Disclaimer: Harry, Draco y compañía son propiedad de JK y sus socios. Yo sólo comparto mis historias por amor a la pareja y al fandom.
Notas de la autora: bienvenidos una semana más, como siempre es un gusto estar aquí. Gracias por sus comentarios y también a todos los que han seguido el fic y/o lo tienen como favorito. Por eso, hoy la dedicatoria va para Galadriel, de quien recibí el último fav. ¡Vamos a la historia!
Capítulo 5. Los romances de la torre central
Harry se reunió con sus amigos un rato después, encontrándolos al final de la mesa de Gryffindor en el gran comedor. Ron le había guardado algunos panqueques y un tazón de avena.
-¿Qué pasó hoy, compañero?
-Malfoy demostrando que jamás dejará de ser un idiota –respondió, empezando a comer de mala gana.
Resultaba extraño, pero se sentía defraudado después de la pelea. ¿Acaso no habían sido suficientemente ruidosos? ¿Debieron lanzar algunos hechizos? ¿O le había hecho falta un poco de agresión física? Sus peleas solían ser memorables, fastidiando a todos a su paso. ¿En qué habían fallado?
-Lo que arrojabas… ¿Destruyó tu escoba? –Hermione habló despacio, quizás temiendo causarle un arrebato. Bueno, tal vez su actuación no había sido tan mala.
-Ajá.
-Creí que no te gustaba.
-Y no me gustaba, Ron. Ese no es el problema, sino que no entiende que no debe meterse con mis cosas. Maldita sea –la chica le dirigió una sonrisa compasiva.
-Harry tiene razón. Malfoy debería respetar ciertos límites.
-Gracias –dijo, mientras veía al otro lado del gran comedor-. Debí desfigurarle la cara para que fuera incapaz de sonreír de forma tan irritante –agregó, aprovechando la ufana sonrisa que le había ofrecido Malfoy.
-Quizás debiste…
-Deja de alentarlo, Ron. Te felicito, es bueno que aprendas a contenerte.
-¿Te vengarás de otra forma?
-¡Ron! –amonestó, dejando caer su tenedor.
-Saben, por un momento temí que nos encerrarían de nuevo –mencionó, empleando una autentica mirada de recriminación.
-Harry, te he dicho que no estuve de acuerdo. Pero Davis lo dijo con ese tono contundente y Susan la apoyó –frunció el ceño, manteniendo los nombres en una nota mental-. Además, se suponía que ustedes tenían una tregua. Por eso acordamos que ya no íbamos a intervenir.
-¿Realmente tienen estas reuniones a mis espaldas? –Increpó, observándolos con afrenta-. Como si fuéramos dos animales en adiestramiento. Es ofensivo.
-Harry… Creí que su pacto estaba funcionando –confesó, empleando un tono conciliador-. Te noté mirándolo durante la pijamada y no parecía haber mucha animadversión entre ustedes.
-Es cierto, incluso cuando hicieron comentarios estúpidos no pelearon –añadió Ron.
-Quizás deberías intentar comunicarte con él. Podrían entenderse y…
-Oigan, chicos. ¿Podemos hablar un momento? –Neville acababa de llegar, arrastrando los pies y con semblante sombrío.
-Harry no ha desayunado aún y…
-Con gusto, Nev. Vamos, podemos terminar de comer en los jardines –accedió, era la excusa perfecta para evitar seguir hablando de Malfoy.
-Gracias, Harry.
Hermione se encogió de hombros, mientras los tres chicos se marchaban. Le lanzó una última mirada de recriminación a Malfoy, que lo enfrentó con el mentón elevado. Otra cosa que notó antes de salir, fue que Hannah no había apartado la mirada de él en todo el rato.
Junto a sus compañeros encontró un banquillo de piedra. Por la actitud de Neville, tenía una idea bastante clara de lo que iba a decir.
-¿Qué pasó?
-Estuve practicando durante algún tiempo y hoy le confesé a Luna… Ya saben. Lo que siento –Ron hizo una mueca, en cambio, él trataba de mantener una expresión amigable.
-¿Y qué dijo?
-Ella… agradeció mis sentimientos.
-¿Qué significa eso? –cuestionó Ron, dejando de actuar como mero espectador.
