Apenas está a punto de pasar un mes desde que volví a clases (y ni eso, porque mi carrera lleva como una semana en paro) y ya se nota la carga que esta conlleva, ¿quién me manda a escoger en que leer textos es esencial?
Quería publicar este capítulo un poco antes, pero por lo mismo, la U no me dejaba el espacio suficiente como para poder ponerme frente a mi pc y escribir, ta potente el asunto, ah hahah se hace lo que se puede.


[ Al compás de la melodía ]

Capítulo 8

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Habituado a regresar a aquel sitio que debía de llamar hogar y con el atardecer manifestándose en lo alto del amplio cielo que yacía sobre él, Namikaze se acomodó sobre el asiento del vehículo en que viajaba, y durante todo momento, sus azules ojos estuvieron atentos sobre todo aquello que se encontrase más allá de la ventana a su lado. Yacía pensativo, dos días transcurrieron desde el inusual encuentro que tuvo con Sakura y por más que lo intentó en su momento, fue incapaz de obtener alguna respuesta satisfactoria por su parte, su frustración era tal que, inevitablemente, rememoraba en su cabeza la ocasión en la que buscó expresarle su preocupación ante su extraño actuar.

–Por favor, sé que ha de haber algo que tengas que decir, algo que explique lo angustiada que has estado desde que llegué hoy. –Expresó Naruto, dedicándole su total atención a la muchacha que yacía de pie frente a él.

–Pero ya te lo he dicho, te equivocas...

–No, no es así. Sakura, cuando te vi hace unas horas atrás me di cuenta de que, en todo momento, apretabas tus manos con cada respuesta que me dabas. –Se explicó. –Estás haciéndolo incluso ahora mismo.

En el instante en que Naruto hizo tal declaración, Haruno hizo ademán de separar sus manos en cuanto cayó en cuenta de la fuerza que, efectivamente, había estado ejerciendo sobre ellas. No obstante, debido a su rápida intervención, Namikaze mantuvo entrelazadas las pálidas manos de su acomplejada compañera de cortos y rosados cabellos, envolviéndolas cuidadosamente entre las suyas con el propósito de brindarle el bienestar que tanto parecía hacerle falta.

–Puede que esté siendo demasiado insistente, pero después de verte comportarte de ese modo... no puedo evitarlo. –Luego de permitir el paso de unos cuantos segundos, los suficientes como para que el temblor en las manos de Sakura cesara, dijo. –Sakura, ¿ocurrió algo el día que no estuve aquí?

Naruto aguardó en silencio a que Haruno se atreviese a formular una frase que contuviese las respuestas por las que estaba ansioso por escuchar, y durante su espera, avistó en la expresión de su blanquecino rostro la incertidumbre con la que parecía estar luchando desde su interior, pugna que llegó a su fin al momento en que, finalmente, se animó en abrir la boca.

–No es nada que valga la pena como para que tengas que asustarte tanto... Solo tuve un pequeño altercado con mi instructor de piano.

–¿Altercado dices? ¿Qué tipo de altercado?

–Se molestó conmigo porque tuve complicaciones para aprender una parte de la nueva melodía que me está enseñando.

Aún cuando hizo aporte de tal breve resumen de la problemática en cuestión, Sakura estaba esperando recibir algún tipo de contestación por parte de la persona que tomó la iniciativa de hablar de ello en primer lugar, pero no fue capaz de oír ningún tipo de sonido por su parte, al contrario, el silencio que estaba guardando era absoluto.

En consecuencia de ello, Haruno permitió que una breve risita fuese oída a través de sus labios con la esperanza de aligerar un poco tal pesada atmósfera en la que se encontraban envueltos. –Él es algo intenso cuando de música se trata, quizás tiene razón al decir que debería tocar a la perfección a estas alturas... después de todo, he estado tomando sus clases durante años.

–¿Acaso eso no te incomoda?

Aquella falsa sonrisa que Sakura había estado enseñando desde que formuló su último comentario se vio alterada por la directa pregunta de quien aún sostenía sus manos, ocasionando que sus labios se curvaran en una entristecida mueca. Puede que no pudiese ver la expresión que Naruto tenía en esos momentos, pero guiándose por el tono de su voz... se oía serio, estaba demostrándole su preocupación por su bienestar sin ningún problema.

–Nunca he visto directamente a tu instructor, no lo conozco, así que no sé cómo es a la hora de enseñar. –Comentó Namikaze. –Pero si sus métodos no son de tu agrado, quizás deberías ir y hablar con tu padre al respecto.

