Disclaimer: Harry, Draco y compañía son propiedad de JK y sus socios. Yo sólo comparto mis historias por amor a la pareja y al fandom.

Notas de la autora: no tengo muchas palabras pero sí una gran sonrisa gracias a todos sus reviews. Es increíble como se las ingenian para maravillarme, de verdad es genial que me acompañen en esta aventura. Por ahí me pedían que subiera mi fic a AO3 pero para ser honesta, no tengo cuenta ahí. Soy muy perezosa y a penas puedo lidiar con FF, lo siento, jaja. Así que por el momento seguiré aquí. Tal vez más adelante lo considere. Después de esa nota, vamos al capítulo. Esta vez dedicado a BocaDeSerpiente, cuyos reviews siempre alegran mi día.


Capítulo 4. La primera pijamada

Fueron liberados justo antes de la cena y mientras Harry sostenía una de las botellas pensando que tal vez no era tan mala idea. Entonces corrió hacia el baño y pudo pensar con mayor claridad. ¿De verdad había hecho ese pacto tan macabro con Malfoy? Había sido muy imprudente. Aunque quizás el rubio también lo pensaría dos veces después de liberar su vejiga.

Acudió al gran comedor, donde se atragantó con sus platillos favoritos. No reclamó a sus amigos, pero tampoco les dirigió la palabra. Hermione se había disculpado, confirmándole lo que él sospechaba: no estaba de acuerdo con la idea. Entretanto, Ron lo había felicitado por la golpiza que le dio a Malfoy durante esas horas. Al terminar el banquete, los dejó atrás y se fue a encerrar a su habitación. No tenía ánimos de convivir con nadie, tampoco de pasear por ahí. Sólo quería dormir y fingir que no había hecho un trato con el diablo. Pero como no, Malfoy regresó poco después.

-Ah, ¡qué bien que estás aquí! ¿Potter? –Harry se quedó inmóvil, fingiendo que se había dormido con todo y zapatos-. ¡Despierta, Potty! –casi impacta contra la pared cuando un segundo peso se unió a él en la cama.

-¡¿Qué demonios haces?!

-Ah, sabía que no estabas dormido.

-¡Fuera de mi cama!

-¿Tienes memoria de pez? Tenemos que planificar nuestra venganza –insistió el bastardo necio, incluso cuando intentó empujarlo.

-¡Entiendo eso! –Muy a su pesar-. ¡Pero no tienes que estar en mi cama!

-Um, yo creo que sí. Se supone que tenemos que acostumbrarnos a estar cerca.

-Sí, pero esto es ridículo. ¡Estás demasiado cerca! –renegó, alejándose todo lo que su cama le permitía.

-Potter, si todo sale bien, llegará un momento en que mi lengua tendrá que estar en tu boca. Tienes que cooperar –Harry dejó de removerse. Pocas veces sentía malestar después de una comilona, pero en ese momento empezó a sudar frío.

-¿Qué dijiste?

-Ajá, de eso venía a…

-De ninguna maldita manera.

-¿Qué? –metió la mano bajo la almohada, apoderándose de su varita. El escudo había desaparecido, así que podía inmovilizar a Malfoy de ser necesario.

-Que he pensado en ello y es imposible. No voy a apoyarte en algo tan extremo, además de absurdo. Si quieres vengarte, elige otra forma. Porque yo no... –inesperadamente, Malfoy se echó a reír.

-Creo que entiendo. Tienes miedo.

-¿Miedo? ¿Por qué tendría miedo?

-De algo estúpido, como que tu hombría sea cuestionada –Harry sintió enrojecer un poco, pero mantuvo la mirada arrogante del cretino.

-Eso no es estúpido.

-Así que lo aceptas.

-No fue lo que dije –Malfoy tuvo la desfachatez de tomar su almohada y acomodarse sobre ella.

-Usualmente no hago este tipo de concesiones, pero me interesa vengarme y, aunque me fastidie admitirlo, es indispensable que me apoyes –expuso, como si estuviera hablando de cualquier trivialidad.

-Pareces demasiado cómodo con esto –la primera respuesta de Malfoy fue una mirada cargada de condescendencia.

-No es por ti, Potter. No estoy impaciente por ponerte las manos encima ni nada parecido.

-¿Entonces?

