Disclaimer: Harry, Draco y compañía son propiedad de JK y sus socios. Yo sólo comparto mis historias por amor a la pareja y al fandom.
Notas de la autora: muchísimas gracias por tan cálido recibimiento. Es hermoso ver users conocidos y saber que me siguen dando su voto de confianza (en especial a ti Lys, espero que disfrutes el fic). Como ven, estoy un poco antes de lo que se suponía. Eso es porque recordé que a muchos les encantaban los capítulos extra en fechas especiales y ya que vamos empezando, me pareció genial. Hoy es el cumpleaños 39 de nuestro rubio alborotador y hay que celebrarlo. Agradezco a quienes me dejaron review y dedico este cap a Sof77 que fue la primera en comentar el viernes. Ahora sí, ¡a leer!
Capítulo 2. La pelea por la sobrevivencia
Él no era tan descuidado ni tan malvado. Por eso, había dejado la varita de Malfoy en el rellano de las escaleras. Así que su broma tuvo como resultado que el Slytherin no tuviera tiempo para desayunar, llegara tarde a clase de Defensa y luciera muy rabioso. Harry le sonrió durante la práctica, mientras hacían ejercicios en pareja y esquivaba los ataques de Ron.
-Te ves muy feliz, colega.
-Fue un buen desayuno.
-¿Tuviste algo que ver con la ausencia del hurón? –miró hacia ambos lados, pero Hermione estaba casi al otro extremo de la habitación, batiéndose a duelo con Greengrass.
-Es posible.
Sin embargo, la suerte abandonaría a Harry esa misma noche.
-No lo soporto.
-Sólo ha pasado una noche –desestimó con una sonrisa mordaz-. ¿Qué pasó con eso de que le demostrarías quién manda? –a pesar de su mala experiencia de la mañana, Draco estaba disfrutando de la desgracia ajena.
-Pues es todo lo que el maldito Finnigan necesitó para volverme loco.
-¿Qué hizo?
-Puso música de vaqueros para poder dormir –Pansy se echó a reír, aunque eso no la distrajo de seguir peinando su cabello-. Y por la mañana… Ya es bastante traumático tener que compartir el baño con los idiotas de Corner y Fletchley. Pero cometí el error de entrar después que él. Dejó mojada la alfombra, empañados los cristales y lo peor fue…
-¿Por qué me miras a mí? –inquirió la chica, cuando él se detuvo.
-Quizás no quieras oír esto.
-Oh, claro que quiero. Necesito más motivos para burlarme.
-Bien. Te he advertido –Blaise hizo una mueca de sufrimiento-. Lo peor fue el hedor. Como si hubiera vaciado estiércol de Dragón o se hubiera desecho de un cadáver en descomposición… Y todavía tuvo el descaro de decir, "Já, creo que me excedí con los frijoles anoche" –Draco no necesitó de más para ceder a tal ataque de risa que derramó un par de lagrimillas-. ¡Parecía orgulloso de eso! ¡Ya dejen de reírse, maldita sea!
-Oh, querido. Es que es desopilante –declaró Pansy, que sostenía el peine contra su pecho.
-Es asqueroso. Voy a morir por inhalación de gases tóxicos.
-Usa una poción aromatizante –sugirió él, sonriendo con satisfacción.
-No creo que sea buena idea, podría desatar una reacción en cadena y toda la torre explotaría –aportó ella, que tampoco se esforzaba por reconfortar a su amigo.
-¿Qué hay de ti? ¿Cómo te fue con la gemela?
-Oh, mejor de lo que esperaba –declaró con calma, trenzándose el cabello-. Es bastante silenciosa. A penas me dirigió dos palabras y luego se dedicó a ignorarme. Una chica encantadora.
-Qué suerte tuviste.
-Sí, Davis se llevó a la bulliciosa.
-¿Dónde está? –Blaise miró alrededor, pero en la sala común sólo estaban ellos y los ineptos de Corner y Fletchley, que parecían muy a gusto como compañeros.
-Tratando de no perder la cordura, probablemente. Dice que esa gemela es desesperante, intentó entablar conversación con ella como quinientas veces y no paraba de comentarle chismes ridículos. Al final se cansó y se hechizó a sí misma para poder dormir –Draco sonrió ante eso.
