Disclaimer: Harry, Draco y compañía son propiedad de JK y sus socios. Yo sólo comparto mis historias por amor a la pareja y al fandom.

Notas de la autora: hace poco rescaté una vieja playlist y hubo una canción que me hizo reír porque imaginé a Draco cantándola pensando en Harry. Sí, por mi mente pasan cosas raras, jaja. La canción era "Goma de mascar" de Paty Cantú. Si la conocen sabrán el porqué de esa conexión. Después de esa rara anécdota, gracias por estar aquí una semana más, en la que les puedo presentar uno de mis capítulos favoritos. Dedicado a Lys, ya que no pude contestar tu review, pero que sepas que lo leí. Agradezco de corazón tus deseos. Ánimos, me alegra poder distraerte aunque sea un par de minutos. Un abrazo enorme.


Capítulo 7. Rumores y secretos de la torre central

Los días pasaron y ellos continuaron con sus "juegos de miradas", algo que ya hacía desconfiar a muchos de sus compañeros. Algunas de las chicas los observaban todo el tiempo, atentas al más ligero gesto fuera de lo normal. Malfoy se había mostrado inusualmente paciente, diciendo que aguardaran para anunciar su romance hasta que fuera inevitable. Así era como lo llevaban, con charlas cortas para sembrar la duda y empleando a diario el lenguaje no verbal. Como cuando descansaba con sus amigos en la sala común y el grupito de Malfoy estaba al otro lado. Entonces, se veían directamente a los ojos. El rubio apartaba la mirada como si estuviera avergonzado y él volvería a ver su libro, sonriendo un poco.

-Harry…

-¿Qué pasa, Hermione?

-He notado que… -titubeó, dándole un vistazo a Ron. Su amigo estaba a media partida de ajedrez contra Nott, que pese a ser bastante reservado era muy bueno en ese juego-. Últimamente me pides muchos libros de amor, me pareció interesante.

-Eh… Tienes un excelente gusto literario –elogió, tratando de distraerla.

Tenía dos motivos para pedirle esos libros: primero, realmente disfrutaba muchas de esas historias. Y segundo, le ayudaba a tener ideas para la siguiente parte de su venganza. Debió prever que eso suscitaría sospechas en su amiga. A esas alturas, hasta ella debía haber escuchado los rumores. Aunque suponía que no lo iba a confrontar directamente, esperando que fuera él quien le confiara sus secretos.

-Gracias. Sabes, ya has leído la mayoría de los que tengo. Si quieres, podría prestarte algunas novelas gráficas. Creo que te gustarían –sugirió, sonriendo sutilmente.

-Muchas gracias, siempre es bueno tener algo que leer –Hermione asintió, mordiéndose el labio, pero pareció desistir de agregar algo más.

-Ya no te distraigo, que disfrutes tu lectura –respondió con un asentimiento, observando a Malfoy una vez más antes de volver al texto.


Draco bostezó, desistiendo de la lista estúpida que había estado leyendo. Después de su última junta con Potter, determinaron que era necesario conocer ciertos detalles sobre el otro. Por lo tanto, cada uno había hecho un listado de sus actividades, comidas y demás cosas favoritas. También algunas historias importantes de sus vidas. El pergamino que recibió de Potter era muy simplón. "Color favorito: rojo", "Postre favorito: tarta de melaza", "Actividad favorita: leer y practicar quidditch". Todas eran cosas que ya sabía sobre él.

La risa boba de su amigo captó su atención. Era su turno de cuidar al ridículo perro y parecía estarlo disfrutando, el maldito traidor.

-Mira, le estoy enseñando a traer una bola.

-¡Qué monada! –Pansy aplaudió, haciendo un mohín enternecido-. Es difícil para él por su trompita tan chiquita –su molestia solo creció por el tono chillón en que hablaba. El perro corrió hacia ella, saltando en su regazo-. ¿Quién es una cosita hermosa? –el malcriado can ladró, tratando de lamerle la cara. Era extraño ver a Pansy comportarse de esa forma, sin que le importaran los pelos en su túnica. Aunque tampoco era tan sorprendente, sabiendo que le gustaba todo lo que considerara "lindo".

