Hola, chicos. Gracias por darle una oportunidad a esta nueva historia, espero que este capítulo sea de su agrado. Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen y esta pequeña historia surgió de mi imaginación y espero la disfruten tanto como yo disfruté al escribirla. Comencemos…
Musa de chocolate y cerezas
Capítulo 3 – Una clase muy peculiar.
—¡Allí está mi sexy bombón!
¡Rayos! ¿Qué tan difícil era hacerles entender que tenían la entrada prohibida a mi cocina? Resoplé y levanté mi mirada para encontrarme directamente con esos ojos azules que derrochaban burla y astucia. Eriol no había cambiado nada desde la preparatoria, aún le gustaba joderme la vida y los otros dos lo secundaban en todo. Era como el padrino de las bromas pesadas… y tenía que aguantármelo porque cometí la estupidez de darle el título de mejor amigo.
—¿No podías esperarme en la oficina y mandar a alguien para que me avisara de tu visita?
Su sonrisa sagaz apareció.
—Te hubieras escondido, mi querido lobito. —Mierda… me conocía bien—. Además, estoy bajo de azúcar. Necesito algo como esto.
Agarró un puñado de las flores de chocolate blanco que usábamos para decoraciones y comenzó comérselas. Dejé ir un suspiro pesado, en definitiva… estos sujetos no eran un riesgo ¡Eran una maldita calamidad para mi cocina!
—¡Te he dicho que no metas tus manos sucias en los recipientes!
—¡Oh! Lo olvidé… —dijo, haciendo un mohín que no le quedaba para nada—. Entonces…. como mis manos sucias dañaron el lote, haré el sacrificio de comérmelas todas. —Acercó el frasco y sacó más flores.
Después decían que el que tenía problemas con el chocolate era yo.
—¿No tienes libros de contabilidad que revisar o alguna reunión pendiente? —pregunté, continuando con las decoraciones de los pastelitos que tenía enfrente.
—Los números de la pastelería van muy bien —dijo, sentándose frente a mí—. En tan solo diez meses, hemos logrado convertir este lugar en un rotundo éxito ¡Las matemáticas no mienten!
—Y debemos procurar mantenerlo así.
—Por cierto, tus mini Musas ya se agotaron.
Mis manos se paralizaron sobre los dulces y lo miré sorprendido.
—Pero… no tienen ni diez minutos de haber salido.
—Te dije que una tanda para la tarde iba a ser un éxito —dijo, metiendo otro puñado de flores en su boca—. Llegué cuando las chicas salieron con las bandejas y me quedé para ver el revuelo que se formó. Fue impresionante.
Vaya… eso era un record ¡Se habían vendido más rápido que la tanda de la mañana!
—Quizás… deba agregar unas cuantas más para que por lo menos duren veinte minutos… —dije, riendo.
—Si nos diera la receta podríamos ayudarlo para que duraran todo el día —refunfuño Haru desde su mesón.
Sonreí y negué con mi cabeza. Las versiones minis de mi Musa de chocolate y cereza las preparaba solo yo, por eso se ofrecían porciones contadas y no me gustaba reponerlas cuando se agotaban porque una musa se añoraba, se deseaba, se pensaba todos los días y nos brindaba inspiración. Así definía yo mi postre emblema… el cual representaba a la mujer que significó tanto para mí en el pasado… y que no me había dejado dormir tranquilo los últimos días.
—Fue un buen intento, Haru. Suerte para la próxima. ―Mi ayudante resopló graciosamente—. Saquen las tartaletas de fresas, los tiramisú y los puzles de gianduja. Son lo suficientemente llamativos para complacer a las personas que no pudieron conseguir una Musa.
—¡Sí, jefe!
Volví a enfocar mi atención en los pastelitos, pero… la mirada azulada y fisgona de Eriol no me dejaba concentrarme del todo. Diablos… odiaba cuando él entraba en su fase de psicoanalista ¡era como estar bajo la mira de un microscopio! Inmediatamente, arrugué el entrecejo y lo enfrenté.
—Ya suéltalo.
—Guarda los colmillitos, pequeño lobo —dijo levantando sus manos al aire—. Solo estoy viendo que has estado muy ocupado… pensando en verde esmeralda.
