Doce.

El lobo bajo la piel.

Después de regresar con un bocadillo a la habitación donde yacía conectada la computadora que le comunicaba con su compañera y amiga de trabajo, Mizuchi se tomó la libertad de abrir las frituras, así como beber de su refresco, mientras volvía a revisar las cámaras de seguridad que captaban el momento preciso en que el oso en cuestión se infiltraba en el edificio. Parecía mentira que nadie se hubiese percatado de su presencia hasta que las luces se apagaron y la cacería fue inevitable. Ya que se suponía toda construcción del gobierno herbívoro instalaba sistemas anti-depredadores, resultaba risible cómo con una cuidadosa inspección cualquier criminal fuera capaz de encontrar los fallos que le beneficiaría para un atraco exitoso, como el deshabilitar las cámaras hasta un determinado lapso de tiempo concreto, por el cual la hembra había tenido problemas en recuperar los vídeos ya captados.

Mizuchi sabía que los herbívoros con mayor poder en las clases sociales eran arrogantes, al punto que descuidaban a los de más bajos recursos mientras ellos estuvieran libres de peligro. Y en este punto todos lo sabían pero se resignaban, aceptando su realidad.

Aún así, la forma en que las imágenes se distorsionaban y modificaban a su antojo mantenía a la coneja arlequín ocupada, pues necesitarían pruebas para presentar a la empresa de Ejecutores, con el objetivo de que una desaparición como esta no se repitiera hasta encontrar un método efectivo para contrarrestar el borrón repentino de datos registrados en el Sistema Principal que monitoreaba el estado de cada mascota existente en esa ciudad. Sin importar cuánto detestara enfrentarse a contraseñas externas, no le quedaba hacer más cuando había sido develada de su trabajo como Soldado.

Mizuchi, responde —El auricular inalámbrico sobresaltó a la hembra con la repentina ola de estática interrumpiendo la voz de Haru, así que con un par de clicks en el teclado solucionó la interferencia antes de responder el llamado.

—Aquí Mizuchi. ¿Cuál es el problema?

Riz no es el único depredador ocupando el edificio.

—¿Qué? —Desconcertada, Mizuchi no pudo evitar levantarse de golpe de su asiento y tirar los aperitivos recién conseguidos en el proceso.

Aparentemente alteraron la información que recibimos también. Hace poco tuve un encuentro con Riz y el confesó que había otros, quizás cientos, merodeando en la oscuridad.

—¿Dónde estás? —interrogó al advertir un temblor en la voz de Haru—. ¿Y Riz?

No pude darle muerte. Y yo... estoy oculta... pero no por mucho, él me está persiguiendo. Ha dicho que su benefactor quiere hablar conmigo. Estoy aterrada, Mizuchi. ¿Qué debo hacer?

—Informaré sobre esto a nuestros superiores, así que lo mejor es que busques una salida.

No, Mizuchi. No puedo. Ya he fallado muchas misiones, sin mencionar que me ausenté por cinco semanas después del incidente con los zorros. Si renunciara otra vez...

—¡No, Haru! Lo importante ahora es que estés a salvo —refutó Mizuchi con severidad, resistiendo las ansias de mostrar debilidad en su voz más allá de su incontrolable angustia—. No puedes simplemente presionarte terminar una misión de esta magnitud. Si Riz no te atrapa, lo hará cualquier otro carnívoro, ¡y lo peor de todo es que te encuentras en un espacio cerrado! No hay sitio a donde puedas huir. Así que por favor... por favor, por favor, Haru. Sal de ahí cuanto antes. Debes vivir... tú eres La Original...

La conejo arlequín se reconoció incapaz de reprimir un sollozo desesperado, incapaz de hacer nada por la hembra del otro lado del auricular, quien permaneció en un silencio sepulcral por lo que pareció una eternidad hasta después de unos severos instantes.

Envía refuerzos al edificio. Cuento contigo.

Y con ello cortó toda conexión existente para el absoluto horror de Mizuchi, quien no contuvo la necesidad de gritar su nombre varías veces aún sabiendo que era inútil. Aceptando esta situación, maldijo con fuerza antes de volver ante la pantalla del computador con intenciones explicitas de acatar las ordenes y acudir por sí misma al edificio para garantizar la supervivencia de Haru, simplemente no podía abandonarla a su suerte cuando había mucho más en juego que su humilde apego por ella. Como primer paso, instaló un programa para que la energía del edificio se encendiera automáticamente mientras ella se hacía cargo del resto de manera manua., todo sin advertir la figura de otra coneja aproximándose entre las sombras de la habitación hacia ella desde sus espaldas.