-Supongo que fue su forma amable de rechazarme –explicó, hundiéndose un poco en su lugar.
-Lo siento, Nev.
-No entiendo, pensé que ella también… -Ron le dio unas palmadas torpes que pretendían ser reconfortantes.
-Bueno, hombre. Las mujeres pueden ser muy complicadas.
-Por eso te pedí que vinieras también. Tu relación con Hermione es una de las más estables –el pelirrojo sacó un poco el pecho, encogiéndose de hombros.
-A veces la paciencia y los pequeños detalles marcan la diferencia.
-¿Cómo esperar por siete años mientras sienten celos del otro? –dijo por lo bajo, consiguiendo que Neville sonriera un poco.
-Eh, pero funcionó.
-¿Qué hay de ti, Harry? –Ron sonrió, buscando cobrarse su broma, seguramente.
-Su método consiste en que las chicas se le declaren primero, hacerlas esperar un poco y luego quedarse solo de nuevo. No creo que eso te convenga –Harry resopló, comiendo para evitar responder.
-Lo tuyo con Ginny terminó oficialmente, ¿verdad?
-¿Por qué le preguntas? ¿Ahora irás tras mi hermana? –Neville negó de inmediato, con apariencia inocente.
-No, es solo que oí que la vieron con alguien.
-¿Qué? ¿Con quién?
-No lo sé, no escuché esa parte –Harry siguió comiendo, sin detenerse incluso cuando Ron fijó una mirada acusadora en él.
-Ustedes no han regresado, ¿verdad? –Negó, con la boca llena de avena-. ¿Y no sabes con quién sale? -volvió a negar.
Había cosas que era mejor callar. En especial cuando eso podría crear conflicto entre dos hermanos. O eso era lo que le había dicho Ginny hacía unas semanas.
-¿Has visto a Pansy?
-Hola a ti, pedacito de cielo –respondió Blaise, imitando el tono de su amiga.
-La he estado buscando para pedirle mi libro de transformaciones, pero no estaba en su habitación y la gemela que es su compañera no pudo decirme nada.
-Ya sabes cómo es, Draco. Debe estar disfrutando de algún baño tibio, poniéndose una mascarilla o tomando el sol.
-No, ella se baña por las noches, las mascarillas son dos veces a la semana y toma el sol por las mañanas, porque es menos agresivo –Blaise dejó de escribir en el pergamino frente a él y lo miró con extrañeza.
-¿Te sabes su rutina de belleza? Eso es muy gay, amigo. Incluso viniendo de ti.
-Vete al diablo.
-Hablando de cosas perdidas, Theo dice que perdió algunos libros –no le interesaban mucho las pertenencias de su compañero, así que solo chasqueó la lengua-. Dice que lo habló con Longbottom y al parecer, él también perdió sus apuntes de encantamientos.
-Longbottom es descuidado, aunque sorprende viniendo de Theo.
-Eso pensé.
-Me estoy aburriendo, quizás… -la puerta se abrió en ese momento, dando paso a un grupito de sus compañeros. Quien encabezaba la marcha era Pansy.
-¡Deja de seguirme, por el honor de Merlín!
-¡No te estoy siguiendo! ¿Se te olvida que también vivo aquí? –el que respondió en un tono bastante extraño fue McMillan. No tenía su usual cara de idiota intachable, sino una mueca avergonzada.
-Chicos, esto no tendría que ser así… -la que habló fue otra Hufflepuff.
-¿No? ¿Y cómo tendría que ser, Bones? –Pansy la enfrentó, con las manos en las caderas. Blaise y Draco se prepararon para lo peor al verla adoptar esa pose-. ¡Me emboscaron!
Su primer instinto fue pararse a apoyar a su amiga, pero se contuvo. ¿Un grupo de Hufflepuffs emboscando a alguien? Era un hecho sin precedentes. Algo tan inaudito como él haciendo un trato con Potter. Ese tipo de cosas nunca pasaban al mismo tiempo.
-¡No fue con mala intención! –aseguró McMillan.
-Ah, ¿no lo fue? ¡Todos los chiquillos entrometidos nos estaban viendo! ¡Querías forzarme a darte una respuesta! –el torpe Hufflepuff enrojeció en cada parte descubierta de su cuerpo. Diablos, jamás había visto a alguien lucir tan mal.