Ah mierda… ¡Por esto era que no quería que se enterara del asunto de Sakura! Pero obviamente Takeshi no pudo mantener su boca cerrada y Eriol no dejaba pasar la más mínima oportunidad para joderme la existencia y lo peor era que no podía negarlo porque tenía razón el muy idiota.
Miré el mesón y suspiré.
Una semana había pasado desde ese encuentro tan… sorprendente con mi pasado y en este tiempo no había dejado de pensar en ella. Eso se traducía en un derroche de inspiración que no había podido controlar y que me llevó a experimentar con distintos sabores, colores y aromas, pero lo más resaltante de todo… era que el color esperanzador de sus ojos siempre estaba presente en las decoraciones y buscaba destacarlo… como ahora con mis pastelitos de un blanco impoluto, cubiertos con una carcasa de caramelo y sirope de menta… ambos de color verde. Mi subconsciente me estaba traicionando de manera desvergonzada.
Resoplé y continué con las decoraciones de los pastelitos.
—Ya, ya. No te molestes, amigo —dijo, riendo—. Solo quiero que entiendas que estás sufriendo porque quieres.
—No me va el masoquismo.
—Soy tu amigo, pero uno nunca sabe cómo son las personas en la intimidad. —¡Agh! ¿Pero qué mierdas tenía en la cabeza?—. ¿No has considerado buscarla en Dreamarts y presentarte como se debe?
¿Qué si lo había considerado? ¡Cada maldita noche! Pero no era algo tan sencillo. Todavía no lograba entender por qué diablos había reaccionado de esa forma tan humillante, cuando había soñado y hasta idealizado cómo sería un reencuentro con ella.
Era cierto que había seguido con mi vida, incluso llegué a vivir con mi última novia por un tiempo antes de regresar a Japón, pero… Sakura siempre había estado en mis recuerdos y había mantenido la esperanza de volver a verla algún día para… no sé… tomarnos un café y ponernos al día como viejos amigos. Había pensado en distintos escenarios a lo largo de estos diez años, en cómo reaccionaríamos, en lo que nos diríamos… pero ¡jamás se me pasó por la cabeza un jodido ataque de pánico! La había cagado horriblemente y ahora no sabía cómo salir de este jodido problema sin terminar de hundirme.
—Cuando Takeshi me contó… de verdad creí que era una jodida broma —dijo—. ¡Debió ser divertido estar escondido y escucharte tartamudear con el viejo tú! —Soltó una carcajada.
—¡Pues para tu información, no tartamudeé! —dije—. Solo… me congelé.
—¿Congelar? —Eriol se inclinó hacia adelante para murmurar lo siguiente—. Amigo, a eso se le dice perder la cabeza por una mujer y no estoy hablando de tu cabeza pensante.
Resoplé.
—Estás diciendo puras estupideces.
—Yo solo digo la verdad. Tus pelotas reconocieron a su dueña y por eso reaccionaste así. —¿Pero qué mierda…?
—Pues yo no soy el que está casado.
—La diferencia entre tú y yo, amigo, es que yo si reconozco que mis pelotas tienen dueña. Tú estás empeñado en negarla cuando ellas reaccionan apenas aparece —dijo, señalando mi entrepierna.
—Algún día Sayuri te dejara por idiota…
—¡Nah! Me ama con locura y pasión, y si se le atraviesa la idea en la cabeza, para eso están las negociaciones horizontales —dijo, moviendo sus cejas sugestivamente.
Suspiré derrotado. No sabía por qué me molestaba en buscarle pelea cuando sabía que nunca podría joderlo.
—Por cierto, ¿qué harás con el asunto del niño?
—¿Qué con él?
Eriol alzó su ceja y me mostró su sonrisa de gato Cheshire.
—Quieres ganarte al chico para lograr acercarte a la madre ¿verdad? Por eso te ofreciste a darle clases de repostería.
—Definitivamente, lo único que sale de tu boca hoy es pura basura —resoplé—. Yo no me ofrecí… fue un mal entendido y ya luego no pude retractarme.
—¿Y cómo lograrás mantener toda esta mentira si tomas al niño como tu padawan?
—Pues este maestro jedi tendrá que ideárselas —mascullé.
La puerta de la cocina se abrió de golpe, sobresaltándonos a todos. Cuando la mirada ilusionada de Yukio conectó con la mía, tragué en seco. Sí él estaba aquí… Sakura no tardaría en aparecer.