Recordaba esa conversación casi como la palma de su mano, cada palabra, cada pausa, todo yacía grabado perfectamente en su cabeza y eso solo lo hacía sentir aún más molesto. Aún cuando le dio la sugerencia de involucrar a su padre en su más reciente conflicto con el sujeto en cuestión, Sakura escogió negarse y se aferró a la decisión de no hacer nada por hallar una solución, agregando que solo fue algo pasajero. Sin embargo, aunque estos fueron disminuyendo con el transcurso de los días, aún podía percibir los bajos ánimos sobre ella, lucía deprimida, por lo que estuvo preguntándose qué podría hacer para subirle un poco la moral, mejor dicho, ya tenía algo bajo la manga, lo que en realidad le hacía falta era un poco más de tiempo, tiempo para pulir, y posteriormente, ejecutar a la perfección aquello que estaba demandándole gran parte de su atención últimamente.

Pese a lo concentrado que yacía en la serie de pensamientos que estuvieron cruzando por su cabeza, Naruto desconectó de todos estos ante el repentino llamado de Iruka, su chófer, dirigiéndole la palabra sin quitar la vista del camino frente a sus ojos.

–A-Ah, ¿dijiste algo?

–Solo te decía que últimamente pareces estar muy a gusto ahí arriba en las nubes. –Ante la evidente desorientación del menor, Iruka rió son sutileza. –Así como ahora.

–¿Tu crees? La verdad a mí no me parece.

–Bueno, quizás Jiraiya coincida conmigo. Me ha comentado que has estado mostrando mayor dedicación durante sus lecciones. –Explicó, sin molestarse en disimular su buen humor frente al tema que estaba siendo tratado. –Completamente lo opuesto a cuando eras más joven.

No le tomó demasiado a Naruto comprender lo que Iruka intentó dar a entender con la formulación de aquel último comentario, al oírlo recordó enseguida sus momentos de lloriqueos y pataletas en su época de primaria, momentos que, ahora a sus diecisiete años, le causaban vergüenza de tan solo pensarlo, esos eran recuerdos que en definitiva prefería esconder en un baúl y esconder la llave para jamás volver a abrirlo.

En consecuencia de la mención de aquellos llamativos momentos ocurridos en su pasado, las mejillas de Naruto adoptaron un tenue tono carmín, yacían ruborizadas, evidenciando aún más, de este modo, lo avergonzado que debía de estar sintiéndose, la vergüenza era tal que ni siquiera sintió deseos de replicarle a Iruka al respecto y no hizo más que hundirse en su asiento.

Ciertamente, el interés que ahora estaba dedicando a sus clases fue en aumento con el pasar de los días, no era una situación difícil de ver, cualquiera que pudiese ser considerado como cercano a él podría ser lo suficientemente capaz para percatarse de tal hecho. Aunque sí er cierto que los acontecimientos dados durante las últimas semanas habían influenciado de gran manera su comportamiento, ahora tenía una motivación aún mayor para enfocar sus esfuerzos en aquellas clases que, personalmente, consideraba no necesita y si todo iba igual de bien, según Jiraiya, dentro de esa misma semana podría llevar a la realidad lo que estuvo circulando en su cabeza desde el anterior fin de semana.

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Liberando un ligero suspiro de cansancio ahora que yacía completamente en soledad a las afueras del salón del que acababa de provenir, Sakura se dio el tiempo de tomar asiento unos momentos para recobrar sus energías, su clase acababa de finalizar, y a decir verdad, fue bastante extenuante en esa ocasión. No es que fuese un hecho que le sorprendiese demasiado, luego de lo ocurrido el pasado viernes era esperable que su instructor, Asuma Sarutobi, tomase tal actitud para desempeñar sus enseñanzas, la molestia que demostró ese día dejaba mucho que decir... demasiado.

Se atrevía a suponer que tanto Naruto como su instructor llegarían dentro de poco y no erró en pensar sobre la puntualidad que tendían a demostrar la mayoría del tiempo, puesto que después de dejar que pasasen un par de minutos sus oídos percibieron un par de pisadas aproximándose hacia ella a lo lejos, reconoció los pasos de Naruto al instante. En lugar de levantarse de su asiento y marcharse, Haruno optó por aguardar a que ambos hombres la rebasaran primero antes de realizar cualquier tipo de movimiento.