-Planificar una venganza es una de las cosas que me hace feliz –declaró sin tapujos-. Sin importar lo escabroso de los detalles. Así que deja de sabotear mi diversión –era el estúpido engreído de siempre. Si nada de eso cambiaba, bien podría ser capaz de hacerlo… Pero, ¿qué demonios estaba pensando?

-No puedo.

-A ver, ¿cuál es el problema? –cuestionó, expulsando una bocanada de aire como si se estuviera esforzando por ser paciente.

-No me gustan los hombres.

-No entiendo porque sigues repitiendo eso. ¿Acaso te ayuda a reafirmar tu masculinidad? –Harry resopló. El plan de hechizarlo seguía vigente.

-Me da asco pensar en tocarte, mucho más si considero que tendríamos que be… besa… besarnos –concluyó, acompañando la afirmación con una mueca-. ¿Cómo se supone que van a creernos si hago gestos de repulsión mientras te…? Ya sabes.

-Ah, eso es sencillo. Tendremos que practicar –la afirmación, tan casual como inverosímil, casi consigue lo que Voldemort no pudo: acabar con la cordura del elegido.

-No.

-Bueno, da igual. Hicimos un trato.

-Lo rompo ahora mismo.

-No lo creo. ¿Los Gryffindor no tienen un código de honor? Tu palabra está en juego –Harry rechinó los dientes. No debía caer en las provocaciones de ese desgraciado.

-Dijiste que ibas a hacer una concesión.

-Oh, cierto. Dejaré que crean que eres tú quien va arriba –lo dijo con un asentimiento, como si le estuviera enunciando el mayor privilegio de su existencia.

-Qué amable, Malfoy.

-Lo sé –se le antojó darle una respuesta más sarcástica, pero el cabrón parecía inmune a sus pullas esa noche.

-De todas formas, eso era obvio. Tengo más experiencia que tú, eso lo sé –afirmó. Si ya no podía echarse atrás, al menos aprovecharía para atormentar al rubio-. Dime, ¿cuándo fue la última vez que saliste con una chica?

-Hace tres años.

-Es lo que creí –le lanzó una mirada de superioridad, pero dudó cuando notó la sonrisa maliciosa del chico.

-Te faltó la contraparte.

-¿Qué? –Malfoy siguió sonriendo, crispándole los nervios.

-Ahora pregunta cuándo fue la última vez que salí con un chico –ahí estaba, esforzándose para inquietarlo.

-¿Tú haces eso?

-No me digas que te escandaliza. En especial con el trato que hicimos –Harry no creyó que lo escucharía admitir eso tan naturalmente, aunque gracias a Ron tampoco le sorprendía.

-No creí que fueras de ese tipo.

-Ah, lo siento. ¿No parezco lo suficientemente gay? –Saltó el bastardo, llevándose una mano al pecho-. Dame dos minutos, iré por mis tacos altos y mi tocado de plumas.

-Verdaderamente eres un imbécil –informó, tratando de espantar la imagen mental que se había formado por esa ridícula broma.

-¿Te has mirado en un espejo?

-¿Y has salido con muchos chicos? –inquirió. No le interesaba, pero se sentía un poco curioso sobre esa faceta del envarado Slytherin.

-Algunos, tampoco soy una puta –quien, para no perder la costumbre, seguía haciendo lo suyo para mortificarlo.

-¿Alguien que yo conozca?

-Diablos, no. Mayormente me voy de cacería en verano –la idea de Malfoy en "cacería" le revolvió el estómago. Tendría que comer menos antes de hablar con él.

-¿Por qué no?

-Jamás saldría con alguien de aquí. Sería embarazoso y una real molestia tener que vivir con la posibilidad de encontrarme con mi ex por los pasillos… Oh, mierda. Claro que sabes de lo que hablo –esbozó una sonrisa guasona.

-No es tan malo.

-Es claro que te has convencido de eso.

-Y es claro que romperás tu propia regla –el chico se encogió de hombros.

-No será real.

-No es lo que pensará el resto.

-Oh, sí.

-Malfoy.

-¿Sí?

-Largo de mi cama –increpó-. Ya es tarde. Lo que quieras planificar, lo haremos durante el día.

-Sí, supongo que tendré que esperar… Bien, te diré mis ideas mañana.

-Puedes tomarte tu tiempo –el cretino sonrió, dejándolo de piedra cuando alargó la mano para acariciarle el cabello antes de levantarse.

-No fue tan difícil, ¿verdad?