—¿Ese es…? —Asentí con lentitud, sintiendo como el sudor comenzaba a bajar por mi frente.
Yukio se adentró en la cocina con seguridad, mostrando esa sonrisa astuta que, por lo visto, lo caracterizaba.
—Hola, maestro.
—Ahm… ¿Qué tal Yukio?
—¡Listo para mi primera clase! —dijo, emocionado—. Por cierto, ¿no tendrás unas Musas guardadas por allí?
—¿Musas? —Asintió.
—Mi mamá quería comprar, pero llegamos tarde y dicen allá afuera que no sacaran más.
—Pues… las Musas suelen agotarse rápido y solo se saca una tanda porque es un postre especial.
—Ya… —Soltó un suspiro, desilusionado, pero al escuchar el repiqueteo de las batidoras sus ojos volvieron a brillar—. Eso es… ¡tiramisú!
Yukio comenzó a correr de un lado a otro como lo había hecho la última vez, tratando de ver todo lo que mis ayudantes estaban preparando ¡Vaya que tenía energía! Su mirada verdosa destellaba con ilusión y hasta daba pena llamarle la atención, pero no era seguro que anduviera corriendo por allí, podía hacerse daño. Estaba por llamarlo, cuando la puerta volvió a abrirse.
—¡Yukio!
Oh mierda… El aire comenzó a faltarme de nuevo y mis manos comenzaron a sudar como locas. Esto no podía estar pasando otra vez ¡No podía congelarme por la presencia de Sakura Kinomoto de neuvo! ¡Me negaba a tener otro colapso nervioso!
Eriol aprovechó el momento en el que Yukio se detuvo a mirar a su mamá para sostenerlo del hombro y evitar que siguiera corriendo por allí. Enseguida, el niño lo encaró con una ceja arqueada.
—No es seguro correr dentro de una cocina, amiguito.
—¿Y tú eres…?
—Soy uno de los jefes de este lugar —dijo Eriol con autoridad.
—¿Eres el famoso maestro pastelero?
—Pues… no, pero…
—Entonces eres como el mini boss de los juegos de video. Nada importante y fácil de derrotar.
Ese pequeño comentario me relajó un poco y tuve que aguantarme las ganas de reír al observar como el ceño de Eriol se arrugaba. Este niño ya comenzaba a agradarme por el simple hecho hacerlo callar sin mucho esfuerzo ¡Tenía un jodido don!
Mis ojos volvieron a enfocar a Sakura cuando se acercó a su hijo y, colocándose las manos en la cintura, comenzó a regañar a Yukio por haberse ido sin avisarle y por pasar a la cocina sin permiso… otra vez. Soltando un suspiro, el niño asintió y se disculpó con nosotros con una mirada brillosa tan… Diablos, era como ver al gato con botas. Estuve tentado a decirle a Sakura que no era nada, pero eso sería quitarle la autoridad a ella y yo… pues… como que había olvidado cómo diablos se hablaba.
—De verdad, lamento todo esto —dijo ella, mirándome con sus luminosos ojos verdes—. Solo lo descuidé un segundo y…—Su voz se acalló de golpe al mirar sobre mi hombro. Abrió sus ojos, sorprendida—. ¿Eriol? ¿Eres tú?
Mierda… mordí mi labio inferior y me giré lentamente hacia mi amigo que estaba boqueando como lo había hecho Takeshi. Jamás se me ocurrió decirle a Eriol que se escondiera ¡Ahora si estábamos jodidos!
—¿Sa… Sakura? ¡Qué sorpresa!
—¡Vaya que lo es! —respondió ella con emoción—. No has cambiado nada.
—Tú si has cambiado, pero para mejor, obviamente ¡Y hasta tienes un hijo! —dijo, mirando al niño que lo miró con el ceño fruncido—. Deberíamos tomarnos un café para ponernos al día ¿no crees? Sería interesante saber que ha sido de nuestras vidas.
—Quizás… quizás otro día —respondió ella con voz trémula—. Solo queríamos comprar un dulce para merendar antes de ir a casa… Todavía necesito terminar un trabajo importante —dijo, señalando un enorme bolso que llevaba colgado de su hombro.
—Pero como no hay Musa para merendar ¡Puedo tener mi primera clase hoy!
