Disclaimer: Harry, Draco y compañía son propiedad de JK y sus socios. Yo sólo comparto mis historias por amor a la pareja y al fandom.

Notas de la autora: creo que lo he dicho antes, pero vale la pena repetirlo: ustedes son increíbles. Esta semana me la pusieron difícil para elegir a quien dedicar el capítulo. Muchas gracias por sus maravillosos reviews, me alegra poder haberles respondido a todos (con eso que a veces FF no deja). Esta vez la dedicatoria va para NoeNoel, que me tocó una fibra sensible al mencionar otros de mis proyectos. Y no los distraigo más, pues hoy tenemos capítulo largo.


Capítulo 6. La llegada de un nuevo miembro: ¡Rocky!

Era como estar viviendo una especie de deformado y terrorífico Déjà Vu. Los habitantes de la torre central se relajaban después de una larga semana de estudios, conviviendo en distintas partes del castillo, salvo algunos que se congregaban en su sala común para competir en diversos juegos de mesa. Todo seguía su curso normal hasta que fueron citados a reunirse, ordenes de su autoproclamado jefe de casa, el profesor Greg Ruczinski. De inmediato, eso encendió las alarmas de muchos de ellos.

-Esto no puede traer nada bueno –vaticinó Goldstein.

-Podrían ser noticias agradables –sugirió Hannah en un murmullo, en un débil intento de animar a sus compañeros.

-Me harás llorar con tu optimismo, Abbott –dijo Davis, destilando ironía. Parecía ser su tono favorito para hablar.

-Solo nos queda esperar y tratar de mantener la paz de estos días –previno Hermione, aunque fallaba al ocultar su nerviosismo.

-Ustedes no se han metido en problemas últimamente, ¿verdad? –enfrentó Seamus, mirando primero a Malfoy y después a Harry.

-¿Por qué asumes que es culpa nuestra? Quizás vino a averiguar quien anda por ahí robándose las cosas de los demás.

-¿Me estás acusando de algo, Malfoy?

-Chicos… -Greengrass intentó mediar, pero Goldstein alzó la voz.

-¿Ustedes también perdieron algo? Porque algunas de mis posesiones desaparecieron sin explicación.

-Compra nuevas cremas y deja de lloriquear –resolvió Malfoy, haciendo que el otro rubio diera un jadeo indignado. Harry no pudo evitar la tentación de inmiscuirse.

-¿Precisamente tú vas a reírte de las rutinas de belleza de otros?

-Escucha, si eso fuera un concurso es ella quien lleva la delantera –declaró, señalando a Parkinson.

-¿Te metes conmigo, pedacito de cielo? Te recordaré este momento cuando llegues a buscar una poción de alisado.

-¡¿Te atreves?! ¡No abras la caja de Pandora, Parkinson! –la chica terminó con el intercambio, enseñándole la lengua.

-Oigan, creo que deberíamos discutir las… -la idea de Padma fue interrumpida cuando la puerta principal se abrió.

-Ah, ¡qué hermosa estampa! ¡Todos mis estudiantes de octavo reunidos y pasándola bien! –exclamó el profesor Greg, mientras caminaba trabajosamente. Iba levitando algo que parecía una caja bajo una sábana-. ¿Estamos todos?

-Decididamente estamos más de los que me gustaría ver –masculló Davis.

-¡Qué gusto! Hace poco más de dos meses, algunos de mis compañeros docentes me advirtieron que mudarlos juntos sería una mala idea.

-¿Por qué no los escuchó? –dijo la Slytherin entre dientes.

-Porque uno debe defender sus ideas, señorita Davis. Recuerde eso en su vida.

-A veces es bueno dejarlas ir –discrepó Dean, para asombro de la mayoría. En esas semanas se había conformado con pasar desapercibido, apenas hablando con los cohabitantes de la torre.

-Sí, pero este no era uno de esos casos. ¡Incluso el retrato del viejo profesor Dumbledore me advirtió!

-Esperen, ¿incluso Dumbie estaba en contra? –saltó Seamus.

-Así que no pecó por ignorancia, sino por obstinación –concluyó Parkinson en un tono calculado para que él no la escuchara.

-¡Jóvenes! Bien, ahora que tengo su atención de nuevo… Los felicito por sobreponerse a sus diferencias y aprovechar la oportunidad que les fue otorgada.

-¿Quién le dice que nos seguimos odiando? –murmuró Davis, volviendo a la refriega.

-No sé, me da pena romper su ilusión –la que contestó fue Lavender, mirando con lástima al profesor.

-…en ese informe, me notificaban que hace unos días eligieron un nombre, animal ¡y colores! Me emocionó mucho escucharlo.

-Muerte para el traidor –susurró Zabini.