-Hazlo de una vez, Draco –el aludido dejó de juguetear con su varita, enfocando la mirada en la chica de cabello oscuro. Sus amigos jugaban ajedrez, mientras él reflexionaba sobre sus planes vengativos.

-¿Hacer qué?

-Ponerte histérico y hechizarnos por lo del sábado –la respuesta la ofreció Blaise-. Ya pasaron algunos días, nos estás matando con el suspenso.

-No voy a hacerles nada, chicos.

-¿Qué?

-Espera, Blaise. Creo que tendremos que ayudarlo –inexplicablemente, sacó su estilizada varita y lo apuntó sin darle tiempo para prevenir un ataque-. Finite.

-¿Qué demonios, Pans?

-A ver, tengo que preguntar de nuevo. ¿Estás molesto con nosotros por lo del sábado? –estar en esa torre había dañado a sus amigos, porque se estaban comportando como idiotas. Todavía más de lo usual.

-No, no lo estoy.

-Salazar, quizás es algo peor.

-¿Qué mierda intentabas con ese hechizo? –demandó. Pansy seguía viéndolo con preocupación.

-Uh. Se me ocurrió que Potter te tenía bajo la Imperius.

-Oh, ¡eso tendría sentido! –apoyó Blaise.

-No estoy hechizado, tampoco he bebido pociones o algo de ese tipo. Es verdad que no estoy molesto.

-¿Por qué?

-Bueno, estuve muy enojado con ustedes, pero las horas pasaron y me di cuenta que tenían razón –explicó, usando las palabras del cara-rajada-. Potter y yo hemos sido un incordio para todos los demás.

-¿Qué te pasó ese día, amigo? –preguntó Blaise, uniéndose a la preocupación de la chica.

-Comprendí que todo era improductivo. Todas esas bromas a Potter… Eran victorias momentáneas, también era cansino.

-Espera, ¿no habrá más quejas sobre él y su aspecto? ¿Sobre sus modales y demás?

-Eso no ha cambiado, Pans.

-Entonces no te entiendo.

-Potter y yo hicimos un trato –sus colegas estaban atentos, tal como él quería. Era parte de su estrategia. No había querido sacar el tema a colación, sabía que era cuestión de tiempo para que ellos mismos lo hicieran hablar. Ah, podían ser tan predecibles.

-¿Qué clase de pacto?

-Uno de no agresión –ambos lucieron asombrados.

-Quieres decir… ¿Realmente no han peleado en toda la semana?

-No sé por qué te sorprendes, Blaise.

-Creímos que ahora insonorizaban la habitación o peleaban en otro sitio… Jamás se nos ocurrió que… -Pansy negó, olvidándose de que era su turno para mover.

-No. Nos hemos estado ignorando todo el tiempo.

-Tú no puedes estar conforme con eso… -Draco sonrió, era justo lo que supuso que dirían. Y su gesto llevó a los chicos a la conclusión deseada:- Ya veo. Te estás preparando para tu próximo ataque.


-Ya pasó una semana –dijo con tono impaciente-. Tenemos que poner en acción la segunda fase del plan.

-Lo sé –el inepto de Potter lucía resignado, como si fuera atado de manos hacia la guillotina. Y ese era sólo otro aspecto del plan que le causaba regocijo-. Tenemos que decidir el asunto de la pelea.

-Entre otras cosas –ah, cómo se divertiría a costa del idiota-. ¿Has pensado en algo?

-Ellos no vieron porqué discutimos el sábado –Draco se incorporó enérgico. Eso no estaba en discusión.

-¡Jamás! ¡Mi cabello no será parte de esto!

-¿Quién fue el que dijo "se hacen sacrificios en nombre de la guerra"? –y se atrevía a echarle en cara sus palabras.

-Podría ser algo más…

-Piensa en ello, Malfoy. Podría golpearte, pero tus hematomas han sanado y no creo que los quieras de nuevo. También podríamos usar algún otro tipo de broma pesada, pero todas resultan humillantes o tienen consecuencias…

-¡Mi cabello teñido de rojo resulta más humillante! –se impuso.

-Pero no es doloroso.

-De alguna forma lo es –rechazó, aunque empezaba a comprender el punto de Potter.

-Será momentáneo y servirá para nuestros propósitos –Draco tenía más ganas de protestar, pero Potter por fin empezaba a cooperar sin cara de mártir, así que asintió de mala gana.