.

Haru se recargó en el muro donde se acomodaba, liberando un pesado e indiscreto suspiro en su intento de liberar tensión. No funcionó pero bastó para despejar su mente atrofiada unos momentos para por fin trazar un plan B después de su encuentro con Riz. Estaba segura que Mizuchi haría caso a su petición a falta de otros recursos, así que se preparó para resistir mientras llegaba la caballería. No sería sencillo pero estaba decidida en llevarlo a cabo. Y aunque era consciente de su imprudencia, no podía permitirse un error más para agregar a su lista, tenía demasiada presión profesional encima para seguir huyendo como una cobarde. El pensamiento trajo a su memoria su última conversación con Ako, alguien que también era reconocida en su empresa como Original; sólo recordarlo la hizo sufrir malestar, como un hueco sin fondo en el interior de su estómago. Si sus padres llegaran a enterarse de lo que estaba haciendo, no habría fuerza en la tierra que la protegiera de un drama familiar.

—Hagamos esto. Tú puedes —se dijo a sí misma mientras se desplazaba hacia una nueva dirección. Fue entonces cuando lo escuchó.

—Señorita coneja, por favor, no queremos hacerte daño. —Era Riz, cuya voz podía percibirse más cerca de lo conveniente y esto Haru lo resintió en silencio—. Tem ha dicho que cometí un error en mis palabras, me disculpo. No quería que me vieras como un depredador que quiere comerte, de verdad. Si soy sincero, he comido suficiente conejo por hoy... Oh, disculpa. Eso tampoco fue correcto. Lo siento, Tem ya me regañó.

—Maldito carnívoro demente —susurró, volviendo a su plan de alejarse lo más posible de Riz.

Caminó por lo que parecía un corredor despejado, libre de la suciedad de la sangre, entonces se ocultó tras un muro para aguardar inmóvil unos segundos en espera del ruido que hacía el oso al caminar. Continuó hasta ubicar unas escaleras a la vista de los pisos contiguos. Tuvo que arriesgarse, así que realmente no le sorprendió cuando escuchó la ansiosa risa de Riz desde atrás, su figura alzándose muy por encima de los bien cuidados barandales.

—¡Te encontré! —canturreó divertido. Haru chasqueó la lengua y se precipitó por la sección libre—. ¡Vamos, coneja! ¡Será interesante hablar con mi benefactor! ¡No puedes negarte a una charla de negocios como las que tanto gustan a los herbívoros como tú!

—No estoy loca —contestó Haru sin alzar mucho la voz, concentrada en encontrar un nuevo escondite al tiempo que vigilaba no toparse de frente a otros carnívoros hambrientos. Y el grito que pronto golpeó sus largas orejas, le ayudó tomar un distinto pasillo entre las diversas opciones que se habían abierto frente a ella como un laberinto. Riz comenzaba a bajar por las escaleras cuando la aparición de la alpaca volvió hablar, vomitando sangre coagulada mientras articulaba sus palabras.

Oh, Riz. Esto no nos está llevando a nada. Si encuentra una salida, nos veremos obligados a perseguirla en el exterior y habrá menos posibilidades de mantenernos en el anonimato. Olvidemos los métodos pacíficos. Atrapémosla como vil presa si se resiste más

—¡Tem y yo prometemos mantenerte a salvo! Así que, por favor, no sigas huyendo. De lo contrario nos veremos forzados a usar la fuerza bruta contigo —advirtió Riz. Y cuando vislumbraron a la inestable figura de Haru perderse entre la oscuridad con su traje negro, el carnívoro miró a su amigo y cerró los ojos. En el instante que los volvió abrir, la amabilidad de antes adornando su rostro mutó en una expresión feroz, empapada de locura.

.