-Fue un detalle que…
-Escucha, Parkinson. Ernie pensó que lo apreciarías y nosotras decidimos apoyarlo –dijo la otra chica, que debía ser Abbott.
-¡No fue agradable! ¿Cómo te sentirías tú si un imbécil testarudo decide declararte su amor frente a medio colegio?
-Oh, no –murmuraron Blaise y Draco, que de pronto comprendían toda la situación.
-Por respeto y honor no lo hice ahí, pero si tanto ansías una respuesta, aquí la tienes. No, no quiero salir contigo. ¡Preferiría salir con Longbottom antes que contigo! –terminó de destrozar al chico, antes de subir las escaleras con andar altivo. McMillan apretó los labios, enrojeciendo todavía más. Si empezaba a llorar en ese momento, incluso Draco sentiría pena.
-Siento que hayan tenido que ver eso –dijo, sin dirigirse a nadie en particular-. Permiso.
-Sabes, no daba ni un knut por los Hufflepuffs, pero hay que tener coraje para salir con la frente en alto después de eso –declaró Blaise, ambos viendo como McMillan se perdía por las escaleras.
-También hay que ser muy estúpido para declararse a una chica en público.
-No me sorprende que no lo aceptara. Desde hace días sospecho que ella está con alguien –Draco giró, mirando con intriga a Blaise.
-¿Por qué lo dices?
-Señales sutiles. Ha estado de mejor ánimo y está a dieta.
-Quizás está de mejor ánimo porque la dieta está funcionando –el chico negó, haciendo sonar la pluma en el tintero.
-No, yo sé cuándo esconde algo. Espera a que la descubra. Con ese secreto, jamás volveré a temerle –Draco resopló, divertido.
-Es lo que crees. ¿Acaso piensas que vivirás si descubres algo que ella no quiere que se sepa?
-Joder, no consideré eso.
-Ajá.
Estaba contemplando la idea de buscar a Pansy para recuperar su libro, pese a que posiblemente era un mal momento para estar cerca de ella. Sería mejor esperar que se calmase y entonces, a algunos metros de distancia y llamándola "señora" podría pedírselo. Pero en ese momento Potter bajó las escaleras, mirándolo directamente antes de trasladar la vista a la puerta.
-Nos vemos, Blaise.
-Si vas a pelear con Potter, procura que no te quiten puntos.
-Lo intentaré –aceptó alegremente, siguiendo al inepto de su compañero de habitación.
Potter lo esperaba en un corredor solitario y en cuanto lo vio empezó a caminar de nuevo. Ninguno habló hasta que estuvieron tras un tapiz en algún lugar del quinto piso. Era una vieja habitación que nunca había visto.
-No nos encerraron, Po… Harry. Maldita sea, Harry –inició.
Después del fiasco de su pelea, acordaron que hablarían por la tarde. Decidieron que una locación lejos de la torre central sería apropiada, no les convenía que los vieran pasando tiempo juntos.
-Y ahora que estábamos dispuestos a soportarlo.
-Supongo que será por el camino largo –concluyó, recordando el plan esbozado por Potter.
-No necesariamente –eso llamó su atención. En ese aspecto, estaba cambiando su opinión sobre él. Potter era incompetente y negado para algunas cosas, pero estaba demostrando ser bastante ingenioso con los planes vengativos.
-¿Cómo dices?
-Creo que podemos tomar un desvío de la ruta inicial –explicó, como si él fuera lento para captar su razonamiento.
-¿Sin otra pelea y sin que nos encierren? –Preguntó, ahorrándose los insultos y conformándose con una mirada exigente-. Jamás había estado tan interesado en una idea tuya.
-Creo que nos vio –declaró, sin contexto alguno. Le frustraba cuando el cretino se comportaba de esa forma.
-Y como siempre, haces alarde de tu cháchara sin sentido –reclamó. Había una dosis de estupidez que podía soportar al día, y Potter se caracterizaba por superarla siempre.
-Hannah. Creo que nos vio la noche de la pijamada.
¿Hannah? El nombre no le sonaba para nada. Debía ser una Hufflepuff.