-Yo soy una cosita hermosa –dijo Blaise, alzando el mentón.

-No, Rocky lo es –Draco prefirió ignorarlos, mirando el estante frente a él.

Se habían juntado a estudiar en la mini biblioteca, pero era poco lo que habían avanzado. Pansy había estado parloteando sobre la extraña actitud de Theo, que seguía sin acercarse a ellos o a algún otro ser humano. También tuvo tiempo para burlarse de Davis y su temor injustificado a los perros, incluso con una criatura tan pequeña como Rocky. Entonces Blaise había empezado a quejarse sobre los hábitos de Finnigan y la discusión que tuvieron sobre lo que le daba de comer a Rocky cuando lo descubrió alimentándolo con nachos y chucherías.

-¿Te preocupa algo, pastelito? Has estado muy callado –habló Pansy, mirándolo mientras aún apretujaba al perro.

-No nos molesta, sabes. Es bueno descansar de tus berrinches, pero es inaudito. Creo que no te he escuchado quejarte de Potter en las últimas semanas. Al menos no desde su pelea –continuó. Draco se esforzó para mantener la expresión en blanco. Tardaron, pero como suponía, se habían unido para interrogarlo sobre Potter.

-Simplemente no tengo nada qué decir.

-Extraordinario. ¿Acaso llegaron a algún tipo de acuerdo? –insistió Pansy, que era buena en muchas cosas menos en darse por vencida.

-Se puede decir así.

-Pansy, linda. No sé qué hacemos preguntando a medias.

-Oh, tienes razón. Draco… -se giró hacia ella, pero un revoloteo la distrajo. Un trozo de pergamino acababa de llegar volando y se quedó flotando frente a ellos.

-"Miembros de la torre central, se les convoca a una junta de emergencia en nuestra sala común. Acudan en cuanto reciban esta nota" –leyó Blaise, enarcando ambas cejas-. ¿Desde cuándo tenemos juntas de emergencia?

-No está firmado –añadió Pansy, asomándose sobre su hombro para leer.

-¿Vamos? –ella asintió, sin devolverle al perro.

Draco se encogió, desinteresado. Viniendo de sus compañeros, una "junta de emergencia" podría ser para tratar cualquier tontería. Aunque si decían que querían crear un escudo para su maldita casa de Sahegoro los hechizaría por ñoños.

Se sorprendió al atravesar la puerta y encontrar reunidos a la mayoría de ellos. No quedaban asientos libres, notó con fastidio. Potter y sus compinches ya estaban ahí, ocupando el sillón cerca de la chimenea. Pensó en lo pasmados que se quedarían todos si iba a sentarse en sus piernas. Sonrió, apartando la mirada. Todavía no era su momento, pero se aproximaba. Se regocijaba con la expectativa, en especial al percatarse de las miradas inquietas y precavidas que recibían a toda hora.

Un rato después, el lugar estaba lleno de toda la colección de imbéciles que habitaban la torre central. Entonces, para desconcierto de la mayoría, Thomas y Goldstein se apostaron cerca de la entrada.

-Muchas gracias por venir, chicos. Mi compañero y yo tuvimos la idea de convocar a esta reunión –inició Goldstein-. El único propósito es tratar una problemática que ha afectado a muchos de los presentes –Draco intercambió una mirada con Potter. Era imposible que se refirieran a ellos. Si los había juzgado bien, no los enfrentarían de esa forma cuando su "amorío" saliera a la luz.

-Desde hace algunas semanas, diferentes objetos personales han estado desapareciendo –expuso Thomas, sonando determinado-. Hemos conversado con algunos de ustedes que han experimentado algo similar. Por ejemplo, Neville perdió sus apuntes de encantamientos. Seamus su colección de revistas de quidditch, Nott un par de libros, Anthony sus artículos de cuidado personal y yo una fotografía original autografiada por la selección inglesa de quidditch –Draco lo observó, impresionado. Ahora comprendía porqué actuaba con tanta resolución. Las demás eran cosas fácilmente reemplazables, pero lo suyo era muy valioso-. Incluso las chicas, Lavender fue incapaz de encontrar sus cartas de tarot y Parvati su perfume.

