Disclaimer: Harry, Draco y compañía son propiedad de JK y sus socios. Yo sólo comparto mis historias por amor a la pareja y al fandom.
Notas de la autora: ustedes siempre me encantan con sus comentarios, muchísimas gracias. También a los que siempre leen, pues hacen que sea emocionante estar aquí cada semana. Saludos a Lys y a cierta persona que me dejó comentario anónimo, pero igual me llegó. Este día el capítulo va dedicado a Bellalphine Black, espero que lo disfrutes.
Capítulo 8. Bajo reflectores, ¡la ardiente venganza de Malfoy!
Se sentía como un niño en la mañana de navidad, como cuando recibió su carta de Hogwarts aunque sabía que iba a llegar, como cuando salía de compras sin límite de crédito. Era una sensación de emoción y euforia pura. Su tan anhelada venganza empezaría a manifestarse y todos esos miserables que habían osado tratarlo como un chiquillo tendrían que lidiar con las consecuencias.
-¿Podrías dejar de sonreír de esa forma? –pidió Potter por lo bajo, tras terminar de beber un poco de leche. Seguramente podría sentir el sabor cuando lo besara, como la noche anterior había degustado el pastel de chocolate que comió de postre.
-Se supone que luzca feliz de estar contigo.
-Sí, pero felicidad del tipo "oh, estoy con mi amado", no como si fueras a atacar ciudad Gótica –lo miró con extrañeza, sin comprender por qué eso debía ser divertido.
-¿Dónde queda eso? –el cretino dramático suspiró con pesadez y asintió.
-Ya malograron tu niñez al no darte un peluche, creo que rescataré tu juventud. Recuérdame prestarte algunos de mis cómics después.
-Jód… -Potter alzó las cejas, retándolo a completar la palabra-. …er, es bueno saber que me cuidas.
-Uhhm –el desconsiderado Gryffindor seguía comiendo, con la vista fija en su pergamino extraño.
-Oye.
-¿Qué quieres? –cuestionó sin mirarlo.
-Que dejes de comer. Cuando te bese tendrás gusto a buffet –Potter rió, aunque siguió mordisqueando una dona.
-También puedes comer, ¿sabes?
-Tomé café. Podremos comer en Hogsmeade –el lerdo casi deja caer su postre, observándolo con sorpresa.
-¿Era en serio eso de pasar el día juntos?
-Por supuesto. Esto es un romance en su mejor momento, tenemos que aprovecharlo.
-Pero yo quería ir a comprar –refunfuñó, patético.
-Podemos ir juntos.
-Honestamente, Draco. No iría a comprar ropa contigo aunque mi vida dependiera de ello.
-¿Ibas a comprar ropa? Creí que la obtenías de la beneficencia –Potter exhaló, bajando su rosquilla y encarándolo con mal talante-. Disculpa, querido. ¿Me dejas acompañarte? Podría ser de utilidad para mejorar tu estilo –vestir a Potter no era una actividad que le interesara, pero le encantaba hacer compras. Podría aprovechar para conseguir algunos guantes y un gorro.
-No, gracias. Pero mantén la oferta en pie, podría aceptarla cuando me sienta especialmente masoquista –dijo con una sonrisa irónica.
-Entonces iremos a sitios donde estén la mayoría de ellos. Zonko, Honeydukes, ese lugar cerca de…
-Las chicas están juntas en el segundo nivel.
Draco se acercó a él, todavía desacostumbrado al maldito mapa de Potter. Le había revelado su existencia esa misma mañana, cuando se preguntaba cómo harían para adivinar cuando alguien se acercara. El pergamino mostraba la distribución de todos los niveles y la ubicación de sus habitantes. Por eso sabía que sus amigos permanecían en sus respectivas habitaciones y que Goldstein seguía acaparando el lavabo compartido. Y, tal como dijera Potter, las etiquetas de Brown, Patil, Bones, Abbott y Davis estaban en el vestíbulo sobre ellos.
-Deben estar esperando a alguna de las gemelas. Creo que es Padma la que tiene su habitación ahí.
-Sí, la comparte con Pansy –recordó, mostrándole la primera habitación de la derecha-. Este par de idiotas está por salir –señaló el recuadro que mostraba los nombres de Finch-Fletchley y Corner.
-También Hermione y Greengrass –efectivamente, las chicas estaban saliendo en ese momento-. Ella esperará por Ron en el nivel dos. ¿Qué crees que haga Greengrass? –Draco chasqueó la lengua. Esa traidora había estado distanciada de ellos, así que no podía aventurar nada.