Su capacidad auditiva y olfato habían sido herramientas que aprendió usar desde el momento que comenzó a respirar. Quizás en su vida pasada había logrado desarrollarlos mucho más (aún si no hubiesen indicios en su cerebro que respaldaran este impreciso pensamiento), y por ello no tardó en procesar cada menor detalle del carnívoro que yacía del otro lado del muro, el cual había estado olfateando el ambiente y percatándose de la extraña presencia que se encontraba en el interior de la oficina junto a la herbívora que pretendió cazar. Legosi era consciente de que sólo un carnívoro podía comunicarse con otro en su propio lenguaje, por ello no tardó en comprender que su invitado estaría listo para pelear una vez cruzara el umbral, seguramente interesado en averiguar los motivos por los que el lobo estaba interfiriendo en su diversión privada.

Legosi y Azuki se pusieron de pie, retrocediendo cuando el oso decidió entrar, sin temer al gruñido grave y constante que vibraba bajo la quijada del can con advertencia, concentrándose en su garganta.

—Tú... no eres del grupo, ¿cierto? —dijo el oso con sorpresa—. ¿Qué haces aquí?

—¿Grupo? —repitió Azuki mientras se sujetaba a la cintura de su mascota con una mano, aferrándose a su pistola con la otra. El oso bufó al ver la postura defensiva de ambas bestias, suponiendo lo que aquello significaba pero decidió indagar un poco más.

—Todas las salidas están selladas, incluyendo las de emergencia. ¿Cómo entraste, amigo?

La única respuesta de Legosi fue un nuevo gruñido, más profundo y amenazante del que fuere el anterior, demostrando con ello que no estaba dispuesto a revelar información alguna sobre su infiltración, pues la razón de ello era la hembra que mantenía protegida. El oso volvió a bufar, midiendo el temperamento del lobo con la proximidad que se atrevía tomar, retrocediendo cuando uno de sus pasos provocaban que Legosi gruñera más fuerte.

—¿Todo esto fue provocado por una emboscada en grupo? —Azuki quiso confirmar—. ¿No eres el único depredador en este piso?

—Cállate, bocadillo. No me interesa hablar con la comida —espetó el oso de forma feroz. Y su comentario despectivo rozó una fibra sensible en el interior de la ciervo, razón por la cual apuntó el cañón de su arma contra el intruso, a quien le arrancó una sonrisa perversa.

—Legosi, cariño. Volvamos a casa, me enferma este lugar.

—Hazte a un lado —demandó Legosi al otro carnívoro sin dejar de mostrar sus brillantes colmillos caninos—. Mi ama tiene cosas más importantes que hacer.

—¡Cuanta sumisión! No debería sorprenderme, después de todo eres un perro. Aunque no lo entiendo, incluso ustedes pueden llegar hartarse del maltrato. ¿No te gustaría ser libre? Hay alternativas más agradables que vivir bajo la sombra de un petulante herbívoro. Mírame a mi, yo paseo por las calles sin ninguna atadura o mandato, hago lo que quiero como yo lo dispongo y no necesito la guía de un cobarde e incompetente amo.

—No me interesa lo que puedas ofrecer. Hazte a un lado —insistió, fastidiado.

—¿No? Que lastima, esperaba hacer esto por las buenas.

—¡Hazte a un lado! —ladró Legosi por fin, consiguiendo que la expresión relajada del úrsido finalmente sufriera una alteración, equilibrándose a su estado de ánimo real, desapareciendo toda sonrisa o jovialidad en su postura.

—Si eso quieres... pero te lo advierto, lobo, me comeré a tu preciosa ama de la forma más dolorosa posible y será culpa tuya.

De un impulso, el oso se abalanzó hacia adelante pero Azuki disparó debido a la tensión; esto pudo distraer al úrsido, más este estaba demasiado ocupado preparando las garras para preocuparse por una bala descuidada. Sin embargo, Legosi reaccionó rápido, arrojando a su ama hacia atrás y girándose para apresarla entre sus brazos y transportarla hacia una zona segura para volver a protegerla con su cuerpo. El oso siguió atacando pero a medida que fallaba en golpear a su oponente, los disparos del ciervo estaban siendo más precisos, esto llevó al oso a embestir al lobo, rodeándolo de la cintura para llevarle de un empuje al suelo. Desequilibrado Legosi resbaló con el peso del otro carnívoro encima, así que Azuki se vio obligada correr lejos, lo cual le dio tiempo al oso de dirigirse hacia ella, más Legosi se apresuró lanzarse encima suyo para tirarlo de nuevo al suelo mientras se esforzaba en mantenerlo ahí.