-Sus profesores podrían confirmarlo, he estado alardeando toda la semana. Además, no he recibido ni un reporte negativo de parte de los prefectos.

-¡Já! Olvidé por completo que teníamos prefectos –declaró Justin, quien era uno de ellos.

-¿Es una maldita broma? –la voz de Parkinson casi sonaba suplicante.

-…que era el motivo principal para esta medida. Ustedes, chicos –el profesor señaló a Malfoy y a Harry-. Estoy muy orgulloso por su madurez y compromiso –el rubio ofreció una sonrisa angelical, mientras que él se conformó con un asentimiento. No obstante, Davis rompió a reír. Poco después, algunos la secundaron-. Eh, ¿me perdí de algo?

-¿Ahora mismo o quiere el resumen anual? –la chica pareció morderse la lengua cuando comprendió que había dicho eso en un tono demasiado alto.

-¿Señorita Davis? –el pobre educador parecía desorientado.

-Es una broma, profesor Greg. En realidad, ya que ha mencionado el tema, me gustaría decir unas palabras.

-Oh, ¡me fascina la iniciativa! 15 puntos para Slytherin.

-Gracias. Draco y Harry –giró hacia uno y otro-. Todos apreciamos que hayan usado el dialogo para establecer un consenso, por su preocupación para jamás, nunca, ni una sola vez, afectarnos con sus conflictos. Sí, su actitud me ha motivado a construir relaciones armoniosas con todos. Ahora esta hermosa chica lobo es mi mejor amiga –Parkinson se escondió detrás de Zabini, parecía incapaz de mantenerse seria-. Así que muchas gracias, profesor Greg. Esta experiencia ha sido de crecimiento y aprendizaje.

-¡Qué hermosas palabras! Muchas gracias… ¿Señorita Parkinson, se encuentra bien? –la chica seguía detrás del moreno. Sonaba como que estaba tosiendo, pero Harry supuso que en realidad reía.

-Estará bien, profesor. Es muy sentimental con estas cosas –encubrió su amigo. Los Slytherins eran excelentes para burlarse de los demás en sus narices, determinó. Aunque también él tuvo que esforzarse para esconder una sonrisa.

-En fin, los mantengo en suspenso con mi presencia aquí. Ya los he felicitado, ahora va su recompensa. Me gustaría que le den la bienvenida a su nuevo compañero –con un movimiento elegante, destapó lo que tenía en el aire.

Dentro de una pequeña jaula, yacía un cachorro profundamente dormido. Al menos eso esperaba Harry, sería terrible si se hubiera asfixiado por culpa de un descuido del profesor.

-Eso es… -dijo Ron.

-¡Es un Canemursus! –exclamó Luna, que parecía maravillada.

-Ah… No, eso es una leyenda, señorita Lovegood. Este chico es un Pomerania –aclaró con una sonrisa, moviendo la varita una vez más para abrir la jaula-. Todos saben que la mejor forma de promover la responsabilidad es estando a cargo de otro ser vivo.

-O escribiendo un par de líneas. Eso también es efectivo –farfulló Davis, que se había alejado un par de pasos. No podía tenerle miedo a ese simulacro de perro, ¿verdad?

-Por ello, fui a conseguir a este pequeñín en un refugio. Tiene cinco meses y le encanta que lo carguen –informó, apretándolo un poco. El perro abrió los ojos perezosamente-. Su nombre es Rocky y será su aliado a partir de hoy. Todos se encargarán de cuidarlo. Lo harán durante dos días con su compañero de habitación y después se lo entregarán al siguiente. ¡Así nadie se perderá de esta hermosa experiencia! Harry, tú y Draco serán los primeros –antes de que pudiera procesar su asombro, tenía una tibia bolita de pelos en los brazos-. Les enviaré con los elfos su cama y la comida. ¡Buenas tardes, jóvenes!

Greg se retiró todavía más entusiasmado. Harry tenía muy poca experiencia con perros, porque prefería no contar esa vez en que fue perseguido por los Bulldogs de la tía Marge. Tal vez no fuera tan mala idea.


-¡Tienes que hacer algo con esa cosa! –ordenó Malfoy, en un tono agudo que parecía ser más irritante durante la madrugada.

-Ya probamos todo lo que se me ocurrió –murmuró, cada vez más enfadado-. Y él quiere dormir en tu cama.

-Es molesto, ruidoso y huele mal.

-¿Seguro que no estás describiéndote a ti mismo?

-No es divertido, imbécil.

