablaba pues el nombre salió de los labios de la chica.
—Claro que si Jojo, ya llegue. No tienes que preocuparte más.
La forma en la que Suzi le hablaba a Joseph por telefono, ademas de su despampanante sonrisa y, aunque no quería mencionarlo, la forma un poco ladeada en la que caminaba, le dieron a Caesar la confirmación de que la relación entre ellos empezaba a escalar.
Suzi no le dio tiempo de sentirse un poco molesto al respecto, pues dio por terminada la llamada que tenía con Joseph y le dirigió una amplia sonrisa.
—¡Caesar! Tanto tiempo de no verte tan temprano por aquí.
—Lo sé y lo lamento Suzi, últimamente me he llenado de muchos pendientes. —respondió con la mejor sonrisa que podía fingir.
—¡Oh! No te preocupes en dar explicaciones, lo entiendo perfectamente. —La sonrisa que le dirigió fue tan dulce que Caesar no pudo igualarla. Suzi se acercó a él y en un tono de complicidad continuó hablando—. Los consejos que me diste finalmente dieron frutos.
—¿Consejos?
—Me refiero a las oportunidades para acercarme a hablar con Joseph. Funcionó muy bien, ayer tuve un presentimiento y fui a su habitación; no estoy segura de que fue lo que exactamente le paso pero me dejó acercarme a él. Creo que finalmente me estoy haciendo un lugar en su corazón, uno de verdad.
Mientras Suzi contaba la historia, el semblante de Caesar decaía poco a poco. La chica no lo noto y lo siguió mirando sonriente, luego lo sorprendió con un abrazo.
—Y todo es gracias a ti Caesar.
Más que un cumplido, el rubio sintió eso como una puñalada.
Después de aquello, tuvo que felicitar a Suzi y aun con esa información, continuó decidido su camino para encontrar a Joseph. Incluso si su corazón dolía y su mente pedía un descanso.
Cuando finalmente llegó a su habitación en el edificio aledaño al suyo, inhalo profundamente y tocó la puerta. Pensó que Joseph tardaría un poco antes de atender pero no pudo estar más equivocado, pues Joseph abrió casi al instante.
Sus miradas sorprendidas se encontraron, Joseph parpadeo un par de veces antes de mirarlo a como usualmente hacía, a excepción de la ausencia de su sonrisa. Caesar intentó hacer lo mismo aunque quizás no pudo mostrare los gestos que usualmente tenía, estaba más nervioso de lo que esperaba.
—Caesar… —susurro Joseph, el mencionado se exalto más de lo que debía e intento actuar natural.
—Jojo, que bueno que te encuentro. —Joseph le dirigió una mirada interrogatoria.
—Bueno, está es mi habitación. ¿Por qué no habría de estar aquí? —preguntó con cierta brusquedad en la voz, Caesar sintió su corazón saltar en nerviosismo.
—Oh bien, tienes razón.
¿Qué me pasa? Debo calmarme o lo pondré de mal humor actuando como un total idiota, pensó el rubio con frustración, pues Joseph parecía que le cerraría la puerta en cualquier momento si seguía por el mismo rumbo de palabrería mal estructurada y argumentos errantes.
—Joseph… Yo quería hablar sobre lo que pasó anoche. —dijo el castaño, sincerándose de cierto modo con el castaño quien le prestó más atención—. Fui un completo idiota, solo dije cosas terribles sin pensar. He tenido días difíciles y supongo que dejé caer todo sobre ti cuando no debí hacerlo. Jojo, la verdad es que tú…
Miró a Joseph directamente a los ojos, su mirada reflejaba curiosidad y una enorme sinceridad y esperanza que lo abrumó. Nuevamente se puso nervioso y retrocedió un poco, desvió la mirada y tosió antes de continuar.
—La verdad es que tú eres un gran amigo para mí.
Nuevamente miro al castaño, pudo ver claramente cómo su emoción decayó rápidamente, ahora solo había un deje de tristeza en sus ojos y le brindo una sonrisa triste.
—Lo sé Caesar, tú también eres un amigo importante para mi. —respondió Joseph con calma—. No dejemos que una estupidez como lo que pasó en las otras noches arruine nuestra amistad.
