CAPTIULO 16
ME MANTIENES DESPIERTO Y VIVO
Habían pasado ocho días desde que se rompió su vínculo. Jim apenas había estado despierto durante los tres primeros y había abandonado la cama al sexto, deambulando por la casa como un fantasma. Spock ya casi no estaba en casa, Sarek había decidido que sería mejor que estuvieran separados durante un tiempo. Por primera vez en su vida, Jim se sintió realmente agradecido hacia Sarek.
No creía que pudiera mirar a Spock ahora mismo.
O nunca más.
Le seguía doliendo la cabeza y se empeoraba cada vez que pensaba en que Spock se uniría oficialmente a T'Pring dentro de exactamente dos días. Apenas podía comer y cada vez que conseguía algo más que unas cuantas frutas Kray, se despertaba por la noche para ir a rastras al baño y vomitarlo todo de nuevo. Jim vivía prácticamente a base de hipos nutricionales.
Las ojeras bajo sus ojos se volvían más oscuras cada hora y cada maldita vez que cerraba los ojos veía el paisaje mental vacío, sentía los hilos putrefactos colgando de su esternón, envenenándolo de adentro hacia afuera.
"Me mantienes despierto y vivo, Spock".
"Perdón, no estaba escuchando, ¿qué has dicho, Jim?"
"Hah, no importa, estaba siendo tonto".
Jim deseaba poder acurrucarse en algún lugar y dormir sin soñar con hilos de oro y cielos ardientes.
En ese momento estaba enroscado debajo de la cama, con los ojos cerrados, rogando que el dolor se fuera.
Estaba temblando, las lágrimas le punzaban detrás de los párpados y abrió la boca para soltar el sollozo que se le había acumulado en la garganta en los últimos minutos. Realmente necesitaba controlarse, Amanda ya estaba bastante preocupada.
Bones vendría pronto a visitarlo. Amanda dijo que tenía que empezar a socializar de nuevo. Por lo visto, encerrarse en casa por culpa del desamor no era aceptable en este hogar. Jim se rió débilmente. Tal vez lo sería, si Amanda supiera que él estaba haciendo todo esto por un corazón roto... y un dolor de cabeza punzante que no se iba.
Jim se paró desde su escondite, temblando mientras se ponía de pie y se dirigía al baño.
Se preguntó si Spock se sentía así. Como si le hubieran abierto, vaciado y llenado de nuevo con agujas y arena. Se cuestionó si Spock sentía la misma frialdad insoportable en su esternón o si olía su propia carne descomponerse y volverse negra donde los hilos se habían marchitado y pegado a la piel de arriba.
Se sentía morir.
Una mirada al espejo le confirmó que se veía tan mal como se sentía. Tal vez peor.
Estaba pálido, sus débiles pecas destacaban enfermizamente sobre su palidez. Tenía la boca seca y agrietada, el pelo lacio y sin brillo. Le temblaban las manos y de vez en cuando le recorría un fuerte escalofrío que le recordaba la frialdad que le había invadido poco después de despertar de su inconsciencia. Jim esbozó una sonrisa torcida ante su reflejo, intentando que sus ojos tuvieran algo de vida, pero fue en vano.
Seguían muertos y rotos.
Era patético.
Jim abrió la llave del lavamanos y se lavó rápidamente las huellas de las lágrimas. No había necesidad de darle a Amanda más de qué preocuparse.
"¡Jim! ¡Tu amigo está aquí!"
Jim suspiró. "¡Ya voy!"
Se dirigió hacia abajo, sujetándose con cuidado a la barandilla. No quería que se repitieran los acontecimientos de ayer. Jim había decidido caminar en medio de la noche y se había caído rápidamente por las escaleras, despertando tanto a Sarek como a Amanda. Al final, Sarek tuvo que llevarlo de vuelta a la cama, ya que era incapaz de levantarse siquiera, porque su cabeza había considerado lógico invitar a una batería y a unos cuantos mazos a golpear su cráneo.
Ese había sido probablemente el momento más embarazoso de su vida.
Bones estaba en la cocina con Amanda, colocando los platos en la mesa, y sólo levantó la vista cuando Jim entró tímidamente. "Ah, diablos, Jimbo. Pensé que Amanda estaba exagerando, pero realmente pareces la muerte en pasta".
"Sí que sabes cómo halagar a un hombre, Bones".
