Disclaimer: Harry, Draco y compañía son propiedad de JK y sus socios. Yo sólo comparto mis historias por amor a la pareja y al fandom.
Notas de la autora: ¿no estuve aquí hace sólo unos días? Jaja, siempre me descordinan los capítulos extra, pero vale la pena con la bienvenida que les dan. Gracias por sus reviews y por estar aquí una vez más. Esta vez el capítulo va dedicado a Cuqui Luna. Honestamente, te recuerdo como una de las primeras personas que comentó mis fics y es una alegría seguir viéndote por aquí. ¿Empezaré a dedicar cada cap? Sí, probablemente. ¿Qué esperan? ¡A leer!
Capítulo 3. ¡Encerrados!
La noche anterior y sin el conocimiento de ninguno de los involucrados, una improvisada reunión había tenido lugar en las afueras de la torre central. Preocupada por los caóticos acontecimientos de esas semanas, Hermione Granger había decidido convocar a sus compañeros de habitaciones. Sabía que la tensión entre Harry y Malfoy sólo aumentaría después de esa tarde, cuando el rubio se había excedido al arruinar un proyecto importante para su amigo. Lo conocía lo suficiente para saber que esos golpes sólo habían sido la antesala de lo peor.
-¿De verdad crees que esto es necesario? –cuestionó Parkinson, rompiendo la lúgubre atmosfera. Parecía ser la única que ignoraba la catástrofe en ciernes.
-Están yendo demasiado lejos –inesperadamente, fue Susan Bones quien habló-. No importa si los castigan o les quitan puntos… Quiero decir, ni siquiera viviendo juntos parece que lleguen a algún acuerdo. Y todos nosotros quedamos en el medio. Creo que puedo contar con una mano los que no han sido víctimas colaterales de sus peleas –la mayoría asintió. Goldstein incluso pasó una mano por su mejilla izquierda.
-Pero… ¿Qué podríamos hacer que no hayan intentado ya los profesores? –expuso una de las chicas Patil. Padma, posiblemente.
-Ese es el problema. Necesitamos hacer un plan de emergencia –agregó Hermione, yendo a lo que la había motivado a reunirlos-. Es posible que mañana tengamos que intervenir.
-¿Tienes alguna idea en mente?
-¿Tú estás de acuerdo con esto, Greengrass? –increpó Zabini.
-190, Blaise. Es la cantidad de puntos que hemos perdido el último mes por culpa de Malfoy.
-Ese pequeño bastardo… -murmuró-. Bien, yo tengo la solución para el problema –ofreció el Slytherin-. Tenemos que petrificarlos y estarán fuera de juego por el resto del curso.
-¡Eso es ridículo! –Rechazó Parkinson-. No tenemos suficiente tiempo para criar un basilisco y que yo sepa, sólo el idiota de Potter maneja el pársel –Hermione suspiró hondo. Por eso había tenido sus dudas sobre incluirlos en esa reunión. Pero Daphne la había convencido de que no los dejara afuera. Según ella, no serían capaces de poner sobre aviso a Malfoy, ya que también estaban hartos de su enemistad con Harry.
-¿Alguna otra idea?
-Quizás sólo deberíamos dejarlos estar –sugirió Justin, que para ser el prefecto parecía bastante despreocupado-. En algún momento se cansarán de pelear.
-¿Y si no pasa? ¿O si pasa hasta dentro de tres meses o más? –Demandó Goldstein-. ¡Nosotros compartimos el lavabo con ellos y estamos a merced de sus bromas! Diles, Thomas. Él casi pierde todo su cabello por culpa de un líquido que dejaron en la regadera –Hermione miró hacia Dean, que se limitó a asentir.
-Nosotras… -dijo en voz baja Hannah, animándose a hablar-. También hemos sido afectadas y eso que estamos dos niveles abajo. A Lavender la atacó un gnomo y yo encontré duendecillos en mi armario.
-Tenemos que actuar, chicos –presionó Hermione-. He pensado en pedir ayuda a San Mungo. Su enemistad ha ido demasiado lejos, siendo alimentada por años de confrontaciones y malos entendidos. Necesitan terapia para… -Davis se echó a reír, cortando su propuesta con un violento manotazo.