—¡Hijo! —Sakura respiró profundo y se agachó para quedar a su nivel—. No es correcto disponer del tiempo de los demás. No es educado. —dijo con voz suave y luego se giró hacia mí—. Lamentó molestarte en tus horas de trabajo, Xiang.
—Nunca serías una molestia para mí… —El embobamiento se me pasó cuando vi que los tres me miraban con una ceja alzada ¡Diablos! ¡Había hablado en voz alta!—. Quiero decir… no estoy ocupado ahora. Puedo atender a Yukio sin problema. ―dije, aclarando mi garganta.
—¡Sí! —exclamó el niño, feliz—. ¿Ves, mamá? ¡Te dije que mi maestro sí podía hoy!
—Bueno… en ese caso, tengo que dejarlos —dijo Eriol, consultando su reloj—. Tengo una cita importante que atender con unos proveedores. Fue un placer verte, linda. Espero que podamos tomarnos ese café pronto.
—Cla… claro.
—Y tú… —dijo, señalándome—. Cuídalos mucho, Xiang. Son clientes valiosos.
Era obvio que estaba disfrutando de lo lindo el joderme y seguro se reuniría con Takeshi y Koji más tarde para reírse juntos de mi desgracia. Con amigos así… para qué mierda tener enemigos.
Cuando Eriol desapareció de la cocina, los ojos verdes de Sakura volvieron a posarse sobre mí…
«Mierda, quien quiera que esté de turno allá arriba, no me abandones hoy ¡Por favor!»
—¿Está bien si trabajo un poco mientras ustedes están ocupados? —Preguntó Sakura, sacando una laptop de su bolso.
—Yo… bueno… ―Al ver que las palabras no me salían, levanté mi mano y señalé la mesa que usábamos para comer que estaba en una esquina―. Allí puedes… tu sabes...
—¡Perfecto! Te lo agradezco mucho.
Seguí los movimientos de Sakura con especial atención… su forma de caminar no había cambiado tampoco. El suave contoneo de sus caderas era tan sensual y atrayente que… maldita sea, no debía irme por allí. Sacudí mi cabeza y traté de enfocarme en sus acciones, después de colocar la laptop sobre la mesa, sacó también un cuaderno que se veía bastante desgastado de su bolso y algunos lápices de colores.
—¿Estos postres los hiciste tú?
La voz fina de Yukio, me sobresaltó. Lo tenía a mi lado, viendo con adoración los pequeños dulces.
—¿Te gustan? —Asintió—. Son pastelitos de coco y menta.
—Rara combinación… ¡¿Puedo probar uno?! —Asentí ante su entusiasmo.
Yukio los observó como si estuviera determinando cuál era el más delicioso, sonreí y le revolví el cabello. De verdad me caía bien.
—Hey… no me despeines que me cuesta acomodarlo —dijo, quitando mi mano.
—Conozco el sentimiento, niño. —dije, revolviéndolo aún más.
El pequeño soltó una suave risa y regresó su atención a los dulces. Escogió uno del medio y se lo llevó a la boca. Una sonrisa se fue formando a medida que iba masticando y sus ojos se iluminaron, realmente… se parecían a los de su mamá.
—¡Está delicioso!
—Me alegro que te gusté —dije, riendo.
Preferí dejarlo merendar a gusto para que luego no se quejara de hambre durante la clase… y mientras él comía, no pude evitar que mis ojos fueran hacia Sakura. Mi sorpresa fue grande cuando noté que ella tenía su mirada fija en nuestra dirección. Parpadeé confundido y miré a mi alrededor con disimulo para ver si había algo que pudiera llamar su atención, pero no había nada. Luego miré a Yukio comer… quizás solo estaba pendiente de su hijo. El sonido suave de su risa hizo que mi mirada volviera a ella, casi me quedé de piedra cuando la vi sonreír traviesamente y luego su atención volvió a la computadora, comenzó a teclear.
Mierda, una calidez agradable y muy conocida comenzó a extenderse por todo mi cuerpo hasta acumularse en mis mejillas. Desvié mi mirada hacia el mesón antes de que alguien se diera cuenta… ¿Qué diablos estaba pasando conmigo? ¡La etapa de los sonrojos había quedado atrás!
—Jefe, ¿podemos usar las decoraciones de caramelo que sobraron para decorar los pastelitos de pistacho? —La pregunta de Haru despejó el calor de golpe y agradecí al cielo ¡El que estaba de turno me estaba echando una mano!