Caesar lo miró un tanto incrédulo pero en cierta medida feliz, no había perdido a Jojo después de todo. Instintivamente se acercó a abrazarlo pero Joseph no se lo permitió; extendió la palma de su mano extendida frente al Zeppeli. Este la miró y luego a Joseph, sintió un pinchazo sobre el corazón pero ya no tenía otra opción. Envolvió su mano con la del castaño, como si estuvieran cerrando un acuerdo.
Supongo que las cosas no volverán a ser iguales, fue el pensamiento que cruzó involuntariamente por la mente de Caesar.
Como si de un vidente se tratara, sus pensamientos se volvieron una realidad a partir de ese momento. Las siguientes semanas dejó de evitar a Joseph e incluso lo buscaba cada tanto, pero la jugada le salió al revés pues está vez era el Joestar quien lo evitaba cada tanto.
O así era como Caesar se sentía, era difícil para él asimilar la nueva relación que Joseph había establecido con Suzi. Todo el tiempo libre que Joseph tenía se lo dedicaba a ella, quizás era demasiado celoso con su amigo, pero le era inevitable ser así después de la involuntaria costumbre de estar juntos y hacer cuanta locura se les ocurriera uno al lado del otro.
Incluso si el rubio llegaba a pasar el rato con alguna chica, no lo disfrutaba tanto como en el pasado, Solo podía pensar en Jojo y Suzi dejándolo atrás.
Se sentía como un completo perdedor, ni siquiera el sabia que era lo que quería.
—No quieres admitirlo aun, ¿verdad?
Miro sorprendido a Mark, estaban compartiendo unos cuantos tragos cuando Caesar comenzó a contar sus desdichas.
—¿Admitirlo? —cuestionó el Zeppeli a su amigo, este quien normalmente era una persona sonriente y amigable, lo miró con seriedad.
—Caesar, sabes que eres un gran amigo para mí y te estimo demasiado por lo que voy a ser sincero contigo. Para ser una persona bastante perceptiva con los sentimientos de los demás, eres pésimo para darte cuenta de tus propios sentimientos; tú me ayudaste para que pudiera empezar a salir con mi novia así que te devolveré el favor. ¿En verdad no te has dado cuenta que las citas que tienes no están funcionando por tú culpa?
—¿Mi culpa?
—¡Si! Has arruinado cada cita que tienes cuando empiezas a hablar de lo tonto, ingenioso y confiable que es Joseph. Obviamente el interés de tener algo más serio contigo se esfuma y pasa a ser solo un encuentro más.
—¿Yo.. digo eso? ¿En serio hablo tanto de Joseph? —preguntó Caesar incrédulo, miró a Mark quien asintió y le sonrió ladeado; luego pidió otro trago antes de responder.
—Amigo, se que no me incumbe preguntar además de que son asuntos tuyos, pero créeme que nunca te había visto así por nadie. Si hablar con tanta vehemencia y cariño sobre alguien es no estar enamorado, entonces estás poseído por alguien que sí lo está.
El shock y la vergüenza reflejada en un prominente sonrojo bañaron las mejillas de Caesar, Mark al verlo contuvo una carcajada y bebió de su trago recién entregado.
—Pero… —titubeo el rubio ganándose de nueva cuenta la atención de su amigo—. No quiero admitirlo.
Mark apenas alcanzó a escucharlo, levantó una ceja, intrigado por la afirmación de Caesar.
—¿Por qué no lo harías? —cuestiono con seriedad, Zeppeli no se atrevía a mirarlo.
—¿Qué no te das cuenta Mark? Si yo admito algo como eso, algo como que a mi me gusta un ho-hombre, todo en mi vida va a cambiar. Las personas que me conocen me verán de distinta manera, mi familia, mis padres, la gente en las calles. Nada volvería a ser igual y arriesgarme por un chico, un simple chico… el daño sería irreparable.
Su compañero dejó el trago de lado, se puso de pie tan rápidamente que sorprendió al rubio; lo tomó de las solapas y fuertemente le gritó.
—¡Entonces no vale la pena! ¡Es solo otra persona como muchas más! Encontrarás a alguien mejor rápido, ¿no es así? ¡Porque Joseph Joestar es solo un cualquiera!
Al escuchar la última frase, algo dentro de Caesar hizo ignición e imágenes de un Joseph sonriente y divertido tal cual era llegaron a él. De un solo movimiento regresó a Mark a su asiento y golpeó de lleno la barra del bar; si los gritos anteriores de Mark no habían traído la atención de toda la clientela, sin duda el golpe que Caesar dio bastó para hacerlo.