-Imposible, Granger. Es imposible. ¿Crees que el dialogo y tratar de conectar sus sentimientos va a apaciguar el problema? –Arrojó con ironía-. Para nada. Ellos son incapaces de hablar o entenderse de forma civilizada. Lo único que hacen es gritarse y ser un estorbo para los demás. Creo que sería más productivo encerrarlos y dejar que se golpeen hasta no poder más. Quizás así se calmen un poco –finalizó, frunciendo los labios con desprecio.
-Entonces ya está.
-Uh, ¿Susan? –Hermione no entendió de inmediato la afirmación de la Hufflepuff.
-Apoyo a Davis. Hay que encerrarlos y dejar que arreglen sus asuntos.
-Es una solución ilógica –intervino Ernie-. Podrían matarse el uno al otro y seríamos culpables por negligencia o coacción. Me opongo.
-Yo creo que es un recurso plausible –contradijo Luna, sorprendiendo a algunos compañeros que no habían notado su presencia-. El problema es que están concentrados en el otro. Para Harry, Draco es su antagonista. Y viceversa. Si los encerramos vamos a desviar su atención. Les daremos un motivo para estar unidos, ahora nosotros seremos los antagonistas.
-Viéndolo de esa forma, tiene sentido –admitió Zabini-. Además… ¿Te imaginas la cara que hará Draco si lo encerramos con Potter? –añadió, girándose hacia Parkinson.
-¡Una delicia! Lástima que no podríamos verlo.
-¿Qué piensan los demás? –cuestionó Hermione. Algunos se encogieron de hombros, un par asintió. Contrario a la reacción inicial, nadie se opuso al plan.
-Pero… -salvo Ernie-. Sigo pensando que sería contraproducente.
-No te preocupes, Ernie –tranquilizó Luna-. Tomaríamos las medidas necesarias. Podemos formar un escudo que les impida usar magia mientras estén encerrados, así protegemos las instalaciones y a ellos mismos.
-¿Tú puedes hacer eso?
-¡Por supuesto! –informó con una sonrisa.
Todos parecían conformes con esa resolución, aun cuando Hermione intentó persuadirlos para que aceptaran su idea. Así que la reunión terminó poco después, resolviendo que al día siguiente pondrían en práctica lo acordado.
-Debiste apoyarme, Ron –amonestó, cuando se quedó a solas con el chico.
-No lo sé, Hermione. Tal vez este plan dé buenos resultados.
-Lo dudo. Me parece que será el equivalente a encerrar juntos a dos perros rabiosos.
En efecto, eso parecía unas horas más tarde, cuando Draco aporreaba la puerta de su habitación.
-¡¿Quién demonios hizo esto?! ¡Voy a arrancarle la cabeza y alimentar al calamar con ella! ¡Abran de una puta vez! –El Gryffindor inútil seguía en el suelo, sin ofrecer la menor solución para su problema-. ¿Quién está ahí afuera? ¡Cuando descubra quien…! –hasta ese momento se le ocurrió correr hacia la puerta que los conectaba con el lavabo compartido, pero esa también estaba sellada-. ¡Maldita sea! ¡Voy a castrar al malnacido que esté detrás de esto! ¡Incluso si es una chica, no tendré piedad! ¿Y tú que haces ahí cabrón perezoso? ¡Levanta tu trasero y ayúdame a tirar la puerta!
-¡Si eso fuera posible ya lo habría hecho! ¿No te das cuenta? Hay un escudo, no podemos usar magia ni dañar la habitación.
-¡A la mierda con eso! ¡Rómpela con la cabeza si es necesario!
-¡Rómpela tú, pedazo de cretino! –Gritó, regresándole todo su mal humor-. ¡Tus bromas estúpidas nos trajeron hasta aquí!
-¿Mis bromas…? ¡Mi jodido cabello es rojo, demonios!
-Es precisamente esto lo que los trajo aquí –dijo una voz masculina que se superpuso a la de ambos, aunque ninguno la reconoció de inmediato.
-¿Y tú quién diablos eres?