—¡Legosi! —gritó Azuki temerosa. Quiso apretar el gatillo para ayudar a su mascota pero le temblaban las manos y su debilidad herbívora no le permitía distinguir las siluetas que alcanzaba a percibir gracias a la luz de la luna—. Maldición...

—¡Resguárdese, ama!

—¿Qué?

—¡De prisa! —Azuki buscó a ciegas el escritorio cuando el oso logró levantarse con Legosi a cuestas, así que no tardó en librarse del agarre contrario de una violenta sacudida para ir en busca de su presa. Legosi se alzó con desesperación—. ¡Ama!

De pronto una llamada entrante brindó una señal sobre el suelo cromado, motivo por el cual Azuki se agachó, sujetando su celular perdido y agitándolo cual gaseosa para que este emitiera toda su luz contra la visión nocturna del oso, quien en reacción se cubrió los ojos, flameado por la iluminación repentina. Legosi aprovechó esto para embestirlo de nuevo, concentrando toda su fuerza en el hombro para que su adversario cayera y se golpeara contra los demás muebles después de resbalar, mientras el lobo se precipitaba en dirección Azuki, a quien tomó de la mano, impulsándola correr también fuera de la oficina, donde no perdieron tiempo en continuar la recién trazada trayectoria después de que Legosi cargara a su ama y cerrasen la puerta; sólo entonces Azuki tuvo tiempo de interrumpir la llamada al darle un vistazo al remitente y darse cuenta que no se trataba de nadie importante.

—¿A dónde nos dirigimos ahora?

—Hacia Haru, ella está buscando a ese oso, debo advertirle que hay otros además de él.

—¿Qué harás si descubres que la han devorado?

—Espero que no —replicó Legosi angustiado, apenas resistiendo el impulso de revelar sus verdaderas intenciones, aún si estuviera seguro que su ama sospechaba de ello.

Cuando un nuevo aroma invadió el olfato de Legosi, este se detuvo para que con sus oídos ubicara las posiciones de los demás carnívoros camuflados con el hedor a sangre y carne desgarrada. Más allá de aquel caos de olores, podía reconocer a Haru, quien afortunadamente no estaba herida, a menos que el extraño traje cubriéndola fuera capaz de disipar el aroma de las heridas. Detuvo sus cavilaciones un instante para reflexionar sobre lo que acababa de pensar. ¿Traje? Había notado la forma como la coneja enana vestía pero, ¿por qué de pronto consideraba que este servía para ocultar los aromas? ¿Era acaso un nuevo fragmento de su memoria perdida? Ahora estaba más decidido de alcanzar a Haru y tener una charla rigurosa con ella cuando juntos lograran salir del edificio. Un sonido en el ambiente le advirtió peligro, por lo que no pudo evitar tensarse antes de adoptar una postura alerta.

—¿Legosi?

—Saben que yo estoy aquí —dijo, sus ojos despidiendo digna fiereza de una criatura nocturna, hecho que consiguió hacer a la ciervo temblar, más no estaba segura si de miedo o emoción—. Probablemente nos persigan y traten de darme muerte, después de todo soy un carnívoro que no comparte su jerarquía. No vale la pena continuar con este sigilo, tendré que moverme tan fuerte que llamaremos la atención. Debe prepararse, ama.

—Está bien, Legosi. Eres libre de hacer lo que creas conveniente, sólo no me descuides a mi.

—Jamás. —Legosi le compartió una mirada profunda, la cual hizo comprender a la hembra que estaba ante la determinación de un lobo que despierta de un largo un trance.

—Confío en ti —declaró Azuki acurrucándose en el pecho de su protector.

Bastó eso para que Legosi emprendiera una presurosa carrera por el pasillo, siguiendo el escaso rastro de un conejo que es perseguido por otro carnívoro. Y cuando llegó el momento de enfrentar un segundo obstáculo, no se detuvo y esquivó de forma violenta a quien pretendió interceptarlo, sin dejar de correr hacia donde los aromas de un pasado cada vez más nítido lo llamaba entre risas y cantos armoniosos, tantas sensaciones y momentos, todos encapsulado en la forma de un sólo conejo; en Haru. Legosi ladró cuando un rival más bajo intentaba interrumpirlo, consiguiendo que este se congelara para dejarlo pasar, aún si después de ello no tardó emitir un comunicado hacia el resto de sus compañeros.