-No lo sé, quizás irá sola o con la sangre…
-Draco.
-Con Granger.
-Dean también salió, probablemente a encontrarse con Neville o Seamus.
-¿Qué demonios esperan para bajar? –renegó, cada vez más impaciente.
-¡Padma y Luna salieron! –había muchos puntitos en un reducido espacio y pronto todos empezaron a moverse hacia las escaleras.
-¡Es nuestro turno! –exclamó entusiasmado, saltando sobre la isla y quedándose con las piernas colgando-. No olvides la bragueta –instruyó, viendo como Potter guardaba su pergamino en el bolsillo trasero. Él hizo lo propio, destrabando un botón y bajando el cierre hasta que se asomaron sus calzoncillos oscuros. No tenían mucho tiempo, por eso lo haló mientras seguía con las manos en su pantalón. No podían dejar pasar una oportunidad tan buena. Empezaron a besarse como lo había imaginado: descuidados, en una enloquecedora y caliente batalla de lenguas. Rodeó su cadera con una sola pierna y llenó sus manos con los cabellos oscuros. Potter lo colocó al borde de la encimera, posando ambas palmas en su trasero para mantenerlo pegado. A penas se estaba acomodando a ello cuando un agudo grito sonó desde la puerta.
-¡Se los dije! ¡Tendrás que comprarme el almuerzo, Trace! –la chica lobo estaba armando un escándalo, mientras Potter y él se apresuraban a "arreglarse" la ropa.
-Y valdrá cada galeón, Lav –aceptó, cruzándose de brazos y adoptando una expresión siniestra-. ¿Qué tenemos aquí? ¿Desayunando del fruto prohibido, chicos?
-Vete al diablo, Davis. No tenemos por qué explicarte –defendió, terminando de alisar su camisa y parándose frente al chico.
-Ah, no actúes como un cabrón imponente ahora. Todas vimos cómo te sometes ante Potter y…
-Tracy, ¿podrías no insultar a mi novio en mi cara? –el engendro descarado se aproximó, abrazándolo por la espalda. Draco alzó el mentón, saboreando la victoria al ver cómo Davis retrocedía medio paso con el aturdimiento pintado en cada facción.
-¿Acabas de llamarlo…?
-¿No es sólo una aventura? –contempló a la chica lobo con aire engreído, chasqueando la lengua.
-Harry, te dije que debíamos dejar de escondernos. Estaba seguro de que lo sabían.
-Disculpa, cariño. Quería hablarlo con mis amigos primero.
-Esto es más de lo que puedo tolerar antes del desayuno –masculló Davis, llevándose una mano a la garganta con expresión de asco.
-Chicas, ¿qué hacen aquí? Pensamos que… -el estúpido de Fletchley estiraba el cuello, tratando de ver entre las cabezas de sus compañeras. Cuando consiguió hacerlo, abrió mucho los ojos como un cómico y horripilante muñeco-. ¿Qué…?
-¿Qué hacen estorbando ahí? ¡Apártense, algunos queremos…!
-¿Malfoy y Potter? –decidió completar el Hufflepuff en ese momento. De eso pudo deducir que Pansy empujó a todos en su camino para llegar a la cocina.
-¡Trocito de cielo! ¿Algo que quieras contarme?
-¿Algo que contar? ¡Lo encontramos succionándole la vida a Potter! –respondió Davis, todavía negando. El cretino rió contra su hombro.
-¿Alguien mencionó a Harry?
-¿Y Malfoy? ¿Volvieron a pelear? –el Gryffindor se tensó un poco cuando escuchó las voces de sus amigos. Draco ladeó el rostro, besándole la mandíbula. Sus ojos verdes tenían una sombra desde ese ángulo.
-¡Harry!
-Dime que el hurón se asfixiaba y le estabas haciendo la técnica para salvarle la vida –demandó Weasley, que se veía tan pálido que su cabello resaltaba de forma grotesca.
-La maniobra de Heimlich –corrigió la gemela Ravenclaw, que hasta en momentos como ese seguía siendo una sabelotodo insufrible.
-Chicos… Yo, uhm. No quería que se enteraran así –no sabía si los tartamudeos eran intencionales o no, pero sonaba bastante convincente. Además, Potter lo soltó a medias, pasando una mano por su cabello.