-¿Cuál será el contexto de la pelea?

-Te va a gustar –afirmó Potter, metiendo una mano bajo su cama-. Vas a destrozar esto.

-¿Estás seguro? –cuestionó, viendo el objeto alargado. Incluso sabiendo que era de Potter, le daría lástima destruir una escoba tan bella-. Parece nueva.

-Lo es, sólo la usé un par de veces.

-¿Por qué quieres deshacerte de ella? –Potter sonrió enigmático, cruzándose de brazos.

-No tienes porque saber eso.

-Bien, sólo falta el motivo.

-Malfoy, nosotros no necesitamos un motivo para pelear –recordó, contemplándolo con indulgencia.

-Claro, lo olvidaba. En especial después de tragarnos la frustración toda la semana –reconoció.

-Así es. Ya es tarde, así que lo más conveniente será pelear mañana temprano.

-Oh, demonios. Todo un domingo encerrado contigo.

-Eso ya lo sabías.

-No deja ser horrible –admitió, paseándose con las manos tras la espalda.

-Si eso es todo lo que…

-No, no lo es –se detuvo a media habitación, viendo como Potter limpiaba sus lentes con su camiseta-. Tenemos más detalles que acordar, Potty.

-Ese es uno. Deja de llamarme así.

-¿Qué? ¡Suena como algo cariñoso! –le obsequió una malhumorada mirada miope.

-Claro que no. A penas nos toleramos y eso no va a cambiar, pero mientras estemos… juntos en esto, será mejor que dejemos las ofensas a un lado.

-¿Qué? -¿morderse la lengua cada vez que se le antojaba hacerle burla o incomodarlo con algo? Eso era más que un pequeño sacrificio…

-Al menos la mayor parte de ellas –concedió-. Así será más fácil tratarnos bien cuando estemos en público.

-Has pensado mucho en esto –señaló. Potter se encogió de hombros, sin comentar más al respecto.

-Y un detalle más, nuestros nombres.

-No voy a decirte algún sobrenombre ridículo como "osito", "panquecito" o "frutita del bosque" –advirtió, haciendo sonreír al zoquete.

-Créeme, yo tampoco quiero que lo hagas.

-¿Entonces?

-Dos personas cercanas no se llaman por su apellido.

-¿Te refieres a…? –el chico asintió.

-Tenemos que empezar a usar nuestros nombres, Draco –ambos hicieron una mueca. Aquello sonaba muy raro. Aunque si de él dependía, los niveles de rareza sólo estaban por incrementar.

-¿Alguna otra sugerencia, Harry? –el aludido frunció la nariz.

-No, es todo.

-Bien, mi turno –declaró, yendo a pararse frente a la cama que ocupaba el despreocupado Gryffindor.

-¿Qué?

-Te di el tiempo que querías para mentalizarte, pero el plan requiere de esto –continuó, sentándose a su lado.

-Ah, lo sé –aceptó, incorporándose sobre los cojines. Había esperado encontrar más resistencia, pero Potter casi parecía sereno.

-Espera, ¿sin dramas ni declaraciones innecesarias sobre tu heterosexualidad?

-Pensé al respecto y creo que no será muy diferente –Draco frunció el ceño, sintiéndose un poco ofendido. Para sus ligues, él siempre era una experiencia única e irrepetible. ¿Cómo se atrevía ese roñoso a decir algo así?

-Pero soy un chico –presionó, aun sabiendo que podría jugarle en contra. Potter ya estaba decidido, lo más sabio sería aprovecharse de eso.

-Por supuesto. Pero cerrando los ojos no creo que haya mucha diferencia, además que puedo pensar en otra persona mientras te beso.

-Claro –dijo con sequedad, tratando de mantener para sí mismo sus réplicas indignadas-. Entonces hazlo.

-¿Eh? –Potter lucía descolocado, atenuando su malestar.

-Ajá. Dijimos que tú serías quien va arriba, ¿no? Pues actúa como un macho y bésame –retó.

-Esa es la frase más incongruente que has dicho en tu vida.

-Depende. Porque si consideras que… -sintió como sus ojos se abrían más de la cuenta cuando se vio interrumpido por los labios del cabrón abusivo.