Harry suspiró mientras miraba al diminuto perro. Hacía algunas horas, lo habían acomodado entre sus camas. Todo parecía ir normal, hasta que un grito espantado lo despertó. Malfoy estaba de pie frente a su cama, mirando con desagrado al perro que dormía a la cabecera. Al parecer, Rocky esperó a que estuviera dormido para subirse, quizás buscando un poco de calor. Volvieron a pasar al perro a su mini cama, pero menos de una hora después, se subió junto a Malfoy de nuevo. Harry pensó que quería algo de contacto humano, así que lo pasó a su propia cama y apagaron las luces.

Ahí estaban otra vez, con el perro que había vuelto a dormirse junto a Malfoy.

-No pienso dormir con él.

-Parece que él sí quiere dormir contigo. ¿Será cuestión de olores y eso? Algo en ti lo atrae –Malfoy se sacudió el pijama, chasqueando la lengua.

-No me importa el motivo, no lo quiero en mi cama.

-Intenta explicárselo.

-¿Acaso no has estado aquí todo el tiempo? ¡No importa lo que diga, él no entiende! –Harry rió, todavía adormilado.

-Te sigues describiendo. Ahora sabes cómo me he sentido estos ocho años.

-Esto no se trata de mí, maldita sea –renegó, resoplando.

-Sí, se trata de ti y de Rocky.

-Yo no pedí a este perro, pero acepté cuidarlo. Supuse que sería algo como pasearlo y alimentarlo, pero no pienso tolerar esto.

-Lo llevaría a mi cama de nuevo, pero presiento que pasaría lo mismo –realmente no le importaba compartir su espacio, sin embargo, parecía que el perro estaba encaprichado con ese rubio bullicioso.

-El baño.

-No, no vamos a dejar al perro en el baño. Aunque si hablamos de que tú duermas ahí, no tengo objeción alguna.

-Oh, eres más gracioso a las dos de la mañana –elogió, desbordando sarcasmo.

-¿De verdad te resulta tan molesto? Solo piensa que es un peluche.

-¿Un qué?

-Un pe… Un animal de felpa –Malfoy frunció el ceño.

-Ah, ¿te refieres a esas cosas esponjosas? Nunca tuve uno de esos. Mi madre decía que no son higiénicos.

-Oh, por Merlín. Oye, es interesante saber cómo destrozaron tu infancia, pero preferiría ir a dormir. Podemos intentar pasarlo a mi cama…

-No, ya dijiste que no funcionará –renegó, como el crío malcriado e insoportable que era-. ¿Tiene que dormir aquí? ¿No podemos dejarlo en el pasillo?

-Draco, ¿lo has visto? ¡Es muy pequeño! ¡No lo podemos dejar afuera! ¡Se sentirá solo y…!

-¡Es un jodido perro! ¡Ni se dará cuenta de lo que pasa!

-¿Y si se pone a llorar? Entonces los demás también se despertarán –argumentó, tratando de razonar con él. Algo que nunca era sencillo y al parecer se volvía imposible durante la madrugada.

-Pues lo tendrían merecido. El pulgoso nos estaría ayudando con la venganza –Harry suspiró audiblemente, harto de la situación, de Malfoy y sus reclamos.

-El perro se queda aquí.

-¡Entonces haz algo para que se baje de mi cama! –se masajeó la frente, luchando por mantener sus pensamientos lucidos.

Debía haber algo que no habían intentado. Algo que no involucrara dejar al perrito solo o que Malfoy compartiera cama con…

-De verdad que preferiría al perro.

-¿De qué hablas, idiota?

-Quieres dormir, pero no con el perro, ¿verdad? –expuso-. No tienes muchas opciones. Duermes en el piso –señaló, recibiendo una negativa inmediata cuando Malfoy miró la alfombra, escandalizado-. O… -se iba a arrepentir por la mañana. Se arrepentía desde antes de sugerirlo. Pero tenía mucho sueño y nula paciencia para tratar con Malfoy y sus lloriqueos-. O duermes conmigo.

-Te faltó una opción –señaló, luciendo más calmado de lo que esperaba tras escuchar su oferta-. Tú duermes en el suelo y yo en tu cama.

-¿Y qué tal si duermes en el pasillo? –Propuso, apretando los labios-. No voy a cederte la cama solo porque no eres capaz de dormir con un cachorrito. Tómalo o lárgate, por mí puedes ir a dormir en la sala común –Malfoy le sostuvo la mirada, altivo y grosero. Se apuntó a ello solo unos segundos, rindiéndose con un resoplido y regresando a su cama-. Haz lo que quieras, pero deja de gritar como una banshee, por favor.

-¡Ha-Harry! –Respondió con un movimiento de varita, apagando las farolas-. Muévete –escuchó que Malfoy mascullaba y se acomodó un poco más al fondo. Entonces sintió como su colchón se hundía bajo el peso del otro chico, que se posicionó de espaldas a él.

-Se dice gracias.

-Jódete.

-Si me llegas a tocar, te la corto.