-¿Enterarnos? –chilló Weasley, en la misma nota que una ardilla en celo.
-¡Están juntos! –exclamó Davis, que parecía genuinamente asustada, toda una novedad a su conocida actitud despreocupada y comentarios insidiosos-. Quiero decir, no solo parados juntos…
-Si hubieras aceptado apostar, me dejabas sin galeones –el siguiente en hablar fue Blaise, que parecía haberse colado con su andar noble que hacía que los demás se apartaran sin necesidad de pedirlo-. Cuando vi que los rodeaban pensé que habrían tenido alguna pelea especialmente sangrienta, pero parece que los pillaron jugueteando con otro tipo de varitas.
-Sí, ¿quién lo diría? Tantos años desperdiciados usando la varita equivocada –comentó el maldito Potter, haciéndolo reír. No era simple actuación, realmente había sido algo muy ingenioso.
-Sé que somos fascinantes, pero me siento como un animal de exhibición. Si nos disculpan, tenemos algunas cosas que hacer en Hogsmeade –declaró, terminando de momento con su representación. Potter le siguió la corriente, encogiéndose de hombros y lanzándoles una sonrisa de disculpa a sus amigos cuando pasaron junto a ellos.
Si eso había dejado impactado a más de uno, les provocarían pesadillas con lo que vendría.
Harry siguió bebiendo su malteada, que estaba más deliciosa de lo que había esperado. Tras la guerra, nuevos negocios habían prosperado en Hogsmeade. Ese era el caso de Sweeties, un lugar que se había vuelto popular entre los jóvenes. Ofrecía más variedad de bebidas que las tres escobas y postres que sí eran comestibles, no como los de Cabeza de Puerco. Además, la decoración era agradable y las butacas muy confortables. Aunque jamás pensó que estaría allí en compañía de Draco Malfoy, que aparentaba estar muy cómodo bajo su brazo y con la cabeza apoyada en su hombro.
-Estás muy callado. ¿Te conformaste con la primera impresión que dimos?
-Fue una entrada magistral, Harry. Vi a Davis mostrar una emoción diferente al fastidio y hasta su sarcasmo quedó anulado –rió un poco, coincidiendo en que ese había sido su mayor logro.
-Cierto, ella es tan… ¿Cómo decirlo?
-¿Odiosa? Dilo, no te voy a contradecir –podía adivinar la sonrisa en el rostro de Malfoy, algo que se había vuelto casi permanente en él. Aunque afortunadamente, le había reducido bastante el componente psicópata y sí parecía como si se divirtiera al estar en su compañía.
-Tus amigos no dejan de vernos –murmuró cerca de su cabeza, besándole el cabello para disimular el comentario.
Parkinson y Zabini los encontraron en Honeydukes, donde se habían detenido un rato para comprar un surtido de caramelos. Después, volvieron a cruzarse de camino a Sweeties, donde los Slytherin tomaron una mesa a cierta distancia, pero que quedaba útilmente en su campo de visión.
En cambio, cuando vieron a sus amigos, Hermione les sonrió con incertidumbre y Ron volteó el rostro. Desde hacía unos días previó algo semejante, pero no dejaba de ser un poco doloroso. Si eso fuera real, le gustaría contar con el apoyo de su mejor amigo. No porque estuviera pensando en salir con Malfoy, sino porque…
-Hey, te estoy hablando –el susodicho se removió a su lado, buscando su mirada.
-¿Qué decías?
-Que es muy tarde para retractarte. Conoces a tus amigos y sabías lo que podía pasar –Harry frunció el ceño, un poco sorprendido por la astucia del chico.
-No sé si estás amenazándome o reconfortándome.
-Reconfortándote, por supuesto –dijo con dulzura, aunque en sus ojos se adivinaba la amenaza.
Harry se acercó a él para besarlo como por veinteava vez en esa mañana. Malfoy siempre se demoraba más, obligándolo a quedarse cuando intentaba retroceder, como si realmente no pudiera dejar de besarlo. Era un maldito bastardo cuando se trataba de vengarse, no había duda.
-Nuestra siguiente función será durante la cena –comunicó Malfoy, hablándole al oído-. Vamos a llegar juntos al gran comedor. Y después, cuando todos intenten relajarse frente a la chimenea… -rió entre dientes, provocándole un cosquilleo-. Digamos que eso no será lo más caliente de la habitación.