"Sé cómo halagar a una dama, eso es todo lo que tengo que saber", bromeó él, guiñándole un ojo a Amanda, quien se rió mientras negaba con la cabeza.
"¡Bones, estás coqueteando con una mujer casada!" gritó Jim con un poco de horror. "¿No tienes vergüenza?"
Bones sonrió y colocó el último tenedor junto a un plato. "Siéntate, chico".
Los ojos de Jim se posaron en la comida. Olía delicioso y enseguida se le revolvió el estómago. "No tengo mucha hambre".
Amanda frunció las cejas, la preocupación se apoderó de sus rasgos. "Jimmy, por favor ya estás adelgazando, apenas y comes".
Eso es porque vomito cada vez que como.
"Está bien, está bien", resopló y se sentó.
Comió lentamente, masticando cada bocado con precaución para no vomitarlo al segundo siguiente.
"Entonces, ¿qué estás haciendo exactamente, Leonard?"
"Bueno, básicamente estoy medicando a los humanos de la Segunda Casa. Se asustan con el médico vulcano, así que vienen a mí, si algo les duele. Si no estoy haciendo eso, estoy en la cocina. No tienes ni idea de lo engreídos que son allí. Me gusta más su casa, señora, es muy hogareña... y mucho más pequeña también".
"Amanda no quería vivir en un palacio. La actual Primera Casa es mucho más grande y está en medio de Shi'kahr", añadió Jim sonriendo a Amanda.
Ella se rió. "Sí, le dije a Sarek que no podía soportar que todo el mundo me mirara en cuanto salía por la puerta principal. Además, odiaba esa casa, es demasiado grande y se sentía... mal. Fría. Quería un verdadero hogar, una casa sólo para mi familia. Por eso vinimos aquí. Las otras Casas nos siguieron, pero como puedes ver, sólo querían beneficiarse del ambiente sin prensa".
Bones asintió. "¿Has pensado alguna vez en volver a casa? A la Tierra, quiero decir".
Amanda se mordió el labio. "Una vez. Fue un mes después de que Sarek y yo nos enlazáramos, creo. Tuvimos una discusión... bueno, yo tuve una discusión. Él se quedó ahí y se comportó de forma muy vulcana y serena".
"Perdona que te pregunte, pero... ¿sobre qué pudieron discutir?"
La mirada en sus ojos se volvió tierna. "Le dije que quería tener hijos".
Jim parpadeó mirándola fijamente. "¿Sarek no quería...?"
"No", negó con la cabeza. "Al principio me enfadé con él; pensé que sólo me había tomado como esposa porque era conveniente. Al final me dijo que tenía miedo de que no sobreviviera al embarazo. La sangre vulcana se basa en el cobre y el niño se alimentaría lógicamente de tus recursos de cobre", dijo. 'No permitiré que te arriesgues tanto por un niño que quizá ni siquiera podamos concebir'".
Se rió. "Como puedes ver, fui muy terca y al final, él cedió".
"Y luego tuvieron al pequeño Spock y vivieron felices para siempre", refunfuñó Bones.
Jim resopló y dio un pequeño sorbo a su zumo Kray. Amanda sonrió a Bones y, sin preguntar, le echó más comida en el plato.
"¿Y tú, Leonard? ¿Extrañas la Tierra?"
"La verdad es que no. Claro, a veces extraño el clima más fresco y la comida, pero en general, estoy mejor aquí. Pero tal vez podría volver allí, sólo de visita, por supuesto, cuando logren inventar el Warp". Se encogió de hombros, con los ojos color avellana fijos en su vaso de zumo.
"Oh, Sarek dijo que no tardará mucho", sonrió Amanda.
"Yo estoy pensando en volver", dijo Jim en voz baja.
Hubo silencio durante un momento incómodo, hasta que Amanda dejó caer el tenedor con un fuerte estruendo.
"¿Qué?" La voz de Amanda era débil y un poco estridente. "Yo... ¿qué estás diciendo, cariño? ¿Ya no te gusta estar aquí?"
Jim hizo una mueca. Muy bien, definitivamente no era así como había planeado que fuera esto. "No es eso, Manda... Es que... necesito algo de espacio. Cambiar de perspectiva".