-Exacto, esas son las "desapariciones" de las que nos hemos enterado. Antes de proseguir, de los que no hemos mencionado, ¿alguien extravió otra cosa?

-Sucedió cuando nos acabábamos de mudar –el que habló fue McMillan, con su irritante expresión honorable-. Desapareció un broche familiar. Pensé que mi compañero lo había tirado por accidente, hasta que se percató que él también había perdido unas estampillas originales –muchos voltearon hacia Weasley, que asintió.

-Chicos… Yo también perdí unos pendientes –declaró Abbott, que solía abstenerse de participar.

-A Granger y a mí nos hurtaron algunos libros –añadió Daphne.

-Ah, si hablamos de libros, también se llevaron uno mío. En realidad era de Draco –comentó Pansy, haciéndolo resoplar-. Pero desapareció cuando yo lo tenía. Y junto a él una pluma por la que pagué mucho en el callejón Diagon.

Aprovechó el silencio siguiente para hablar.

-Oye, ¿tú no te estabas quejando porque no encontrabas una bufanda? –preguntó hacia Potter, que reaccionó a su voz.

-Ah, cierto. Fue hace unos tres días –algunos de sus compañeros intercambiaron miradas de entendimiento.

-Si no falta nadie más, somos quince los afectados –retomó Goldstein-. Es preocupante, compañeros.

-¡Hey! ¡Creo que yo perdí mi insignia de prefecto! –saltó Fletchley, haciendo alarde de su lenta capacidad de razonamiento.

-¿Seguro que no olvidaste donde la pusiste? –increpó su compañero, Corner. Incluso Draco estaba pensando eso.

-No, siempre la dejaba puesta en mi túnica. Los elfos la devolvían brillante.

-¡Eso! ¿No podrían ser los elfos los culpables? –sugirió Corner.

Al unísono, todos se giraron hacia Granger.

-Eso es imposible, Michael –negó de inmediato, más tranquila de lo que esperaban-. Los elfos domésticos jamás hurtarían las posesiones de un mago. Aun si hubiera alguno rebelde, sus congéneres lo acusarían. Ellos son capaces de cortarse las manos antes de robar algo.

-Apoyo a Granger –opinó Daphne. Nadie se mostró sorprendido, ya que la amistad entre esas dos era algo de lo que todos estaban conscientes-. Los elfos domésticos son criaturas leales y trabajadoras. No se involucrarían en actos maliciosos.

-Comprenden lo que están diciendo, ¿verdad? –derivó Blaise, empleando el tono grave propicio para imponerse y sonar distinguido-. Significa que el malhechor está entre nosotros.

Obtuvo el efecto deseado, provocando que los jóvenes se observaran entre ellos. Aquellos que habían tenido incidentes miraron sobre el hombro a los que consideraban sospechosos. Granger se aclaró la garganta, incorporándose y uniéndose a los chicos al frente.

-Acusándonos unos a otros no se resolverá nada. Propongo que demos un plazo de 48 horas para que el culpable devuelva las posesiones. No es necesario que se exponga, nos basta con recuperar nuestras pertenencias –como predecía, Davis se echó a reír.

-Qué altruista, Granger. Así que alguien puede robar por semanas y salir impune. Excelente mensaje –evaluó a todos en la sala, alzando el mentón con arrogancia-. No estoy de acuerdo. Aún no he perdido nada, pero podría ser la siguiente. Y demonios que me gustaría saber quién es el que tiene por costumbre apoderarse de lo ajeno.

-Trace tiene razón –apoyó Lavender, asombrando a los Slytherin por la forma en que llamó a Davis y que siguiera viva después de ello-. No creo que sea necesario involucrar a los profesores, pero los afectados y las posibles víctimas tenemos derecho a saberlo.

-¡Vamos a hacer dos votaciones! –Lovegood aplaudió en su sitio, capturando la atención de todos. Y algunas miradas condescendientes.

-¿Luna? –murmuró Granger.

-Primero, ¿quiénes están de acuerdo con que se revele la identidad del culpable? –Draco alzó la mano de inmediato, junto con los demás Slytherin y casi todos sus compañeros.