-Te superas a ti mismo con lo irritante que quieres ser –rió audiblemente, mirando hacia arriba y guiñándole un ojo.
-Agradece que temporalmente no eres el objetivo de mi maldad.
-¿Sí? Yo no diría eso –apostó con una sonrisa, rodeándolo con el otro brazo y apretándolo contra sí-. Me parece que estoy metido hasta el cuello –el engendro del mal siguió riendo, haciendo pucheros hasta que le besó la nariz.
-Vas muy bien, Harry. Por primera vez me conviene que seas Gryffindor, eres excelente en esto de ser asquerosamente meloso –elogió, aunque no sonaba del todo como un cumplido.
-Vete a la mierda, querido –murmuró contra su oreja antes de besarle la mejilla. Malfoy rompió a reír en lo que le pareció una carcajada autentica.
-Mira, ¿quién era el que insistía en que teníamos que tratarnos bien?
-Te he tratado bien. Te dejé beber de mi malteada y te mantengo caliente.
-Bastante caliente –ronroneó, sonriendo con malicia. Se acercó una vez más, peinándole los cabellos, reclamando un largo y plácido beso.
Alguien carraspeó un par de veces, obligándolos a separarse. Un hilo de saliva quedó entre sus bocas, que Malfoy se encargó de eliminar limpiándolo con el pulgar y lamiéndose los labios. Entonces ambos giraron, hallando a una sonriente visitante.
-Hola, chicos. El lugar está lleno y ya compré mi malteada. ¿Puedo sentarme con ustedes?
-Uh, por supuesto, Luna. Acompáñanos –pellizcó la pierna de Malfoy bajo la mesa, tras escucharlo chasquear la lengua.
-Sí, aquel que dijo que tres son multitud es un idiota.
-Draco, por favor –amonestó, mirándolo con reproche.
-Lo siento, ¿es su primera cita? –Luna no parecía juzgarlos y sus ojos grises reflejaban verdadera simpatía. Le remordió un poco tener que mentirle a alguien que hablaba de forma tan inocente sobre sus sentimientos.
-De hecho, sí. Hemos tenido que callarlo por lo que podrían decir de nosotros –Harry luchó para no mudar su expresión, aunque en su mente gritaba "¿Qué diablos está mal con este tipo?". Ya que, contrario a veinte segundos atrás, la voz de Malfoy sonaba amigable, casi como un ser humano normal-. Pero es difícil cuando estás enamorado y quieres ser capaz de demostrarlo como cualquier otra pareja.
-Lo entiendo, pero es lindo que hayan decidido defenderlo. El amor es hermoso sin importar su forma.
-Gracias, eres la primera que nos dice eso –Harry tomó la mano del cretino manipulador, entrelazando sus dedos y apretujándolos.
-¿Cómo te va a ti, Luna? ¿Compraste algo interesante? –cuestionó para desviar la atención, negándose a tener que mentirle aún más.
-Solo algunos caramelos y nuevas plumas. Aunque quizás vaya al mercadillo más tarde.
-¿Cuál mercadillo?
-Oh, escuché que es un grupo itinerante que llegó hace tres días. Están en las afueras, cerca de la casa de los gritos. Dicen que hay juegos y dulces en conserva –Harry asintió, eso podría ser de utilidad.
-¡Hola! Temíamos interrumpir, pero ya que Lovegood está con ustedes –la animada voz provenía de Parkinson, que se sentó junto a Luna. Zabini se acercó por el otro lado, llevando una silla.
-¿Hay algún inconveniente en que nos unamos? –inquirió, sentándose con elegancia.
-Dado que ya están sentados, no hay mucho que podamos decir –contestó Malfoy, volviendo a apropiarse de su malteada y bebiendo despacio.
-Pedacito de cielo, no puedes culparnos por tener curiosidad –siguió Parkinson, llevándose una mano al pecho-. No tenemos intención de importunar, todo lo contrario. Nos encantaría escuchar cómo surgió el amor. Creemos que es una historia… fascinante.
Harry agachó la cabeza, sonriendo. Un desafío había sido lanzando, porque obviamente no creían en la veracidad de su romance. Malfoy ya se lo había advertido, aunque no pensó que los enfrentarían de esa forma.
-No hay problema, Pans. Mientras a ti no te moleste, Harry –agregó, como si le preocupara su opinión. Negó una sola vez, robándole un trozo de su muffin de limón-. Bien. ¿Recuerdan el día que nos encerraron? –sus tres auto invitados asintieron-. Ese día nos insultamos mucho y también hubo agresión física. Pero casi al final, pudimos conversar y acordamos un pacto de no agresión.