—Sí… —Aclaré mi garganta al notar mi voz temblorosa—. Úsenlos y preparen una bandeja de tartaletas de melocotón y otra de profiteroles —dije con autoridad—. Haru, encárgate de la crema pastelera para que salgan en el menor tiempo posible.
—¡Sí, jefe! —respondieron al unísono.
—¡Genial! Quiero ser un maestro pastelero cuando crezca para que todos me obedezcan.
Ser un maestro pastelero era mucho más que dar órdenes en la cocina, pero lo dejé ser, después de todo, era un niño de ocho años. Al notar que ya había acabado con su dulce, le pedí que dejara su bolso con su mamá y le ayudé a colocarse un delantal que le quedaba enorme… iba a tener que encargarle uno especialmente para él si esto se alargaba.
Vaya… debía admitir que estaba un poco nervioso porque Yukio era el primer niño que tomaba como discípulo, pero de todo corazón esperaba que se divirtiera y lo pasara bien. Tomé aire profundamente, era hora de comenzar.
—Bien, Yukio… necesito saber qué sabes para ver por dónde empezar.
—Pues… mi abuelo me ha enseñado a preparar cupcakes sencillos y un biscocho básico —respondió, con las mejillas sonrojadas—. Nada elaborado en realidad.
—¿Recuerdas los ingredientes? —Él asintió—. Vamos a buscarlos y luego comparamos recetas.
Fui mostrándole todo lo que teníamos y cómo estaba organizada la cocina, desde las neveras, hasta las estaciones de mis ayudantes. Yukio estaba atento a todo lo que yo le decía, lo cual me parecía maravilloso para un niño de ocho años, porque generalmente se dispersaban con facilidad.
Reunimos todo lo necesario para preparar unos cupcakes básicos según la receta del señor Kinomoto que no era tan diferente de la mía, y para la decoración escogí una crema de miel y lavanda que le daría un toque especial y diferente que estaba seguro le encantaría a Yukio.
—Bien, el secreto de la cocina es tener paciencia y divertirse.
—Pues… eso va estar complicado porque no soy nada paciente.
Me enfoqué en hacerle entender que todos los pasos en la cocina, fuera dulce o no, debían hacerse con calma. Debíamos tomarnos el tiempo de disfrutar el proceso completo, desde pesar los ingredientes hasta llegar al decorado. Por supuesto, también incluía la parte de experimentar con los sabores, colores y aromas, ya fueran aciertos o errores ¡Todo esto era lo que hacía de la cocina una gran experiencia!
—Mi abuelo no es tan ordenado con sus recetas —expresó, agregando los ingredientes en la batidora bajo mi supervisión.
—Ser ordenado no es sinónimo de ser bueno —le dije—. Conozco chefs que son un torbellino andante y son excelentes.
—¿Y tú cómo eres?
—¿Yo?... Pues… creo que soy una mezcla de ambos —dije, rascando mi nuca—. Generalmente soy ordenado, pero cuando estoy en pleno proceso creativo… termino todo manchado o cubierto de harina.
—Pues yo estoy seguro que seré uno de esos torbellinos —dijo, mirando el rastro de harina que había dejado alrededor de la batidora.
—Para eso existe esto —le dije, tomando un paño para limpiar el mesón.
La suave risa de Sakura volvió a escucharse y cuando la miré, noté que estaba observándonos de nuevo, sus ojos derrochaban picardía como la Sakura del pasado. Tragué en seco y sacudí mi cabeza para enfocarme de nuevo en la clase de Yukio. Mierda… era increíble que ella todavía tuviera el efecto de acaparar toda mi atención.
Aclaré mi garganta y luego de servir la mezcla en los moldes, los metí en el horno. Era hora de comenzar con la crema de lavanda y miel. Le expliqué de forma sencilla lo que debía hacer y dejé que él mismo experimentara con la batidora para que viera los cambios que sufría la crema.
—Recuerda siempre cocinar bajo la supervisión de tu mamá o de tu abuelo, nunca solo —Asintió, sin despegar su mirada de la crema—. Bien, esto ya está listo —dije, apagando la batidora para dejarla reposar—. Ahora, solo tenemos que esperar a que los cupcakes estén listos para decorarlos.
—¿Puedo probarla?