-Les saluda su prefecto, Justin. En nombre de todos los habitantes de la torre, les comunico que los hemos aislado del resto de las instalaciones. Sus constantes confrontaciones han generado malestar y rubor… ¿Eh? ¡Ah! Dolor. Es dolor. ¿A dónde iba? Ya. Malestar y dolor a sus compañeros. Sus diferencias no son pretexto para involucrarnos en sus disputas, así que esta es la acción correctiva que hemos aplicado. Esperamos que aprovechen este tiempo de reflexión para convenir una tregua y recapacitar sobre su conducta revoltosa y nociva. Atentamente, los estudiantes de la torre central –Draco jamás creyó ser capaz de alcanzar semejantes niveles de indignación. ¿Cómo se atrevía ese grupo de roñosos y majaderos? ¡Encerrarlo con Potter! ¡Llamarlo revoltoso!
-A ver, imbécil. Estoy seguro que mis colegas Slytherins jamás permitirían que…
-¡Estamos aquí, Draco! –anunció la entusiasta voz de Pansy, también amplificada-. ¡Y claro que lo permitimos!
-¿Blaise? –suplicó.
-¡También está aquí! Theo y Daphne igual. ¡Qué disfrutes tu confinamiento, querido!
-¡Chicos! –lloriqueó.
-¡Hola! –interrumpió la cantarina voz de Lovegood. Ante eso, Potter salió de su trance y se puso en pie de un brinco.
-¡Luna! ¡Luna, por favor sácame de aquí!
-Oh, Harry, eso no será posible.
-¡Llama a Hermione entonces! –pidió, tratando de mirar por la rendija de la puerta.
-Ella no está aquí, pero también lo sabe y no va a intervenir –Potter golpeó la puerta con la frente, derrotado. Parecía que su última esperanza se esfumaba. Lo único que impidió que se burlara fue que él mismo se sentía presa de la desolación, enfrentando la traición de sus amigos-. Lo que quería decirles es que ya que es sábado, todos vamos a salir. Pero no se preocupen, les enviaremos comida cada tanto. ¡Hasta luego, chicos!
-¡Luna! –susurró Potter, dejándose caer de nuevo. Los pasos fuera de la habitación terminaron de dictar su sentencia.
Estaban encerrados. Él, Draco Malfoy, estaría encerrado por tiempo indefinido junto al cabrón de Potter. Nunca había sido muy religioso, pero empezaba a creer que el infierno existía.
-Esto es tu maldita culpa –gruñía, mientras cruzaba en tres zancadas la habitación. Lo había intentado todo. Derribar la puerta, arrojarle objetos, variedad de hechizos… Pero en eso tenía razón el imbécil. Su magia no se manifestaba-. Si no fueras tan desquiciante, tal vez podría ignorarte. Pero tienes los hábitos de un troll, la apariencia de un indigente y roncas como un dragón. Encima ahora tengo que soportar respirar el mismo aire que tú hasta… ¡Ni siquiera sé hasta cuando!
-Si tanto te molesta, muérete y ya no tendrás que respirar el mismo aire que yo –aconsejó el idiota, que durante sus intentos de escape no había hecho más que quedarse tirado en el piso.
-Vete al diablo.
-Estoy con él –Draco se volteó, ofreciéndole un vistazo de su dedo medio.
-Esto es inconcebible. ¡Mis amigos! ¡Mis propios amigos se largaron y me dejaron aquí contigo!
-Qué buenos amigos, eh –dijo con aire burlesco, conservando la misma apariencia tranquila que lo enervaba cada vez más.
-¡Los tuyos también te abandonaron!
-En parte los entiendo.
-¿Los entiendes? –cuestionó, escéptico. Potter siguió desparramado sobre la alfombra, como si no fuera presa de la peor emboscada de su vida.
-Bueno… Discutimos todo el tiempo y algunos lo han pasado mal por culpa de nuestras bromas.
-¡No los justifiques! ¡Esto es una agresión! ¡Es indignante y…! –junto a sus alaridos, una bandeja de plata cargada de comida apareció. El gesto, aparentemente amable, lo hizo perder la cabeza.