-19 votos a favor –contó Lovegood. Sólo Granger, Fletchley y una de las gemelas se abstuvieron de votar-. Entonces lo haremos.

-¿Cuál es la segunda votación? –se interesó Potter, mirando con aprecio a la lunática.

-Hace unos días, cuando los chicos me preguntaron sobre cosas perdidas, pensé que algo así podía suceder. Investigué y encontré un hechizo que marcará a aquellos que estén guardando un terrible secreto. No es un hechizo perfecto, pero podría ayudar a reducir las sospechas.

-¿Por qué no convocan con un accio las cosas perdidas? –sugirió el imbécil de Fletchley, que seguía tan despreocupado como siempre.

-Oh, vaya. Jamás lo habríamos pensado por nuestra cuenta. Gracias por iluminarnos con tu apabullante sabiduría –dijo sin piedad, con tono agrio.

-No es posible, Justin –explicó con paciencia una de sus compañeras Hufflepuff-. Donde sea que se encuentren las cosas, deben estar bajo llave. Nadie ha tenido éxito convocando sus pertenencias.

-¿Qué clase de hechizo es, Luna? –cuestionó Granger, finalizando con esa innecesaria participación.

-Solo evaluará a los presentes y brillará un símbolo sobre aquellos que guarden algún secreto.

-No creo que sea muy útil, todos debemos tener secretos –apuntó Daphne, sabiamente.

-Creo que no perdemos nada con probar –discrepó Davis, que siempre respaldaría aquello que incordiase a los demás.

-¿Quiénes están de acuerdo? –Lovegood volvió a recorrer la estancia con esa desconcertante apariencia siempre serena. Las manos tardaron más en alzarse, hasta Draco dudó. Eso de quedar en evidencia frente a los demás no resultaba nada agradable. Sin embargo, cuando el conteo finalizó…-. 14 votos. Eso es mayoría –en efecto, los perjudicados estaban muy molestos.

-Ay, chicos –masculló Granger-. Adelante. Supongo que puede ayudar.

-Revelio secretiora –pronunció la Ravenclaw, con un grácil movimiento. Draco dejó de contener el aliento. Ni él ni Potter habían sido señalados.

Pero sí diez de sus compañeros. Incluidos sus dos mejores amigos.


Harry se giró hacia Ron, atónito por el símbolo escarlata que brillaba sobre la cabeza de su amigo.

-¡Lunática! ¡¿Tú tienes algo que esconder?! –chilló Davis, cuya cabeza no estaba libre de acusación.

-Uhm, no me sorprende. Puedo decirlo, porque en cuanto lo haga esto desaparecerá –accedió sin preocupación. Harry la contempló anonadado-. Creo saber por qué está ahí y no es nada malo ni que me avergüence admitir. Estoy enamorada de una persona y no he tenido el valor de decírselo –declaró sin tapujos. Muchos la miraron con ojos agrandados. Hermione llevó una mano a su pecho y Harry la contempló con cariño. Tal como había advertido, su símbolo se desvaneció.

-Así que desaparece al revelar el secreto. Qué oportuno –masculló Davis-. Yo no soy una ladrona. Ustedes idiotas, les enviaré mierda de dragón si se les ocurre burlarse de mí –amenazó a sus colegas Slytherin. Entonces enfrentó a los demás, con expresión desafiante-. Me agradan… Las gemelas y la chica lobo –todavía no superaban la revelación de Luna y eso fue simplemente imprevisible.

-¡Oh! ¡También te queremos, Trace! –chilló Parvati, abrazando a la malhumorada chica cuyo signo acusatorio también se había ido.

-Seguiré su ejemplo, chicas. Tomaré esto con madurez. Entiendo que esto me marca porque es algo que no he dicho a nadie –dijo Greengrass, cuadrando los hombros con elegancia-. Soy escritora.

-Ese no era un secreto oscuro –comentó Hermione, viendo como la marca de la chica también desaparecía.

-Lo es si te dijera lo que escribo.

-¡Ahora estoy intrigada!

-¿Cómo es posible que nosotras tengamos más cojones que ustedes, chicos? –increpó Davis, desviando la mirada con fastidio.

