Hola, chicos. Gracias por darle una oportunidad a esta nueva historia, espero que este capítulo sea de su agrado. Como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen y esta pequeña historia surgió de mi imaginación y espero la disfruten tanto como yo disfruté al escribirla. Comencemos…
Musa de chocolate y cerezas
Capítulo 4 – Iluminación sabor a amistad.
—¡Salud!
Las copas chocaron con alegría y el contenido se derramó un poco por el entusiasmo que teníamos. Mi nariz se deleitó con el delicioso aroma frutal del vino tinto y no dudé en llevarme la copa a los labios, el exquisito sabor se extendió por toda mi boca y garganta.
—Les dije que esta iba a ser nuestra gran oportunidad —dije, apoyado en el escritorio.
—Y no te equivocaste —dijo Eriol, bebiendo de su copa—. Después de este evento, nuestra cartera de clientes crecerá mucho más.
—Esos sujetos nunca tuvieron oportunidad contra mí —dijo Koji, en tono arrogante haciéndonos reír―. Fui terriblemente encantador.
Soltamos una carcajada y volvimos a brindar.
¡Dios! Estaba en una jodida nube. Acabábamos de recibir la noticia de que fuimos los ganadores del concurso de Dreamarts y por eso ¡el evento era nuestro! Esto sería un gran trampolín que nos llevaría rápidamente a la cima y no dudaba de que fuera así porque contaba con un valioso equipo que estaba seguro se sumaría a esto conmigo ¡Esa noche, el nombre de nuestra pastelería brillaría como nunca!
—Lo único que me tiene preocupado… es la reunión del martes —dije, bebiendo un trago.
—Es a las dos ¿no? —Asentí a Eriol—. Creo que todos podemos asistir, así que no habrá ningún problema.
—El asunto es que Misato Kadoi me dijo que estaría allí y espera conocerme en persona… Pero ella ya me conoció como "Xiang". —Definitivamente, esa mujer me ponía nervioso… parecía saber más de lo que aparentaba.
—Podríamos decir que "Xiang" es tu nombre artístico como maestro pastelero —dijo Takeshi—. Yo tengo uno, en el medio me conocen de esa forma y no como Takeshi Yamasaki.
Hice una mueca… ya bastante tenía con el asunto de mantener esta estúpida mentira delante de Sakura y su hijo para lanzarme a los hombros también a los de la editorial. No… debía buscar una forma de salir de esta mierda de mentira sin que nuestro evento se viera perjudicado.
—Bueno, ya pensaremos en algo, pero no será hoy ¡porque vamos a celebrar esta noche! —dijo Koji, guindándose de mi hombro.
—¡Así se habla!
—Tú no te mandas solo, cuatro ojos —dije, tratando de picarlo—. Tienes que pedirle permiso a tu esposa primero.
—Ya te dije que tengo formas de convencerla que involucran una cama y nada de ropa. — ¡Ah mierda! ¡Me hice una jodida imagen en la cabeza!
—Ume está de viaje con los niños esta semana. Así que ¡estoy dentro! —dijo Takeshi, terminando de beberse el contenido de la copa.
Koji era el más inmaduro de los cuatro, pero debía admitir que a veces tenía buenas ideas. Teníamos tiempo que no salíamos a divertirnos juntos porque, últimamente, estábamos entregados de lleno a la pastelería y nos desvivíamos por hacerla crecer. Así que… sí, él tenía razón. Nos merecíamos una buena noche de diversión.
—Eres un bastardo, Shaoran ¿Cómo te atreves a esconder esta delicia? Quiero otra copa. ―Y hasta allí llegaba el alago para el idiota.
—Se llama tener una reserva, imbécil. Y se supone que son para ocasiones especiales como esta.
—Pues vas a tener que regalarme una botella porque está muy bueno.
Hice una mueca. Yo no era un hombre que tomara con frecuencia, pero si sabía apreciar un buen vino y me gustaba coleccionarlos. Algunos los tenía aquí en la oficina y los más valiosos y deliciosos los tenía en casa. Obviamente, no estaba dispuesto a darle una de mis preciadas botellas de vino ¡Ni pendejo que fuera!
—Por cierto, esta mañana Ivanna me llamó y me dijo que la propuesta del menú está lista —dijo Takeshi, llamando nuestra atención—. Mañana pasaré por su oficina y el lunes te las traigo en la mañana para que des tu aprobación y poder enviarlos a imprenta.
Asentí y me bebí el vino que quedaba en mi copa, limpiando con mi pulgar cualquier rastro que quedara en las comisuras de mi boca. Todo estaba marchando perfectamente y no podía quejarme. Podía decir que mi sueño estaba casi cumplido.
