AVISOS: Historia creada por dos autoras, kaoru-himura1878 (Kaoru Himura en Amor Yaoi) y Fullbbuster (Fullbuster en Amor Yaoi).
Capítulo 55: Nueva etapa
En la oscuridad de su habitación, sintiendo la soledad de su casa, Naruto se aferraba con fuerza a esa sudadera ensangrentada que llevó Sasuke el último día que le vio. Tumbado en la cama, sabía que debía levantarse, comer algo y salir en dirección al cementerio. Hoy no podía faltar, pero… las fuerzas se desvanecían en cuanto pensaba en lo que debía hacer.
¡Tres días! Era el tiempo que había pasado desde la pelea y las cosas se habían calmado en Twain Harte, aunque él, encerrado en su casa, con la sudadera del chico al que más amó en su vida entre sus brazos, sólo podía dejarse llevar por el aroma que aún desprendía mientras vigilaba el teléfono una y otra vez. Pensó que Itachi le llamaría en algún momento, pero quizá, tampoco él había tenido fuerzas ni ganas, ni tiempo para comunicarse con él.
Miró el móvil de nuevo. Los mensajes de Gaara, de Neji y de Ino se acumulaban en su bandeja. Ni siquiera quiso leerlos. Podía sentir de vez en cuando el aroma de alguno de ellos en el jardín de su casa. Estaban preocupados por él, pero Naruto sólo necesitaba un poco de tiempo para pensar o quizá, para culparse por haber creído, aunque fuera sólo un segundo, que Sasuke les traicionó.
Aquel pitido de la máquina del hospital indicando su muerte era lo único que llegaba a su cabeza seguido de esas duras palabras que le dijo al final antes de que Sasuke se revelase contra Pain en un intento por pillarle con la guardia baja.
¡Tampoco sabía nada de Kakashi! Al menos no desde que le mandó un único mensaje a la mañana siguiente de aquella nefasta noche. Tras aquello, nada, no había sabido nada más de él. Simplemente… había desaparecido y aunque preguntó a su manada el día en que regresó del hospital a su casa, el silencio fue la única respuesta que pudieron darle. Nadie sabía dónde estaba, cómo se encontraba o qué estaría haciendo.
Su teléfono volvió a vibrar y al mirar la pantalla, vio entrar de nuevo un mensaje de Gaara preguntando si estaba bien. No respondió. Dejó que la luz de la pantalla se apagase una vez más y volvió a centrarse en el aroma que desprendía esa sudadera ensangrentada y medio desgarrada.
Por momentos, cuando cerraba los párpados, se imaginaba a Sasuke a su lado. Sasuke siempre velaba por él cuando se dormía. Se quedaba despierto en el bosque a su lado, dejando que él descansase mientras vigilaba a su alrededor. Sus brazos siempre rodeaban su cintura y le permitía apoyar la cabeza en su brazo para dormir acurrucado en su pecho. ¡Echaba tanto de menos esos momentos a su lado! Esos de extrema tranquilidad, cuando podía dormir tranquilo sabiendo que Sasuke estaba allí con él.
Cuando abrió los ojos de nuevo, se dio cuenta de que era demasiado tarde. La noche había regresado y él ni siquiera llegó a ver el sol. Se levantó con rapidez cargando la sudadera de Sasuke y sin siquiera desayunar, al bajar las escaleras, cogió las llaves del coche y salió directo a su camioneta.
Pudo oler el aroma de Neji y Gaara en los alrededores y la química de sus cuerpos cambiando al notar su presencia fuera de la casa. Seguramente quisieron acercarse a él para cerciorarse de que estaba bien, pero Naruto salió rápido hacia la carretera. Tenía que llegar al cementerio. ¡Estaba cerrado! La puerta metálica no volvería a abrirse hasta el día siguiente y ese día había terminado sin él siquiera estar presente. ¡Otra culpa que acabaría echándose en cara!
Motivado a que ese día no fuera un fracaso total, decidió que sólo quedaba una cosa por hacer: colarse.