-Que se acabó cuando rompiste su escoba, ¿no? –dijo Zabini, observándolo calculador, quizás esperando que se exaltara.
-Sí, eso es un poco vergonzoso porque en parte fue mi culpa –respondió, encogiéndose de hombros-. Verán, habíamos empezado a comunicarnos un poco más y esa noche… Ah, el día de la pijamada. De alguna forma, terminamos hablando sobre los gustos de Draco. Y como siempre buscaba humillarlo, lo reté a besarme.
-Y ya saben que nunca hemos sido capaces de negarnos cuando el otro nos desafía –completó, sonriéndole.
-Él me besó y después yo hice un comentario… inapropiado.
-¡Oh! ¿Qué dijiste? –Parkinson se adelantó, entusiasmada.
-Dijo que era igual a besar a una chica y que mi cabello no es tan suave como parece –Parkinson se echó a reír.
-Apuesto que te molestó más lo del cabello –supuso Zabini, que también mostraba una leve sonrisa.
-¡Por supuesto que me molestó!
-Entonces se desquitó con mi escoba y pasó la pelea que todos vieron.
-No entiendo. Estaban en un mal momento, ¿cómo se movieron a esto? –Malfoy suspiró, observándolos con suspicacia.
-Seguía molesto por la otra parte del comentario, así que volví a besarlo para hacerlo cambiar de opinión.
-Y como que le resultó demasiado bien –todos rieron, hasta Luna, que los veía con afecto, algo que no merecían.
-Hace unas semanas cuando tuvimos que cuidar al perro nos unimos un poco más. Y hace unos días, como el Gryffindor que es –finalizó, girándose y acariciándole la mejilla-; me pidió que nos dejáramos de juegos y empezáramos algo en serio. Me dejó sin palabras, nadie nunca me había encarado de esa forma.
-Aun así dijo que no –Malfoy rió, mordisqueándose los labios y avanzando para darle un suave beso.
-Pero Harry dejaría de ser Harry si aceptara un no por respuesta. Por eso estamos aquí.
-¡Qué romántico! –festejó Parkinson, aunque observaba a Malfoy con astucia.
-Ahora, si nos disculpan, hay un lugar donde quisiera ir con Draco.
-Y yo te seguiré con los ojos cerrados –aceptó, tomándole el ritmo en eso de ser cariñoso-. Los veo luego, chicos.
Salieron de ahí tomados de la mano, viendo como los Slytherin se giraban para hablar en susurros.
Draco miró al imbécil de Potter con una mueca de fastidio antes de echarse a reír. Cuando lo arrastró fuera de Sweeties pensó que había sido una estrategia para evitar seguir bajo el reflector de sus amigos, pero el cabrón sí tenía un objetivo en mente. Lo había llevado hasta el mercadillo itinerante y caminó alrededor como si buscara algo en específico. Lo supo cuando se detuvieron frente a un juego de aros que ofrecía diferentes premios de acuerdo al número de aciertos. Le tomó 3 rondas y 12 sickles, pero el idiota acababa de ganar un ridículo mapache de felpa.
-Draco, permíteme recuperar una parte de tu infancia –proclamó, entregándoselo con reverencia. Él siguió riendo, tomando el estúpido animal de felpa con una mano y atrayendo al animal real con la otra.
-Eres un maldito –susurró contra sus labios, besándolo como si estuviera encantado con su detalle.
No importó a dónde fueran en todo el día, siempre habían tenido de espectador a alguno de sus compañeros, como si se hubieran dispersado estratégicamente para vigilarlos. Así que tuvieron que esforzarse, sin salir de personaje ni una sola vez. No era como si planeara llevar la cuenta, pero estaba seguro de que ya había besado a ese idiota más que a alguno de sus ligues anteriores.
-¿Crees que deberíamos volver al castillo? –cuestionó Potter, tomando su mano y empezando a caminar lejos del mercadillo.
-Aún es temprano.
-Tengo sueño –admitió, seguido de un bostezo que corroboraba su aseveración.
-Te invito a una cerveza de mantequilla y después regresamos –propuso. Era el único sitio que frecuentaban sus compañeros al que no habían ido.
-Ah, de acuerdo.