Davis era una chica odiosa que se caracterizaba por huir del contacto humano, sólo hablando cuando se trataba de despotricar o burlarse de alguien. Por eso la apreciaba muchísimo.
-Ahora que pienso en ello –meditó Blaise, después que un par de chicas subieron las escaleras-. Daphne se veía muy cómoda practicando con Granger hoy. Empiezo a sentir el aroma de la traición.
-¿Seguro que no son los residuos de la fragancia de Finnigan? –le lanzó una mirada furiosa a la chica, mientras que él se dedicó a regocijarse del intercambio. Era uno de sus pasatiempos favoritos ver como sus amigos se saltaban a la yugular.
-No quiero ofenderte, querida. No me obligues a hacerlo.
-Qué caballero. Espero que no se te peguen más manías Gryffindor.
-Segunda advertencia, Parkinson.
-En lugar de discutir, deberíamos estar unidos –Draco no comprendió porque su proposición generó tanto desconcierto-. ¿Qué?
-Creo que tienes razón, esa experiencia cercana a la muerte ya me está provocando alucinaciones.
-No, Blaise. Yo también lo escuché. Draco, trocito de cielo, ¿te sientes bien? –el susodicho bufó, fastidiado.
-En perfectas condiciones. Vamos, piensen en ello. Estamos en compañía de ocho Gryffindors y ocho inútiles más. Como si eso no fuera suficiente, nuestros prefectos son un Hufflepuff de bajo coeficiente y una Ravenclaw chiflada. Como Slytherins tenemos que imponernos para sacar ventaja.
-Ah, eso sí parece algo de tu estilo.
-Tiene sentido, Draco –concedió Blaise, aunque parecía sumamente aburrido-. Pero te deseo suerte con eso. Davis sabe defenderse, a Daphne no podría importarle menos y Theo… ¿Dónde diablos está Theo?
-No lo sé, últimamente sólo lo veo en clase –comentó Pansy, que ya había empezado a limar sus uñas.
-Ahí tienes. Somos nosotros tres contra 16 imbéciles. Será más productivo si nos limitamos a tratar con nuestro compañero asignado.
-En esto apoyo a Blaise –manifestó-. No me interesan los conflictos de los demás, mientras no me afecten. Pero tú, estimado heredero Malfoy, serás quien más tenga que ocuparse de sobrevivir.
-De verdad que no quiero irme a mi habitación. Estoy considerando empezar a dormir en la sala común –se quejó Ron, cuando Lavender y Parvati se retiraron, dejándolos solos frente al fuego-. Tú pareces demasiado tranquilo, Harry.
-Bueno… Puse algunos encantamientos en mis cosas. Casi estoy esperando que intente hacer algo –admitió, sonriendo al pensar en cuál encantamiento activaría primero ese imbécil. Ya fuera el de erupciones moradas o el de croar como rana, él estaría satisfecho.
-Eso suena divertido.
-Es sobrevivencia.
-Parece mejor que ser despertado por tu entusiasta compañero a las cinco de la mañana –rezongó, deslizándose por el sillón-. ¿Quién demonios despierta con tanta energía? "¡Hora de bañarse!, ¡Apresúrate, tenemos que desayunar!, ¡Hay que comparar nuestras tareas antes de clase!". Demonios. Quiero sacarle las cuerdas vocales y atarlas en un nudo turco.
-La única que no se quejó fue Hermione. ¿Sabes cómo se las arregló con esa chica Slytherin?
-Oh, eso es lo peor. ¡Creo que le agrada! –exclamó, escandalizado-. Se quedaron leyendo y hoy estudiaron juntas. Es una tragedia.
-Es lo mismo con Neville –compartió, acomodándose los lentes-. Dice que Nott se distrae en lo suyo y se fue a dormir temprano.
-Qué afortunado. Bueno, Ernie también se acuesta temprano, pero es todo menos silencioso.
-Qué mal asunto.
-Si ese entusiasmo y sus mensajes motivadores serán todos los días, creo que prefiero irme a vivir con Hagrid –Harry sonrió, reconociendo que eso no parecía tan mala idea.
Y su sentimiento se reafirmó media hora después, cuando intentó entrar a su habitación y se quemó la mano al girar el pomo. El inconsciente Slytherin se reía en su cama, produciendo ese sonido que le hacía pitar los oídos de pura cólera.