—No te atrevas a llamarlo así. —dijo con una voz seria y amenazante, Mark le sonrió en respuesta, luego comenzó a reír confundiendo momentáneamente al rubio.
—Lo siento pero ¡Mírate! Apenas digo algo negativo sobre Joseph y no te importa que sea verdad o no, solo te importa que su nombre sea valiosamente cuidado, ¿no es así? ¿Qué nombre le pones a eso? ¿Por qué no admitir algo que siempre demuestras?
Como si un balde de agua fría cayera sobre él, Caesar sintió despertar de un sueño lleno de neblina que no lo dejaba escapar de sus propios miedos. Finalmente pudo ver lo que sentía, dejar de engañarse a sí mismo por el miedo de finalmente tener a alguien a quien podía mostrarse tal cual era, a quien pudiera amar sin límites y perderse en un vacío si lo perdía.
No se despidió de Mark cuando decidió salir del bar, presuroso por buscar a Joseph y finalmente aclarar las cosas, confesarle sus sentimientos y si tenía suerte, ser correspondido de todo corazón.
Lo busco por todos lados, empezó por la habitación del castaño donde extrañamente no estaba ahí. Luego se dirigió a los salones de clase donde supuestamente debería estar, a los de sus amigos por si sabían algo pero nadie lo había visto desde el día anterior.
¿Cómo fui tan ciego? Jojo siempre estuvo ahí para mí, contándome todo y yo hacía lo mismo y estaba dispuesto a más… Soy un idiota, pensó Caesar mientras seguía con la búsqueda. Luego el pensamiento efímero de que seguramente debía estar con Suzi en su habitación lo dejó helado, había olvidado la situación en la que ellos dos estaban actualmente.
¿Seré capaz de romper la relación entre Suzi y Joseph?, se preguntó al mismo tiempo que una punzada palpitaba fervientemente sobre su corazón. No se lo quiso pensar mucho y dejó que sus sentimientos hablaran por él cuando fuera el momento indicado.
Llegó más rápido de lo que pensó, se dio ánimos a sí mismo antes de tocar la puerta de la susodicha, más se extrañó al no escuchar su voz chillona pero alegre que habitualmente tenía; en cambio solo pudo escuchar sollozos a través de la puerta.
—¿Suzi? Soy yo, Caesar. —se anunció, los sollozos se detuvieron un momento—. ¿Pasó algo? Déjame entrar por favor.
Su auténtica preocupación casi opaca su emoción por encontrar a Joseph ahí, pero se enfocó en Suzi cuando la chica abrió la puerta con lentitud. Su semblante feliz y armonioso no existía ahora, pues sus ojos rojos y el rostro cubierto de lágrimas demostraban su tristeza.
—¡Cae-Caesar! —sollozó la pequeña chica rubia antes de lanzarse a sus brazos.
El rubio aunque estaba confundido por la situación, además de muy preocupado por Suzi; no pudo evitar emocionarse un poco por pensar que finalmente su relación con Joseph había terminado.
La consoló en sus brazos como un hermano mayor haría con su pequeña hermanita, acarició sus cabellos con dulzura y besó su frente con cariño, diciéndole que todo estaría bien.
Después de unos cuantos minutos en los que Suzi se calmó, ambos entraron a la habitación y se sentaron sobre la cama. Caesar esperó pacientemente a que Suzi hablara sobre lo que la atormentaba.
—Caesar, lo arruine todo —dijo Suzi arrugando la nariz, conteniendo las ganas de echarse a llorar de nuevo.
—¿Por qué Suzi? ¿Pasó algo con Jojo? ¿Acaso ustedes…?
—¡Si! —le interrumpió—. Paso algo con Jojo; se que te decepcionare pero necesito que lo sepas. Hace un tiempo, cuando Jojo y yo comenzamos nuestra relación, me deje llevar y siento que lo arrastre a él conmigo. Todo estaba bien desde ese momento pero hace poco empecé a sentirme mal…
Las manos de la chica comenzaron a temblar, nuevamente algunas lágrimas se asomaron por sus orbes azules. Por su lado Caesar tenía un mal presentimiento, su mirada se paseó por la habitación encontrando un artículo en particular con dos líneas rojas al centro.