El primer contacto estuvo lleno de desconcierto y rareza. Potter se hizo para atrás y lo obligó a alzar la barbilla, como si él no supiera como besar a alguien. Estuvo a punto de quejarse de eso, pero entonces la presión volvió a su boca. Tentativo, entre ansioso y esquivo, como si no quisiera besarlo pero tampoco pudiera evitarlo. Pensando en impresionar a Potter para burlarse después, entró de lleno en el juego. Lamió y mordisqueó los labios del Gryffindor, notando que eran más suaves y carnosos de lo que parecía. Entonces abrió un poco más los propios, siendo secundado por Potter, lo que provocó que sus lenguas se encontraran de inmediato. Ambos retrocedieron entonces, él con expresión de intriga y Potter con un aire de asco. ¿En quién habría estado pensando hasta ese momento? No importaba, mientras sirviera para sus propósitos.

-Estuvo mejor de lo que esperabas, ¿no? –presionó, acercándose de nuevo y pasando una mano por su cuello. Potter tembló un poco y cambió a una mirada de fastidio.

-He tenido mejores. Aunque tampoco fue el peor –informó.

-Una vez más. E intenta sonreír después.

-No es necesario que… -cobrándose el ataque de Potter, lo besó sin piedad, obligándolo a abrir los labios y aceptar su lengua. Forcejearon un poco, pero él se impuso, explorando la boca tibia y húmeda, que terminó rindiéndose a su intrusión. Succionó su labio inferior…

Y entonces se escucharon un par de golpes en la puerta. Potter lo empujó a un lado y se incorporó para abrir.

-Hola, Harry. Siento interrumpir –la que hablaba era una Hufflepuff cuyo nombre no recordaba.

-Hola, Hannah. Descuida, sólo leía un rato. ¿Qué pasa?

-Los demás están abajo y me enviaron a invitarlos a la pijamada -¿qué demonios? Sus compañeros estaban cada vez más trastornados. Él jamás asistiría a algo semejante. Era soso y…

-Será un gusto. Estaremos ahí en un rato.

-Genial. Nos vemos –la alegre chica se retiró y Potter volteó con semblante preocupado.

-¿Qué pasa? ¿Te gustó demasiado besar a un chico?

-La puerta estaba abierta –Draco se sentó de golpe.

-¿Qué?

-Sí, estaba entreabierta.

-Tú debiste dejarla así, fuiste el último en entrar –acusó-. ¿Crees que nos haya visto?

-No sé. Habríamos oído que se abría, ¿no?

-Supongo… -pero no podía estar seguro. Había estado bastante enfocado manteniendo su repulsión a raya y tratando de molestar a Potter.

-Además, ella tocó la puerta. Quizás ni siquiera notó que no estaba cerrado.

-Sí, eso tiene sentido. Bueno… Suerte en tu pijamada de idiotas –añadió, dirigiéndose a su propia cama.

-Nada de eso, Mal… Draco. Tú vendrás conmigo.

-Por supuesto –accedió, rezumando ironía.

-Todos estarán ahí. Necesitamos que vean que somos capaces de convivir, aunque nos convendría mostrar un poco de tensión, será bueno para el plan de mañana.

-Ni pienses que voy a ponerme un pijama y luego bajaré contigo a fingir que los demás me caen bien.

-Acabo de fingir que besarte no fue algo traumático, así que demonios que lo harás –corrigió, cambiándose de ropa.

-Potter…

-Me iré primero. Sino llegas en quince minutos, el color rojo en tu cabello será permanente –y como si no acabara de efectuar la más cruel de las amenazas, se fue de la habitación.


Todos estaban reunidos cuando bajó las gradas. Habían apilado los muebles en una esquina y Granger repartía sacos para dormir. Tomó uno, aún pensando que eso era una idea patética. Davis también tenía cara de pocos amigos y Pansy renegaba sobre el reducido espacio que tendría para ella. Algunos eran indiferentes, como Thomas y Nott, que habían buscado las esquinas más alejadas. Pero lo peor, sin duda, era el entusiasmo de la chica lobo, la gemela bulliciosa y el mismísimo Goldstein. Era fastidioso su buen humor. El imbécil de Potter estaba junto a sus amigotes, riéndose sobre algo. Blaise le ofreció una bolsa con malvaviscos y él la tomó de mala gana.

-Es oficial, ya estamos todos –declaró la gemela entusiasta-. ¡Bienvenidos! Ya que terminamos los exámenes y también hemos disfrutado de una semana libre de incidentes, decidimos que era una magnífica idea celebrar con una pijamada. Hay dulces y jugo para todos.