-¡¿Crees que es divertido?! ¡Apenas me estoy curando y me saldrán llagas por eso!
-¡A mí no me reclames! ¡Tú me diste la idea con todos esos desagradables encantamientos en tus cosas! –gritó, sentándose de golpe.
-¡Son mis cosas y les pongo los hechizos que se me vengan en gana!
-¿Qué tal si sólo las toco por accidente?
-¿Por accidente? Por favor, Malfoy. Eso ni tú te lo crees.
-¡Estás acostumbrado a culparme de todo! –renegó, incorporándose.
-¡Porque te conozco!
-¿Jamás escuchaste la expresión "inocente hasta que se pruebe lo contrario"? –increpó, aunque ni él podía creerse semejante drama.
-¡Contigo se convierte en "culpable hasta que se demuestre lo contrario"! ¡Y siempre se demuestra que fuiste tú! –Malfoy no trató de acercarse y conservaba su mano izquierda detrás de la espalda. Realizando un recuento de los hechizos, Harry comprendió que el cabrón había intentado tocar su almohada. Llevándose como recompensa una maldición de verrugas-. ¿Qué pasa? ¿Por qué escondes la mano? ¿Vas a darme algún regalo? –inquirió, olvidándose del ardor de su propia palma.
-Ya quisieras, pedazo de mierda inservible.
-¿Por qué tanta agresión? Si he sido yo el lesionado –presionó, sonriendo con deleite.
-Jódete. Más te vale que el efecto pase pronto, porque es la mano con la que… -negó, frunciendo la boca con desprecio.
-¿La mano con la que escribes? Qué mala situación…
-No, es la mano con la que me masturbo –arrojó, con una sonrisa maliciosa dedicada especialmente a perturbarlo.
-Entonces ten cuidado, porque contagiarás todo lo que toques –contrario al efecto deseado, el bastardo siguió sonriendo.
-¿En serio? ¿Literalmente todo lo que toque?
-Eh… ¿Malfoy?
-Es sólo que de pronto –continuó, andando sin prisa-. Me dieron unas ganas incontrolables de ponerte las manos encima.
-¡No! ¡No te acerques!
-¡Ven aquí, Potty!
Harry siempre hacía frente a sus problemas, pero hasta él sabía que había ocasiones en que lo más recomendable era huir. No obstante, no sabía si la puerta seguía hechizada y el idiota no le daría suficiente tiempo para anular la maldición. Así que se encontró inmerso en una persecución dentro de ese limitado espacio. Tuvo que saltar sobre las camas, esquivar los baúles e incluso tiró una silla en su afán por escapar. Arriesgando su mano doliente, se aventuró al baño. Entonces el caos aumentó. Malfoy lo siguió, pero no tomó en cuenta que en esa habitación ya estaba alguien más. De pronto se encontró en el piso y frente él había un enredo de extremidades y dos cabelleras rubias.
-¿Qué les pasa? –renegó el chico que acababa de ser derribado mientras se cepillaba los dientes, a juzgar por los utensilios que yacían sobre el lavabo.
-Eh –fue todo lo que atinó a decir al notar los pequeños puntos que empezaban a brotar en el rostro de Goldstein.
-¡Es culpa de Potter!
-Thomas tenía razón, siempre bloquearé la puerta de… ¿Por qué me miran así?
-Qué asco, justo en la cara –fue el sutil comentario de Malfoy, como si no hubiera sido quien ocasionó eso.
-¿Qué tengo en la cara? –saltó la víctima, incorporándose para usar el espejo. Su mejilla izquierda mostraba un horrible brote de verrugas-. ¡No! ¡Mi perfecto cutis! ¿Saben todas las mascarillas de pepino y carbón que tuve que soportar para eliminar el acné? ¿Quién de ustedes fue?
-¡Malfoy!
-¡Tienes los días contados, serpiente! Oh, por Rowena. Necesito una poción de inmediato. Pero si voy a la enfermería, alguna chica podría verme… Qué más da. Quizás alguna de mis compañeras sepa qué hacer –salió todavía renegando sobre lo desagradable del asunto, no sin antes dirigir una mirada de reproche a Malfoy.
-Tú también lo escuchaste decir "mi perfecto cutis", ¿verdad? –se aseguró Harry, quien hasta ese día había creído fervientemente que nadie le ganaba a Malfoy en cuestiones de ego.