—Legosi, ese carnívoro acaba de aullar, ¿acaso... ?

—Es una alarma de intrusos, ahora vendrán tras nosotros en estampida, debemos encontrar a Haru antes de que eso suceda.

Mientras Legosi explicaba aquello, Azuki pudo ver a más y más ojos brillantes adornando la oscuridad por donde cruzaban, por ello preparó su arma para cualquier improvisto. Quiso usar su celular, más el movimiento no le permitía maniobrarlo correctamente, así que optó por esperar. De todas maneras sólo sería cuestión de tiempo antes de que pararan abruptamente, pues estaba segura que los carnívoros dejarían de cazar presas hasta que el intruso que era Legosi fuera liquidado.

De pronto un grito agudo los alertó, bajando unas escaleras carentes de cristales, introduciéndose más allá de la zona despejada, pudieron vislumbrar a un oso jalando a una coneja con traje negro de las piernas, sólo entonces cualquier indicio de calma en el rostro de Legosi descendió al abismo, generando un aullido de guerra, el cual llamó la atención del úrsido, obligándolo mirar hacia su interruptor, quien protegiendo a la ciervo que llevaba en brazos de un golpe grave, lo embistió con todas sus fuerzas. Riz soltó a Haru mientras esta se veía impactar dolorosamente en el piso perfectamente pulido antes de asimilar lo que acababa de suceder. Miró a su costado, descubriendo la figura de Azuki retrocediendo de la escena mientras apuntaba su pistola hacia el par de siluetas que protagonizaban un duro combate a varios metros de ellas, compartiendo puñetazos y mordidas furiosas.

—¿Azuki? —inquirió Haru aún sin poder creerlo. La aludida gestó una mueca desdeñosa.

—No vayas hacerte una idea equivocada, pequeña ramera. Tienes suerte de que Legosi tenga un asunto que tratar contigo, de lo contrario, me hubiese complacido mucho escuchar sobre tu brutal asesinato durante una purga de depredadores.

—Tan encantadora como siempre, puta titulada.

—Puta de un sólo macho, a diferencia de ti, hedionda. Apestas a toda una montaña de carnes.

—¿¡Ah!?

Haru se levantó de golpe llena de ira, más decidió ignorar a la otra hembra para prestar atención a lo que acontecía delante suyo. Ambos carnívoros se batían en una lucha violenta y, aunque por el momento estuviesen equilibrados en fuerza, era obvio que un lobo jamás sería rival para un oso. Legosi también debió darse cuenta, ya que justo después de recibir un tercer puñetazo que lo llevó a rodar por el suelo, no perdió tiempo en dirigirse a las dos que observaban su combate.

—Ama, por favor, tome a Haru y busquen un sitio seguro. Yo lo distraeré todo lo que pueda.

—Legosi... —Azuki no pudo expresar su desacuerdo en el momento que la coneja la tomó de la mano y tiró de ella lejos de los carnívoros combatientes, convencida de ocultarse mientras aparecían los refuerzos que había solicitado—. ¡Espera! ¿Qué crees que haces? ¡Suéltame!

—Es como dijo Legosi. Debemos ponernos fuera de peligro.

—¡No planeo dejar morir a mi protector!

—Entonces piensa en una manera de salvarlo mientras no estorbamos.

Las luces se encendieron repentinamente y esto descolocó el entendimiento de las herbívoras, hasta que Haru comprendió que esto debía ser obra de Mizuchi, motivo por el cual se formó una sonrisa agradecida en su rostro. Aquello podría facilitarles más las cosas.

—Mi esposo. —En medio de su desconcierto, Azuki logró pensar en un plan, así que se soltó de la mano de Haru para dejar de correr y entonces marcar el número rápido de Louis en su celular bajo la mirada curiosa de la coneja. Una llamada que fue respondida al instante por la voz exaltada del heredero del Conglomerado.

¡Azuki! ¿Estás bien?

—Amor, es Legosi, él está en problemas. Por favor, tienes que darte prisa, no puedo...

Debes calmarte, querida. Las puertas eléctricas vuelven a funcionar y estamos ingresando. Necesitas decirme en qué piso te encuentras.

—Yo no... —Al desconocer el punto exacto en el que se encontraban, la ciervo entró en pánico pero Haru reaccionó arrebatándole el teléfono.