-Espero que la mano –Harry rió por lo bajo, acobijándose hasta el cuello.

-Ya veremos.

-Gracias –fue un sonido muy amortiguado, como si hubiera una barrera de orgullo y estupidez delante.

-Uhm. Buenas noches.

Se tardó más de la cuenta en dormirse, considerando lo cansado que se sentía. Simplemente no era sencillo caer en la inconsciencia cuando había otro chico en su cama. Uno al que había besado esa misma tarde. Todo era parte de su estúpido pacto, de una venganza que no apoyaba completamente. Le seguía el juego con la intención de incomodarlo y burlarse de él cada vez que tuviera oportunidad, pero lo que sucedió en aquella aula fue… No sabía cómo calificarlo. Creyó que Malfoy sentiría repulsión al besarlo y ser tocado, pero había tenido un efecto totalmente inesperado. ¿Sería así cada vez que se besaran? ¿Ese idiota iba a disfrutarlo? Porque si era el caso, sus planes se iban al demonio. Sin embargo, el aborrecimiento que había experimentado en ese momento no era dirigido a Malfoy, en la soledad de sus pensamientos podía aceptarlo. Estaba asqueado de sí mismo, porque percibir la erección de otro hombre debió ser repugnante e intolerable. En cambio, solo fue… Sorpresivo, nuevo. Y eso fue lo que le asustó realmente. Que habría seguido besándolo sin importar ese detalle.

Contrario a lo que Harry pensaba, esa noche no era el único incapaz de conciliar el sueño en la torre central. A unos metros de distancia, un chico rubio pensaba sobre las frases confusas que creyó escuchar mientras estaba en el baño.

Y un poco más cerca, otro chico rubio apretujaba sus sábanas, recriminándose por ser tan irresistible hasta para un ridículo Pomerania.


Draco se sentía agradecido de haber despertado antes que el maniático de Potter. Estaba casi en la misma posición que cuando se acostó, algo efectivo para evitar tocarlo, pero con repercusiones en su cuello. Así fue como llegó al gran comedor, masajeándose la parte adolorida y maldiciendo una vez más al cachorro. Esa había sido la primera vez que compartía cama con alguien y definitivamente no era algo que quisiera repetir pronto.

-Das asco, Draco –fue la agradable bienvenida que le dio Blaise.

-Por la barba de Salazar, ¿dónde están tus modales, querido? –reprendió su amiga, mostrándose inusualmente compasiva-. Se dice: Draco, cariño, te ves como si hubieras envejecido diez años en una sola noche. ¿Olvidaste tu crema nocturna o estás agonizando? –no. Definitivamente seguía siendo la misma desconsiderada de siempre, mofándose de su desdicha.

-¿Cómo es que eso es más amable?

-Blaise, no has dejado que el chico responda. Si está a punto de morir, deberíamos ser un poco más caritativos con él.

Draco prefirió ignorarlos, comenzando a picar un omelette. Conservaba una postura más rígida de lo habitual, ya que el cuello le molestaba cuando giraba o al agachar la cabeza.

-Entonces, ¿nos dirás qué te pasó? –inquirió Blaise un rato después, cuando se cansó de burlarse de él junto a Pansy.

-Vete al diablo, no finjas que te interesa.

-Querido, qué susceptible. Toma, pon un poco de azúcar en ese café –indicó la chica, poniendo frente a él un cuenco con azúcar.

-No, gracias.

-Tal vez no lo parezca, pero sabes que nos preocupamos por ti –añadió, suavizando el tono.

-¿Nos preocupamos por él?

-Sí, Blaise.

-De acuerdo, nos preocupamos por ti –estableció, con una sonrisa estúpida. Al notar que no respondía, chocó el hombro con él, animándolo a hablar.

-No dormí bien.

-¡Oh! ¿Algo picante que quieras contar? –Pansy se inclinó hacia adelante y eso derramó su cuota de paciencia.

-¿Picante? Claro, si consideras picante tener a un cachorro molesto que no deja de subirse a tu cama, ser despertado una y otra vez durante la noche para terminar durmiendo con… -se acalló abruptamente cuando notó múltiples miradas sobre él-. Qué demonios. No dormí bien, déjalo ahí. Los veo más tarde –se despidió sin darles opción a replica. Hasta ese momento, jamás había usado la cocina de la torre central, pero si eso lo salvaba de la molesta presencia de sus amigos, bien podría hallarle el gusto.

Mientras tanto, Pansy y Blaise permanecieron en silencio, compartiendo una mirada conspiradora.

-Es alérgico a los perros, ¿verdad? –arrojó el chico, dando precisamente con lo que ella estaba pensando.

-Lo tiene controlado, pero prefiere mantener las distancias.