Draco arremetió contra la bandeja, tirándola al piso y parándose sobre cada sándwich, galleta y panecillo. Oh, bailaría un tango hasta que sólo quedaran migajas. Pero antes de que eso pasara, otro cuerpo impactó sobre él, derribándolo. Cayó dolorosamente sobre su hombro, una rodilla se clavó en su estómago…
-¡¿Qué mierda crees que haces?! ¡¿Por qué piensas que puedes decidir por ti mismo algo así?! ¡No eres el maldito centro del universo! ¡No estás solo en esta jodida habitación! Pero claro, el idiota piensa que puede descargar su ira con la comida, porque quizás en su ridícula mansión eso sobra. ¡Ahora estamos encerrados, no sabemos cuándo volverán a enviar y no tenemos forma de conseguir más! ¡Y todo por la impulsividad del hijito de papi que se descargó con una maldita bandeja! –Draco se involucró de lleno en el forcejeo, aunque podía hacer muy poco cuando Potter se dejaba poseer por la furia.
-¡Deja de golpearme!
-¡Tú deja de ser un cretino egoísta y altanero!
-¡Jódete, Potter!
El enérgico Gryffindor se aburrió de golpearlo al rato, cuando se alejó de él dándole una última patada. Draco se sentía magullado. Ya no era sólo su orgullo, ahora también su cuerpo dolía en diversas zonas. Temiendo un segundo ataque en el que –claramente- estaba en desventaja, se obligó a permanecer en silencio, aunque eso no le impedía dirigirle sus más crueles improperios mentales al gasto de oxigeno que era su compañero.
Potter se tiró en su cama, distrayéndose con una variedad de pergaminos. En medio del caos de la tarde anterior, una frase había quedado haciendo eco en su mente.
-¿De verdad vas a abrir un orfanato? –efectuó la pregunta contra su buen juicio, obteniendo (cómo no) una mirada recriminatoria.
-Es un hogar de acogida.
-¿Para los huérfanos de la guerra? –Potter apartó la mirada, ordenando sus papeles.
-Ajá.
-No tenía idea. Pensé que…
-Por supuesto que no tenías idea. Porque tú sólo ves hasta donde alcanza tu nariz, ¿verdad, rata albina? Dudo que jamás hayas desperdiciado tu tiempo en hacer algo parecido a ayudar a alguien. Sin esperar algo a cambio, claro.
-¡Estaba intentando hacer conversación! –renegó, sintiendo inexplicablemente que esas palabras lo habían herido más que los insultos a los que estaba acostumbrado.
-No te esfuerces.
-Sólo quería decir, que si hubiera sabido que ibas a eso… No habría hecho lo que hice –Potter sonrió desdeñosamente, mirándolo con desprecio.
-No pretendas hacerme creer que te importa, Malfoy.
-¡Es tu problema si no…!
-¡¿Qué sabes tú de eso?! –Demandó, sentándose con ímpetu-. Siempre tuviste más de lo que necesitabas. Seguramente eres de los que veían a los pobres en la calle y les tenían miedo.
Por primera vez en mucho tiempo, Draco se negó a la confrontación verbal y apartó la mirada.
-Eso pensé –concluyó Potter, ignorándolo de nuevo.
Una segunda bandeja de comida apareció un par de horas después, junto con dos botellas vacías con la nota de "¡puedes orinar en mí y desapareceré a los cinco minutos!". Draco se puso más pálido de lo que era al leerlo.
-Es una jodida broma.
-¿Te parece que algo de esto es una broma? –dijo Potter con tono aburrido, mientras atacaba un tazón con espagueti.
-¿Cómo se les ocurre que vamos a usar esto para…? ¿Y si queremos hacer algo más?
-Oh, joder –exclamó, casi dejando caer el pan-. No me digas que te estás cagando.
-¡Tienes los modales de un troll!
-¿Entonces no es eso?
-¡Claro que no! –aseguró, sintiendo como su rostro ardía-. Soy un Malfoy.
-¿Y que los Malfoy no…? –sacudió frenéticamente las manos.
-¡Estás comiendo! ¡Deja de hablar de eso! –el descarado de Potter tuvo el coraje de seguir riéndose de él.
-Qué estúpido por lo que te sonrojas –afirmó, sin querer dejar el tema.
-Y que vulgar por lo que te diviertes –devolvió.
Seguía furioso, por lo que una parte de él se negaba a comer en compañía del Gryffindor fastidioso. Pero también tenía hambre. Así que esa tarde tuvo que renunciar a varios gramos de orgullo escogiendo una porción de pastel de carne y yendo a comer a su cama.
-Estaba pensando… -inició Potter, cuando creyó que podría comer tranquilo.