-¿Anoche que dejaste la puerta abierta? –Potter resopló, como si también se estuviera absteniendo de insultarlo.
-Lo que quiero decir, es que me ha estado observando desde entonces y a ti también –Draco asintió. Debía ser la chica a la que captó mirándolo la noche anterior y durante la confrontación de Pansy con McMillan.
-Quizás pensó que discutimos por eso –supuso.
-Que Merlín se apiade de nosotros. Entendiste de inmediato.
-Jódete –Potter le ofreció su mejor sonrisa de idiota.
-¿Qué dijimos de los insultos?
-Jódete, querido –para su asombro, el lerdo se echó a reír.
-Lo que intentaba explicar es que podemos usar eso a nuestro favor –dijo, demostrando una vez más que era capaz de hacer comentarios lógicos, admitió.
-Ya tiene la duda.
-Posiblemente ya lo haya comentado con alguien –negó, con un sonido de desdén.
-No creo, esa chica es desquiciadamente Hufflepuff.
-No deberías juzgar a alguien por su casa. Según dijo Hermione, fue Susan quien apoyó a Davis en su sugerencia de encerrarnos –escuchó la información con una ceja alzada. Estaba impresionado y sentía un renovado respeto por ella.
-Quién lo diría. Una loba en medio de corderos.
-Ya los teníamos hartos, Draco –suspiró, componiendo una expresión conmovida.
-Sí, pobrecillos. Ahora sigamos discutiendo cómo vamos a fastidiarlos –pidió con una sonrisa taimada.
-Primero, tenemos que decidir en qué términos estamos.
Decididamente, algo andaba mal con el cerebro de Potter. Estaban en medio de una conspiración, ¿por qué demonios se detenía en eso?
-Confabulamos juntos –dijo despacio.
-No eso, idiota –rechazó, mirándolo como si hubiera dicho algo supremamente estúpido-. Para los demás. ¿Qué le has dicho a tus amigos?
-He evitado hablar de ti.
-Vaya, al fin haces algo bien sin que te dé el guion –Draco bufó, cruzándose de brazos.
-Jódete, cielo –Potter sonrió fugazmente, volviendo a su intento de explicación.
-También he esquivado ese tipo de conversaciones.
-¿Y si decimos que tenemos una nueva tregua? –propuso. Pansy dudaría de él y tal vez Blaise empezaría a olfatear que se traía algo entre manos. No era lo óptimo, pero…
-No, ese recurso ya lo usamos. Vamos a comunicarnos sin necesidad de hacerlo –como siempre, le daba las instrucciones más confusas.
-¿Legeremancia? Escuché que apestas en eso.
-Ya veo. Esto de ser estúpido es innato, ¿verdad? –lo observó con condescendencia, listo para devolver su grosería.
-Y esto de dar rodeos sin propósito es tu talento, ¿verdad?
-Comunicarnos con la mirada, Draco. Durante el desayuno me di cuenta que puede ser útil. Estaba hablando con Ron y Hermione… -aplaudió, dando un brinco en su lugar.
-Oh, fabuloso. Una historia sobre el trío dorado más aclamado de la historia. ¡Estoy viviendo mi sueño! –Potter lo observó en silencio, imperturbable-. Puedes continuar –dejó pasar un par de segundos más antes de hablar.
-Iba a decir "no si sigues actuando como idiota" pero recordé que no sabes actuar de otra forma –le ofreció una sonrisa de hastío. No irían a ningún lado si se distraían metiéndose con el otro. Y necesitaba seguir con su venganza.
-Tengo una docena de réplicas para eso, pero tenemos una venganza en curso. Así que te escucho.
-Hoy me preguntaron sobre la forma en que nos habíamos mirado durante la pijamada –relató.
-¿Cuándo silenciosamente me reprendiste por mi gesto de fastidio y yo silenciosamente te mandé al carajo?
-¡Exacto! –Potter asintió-. Podemos usar eso. Miradas calculadas, lo suficiente para que empiecen a especular que algo se está cociendo.
Lo consideró un instante. El lenguaje no verbal podía ser muy útil, en especial cuando dos personas se encuentran bajo escrutinio, como era su caso.
-Fascinante. Podemos utilizar esos juegos de miradas para confirmar las sospechas de la chica y para poner en alerta a nuestros amigos, que serán quienes lo notarán primero.