Salió del vehículo tras aparcarlo y agarrando el ramo de dalias con orquídeas que dejó preparado en el asiento del copiloto, se dirigió directo al muro para saltarlo. Era alto, pero no lo bastante como para que un hombre-lobo no pudiera saltarlo. Allí dentro del recinto, ya no quedaría nadie.
Caminó por el lugar viendo las lápidas de la gente de Twain Harte y entonces, su vista se centró en una en concreto. Fue directo a ella y se sentó en el césped frente a ella con una triste sonrisa en su rostro y las lágrimas al borde de sus ojos.
¡No podía llorar mucho más! Sus ojos rojos e hinchados delataban que llevaba tres días siendo prácticamente un muerto en vida. La culpa le carcomía y pedir perdón frente a una tumba no le ayudaría a encontrar la paz que tanto anhelaba y deseaba. Por momentos, pensaba que quizá, lo mejor habría sido perecer en aquel campo de acónito con Pain y en otros momentos…
El teléfono vibró de nuevo y aunque al inicio se resignó a mirar la pantalla deseando simplemente estar solo en su dolor bajo aquel cielo encapotado que amenazaba lluvia, finalmente lo miró sólo por curiosidad. Quizá iba siendo hora de responder a sus compañeros, aunque sólo fuera una frase para calmarles.
"Devuélveme ya la maldita sudadera para que pueda lavarla".
Aquel mensaje de texto le hizo abrir los ojos y girarse con rapidez. Sasuke estaba a su espalda, de pie, con un vendaje en su cuello y algo débil, muy pálido, demasiado para su gusto.
Como si hubiera presenciado la visita de un fantasma, Naruto se quedó inmóvil. Sasuke permaneció a su espalda también paralizado, observando a su alfa en ese estado emocional tan deprimente y entonces, agachó la mirada a la sudadera ensangrentada y desgarrada. Sus dedos volvieron a teclear en el teléfono que llevaba entre sus manos.
"Mejor tírala, está tan rota que no podría arreglarla".
Como alma que lleva el diablo, Naruto se levantó de golpe tras leer aquello dejando la sudadera en el suelo para abalanzarse hacia Sasuke. Éste, instintivamente, al verle venir con tanta brusquedad, intentó cubrirse colocando los brazos delante de su cuerpo, sin embargo, Naruto no frenó hasta alcanzarle y agarrar su cuerpo entre sus brazos. Le derribó. Sasuke estaba tan débil que fue incapaz de soportar ese impulso, dejando que su cuerpo cayese contra el césped y su rostro indicase un claro gesto de incomodidad al verse allí tumbado con Naruto sobre él. Ni siquiera le miraba, había enterrado su lloroso rostro en su clavícula y gimoteaba como un niño pequeño.
Con las cuerdas vocales destrozadas y sin haber recuperado todavía el habla, Sasuke sólo pudo llevar su mano al cabello revoltoso de Naruto y enterrar sus dedos allí para acariciarle con suavidad. Esperó y esperó a que su chico se calmase, aunque no parecía ser el caso. Tanto tiempo había estado alejado de él… ni siquiera podían acercarse el uno al otro para no dejar su aroma impregnado con tal de que Pain no los descubriera y ahora que por fin podían tocarse, Naruto se negaba a soltarle.
– Lo siento – escuchó finalmente Sasuke en un susurro que le hizo sonreír. Así de idiota era su novio que se preocupaba por trivialidades.
Al no escuchar una respuesta de Sasuke, Naruto alzó la cabeza para observar ese vendaje en su cuello. Estaba claro que no estaba recuperado. Ese momento en que soltó algo su agarre, Sasuke pudo colar su brazo entre ambos y volver al teléfono para teclear.
"Tú siempre preocupándote de tonterías. ¿Crees que me afectaban tus palabras? Sabía que me amabas, aún lo haces".
Naruto leyó aquello en su teléfono y sonrió. Estaba claro que hoy no escucharía la voz de Sasuke, pero le daba igual con tal de tenerle a su lado.