—¡Louis!

¿Haru?

—Nos encontramos en el cuarto piso, en la sección 30 del ala G. Pero deben avanzar con cuidado, hay demasiados carnívoros distribuidos en la zona, no puedo estimar el número exacto pero todos son depredadores.

Descuida, he traído a todas mis mascotas conmigo, en cualquier momento estaremos ahí con ustedes. Resistan, por favor.

— …Gracias. —Haru apretó entre sus dedos el móvil con aquella respuesta, experimentando un inmenso alivio sólo por ser la voz de Louis quien se lo decía. En tanto tiempo nunca se había sentido tan protegida. Sin embargo, todo sentimiento confortable se evaporó cuando el aparato volvió al poder de la ciervo, quien tenía información que agregar a la situación.

—Amor, soy yo de nuevo. Hace unos minutos, Legosi reveló nuestra posición, así que lo más probable es que una gran cantidad de carnívoros se concentre en nuestra dirección.

Ya veo. —Un ligera pausa alimentó la ansiedad golpeando el corazón de la hembra—. Mis leones, Shiira y Juno ya han trazado un plan de acción, no debes preocuparte, estaremos ahí antes de lo que te imaginas... No cuelgues, por favor, necesito asegurarme que estás bien.

—Nada me tranquilizaría más.

Quiero que me des a conocer cada detalle de lo que está ocurriendo mientras volvemos a vernos de frente, ¿está bien?

—Si... —aceptó Azuki casi sin aliento—. Gracias por no abandonarme.

…No seas tonta. ¿Por qué iba abandonarte? Hemos hecho un pacto. Como mi esposa y dama del Conglomerado Cuernos, eres mi prioridad. Pase lo que pase, ¿no es así?

—Sinceramente, por un momento pensé que lo habías olvidado —confesó Azuki después de un suspiro, el cual se mezcló con un acento socarrón.

Jamás. Nuestro matrimonio fue arreglado por nuestros linajes pero eso no significa que vaya hacerte a un lado, aún con mis intereses personales en juego, ¿entiendes? Después de todo no es tu culpa, yo no me atrevería a culparte. Hemos hecho funcionar esto juntos. Dudo que pueda ser de otra forma... mucho menos sin un heredero.

Azuki se tensó ante aquella mención, motivo por el cual pudo ignorar unos instantes el terror que había experimentado, asintiendo a las palabras de Louis después de unos largos tanto, Haru decidió darle un vistazo a la batalla de aquel lobo, a quien nunca imaginó volvería a ver después de haberse separado; simplemente no podía creer posible que todo lo que Legosi le había dicho fuese a ser algo real. Estaba confundida. Cargó su arma, preparada para disparar contra Riz, ya no sólo para cumplir su misión establecida, sino para ayudar a Legosi salir de tal aprieto.

Riz rugió con irritación, maldiciendo en silencio las luces que los bañaban de un momento a otro. Se había acostumbrado tanto a pelear entre las sombras que este ambiente iluminado se sentía como un universo injusto para su naturaleza, además de un recordatorio de lo que fue su vida como mascota, un pasado que deseaba borrar sobre todas las cosas. Detestó a muerte aquella vida de cadenas y jaulas, así que se reconoció aborreciendo a ese lobo que aparecía de la nada arruinando sus planes, manchando con su lealtad ciega el epitome de la hermosa paz mental que obtuvo tras ser liberado de esa humillante realidad. Por eso, no lograba comprender el sometimiento de algunos carnívoros de soportar algo como eso.

—¿De dónde has salido, lobo? —inquirió con molestia—. ¿¡Por qué haz tenido que cruzarte en mi camino y recordarme lo que alguna vez fui!? —espetó lanzando el enésimo puñetazo contra el malherido lobo que se rehusaba a rendirse, manteniéndose de pie aún luego del dolor entorpeciendo sus reflejos—. ¡Odio esto, Tem! ¡Ayúdame asesinarlo!

—¿Tem? —repitió Legosi confundido, creyendo que se avecinaban más problemas, por lo que no pudo evitar la necesidad de mirar alrededor, sólo para que al volver la vista se encontrara de nuevo con la garra del oso, tomándolo del brazo para elevarlo en el aire y azotarlo contra el suelo como sino hubiese recibido suficiente daño antes.

