Yeahh, han pasado 84 años desde que publiqué algo en esta historia…

Pero bueno, algo tenía que pasar el día de hoy que estuviera fuera de lo común.

Así que sin más, les dejo con este pedazo de vida…

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Félix entró a su habitación y deshizo la transformación. Se acercó a su ventana y miró hacia afuera, sin prestar atención a su kwami que se encontraba agonizante en su cama.

-Eres un monstruo, encima de que me dejas sin alimentos, olvidas tu historia con esa chica por autocompasión...

Félix no respondía, su cabeza estaba por explotar... Ahora que Bridgette había abierto esa caja, los recuerdos lo abrumaban...

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Estaba dando un paseo con su madre cerca de su casa cuando una catarina se posó en su mano y voló lejos de él en unos instantes, la curiosidad le ganó y persiguió la catarina, soltando la mano de su madre.

Salió corriendo hacia donde lo guiaba la criatura, en el camino se cruzó con un gato negro, que hizo que se olvidara de la catarina, y empezó a perseguir al gato ahora. Al dar la vuelta en una esquina, se encontró con algo que no supo controlar.

Una pequeña niña lo miraba con ojos llorosos mientras estaba en el suelo y abrazaba sus rodillas y no hablaba.

A él se le enseñó que debe ser educado con todo el mundo, así que se acercó a la chica y le tendió la mano.

-¿Estás bien? ¿Quieres que te ayude?

La niña solo miró sus ojos y siguió en silencio.

Félix frunció el ceño, ¿Por qué no le contestaba? ¿No entendía?

Iba a reclamar su falta de educación cuando su madre salió de la esquina a su derecha.

-Félix, te dije que no corrieras demasiado lejos de casa y menos sin consultarme dónde vas...

-Mamá, está niña se encuentra perdida.

Su madre lo miró con sorpresa, se acercó a la niña y le sonrió.

-¡Oh vaya! ¿Te encuentras bien? ¿Estás perdida?

La pequeña solo miró con un poco más de miedo a su madre. Félix pensó que tampoco le hablaría, y entonces, la niña abrió la boca.

Félix no tenía idea de lo que la niña dijo, solo escuchó algo de shamzan, tensan o pinshan. Pero era un niño listo, todos lo decían. Hasta su padre, a Félix eso lo llenaba de orgullo.

Hasta entonces, el rubio supo que la niña hablaba otro idioma. Aunque no sabía cuál. Pero eso lo averiguaría después.

Y entonces, sin que el supiera, su madre le respondió en el mismo idioma que la niña. Félix no sabía que su madre hablará más de un idioma. Él quería aprender más, igual que su madre, igual que la niña, tal vez si aprendía el idioma de la niña, podía hablar con ella, ¡incluso enseñarle el francés! ¡Podía convertirse en su amiga! No tendría que estar todo el tiempo con Cleo. La quería, pero la rubia era asfixiante.

Conforme ideaba su estrategia de amistad, su notó que la niña lo miraba ya sin tantas lágrimas. Y Félix notó el color azul marino de sus ojos, y fue incapaz de apartar la mirada de ella.

Su madre le tomó la mano a ambos y los llevó a la panadería que más le gustaba, la del señor Dupain.

Le encantaban los croissants de ahí. El señor tenía manos de Dios. Al estar frente a la panadería, una mujer pequeña salió corriendo y se acercó a ellos. Félix se escondió sutilmente detrás de su madre, no conocía a esa mujer, pero la niña echó a correr hacia la mujer mientras lloraba, Félix creía que era muy llorona, el no lloraba, su padre decía que era de débiles llorar, así que no lo hacía, él no era débil.

Su madre se acercó a la mujer y ella les agradeció que la ayudaran a encontrar a su hija.

Le dio gusto que la mujer hablara en francés, un idioma que él entendía perfectamente.

Descubrió que la niña hablaba algo llamado "mandarín", que era de China y apenas empezó a vivir en Francia con sus padres. Qué resultaron ser los dueños de la panadería.

Félix no sabía que le causaba más felicidad, que su nueva amiga fuera de China o que fuera hija de panaderos.

Conforme fue pasando el tiempo, decidió aprender mandarín, era complicado y aburrido, pero su nueva amiga, que se llamaba Bridgette, le ayudaba con sus clases, a cambio, él le ayudaba a hablar francés fluido. La veía pocas veces, pero cuando lo hacía disfrutaba enormemente estar a su lado. Sabía que Bridgette tenía problemas con una niña de su salón, decía que la molestaba por ser hija de panaderos, que ella era mejor que Bridgette. A veces la encontraba llorando, se escondía en lugares que no eran muy visibles para que los demás no la vieran llorar, no le gustaba preocupar a la gente a su alrededor.

El la consolaba cuando la encontraba, pero no siempre era así. Un día, ella llegó emocionada porque un niño nuevo quiso ser su amiga y despreció a la chica que la molestaba, decía que se llamaba Claude. A Félix no le agradaba la idea de que alguien más se acercara a su preciada amiga, pero sabía que Bridgette se enojaría con él si decía algo, de modo que se callaba y se enfurruñaba a solas con su madre, la cual se divertía en grande cuando lo veía llegar así.

Y entonces, vino el accidente, su madre desapareció sin dejar rastro de su mera existencia. Solo dejó recuerdos que lo marcaron.

En un desesperado intento por salvar su alma de la oscuridad de amenazaba con consumirlo al igual que su padre, borró toda memoria en relación a su madre y los encerró en una caja abandonada en su alma.

Olvidó por completo la existencia de esa caja hasta ese día. Cuando Bridgette le contó su versión de la historia...

Miles de rostros de Bridgette danzaron en su mente, y entonces…

La cabeza de Félix estalló.

Se sujetó la cabeza y se tambaleó hasta su puerta.

-Nathalie... ¡Nathalie!

La asistente de su padre entró corriendo solo para ver como su pequeño niño se desmayaba y caía al suelo de golpe.