Unos suaves toques en la puerta interrumpieron nuestra conversación y cuando dimos autorización, Naoko entró en la oficina.
—Me alegra verlos tan divertidos y contentos —dijo tan risueña como siempre.
—Hoy hemos recibido buenas noticias —dijo Takeshi—. El miércoles les daremos los detalles sin falta en una reunión del personal.
—Pues más les vale —dijo, guiñándonos un ojo—. Por cierto, allá afuera está su súper alumno estrella, jefe.
—¿Yukio? —Asintió—. Mierda… se me pasó el tiempo —dije, consultando el reloj en mi muñeca ¡Eran las cuatro y media!
—¿Y con el alumno… está la sexy mamá? —¡Maldito Eriol!
—¿Una castaña linda, con ojos verdes y que tiene babeando a media pastelería? —Mis amigos me observaron con una sonrisa socarrona—. Obviamente está allí.
Resoplé cuando los vi mover sus cejas y desvié la mirada. Ya tenía dos semanas dándole clases a Yukio y debía aceptar que el niño era muy bueno. Aprendía con rapidez, se enfocaba bien y tenía instinto ¡Parecía haber nacido para esto!... No tenía ningún inconveniente con el chico… ¡el problema era mi manía de observar a su madre!
Sakura había tomado la costumbre de ponerse a trabajar en su laptop mientras Yukio estaba conmigo, convirtiéndose en una jodida tentación que me incitaba a pecar… ¡justo como mi postre! Mis ojos la buscaban todo el tiempo, ya había memorizado su silueta, los pequeños gestos que hacía y… ¡Rayos! Debía aceptar que me encendía, como cuando lamía sus labios al comer algún postre… La maldita chispa se estaba convirtiendo poco a poco en una condenada fogata que calentaba mi cuerpo cada vez que la veía y lo peor de todo era que ya varias veces me había pillado observándola y… ¡ella me sonreía!
Mierda, si seguía así me volvería loco.
—Diles que ya voy, por favor. Y ofrécele algún dulce a Yukio para que meriende.
Naoko asintió y nos dejó solos otra vez.
—Tu dueña ya apareció.
—¡Ya cállate, Eriol!
—¡Pero mira cómo te pones! —dijo, carcajeándose—. La ansiedad por verla te está matando.
—No seas idiota.
—No me extrañaría que tengas una erección apenas la veas —¿Ahora Koji?
—Solo… ¡no salgan de aquí hasta que los llevé a la cocina! —dije, encaminándome a la puerta.
—Aunque seguro prefieres llevarla a un lugar más interesante donde puedas quitarle la ropa interior — ¿Pero qué mierdas Takeshi…?
Volví a resoplar y salí de la oficina, azotando la maldita puerta. Definitivamente, con amigos así ¡¿para qué enemigos?!
Mis ojos repasaron el lugar en su búsqueda, la pastelería estaba repleta, especialmente de madres con sus niños que aún llevaban el uniforme escolar. No importaba hacia donde mirara, solo veía caras sonrientes al deleitarse con nuestros postres y eso de verdad hinchaba mi pecho de orgullo como dueño y como maestro pastelero. Reconocí a varios clientes frecuentes que me saludaron apenas me vieron, personas que asistían a la misma hora para pescar sus postres favoritos recién salidos de la cocina. Les devolví el saludo y me dediqué a buscar a Sakura y Yukio.
Inmediatamente, la ubiqué sentada en una de las mesas pequeñas. Estaba sola… y debía admitir que se veía muy linda hoy. Llevaba un delicado vestido rosa, cubierto por un suéter tejido gris; una combinación que resaltaba el color claro de su piel cremosa y sus hermosos ojos. Estaba mirando a través del ventanal, luciendo como una especie de hada inalcanzable… igual a la Sakura del pasado que me gustaba observar en silencio. Ella tenía la habilidad de dejar a cualquier hombre embobado con su mera presencia y aunque me costara admitirlo… debía meterme en el grupo porque no podía dejar de mirarla… como la mayoría de la población masculina que estaba en la pastelería.
Cuando se dio cuenta de que la estaba observando, su rostro se iluminó al alzar las comisuras de su boca rosada. Agitó su mano en el aire y correspondí el saludo por inercia porque estaba literalmente atrapado en su hechizo.
—Te pareces a mi cuando veo tus postres, maestro. —Me sobresalté al escuchar la voz de Yukio a mi lado, también observaba a su mamá mientras se comía un pastelito de chocolate—. Mi mamá es muy bonita ¿verdad?