-¿Estuviste leyendo desde temprano? –preguntó, buscando hablar de cualquier tontería. Una pareja caminando en silencio podía levantar sospechas.
-Creí que no te dabas cuenta –Draco rió entre dientes.
-Tienes un horario extraño. Te vas a dormir antes y después te levantas a leer por la madrugada.
-Me gusta el silencio y el clima de esa hora –frunció el ceño, jugueteando con las orejas de su mapache de felpa.
-¿Qué lees?
-Lo que sea que Hermione me preste. Historias de amor, de detectives… Eso –balbuceó un poco al final, con las mejillas un poco coloradas. Draco sonrió, olfateando un secreto escandaloso.
-¿Eso? ¿Qué significa?
-Eso es eso –dijo ambiguamente.
-¡Harry!
-Adelante, querido –ignoró, invitándolo a pasar al pub.
Su estadía en "Las tres escobas" fue similar a lo ocurrido en Sweeties, salvo que ahí había más conocidos. Un grupito de Gryffindor y las chicas de la torre central estaban al fondo, algo que aprovecharon para mostrarse aún más acaramelados y sonrientes. Como prometiera, se retiraron después de un par de cervezas. No se quejó por tener que pagarlas, en especial cuando al levantarse notó que Weasley había estado escondido tras una planta para no tener que verlos. Entonces le sonrió, caminando más cerca de Potter y poniendo una mano en su cadera.
-Ya estamos inquietando a todos, ¿por qué tienes que ser tan desagradable con él? –increpó Potter, cuidándose de no elevar el tono.
-Supongo que para no perder la costumbre. Soy un animal de hábitos.
-Eres un animal y punto –Draco sonrió, colgándose de su brazo y apretando el mapache contra su pecho.
-¿Por qué escogiste este? –dentro de las opciones también había un conejo, un unicornio y un oso pardo. Potter no le dio la oportunidad de elegir, sino que fue directo a él.
-Porque no había otra elección posible –respondió con una enigmática sonrisa. Se estaba burlando de él. Pero necesitaba saber el motivo para reclamarle.
-No es lo que me pareció.
-Uhm.
-¡Dime! –demandó.
-La cita ha ido bien, ¿quieres terminar peleando? –Draco rió, pellizcándole el antebrazo. Al fin se cobraba lo ocurrido en Sweeties.
-No me conviene que nos vean peleando, así que tienes las cartas a tu favor.
-Si es lo que quieres… El unicornio era muy inocente para ti, el conejo era rosa e incluso a mí me daría vergüenza darte algo así.
-¿Y el oso?
-Es tradicional, tu primer peluche no podía ser algo tan simple. Eso nos dejó el mapache –finalizó, con los ojos brillantes de bromas no verbalizadas-. Menos común, más masculino y salvaje como tú.
-Pedazo de cretino –murmuró, entre risas.
-No recuerdo que me agradecieras.
-Te besé, ¿eso no fue suficiente?
-Diré que sí para evitar una discusión –Draco siguió sonriendo, dándole un empujón.
-Qué considerado. ¿Cómo es que sigues soltero?
-Pues no lo estoy realmente, ¿verdad?
-Oh, no. Eres mío –Potter lo miró con cierta turbación, pero pareció determinar que estaba burlándose de él y resopló con hastío.
-Venimos más tarde de lo que pensaba –comentó un rato después, cuando el castillo de Hogwarts apareció frente a ellos, perfilado por la puesta de sol.
-Aparte de tus amigos, ya no eran muchos los que seguían en Hogsmeade –coincidió, haciendo visera con la mano para ver la torre central. Los ventanales estaban abiertos, así que algunos de sus compañeros debían estar reunidos ahí.
-¿Consideras que nos creyeron? –Draco pensó en sus amigos, en la mirada de advertencia de Pansy y la sonrisa confiada de Blaise.
-Ni una palabra.
-Ajá, eso pensé. ¿Qué vas a hacer para convencerlos?
-Nos creerán… eventualmente. Cuando les demuestre lo enamorado que estoy de ti –Potter resopló, empujando la puerta de madera.
-Encantador –Draco lo siguió con una sonrisa, satisfecho con el primer día de su venganza y con la amargura de Potter.
-Hey, cariño.
-¿Sí? –respondió, viéndolo de reojo. Seguramente intuía que estaba por sugerir algo molesto.
-¡Estoy cansado! ¡Mis piernas no me sostienen! –exclamó caprichosamente, echándole los brazos alrededor del cuello y colgándose de él.