-También habló de mascarillas de pepino.
-No olvides las de carbón –recordó.
-¿Cómo mierda haces una mascarilla de carbón?
-No lo sé, ya perdí un poco de testosterona sólo con oírlo.
-Jamás podré verlo de la misma forma –admitió, mirando hacia la puerta entreabierta-. Quizás esos rulos tampoco son naturales.
-Deberías temer, puede llegar a opacarte –opinó, aunque le parecía difícil que alguien superara en manías y vanidad a ese rubio insoportable.
-Eso jamás. Yo no necesito de mascarillas de ningún tipo para ser perfecto –y tenía razón.
-Debe ser muy complicado ser tú, tener que cargar con todo el peso de tu ego…
-¿Quieres pelear de nuevo, Potty?
-No, gracias. Prefiero dormir lejos de tu mano verrugosa –dijo con una sonrisa, dejándolo solo en el cuarto de baño.
-¡Qué tengas pesadillas!
-¡Ojalá te vayas en el inodoro!
Con esos dulces deseos, terminó el segundo día en los dormitorios.
-Lovegood tiene esa apariencia soñadora y no siempre entiendo de lo que habla, pero es inofensiva. En cambio, tú deberías hacerme caso y hablar con el profesor Greg. Estoy segura de que él entenderá –el Gryffindor estaba revisando la colección de libros de autobiografías de buscadores famosos cuando un cuchicheo llegó hasta él.
-No creo que sea para tanto… Quizás escuché mal –con cuidado, movió un par de tomos formando una rendija. En el pasillo del otro lado, Susan Bones y Hannah Abbott hablaban en voz baja.
-Eres muy amable, Hannah. Pero sabes lo que se dice… Ella fue atacada por un hombre lobo, quizás…
-¡No lo digas!
-Sólo te sugiero, que no esperes a que sea luna llena –con todas esas piezas y lo que él mismo sabía, supuso que hablaban de Lavender.
-No fue tanto, sólo gruñe un poco. Todos hemos hecho ruidos dormidos, ¿no?
-¿Acaso no dijiste que come carne seca antes de dormir?
-Sí, eso sí es un poco preocupante… -Harry negó, retirándose por el otro pasillo. Hasta donde sabía, Lavender no se había transformado. Aunque quizás tuviera las mismas secuelas que Bill. Al parecer, no era el único en alerta por las acciones de su compañero de dormitorio.
Los días habían pasado y con eso se formaron tres tipos de compañeros de domicilio. Primero, los que inesperadamente se llevaban bien, como Hermione y Daphne. Segundo, los que eran felices ignorándose, como Theodore y Neville. Y por último, los que vivían de confrontación en confrontación, cuyos mayores exponentes eran el cabrón irascible de Malfoy y él mismo. En ese par de semanas, ningún día había estado exento de bromas pesadas, mucho menos de insultos. Ambos se las ingeniaban para desplegar un amplio arsenal, llegando a afectar a otros compañeros, como lo ocurrido a Goldstein. O como el hechizo de eructos incontrolables que golpeó a Ernie cuando intentó intervenir. O como el panecillo de vómito rosa que se comió Ron por accidente. Ah, sin olvidar el espejo grosero y violento que atacó a Susan cuando Malfoy lo llevaba hacia su habitación. Claro, también estaba el gnomo molesto que él había dejado bajo la almohada del Slytherin pero que escapó y terminó entre las mantas de Lavender.
Los incidentes eran el pan de cada día en la torre central, dónde las tensiones se intensificaban por ratos, en especial cuando ellos se propasaban en sus bromas. Es decir, seis de cada siete días. Sin embargo, la noche anterior había encontrado lo que empezaba a denominar "cadena de adiestramiento de idiotas". Fue sin pretenderlo, en una de sus usuales discusiones antes de dormir. Malfoy le había jugado una mala pasada al cambiar su dentífrico por hígado de Dragón. Furibundo, le gritó que acababa de cruzar una nueva línea y no se sorprendiera si en un par de días él reemplazaba su shampoo con algún líquido de dudosa procedencia. Inesperadamente, Malfoy se mostró aterrorizado con la idea. La confrontación cesó casi al instante y se fue a dormir entre murmullos de odio. Ahora contaba con ese as, listo para emplearlo a la menor provocación.