—Ah… bueno… es que…
—A mí no me molesta que la mires, pero no creo que a mi papá le guste que babees cuando ves a mi mamá.
Esa había sido una estocada directa a mi pecho… y ni siquiera sabía por qué diablos me sentía así ¡Yo también había hecho mi vida y era absurdo que me sintiera incómodo cada vez que Yukio mencionaba a su padre!
―¿Qué tal el colegio? —pregunté, tratando de desviar mis pensamientos.
—Pues… normal… lo mismo de siempre —Su ceño se frunció ligeramente y apretó su mandíbula más de la cuenta… lo cual era bastante atípico en un niño tan risueño como él—. Mi mamá es la mujer más dulce de este mundo ¿no crees, maestro? —dijo, cambiando de tema drásticamente y agregó una sonrisa que se veía un poco fingida—. Siempre le gusta ayudar a las personas y es muy amable.
Sonreí y revolví su cabello. Era obvio que quería distraerme usando a su mamá… pero ya luego buscaría la forma de saber por qué le había incomodado mi pregunta. Este niño era igual de transparente que Sakura… y me alegraba saber que eso tampoco había cambiado en ella a pesar de los años que habían pasado.
—Hola, Xiang. —Mi sonrisa se amplió al escuchar su voz—. ¿Estabas muy ocupado?
—No yo… solo estaba reunido con los jefes porque nos dieron la noticia de que fuimos seleccionados para el evento de tu editorial.
—¡Que buena noticia! De verdad se lo merecen ¡Sus postres son los mejores!
—En especial la Musa ¿verdad, mamá? —dijo Yukio de repente—. Te la pasas diciendo que, si pudieras, la comerías todos los días y siempre suspiras al decir cuán importante es para ti… aunque no digas por qué.
—¡Yukio! —Las mejillas de Sakura adquirieron un color carmín hermoso.
Mientras ella regañaba al niño, no pude evitar observarla con fijeza y volví a sonreír. El amor que existió entre nosotros se había extinguido por el tiempo y la distancia, pero la Musa representaba ese nexo que existió, lo que vivimos en el pasado, y por eso era importante para mí que todavía representara tanto para ella. Que recordara y valorara su significado.
—¿Qué les parece si comenzamos ya? —dije, llamando la atención de ambos—. Hoy tengo un desafío para ti, amigo —dije, palmeando su cabeza.
—Listo y preparado, maestro.
De verdad me caía muy bien este niño. Era espontáneo, travieso, le gustaba meter en aprietos a los adultos con sus comentarios sagaces, pero sobre todo era muy aplicado y entusiasta. Un digno hijo de Sakura.
Al entrar en la cocina, como solía hacerlo desde que comenzamos, la madre se ubicó en la pequeña mesa y sacó sus cosas del enorme bolso que siempre llevaba consigo para ponerse a trabajar. De vez en cuando, la frustración se hacía visible en sus ojos cuando se trancaba y en momentos como esos solía llevarle algún postre para que se relajara y funcionaba de maravilla porque su ceño se suavizaba de inmediato y siempre lograba sacarle una sonrisa… Y vaya que me gustaba verla sonreír.
Sacudí mi cabeza y me enfoqué en Yukio que ya se había colocado el delantal que había encargado especialmente para él.
—Bien, Yukio. Hoy vamos a hacer un pie de limón. —Sus ojos destellaron de emoción—. La masa base es muy diferente a la de un ponqué, por eso necesito que prestes mucha atención.
El chico asintió y comencé a explicarle lo básico que necesitaba saber para ponernos manos a la obra. Debía destacar que jamás había tenido un alumno que aprendiera tan rápido como él, tenía una habilidad de retención excelente y eso me ayudaba a avanzar más rápido de lo que esperaba.
—Debes asegurarte que la harina esté bien tamizada —le dije, mientras lo veía agitar el colador—. Eso evitará los grumos.
Yukio asintió con su ceño fruncido. Al principio creí que esa expresión denotaba molestia, pero ya había descubierto que esa era su cara de concentración. Luego de eso, le expliqué como debía mezclar los ingredientes en el bol y ahora… venía la parte divertida.
—Agrega la harina sobre el mesón y forma un volcán.
—¿Seguro? Porque voy a hacer desastre —Asentí, sonriendo.
El niño obedeció no muy seguro y luego colocó los ingredientes que había mezclado en el centro del volcán. La hora de ensuciarse las manos había llegado.