-Tampoco tengo nada que esconder –expresó Zabini, cruzándose de brazos. Malfoy lo miraba con burla mal disimulada-. Como dijo Lovegood, también estoy enamorado de alguien y no se lo he dicho.

-¡Oh, esto vale muchos galeones! –Davis rió, entusiasmada. Zabini también quedó libre de sospecha, impactando a muchos.

-Esto… Es algo estúpido –el siguiente en hablar fue Neville, que parecía un poco avergonzado-. También es algo que no he dicho nadie, aunque no sé bien porqué –sonrió con disculpa-. Me gusta cocinar. Desde hace algunos años me entreno con los elfos –su marca desapareció, para el desconcierto de todos.

-Eso es genial, Neville –animó Hermione.

-Aunque es un poco egoísta. Podrías traernos un postre de vez en cuando –añadió Davis, siendo inusualmente generosa al no burlarse de él.

-Espera, ¿tú habías hecho esas galletas que tomé hace unas semanas?

-¡¿Tú las robaste?! ¡Trabajé muy duro en ellas, Ron!

-Ah, ¡pero estaban deliciosas! –el símbolo de su amigo también desapareció y Harry tuvo que resistir para no darse una palmada en el rostro. Davis resopló, exasperada.

-¿Ese era tu maldito secreto, Weasley? Todos sabemos que engulles lo que encuentras a tu paso, por Merlín.

-Recapitulando, eso nos deja a Parkinson, Abbott, Corner y Nott – comunicó Goldstein.

-Dos Slytherins, un Ravenclaw y una Hufflepuff. Esto es inesperado -expresó Lavender.

-No le he dicho a nadie porque no es de su interés –el primero en defenderse fue Nott, cuyo rostro estaba muy colorado-. En realidad… Me gusta la cultura muggle. Leo muchas historietas.

-Eso no está nada mal, a mí también me gustan los cómics –aportó Harry, compadeciéndose de él. Dean asintió con vigor.

-Sí, hombre. Cuando quieras te presto algunos de los míos –Nott les sonrió con inseguridad, saliendo de la lista de sospechosos.

-¿Pansy?

-Vete al diablo, Greengrass. No tengo por qué revelarles mis secretos.

-Te estás hundiendo, linda –Davis usó el conocido tono dulzón de Parkinson, haciéndola inhalar con disgusto.

-¿Por qué se centran en mí? ¿Sólo porque soy de Slytherin? ¡Pregunten a esos dos! ¡Les aseguro que entre ellos está el ladrón!

-Hannah… No es nada malo –Harry escuchó el murmullo de Susan. Tomaba una de las manos de su amiga, intentando confortarla. Creía saber a qué se debía.

-Ay, por favor. Eso no es secreto para nadie.

-Cállate, Trace. Ella tiene derecho a elegir si quiere decirlo o no –defendió Lavender. Hasta Hermione parecía afligida por la Hufflepuff.

-No es necesario que lo digas, Hannah. Sabemos que no eres tú.

-Esperen, ¿todos saben su secreto? –cuestionó Neville, provocando que la chica enrojeciera hasta el cuello.

-Por un demonio, la chica está…

-¡Draco! –amonestó, imponiéndose ante el tono desdeñoso del rubio insensible.

-Bien. La chica está enamorada de alguien –corrigió, resoplando con desdén, como si le molestaran los sentimientos de los demás. Pese a que fue Malfoy quien lo dijo, el signo sobre Hannah desapareció.

-De acuerdo –reanudó Greengrass, que había mantenido sus ojos en él. Harry frunció el ceño, captando más miradas. Tardíamente comprendió que había llamado a Malfoy por su nombre-. Parkinson y Corner.

-Si no quieren hablar, podemos registrar sus pertenencias. El ganador será quien tenga más cosas ajenas –propuso Davis, buscando alborotar los ánimos de su compañera, probablemente.

-¡No!

-Pansy, querida. Estás muy tensa.

-Escuchen, no sé qué es lo que esconde, pero estoy seguro que ella no es a quien buscan –defendió Zabini, observándola pensativo-. Pansy jamás haría algo con tan poca clase.