-Hermione, ¿dónde está Ron? Creí que repasaríamos juntos –volvió a la mesa con el libro que acababa de prestar, justo a la hora que ella les había indicado.
-Para variar, está peleando con Ernie.
-Oh. ¿Ahora por qué?
-Algo sobre un broche perdido y unos apuntes manchados de comida –Harry rió entre dientes. Esos chicos eran otro foco de confrontaciones, casi tanto como él y Malfoy. Ernie no soportaba el estilo desorganizado de Ron. Y Ron no soportaba la energía y el carácter mandón de Ernie.
-¿Crees que venga pronto?
-Lo dudo.
-Entonces, ¿qué quieres hacer?
-No sé… ¿Leemos un rato? He visto que prestas más libros últimamente –comentó, tomando el que tenía frente a él.
-Bueno… Curso menos materias y tampoco tengo el quidditch. En algo debo ocupar mi tiempo libre. Es una pena que no tengan alguna colección de ficción… En el verano leí algunos cómics que tenía escondidos Sirius –Hermione se mostró interesada ante esa revelación.
-¿En serio? Yo tengo algunos libros de misterio y un par de clásicos de amor. Podría prestarte el que te interese.
Harry mantuvo esa trivial conversación, ajeno al propio drama personal al que tendría que enfrentarse en un par de días.
-Tiene que ser algo grande. Que le quite esa maldita sonrisa arrogante de la cara y lo haga suplicar por piedad –decía Draco Malfoy a sus amigos de Slytherin. El chico seguía a medias su debate vengativo, mientras que la chica pulía una diadema de plata-. Lo odio. Odio que se crea superior por haber encontrado mi punto débil.
-¿Tú no le habías prohibido que se quejara de Potter? –preguntó perezosamente el moreno.
-Le doy quince minutos al día para que se desahogue.
-Ah.
-¡Necesito ideas! ¡Algo que lo haga sentir miserable! Quiero verlo retorcerse mientras grita mi nombre.
-Deberías pensar mejor las frases que utilizas, Draco –Pansy compartió la sonrisa burlesca de Blaise.
Era un día bastante tranquilo en la torre central. Formaba parte de un acuerdo tácito que a ciertas horas sólo ellos permanecían en ese sitio. Así se iban turnando, evitando la convivencia que el ingenuo del profesor Greg creía que disfrutaban.
-Chicos, necesito ideas. Pueden burlarse después.
-A mí no me dices cuando burlarme.
-Blaise…
-A ver, querido. Tú mismo te respondiste hace un momento –expuso ella, mostrándose conforme con la apariencia de su diadema.
-¿Cómo?
-Potter conoce tu punto débil, ahora averigua el suyo. Entonces sabrás donde atacar.
-Seguro que ya lo sabe –señaló Blaise, haciendo los honores al colocarle la costosa prenda de joyería-. Tienen un conocimiento obsesivo de los hábitos del otro.
-¡Eso no es cierto!
-Te apuesto a que sabe cuántas veces va al baño y la marca de dentífrico que usa –dijo Pansy con una enorme sonrisa.
-¿El dentífrico? ¡Debe saber hasta su talla de calzoncillos!
En un alarde de sensatez, Draco optó por ignorarlos. El punto débil de Potter… Lo primero que se le ocurrió fueron sus amigos, pero lo dudaba. Granger, e incluso la comadreja serían capaces de defenderse por sí mismos. Entonces… ¿Qué era? Difícilmente el nido de pájaros que él llamaba cabello. Tampoco los ojos miopes o sus gafas, ya lo había intentado por ahí. Tenía que haber algo más. Pero Potter no era cuidadoso con su ropa, tampoco con sus posesiones. No tenía novia ni interés romántico conocido. No tenía mascota… ¿Es que acaso ese idiota no tenía un punto débil? No, Pansy lo había dicho. Todos tienen uno. Necesitaba conocerlo, aunque no fuera algo físico. Tal vez un oscuro secreto. Sí, podía extorsionarlo con eso.