-Oh, ¿eres capaz de hacerlo?
-Voy a ignorar eso –comunicó-. Estaba pensando… ¿De quién habrá sido la idea de encerrarnos?
-Es algo descabellado, insensato, sin propósito y muy peligroso. Apuesto que fue tu buen amigo la comadreja –en lugar de defenderlo, Potter se mostró desconcertado.
-Creí que dirías que fue Luna. Siempre la estás atacando, llamándola lunática.
-¿Eso crees? –resopló. Esa chica era una de las personas más inteligentes de esa torre, ni siquiera él podía negarlo-. Ella es amable y no tiene malicia, pero si se lo propusiera, nos comería vivos a todos.
-¿Eso es lo que piensas de Luna? Jamás lo habría esperado –Potter siguió observándolo con asombro.
-Como sea.
-Yo pienso que fue alguien más. Ron jamás me detiene cuando peleo contigo, ni siquiera después de lo del vómito rosa… No me parece el estilo de los Hufflepuff, así que debió ser alguien de Ravenclaw o uno de los tuyos.
-Quizás fue Goldstein –propuso con una sonrisa de burla-. Debe seguir molesto con nosotros por dañar su "perfecto cutis".
-Oh, demonios. Estaba pensando lo mismo –admitió, mientras seguía alimentándose como troglodita.
-Quizás fue una de las gemelas. O la chica lobo, por el asunto del gnomo.
-¿La chica lobo? –Potter ladeó el rostro, componiendo su clásica expresión de idiota.
-Brown. ¿Qué no vives en esta misma torre?
-No sabía que le dijeran así.
-Ah. No estás en astronomía. Es que un día se durmió y cuando Sinistra fue a despertarla le mordió la mano –recordaba el incidente porque era de las pocas cosas interesantes que habían pasado en esa clase. Potter rió, negando un par de veces.
-Supongo que se le contagiaron algunas manías.
-Ajá… -Draco meditó sobre el asunto del encierro. Realmente, ¿quién había sido capaz de idear algo que parecía tortura y que podía pasar por un experimento humano con resultados desastrosos? La respuesta no se hizo esperar-. Esa perra.
-¿Malfoy?
-¡Claro! ¿Quién más podría haber ofrecido una solución digna de un psicópata? ¡Fue Davis!
-¿Acusas a alguien de tu misma casa?
-La acuso porque la conozco –desestimó con un resoplido. Como si él fuera a defenderla por algún absurdo ideal de lealtad-. Seguro lo dijo mientras despotricaba y los demás le tomaron la palabra. Lo que me sorprende es que Granger no la haya detenido.
-Quizás estaba en desventaja –ofreció Potter, quien descuidadamente se acabó su segundo vaso de zumo de calabaza.
-¿Cómo es eso?
-Hermione respeta la opinión de la mayoría. Dijeron que no estaba aquí, así que supongo que no está de acuerdo. Pero sus principios no la dejan intervenir, porque fueron los demás quienes decidieron.
-Por eso odio a la gente con principios –declaró, ganándose una mirada de incomprensión.
-¿No quieres zumo?
-No. ¡No quiero tener que orinar en una maldita botella! –Potter se encogió de hombros y se sirvió un poco más. Porque era el paradigma de un imbécil inconsciente.
Una bandeja con postres apareció cerca de las tres de la tarde. Incluía café, té y un poco de leche. Draco se rehusó a participar de ello y se quedó refunfuñando mientras Potter se atragantaba con pastitas. Lo peor del caso: quería orinar. A penas se había mojado la boca con zumo, pero las horas pasaban y necesitaba visitar un baño decente.
-¿Cómo es que no estás desesperado? –demandó hacia Potter, que justo se acababa su segunda taza de té.
-¿Y eso en qué ayudaría? ¿Nos sacarían más rápido de aquí? –pero claro, el idiota por excelencia no había comprendido el contexto de su pregunta. En lugar de aclararlo, se distrajo andando de un extremo a otro.
-Han atentado contra mi libertad, integridad física y estabilidad mental. Esto no va a quedar así –anunció, tomando una importante resolución-. Me voy a vengar. De todos y cada uno de ellos. De quien promovió esto, de quienes lo apoyaron y los que no intervinieron.
-Ah, que interesante –contribuyó Potter, aunque parecía aburrido.