—El secreto aquí, es el amasado —le dije—. Debes hacerlo de esta forma, como si estuvieras envolviendo los ingredientes con la harina.
—Mi mamá va a gritar cuando haga esto en casa —dijo, riendo.
—Pues tendrá que acostumbrarse a este tipo de desastre porque así cocinamos los pasteleros —dije y lo dejé amasar.
Cuando me aseguré que estaba haciéndolo bien, mis ojos se desviaron hacia su madre que completamente abstraída en su cuaderno de notas. Ahora que se había quitado el suéter, podía detallar mejor su figura. Vaya que era linda… y el vestido era tan delicado que acentuaba todas las curvas de su cuerpo.
De un momento a otro, Sakura se llevó la mano hasta su cuello y lo masajeó con delicadeza. Mis manos comenzaron a picar porque… debía aceptar que me encantaría ser yo quien le diera un masaje para poder sentir su piel… ¡¿Pero qué diablos estaba pensando?! Sacudí mi cabeza y traté de enfocarme un Yukio.
—Déjame amasar un poco para asegurarnos que esté perfecta —le dije… pero en realidad necesitaba despejarme del rumbo que estaban tomando mis pensamientos.
Detuve mis manos al escuchar la suave risa de Sakura. Levanté mi mirada con lentitud y tragué en seco cuando noté que me estaba observando mientras mordía la borra de su lápiz con una sonrisa pícara… ¡Oh rayos! Eso solía hacerlo para provocarme cuando éramos adolescentes y estábamos "estudiando" en mi casa. Bajé mi mirada y descargué todo mi calor en la jodida masa ¡Esta mujer iba a matarme!
—¿Estás bien?
—Perfectamente. —Al notar mi voz más ronca de lo normal, aclaré mi garganta—. Esto está listo. Ahora vamos a estirarla y cortarla para colocarla en el molde. Luego la meteremos a dorar en el horno.
Yukio asintió y emocionado tomó el rodillo. Ya le había explicado anteriormente cual era la mejor forma de usarlo y el pequeño lo estaba aplicando. Así sí daban ganas de tener estudiantes.
—Bien, ahora que esto está en el horno, vamos con el relleno. Es bastante sencillo de preparar.
—Mi abuelo y yo lo hemos intentado… pero la leche siempre se corta con el jugo de limón.
—Solo debes seguir batiendo, no pasa nada.
—¿En serio? —Asentí—. Vaya… y nosotros pensando que lo habíamos hecho mal ¡Youtube nos mintió!
Solté una carcajada y negué con mi cabeza. Además de aplicado e inteligente, era bastante ocurrente, por eso nuestras clases eran bastante divertidas.
Mientras él mezclaba los ingredientes, traté de mantenerme enfocado lo que estaba haciendo… ¡De verdad lo intenté! Pero mis ojos volvieron a traicionarme y se dirigieron hacia Sakura. Ahora estaba escribiendo algo en la computadora a una velocidad impresionante.
Aun no tenía claro cuál era su trabajo en la editorial… y no estaba seguro de preguntarle porque, a final de cuentas, no era asunto mío lo que hacia la madre de mi estudiante… o debería ser así ¡Esto de mantener las apariencias no era nada fácil! Solté un suspiro pesado, mi curiosidad era tan grande que en verdad estaba considerando decirle a Eriol que le invitara ese jodido café para saber más de ella… y no me iba a salir gratis.
Sus manos volvieron a paralizarse sobre el teclado, abriéndose y cerrándose como solía hacerlo cada vez que se trancaba. Su ceño se frunció un poco, pero al soltar un suave suspiro, sus facciones se relajaron. Extendió sus manos al frente y luego las llevó hasta arriba, curvando su espalda hacia atrás… Mi garganta se secó de inmediato y tuve que obligarme a tragar la saliva que se acumuló en mi boca ya que, gracias a ese inocente movimiento, la silueta de sus pechos se marcó perfectamente gracias a la ligereza de la tela de su vestido.
Demonios, mis ojos estaban fijos en ese punto en particular de su anatomía… recordando cosas que no debía en un momento como este… ¡Y mucho menos con su hijo al lado! Incluso podía sentir el sudor correr por mi frente y ahora mis manos no picaban… ardían las desgraciadas ¡Maldita sea! ¡Estaba actuando como un jodido depravado!
Haciendo un gran esfuerzo, me giré hacia el horno y caminé hasta él. Esto ya rallaba en la tortura. Aunque Sakura no lo supiera, estaba siendo cruel conmigo al mostrarme algo que yo no podía tocar y mucho menos disfrutar ¡Ah mierda! Esto de ver y no comer era demasiado difícil.
