Realidades incómodas
2 de noviembre, por la noche.
¿Quién se iba a imaginar que una pequeña conferencia terminará en caos?!- Se pensaba Cobalt al final del día. La mayoría de los asistentes a la feria del libro huyeron despavoridos. La cuadra entera asegurada y el pueblo entero cerró sus puertas.
Cobalt se quedó una hora entre interrogatorio de los guardias reales. Y a todos les respondía lo mismo; no tenía ni la menor idea de porque unas manadas de lobos interrumpieron en su sala de conferencias. Concluyeron que fue un ataque planeado. Algunos pocos asistentes concordaron que el presunto líder, era la yegua de melena roja, y el unicornio de gafas, su cómplice.
El no mencionó a los guardias que el unicornio era su prima Emerald Dawn. La última vez que se vieron, ella parecía bastante distante, pero habían mantenido cartas hasta unas semanas atrás. Pero no era la misma que había conocido por años. La misma Emerald que petrifico media feria, con esa mirada seria y fría. ¿Acaso cuando le dejo de escribir, se involucró en malos pasos?" Se cuestionaba mientras miraba su taza de té. "¿O quizás lo hizo bajo amenaza?
Cobalt tomo un gran sorbo al té de manzanilla. Lanzó la taza y arrepintió cuando se quemó la lengua. Estaba tan nervioso, y a la vez tan idiota.
Asomó de la tienda improvisada. Inspiro el aire y percibió un poco de ese olor metálico que deja la sangre en el aire. La ventana había sido tapiada y un único acceso resguardado por las autoridades. Al centro de las tiendas se improvisó una fogata. Era una de una veintena de carpas más. Aparte de la convención literaria, los lobos hurgaron en todas las habitaciones del hotel. Cuando fue al suyo, no le dejaron nada. Su maleta, su boleto de tren de vuelta, sus anotaciones y hasta su moneda. Todo se había esfumado.
Su abuelo se lo advirtió:
"Si sigues metiendo las narices en esos libros, los problemas te perseguirán a ti".
No se imaginó que los problemas traían colmillos incluidos. Le dio otro sorbo al té. Apenas pudo rescatar un abrigo arruinado. Y lo peor, tenía en la tienda de a lado, a uno de aquellos lobos.
Dejo la taza en el suelo y se acercó al fuego. Pero no dejaba de rondarle un pensamiento. ¿Porque yo?
Ella lo defendió. Se liberó del hechizo petrificador de su prima y fue a su rescate. Cobalt se imaginó como una damisela salvada. Se rio ante la absurda comparación. Se detuvo antes de llegar a la fogata y volvió su vista al a tienda.
¿Debía darle las gracias o huir lejos de ella? ¿y si lo estaba reservando para comérselo luego en privado? - se debatía en el mar de ideas. Camino de vuelta y se detuvo en la entrada. Y antes de que pudiera decir nada, sintió que alguien o algo toco su espalda.
Emitió un Gritillo que ahogo y miro detrás suyo. Y la vio de cerca asustada y algo apenada. Aquel pony de aspecto más bien elegante y con algunas costras de piedra en su melena azulada.
—¡Perdón! ¡No te quería asustar! — Peach sonrió con temor de la idea de haberlo incomodado. Pero Cobalt se perdió por un momento en los grandes ojos verdes oscuros como del fondo de bosque. No detectó nada de esos ojos amarillentos violentos. En su sonrisa solo un par de caninos diminutos, pero apenas apreciables. No existían testigos de su transformación lupina. Suspiro y para la sorpresa de Peach, Cobalt se acercó para apreciar su rostro.
Peach retiro su rostro del umbral mágico que restregaba en su cara y le dio un empujón.
—¡Oye! ¿Quién te crees? - Por breves momentos, unas manchas amarillas cruzaron por los ojos verdes. Entonces Cobalt se dio cuenta de su indiscreción.
-Hay no, ¡Perdona! Es que… —reformulo sus palabras. Lo último que quería era hacerla enojar. -Es que tienes unos lindos ojos…- Trago saliva. Quizás eso fue peor. Debió disculparse, pero le dijo lo primero que le cruzo por la cabeza. Se agachó ante una represalia, pero noto como el poni terrestre había pasado de la molestia al sonrojo.