—Tenía tanto miedo pero no podía seguir negándolo por mucho tiempo, así que compré una prueba de embarazo y yo, Caesar… ¡Estoy embarazada!
El rubio al escucharla sintió como si su pulso se detuviera pues, no hallaba otra explicación a que su respiración disminuyera lentamente o a que su sangre dejara de fluir tan abruptamente que desapareció el ligero rubor de su rostro. La mirada llena de terror e incertidumbre que Suzi le dio después de confesarle tal hecho, fue lo único que logró que su corazón nuevamente palpitara, aunque fuera impulsado únicamente por la compasión que sentía hacia Suzi y por los grandes estragos de dolor que sentía hacia sí mismo.
La abrazó con más fuerza, dejando de lado sus sentimientos para abrirle espacio a una Suzi que necesitaba de su apoyo más que nunca.
—Lo siento Caesar, ¡Lo siento mucho!
Aunque el rubio sabía que Suzi desconocía de sus sentimientos por Joseph, de alguna manera sintió como si la rubia se disculpara por interponerse entre ellos dos. Contuvo lo mejor que pudo sus lágrimas y solo dejó salir una mueca de dolor que su acompañante no podía ver por su posición.
Las lágrimas de Suzi se detuvieron después de pasados algunos minutos, Caesar la miró y aunque las decisiones que ella tomó junto a Joseph le habían roto el corazón, se dio cuenta que no podía odiarla ni mucho menos. En ella seguía viendo a una hermana de corazón sincero y espíritu puro. Le sonrió tristemente antes de hablar.
—Suzi, no tienes nada de qué preocuparte, yo siempre he de apoyarte. Se que quieres que tú familia se enorgullezca de ti y te vea hacer una familia, con un esposo amoroso que te dará su vida y corazón y con un hijo hermoso al que le darán su amor y comprensión. No dudes de Joseph, el… —la voz se le quebró ligeramente pero se dio ánimos de continuar—, él estará contigo por siempre. Si alguna vez a esa cabeza hueca se le ocurre dejarte, yo estaré ahí para recordarle que sería demasiado estúpido dejarte ir.
La chica rió ligeramente entre lágrimas, se secó un poco con las manos y miró al rubio.
—Caesar, tú forma de dar ánimos es terriblemente encantadora como siempre.
El rubio se rió sin ánimos, le brindó a Suzi un último abrazo y palabras alentadoras antes de salir de la habitación.
Su tarea seguía siendo la misma pero el propósito había cambiado, debía encontrar a Joseph para que tomara responsabilidad de Suzi.
Cuando salió del edificio y regresó al campus, noto varias burbujas dispersas por todos lados. No eran demasiadas pero sí las suficientes para llamar la atención.
—Mira, ese es el chico que las hizo.
Escucho que alguien dijo a sus espaldas, se volteo a ver a un par de chicas que le sonrieron y saludaron con nerviosismo.
El rubio se acercó a una de esas burbujas y la reventó con un roce de su dedo; al explotar, la burbuja dejó salir una pequeña nube rosa y además, sintió la misma agradable sensación que cuando se dio cuenta que estaba enamorado de Joseph.
Estás burbujas… están llenas de mi
Su mirada se desvío al frente cuando sintió su pecho punzar ligeramente, justo ahí estaba él, su Joseph. Observaba con curiosidad una de sus burbujas que reventó cuando la intentó sostener entre sus manos, luego sus miradas se encontraron.
Caesar ya no quería mirarlo, no soportaría el dolor de verlo a partir de ahora con alguien más pero Joseph, él por su lado le brindo una sonrisa, una hermosa sonrisa que no había visto en mucho tiempo. ¿Acaso Caesar le transmitió sus sentimientos con aquella burbuja?
Cuando ambos empezaron a acercarse al otro, el resto de burbujas estallaron por si solas. Joseph lo miró con tanto cariño que el rubio pensó que se derretirá de felicidad con solo eso; el Joestar no se detuvo ahí y acarició con delicadeza la marca izquierda de su pómulo.
—Caesar.
El mencionado no se había dado cuenta hasta ahora de lo mucho que adoraba que su nombre saliera de los labios del Joestar. Acarició suavemente los costados del castaño, sus manos lo acariciaban con delicadeza y el tacto se volvió aún más suave cuando Joseph llevó ambas manos a su rostro.