– Creí que Itachi me avisaría de tu estado. Lo último que supe de ti…
"Me he escapado" – sonrió Sasuke tras teclearlo en el teléfono – "y sí, he estado crítico. Itachi quiso avisarte cuando desperté, pero le dije que no lo hiciera. Sabía que hoy vendrías al cementerio. Es el cumpleaños de tu madre y querrías traerle flores, así que pensé en venir yo mismo".
– No debiste abandonar el hospital. Te ves muy pálido.
"No me encuentro demasiado mal, sólo cansado".
– Perdiste mucha sangre.
"Los médicos creen que no recuperaré el habla. No podían arreglar mis cuerdas vocales, pero ambos sabemos que con el tiempo sanarán por mi condición. Lo que no sé es cómo explicaré ese milagro" – sonrió Sasuke. Naruto sonrió también.
– Algo se nos ocurrirá para explicarlo.
El cambio de mirada de Naruto hacia el final del cementerio hizo que Sasuke ladease la cabeza todo lo que pudo hasta que el dolor le hizo detenerse, sin embargo, pudo ver a su hermano de pie a unos metros de ellos.
– Creo que tu hermano no está contento con tu escapada.
– ¡Para nada! – exclamó Itachi al ver a su hermano tirado en el césped húmedo – y menos porque va a pillar frío estando ahí. No seas bestia, Naruto, levantaos de una vez. Tendría que llevarle al hospital, pero supongo que se negará en rotundo y preferirá ir a casa. Tendré que ver si consigo que le den el alta médica.
Sasuke sonrió como un niño pequeño que acaba de hacer una travesura.
– Os diría que podéis quedaros juntos, pero la verdad es que no – se quejó Itachi –. Sasuke necesita descansar. Todavía está muy débil, así que no puedes ir a su casa – dijo Itachi hacia Sasuke, dando la sensación de que sabía que su hermano acabaría pidiéndole algo así. Itachi se giró para ir hacia el muro. Seguramente todos se habían colado allí dentro y el coche lo tendría fuera, entonces, se giró una vez más – pero… Naruto puede venir a casa a dormir si quiere. No podría explicar a los papás que tú fueses a su casa en este estado, pero si viene él a verte… supongo que no les importará que te quedes a cenar y a dormir. Entenderán que estás preocupado por mi hermanito.
– Iré. Claro que iré.
– Y tirad ya esa sudadera, joder – se quejó Itachi al ver la sudadera rota en el suelo – y haz el favor de contestar los mensajes de la manada, me están empezando a bombardear a mí para que viniera a ver cómo estabas. Y Naruto… no entres a robar orquídeas a mi madre.
Naruto se rascó la parte de atrás de la cabeza como si fuera un niño bueno y despistado. Con la excusa de acercarse a la casa para comprobar si Sasuke había regresado del hospital o no, al final acabó llevándose las flores del jardín para dejarlo en el cementerio.
– Es que… eran las flores favoritas de mi madre.
– Ya… también de la mía y creo que va a poner cámaras para saber qué pasa con sus orquídeas que no crecen como deberían.
– Eso era culpa tuya por escaparte por esa ventana y tirar chicas por ella.
Itachi se sonrojó levemente y más al ver a Sasuke reír todavía tirado en el césped. El desgraciado le había contado esas cosas a su novio.
– Yo no le cuento a mi madre que has robado sus orquídeas si tu obvias eso que sabes.
– Trato hecho – dijo Naruto con una pequeña sonrisa, aunque pronto se desvaneció cuando su mirada fue desde la tumba de su madre al agujero recién cavado que había a unos pocos metros de ella.
. . .
Tras pasar la noche en el domicilio de los Uchiha y desayunar con ellos, Naruto se despidió de Sasuke. Pese a que prefería pasar tiempo con el moreno y más después del horrible susto que se llevó, debía volver a casa, aunque no le apetecía mucho; había demasiado silencio dentro del que una vez fue un hogar lleno de felicidad.
Aunque siempre había preferido que hubiera ruido a su alrededor, sobre todo, si se trataba de las conversaciones de sus amigos y familiares, nunca le había molestado el silencio. De hecho, se acostumbró a la falta de ese tipo de jaleo durante su estancia en Alaska, sin embargo, la ausencia casi total de sonido que había invadido su casa en los últimos días era algo que no le gustaba.