"No vas a dejar en serio que ese vudú vulcano te persiga lejos de tu casa, ¿verdad?" Bones le apuntó con su tenedor. "Eso es una estupidez, saca tu cabeza del trasero y supera este lío. No vale la pena volver al lugar que te rechazó en primer lugar".
"Vaya, qué lenguaje...", murmuró Amanda, haciendo que Bones se sonrojara de un color rojo cereza brillante.
Jim se rió. "De acuerdo, de acuerdo, cálmate, Bones. Rayos. He dicho que me lo estaba pensando. No significa que vaya a tener las agallas de hacerlo".
Bones se rascó la nuca, avergonzado. "Sí, tienes razón. Lo siento, señora, a veces se me salen las malas palabras de la boca".
"No pasa nada, estoy acostumbrada a las palabrotas de Jim".
"¡No maldigo tan a menudo!"
"Recuerdo que un niño de trece años terminaba sus frases con las palabras `mierda' y `demonios' un noventa por ciento de las veces".
"¡Eso no es justo, yo tenía trece años y estaba en los primeros síntomas de la pubertad!"
"Eres una reina del drama", se rió Bones.
"Cállate", Jim sacudió la cabeza, tratando de salvar su dignidad.
Como si eso fuera posible cuando tanto Bones como Amanda se burlaban de él. Intentar que una le-matya juegue a la pelota contigo sería probablemente más productivo. Y tal vez menos perjudicial para la salud, también.
Bueno, en realidad no.
"Cariño, ¿estás bien?" La cálida mano de Amanda se acercó a él, tocándole la cara.
Jim se inclinó automáticamente hacia el contacto. "Estoy bien, sólo cansado".
"Estás un poco caliente", murmuró ella.
"Estoy bien, de verdad", sonrió Jim y apartó suavemente los dedos de ella.
Bones se levantó para inclinarse a través de la mesa y plantar su ancha mano en la frente de Jim y agarró su muñeca para presionar su pulgar contra el pulso. "Pulso elevado y estás muy caliente. Felicidades, chico, tienes fiebre. Sabes que puedes decirme cuando te sientes mal, ¿verdad? Soy médico, por el amor de Dios".
"Lo sé, Bones, pero es sólo un poco de fiebre. Nada de qué preocuparse", Jim se encogió de hombros y retiró la mano de Bones.
El mayor suspiró y volvió a sentarse. "Algún día serás el fin de ti mismo, Jimbo".
"Eh, probablemente", sonrió Jim, tratando de disipar el ambiente sombrío que se había apoderado de la habitación. "Oh, uhm, ¿Manda?"
"¿Sí, cariño?"
"¿Va a venir Spock hoy a casa?"
"No lo sé, cariño, Sarek se lo llevó a los Templos de Gol otra vez".
"Ah", asintió Jim. "Ya veo".
Jim suspiró y se levantó para rellenar la jarra de zumo de Kray. Ignoró el repentino mareo y se dirigió a la nevera. El suelo parecía tambalearse, sus pies se sentían como si estuvieran caminando sobre un mar de almohadas y su cena amenazaba con volver a subirle por la garganta. Colocó la jarra en la barra de la cocina, decidido a no dejar de comer.
Jim se agarró al borde del mesón, tratando de mantenerse erguido.
Está bien. Si se caía de espaldas ahora, probablemente Bones lo regañaría lo suficientemente fuerte como para reventarle los oídos, y un "¡te lo dije!" encima. Si se desmayaba, se libraría de dicha reprimenda durante un tiempo y luego se quedaría dormido hasta la semana siguiente. Ambas opciones no sonaban muy agradables.
"¿Jim?" Amanda sonó preocupada.
"¿Eh?"
"¿Estás bien?"
"Sí, muy bien", se dio la vuelta con una sonrisa.
O al menos, eso era lo que había planeado hacer.
En cambio, emitió un grito ahogado cuando la cocina pareció inclinarse hacia un lado, sus piernas se doblaron y un momento después, había caído al suelo.
"¡Jim!"
Jim parpadeó mirando hacia el techo, tenía la boca seca y sentía la garganta como si se hubiera tragado un paquete de cuchillas. Su cabeza era una bola de dolor, su cerebro se sentía como si se hubiera convertido en papilla y estaba jadeando por aire. Su visión se había atrofiado y apenas podía distinguir a Amanda mientras se inclinaba sobre él para sostener su cabeza ligeramente.