-Y cuando nos pregunten, trataremos de desviar el tema y no daremos respuestas directas –completó.
-Podría funcionar.
-Bien, si esta espeluznante junta ha terminado, tengo algunas cosas que hacer –Draco le dio una mirada calculadora.
-Oye, Harry.
-¿Sí?
-¿Cómo demonios se te ocurren estas cosas? –antes de haber sido confinado junto a él, jamás habría creído posible que se encontraría en una situación semejante. Siguiendo las instrucciones de Potter para ajustar cuentas con sus compañeros. Y eran instrucciones lógicas y plausibles, además.
-¿Lo preguntas en serio?
-Bueno, por lo sosas que eran tus bromas y lo repetitivo de tus respuestas, no creí que fueras bueno elaborando planes vengativos –expuso, negándose a elogiarlo.
-Supongo que nunca me puse a ello, tenía más cosas que me preocupaban. Tal vez… He estado leyendo más últimamente.
-Mejor no pregunto qué es lo que lees –Potter sonrió mínimamente-. No te vayas aún, tenemos más asuntos pendientes.
-No quiero.
-Ah, sabes de lo que se trata –hundió los hombros, como si le acabaran de dictar una sentencia inapelable.
-Todavía falta para esa parte del plan.
-Tienes que acostumbrarte –Potter sacudió la cabeza, apretando los labios.
-De verdad, dudo que haya una sola posibilidad de que yo me acostumbre a tenerte cerca. Mucho menos a… besarte. Y esas cosas.
-Vamos, no lo hagas más difícil. Tiene que verse natural cuando lo hagamos frente a los demás. He pensado que podemos ensayar algunas poses –el desgraciado lo miró con cara de espanto, algo que gozó durante casi un minuto antes de seguir explicando-. Me refiero, poses que usan las parejas para besarse y que incomodan a los demás.
-Esta es la parte de "ruidosos y gráficos" que mencionaste, ¿no? –asintió.
-No les daremos descanso, Harry. Mientras hacen tareas, durante los períodos libres, incluso cuando intenten jugar y departir tranquilamente. Oh, estaré deseando que hagan una nueva pijamada. Soy capaz de meterme a un saco de dormir contigo solo para disgustarlos –Potter lo miró en silencio antes de reír entre dientes.
-Eres un asco, Draco.
-Eso no importa ahora. Tenemos que entrar en personaje. Y ahora yo me he convertido en un tipo irresistible al que quieres besar y tocar a toda hora –indicó. Potter todavía lucía un poco inconforme con la situación, pero no se alejó cuando pasó una mano tras su cabeza y empezó a besarlo.
Estuvo mucho mejor que la vez anterior. No hubo dudas y cuando sus lenguas se encontraron, Potter lo estrechó más cerca. ¿En quién demonios estaría pensando? Puso una mano en su pecho y lo alejó, un tanto descolocado por la efusividad que había demostrado.
-¿Qué pasa? ¿Te estaba gustando mucho? –tuvo la audacia de preguntar, con una molesta mirada de superioridad.
-Quisieras. Vamos a intentar algo de lo que traía en mente –instruyó.
-Sorpréndeme –dijo, rezumando ironía.
-Primero, abrazos por la espalda. Es algo muy incómodo de ver, cuando estás hablando con tus amigos y llega su parejita a abrazarlo y se besan –terminó con un escalofrío. Potter rió, aunque también compartía su mueca de irritación.
-Ni que lo digas. Si hablamos de cosas molestas, también está cuando la chica se sienta en las piernas del chico.
-Oh, ¡eso es de lo peor! –coincidió.
-Que se tomen de las manos todo el tiempo, como si estuvieran pegados.
-O cuando se ponen a juguetear y alguno carga a otro –mencionó, recordando la época en que Blaise salía con una chica dos años más joven. Ella era demasiado entusiasta todo el maldito tiempo.
-Eso eleva a niveles astronómicos la repulsión de los espectadores.
-Genial, tenemos que probar todo eso –giró, quedando de frente a la pared-. Abrázame.
-¿Incluso para esto tienes que usar ese tono mandón y grosero? –cuestionó, acercándose a su espalda. Potter lo abrazó torpemente, rodeando su torso y juntando las manos a la altura de su abdomen.
