Tras su propia revelación de sentimientos hacia su compañero de equipo, Bridgette consiguió un fuerte dolor de cabeza que la mareó mientras Chat Noir le hablaba sobre cómo desacomodar las sábanas.

Se sujetó la cabeza y se sostuvo con la cama.

Entonces, Chat estaba a su lado, tomándola de la cintura. Con una mirada preocupada sobre ella.

Y Bridgette no estaba preparada para recibir la corriente eléctrica que traspasó su cuerpo cuando la tocó.

Sin pensarlo demasiado alejó su cuerpo de golpe y cayó al suelo lanzando una sonora cantidad de palabras malsonantes.

Y Chat Noir le tapó la boca con la mano y acercó su cara a la suya.

La cabeza de Bridgette estaba por explotar, su mente daba vueltas y sentía la habitación girar.

-No grites, Félix no lo aprobaría.

Y la chica se relajó visiblemente. Félix no lo aprobaría. Podía incluso imaginar el ceño fruncido que tendría de haberla oído.

Sin poder evitarlo, una sonrisa apareció en su cara.

-Cierto, no lo haría.

Chat refunfuñaba algo, y en medio de su murmullo Bridgette le sonrió a él.

-¿De qué te quejas?

-No quiero que sonrías pensando en él, sonríe solo para mí.

Bridgette parpadeó. La última vez que Chat había mostrado celos, habían terminado peleando. Ella no quería eso, así que se acercó a Chat y acarició su mejilla, buscando verlo a los ojos.

-Chat, sabes que no me gusta pelear contigo por eso, no puedo evitarlo, quiero mucho a Félix, pero tú también me gustas.

Chat solo la miraba, y luego, le sonrió felinamente.

-Yo sé que te gusto, pero no hace falta que me compares con el Agrestito.

Bridgette soltó una carcajada baja.

-¿Agrestito?

-Eso más pequeño que yo, menos guapo, menos...

-Te equivocas, Chaton, eres de la misma complexión delgada y robusta de Félix- Bridgette le miró risueña, sin pensar bien lo que decía.- ambos son tan guapos, tiene unos hermosos ojos azules, y una sonrisa de infarto que te juro que me moriré algún día.

Y se calló abruptamente, roja desde la cabeza hasta los pies.

Y Chat se relamía los bigotes del gusto.

-No sabía que nos tenías en tan alta estima.

Bridgette tartamudeaba.

-Pu...Pu...Pues era obvio que si, di...di...digo, me gustan tanto...

Félix quería gritar. ¡Tanto Félix Agreste como Chat Noir le causaban nervios!

Ya podia ver a sus hermosos hijos y a su hámster.

Y se acercó aún más al rostro de la chica. Y le robó un beso antes de que lo pudiera apartar.

-No te alteres, sé que Félix y yo te agradamos, así que no tengo necesidad de enojarme. Me has dejado muy en claro que amas a ese chico, pero eso no significa que no pueda seguir intentando.

Bridgette lo miró feo, pero aún así no dejó de sonreír.

La chica solo lo miró.

Abrió la boca y decidió ser honesta.

-A decir verdad, t-t-tengo algo que decirte.

Chat ladeó la cabeza y le miró con curiosidad.

-Y-Y-Yo tal...-casparreó-. Tal vez me gusta alguien más aparte de Félix.

Chat sintió que un plomo cayó sobre su estómago.

-¿Ah sí?- Y odiándose por eso, preguntó por más.- ¿Y quién es el afortunado?

-Tiene ojos claros. Muy hermosos.

Y Chat pensó de inmediato en una cabeza roja e irritante. Sintió su humor desangrarse.

-Tal vez sé quién es.

La chica paró y lo miró a los ojos.

-¿E-En serio?

Chat tenía el veneno listo para ser lanzado contra cualquiera que se le cruzara.

Pero amaba a Bridgette, si ella decidía dejar de amar a Félix, él no se interpondrá.

Y para su propio gusto, su anillo empezó a sonar.

De modo que se levantó del suelo veloz y sin despedirse, salió de la habitación corriendo.

Bridgette parpadeó, la reacción de Chat lo dijo todo. Lágrimas empezaron a salir de sus ojos y ella no los detuvo.

-Tal vez me dejé llevar, tal vez no debí pensar que algo podría pasar.

Tikki se acercó cautelosamente a Bridgette. Tal vez era hora de decirle la razón de su odio hacia los portadores de Plagg.

Pero antes de poder siquiera abrir la boca, la puerta se escuchó.

Se escondió por instinto solo para ver que de ésta, aparecía una cabellera rubia arreglada. Y su cara se agrió. Ese estúpido gato de nuevo.

Félix se odiaba a si mismo, ¿Dónde está su dignidad? Volviendo como cachorro regañado a su lado, sabiendo que amaba a Félix, pero no a Chat.

Cuando entró esperaba ver a Bridgette acostada, pero no definitivamente verla donde la dejó y menos llorando.

Como a Félix le costaba transmitir sus sentimientos cuando no era Chat Noir, no podía correr a su lado, aunque cada célula de su cuerpo reclamaba por estar a su lado. Pero si podía acercarse y mostrar una ligera preocupación.

-¿Bridgette, estás bien?

La chica lo miró a los ojos y Félix se atragantó por su belleza. ¿Cómo podía alguien ser tan hermosa aún llorando?

-Oh, Félix, perdón si te desperté.

-No te preocupes, tengo insomnio. Y venía a ver cómo estabas. Chat Noir acaba de irse, me dijo que te cuidara.

La mención del héroe gatuno le dieron ganas de llorar de nuevo. ¿Acaso no la había rechazado ya? Pero, espera. Le pidió a Félix que la cuidara. Genial. Estaba confundida.

Si, no sabía que le pasaba por la cabeza a ese gato, pero le lastimaba.

¿Cómo proseguir con su relación ahora?

Félix la miraba sin decir nada, para él estar a su lado era todo lo que necesitaba.

Era todo lo que buscaba.

Una leve sonrisa se escabulló en el momento en que Bridgette decidió alzar la cabeza, y ésta no se encontraba preparada para verlo con las mejillas sonrojadas junto a una tímida sonrisa.

Se fue para atrás, no podía con tanta belleza.

Y se desmayó, no sin antes alertar a Félix.

Al chico casi le da un ataque cuando la vio desmayarse, pero supuso que era la explosión de los cambios que vivió de manera repentina.

Suspiró, la levantó y acomodó en la cama.

Y luego, sin pensarlo demasiado, se acomodó a su lado.

Al cerrar los ojos, la oscuridad lo abrumaba, pero la calidez que sentía a su lado lo salvaba. De la soledad, de su padre, de él mismo.

Abrió los ojos y miró a su lado, la chica respiraba acompasadamente. Con calma. Y sonrió en sueños. Se volteó hacia Félix y este no pudo evitar devolver la risa. Tocó su mejilla y la acarició.

Ella era su camino hacia la luz, su liberación de paz, su princesa. Su lady.

Y no dejaría que nada le hiciera daño.

Su ceño se frunció.

-Plagg.- susurró.

Y su kwami se acercó suavemente.

Tenía una mirada determinada. Sabía perfectamente en que pensaba su chico.

-Cuando quieras.

Félix le sonrió, eran esos momentos en los que entendía por qué le dieron a Plagg. Se complementaban.

Félix asintió. Era hora de la plática con el tío de Bridgette.

"En la cima de su fortaleza"

¡Nunca me atraparán!

Se esconde por las flechas en llamas lanzadas en su dirección.