-Entonces es seguro que no durmió con el perro –siguió rumiando, enfrentándola con una ceja alzada.

-Al menos no con el Pomerania –coincidió, ofreciendo una encantadora sonrisa que bien podría ser la misma de alguna diosa desalmada antes de desatar el caos-. Sin embargo, me cuesta creer que él y Potter…

-¿Eso crees? Yo siempre pensé que es exactamente su tipo –Pansy se mostró sorprendida, saltándose las normas de etiqueta y poniendo ambos codos en la mesa para inclinarse más cerca.

-¡Blaise! Ahora que lo dices... Siempre sale con chicos así, ¿no? Un poco más musculosos, cabello oscuro y con cara de idiota. Pero incluso si fuera por él, ¿de verdad piensas que Potter le correspondería?

-Quizás ese es el problema –ella alzó las cejas, demandando que explicara ese argumento-. Tal vez por eso estaba de mal humor. Imagina dormir junto a alguien que te atrae y que no intente nada. Eso enfurece a cualquiera.

-Ay, mi panecillo de caramelo. Pareciera que no conoces a nuestra criatura –empleaba un tono maternal bastante convincente-. Si Draco estuviera interesado en él, Potter no tendría opción.

-Pansy, es muy estúpido lo que estamos discutiendo. Se han odiado desde siempre. Que pase algo entre ellos es imposible –se encogió de hombros, emitiendo un sonido inconcluso.

-Precisamente porque se han odiado. Si estuvieran juntos sería algo muy morboso –reconoció, con una sonrisa. En contraste con su declaración, parecía un tanto avergonzada.

-¿Quieres apostar?

-No, querido. No pondré mis galeones en riesgo por ese par de necios volubles –rechazó, retomando su postura elegante y dejando atrás el tema.

Al menos por el momento, porque ambos sabían que el otro no dejaría pasar esa sospecha.


Draco puso una palma contra la pared frente a él y se tragó la frustración.

-Soy de Sahegoro, la casa del blanco y el negro, hogar del hurón –odiaba esa maldita contraseña. Era mucho mejor cuando bastaba con su palma.

Cruzó la abertura con prisa, pensando en que trataría muy mal a quien tuviera la audacia de cruzarse en su camino, pero la sala estaba vacía. Fue hacia la puerta de la izquierda, a la habitación que fungía como cocina/comedor y en la que había estado muy pocas veces. Su incipiente sensación de paz se vio resquebrajada cuando se encontró a alguien más en la cocina.

-¿Qué demonios haces aquí?

-Qué malas pulgas, Draco. ¿Podrías ahorrarme tu mal humor hasta después del desayuno? –se quedó de pie cerca de la puerta, viendo como Potter ponía algunos ingredientes en la barra.

-¿Por qué no fuiste al gran comedor?

-Nunca voy los sábados en la mañana –informó-. Además, me quedé cuidándolo a él. Es nuestra responsabilidad, ¿recuerdas? –miró a la derecha, donde el tipo había señalado. El Pomerania estaba sobre la mesa del comedor, bebiendo leche de un cuenco tan ridículamente pequeño como él.

-¿Crees que es buena idea tenerlo ahí?

-Considerando que tengo un trato contigo, no es la peor idea que he tenido en estas semanas –Draco emitió una pausada risa sarcástica-. ¿Qué haces tú aquí?

-Ya que dormí muy incómodo y mis amigos estaban siendo especialmente idiotas, creí que podría comer algo aquí.

-Al menos dormiste en una cama –resopló, pensando en sus opciones restantes dada la cansina presencia de Potter-. ¿Quieres un sándwich? –quería tirarle una bludger en su estúpida cara, dormir unas buenas 12 horas y despertar sin dolor de cuello. No obstante, también tenía hambre.

-Quiero dos –demandó, avanzando hacia la isla y sentándose como un cliente exigente.

-Bien –Potter siguió en lo suyo y él se distrajo mirando al cachorro. Cuando terminó de beber su leche, se quedó sentado lamiéndose los bigotes-. Deja de verlo así, él no tiene la culpa de que seas un histérico que no puede dormir con un perro.

-No soy histérico –contradijo, hablando entre dientes.

-Toma, come algo y trata de controlar esa aura oscura que te rodea –pidió, entregándole un plato con dos emparedados.

-¿Aura oscura?

-Sí, como de demente fastidioso que quiere amargarle la vida a los demás. Relájate un poco. No es necesario que estés tan a la defensiva todo el tiempo –Potter no lo miró al decir eso, ocupado en guardar los ingredientes.