-Creí que esto sería fácil. ¿Nunca has abrazado a alguien, imbécil? –el cabrón desconsiderado resopló cerca de su oído.
-Claro que sí, pero es difícil cuando la otra persona parece tener un palo en el culo. ¿Te quieres relajar un poco? –Draco se atragantó de la risa, admitiendo que sí se sentía un poco tenso al tenerlo tan cerca. Suspiró un par de veces, luchando por aflojar los hombros. Se suponía que debía verse como si disfrutara de eso.
-Me estás respirando en la oreja.
-Bueno, disculpa por querer seguir vivo –masculló, apretándolo. El pecho de Potter estaba contra su espalda y él colocó ambas manos sobre los brazos que lo rodeaban.
-Bien. Ahora bésame la mejilla –para variar, obedeció sin rechistar. Apoyó el mentón en su hombro, causándole un poco de cosquillas. Después se adelantó, besándole la mandíbula.
-¡Vaya! –exclamó-. ¿De verdad no te sale nada de barba?
-Deja de fastidiar. Vamos a cambiar lugares.
Potter dio dos pasos atrás y giró. Era un poco más ancho de espalda, aunque un par de centímetros más bajo. Lo abrazó con naturalidad, apoyando el rostro contra su hombro. Se sorprendió cuando el chico tomó una de sus manos y enlazó sus dedos. Eso era mortificante. Los demás los odiarían. Se inclinó para besarlo, maldiciendo internamente porque Potter sí presentaba un indicio de barba.
-Bien, creo que esto ya lo dominamos –estableció, soltándolo-. ¿Qué era lo siguiente?
-Sentarse en las piernas del otro –recordó, mirando el poco mobiliario a disposición.
A penas había un par de escritorios cerca de la puerta. O del espacio donde debería haber una. Draco se asomó al corredor, pero también era un sitio abandonado. Obviando eso, aplicó un par de Tergeo.
-Es todo lo que puedo hacer, creo que podemos usarlo. Siéntate.
-Deja de darme ordenes, maldición –renegó, cruzándose de brazos-. ¿Por qué tengo que sentarme? Seguramente no limpiaste bien. De hecho, me sorprende que conozcas un hechizo de limpieza.
-Pues es la primera vez que tengo que usarlo. Los sitios donde voy siempre están relucientes –alardeó, pese a que no era totalmente verdad. Había tenido que emplearlo algunas veces, aunque en general cuando husmeaba en algún sitio y no por necesidad-. Además, ambos nos sentaremos ahí.
-Hazlo primero –resopló fastidiado, sentándose con exagerada parsimonia.
-Ya estoy aquí. Trae tu trasero, cielo –Potter lo miró con desagrado, pero acató su instrucción-. No me jodas, pesas más de lo que parece. ¡Levántate! ¡Serás tú quien me cargue siempre!
-Déjate de lloriqueos, tú querías hacer esto. Aunque tienes razón, es incómodo. Tus rodillas son muy huesudas –atacó, levantándose sin prisas.
-Huesudo tu trasero, idiota –devolvió, indignado por esa acusación.
Potter lo dejó pasar, sentándose y halándolo sin ninguna gracia. Draco cayó sobre su regazo y el cabrón tuvo la audacia de abrazarlo.
-Estás demasiado tranquilo con todo este contacto físico –pinchó, librando una nueva batalla para relajarse.
-Es que parece que a ti te molesta y eso lo hace divertido.
-Jódete.
-Me parece que ya conseguimos esto también. ¿Quieres levantarte o te gusta estar encima de mí? –Draco se incorporó de inmediato, sacudiéndose la ropa para evitar que se formaran arrugas.
-En tus sueños, Harry.
-En mis pesadillas, tal vez –corrigió, quedándose despreocupado sobre la silla.
-Todavía tenemos algunas poses en la lista. Sigue tomarse de las manos –Potter arrugó la nariz.
-¿De verdad tenemos que practicar eso? Es lo más sencillo y normal cuando sales con alguien. Creo que hasta tú sabes cómo tomar la mano de alguien.
-Los detalles son importantes –se empeñó.