-¡Nos trataron como a un par de chiquillos revoltosos! ¡Literalmente! ¿Quién demonios se creen? ¿Pensaron que éramos molestos? Jamás debieron agredirme de esta forma. Todo lo que te hice a ti será un juego de niños comparado con lo que les haré.
-¿Y qué les vas a hacer?
-Aún no lo sé. Pero será terrible, vil… ¡Desearán jamás haberme encerrado aquí!
-¿Qué tal si los encierro contigo? Créeme, es algo bastante terrible y vil –Draco lo vio con odio. No era momento para chistes baratos.
-Tú deberías estar interesado en esto. También saliste perjudicado.
-Ah, aceptas que es algo muy perjudicial estar tanto tiempo en tu compañía –comentó con una sonrisa estúpida.
-Joder, Potter. Por una vez en tu vida, pon a trabajar los órganos que cubres con ese nido de pájaros.
-Tú eres quien quiere vengarse, deberías tener algunas ideas.
-Es que todo parece insuficiente… Puedo propagar un brote de viruela de Dragón, servirles zumo con Veritaserum o hacer explotar los inodoros. Pero no quiero más castigos, tampoco tengo que seguir perdiendo puntos. Tiene que ser algo por lo que no puedan castigarme, pero que igual los inquiete y los ponga de los nervios –maquinó, golpeteando con los dedos en el respaldo de su silla. Potter debía tener episodios de delirios, porque de la nada empezó a reír-. No me digas, ¿alguna ingeniosa idea?
-Sólo se me ocurrió… ¿Sabes qué sería inesperado, preocupante y potencialmente peligroso?
-¿Qué?
-Que tú y yo comenzáramos a salir –enunció, aun emitiendo esa risa de imbécil que solía hacerlo rabiar.
Harry dejó de reír, reparando en la inquisidora mirada de Malfoy. Sabía que el sentido del humor del chico era muy diferente al suyo, pero esperaba otro tipo de reacción… Algún comentario sobre lo estúpido de su ocurrencia, algún objeto volando hacia su rostro… Pero no ese silencio reflexivo.
-Esa es una idea estúpida… -ah, ahí estaba.
-Obvio, sólo estaba…
-…mente brillante –se acomodó mejor en su silla, buscando la ironía o el desdén en sus palabras.
-…bromeando –completó de todas formas, sin poder encontrar nada más que astucia en los ojos claros-. ¿Qué dijiste?
-Sí –reiteró, sin dar señales de que intentara burlarse de él-. Es probablemente la mejor idea que has tenido en tu vida.
-No. Es inverosímil –contradijo. ¡Lo había sugerido pensando en las bromas de Ron! ¿Cómo osaba ese cretino a tomárselo en serio?-. No podemos engañarlos con eso. Nos hemos odiado toda la vida. Te molesta mirarme y a mí me irrita tu presencia –resumió, reubicando sus posiciones-. Nadie va a creerlo. Además, no me van los hombres –dejó en claro.
-No será real, pedazo de idiota. Mi pedazo de idiota –Harry se sintió horrorizado ante esa corrección.
-¿Cómo me llamaste?
-Bueno, tengo que ir practicando –dijo el imbécil descarado.
-No, no haremos eso –arremetió. Ya había tenido suficiente al ser encerrado con él, no permitiría que lo arrastrara en eso.
-Fue tu idea.
-¡Era una maldita broma!
-Oh, ¡nuestra primera pelea! –la forma falsamente dulzona en que lo dijo le provocó un escalofrío.
-¡Nuestra billonésima pelea!
-Me desesperas, Potter –rechazó, dándose el lujo de parecer tranquilo pese a las incongruencias que estaba diciendo-. Tu imaginación es del tamaño de esta habitación, ¿verdad?
-No, no lo es –Harry trató de calmarse. Debía mostrarle lo ilógico de esa idea-. Veamos el hipotético escenario. Supongamos que les decimos que estamos juntos y que por alguna misteriosa razón ellos nos creen. ¿Qué se supone que vamos a conseguir con eso? –bien. Con esa pregunta imprimiría algo de raciocinio al rubio.
-Que nos dejen de joder –o tal vez no-. Y joderlos a ellos, también. Por supuesto que van a dudar, me decepcionaría que no lo hicieran. Es entonces que nos vamos a cobrar este encierro.