Tomé una pequeña cucharilla y cogí un poco de la mezcla. Yukio saboreó la crema y parpadeó un par de veces.
—Pensé que sabría extraño, pero ¡está deliciosa!
—Y mezclada con el sabor de la vainilla de los cupcakes será mejor.
Yukio cogió otro poco de la mezcla y salió corriendo hacia Sakura para dársela a probar. Ella no dudó ni por un segundo en aceptarla y cuando la saboreó, sonrió orgullosa y acarició con cariño las mejillas de su hijo. De verdad… me costaba acostumbrarme a su faceta de mamá, pero no podía negar que le iba mucho. Era encantadora.
Cuando la campana del horno sonó, Yukio volvió a salir disparado y esperó ansioso a que sacara los cupcakes. Estaban perfectos. Ahora solo teníamos que esperar a que se enfriaran para comenzar a decorarlos, pero mientras podíamos ir preparando las cosas.
Dejé que él mismo agregara la crema dentro de la manga pastelera y busqué unas cuantas chispas de colores para que decorara a su gusto ¿Hizo desastre con la crema? Por supuesto, pero lo deje ser y se divirtió intentándolo.
Cuando logró llenarla, tomé la manga y comencé a explicarle desde cómo debía sostenerla hasta el movimiento que debía hacer con su muñeca para poder formar los rosetones sobre el cupcake.
—No la aprietes con mucha fuerza —le expliqué, colocando mis manos sobre las suyas para mostrarle la cantidad de presión que debía ejercer—. Solo lo suficiente para que la crema salga uniforme y con suavidad. —El pequeño asintió.
Luego, usé sus manos para enseñarle el movimiento que debía hacer para formar el rosetón sobre la superficie del mesón. Una sonrisa emocionada apareció.
—Wow… quedó perfecto.
—Ahora… —dije, sacando los cupcakes del molde para colocarlos frente a él—. Es hora de decorar.
Asintió y comenzó a formar rosetones imperfectos sobre los cupcakes, pero ¡hey! ¡Esta era su primera vez y lo estaba haciendo bien! Me sentía orgulloso.
Mientras él estaba enfocado, me dediqué a observar a Sakura… otra vez. Alcé mi ceja al ver que su ceño estaba terriblemente fruncido y mordía su labio inferior, eso era extraño de ver… o por lo menos lo era en la Sakura de mis recuerdos. Sus manos estaban sobre el teclado, abriéndose y cerrándose una y otra vez, como si estuviera pensando qué escribir, pero la idea no terminaba de llegarle. Diablos… ciertamente la había visto estresada en el pasado, pero esto iba más allá… parecía estar pasando por un momento de frustración.
—Oye… —Me incliné un poco hacia Yukio y lo miré de reojo—. Tu mamá parece estar muy tensa.
Yukio levantó su mirada hacia ella y frunció el ceño.
—Sí… Es que tiene muchas preocupaciones encima… y a eso debemos añadirle la muerte de Totomi.
Me giré para verlo directamente, la mirada de Yukio se había tornado triste.
—¿Era… cercano a ustedes? —asintió con su ceño fruncido.
—Fue de repente… Ninguno de nosotros se lo esperaba… —Yukio apretó mi mano—. Sabes lo difícil que es… verlo un día y al siguiente… ¿ya no está?
Cielos… jamás me hubiera imaginado que estaban pasando por un duelo tan difícil. Perder a un familiar tan repentinamente era… Volví a mirar a Sakura, ahora podía entender su comportamiento.
—Tu mamá no probó los pastelitos, voy a llevarle uno ¿Está bien?
Yukio asintió y siguió con las decoraciones… sin borrar su ceño fruncido… Pobre niño.
Tomé uno de los pastelitos de coco y menta, y lo serví en un pequeño plato blanco. Por lo menos esperaba levantarle el ánimo con esto.
Mientras me acercaba me dediqué a observarla con libertad… Tenía que aceptar que ella sí había cambiado en físico, su apariencia era mucho más madura y llamativa, pero el fulgor dulce de su mirada y los pequeños gestos que aún reconocía en ella, me decían que parte de la chica que amé durante mi adolescencia, todavía estaba allí, dentro de esa hermosa mujer. Por eso, una sonrisa sincera se plantó en mi boca y me llené de confianza. Quizás no podía hacer mucho para ayudarlos con su dolor, pero estaba seguro que mi dulce sería un rayo de alegría en su día gris… como solía ser en el pasado.