Limpié el sudor de mis manos con mi delantal y tomé el guante para sacar el molde del horno y lo coloqué frente a Yukio. Debía enfocarme en el niño ¡Solo en el niño!
—Bien, el relleno ya tiene la consistencia adecuada. Vamos a agregarlo sobre la masa.
El pequeño apagó la batidora, sostuvo el bol con seguridad y vació el contenido sobre la masa dorada. Metimos el molde dentro del horno nuevamente para que la mezcla se cocinara y nos dedicamos al merengue que usaríamos para la decoración.
Dejé que Yukio lo preparara por su cuenta porque ya lo habíamos practicado antes, una especie de prueba que superó con honores. Este chico me impresionaba cada vez más.
Escuché un resoplido de molestia y al levantar mi mirada noté que Sakura tenía su ceño fruncido otra vez, pero ahora no estaba viendo la pantalla de su laptop o su cuaderno de notas, estaba tecleando en su celular… con más fuerza de la necesaria mientras mordía su labio inferior con insistencia.
—Seguro está escribiéndole a mi papá —dijo Yukio, mirándola también.
—Luce molesta.
—Es… complicado. —dijo—. En un momento pueden estar diciendo cuanto se aman y se adoran y al otro están discutiendo…
—Claro… —Fue lo único que pude decir… ¡porque tenía un jodido nudo en mi pecho que me estaba ahogando!
—Una vez leí un mensaje que le envió a mi papá… no debí haberlo hecho.
—¿Por qué? —Sus mejillas se sonrojaron un poco.
—No sabía que mi mamá podía ser tan… intensa.
¡Ah mierda! Ya no quería saber más de… la vida en pareja de Sakura ¡Eso no era problema mío!
Mordí mi labio para no soltar un comentario fuera de lugar y saqué el postre del horno para que mi pequeño torturador agregara el merengue en forma de picos. Yukio cogió la manga pastelera con destreza y realizó el trabajo como si lo hubiera hecho muchas veces, realmente era extraordinario. Volvimos a meter el postre en el horno para que la crema se dorara un poco y al final, un hermoso pie de limón estaba listo y todo el mérito era de él. No podía evitar sentirme muy orgulloso y se lo expresé palmeando su espalda.
—Perfecto, muy buen trabajo.
—¡Mira, mamá! ¡Hice un pie de limón perfecto!
Sakura se acercó hasta nosotros y cuando observó el postre, sus ojos destellaron orgullosos y sonrió satisfecha. Verla interactuar con su hijo me llevó a imaginarla en su casa, en su vida familiar… siendo una amorosa esposa y una madre ejemplar… Ella había logrado avanzar, había obtenido una estabilidad familiar que yo siempre había querido tener y aunque sonaba estúpido e infantil, no podía evitar una pequeña aguja en mi pecho. Maldita naturaleza humana.
—¿Estás bien?
Parpadeé un par de veces y cuando me di cuenta, tenía a Sakura enfrente, mirándome con preocupación.
—Lo siento… me distraje un poco.
—¿Sabes? He notado que este ceño fruncido es muy característico de ti, pero…
Levantó su mano y colocó su dedo índice en mi frente, justo entre mis cejas. Luego, surcó un camino tortuoso y embriagador que pasó por mi nariz, mis pómulos y finalizó en la comisura de mi boca. Mi respiración se cortó cuando sus ojos realizaron el mismo recorrido y se fijaron en mis labios, mostrando algo que yo conocía muy bien y que también sentía… anhelo.
Levantó su otra mano y acunó mi otra mejilla. Mi corazón latía tan fuerte que dolía, incluso me daba miedo que ella pudiera escucharlo, aun así, no podía ni quería detenerla. No me importaba si era incorrecto, si Yukio volvía o que mis ayudantes se estuvieran divirtiendo de lo lindo viéndome en esta situación. Maldición, no podía negarlo… anhelaba acariciar su piel, sentir su dulce aliento en mi rostro y besarla con pasión. La deseaba… incluso más que en el pasado.
—Una sonrisa te queda mejor. —Habló en un tono de voz tan bajo que me llevó a concentrarme en esa jodida tentación que representaba su boca.
—Entonces… intentaré hacerlo más seguido… —Mi voz sonó ronca y necesitada, y esta vez no hice nada para disimularlo.
—Te ves más atractivo cuando sonríes.