-¡También tenemos música! –comunicó Finnigan en ese momento, revelando un tocadiscos y una pila de vinilos.

-¡Oh, encantador! ¿Tienes algo de los "Black Puffies"? –giró sorprendido por la mirada entusiasta de Pansy al mencionar a una banda mágica en ascenso. ¡¿Qué demonios?! ¿También ella estaba cayendo en el agujero negro de estupidez que absorbía a los habitantes de esa torre?

-Gracias a Goldstein, tenemos su nuevo álbum.

-¡Ah, lo amo! –coincidió alguna de las gemelas, lo que abrió un nuevo tema de conversación entre las chicas presentes.

Estaba por empezar a despotricar cuando captó una mirada de advertencia del estúpido de su compañero de habitación. Qué demonios. Supuso que incluso él podía beber zumo de calabaza y distraerse un rato con conversaciones sosas. Después de todo, su magnífica venganza estaba por empezar a dar frutos. Ese grupo de simplones conspiradores podían gozar de una última noche de paz.

Durante más de una hora, todos se dividieron en grupos pequeños y la comida fue menguando. Permaneció junto a Blaise, tragándose el fastidio que le provocaban los grititos entusiastas de las chicas y luchando por no rodar los ojos cada vez que coreaban alguna canción. Fue casi una experiencia religiosa cuando el disco terminó, porque si él había soportado eso sin verbalizar ninguna de las ideas hostiles que se le ocurrió, debía existir alguna especie de deidad.

Entonces las chicas se superarían a sí mismas con la próxima sugerencia estúpida de la noche.

-¡Atención, chicos! –gritó una de las gemelas. No le interesaba lo suficiente como para adivinar cuál-. Hemos estado hablando y pensamos… Técnicamente no tenemos algo que nos identifique. Es decir, se supone que conservamos nuestras casas, pero no podemos entrar a las salas oficiales. Entonces, creemos que sería buena idea elegir un nombre para la torre central.

-Claro. También deberíamos elegir un color, un animal y pedir nuestro propio reloj con joyas en el vestíbulo –fue Davis quien habló, con tanta seriedad y determinación que la mayoría la observó, confundidos. Sólo sus colegas Slytherin captaron la ironía en cada silaba. Por primera vez desde que se les había unido, Draco sonrió.

-Uh, creo que necesitaríamos autorización para eso –dijo la chica lobo, tomándole la palabra. Davis resopló y Patil la miró con acusación.

-Sí… Como sea. ¿Alguien propone un nombre?

-Podríamos buscar algo que unifique los nombres de nuestras casas –sugirió el cara de reno de McMillan.

-¿Algo como Grylyvenpuff? –aportó Longbottom.

-Eso se oye horrible. ¿Qué tal Rafflelyin? –secundó el idiota de cutis perfecto, Goldstein.

-Sí, eso no suena a trabalenguas –siguió atacando Davis-. ¿Qué tal si mejor usamos los nombres de los fundadores? Me sentiré honrada al decir que pertenezco a la casa de Sahegoro.

-Hey, eso suena muy original.

-Coincido con Lavender, jamás había oído nada parecido –indicó una de las Hufflepuffs, para hastío de su compañera.

-¿Les gusta?

-¡Por supuesto! ¡Muchas gracias por tu ayuda, Trace! –felicitó la otra gemela, palmeándole el hombro. La chica mostró una agria sonrisa y se llenó la boca con grajeas. Draco supuso que era una medida desesperada para evitar arrancarse el cabello.

-¿También elegiremos un animal?

-¿Qué tal tú, Corner? Creo que quedarías perfecto –propuso, participando por primera vez. Blaise se atragantó con un malvavisco. Captó la mirada incisiva de una Hufflepuff, que extrañamente no rehuyó cuando la enfocó directamente. Eso sí que era una novedad.

-Creo que todos pensamos que podrías ser tú, pero por amabilidad nadie lo dijo –se sorprendió un poco al escuchar a Potter, cuando se suponía que estaban en tregua. Sin embargo, los ojos esmeraldas eran diferentes a cómo lucían cuando discutían de verdad. Así que Potter quería jugar un poco.

-¿Qué tal los dos? A fin de cuentas, se supone que es nuestra culpa que estemos aquí –devolvió, mirando a los presentes, retándolos a contradecirlo.