-Aún no lo entiendo –presionó.
-Claro que no. Necesitas puntitos para saber cómo llegar del punto A al punto B, ¿no?
-No creo que el plan tenga sentido –afirmó, tajante. El encierro empezaba a afectar las habilidades cognitivas de Malfoy, eso era. Claro, si es que poseía tales.
-Nos encerraron aquí porque peleamos demasiado. Lo que no esperan es que eso funcione excesivamente bien –remarcó, retomando su desquiciante marcha-. Entonces, se darán cuenta de que nos movimos al extremo opuesto. Estaremos tan cariñosos y desagradablemente felices que se arrepentirán de habernos encerrado –Harry tuvo que contener las arcadas ante la idea de ponerse "cariñoso" con Malfoy.
-Un plan ganador –elogió con una agria sonrisa.
-¿Te ríes de mí?
-¡Por supuesto que me río de ti! Es una estupidez monumental –el cabrón sí que se estaba superando a sí mismo.
-Creo que podría funcionar –se empeñó.
-Nos ignorarán, como hacen con otras parejas.
-¿No lo entiendes? Seremos insoportables. Estaremos en todos lados, seremos muy ruidosos y gráficos. Primoroso Salazar, ¡cada vez me gusta más este plan! –a Harry se le antojó darle un cabezazo a la pared de piedra.
-Primero, intentaré obviar que acabas de decir "primoroso Salazar" –tosió-. Rarito –se aclaró la garganta-. Segundo, me parece que te olvidas de algo fundamental. Ese plan que tanto te "encanta" requiere que estemos en constante contacto físico y nosotros apenas soportamos vernos –a ver cómo se las arreglaba para rebatir eso.
Pero Harry subestimaba lo obstinado que podía ser su némesis.
-Se hacen sacrificios en nombre de la guerra.
-¡¿Cuál guerra?!
-¡Ellos contra nosotros!
-Estás delirando.
-¡Nos encerraron en una habitación de 8x8 y nos enviaron una botella para orinar! –Harry se revolvió en su sitio. La mención a esa función biológica hizo que de pronto se arrepintiera de haber tomado tanto zumo y té. Tenía algo de experiencia aguantando gracias a su estadía en casa de los Weasley, pero pronto necesitaría vaciar su vejiga.
-Bueno, viéndolo desde ese ángulo… -pero él no podía ceder tan fácilmente, en especial con algo tan incierto-. Aunque, ¿significa que tú y yo estaremos… confabulando juntos?
-Eso es, Potter. Ahora estamos entendiéndonos. Tú y yo tenemos un objetivo en común. ¡Venganza! –gritó, como si estuviera por salir a la batalla. Pues qué imbécil más dramático.
-Sostengo que es una mala idea –repitió, mientras intentaba mantener sus pensamientos lúcidos a pesar de la incomodidad de su vejiga-. Pero en el remoto caso de que decida apoyarte… ¿Cómo pretendes hacerles creer que nos liamos?
-Es fácil, diremos que durante las horas de encierro por fin pudimos hablar tranquilamente y terminamos liberando tensión de otra forma –Malfoy le guiñó el ojo, acción que le revolvió el estómago. Quizás también se había extralimitado con las pastitas.
-Nunca te dediques a escribir novelas, eres pésimo –informó.
-¿Qué hay de malo con mi historia?
-Es predecible y sosa –ni siquiera las novelas de amor de Hermione eran así-. Dos personas tan diferentes no pueden congeniar tan pronto.
-¡Es la magia del amor! –le lanzó una mirada cargada de fastidio.
-Es una ridiculez sin fundamento. Escucha, Malfoy. Si de verdad me voy a involucrar en esto, lo haremos bien –no estaba cediendo. Harry sólo estaba siendo presionado por tres vasos de zumo de calabaza y dos tazas de té.
-Ah, ¿ahora te interesa?
-Bueno, con Voldemort fuera de combate estoy un poco aburrido –dijo.
-Y te atreves a hablar de mi ego.
-Tengo lo mío, aunque no hay punto de comparación.
-¿Y cómo propones que vendamos nuestro romance? –Harry tembló, aunque no sólo Malfoy tenía la culpa de sus escalofríos.