-Eso es. Además, tengo suficiente dinero para comprar cosas mejores que las que perdieron. Ni siquiera me gusta el quidditch. Pregunten a ese jodido Ravenclaw, mejor.

-¿Corner?

-No sé qué esperas que diga, Greengrass. No sé por qué esto me señala, yo no escondo nada.

-¿Qué tal tu romance con Fletchley?

-Deja de incordiar, Davis. Justin y yo no tenemos nada –su símbolo siguió brillando. ¿Sería ese el secreto del chico?

Harry volvió a observar a la Slytherin. Parecía estar hablando entre murmullos con Malfoy.

-Hemos llegado muy lejos, chicos. ¿Podrían ser honestos?

-Qué te jodan, Granger.

-¡No le hables así! –saltó Ron.

-Pansy, lo hemos dicho. No habrá represalias contra…

-Disculpa, ¿así que ya decidiste que yo soy la culpable, Bones? Además, no te he autorizado para que me llames por mi nombre.

-¡Estás quedando como mentirosa y ladrona por una tontería! –exclamó Malfoy, que parecía estar al corriente del secreto.

-¡Te atreves a revelarlo y yo gritaré tus secretos más vergonzosos! –el chico jadeó, indignado. No obstante, se cruzó de brazos y apretó los labios.

-Pansy, no seas caprichosa e irracional.

-Daphne…

-Si no eres la culpable, dilo. Entonces sabremos que la búsqueda acabó. No puede ser peor que admitir ser el responsable de los hurtos.

-Los odio. Los odio a todos, maldita sea. ¿Quieren escuchar mi terrible secreto? –arrojó, con las manos en las caderas. Harry miró a Malfoy, quien le había dicho que esa era su pose conflictiva-. Como quieran. Ni se les ocurra juzgarme, porque han confesado cosas igual de reprochables.

-¡Dilo de una vez! –Parkinson aspiró hondo, mirando con odio a Davis.

-Como mermelada a escondidas.

-¿Qué demonios…? –ante el aturdimiento de todos los presentes, el símbolo escarlata desapareció-. Parkinson, tienes que dejar de tomarte tan en serio tus dietas.

La chica miró al techo, sus mejillas muy coloradas. A su lado, Malfoy sonreía sutilmente.

-Entiendes lo que significa, ¿no? –Goldstein se giró hacia la única persona cuya marca seguía brillando-. Michael, te escuchamos.

-Chicos, les juro que no le he quitado nada a ninguno de ustedes. No lo necesito.

-Pruébalo –Harry giró hacia Padma, que hablaba con tranquilidad-. Luna dijo que el hechizo no era perfecto, quizás dejó pasar algo y se equivocó de persona. Pero si no recuerdas ningún posible secreto, permite que vayamos a tu habitación e intentemos un par de hechizos.

-Claro, háganlo –accedió de inmediato, algo que no haría un culpable. Poco después, todos se encaminaban hacia el tercer nivel.

La habitación que el Ravenclaw compartía con Justin Finch-Fletchley estaba medio ordenada. No lucía como un desastre, aunque sí había algunas cosas fuera de su lugar.

-Vamos a hacerlo simple –informó Padma, que se había encargado de la situación-. Rodearemos su cama y baúl. Después necesito que se mantengan en silencio e intentaremos convocar las cosas perdidas.

-Muy sensato –alabó Hermione, que junto a los demás siguió las indicaciones. Harry se paró frente al baúl de Corner. Dean estaba a su derecha y Zabini a su izquierda.

-¿Quién quiere empezar?

-Lo haré yo –respondió Hermione, que estaba a un lado de la cama y ya tenía la varita en la mano-. Accio libro de Historia –de inmediato se escuchó una especie de golpeteo que venía desde debajo de la cama.

-No tienes un ghoul ahí, ¿verdad? –preguntó Malfoy arrastrando las palabras.

-Eso no es… -Hermione intercambió una mirada con Greengrass.

-Tendremos que revisar, Corner –el chico asintió, luciendo muy confundido.

Goldstein se agachó, alumbrando con su varita. Arrastró algo que parecía una maleta de madera y con esfuerzo la puso sobre la cama.