—No más que tú… debo decir…
Sakura bajó sus manos, pasando por mi barbilla y cuello a una velocidad lenta y tortuosa, sin borrar la sonrisa misteriosa e incitadora que adornaba sus labios. A pesar de ya no estar gozando de su contacto, el calor que ella había provocado en mi cuerpo se mantuvo intacto. A eso, señoras y señores, se le llamaba excitación. Ella había logrado encenderme con tan solo un roce inocente y un par de palabras… ese era el poder que Sakura tenía sobre mí… y no había mermado ni un poco a pesar de los años.
—Otra vez estás mirando a mi mamá como si fuera un postre que te quieres comer…
Ambos nos separamos de golpe. Yukio estaba frente a nosotros, mirándonos como si fuéramos el mejor espectáculo que hubiera visto en su corta vida… Solo le faltaban las palomitas de maíz y los lentes en 3D para completar la imagen.
—¡Yukio! ¡Ese tipo de cosas no se dicen! —dijo, con sus mejillas sonrojadas—. ¡Dios! ¡Qué pena contigo!
—¿Por qué te disculpas con él? Solo estoy diciendo la verdad.
—En casa vamos a hablar de esto ¡Y no hay postre en la cena!
—¡No es justo, mamá! Es mi pie de limón ¡Quiero probarlo! —refunfuñó.
—Ahm… iré a buscar una caja para… ustedes saben… guardar el postre.
Sakura asintió con su ceño fruncido y siguió hablando con su hijo, pero esta vez se agachó a su altura para hacerlo en voz baja.
Mierda, eso había sido intenso… ¿Cómo diablos se me ocurrió decirle algo como eso? ¿Acaso estaba loco? ¡Y lo peor era que habíamos sido pillados por Yukio! Rayos… esto era incómodo. Me sentía como un jodido adolescente ¡Incluso podía jurar que mi cara estaba más roja que un maldito tomate!
Volví sobre mis pasos y guardé el pie con cuidado. Al mirar de reojo, ella seguía hablando con Yukio mientras que él asentía no muy contento. Luego, se alejó de nosotros y me quedé frente al niño… que me miraba con fijeza y curiosidad. Yukio soltó un suspiro y me hizo señas con su dedo para que me acercara a él… y debía admitir que me sentí intimidado, lo cual era estúpido ¡No podía tenerle miedo a un niño de ocho años!
Dejé la caja sobre el mesón y me agaché hasta estar a su altura.
—¿Sucede algo?
—Me caes bien, maestro… pero no me gusta ver llorar a mi mamá.
—¿Por qué crees que haré llorar a tu mamá?
Frunció su ceño.
—Soy pequeño, pero no tonto —dijo—. Solo quiero que entiendas que… te estaré vigilando.
—Yukio… no sé qué estás pensando, pero esto fue solo…
—Tú has sido el único que no me ha tratado como un bobo por ser un niño. —Resopló—. No lo arruines… porque de verdad me caes bien.
Mierda… con esa mirada pesada y sus pequeñas manos metidas en su pantalón, parecía un mafioso con todas sus letras.
—Te reitero que no tengo intenciones de hacer llorar a tu mamá. Lo que menos quiero es causarle problemas. —Y tampoco quería problemas para mí.
—Bien… pero de igual forma estás advertido —dijo—. Nos vemos el miércoles.
Se dio la vuelta para tomar la caja de cartón y se acercó hasta la mesa donde estaba Sakura. Cuando ella terminó de guardar todas sus cosas, ambos se despidieron de mí… y automáticamente me dejé caer en una silla cercana. El aire que tenía reservado en mis pulmones salió todo de golpe. Esto se estaba saliendo de control…
Cuando levanté mi cabeza de nuevo, noté que mis cuatro ayudantes me estaban mirando y todos tenían una sonrisa pícara…
—¡Vuelvan al trabajo!
—Sí, jefe… —canturrearon a coro.
¡Maldita sea! No podía seguir así. Desde que ella regresó a mi vida no había dejado de sentir cosas que no debía ¡Mucho menos por una mujer que tenía una pareja y un hijo! Pero… ella no ayudaba tampoco. Habría que ser idiota para no notar que Sakura también estaba jugando con fuego y eso… me encendía y me molestaba en partes iguales.
Era inútil. Mi humor se había ido a la mierda y así no podía estar en mi precioso santuario. Salí de la cocina para no contagiar a mi equipo con mi mal humor y atravesé la zona de las mesas de la pastelería, no había tantas personas como antes porque ya estaba cerca la hora de cerrar.
—Naoko, apenas den las siete, cierras caja y me traes el reporte.
—Sí, jefe.
—Cualquier cosa, estaré en la oficina.