—¡Espera, no quería decir eso! — El mismo no pudo evitar sonrojarse ante la vergüenza de malentendido.
—¡No te apures! Entendí bien- Sonrió ella, entendiendo la situación. — Soy Peach Heart. ¿Y tú?
Y Cobalt se derrumbó internamente. ¿Qué le iba a decir? En cuanto se dio cuenta tenía toda su atención, se sintió un poco abrumado. A pesar de los años, se sentía como un adolescente ante las chicas lindas. Solo preséntate y agradece. Pan comido.
—Soy el profesor Dos. Cobalt Dust. Y Yo, bueno, ex-profesor. Deje mi pupitre hace un año. Y solo di clases unos meses y no sé por qué estoy diciendo esto. - Maldijo para así mismo por su diarrea verbal. Pero Peach intento no reírse de su torpeza, lo cual no lo hizo sentirse mejor. Tomo un poco de aire y tomo su cara de profesor universitario serio y profesional de la conferencia. Tosió para aclarar su garganta e ideas, y declaro:
-Solo quería decirte gracias por lo de esta mañana. Por haberte enfrentado a la líder de los bobos y evitar que se robaran mi libro. Te transformaste en uno de esos lobos. Y yo no estoy seguro como, pero quisiera compen…sar… telo. - Se detuvo cuando la sonrisa y el sonrojo de Peach paso a un rostro de incredulidad y miedo.
—¡¿Qué yo hice que?!- espetó. -Eso No paso. Debiste confundirte de pony lobo. Es más, te estás confundiendo señor ex profesor Dust o lo que seas. ¡Solo! Agh!
Peach lo hizo a un lado y se metió a su tienda. Cobalt se quedó de piedra. Se dio cuenta de que realmente metió la pata hasta el fondo. Suspiro. Se sintió el más estúpido. Avanzo hasta su tienda propia. Se detuvo justo antes de entrar. Debía disculparse. Pero no había dicho nada falso. Y tampoco quería que se quedara como un rarito.
—Oye, disculpa, pero lo que paso esta mañana no fue ninguna fantasía. Aún estoy investigando al respecto, pero por tu reacción, creo que fue tu primera o de las primeras veces. Es decir, entiendo tu reacción. - Espero a una respuesta, pero no hubo nada. Quizás se quedó dormida. Quizás solo lo ignoraba. La realidad era que nunca vio antes un poni transformarse en un lobo enorme ante sus ojos. Y estaba apenas aprendiendo al respecto. Probablemente mañana sería mejor aclararlo. Suspiro y se dirigió hacia la fogata. Cobalt no se imaginaba que Peach fue consciente de lo que había pasado. De cómo llegaron aquellas chicas a interrumpir la conferencia. Como su piel se volvía piedra. Como un fuego interno recorrió por sus venas. Y no se reconoció a sí misma. Solo el instinto dictándole escapar y enfrentar. Salvar al profesor fue algo secundario. Peach se acurrucó junto a su prima. Intento fingir que no fue real. Pero cuando el sueño le venció, algo en su interior no se lo dejaba olvidar.
—
A la mañana siguiente, se levantaron todas las protecciones de la sala principal. Los huéspedes que así lo quisieran, se les repuso el dinero de sus reservaciones. Y en algunos casos, con el boleto de tren. Cobalt quería volver hacia la vieja casona familiar, pero antes debía buscar a Peach. Se creía culpable en parte. El busco entre todos los ponis que buscaban sus devoluciones en la recepción. Estaba al frente, junto con una pegaso de alas bicolor. Espero hasta que se retirara de la barra.
Cobalt se concentró y le envió un pequeño sobre por magia. La carta apareció frente a Peach, que la sostuvo entre sus cascos. Cobalt observo como su prima tomaba la carta, la abrieron juntas y la pegaso la hizo bola. Peach tomo la carta y la guardo en su bolso, para alivio de Cobalt. Peach lo busco con la mirada, y cuanto hicieron contacto visual, se despidió tímidamente de él. Cada quien tomo un rumbo distinto, pero ninguno se imaginaba que no sería la última vez.