-¿Sí recuerdas lo que pasó ese día? –increpó Potter y él se encogió de hombros.

-Chicos, por favor –intervino la sangre sucia, suspirando con resignación.

-De acuerdo. Propongo que sea un hurón.

Algunos de los jóvenes compartieron una mirada de alarma, pensando que ese comentario podría desatar el infierno. Sólo dos segundos después, fue la confusión y la extrañeza lo que se apoderó de todos cuando Draco se echó a reír. Potter había empleado espléndidamente el tono irónico y grave de Davis, tomándolo desprevenido.

-Qué demonios, estoy de acuerdo –exclamó la chica, sustituyendo sus odiosas facciones con una media sonrisa.

-¡Nosotros también! –exclamó Finnigan, que parecía hablar en nombre de Thomas.

Eso diluyó la tensión restante, cuando algunos más mostraron su apoyo.

-Si ya llegamos a un acuerdo, deberíamos escoger un color –el idiota hablando era Finch-Fletchley, que para variar estaba sentado junto a Corner-. Quedaría bien algo intermedio, como un turquesa.

-O podríamos unir todos los colores –sugirió otra Hufflepuff.

-¡Como una hermosa banderita gay! –exclamó Pansy, sonriéndole con premeditada burla. Draco enarcó una ceja, presto a regresarle su altanería.

-¿Qué tal naranja? Oh, espera. ¿Planeas broncearte durante las vacaciones?

-¡¿Quieres morir?! –gritaron Zabini y Davis, mientras él esquivaba una pantufla.

Cuando alzó la mirada, notó que la mayoría los observaba con desconcierto y algo de incredulidad. Supuso que era la primera vez que los veían bromear de esa forma. Y es que por un momento habían olvidado las circunstancias y actuado como si de su sala común se tratara. En Slytherin esa dinámica era habitual. Y tal como había ocurrido, tenían por costumbre gritar "¿quieres morir?" cada vez que alguien hacía un comentario contra Pansy y sus rutinas de belleza. Le chica se volvía una fiera, asustando hasta a los más valientes.

-Ya, ya, chicos –cortó Daphne, quien también sonreía. Probablemente por ese signo de normalidad en su alterada rutina-. Yo propongo el blanco, un color neutral.

-Y ya que nuestra mascota es un hurón, queda perfecto –convino Weasley con su desquiciante tono burlón.

-En ese caso, podríamos tomar los colores blanco y negro. Porque aunque continuamente hay desacuerdos entre nosotros, también somos capaces de compartir un buen momento –expuso Lovegood, esbozando una dulce sonrisa.

-¿Cómo el yin y el yang? –inquirió Pansy, dejando su arrebato atrás-. Suena fabuloso.

En esa extraña noche quedó fundada la casa de Sahegoro, cuya mascota era un hurón. Y sus colores el blanco y el negro.


Harry despertó temprano, gracias al puntapié que le dio Malfoy en las costillas. Lo miró con recriminación, pero lo siguió de todas formas. Subieron solo un nivel de escaleras.

-Mi trabajo está hecho.

-¿Está en la habitación? –Malfoy negó, entrando al baño más cercano y saliendo con los restos de su escoba.

La maravillosa cometa 98 era pura madera astillada y ramitas sin forma. Una sensación de inmensa satisfacción lo invadió. Casi lamentaba no haber presenciado el acto ni haberlo hecho él mismo. Estaba feliz de deshacerse de ella. Había sido un regalo "bienintencionado" y "de reparación de daños" que le había dado el editor en jefe de "El Profeta". Era un buen modelo, pero nunca se sintió bien usándola.

-Tal vez no necesitemos sacrificar tu cabello –dijo, espabilándose un poco y tomando un trozo del mango roto.

-¿No? –el cretino pareció iluminarse al escucharlo.

-No. Tenemos que armar escándalo, así que te voy a perseguir y te tiraré trozos de madera.

-No me gusta la idea de ser perseguido, pero maldita sea. Es mucho mejor que tener mi cabello rojo –apenas sonrió, tomando bajo el brazo y entre sus manos la mayor cantidad de madera posible.

-¿Estás listo, pedazo de cabrón? –Malfoy sonrió, como si hubiera extrañado sus insultos.

-Esto será estupendo, imbécil –Harry se aclaró la garganta y tomó el primer trozo, indicándole educadamente que era hora de empezar a correr. El rubio idiota se puso como atleta a punto de emprender la carrera.