"Maldita sea, Jim, ¿qué te dije sobre decirme cuando te sientes mal?" Las manos de Bones se sentían frías contra sus mejillas y Jim se estremeció ante el suave contacto. "Está ardiendo. Llevémoslo a la cama. Intentaremos ver si la fiebre baja sola, pero si no lo hace tendremos que bajarla nosotros".
Jim quiso decirle que estaba bien; que se quedaría aquí abajo. El suelo estaba espléndidamente fresco contra su espalda y el mundo ya no daba vueltas.
Por supuesto, todo lo que salía de su boca era un graznido bajo que ni siquiera Spock habría interpretado como un intento real de inglés. Jim gimió cuando Bones lo levantó, todo su cuerpo estaba inundado de dolor e intentó débilmente escapar de los brazos de su amigo.
"Ssh, Jimmy, está bien", susurró Amanda mientras le pasaba una mano por el pelo.
Estaba desorientado, todo se balanceaba. Arriba y abajo. De un lado a otro. Su estómago se agitó y apenas pudo evitar vomitar sobre el pecho de Bones.
Finalmente lo bajaron a un colchón. Jim se retorció contra las almohadas aún frías, tratando de enfocar sus ojos rodantes, pero fracasando miserablemente. Se estaba muriendo.
Lo hemos disuelto y ahora yo me estoy muriendo.
Estaba muy confundido.
"Jim. Jim, cálmate, no pasa nada, estás bien. No te esfuerces. ¡Sólo estás empeorando la fiebre! Deja de moverte, maldita sea". Bones lo agarró por los hombros, deteniendo sus intentos desesperados por alejarse.
Jim gimió, el sonido rozando su garganta dolorida. "Está roto Bones... lo rompimos..."
"Ssh, chico. Quédate con nosotros, ¿de acuerdo?"
Estaba en llamas, ¿por qué no podían ver eso? ¿No podían ver que todo su ser se había quemado y convertido en cenizas? Él había permitido que lo más preciado que poseía fuera destruido, porque quería liberar a Spock.
¿Por qué se le castigaba por ser desinteresado?
"Leonard, ¿qué le pasa?"
"No lo sé, señora. No debería haber empeorado tan rápido si sólo fuera fiebre", unas manos callosas le apartaron un mechón perdido de la cabeza. "Tal vez deberías llamar a Lady T'Pau. Ella podría saber algo. No parece que sea algo físico. Dijiste que ha estado enfermo desde que se rompió el vínculo, ¿verdad?"
"¿Qué estás diciendo?"
"Tal vez algo salió mal".
Jim sintió que los ojos se le ponían en blanco y...
Jim se sentó bajo los restos del árbol. Las perlas negras ensuciaban el suelo, ahora seco. El cielo sobre él se había agrietado y se desmoronaba lentamente, cubriendo el suelo de lodo negro y luz estelar parpadeante.
Dejó que la planta moribunda que tenía a sus espaldas envolviera su cuerpo con sus raíces. Se apoyó en la corteza quemada, mirando los hilos de color castaño oscuro que colgaban de su cuerpo. Habían conseguido convertir su pecho en una cavidad abierta. Una luz diminuta, apenas presente, parpadeaba justo detrás de su esternón, esforzándose desesperadamente por calentar sus heladas entrañas.
Levantó una mano para tocar lo que quedaba del vínculo. Se sentía suave, frágil, y el dulce olor a descomposición que emitía asqueó a Jim. Tiró de los hilos, intentando arrancarlos de su pecho. Se había aferrado a ellos durante demasiado tiempo.
Había dejado que la idea de que Spock regresara con él, lo volviera loco durante demasiado tiempo.
Le dolía. El lazo estaba atado a su esternón y cada tirón amenazaba con arrancarle el hueso del pecho.
Pero tenía que quitárselo. No podía enfrentarse a Spock así. ¿Cómo iba a mirar a Spock cuando su pecho era una jaula hecha de costillas blancas y carne podrida, habitada por un diminuto pájaro dorado que moría lentamente por la falta de luz y alimento que recibía?
Cuándo su cuerpo se deshacía como una colcha mal hecha.
Jim se acurrucó hacia delante, rodeando con los brazos su caja torácica expuesta cuando el frío alcanzó la pequeña luz.
"Spock, ven a buscarme".
"Por favor".