-¡Draco!
-¡Por favor! Solo falta un tramo de escaleras.
-Precisamente por eso, deberías poder… -se acalló, captando su elocuente mirada-. ¿Quieres que te lleve, amor?
-¡Sí! Ese es mi caballero Gryffindor –elogió, aceptando la oferta de Potter y dejándose llevar en su espalda-. Que se chupen esta –murmuró contra su oído antes de entrar, haciéndolo reír.
Como había previsto, al menos diez de sus compañeros estaban congregados en la sala común, comiendo chucherías y hablando de sus hazañas en Hogsmeade. Muchas conversaciones se detuvieron al verlos llegar de esa forma. Abrazó a Potter más íntimamente, ladeando el rostro para besarle bajo la oreja.
-Quedémonos cerca de la chimenea.
-Sólo hay un… Ah.
-Ah –imitó, regocijándose con el desconcierto de los presentes.
Le empezaban a doler las mejillas de tanto sonreír, pero difícilmente podía evitarlo. Potter se detuvo frente al sitio indicado y él bajó con un grácil salto. Sin necesidad de pedirlo, el tipo se dejó caer, halándolo sobre su regazo.
-Gracias por cargarme –dijo audiblemente, dándole un par de besos suaves, nada demasiado caliente pero sí lo suficiente para hacer que muchos apartaran la mirada.
-No tienes que agradecer, di mi nombre y tendrás lo que pidas.
-Harry –dijo despacio, sonriendo ampliamente y besándolo una vez más. En esa ocasión, Potter masajeó su pierna, subiendo hasta su muslo y apretándolo sin pudor. Alguien sufrió un ataque de tos.
-Chicos, ¿de verdad creen que es apropiado actuar de esa forma frente a las señoritas? –increpó el estúpido de McMillan, con un gesto de repudio. El grupito de chicas poseía expresiones que iban desde el rechazo hasta la vergüenza, como la Hufflepuff que desvió la mirada cuando la descubrió viéndolo.
-Ya no son unas niñas, McMillan. ¿Seguro que no estás celoso porque Harry sí fue correspondido por un Slytherin? –inquirió con malicia. El pánfilo aspiró con fuerza, luciendo más pálido.
-Discúlpalo, Ernie. Mi Draco a veces es un poco insensible –intervino Potter. Resopló, pero prefirió dejar en paz al Hufflepuff. Era un componente de su puesta en escena que se viera que influían en el otro-. Por otra parte, comprenderás que es difícil contenerse cuando estás enamorado.
-En especial cuando tu novio es más caliente que el sol en pleno verano –ronroneó, lamiéndole la comisura de los labios.
-Más que una supernova –replicó, respondiendo a su coqueteo y devolviéndole algunos besos juguetones.
-¡Qué demonios! –Draco había vuelto a besar a Potter, tras escuchar que la entrada de piedra se abría, y se felicitaba por ello. Davis, Daphne y algunos más acababan de entrar-. Maldita sea, en Hogsmeade no pude ver los escaparates tranquila porque temía encontrarlos pasándose saliva en cada esquina. ¿También piensan hacerlo aquí? Consigan una jodida… No, ¡ustedes tienen una jodida habitación! ¡Háganlo ahí!
-Trace, no seas tan cruel –pidió, exponiéndose a ser hechizado sin piedad.
-No me llames así.
-La chica lobo te llama así.
-Chicos, por favor –medió la sangre sucia, observando a Potter con angustia-. Harry, ¿podemos hablar un momento?
-Claro, ahora voy contigo.
-Si es que te dejo ir –contradijo, frunciendo los labios en un mohín caprichoso.
-Por favor, cariño –suplicó, besándolo despacio. Escuchó los pisotones de Davis, que probablemente iba subiendo los escalones de dos en dos.
-Si lo pides de esa forma, soy incapaz de negarte algo –declaró, robándole un beso más antes de levantarse y dejarlo ir.
Potter subió las escaleras después de lanzarle una última sonrisa y él se quedó jugueteando con su mapache de felpa, esperando que no fuera tan evidente su dicha vengativa.
Había estado en la habitación de Hermione un par de veces, siempre asombrándose del orden y la pulcritud con que sus ocupantes mantenían cada rincón. Tenían más libros que cualquier otro dormitorio y algunos pósteres educativos adornaban las paredes. Sin embargo, nunca creyó que estaría ahí con Hermione para hablar sobre su relación con Draco. Un poco cansado por su paseo en Hogsmeade, le ofreció una versión corta de la historia que contaron a Parkinson. Tenían que ser cuidadosos en no contradecirse o titubear al hablar sobre ello.