Cuando la chica asintió, me encerré en el pequeño espacio. Traté de concentrarme en algunos pendientes, revisé cuentas y listas de proveedores que debía discutir con Eriol… pero ella invadía mi mente a cada rato. Me dejé caer en mi silla y cerré mis ojos. Mierda, estaba peor de lo que pensaba y eso no era bueno.
—¿Por qué la cara larga? —Abrí mis ojos al escuchar la voz de Eriol.
Estaba tan ensimismado que no me di cuenta que mis amigos habían entrado. Todos llevaban ropa casual y cómoda, listos para irnos a celebrar a algún bar, pero realmente… las ganas de salir se habían evaporado.
—No estoy de humor… eso es todo.
—Oh… nuestro lobo necesita una intervención —dijo, haciendo sentar a los otros dos frente a mí—. Cuéntale a papá Eriol lo que te pasa.
—No pienso decirles nada, mucho menos a ti.
—Shaoran… todos sabemos por quién estás así y creo que Eriol y yo podemos ayudarte más de lo que crees porque ¿Hola? Ambos tenemos esposa. —dijo Takeshi.
—Eso sonó discriminatorio ¡Yo también puedo ayudar!
Los tres vimos a Koji con cara de "no lo creo", haciéndolo resoplar.
—El punto es que, si no hablas, no sabremos cómo ayudarte o que consejo darte.
Mordí mi labio inferior. Por un lado, tenían razón, ellos conocían mejor que nadie todo lo que había pasado con Sakura y lo que significaba para mí su presencia de nuevo en mi vida, pero por el otro… yo era de esos que no les gustaba molestar a nadie con sus asuntos. Un suspiro entrecortado salió de mi boca, de verdad sentía que me estaba ahogando… y por eso tomé la decisión de abrirme…
—Esto… no es fácil.
—Nada que involucre a las mujeres es sencillo —dijo Eriol—. Pero eso es lo que mantiene la chispa en los matrimonios.
—El asunto es que… ella… podríamos decir que me hace sentir como un jodido adolescente otra vez y… ¡Diablos! ¡Yo no quiero dramas en mi vida! Necesito estar enfocado para poder sacar el negocio adelante.
—En primer lugar, la pastelería está bien —dijo Takeshi—. Segundo, no veo problemas en que ella despierte tus pelotas. Es algo normal, de hecho.
Rayos… cuando lo ponía así me hacía sonar como un pervertido.
—El problema es que ella tiene un hijo y una pareja.
—Pues… si me lo preguntas a mí, eso no es impedimento para que intentes algo si ella está dispuesta. —Koji no podía ser más básico porque sería pecado…
—El punto es que no has hecho nada malo —retomó Eriol—. Ver no es un crimen, amigo mío.
—Ver y desear…
Suspiré… Su regreso a mi vida había causado un caos total ¡Un jodido vendaval de emociones que me tenía loco!
Su sola presencia reavivaba esa jodida llama en mi pecho cada vez más… al punto de pasar a ser una fogata que amenazaba con salirse de control y causar un jodido incendio que arrasaría conmigo. Esa era mi mayor preocupación.
—Entonces… tu preocupación es que estás cayendo por una mujer casada. —Asentí. Los ojos de Eriol se volvieron analíticos y guardo silencio por varios segundos, rascando su barbilla—. ¿Te acuerdas cómo se presentó ella el día que se vieron por primera vez? ¿Qué apellido usó?
Confundido, traté de recordar ese día. Yukio se había colado en la cocina y ella estaba terriblemente avergonzada. Cuando se disculpó conmigo ella dijo…
—Se presentó como Sakura Kinomoto —dijo Koji—. ¿Algún problema con eso?
—Allí tienes tú respuesta —dijo Eriol—. Sakura no lleva alianza en su dedo y usa su apellido de soltera. No está casada.
Por un par de segundos me quedé en blanco y luego… casi me golpeé yo mismo con la palma de mi mano… ¡Había estado tan idiotizado que no lo noté! Aunque… eso no quería decir que no tuviera pareja. Además, Yukio había hablado de su padre hoy.
—Aun así, el padre del niño sigue teniendo relación con ella y al parecer… se llevan demasiado bien.
—Pero eso es normal… tienen un hijo en común —dijo Takeshi.
—Creo que la relación va más allá de eso.
—¿Por qué lo dices?
—Yukio dijo que… su mamá era muy intensa con respecto a su padre…
—Pero esa palabra puede aplicarse a muchos contextos… Podía estar hablando de la relación o de discusiones entre ellos… —dijo—. ¿Le preguntaste a que se refería o solo lo asumiste?