Odiaba admitirlo, pero sí estaba a la defensiva. Seguía recriminándose por lo ocurrido durante su "ensayo" la tarde anterior. Había sido su error dejarse llevar. Desde que acordaran su tregua, creyó que no habría inconveniente porque Potter no le atraía. Así fue durante los primeros besos, pero cuando lo cargó y estuvo contra la pared… Había sido muy diferente. Y antes de darse cuenta, todo su cuerpo había respondido. Incluso aquellas partes que hicieron que el maldito lo contemplara con repulsión. Desde entonces estaba molesto. No por el rechazo, sino por su reacción. Tenía que recordar su objetivo, su venganza. No importaba si ese cabrón besaba bien o lo tocaba sin escrúpulos, él tenía que mantenerse sereno y controlarse a sí mismo. No permitiría que volviera a verlo como si fuera un depravado.

-Debo reconocer que no están tan asquerosos como esperaba –dijo unos minutos después, cuando pescó a Potter mirándolo de reojo.

-¿Acaso a los Slytherin se les cae la lengua si dicen un cumplido?

-¿Los? ¿Por qué el plural?

-Uhm, verás, no eres el primer Slytherin para el que preparo un sándwich –reveló, limpiándose la boca con una servilleta de tela.

-¿No? ¿Entonces quién fue?

-¿Por qué no intentas adivinar? –propuso con una sonrisa presuntuosa. Significaba que no lo creía capaz de hacerlo.

-Veamos, Pansy no come sándwiches porque está a dieta y es incapaz de decirle "no" a la mayonesa. Blaise no comería algo preparado por ti –Potter sonrió, bebiendo un poco más de su jugo-. Daphne jamás te pediría uno, porque seguramente diría que puede hacerlo mejor. Eso nos deja a Nott o Davis.

-Qué bien los conoces.

-¿Cuándo le hiciste un sándwich a Nott? –cuestionó, decidiendo que el calmado y silencioso chico era la opción más factible.

-¡Ah! Lo habías hecho muy bien.

-¿Qué? ¿Estás diciendo que…? –Potter asintió, con una sonrisa de imbécil engreído-. ¿Davis aceptó uno de tus sándwiches?

-Más de uno, en realidad. Empezó como… Hace unas tres semanas. Creo que se durmió y me encontró aquí. Fue mucho más dulce que tú, ordenándome que le preparara algo y advirtiéndome que me haría tragar su zapato si le daba náuseas –Draco se echó a reír. Ah, esa era la chica antipática que él tanto estimaba-. Lo ha convertido en una especie de rutina. Se fue de aquí unos diez minutos antes de que llegaras.

-¿Diez minutos? ¿Por qué seguías preparando tu sándwich?

-Oh, ese ya era el tercero.

-Joder, comes como un… -evitó el insulto. Sería su forma de agradecer por haber sido alimentado. Que Potter no esperara más.

-Ya que estás aquí, deberíamos ir a pasear a Rocky.

-No quiero ir a pasear al maldito perro. Por su culpa me duele el cuello –Potter observaba al animal con una expresión de idiota conmovido.

-¿Qué pasa con tu cuello? –preguntó, mirando fugazmente sobre su hombro.

-Seguro fue por dormir en tu cama –acusó, considerándolo dos segundos antes de quitarle el jugo y tomárselo.

-Sí, puedes beber –autorizó, con un exagerado movimiento de invitación-. ¿Qué más da un beso indirecto cuando ya has tenido mi lengua en tu garganta? –Draco se atragantó con el jugo, algo que provocó un ataque de risa en el cabrón desconsiderado-. Ya, ya. No te mueras de forma tan indigna –quizás pretendía tranquilizarlo, acompañando esas perezosas palabras con unas palmadas en su espalda-. Te ayudaré con esto –se preguntó qué diablos pasaba con Potter esa mañana, en especial cuando se levantó para pararse detrás de él y empezar a masajear su cuello. Las manos que lo tocaban no se sentían tan rudas como había esperado, presionando en los puntos justos para atenuar el dolor.

-Harry…

-Draco –respondió, acercándose bastante a su oreja-. Alguien entró hace un par de minutos.

-¿Seguro? –sacó su varita y frente a sí invocó un silencioso Homenum revelio. Un 3 brilló frente a él durante algunos segundos. Ese encantamiento no tomaba en consideración a los animales, así que Potter tenía razón-. Qué interesante –murmuró, relajándose un poco y apoyándose más en él. Era su oportunidad para sembrar más dudas en sus compañeros.

-Entonces, ¿me acompañarás a pasear a Rocky? –insistió el chico, volviendo a hablar a un volumen normal.

-Uhhm, depende. ¿Me darás otro masaje por la noche? –negoció, modulando su voz para sonar como si hablara de otra cosa.

-¿No estás siendo un poco codicioso? A pesar de que te preparé el desayuno y te di mi jugo.