—Deberías tomar un descanso —dije, colocando el plato frente a ella.
Sakura observó el dulce y luego levantó su mirada hacia mí, sonriendo. Definitivamente, la Sakura del pasado todavía estaba allí.
—Muchas gracias, me hacía falta un poco de azúcar en mi sistema —dijo, cortando un pequeño pedazo para llevárselo a la boca. Sus ojos resplandecieron—. Vaya… la calidad y la intensidad de los sabores… De verdad, está exquisito.
Que una persona dijera que mis postres eran buenos era gratificante, pero que fuera ella quien me diera su opinión… era invaluable para mí. Pero ahora no era momento para regocijarme, debía mostrarle mi apoyo.
—Oye… sé que estás estresada y lo entiendo, pero las preocupaciones no dejan nada bueno. Estoy seguro que pase lo que pase, todo va a estar bien.
—¿Sabes? Hace tiempo yo solía decir lo mismo, pero… todo es tan difícil ahora —dijo, soltando un suspiro entrecortado.
Esa frase se la había enseñado su madre cuando Sakura era pequeña. Por eso, me resultaba preocupante que no confiara en tan sabias palabras cuando se había vuelto en una especie de eslogan de vida para ella.
—Sé que es difícil de aceptar, pero la muerte es algo natural. Solo debemos tratar de enfocarnos en los buenos recuerdos que nos dejó esa persona y recordarlo con cariño.
Sakura frunció su ceño y me miró como si estuviera loco.
—¿De qué estás hablando?
—Bueno… Yukio me contó sobre la muerte de su familiar —dije, rascando mi nuca. Estaba siendo entrometido, pero no podía evitarlo si se trataba de ella—. Me dijo que estabas muy preocupada por eso y yo… quería ofrecer mi ayuda, si sirve de algo.
—Pero que… ¿Quién…? Un segundo… ¿Te dijo el nombre de la persona?
Extrañado, le dije el nombre que Yukio me había mencionado. Sakura parpadeó varias veces, como si estuviera tratando de atar cabos hasta que, de repente… comenzó carcajearse. Decir que estaba más perdido que Nemo era decir poco, no lograba entender absolutamente nada, pero… verla reír era preferible a verla con ese ceño fruncido que reflejaba todas las preocupaciones que tenía encima.
—¡Dios! Es que… no puedo creerlo —dijo, cuando su risa se había calmado un poco—. ¿En serio te dijo eso? —Asentí porque no sabía que más hacer—. Pero que imaginación tiene…
—¿Acaso era mentira?
—¡No! No… Pero no es lo que piensas —dijo, limpiando una lágrima que se fugó de su ojo—. Totomi era una lagartija que aparecía de vez en cuando en la cocina, él le puso ese nombre… sabes cómo son los niños y los animales. Pero anoche mi papá la encontró muerta en la sala y Yukio… Aun no puedo creer que te hubiera contado todo esto como si se tratara de un familiar…
Bien… ahora me sentía como un tonto. Me giré y noté que Yukio estaba concentrado en lo que hacía mientras era observado por Haru y Michiru. Sonreí, debía darle crédito al mocoso porque tenía años que no caía en una broma como esta ¡Tenía más talento que Takeshi!
—No te molestes, no lo hace por mal, solo que le gusta hacerse el interesante con los adultos y tú has capturado su atención… —Sakura tomó mi mano y enseguida una corriente eléctrica me recorrió entero—. De verdad te agradezco tu interés en nosotros, fue muy tierno de tu parte… y aunque no lo creas… me hiciste el día. Ahora estoy más relajada.
—Bueno… ―dije, rascando mi nuca―. Si es así, entonces valió la pena hacer el ridículo. Aunque deberé estar más pendiente para no volver a caer, suelo ser bastante ingenuo.
―Yo también lo soy, no te preocupes. Entiendo tu pesar. ―Sakura volvió a reír y cerró su laptop para comenzar a guardar sus cosas en su bolso.
―Espero que eso que te tiene inquieta, se resuelva.
—De alguna u otra forma lo hará… o eso espero, pero gracias por preocuparte por mí.
—¡Terminé, maestro! —Ambos nos giramos cuando escuchamos la voz de Yukio.