-Oh, demonios –el Ravenclaw estaba lívido.

-Tiene tus iniciales, ¿vas a seguir negándolo? –Padma fue dura, mostrándole las letras MC a los demás.

-Esperen… -Corner fue a su mesa de noche, hurgó en el primer cajón y sacó una llave oxidada. Después, con manos temblorosas, abrió la maleta. Todas las posesiones perdidas estaban ahí, como si las hubiera metido a las prisas.

-Bueno, ya sabemos en quien no debemos confiar.

-Davis, no es momento para eso –Corner miró a Greengrass con aprecio y después volvió a ver el piso.

-Chicos, de verdad lo siento. No creí que yo… Recordé todo cuando vi la maleta.

-¿Recordaste todo?

-Sí, Hermione. Esto ya me había pasado antes… Pensaba que lo había superado.

-Su símbolo sigue brillando –señaló Lavender en ese momento. Era verdad, aunque Corner ya había pedido disculpas, reconociendo su proceder.

-Es lo que estaba por decir… Mi secreto es que soy cleptómano.

Después de su confesión, algunos le habían ofrecido ayuda y los demás aceptaron sus disculpas sin resentimiento. Incluso Harry fue hasta el baúl, recuperando su bufanda. Vaya que había sido una tarde extraña. Se habían revelado más cosas de las necesarias, como enamoramientos, robo de galletas y aficiones secretas. Al menos su trato con Malfoy seguía siendo un secreto. Suponía que el hechizo lo había ignorado porque su "relación" no era realmente uno. Pensando en eso y en el escrutinio al que habían sido sometidos en todo el rato, miró directo hacia el rubio. Malfoy asintió y salió de la habitación de Corner.

-Los veo luego, chicos –despidió, consciente de que agudizaría más la duda al actuar de esa forma.

Habían llegado al punto que Malfoy tanto ansiaba. No obstante, tenía en mente un detalle que todavía no discutían. Algo que podía asegurar o enterrar el éxito de su plan.

-Estamos a punto de ser descubiertos –dijo el rubio en cuanto lo vio entrar. Caminaba de un lado a otro, su andar favorito cuando maquinaba algo malvado.

-Lo sé, he notado las miradas.

-No falta mucho para que nuestros amigos nos enfrenten. Pansy y Blaise intentaron hacerlo hoy –Harry asintió. Sabía que también Hermione lo haría, aunque quizás más políticamente que los Slytherin-. Tienes que prometer que no les dirás la verdad.

Se sentó en su cama, apreciando a Malfoy con algo cercano al respeto.

-Casualmente, estaba pensando en eso.

-Todo se arruina si alguien sabe que esto es falso. Los demás se darán cuenta del engaño si nuestros amigos se muestran demasiado tranquilos y conformes –asintió, sonriendo un poco.

-Vaya, Draco. Es un honor saber que soy tan buena influencia. Estás siendo sorprendentemente lógico y racional –aduló, sabiendo que fastidiaría al chico. En efecto, bufó antes de volver a hablar.

-No me jodas, cielo –rió, cruzando las piernas.

-Pero joderte es lo que da sentido a mi vida.

-Cambia el joderte por tenerte y estaremos listos para mostrarnos –devolvió, quedándose quieto y zapateando en su lugar.

-Descuida, lo tendré en mente.

-Debemos preparar el número principal –siguió rumiando, componiendo su mejor expresión psicópata-. No me voy a conformar con algo sencillo.

-Ya que hemos llegado hasta este punto, supongo que yo tampoco –coincidió, recordando las ideas que tenía desde hacía un par de días.

Como le dijera, Hermione le prestó algunas novelas gráficas. Que resultaron ser sobre romances homosexuales, una indirecta muy poco sutil. Todavía no discutían al respecto, pero sabía que el momento se acercaba. Independientemente de eso, le había ayudado a darle forma a la siguiente parte de la venganza.

-Tengo un plan –contempló a Malfoy casi con ternura, ahorrándose el decirle que hasta el momento solo sus ideas habían dado frutos.

-De acuerdo, voy a escucharlo antes de decirte lo que está mal y hacer uno mejor.