Los siguientes días, aparte de discutir con él, se dedicó a observarlo. Potter tenía una rutina bastante simplona. Asistía a sus clases, estudiaba y departía con sus amigos, leía por las tardes o salía a los jardines, iba al gran comedor y a la biblioteca. Nada excitante ni intrigante. ¿De verdad ese era el chico dorado de Gryffindor? Parecía demasiado soso, demasiado normal. Y eso no le convenía. Quería pillarlo haciendo algo malo, colándose en los lavabos de los profesores, robando pociones prohibidas o incluso follando con alguien. Pero nada. Potter era el gurú del aburrimiento y las decisiones predecibles. Sin embargo, la paciencia le entregó sus frutos la tarde de un viernes. Seguía a Potter por los jardines, escuchando su monótona conversación con Longbottom, que parecía incapaz de hablar de algo que no fueran plantas o comida.
-Creo que ya estamos suficientemente lejos, ahora puedo escucharte –indicó Longbottom. Ya que no podía verlos, Draco sólo atinó a suponer que vendría algún tipo de confesión jugosa.
-De acuerdo…. Sé que hemos estado pasando algún tiempo juntos, usualmente por coincidencia. Sin embargo, ha sido lo suficiente para darme cuenta de que disfruto tu compañía. Espero con ansias las mañanas, porque sé que caminaremos juntos hacia el gran comedor. Entonces te veré al otro lado de la mesa y me sentiré afortunado sólo de compartir el mismo espacio que tú –tuvo que contener sus arcadas. Eso era lo más cursi y ridículo que había oído en su vida-. Después buscaré alguna excusa para seguir en tu presencia y tú accederás, porque eres la persona más amable y cálida que conozco –demonios. ¿Acaso Potter se le estaba declarando al cara de pato de Longbottom?-. Pero ni siquiera eso es suficiente. Por eso, necesito pedirte, que si de alguna forma te sientes igual que yo… Aceptes ser mi novia –Draco frunció el ceño, ese no era el final que esperaba-. Hay algunas palabras muy formales, pero creo que es apropiado para Luna.
Las campanadas del premio mayor sonaron en su cabeza con tanta fuerza que casi lo derriban y golpeó una rama baja por accidente.
-¿Hay alguien ahí? –con toda la información que necesitaba, corrió lejos, protegido por sus mejores hechizos de camuflaje.
Potter estaba planeando declarársele a Lovegood. ¡Ahí estaba su oportunidad! Tenía que arruinarle el numerito, avergonzarlo de alguna forma. Una maldición para trabarle la lengua, comezón en lugares inapropiados, Veritaserum… Las opciones eran muchas. Tenía todo un festín al alcance de la mano. No sabía cuándo sería la propuesta, pero debía estar preparado. Seguro notaría los esfuerzos del Gryffindor.
Y así fue. Dos días después, se percató de que Potter había sacado a airear algunas de sus prendas más decentes. Su plan entró en acción a partir de ese momento. Lo primero fue el hechizo de hedor en su camisa, que se activaría con la luz del sol. Después, el polvo de comezón que extendió por todo su pantalón. Y como toque de gracia, una poción de salivación excesiva que mezcló con su enjuague bucal y haría efecto una hora después. Ah, el dulce sabor de una venganza perfecta.
-Draco, querido, has estado sonriendo como psicópata todo el rato.
-Sí, se nota que quieres contarnos tu última gran maldad –secundó Blaise-. Te escuchamos.
-No, será mejor que lo vean. Quizás muy pronto –siguió aguardando con una sonrisa. Potter había salido hacía casi dos horas. Su entrada furiosa y patética no tardaría.
-De acuerdo, pero contrólate un poco.
-Ha sido la mejor idea de… -sus palabras de regocijo se extinguieron cuando vio a Lovegood bajar las gradas-. ¿Qué haces aquí, lunática?
-También vivo aquí, Draco. Y me gustaría que digas bien mi nombre, es Luna.
-No… No. Tú ibas a encontrarte con Potter esta tarde –aseveró, pero ella ladeó el rostro con una angelical sonrisa que fue como una patada en su entrepierna. Sólo ella podía permanecer tan tranquila mientras la increpaba.
-¿Con Harry? Claro que no. Él y los chicos tenían un evento hoy.
-¿Los chicos…? –pero, consistente con su augurio, un grupo de jóvenes entró en ese instante. Encabezado precisamente por un iracundo chico de cabello oscuro.
-¡Eres un pedazo de mierda! ¡Te voy a matar alimaña! –Potter se abalanzó sobre él, derribándolo del brazo del sillón. Aún salivaba en exceso y apestaba a cloaca.
-¡Suéltame!