—Te dije que no quería detalles.
—Asumiste… de verdad eres un idiota.
—¡Oye!
—Es la verdad. No puedes asumir cosas, Shaoran. Si fuera por eso, yo podría asumir un montón de cosas de mi esposa porque es más sencillo dudar, pero prefiero siempre confirmar y preguntar antes de armar un revuelo por una tontería y me toque dormir en el maldito sillón.
—Estoy de acuerdo con Takeshi —dijo Eriol—. Y ahora que hemos iluminado un poco tu mente, lo mejor que puedes hacer es preguntarte a ti mismo ¿Qué esperas de ella?
—No espero nada. —Los tres resoplaron.
—Amigo, la tensión sexual que existe entre ustedes es palpable — dijo, Koji—. El miércoles pasé por aquí para entregarte el libro… y, por cierto, ¡eres un jodido imbécil por enviciarme con una historia que no está terminada! —Solté una pequeña risa porque sabía que me iba a decir algo parecido cuando acabara con el libro—. El asunto es que me asomé en la cocina y los vi.
—Y según tú ¿qué viste?
—El niño estaba concentrado en la batidora mientras que ustedes dos se lanzaban miraditas cargadas —dijo—. ¡Joder! ¡Hasta a mí me dio calor ese día! Por eso preferí irme para no interrumpir lo que… fuera que estaba pasando allí.
Sí… lo de las miradas traviesas no había sido cosa de hoy solamente… Veníamos haciéndolo desde la primera clase y me desquiciaba por completo.
—Se los dije en la tarde. Este hombre quiere llevarse a Sakura Kinomoto a la cama y tener sexo de reencuentro —Golpeé a Takeshi en la cabeza cuando dijo eso.
—Esta es la estrategia que vas a seguir —intervino Eriol—. Vas a sacarle conversación a Sakura para saber un poco más de su vida y, por lo que más quieras, no seas muy obvio. —Sentí mis mejillas arder porque eso de tantear el terreno no era lo mío—. Pero lo más importante de todo esto es que vas a usar al pequeño Darth Vader a tu favor.
—¿A Yukio? —Los tres asintieron―. Pero él me dijo que no hiciera llorar a su mamá… no creo que esté muy dispuesto a ayudarme…
—Él peque no te dijo ¡aléjate de mi mamá! —dijo Koji, tratando de imitarlo—. Solo te advirtió que no la hicieras llorar, eso en lenguaje niñonol quiere decir "me gustas para ella", puede que incluso más que su propio papi.
Quería decirle que era una locura… pero tenía lógica lo que había dicho.
—Ahora que hemos iluminado tu camino, querido lobito ¡Vamos a cerrar la pastelería para irnos a beber en ese jodido bar! Debo llegar a casa antes de las dos. ―Koji, Takeshi y yo nos largamos a reír. Era obvio que Sayuri iba a apretarle la correa.
Bien, la situación no cambiaba mucho… pero gracias a la ayuda de mis amigos, me sentía más tranquilo. Solo debía indagar un poco más sobre la vida de Sakura para saber qué hacer después… y Yukio sería un gran aliado.
Bien, chicos. Aquí está el capítulo cuatro de esta historia y ya vimos que Yukio sacó a relucir a su papá (inserto caras interrogantes aquí) ¿Qué está pasando aquí? Sakura mostrándose un poco más atrevida ¿Qué rayos quiere con el pobre Shaoran? ¿Torturarlo? ¿Castigarlo? ¿Seducirlo? Jummm…
Y ahora vemos a este cuarteto de amigos tan particular que debo decir, me encanta, pero va más allá de que estén basados en mis queridos amigos haha. Traté de plasmar que son muy unidos y que, a pesar de hacerse bullying entre ellos, siempre están allí para apoyarse ¿Eriol? ¡Aleluya! Le has abierto los ojos un poquito al pobre Shaoran que no daba una y se estaba volviendo loco ¿Y Takeshi? Pues ya vimos que no le gusta dormir en el sillón haha.
¿Qué les parece Yukio? ¡A mí me encanta su forma de meter en problemas a los adultos! Es un poquito importuno, pero en su inocencia de niño, es tierno y encanta. Ya vemos que tiene deslumbrado a Shaoran… él y su mamá xD
Espero leer sus opiniones y que hayan disfrutado el capítulo y de las penurias de nuestro lobo que ya está comenzando a nadar hacia la orilla XD ¿Está cerca el… momento? Tendrán que seguir leyendo… pero yo digo que… puede ser xD
Un besote para todos,
CherryLeeUp