Luego de recibir un cordial saludo de quien debía ser el instructor de su rubio conocido y devolverle el saludo de la misma forma, Sakura hizo ademán de levantarse junto con sus cosas entre sus brazos. No obstante, un par de manos sobre sus manos la detuvieron y la regresaron a su asiento haciendo uso de un gentil empuje, cuando estuvo a punto de preguntar el motivo de tal actuar a la persona que tenía frente haciendo la obvia suposición de que se trataba de Naruto, quien había estado caminando por detrás de su instructor, acercó sus labios hasta su oído y le susurró.

Luego de recibir un cordial saludo de quien debía ser el instructor de su rubio conocido y devolverle el saludo de la misma forma, Sakura hizo ademán de levantarse cargando con sus pertenencias entre sus brazos. No obstante, un par de manos sobre sus hombros la detuvieron y la regresaron a su asiento haciendo uso de un gentil empuje y cuando estuvo a punto de preguntar el motivo de tal actuar a la persona que tenía en frente, realizando la obvia suposición de que Naruto era de quien se trataba, quien había estado por detrás de su instructor acercó sus labios hasta su oído y le susurró.

–Quédate aquí un poco más ¿sí?, y presta atención a lo que vas a escuchar ahora.

Una vez formulada dicha frase, sintió las manos de Naruto alejarse de su cuerpo, acabando así con el breve contacto que este había efectuado para momentos después continuar con su camino, dejándola atrás sola y sin compañía, perpleja por el mensaje que había recibido.

Pese a la confusión que se alojó en su cabeza, Haruno hizo caso a la petición de Namikaze y no se movió de su asiento con la disposición de oír con cuidado lo que ocurriese en los interiores de la habitación a su lado. No entendía muy bien qué era lo que Naruto quería conseguir al hacerle una petición como esa, supuso que lo que quería era que lo escuchase tocar alguna melodía, después de todo, la música fue lo que los hizo coincidir en su propio hogar en primer lugar, pero aún así no le hacía sentido, puesto que nunca le había pedido eso antes.

No tuvo que aguardar demasiado tiempo para que la música comenzase a apropiarse del salón, luego de que Naruto intercambiara unas cuantas palabras triviales con el mayor que lo acompañaba, se sentó frente al instrumento y dio inicio al movimiento de sus dedos sobre el repertorio de teclas que yacían bajo su nariz.

Conforme el resonar de las finas teclas se abrió paso hasta sus oídos, inicialmente, un sentimiento de desasosiego la abordó. Si tomaba en consideración oportunidades pasadas, esa no era la primera vez que se deleitaba del intachable talento que Naruto tenía para el piano, de hecho, lo había hecho un ar de veces poco después de conocerlo sin que él lo supiese, es decir, había tenido las agallas de acercarse a husmear un poco en el lapso de tiempo en que se suponía que debía de aguardar por su discreta visita.

No sabría cómo explicar el motivo de su pensar, pero la canción que con esmero interpretaba el rubio adolescente no era, sin duda, del tipo que acostumbraba a tocar, y es más, se atrevía a suponer que no había sido su instructor quien puso sobre sus manos la partitura de las que en esos instantes estaba haciendo uso, sino él mismo.

La melodía por la que se quedó ahí sentad no le era indiferente, al contrario, la conocía perfectamente, puesto que al igual que Naruto, su padre también era distinguido en el mundo de la música clásica, por lo que desde que tenía memoria contempló a su progenitor desempeñar sus dotes artísticos por medio de dicho instrumento, o en su defecto, oía piezas musicales de diversos CD's que él mismo coleccionaba por mero placer personal, haciendo que estos resonasen entre las paredes de su espacioso, y a su vez, vacío hogar.

Era "Preludio n.º 1 en do mayor" de Johann Sebastian Bach, no tenía ni la más mínima duda de ello, no le tomó demasiado tiempo reconocerla y, según se atrevía a deducir, Naruto estaba dedicándosela, el rubio muchacho había tenido las agallas de obstaculizar su rutinaria vida con tal de que escuchase con cuidado la suave y delicada pieza que sus dedos ahora interpretaban. Recibió cada nota de cada verso y las guardó con fervor en lo más profundo de sus memorias, no sabría decir el por qué, pero independientemente de que conociese aquella composición, que el músico, en esta oportunidad, fuese Naruto Namikaze... le atribuía un toque diferente, la sensación que emanaba desde su pecho con cada segundo... era una de las mejores que había experimentado a lo largo de su corta y solitaria vida.