-Es todo muy repentino, Harry.
-No del todo, tenemos algunas semanas… -ella negó, con un sonidillo meditabundo.
-¿Por qué no nos dijiste?
-Estabas ahí, también viste cómo reaccionó Ron –respondió, escudándose en su amigo.
-Sí, porque los encontramos abrazados en la cocina rodeados de todos los demás.
-Definitivamente no era lo que quería –mintió con descaro, tratando de lucir avergonzado.
-Y dices que es serio.
-Oye… No tenía interés en salir con nadie, pero las cosas se dieron y no puedo negarlo, hay mucha atracción entre nosotros –Hermione profundizó su ceño, preocupada.
-¿Y qué si es solo eso? Él es… Es el primer chico con el que estás y por lo que he visto, su relación es… muy física –hablaba despacio, sobreponiéndose al bochorno, quizás-. Podría ser solo eso, no significa que estén enamorados.
Harry aguardó en silencio, impresionado por las palabras de Hermione. Cuando intentó adivinar sus reacciones, siempre pensó que ella cedería primero, decidiendo que apoyarlo era mejor que retarlo o hacerlo cambiar de opinión. Pero en lugar de eso, parecía tratar de convencerlo de que sus "sentimientos" por Malfoy no podían ser reales.
-No estoy diciendo que esté mal –añadió en respuesta a su silencio-. Si ambos están conformes con eso, no le veo inconveniente.
-¿No confías en mí?
-Harry, su relación ha sido muy violenta todos estos años. Él te insultaba en cada oportunidad y tú lo has agredido físicamente muchas veces. ¿Te das cuenta del peligro? Cuando sufran de celos o haya algún mal entendido… No podrán irse a los golpes. Y si lo hacen no será sano –la contempló, boquiabierto. Así que ese era su razonamiento. Como siempre, Hermione llevaba la delantera en lo que se trataba de relaciones amorosas.
-Te entiendo. Sé que no podemos borrar quienes fuimos, pero desde que… lo besé por primera vez, no he vuelto a lastimarlo. Él también se muestra más relajado y es muy amoroso. Estaré bien –afirmó, bridándole una sonrisa tranquilizadora-. No es como que estamos comprometidos. Nos atraemos y la pasamos bien, es suficiente.
-En verdad te gusta –murmuró, sonando más convencida.
-Er… Bueno, cuando no está siendo un idiota y bromea conmigo es… lindo. Además, besa muy bien.
-¡Harry! –la chica rió por lo bajo, sonrojándose un poco.
-Confía en mí, Hermione. Yo sé lo que hago.
-No la tendrás tan fácil con Ron –advirtió. Harry suspiró, tampoco estaba escuchando algo que no supiera.
-¿Qué ha dicho?
-Nada agradable.
-Debe ser malo si no quieres repetirlo –Hermione devolvió su sonrisa, arreglándose la cabellera castaña en un moño.
-Deja que se calme. Todos estamos un tanto consternados por la noticia, pero eres su mejor amigo y comprenderá que debe apoyarte.
-Gracias, Hermione.
-Aunque no haría daño que sean más reservados –aconsejó-. Sabes que es incómodo ver a una pareja que parece no saber cómo despegarse de la boca del otro.
Harry se echó a reír, sin prometer nada. Lo sentía por Hermione, pero ese era precisamente el objetivo de Malfoy. Y si ese primer día algunos lo habían pasado mal o tuvieron que mirar hacia otro lado, los días venideros serían peores. Era un poco fastidioso admitirlo, pero hasta él empezaba a encontrar divertida esa maldita venganza.
Notas finales: divertido fue escribir este capítulo, sin duda. Esa cita en Hogsmeade es de lo que más he disfrutado escribir, jaja. Draco sosteniendo un mapache de felpa es más de lo que puede soportar mi corazón. Dejando eso de lado, hace poco estaba escribiendo y me emocionó notar que el documento ya sobrepasa las 100k palabras. Ya me falta muy poco para acabarlo y qué decirles, si se han divertido hasta aquí, solo esperen por lo que viene. Ya nos leemos.
En el capítulo 9: Potter y Malfoy, ¡quiten el caldero del fuego!
Allyselle