Para distraerse de lo que le esperaba cuando llegase a casa, encendió la radio de la camioneta. La canción que sonaba le transportó de nuevo a hacía ya cuatro días en el hospital. Mientras deambulaba por él antes de acabar en la planta de los quirófanos, escuchó aquella melodía provenir de alguna habitación.
Había pretendido sacarse de la cabeza un pensamiento triste y, en su lugar, había terminado pensando otra vez en una de las peores noches de su vida. Aún se le ponía la piel de gallina al recordar aquel horrible pitido cuando el corazón de Sasuke se paró en medio de la cirugía. En aquel instante, su corazón se detuvo junto al del moreno, sintió que el mundo se le caía encima y que le costaba respirar. Realmente pensó que le había perdido para siempre, pero por suerte, pudieron traerlo de vuelta.
Todavía podía escuchar, como si estuviera a su lado, la voz de la doctora pidiendo que le administraran epinefrina a Sasuke mientras seguía realizándole las compresiones torácicas con la esperanza de que el corazón de Sasuke volviera a latir. Por suerte, así fue y, al poco tiempo, aquel largo pitido fue sustituido por otros más cortos que iban al compás del corazón del moreno.
Sin lugar a duda, aquella noche fue toda una montaña rusa de emociones. No creía que pudiera soportar algo similar de nuevo, aunque siendo un hombre-lobo, lo más probable era que se enfrentara a más problemas en el futuro, solamente deseaba que no fueran tan graves ni que tuvieran consecuencias tan severas.
Se había perdido tanto en sus pensamientos que, sin apenas darse cuenta, ya estaba frente a su casa. Aparcó en el camino que llevaba al garaje y bajó de la camioneta. Nada más abrir la puerta de la vivienda, la soledad le dio la bienvenida.
No captaba ningún sonido provenir del interior, solamente escuchaba los ruidos propios de la naturaleza y los producidos por los residentes del vecindario. Aquello entristeció al rubio. Tanto silencio se le hacía insoportable. Sentía que la casa se le caía encima.
Cerrando la puerta tras de sí, se adentró al interior sin saber muy bien qué hacer. Al final, decidió que intentaría despejarse dándose una ducha así que subió las escaleras hasta el piso superior. Caminó lentamente hacia su cuarto, pero a mitad del camino, se detuvo frente a la puerta entreabierta del dormitorio de su padre.
Se quedó mirándola durante unos largos segundos hasta que, finalmente, reunió las fuerzas necesarias para apoyar la mano y empujar la puerta suavemente hasta quedar completamente abierta.
Todo estaba igual a como su padre lo dejó hacía unas noches atrás, cuando Zabuza, Pain y sus manadas les atacaron. La cama no estaba en su lugar sino a un lado después de que su padre la moviera para poder salir de la habitación. Se acercó hasta la misma y se sentó sobre el colchón. De forma inconsciente, agarró la desordenada sábana y comenzó a jugar con ella, pero cuanto más iba recordando lo ocurrido esa maldita noche, con más rabia iba agarrando la tela hasta acabar atrapando un trozo en su puño cerrado.
Tantas cosas terribles pasaron esa noche que le habían dejado agotado mental y emocionalmente, tanto que solamente le apetecía dejarse caer sobre ese colchón y olvidarse de todo durante un rato. Apoyándose sobre la almohada, aspiró con profundidad. Olía a su padre. Le echaba tanto de menos...
Sin apenas darse cuenta, Naruto acabó quedándose dormido mientras agarraba con fuerza las sábanas y hundía la cara en la almohada de su padre.
. . .
Naruto se hallaba en ese estado en el que estás dormido, pero, a la vez, estás medio despierto y eres un poco consciente de lo que pasa a tu alrededor. Una parte de su cerebro le decía que se terminara de despertar, que a saber cuánto tiempo llevaba allí, pero la otra le decía que siguiera durmiendo, donde estaba seguro en el mundo de los sueños. Esa parte era la que parecía ir ganando porque el rubio no tenía ganas de salir de aquella cama, pero hubo un ruido que le puso en alerta y lo acabó despertando por completo.