—No lo soporto, Tem. Es tan molesto. ¿Cómo pueden los carnivoros aceptar convertirse en una mascota? ¿Qué hay en esa vida que los hace tan obedientes? ¡Yo no lo entiendo! Si hubiese tolerado por más tiempo vivir así, no habría podido conocerte. —Riz miró en dirección a la demacrada alpaca que admiraba la pelea que se desarrollaba delante suyo con un mortal silencio, el cual intrigó al oso por lo inusual del mismo—. Tem...

¿Acaso tu vida es mejor que la de ese lobo, Riz?

—¡Por supuesto! Porque soy libre y puedo hacer lo que yo quiero.

¿Seguro? ¿No es acaso una excusa para sentirte bien contigo?

—¿Qué... qué quieres decir, Tem? —La expresión iracunda de Riz se consumió en una expresión de profundo pavor, pues era esta la primera vez que el espectro de Tem lo cuestionaba de aquella manera tan directa.

Siempre me estás diciendo que soy tu mejor amigo, que me aprecias y darías lo que sea por mantenerme contento pero... ¿no fuiste tú quien acabó con mi vida mortal para empezar?

—Si... lo hice pero... ¡Pero era para que te convirtieras en el ser perfecto que eres ahora! ¡Hice que tu alma se transformara en una divinidad!

¿Y alguna vez te molestaste en preguntarme si era eso lo que yo quería, Riz amigo?

—Tem, yo...

No. La respuesta es no, Riz. Yo no quería esto pero aprendí aceptarlo. Por eso, del mismo modo, sin pedir tu consentimiento, te transformaré en espíritu justo como tú hiciste conmigo

Antes de que Riz pudiera reaccionar al comportamiento de la figura macabra de la alpaca que se acercaba a él desprendiéndose de tanta carne que comenzó a tomar forma de un esqueleto, una bala atravesó su cabeza, la cual pudo suponer provino de la figura lejana de la coneja enana a quien intentó capturar, cuya expresión afinaba la intrepidez de su naturaleza. Sin poder hacer nada más, se dejó caer, dejando que su amigo lo recibiera de brazos abiertos mientras dejaba a su pequeña boca abrirse, revelando hileras e hileras de colmillos que devoraron su consciencia de forma rápida e indolora, justo como él había hecho con Tem al caer entre sus garras.

Legosi observó el cuerpo desplomado del oso e intentó levantarse, sólo para caer de nuevo mientras veía a la figura de Haru acercándose hasta su posición con Azuki gritando algo ilegible. Los sonidos se fueron distorsionando al igual que su visión en tiempo real. Sin embargo, fue capaz de percibir otras figuras más robustas, rebosantes de aroma a carnívoro, por un instante olvidando el estado frágil en que las herbívoras se encontraban, rodeadas de depredadores, con nadie más que él para protegerlas. Más fue otra voz que cautivó su atención.

Legosi, no me hagas esto... por favor, no me dejes sola. Legosi.

Es mi castigo por haberme dejado llevar por ella. Soy el único culpable.

¡No! ¡No lo entiendes! ¡Ni siquiera me importa esa coneja! ¡Prometiste que enfrentaríamos juntos este mundo! ¡No puedes morir aquí!

—Juno... —Legosi extendió un brazo, tratando de alcanzar a la borrosa figura que se materializaba de sus recuerdos, buscando transmitirle seguridad y liberarla de su dolor. Simplemente quería sentirla antes de perder la consciencia y lo logró, por lo cual no contuvo una sonrisa plagada de alivio por la familiaridad de aquella calidez—. Todo estará bien, Juno —le dijo—. De ahora en adelante, nosotros... podremos...

—Legosi. —La voz tan nítida que le llamó logró sacarlo de la bruma en que se sumergió por un instante, permitiéndole ver el rostro atento -aunque entristecido- de una joven loba de pelo rojizo, a la cual rápidamente reconoció como la hembra que aquella mañana acababa de conocer.


Notas Finales: Ya sé lo que pensaron, que había abandonado esta historia, pues no. Las escenas de acción llevan mucho trabajo, ¿saben? Como cuidar que no sea lea ni muy lento ni muy rápido pero que no pierda consistencia. Además en este único capitulo han ocurrido muchas cosas, incluyendo las que no están del todo explicitas. Pues eso, hasta la próxima.