Sakura se levantó y avanzó hacia el mesón para ver los cupcakes y yo detrás de ella. Algunos estaban deformes, pero otros, especialmente los últimos eran muy buenos. Los rosetones estaban bien hechos, casi perfectos.
—Te dije que lo lograrías.
—Tus ayudantes quisieron ayudarme cuando estabas distraído, pero lo quise hacer solo.
—¡Ese es mi padawan! —dije, revolviendo su cabeza ¡Momento de la venganza por la broma que me había hecho!
Yukio trató de apartar mis manos y resopló fingiendo estar molesto, pero la sonrisa orgullosa en su boca lo delataba y demostraba que se había divertido, eso era lo más importante para mí. Sakura lo mandó a lavarse las manos y mientras él estaba en el baño, aproveché para limpiar el pequeño desastre de crema que había causado.
—De verdad… eres muy bueno enseñando. Tienes mucha paciencia.
—Creo que en lo único que soy paciente es en la cocina —dije, haciendo una mueca.
—O puede que la inspiración te lleve a ser paciente para poder disfrutar todo el proceso, como le dijiste a Yukio.
—¿Escuchaste eso? —Asintió sonriendo.
—Fueron unas lindas palabras —dijo, causando un sonrojo que procuré ocultar, desviando mi mirada hacia el mesón.
—Intento inspirar a mis estudiantes para que no se frustren…
—Ojalá la inspiración fuera suficiente para evitar la… frustración —susurró, pero pude oírla perfectamente.
Cuando estaba por preguntarle a que se refería, Yukio apareció de nuevo con sus manos completamente limpias y me devolvió el delantal. Suspiré… quizás esa era una señal para que no me inmiscuyera más de la cuenta con Sakura Kinomoto. Tomé una caja y guardé allí los cupcakes más bonitos para que se los llevaran y los compartieran más tarde en familia, Yukio sonrió feliz y se la mostró a Sakura.
—Podremos comerlos de postre en la cena, cariño. Ahora, despídete y agradécele a Xiang por sus atenciones.
—Muchas gracias por la clase de hoy, me divertí muchísimo.
—Me alegra, Yukio. Por cierto, las clases pueden ser los miércoles o los viernes en las tardes. Son mis momentos más libres.
—¿Y… puedo venir cualquier otro día a visitar?
—Claro… no hay problema. ―¿Cómo iba a negarme? El niño realmente me simpatizaba.
—De verdad te agradezco mucho lo de hoy —dijo Sakura, jugando con sus dedos… Ese era otro de sus gestos que me recordaban a la Sakura adolescente.
—No fue nada —dije, guiñándole un ojo.
Al ver sus mejillas sonrojarse, me sonrojé también. No lo había hecho con la intensión de coquetear ¡lo juraba! ¡Fue espontaneo!
Ya tiempo después… cuando estaba cerrando la pastelería. Recordé los momentos que había compartido con Sakura y su ocurrente hijo. Llevé mi mano hasta mi pecho al sentir como la calidez volvía a extenderse en mi pecho, era como si… como si la llama que pensaba extinta estuviera reavivándose. Rayos… esto no estaba bien ¡Nada bien! ¡Dios! ¿En qué rayos me estaba metiendo?
Bien, chicos. Aquí está el capítulo tres de esta historia y ya vimos como es Shaoran como profesor ¡Yo quiero tener uno que me explique igualito! Hahaha. Aquí estamos conociendo a este maravilloso niño que tiene una gran imaginación y es muy entusiasta en la cocina, estoy segura que con cada capítulo que pase, se ira ganando cada vez más su corazón ¡Yo lo amo!
Ahora, volviendo al capítulo ¿Qué opinan de Sakura? Esta niña se trae algo entre manos jummm… vamos a ver qué será y cuando lo descubriremos. Con respecto a Shaoran… es Shaoran XD es ingenuo y es un amor, obviamente un niño tan despierto como Yukio le sacará unas cuantas canas y lo hará pasar pena muchas… muchas… muuuuuchas veces.
Espero leer sus opiniones y que hayan disfrutado el capítulo y de las penurias de este pobre chico XD ¿Cuándo dirá la verdad y qué pasara cuando eso ocurra? Tendrán que seguir leyendo haha.
Un besote para todos,
CherryLeeUp
