Robotech
El Camino del Guerrero
Hilos Sueltos
Epílogo.
Basada en Walking the wire de Imagine Dragons
La noche clara y el clima fresco era lo que, en primer lugar, había hecho salir a Rick al balcón de su recámara dejando a Lisa dormida.
El piloto vestía un pantalón cómodo para dormir en color gris y una simple playera blanca sin mangas; con los brazos cruzados, camino hacia el balcón abierto y miró hacia el cielo.
Era una noche estrellada, clara, sin luna, una noche tranquila en ciudad Macross.
Las luces de la ciudad quedaban a espaldas de la casa de Rick y Lisa por lo que no había un solo obstáculo para apreciar la belleza de las estrellas.
La Vía Láctea cruzaba por encima de su cabeza, hermosa, majestuosa, llena de estrellas que Rick sabía muy bien podrían contener un enemigo probable y poderoso que, ahí, en algún lugar de ese imponente campo estrellado, planeaba continuar su búsqueda del SDF-1.
Por eso irían a buscarlos, a dar pelea en su propio espacio, esa había sido la orden final del Almirante Global antes de partir y así lo harían.
En ese mismo momento, los equipos de la doctora Nayima y el Dr. Lang trabajaban en lo que sería conocido como el SDF Global pero su construcción aún tomaría algún tiempo, un par de años, por lo menos.
Por eso, y mientras estuvieran en la Tierra, el SDF-1 y el SDF Titán serían los que los protegieran de cualquier enemigo que cayera del cielo.
Pero aquel tren de pensamientos no era lo que lo tenía ahí, más bien era una duda, profunda, imposible de solucionar.
Apoyando las manos en el pasamanos del balcón, Rick paseó la vista por el cielo, fijando su atención en las estrellas, algunas mas brillantes, otras menos, todas ellas soles distantes con planetas a su alrededor.
En ese momento, Lisa lo abrazó por detrás y apoyó su mejilla contra la espalda del hombre que había recuperado de la muerte; Rick la escuchó suspirar así que sonrió.
"Pensé que dormía, Almirante."
Rick la escucho reír levemente, "Descanse, soldado." Dijo ella como si fuera una orden, pero con voz suave. "¿Sigues con la misma pregunta?"
Rick asintió.
"¿Sobrevivieron Khyron y Azonia?"
Lisa lo hizo girar para que se vieran a los ojos.
"No lo sé, pero si están allá arriba, no tengo mas que agradecimiento para ellos, "declaro para después darle un ligero beso en los labios, "¿vienes?"
Rick le sonrió y asintió siguiéndola hacia el interior de la casa, sin embargo, antes de entrar se detuvo, volteó hacia las estrellas una vez más y después de un segundo siguió su camino cerrando la puerta tras de él.
Para acceder a la respuesta a la pregunta de Rick Hunter tendríamos que alejarnos, rápidamente, hacia el espacio dejando atrás Ciudad Macross, la tierra, pasar por un costado del Satelite Factoria en donde ya el nuevo SDF empezaba a tomar forma en el dique seco que ahora acompañaba a la gigantesca fabrica Robotech, después deberíamos acelerar y pasar en un suspiro junto a la Luna y las luces de la próxima base Aluce.
El viaje nos llevaría más allá del sistema solar que dejaríamos pronto convertido sólo en un punto de luz en un extremo de la galaxia conocida como la Vía Láctea, distante, casi invisible entre las demás estrellas.
Nuestro viaje entonces atravesaría la galaxia hacia otro extremo al entraríamos tan rápido como dejamos el sistema solar para entrar a uno nuevo donde una estrella rugía lanzando su luz hacia sus hijos que la orbitaban.
La estrella estaba acompañada de una enana blanca que , como los demás planetas de este sistema solar, orbitaba en una danza de luz.
El sistema solar al que entramos tiene cinco planetas, uno del tamaño de Marte, con una atmosfera de gases que le confería un color marrón, sin lunas, el segundo, en un órbita elíptica que casi lo hacia chocar en su afelio contra el primer planeta, era rocoso, rodeado de una atmosfera de metano y anillos que cruzaban su rostro de Norte a Sur.
El tercer planeta era un planeta hostil, con tormentas de arena eternas, con vientos de 1000 kilómetros por hora, sin vida alguna sobre su superficie, sin embargo el cuarto planeta era diferente.
El cuatro planeta no tenia nombre oficial, pues nadie se había encargado de darle uno, lejos del circulo de influencia de cualquiera de las razas poderosas de la galaxia, desde ahí, Fantoma, Optera, Karbarra y los demás eran sólo minúsculos puntos de luz apenas visibles en una noche estrellada.
Océanos cubrían dos terceras partes de aquel mundo contando solo con un continente mayoritariamente distribuido entre los dos trópicos, desde el espacio, el continente aparece verde, forestal, con nubes blancas volando sobre él.
Al bajar, los cielos del planeta aparecen limpios y sin contaminación.
Aves gigantes de aspecto amenazante vuelan por ellos, dominando a las especies inferiores que también surcan el cielo.
Al bajar un poco más, la jungla se hace evidente, con árboles de cien metros de altura abriendo sus copas hacia los rayos del sol.
La jungla esta habitada por diferentes tipos de animales, feroces, buscando sobrevivir, ser el eslabón más fuerte en la cadena alimenticia de aquel mundo.
El lugar donde el objeto cayó del cielo esta claramente definido , el impacto dejó un camino de destrucción al avanzar por entre los árboles. Derribándolos, la naturaleza no había tenido el tiempo de cubrir aquel lugar, pero pronto lo haría.
Veintitrés kilómetros, un arañazo considerable en la jungla y al final, una nave espacial yacía, muerta y sin energía, sus impulsores rotos, su casco abierto y surcado por arañazos propinados por algún animal, con la insignia Zentradi apenas reconocible.
Los habitantes del planeta, al que denominaban Mae Raav o Vientre Materno, eran humanoides fuertes, tribales, guerreros diseñados para vivir en aquel lugar, cazadores ingeniosos, cuyas vidas estaban intrínsecamente ligadas a las bestias que vivían en aquellas junglas.
Ágiles, bípedos, con dos brazos largos, casi simiescos, piel de una tonalidad tal que les permitía esconderse entre los árboles para la caza o la supervivencia, con dos pares de ojos que les conferían un increíble campo de visión.
Sorprendidos, vieron la estrella caer del cielo una noche, como una bola de fuego que hizo una cicatriz en su jungla.
De ella salieron los Dioses que habían traído una nueva luna hasta ellos, esta aparecía rota, volando a baja altura, era una estructura de 5 puntas que estaba quebrada en dos partes, muerta y si ellos tenían el poder para destruir una estrella y dejarla sobre el cielo entonces ellos tenían que ser adorados como decían las leyendas.
Él, ahora sentado en su trono, miraba a los micronianos de aquel planeta hacerle reverencias y ofreciendo rituales en frente de lo que era ahora un lugar de adoración fuera del refugio que había construido con sus propias manos.
Atrás de el trono que los micronianos habían hecho para el, Azonia, claramente embarazada ahora, tenía puesta su mano izquierda en el hombro derecho de Khyron y lo acariciaba lentamente mientras miraba hacia el cielo estrellado, como buscando una estrella en particular que nunca encontró.
Continuara en las Crónicas de Khyron