-De acuerdo, tomémonos de las manos como un par de idiotas –cedió, levantándose y atrapando su mano-. ¿Feliz?
-Enlaza los dedos, como hiciste antes –Potter lo contempló con ademán cansino, pero cedió-. De esta forma puede ser más efectivo, sugiere una relación más cercana.
-Yo creo que aumenta la transpiración.
-Eres un cerdo.
-¿Terminamos con esto? –Draco lo soltó. Era la oportunidad perfecta para mortificarlo.
-Todavía nos falta una. Cuando uno carga al otro –enunció.
-Supongo que yo te cargo a ti, ya que soy más fuerte –dijo con una insufrible sonrisa.
-No, tú me cargas porque soy más esbelto –rectificó.
-De acuerdo, me haré cargo de tu trasero huesudo.
-Quisieras tener tanta suerte.
-Y la tendré, ¿no? –Draco sonrió presuntuoso. Su sacrificio valdría la pena cuando viera los rostros pasmados y disgustados de sus compañeros-. Entonces… ¿Cómo se supone que debo cargarte? ¿Te subirás en mi espalda o como si fueras un bebé? –su sonrisa se amplió. Maldito Potter, estaba a punto de pagar por haberse burlado de su vello facial.
-Ah, eso no es tan molesto de ver. Me refería a ese tipo de besos apasionados que les gustan a las chicas, cuando la apoyas contra la pared y ella te rodea con sus piernas –describió tranquilamente, disfrutando de la boba expresión de desconcierto de Potter.
-¿Tú quieres…? –sonrió complacido con su mueca de aversión.
-No es precisamente que quiera, pero será útil para nuestros planes.
-Lo haces a propósito, ¿verdad? Jamás te cansas de atormentarme –acusó con brío-. Como cuando me tocaste el culo…
-¡De nuevo con esa estupidez! ¡Fue un jodido accidente! –estalló, gesticulando exasperado.
-¿Sabes qué? Me importa una mierda, supongo que voy a cobrármelo.
Potter caminó decidido hacia él, con su típico andar de bestia salvaje. Su primer pensamiento fue sobre huir, pero se suponía que mientras durara esa tregua no habría agresión física entre ellos. Y a medias tuvo razón. Porque lo que ocurrió fue que el majadero clavó los dedos en sus caderas, levantándolo. Casi por reflejo, se sujetó de sus hombros y lo rodeó con las piernas. Entonces fue estampado contra la pared más cercana y recibió un beso descuidado, con mordiscos un tanto dolorosos y un roce de lenguas despiadado. No tuvo ocasión para un segundo pensamiento, porque su cuerpo fue quien tomó el mando, respondiendo con resolución al ataque del que era presa. Haló los mechones oscuros, temblando un poco cuando sintió las palmas de Potter contra su trasero. Así que eso significaba "cobrárselo". Más bien parecía como una excusa barata para tocarlo descaradamente. Siguieron besándose de esa forma, hasta que Potter se empujó un poco más de la cuenta y sintió como su propio miembro saltaba entre ambos. Eso pareció enfriarlo de inmediato, pues lo soltó y caminó hacia atrás, limpiándose la boca y mirándolo con repulsión.
-¿Qué demonios, Malfoy? Esto no… ¡Te prohíbo que te excites mientras te beso! –exigió, observándolo con la acusación grabada en los irises verdes.
-¡Me tomaste desprevenido! Además, realmente me estabas manoseando, tampoco actúes como una víctima.
-Sí, pero hay límites –insistió-. ¡Es difícil seguir pensando en una chica cuando siento tu erección en mi abdomen! –Draco se sacudió la ropa, elevando el mentón en actitud orgullosa.
-Descuida, dudo que vuelva a pasar. Yo sí mantendré en mente quién es el cabrón al que estoy besando –escupió, cuadrando los hombros-. Terminamos por hoy. Seguiremos con el plan como acordamos –finalizó, adelantándolo y sin mirar atrás ni una sola vez.