Un poco desorientado y mareado por incorporarse tan rápido, Naruto bajó todo lo veloz que pudo hasta el piso inferior, donde alguien estaba abriendo la puerta principal. El rubio llegó justo cuando ésta se abrió por completo dejando ver a una figura en el umbral.
– ¡Papá! – gritó aliviado al verle frente a él sano y salvo. Sin perder tiempo, se abalanzó hacia su padre y le dio un abrazo con todas sus fuerzas.
– Naru, ¿estás bien? ¿Ocurre algo? – le preguntó a su hijo ante esa reacción.
– Por supuesto que sí, que sois unos irresponsables – le reprochó enfadado mirando también a la figura que se hallaba tras su padre: Kakashi. Esos dos insensatos le habían tenido muy preocupado.
– ¿Irresponsables? – repitió su padre sin entender muy bien la razón por la que su hijo parecía estar tan molesto.
– ¿"Todo va bien"? – Naruto habló mirando a su antiguo alfa –. ¿En serio, Kakashi? ¿De verdad crees que me voy a quedar tranquilo con solamente ese mensaje, sin que dieras más señales de vida? ¡No estaba seguro de si mi padre estaba vivo o no! – le recriminó.
– Me dijiste que le habías informado – fue el turno de Minato de reñir al hombre-lobo.
– Lo hice, ya le has oído. Le mandé un mensaje diciéndole que todo estaba bien – se excusó Kakashi.
– Eso no es suficiente – le regañó Minato.
– Claro que no lo es. Podías estar mintiéndome.
– Jamás te mentiría sobre algo tan importante como saber si tu padre está vivo o muerto – le afirmó con mucha seriedad.
– ¿Y qué querías que pensara? La única noticia que tengo de ti es ese mensaje, mi padre se dejó su móvil aquí por lo que tampoco podía llamarle para saber cómo estaba o dónde y, encima, cada vez que le preguntaba a Sai por lo que pasó cuando os encontró, me evadía o mentía, lo cual me hacía dudar y temerme lo peor. ¡Maldita sea! Sai aún debe creer que moriste y no quería darme esa mala noticia para protegerme, sobre todo, con lo ocurrido con Sasuke.
– ¿Sasuke? ¿Qué le ha pasado? ¿Está...? – le preguntó Minato con preocupación.
– Por suerte, no, pero casi – le tranquilizó su hijo intuyendo lo que quiso decir. Técnicamente, Sasuke había estado muerto durante unos instantes hasta que consiguieron reanimarle, pero ahora mismo no iba a entrar en detalles de lo ocurrido –. Después, hablamos de eso, ahora lo que me interesa saber es dónde habéis estado y por qué no regresasteis de inmediato cuando mataste a Zabuza – le dijo a su padre.
– ¿Sabes que fui yo? – preguntó desconcertado.
– Sai me lo dijo.
– ¿Cómo? Ninguno de los dos le explicó quién acabó con él – habló Kakashi.
– Lo dedujo. Lo poco que me contó Sai de vuestro encuentro es que Zabuza ya estaba muerto cuando llegó, no tenía heridas visibles que pudiera haberle provocado un hombre-lobo, por lo que te descartó – se dirigió a Kakashi – y pudo oler acónito proceder del cadáver de Zabuza y de tu mano – esta vez le dijo a su padre.
– Es posible que me cayera alguna gota cuando le inyecté el acónito – Minato murmuró pensativo.
– ¿Desde cuándo lo tenías planeado? Porque está claro que fue premeditado – dijo Naruto.
– Desde que apareció por la clínica y te obligó a atacar a Itachi. Como padre, es mi deber protegerte. No iba a dejar que volviera a controlarte y mucho menos que hicieras daño a alguien en contra de tu voluntad. No iba a permitir que te arruinara la vida.