-¡No huyas, bastardo! –gritó como en la mejor de las peleas, empezando la persecución. Bajaron las escaleras de dos en dos, mientras fallaba a propósito, dejando partes de madera por todos lados-. ¡Eres un jodido trastornado! ¡Voy a hacer que te tragues cada astilla como si fuera ensalada!

-¡Vete a la mierda! ¡No me culpes por tu maldito descuido!

-¡¿Mi descuido?! –en ese momento ingresaron en la sala, corriendo alrededor de sus compañeros. Algunos ya estaban despiertos y los miraban con asombro-. ¡Mi descuido fue creer que podrías respetar una tregua como alguien decente! ¡No tienes escrúpulos! –siguió tirando los trozos de madera, acertando sólo un par y tratando de no golpear por accidente a alguno de sus compañeros. Aunque, cuando comprendió que eso jamás los detuvo en el pasado, los arrojó de forma más descuidada-. ¡No tienes palabra!

-¡Deja de atacarme, demonios! ¡Fuiste tú quien la dejó donde cualquiera podría estropearla!

-¡¿En serio?! ¡¿Cualquiera podría estropearla debajo de mi cama?! –las chicas corrieron a resguardarse, escondiéndose de sus proyectiles de madera. Algunos de los chicos todavía se veían desorientados, intentando cubrirse con sus propios sacos de dormir.

-¡Si dejaras de acusarme, podría explicarte qué pasó, tarado revoltoso!

-¡No vas a explicar una mierda!

-¡Jódete, Potter! –Malfoy le regresó algunas piezas, las cuales ya se le estaban acabando.

Si nadie intervenía, tendrían que poner en marcha su plan de emergencia. Pensando en ello, tiró los fragmentos restantes y lo encaró con una sonrisa vengativa.

-¿Sabes qué? No se queda así. ¡Despídete de tus malditas pociones para el cabello! –y con eso dicho, corrió escaleras arriba. Lo escuchó maldecir antes de seguirlo. Entró a la habitación en poco segundos y Malfoy lo siguió, dando un conveniente portazo.

-¡Devuélveme eso, engendro del demonio! ¡Esa diminuta crema vale más que tú! –siguió gritando, mientras estaba de pie frente a él, cruzado de brazos.

-¡Es lo que obtienes por tu jodida bromita! ¡Mira! ¡Mira lo que hago con ellos!

-¡Qué madurez! ¡Me impresiona tu clase y elegancia!

-¿Te estás burlando de mí, pedazo de mierda engreído?

-¡Por supuesto que lo hago! ¡Intento de héroe de pacotilla! –Malfoy zapateó, como si estuviera impaciente por que los encerraran de una vez. Harry le hizo una señal mientras se quitaba un zapato-. ¿Qué intentas? ¡Aléjate, bestia inmunda! –dio una cabezada y después tiró el zapato, que cayó bastante lejos del Slytherin-. ¡¿A dónde apuntabas?! –Increpó, usando la risa estridente que siempre le había crispado los nervios-. ¡Ciego de porquería! ¡Si alguna vez me condenan, espero que tú seas el francotirador! –Harry tuvo que contenerse para no reír.

-¡Tengo una poción de llagas y esta vez no voy a fallar! –gritó más fuerte, tomando una botella de cerveza de mantequilla vacía.

-¡Adelante! ¡¿Quién demonios te tiene miedo?! –Harry lanzó la botella, que impactó contra la puerta cerrada y cayó en un montón de pedazos.

Siguieron discutiendo un rato más, repitiendo epítetos y tratando de mantener el ritmo como si de una pelea normal se tratase. Cuando decidieron mediante un gesto que había sido suficiente, Harry fue a comprobar la puerta del baño. Estaba abierta. Malfoy lo miró con ceño fruncido, yendo a la puerta principal. También estaba abierta.

Su pelea ficticia y el primer acto de su venganza habían fracasado.


Notas finales: Davis me representa en la vida, jajaja. De todos los personajes a mi disposición, es de mis favoritas. También me encanta la forma en que todos son muy diferentes, incluso al momento de bromear. Y ya tuvimos primer beso, uno de los más incomodos que he descrito, jaja. Me han dado ganas de escribir primeros besos raros. Ya veremos que hago con eso. Esto es todo por hoy, espero que les haya gustado.

En el capítulo 5: los romances de la torre central.

Allyselle