-Eres un maldito engreído.

-Lo has admitido, en esto he sido mejor que tú –se regodeó. Malfoy chasqueó la lengua, volviendo a su propósito no definido de hacer un agujero en el piso.

-Ya quisieras, pedazo de… cielo –Harry rió un poco.

-Entonces, Draco. Te escucho.

-Tiene que ser algo impactante, muy traumático para todos. Tienen que encontrarnos en acción –juntó las palmas, entusiasmado-. Tengo la imagen en mi mente. Un beso muy apasionado, braguetas abajo y sonidos sugestivos.

-Sí es… traumático saber que piensas en mí de esa forma –comentó despacio. Aunque más impactante era intentar entender el extraño tirón al escucharlo decir eso. Debía ser desprecio.

-Oh, no te confundas. Es pensando en ellos, en hacer una entrada magistral.

-Bien. No está tan mal, pero necesitamos algunos elementos.

-¿Cuáles? –Malfoy se quedó frente a su cama, con mirada de chiflado.

-Oportunidad y espectadores. Una ocasión en que sepamos que la mayoría estará ahí para descubrirnos.

-Sí, ese es el problema.

-Podemos hacer que pase –dijo con una sonrisa, enfrentando la ceja arqueada del chico.

-Dime.

-Hay un momento en que muchos se reúnen en la sala común antes de partir a un divertido día de compras y paseo por Hogsmeade.

-Los sábados por la mañana –asintió, sonriendo aún más.

-Así es. Y esto quizás te guste, nuestro escenario podría ser la cocina.

-Eso será muy chocante –coincidió, esbozando su propia sonrisa guasona-. Lo recordarán cada vez que entren ahí.

-Precisamente. Una vez que empecemos, no podrás decirme más groserías frente a ellos. ¿Lo lograrás? –pinchó, tratando de quitarle su apariencia expectante.

-Eso no es tan difícil. ¿Acaso tú lograrás quitar esa cara de idiota y verte como si me desearas? –retó, con una punzante sonrisa.

Harry se incorporó, alargando la mano para tomarlo de la muñeca. Malfoy cayó sobre su cama por el tirón que le dio y aprovechó su desconcierto para subirse a horcajadas sobre él. Con su venganza en acción, eso era algo que ocurriría a toda hora. Un beso más, un beso menos. Tampoco es como que llevara la cuenta. Malfoy aceptó su beso agresivo, mordiéndole los labios y sujetando su cabello.

También tenía sus motivos ocultos, aquellos que lo habían hecho temer ser señalado por el hechizo. Porque conjunto a la venganza de Malfoy, él tenía su propio plan de exploración. Uno que se titulaba "besar al idiota hasta comprobar si me van los hombres o solo estoy caliente", pero que se podía abreviar como "proyecto descubrimiento". Malfoy era el sujeto de prueba perfecto, ya que dudaba que eso fuera a complicar las cosas entre ellos. Seguía siendo un maldito insoportable el resto del tiempo, aunque tuviera talento en eso. De confirmar sus sospechas, culparía a Hermione por poner ideas en su cabeza al incitarlo a leer esas historias de romance entre chicos. O al menos eso fue lo que se dijo, antes de dejar de divagar mientras lo seguía besando.


Notas finales: no sé ustedes, pero me encanta cuando están todos juntos, jaja. Aunque al momento de escribir es un poco confuso y delicado, pues tengo que mantener sus personalidades y hacer que todos participen de alguna forma, pero son de mis escenas favoritas. Hay muchas cosas en este capítulo que sirven como fundamento para sucesos futuros, así que espero que hayan puesto atención. Por otro lado, a próposito de lo que les conté al inicio recordé que este fic no tiene un Playlist como tal, pero sí hay un par de discos que me han acompañado. Principalmente cuatro: Head above water de Avril Lavigne, Divide de Ed Sheeran, Talking dreams de Echosmith y en el último tiempo Happiness begins de los Jonas Brothers. Ya saben, para compartir un poco del detrás de escena.

En el capítulo 8: bajo reflectores, ¡la ardiente venganza de Malfoy!

Allyselle (ahora es que la aventura Digievoluciona)