-¡Engendro del demonio! ¡Malnacido cretino de porquería! –siguió, alternando los insultos con puñetazos en su mandíbula. Potter era una mole musculosa de mala actitud que lo dejaría desfigurado si nadie lo detenía… A todo eso, ¿por qué nadie intervenía?
-¡Potter!
-¡Arruinaste esa maldita entrevista! ¡Íbamos a conseguir financiamiento para el hogar y tú lo jodiste! –Puñetazo en el estómago, mano alrededor de su cuello-. ¡El mundo no gira alrededor de ti, imbécil maniático! ¡Esta vez mereces que te cuelgue de las pelotas desde la torre más alta!
-Argh… -sangre. Él acababa de escupir sangre. ¿POR QUÉ NINGUNO DE ESOS INÚTILES DETENÍA AL ANIMAL DE POTTER?
-Suficiente, Harry… -hasta que la sangre sucia se acordaba que podía hablar.
Esa noche fue la más tensa que Harry recordaba. Por consideración a Hermione (y por los ochenta puntos que Gryffindor había perdido por sus acciones) evitó volver a golpear a Malfoy. El proyecto del hogar de acogida era como su bebé, había estado trabajando en ello junto con Hermione y Ron. Ese día iba a ser la primera entrevista, lo presentarían al mundo y pedirían el apoyo de las grandes empresas. Y el cabrón egoísta lo había arruinado todo. Se había propasado. Así que él haría válida su advertencia. Salió del cuarto de baño sin mirarlo directamente, aunque no se perdió detalle de la apariencia recelosa y la botella de shampoo sin abrir que el rubio llevaba en las manos.
-Para lo que le servirá… -murmuró.
Cuarenta y tantos minutos después, un grito desgarrador alertó a todos los habitantes de la torre central.
-¡Maldito Gryffindor de mierda! ¡Te voy a matar! –su ira seguía allí, pero se apaciguó un poco al ver la expresión del cretino.
-¡Te lo ganaste! ¡Ayer borraste todo límite!
-Te causé comezón en las bolas, pero tú… ¡Te metiste con lo más sagrado de un hombre!
-¡Lo más sagrado de un hombre son sus bolas! –informó, reavivando su furia.
-¡Lo más sagrado de un hombre es su cabello! ¡Mira lo que has hecho! –lloriqueó, halándose un mechón de cabello rojo.
Porque sí. El cabello de Draco Malfoy era de un intenso color rojo, idéntico al de los Weasley que él tanto despreciaba.
-¡Eres un demonio con cara de idiota y voz de banshee! –gritó, mientras le arrojaba todo lo que encontraba a su paso. Harry tuvo que esquivar tarros de tinta, una lata de betún y varias botellas.
-¡Tú eres un maldito histérico! Me largo de… -clic. Clic. El pomo giró, pero la puerta no se abrió.
-¡Lárgate de una puta vez! ¡Ahógate en el lago negro! ¡Piérdete en el maldito bosque prohibido! ¡Que te aplaste un cactus y te caiga un rayo en la polla! –los improperios de Malfoy junto con sus fallidos esfuerzos por abrir la puerta empezaban a marearlo-. ¡Ojalá que te encuentres con un vampiro y te deje sin una gota de sangre! ¡Que un maldito hombre lobo te rompa el culo y te deje sin poder caminar! ¡Espero que…!
-Maldita sea, no –gimió desesperado, cuando ni siquiera el alohomora funcionó.
-¡Y que te dejen tirado en una zanja cubierto de estiércol de dragón!
-¡Escúchame, Malfoy!
-¡¿Qué demonios quieres?!
-¡Estamos encerrados! Nos… encerraron –anunció, dejándose caer con profunda impotencia.
Notas finales: hay algo en el Draco rabioso que me encanta, jaja. Otra cosa que me ha gustado al escribir este fic fue explorar un poco la amistad entre Slytherins. Ya he escrito mucho sobre el trío de Gryffindor y aunque me encanta, tenía el deseo de escribir su contraparte y ha sido maravilloso. Espero que lo estén disfrutando tanto como yo. En fin. Quienes ya me conocen saben que pese a este capítulo extra, también tendremos puntual el del viernes. Así que ahí nos leemos.
En el capítulo 3: ¡Encerrados!
Allyselle, la maestra de los títulos ingeniosos