Estaba siendo una tarde bastante tranquila en la torre central, libre de conflictos y con un ambiente relajado después de la pijamada. Eso parecía haber unido más a algunos y permitió entablar nuevos lazos. Por su parte, Hannah aguardaba la llegada de Susan. Habían acordado hablar en su recamara sobre lo ocurrido con Ernie y también algunos rumores acerca de Neville. Secretamente, deseaba que fuera verdad. Que Lovegood lo hubiera rechazado. No tenía nada contra el chico, de hecho, era lo contrario. Intentaba acercarse a él, cautivarlo lentamente. Aunque se tornaba un tanto difícil para alguien tímida como ella.
-Vaya, tardaste más de lo que dijiste –comentó cuando su amiga abrió la puerta sin tocar-. Hey, ¿estás bien? –Preguntó, sentándose en la cama-. Te ves pálida.
-No puedo creer lo que vi –masculló, caminando despacio hacia ella y dejándose caer a su lado.
-¿Susy? ¿Qué viste?
-Es… Imposible. Pero lo vi, estaba demasiado cerca para confundirme –siguió hablando en ese tono bajo, sin mirarla directamente.
-Venga, dime qué pasó.
-Venía hacia aquí y tomé un atajo –empezó a explicar-. Pero dentro de un aula estaban… Dos chicos besándose.
-¿Dos chicos? –repitió, cerciorándose de que había entendido bien. Su amiga asintió-. Eso no es tan extraño, Susy.
-Son compañeros nuestros… -habló aún más bajito. Una repentina idea acudió a su cabeza, recordando algo que había dicho Lavender el día anterior.
-¡Oh! Dime, ¿son Michael y Justin? ¡Corren muchos rumores sobre ellos! Pasan todo el día juntos y comparten habitación, es cosa de tiempo que lo anuncien. Aunque por ahora siguen negándolo.
-No, no eran ellos –denegó después de tragar saliva.
-Ah, ¿entonces?
-Jamás lo adivinarías –sintió que su estómago daba un vuelco, recordando la sospecha que la acompañaba desde el día anterior.
-¿Quieres decir…? ¿Entonces sí tienen algo?
-¿Qué? –Susan por fin la miró, atónita.
-Potter y Malfoy –susurró.
-¡¿Lo sabías?! –increpó en un murmullo apremiante.
-No estaba segura. Es solo que… Como perdí aquel concurso para invitarlos a la pijamada, tuve que ir a su habitación. La puerta estaba entreabierta y escuché algo de su conversación. Era extraña y en principio no entendí mucho. Luego ya no hablaron, pero hay sonidos que son inconfundibles. Decidí tocar –contó, todavía sintiéndose avergonzada-. Harry abrió y aunque trató de disimularlo, se veía extraño. He estado observándolos desde entonces y puedo decir que algo está pasando entre ellos.
-Pues por lo que vi, te juro que tienen algo –afirmó, estrujando su falda.
-¿Realmente estaban…?
-¡Besándose! De una forma bastante… -Susan se acalló, con las mejillas enrojecidas-. No parecía que fuera la primera vez. Potter lo tenía… Merlín, no puedo ni decirlo.
-¡Susy!
-Potter lo… -apartó la mirada, luciendo abochornada-. Lo cargaba contra la pared. Malfoy tenía sus piernas alrededor y las manos en su cabello.
-Oh, diablos –eso hizo que la chica la mirara de nuevo, probablemente porque rara vez maldecía. Sin embargo, lo que estaban hablando vaya que lo ameritaba.
-Si esto viene pasando desde antes de la pijamada, quizás pelearon por eso hoy.
-Parece que ya se reconciliaron –ambas compartieron una mirada de duda.
-Esto no traerá nada bueno.
-Eso pensé. Si van a ser tan intensos como cuando se detestaban, todo está por dar un giro muy extraño y peligroso.
Las chicas asintieron, en un mudo acuerdo de las posibles complicaciones de esa relación. Sería solo el primer fruto de los planes vengativos de la alianza de Malfoy y Potter.
Notas finales: lo que más amo de la interacción de los chicos son esas bromas interminables, siempre tratando de hacer enojar al otro, jaja. Siguen con sus planes malvados y ya empiezan a tener efecto. Además, pudimos dar un vistazo a otras relaciones en esa torre en la que cualquier cosa puede suceder. Espero que disfrutaran la lectura, será hasta la próxima semana.
En el capítulo 6: la llegada de un nuevo miembro: ¡Rocky!
Allyselle