-Bueno, una parte de lo que dijiste es convincente. Tras muchas horas a solas y después de discutir fervientemente, logramos hablar con calma. Así que les diremos que acordamos un pacto de no agresión. Vamos a sostener eso al menos durante una semana y después… Tendremos una pelea peor que la que nos trajo aquí.
-¿Qué?
-Las cosas no pueden fluir tan fácil –de eso estaba seguro. Necesitaban establecer cierto contexto, como en esa novela inglesa en que los protagonistas se despreciaban mutuamente y luego ocurrió algo que los unía.
-¿Otra pelea? Puede servir para desahogar frustraciones y las ganas que tendremos de golpearnos el resto del tiempo.
-No estás comprendiendo, tendremos una "pelea" –repitió.
-Es lo que dije.
-"Pelea" –dijo una vez más, dibujando las comillas con los dedos.
-¿Por qué las comillas?
-Porque no nos dañaremos realmente.
-¿Qué gracia tiene eso? –inquirió, con un puchero de cabrón mimado-. Es obvio que podríamos pelearnos sin ningún inconveniente.
-Uno no se pelea con el aliado que acaba de establecer una tregua.
-¿Qué me garantiza que no te vas a retractar?
-No tenemos garantías. Yo sigo sin estar de acuerdo con tu ansia de venganza, pero te lo dije… Estoy aburrido. Y empiezo a estar un poco molesto con mis amigos por encerrarme aquí contigo –y por bloquear el acceso al baño. ¡¿Eso era realmente necesario?!
-De acuerdo. En caso de que lo llevemos a cabo, ¿qué sigue después de la pelea? –al menos Malfoy parecía respetar su plan. Eso lo animó a continuar con la ridícula explicación.
-Hay dos caminos. Si ellos no toman acción, seguiremos con indiferencia. Dejaremos de hablarnos, de mirarnos, de todo. Y luego volveremos a pelearnos hasta conseguir que nos encierren de nuevo. El segundo camino es más directo. Ellos toman acción y nos encierran.
-¿Quieres volver a pasar por esto? –Malfoy parecía torturado y por primera vez se sintió identificado con él. Pues vaya que estaba muy jodido.
-Es conveniente para la trama –resumió.
-Prosigue.
-Encerrados otra vez, negociamos una nueva tregua. No agresión y tratar de ser amable con el otro –finalizó con una mueca, casi sin poder creer lo que acababa de pronunciar.
-Suena a tortura.
-Y lo será. Puedes detenerme ahora y nos olvidamos de esta conversación –Harry casi suplicaba que lo hiciera. Pero Malfoy nunca hacía lo que él quería o esperaba.
-No, sigue.
-Empezamos a tolerarnos, aunque con ciertos altibajos. ¿Adivinas qué sigue?
-Nos enredamos –contradictoriamente, el rubio parecía emocionado al decirlo.
-No aún, pero empezamos a mostrar señales. Algún comentario ocasional o algo así.
-Tengo varias ideas.
-Genial. Ahí viene la parte delicada. De pronto actuaremos raro, desaparecemos durante horas, especialmente cuando ellos puedan notarlo –Harry tragó saliva, preparándose para lo que vendría a continuación. Le ardía el estómago sólo de imaginarlo-. Y un día, se hace tarde y ninguno sale de la habitación. Van a buscarnos y… ¡sorpresa! Juntos en la cama. ¡Oh! ¿Desde cuándo están juntos? ¿Qué significa esto? –la mirada maliciosa de Malfoy se encendió como árbol de navidad.
-¡Se van a ir de culo!
-Luego vendría la parte que quieres –concluyó, soportando el sabor ácido en su boca-. Miel, azúcar y bombones por doquier.
-Jamás creí que diría esto, pero tenemos un trato, Harry Potter.
Notas finales: debo confesar que esa última conversación fue lo primero que escribí del fic, algo así como el detonante, lo que me animó a empezar a darle forma a lo que sería la historia. Ya después hice mi listado de personajes y sus descripciones, aunque algunos fueron cambiando con el tiempo. En fin, espero que haya sido de su agrado (pero por las dudas me esconderé detrás de una roca) y ahora sí, hasta la próxima semana.
En el capítulo 4: la primera pijamada.
Allyselle