-Y estaba delicioso –halagó despacio, girando un poco el cuello. Potter era tosco para muchas cosas, pero su masaje lo había ayudado considerablemente. Pareció entender su mensaje sin necesidad de palabras, acercándose para darle un rápido beso. Después retrocedió, mirando hacia atrás como si realmente temiera haber sido descubierto. Draco agachó la cabeza, riendo-. Vamos, llevemos al jodido perro. Pero no me culpes si corre más de la cuenta y se lo come un thestral.

-Sí, creo que podemos ser más cuidadosos que eso –apuntó, yendo por el Pomerania y llevándolo en brazos.

Salieron de allí en silencio, algo propicio para escuchar cómo alguien se metía con sigilo a la mini biblioteca del lado derecho. Su día acababa de mejorar considerablemente.


-¡Chicas! No van a creerlo, acabo de ver a Malfoy y Potter paseando un perro –exclamó Parvati, que acababa de reunirse con Hannah, Susan y Padma.

-¿De qué hablas? Es Rocky, el Pomerania que nos entregó el profesor Greg –dijo su hermana, como si ella debiera saberlo.

-¿Cómo? ¿Cuándo pasó eso?

-Ayer, cuando nos convocó –también Susan parecía estar al tanto.

-¡Nadie me avisó!

-¿No estabas ahí? –Padma parecía auténticamente sorprendida.

-No, no estaba –refunfuñó, dejándose caer con amargura. Eso era el colmo. La habían ignorado cuando hicieron la segunda reunión para debatir sobre Malfoy y Potter, pero ahora resultaba que hasta el profesor Greg se olvidaba de ella. Era humillante.

-Lo sentimos. Intentaré fijarme que estés presente la próxima vez –ofreció Hannah, con matiz conciliador.

-Hey, Lavender. ¿Puedes creer que Parvati no sabía que…? –la castaña agitó una mano, callando a Susan. Parecía que había estado corriendo.

-No van a creerlo –las Hufflepuffs se miraron entre ellas, reviviendo la llegada de Parvati.

-Si es sobre Malfoy y Potter paseando al perro, Parvati ya nos dijo.

-No, ¡es sobre Malfoy y Potter durmiendo juntos!

-Disculpa, pero hay muy pocas probabilidades de que una afirmación tan escandalosa sea verdad –negó Padma, expresándose de esa manera que solía marear a sus amigas.

-¡Es verdad! ¡Los escuché hablando en la cocina! Malfoy dijo que habían dormido juntos, estoy segura. Me quedé escuchándolos y… No dijeron mucho, pero estaban muy cercanos. Harry le masajeaba el cuello y la forma en que Malfoy hablaba –Lavender parecía muy emocionada a medida que relataba su hallazgo, gozando de la atención de su audiencia-. Traté de observarlos sin que me vieran y… ¡Se besaron! Bueno, Harry me tapaba un poco la vista, ¡pero les juro que se estaban besando! Y lo peor, ¡Malfoy estaba sonriendo después del beso! Luego, como si nada hubiera pasado, se fueron juntos a pasear al perro.

Lavender escaneó a sus amigas, complacida por la mirada de estupefacción de Parvati y la boca entreabierta de Padma. Sin embargo…

-¿Por qué ustedes no parecen sorprendidas? –increpó a Susan y Hannah, que solo se veían entre ellas como si estuvieran escondiendo algo.

-Es que… Ya lo sabíamos –confesó Susan, consiguiendo que sus amigas demandaran explicaciones.


No sabía cómo había terminado así. Aunque reconocía cierta culpabilidad. Quizás debió ser un poco más claro sobre que su invitación tenía vigencia de una noche; pero es que jamás se le habría ocurrido que Malfoy volvería a meterse en su cama.

Como era usual, después de leer un poco se había ido a dormir, mientras el rubio seguía estudiando en su escritorio. No sabía cuánto había dormido, pero sí que se despertó cuando sintió la presencia de alguien más a su lado. Malfoy no había pronunciado palabra, tal vez porque creía que estaba dormido. O tal vez porque no quería decir nada al respecto. Como fuera, la situación era la misma.

-Estás en mi cama –apuntó, su voz sonando un poco ronca por el rato que estuvo dormido.

-Qué perspicaz.

-¿Qué haces en mi cama? –reformó, cansado del tono de Malfoy. Si alguien tenía derecho a sentirse molesto era él.

-El jodido Pomerania está en la mía.

-Que no se vuelva una costumbre –advirtió, demasiado cansado como para discutir. Se arrellanó en su espacio, tratando de evitar cualquier contacto.

-No tienes tanta suerte –replicó, retrocediendo un poco, como si hubiera notado que intentaba alejarse de él y, como el engendro insufrible que era, imponiéndole su presencia.