Definitivamente esto era lo que Caesar deseaba, tener al castaño sosteniéndolo así, como si fueran las únicas personas en el mundo. Que Joseph estuviera así con el tachan de insignificante lo que los demás pensaran de ellos y dejaba que sus inseguridades se esfumaran en un parpadeo.
Pero luego recordó a Suzi, su mirada triste y preocupada. No podía defraudarla.
Soltó al castaño aunque no lo deseara y se apartó un poco, rompiendo el contacto entre ellos. Bajo la mirada antes de hablar.
—Jojo yo… hablé con Suzi hace un rato y ella tiene algo importante que decirte.
El Joestar suspiró larga y pesadamente, al contrario que Caesar, no apartó su mirada del rubio.
—Lo sé.
—Espera, ¿Lo sabes? —Caesar nuevamente lo miró, aturdido por su declaración mientras que Joseph le sonreía con tristeza—. Pe-Pero ¿Cómo es que lo sabes?
El castaño manifestó a su stand, una enredadera con espinas de color púrpura rodearon su mano, aunque eso no respondió por completo la pregunta del Zeppeli.
—Está mañana me dio la impresión de jugar un poco con Hermit Purple, así que pensé que si se manifestaba en una superficie como el suelo, sería interesante ver cómo funcionaba en una cámara. Tomé una cámara de fotografías instantáneas y la rompí mientras pensaba en la identidad de mi alma gemela.
El shock no abandonaba el rostro de Caesar y el miedo de que el stand de Joseph no lo hubiera manifestado a él lo invadió, pues quizás también se había equivocado.
—Primero vi una silueta muy familiar, de una persona muy especial para mí y cuando empezó a aclararse pensé "Quizás me di por vencido rápido, ese no es mi estilo, voy a pelear por está persona hasta el final".
Mientras relataba aquello, no pudo evitar que su mirada brillará como el sol mientras veía a Caesar, este se sonrojo, esperando que Joseph hiciera lo que él no se atrevía y lo invitará a irse lejos de ahí, lejos de todos para vivir una vida juntos.
—Pero, cuando la imagen se aclaró, la silueta cambió y pude ver la prueba de embarazo de Suzi, el anillo que le regalé hace un tiempo sostenía la prueba, se que es de ella. Hoy fui por esto. —De su bolsillo, sacó una pequeña caja que parecía muy costosa—. No pienso dejarla sola.
Caesar ya no quiso escuchar más, abrazo a Joseph con fuerza, no quería dejarlo ir a ningún lado. El Joestar le correspondió y lo tomó con fuerzas.
Sabían que está era una despedida al amor que nunca pudieron tener.
Por culpa del destino que ellos mismos escribieron.
Cuando finalmente se separaron, sus rostros se acercaron lo suficiente para rozar sus labios, pero no para terminar por juntarlos.
Sabían que así debía ser.
—Sabes que no importa lo que pase, yo siempre estaré ahí para ti, Jojo. —susurró el rubio sobre los labios del mencionado, este asintió aumentando el roce entre ambos pero terminaron por separarse. No podían llegar más lejos.
Joseph fue el primero en retirarse, al tener una gran distancia con Caesar volteó hacia atrás y se despidió de él, con una sonrisa triste.
Caesar se quedó en su lugar, mirando como su alma gemela se iba con alguien más a cumplir su destino, a escribir su futuro mientras él se perdía en el tiempo.
Se fue caminando en el campus donde ya casi no había gente, se veía tan desolado como él se sentía y tan perdido como las burbujas que salían de su cuerpo. Esas mismas que terminaron por rodearlo sin que se diera cuenta para dejar atrás el simple viento que iba pasando.
Para dejar atrás lo que alguna vez fue un hombre y hoy no es más que burbujas en el cielo.
Notas finales
Bien, revise esto un par de veces por ser tan largo y ya me habia ocupado en este escrito por varias semanas, estaba agotada asi que disculpen las faltas de ortografia por favor :c
Aun asi me encanto escribir esto, aunque quizas me precipite en algunas cosas :'D pero me gusto al final de cuentas, fue divertido
Ahora, respecto al futuro de estos one shots creo que los dejare asi por el momento, quiero enfocarme en otro proyecto que estoy planeando de esta shipp, una historia larga :3 que espero terminar
Diganme que les ha parecido :3
Nos leemos!