-¿Qué pasa? ¿Buscas algo de calor? –mofó, tratando de avergonzarlo.

-No, solo intento no caerme de tu maldita cama.

-No tendrías ese problema si dejaras de ser tan maniático y durmieras con el pobre perro.

Malfoy masculló algo que sonó como "soy abregico a los pedos".

-¿Qué? –cuestionó, girando un poco la cabeza para escuchar mejor.

-Que soy alérgico a los perros –repitió, cortante.

-Sí, eso tiene más sentido –murmuró-. En algún momento dijiste que eras alérgico a mí.

-No dije eso. Mis palabras fueron: "me das urticaria" –al menos lo reconocía, pensó un tanto divertido.

-Claro, eso es muy diferente.

-Oye, Potty.

-Te habías estado mordiendo la lengua para no llamarme así, ¿verdad? –Malfoy se echó a reír, provocando que hasta él sonriera.

-Muchas veces al día –admitió.

-¿Qué ibas a decir?

-¿No extrañas pelear conmigo? –Harry se acostó sobre su espalda, pegándose un poco más a la pared para dejarle espacio.

-Creo que siempre te juzgué mal –dijo, tras un momento de silencio mientras asimilaba la pregunta-. Pensé que te esforzabas por actuar como un demente, pero parece que simplemente eres así.

Malfoy también se movió, acostándose en la misma posición, por lo que sus brazos se tocaban. Sin embargo, no le dio tiempo de hablar.

-No, no extraño pelear contigo –confesó.

-Pero discutíamos todo el tiempo… Por todo.

-¿Y quién lo empezó?

-Tú –volteó el rostro, pero no podía ver nada en la oscuridad. Si todo eso era una broma, Malfoy era más retorcido de lo que suponía.

-¿Yo?

-Sí, tú con tus aires de superioridad moral –Harry negó un par de veces.

-¿Me estás jodiendo, verdad? Fuiste tú quien desde el principio se portó como un cretino, menospreciando e insultando a todos los que creías inferiores a ti.

-Claro, ahora pretendes que crea que sin eso podríamos haber sido amigos –por sus caracteres y las vidas tan diferentes que habían llevado, no podía imaginar una realidad en que él y Malfoy fueran amigos. No obstante, lo que respondió fue:

-Algo es seguro… Ahora ya nunca lo sabremos.

-Siempre odié que fueras tan sencillo –dijo el rubio, hablando mucho más bajo, cuando empezaba a pensar que la conversación había terminado-. No tenías nada de especial pero todos parecían creer lo contrario.

-¿Buscas pelear conmigo?

-No, estoy siendo honesto –le costaba admitirlo, pero le creía. Nada en su forma de hablar sonaba provocador, sino reflexivo.

-¿Y si también te digo mis motivos no vas a saltar como un hurón rabioso? –se animó a preguntar, también suavizando su voz.

-Desde mi posición, me caería si intentara saltar.

Harry lo pensó un poco, considerando la conveniencia de seguir hablando de eso. Aunque en cierta forma, sentía que necesitaba aclararle ese punto. Que Malfoy comprendiera porqué siempre respondió a sus ataques y estuvo predispuesto ante él. Dudaba tener otra oportunidad como esa.

-No tenías respeto por los demás. Para ti, una persona valía solo si tenía dinero o un buen apellido –resumió, esperando en vilo por al menos un minuto. Entonces su compañero volvió a hablar, sin que se adivinara resentimiento o enfado en su voz.

-Llevas ocho años pensando eso, ¿eh? –dijo sin más, dándole la espalda de nuevo.

-¿Me dirás que he estado equivocado? Porque en todos estos años, lo único que te he escuchado decir son palabras despectivas junto a acciones egoístas.

-Supongo que tienes razón.

-¿Me estás dando…? –inquirió, sobrecogido. Era lo último que esperaba después de lo que había dicho. Un insulto, que se levantara furioso o incluso un golpe; pero no que lo aceptase tan tranquilo.

-Pero que no se te olvide que te saludé en aquella tienda sin saber quién eras –afirmó contundente, dando por terminada su conversación.

Harry solo pudo preguntarse una cosa antes de dormir y durante los días venideros.

¿Qué carajos significaba eso?


Notas finales: desde que empecé a planear este fic, Rocky estaba en él, aunque no quise introducirlo de inmediato. No tiene mucha importancia, pero su nombre hace referencia a la película de ese nombre, aunque en forma de broma por lo pequeño que es. Este capítulo tiene una de mis escenas favoritas y es cuando duermen juntos por primera vez. Porque no es nada romántico o erótico, sino que muy incómodo, jaja. Espero que hayan disfrutado el capítulo, nos leemos la próxima semana.

En el capítulo 7: rumores y secretos de la torre central.

Allyselle