Naruto sentía un conflicto interior: por una parte, le frustraba no haber sido lo suficientemente fuerte como para proteger a su padre de Zabuza, y también le molestaba que no le hubiera puesto al corriente de su plan; sin embargo, por otra parte, estaba agradecido de tener un padre como el suyo que estuviera dispuesto a cualquier cosa para protegerle.
– Gracias – le dijo con una sonrisa, decantándose por dejarse llevar por ese sentimiento de agradecimiento en vez por el ego dolido y el rencor.
– No tienes ni que dármelas. Eres mi hijo y haría cualquier cosa por ti – le aseguró mientras le envolvía en un dulce abrazo.
Naruto se dejó mimar y correspondió el abrazo con gusto, aspirando el aroma de su padre, como asegurándose de que realmente estaba allí, tras tantos días sin saber nada de él. De repente, frunció el ceño extrañado y se apartó levemente para mirar a su padre.
– Hueles diferente.
Debido a todas las emociones que había sentido cuando aparecieron por la puerta, Naruto no se había percatado de aquello hasta ese mismo momento.
– Querías saber dónde habíamos estado y por qué no nos habíamos puesto en contacto contigo antes, ¿no? – intervino Kakashi –. Pues tiene que ver con que Minato huela diferente. Mejor vayamos al salón y hablemos tranquilamente – propuso ya que todavía seguían en la entrada de la casa.
– ¿Qué ocurrió esa noche? – quiso saber Naruto una vez sentado en el sofá.
– Le pedí que me mordiera y así lo hizo – contestó Minato siendo muy directo.
El rubio miró primero a su padre sorprendido y, luego, a Kakashi. Era lo que quería, pero realmente no se esperaba que se decidieran a hacerlo, ya que ambos estaban en contra de ello y se habían opuesto a la idea en varias ocasiones.
– Eso es... ¡fantástico! – gritó ilusionado Naruto. ¡Eso significaba que su padre no se iba a morir! –. ¿Cómo es que cambiasteis de idea?
– Me di cuenta de que me equivocaba al aceptar mi muerte y no luchar, quería seguir viviendo – le explicó Minato.
– Cuando me pidió que le mordiera, algo dentro de mí no se pudo negar ante su petición, aunque... te aseguro que me arrepentí de haberme dejado llevar por ese impulso esa misma noche – le comentó Kakashi con seriedad.
– Me imagino – comentó Naruto pensando que a Kakashi le resultaría duro esperar si la mordedura había sido un éxito, aparte de lo doloroso y difícil que habría sido el proceso en sí y ser testigo de ello.
– No, no puedes llegar a imaginártelo – le contradijo Kakashi –. Le vi agonizar, debatiéndose entre la vida y la muerte, y... creí que le había perdido.
Naruto miró a Kakashi con confusión en su mirada y, luego a su padre, quien se mantenía cabizbajo.
– Presentó los mismos episodios que sufren los que no superan las primeras horas tras ser mordidos. Pude sentir cómo se le iba la vida mientras le sostenía en mi regazo – continuó explicando el alfa mayor.
Sentado a su lado, Minato colocó una mano sobre la de Kakashi. Aquella experiencia no fue agradable para ninguno de los dos.
– Cuando exhaló por una última vez o al menos eso creí, fui incapaz de tener cualquier tipo de pensamiento lógico. Mi mente estaba en blanco al haber sido el culpable de su muerte – dijo Kakashi mirando al otro adulto.
Naruto le comprendió a la perfección; él había pasado por lo mismo cuando creyó que Sasuke había muerto en aquel quirófano.
– No sé en qué momento me levanté y empecé a caminar con el cuerpo inerte de Minato entre mis brazos, pero tuve la sensación de haber estado deambulando durante horas cuando, de repente, su cuerpo comenzó a tener ligeros espasmos, lo cual, aparte de asustarme, me despertó de ese letargo en que había caído – continuó explicando –. Busqué un lugar donde tumbarle y tras hacerlo...
– Me incorporé de repente, tomando una enorme bocanada. Miraba a mi alrededor asustado y desorientado – le interrumpió Minato, narrando lo que sintió en ese momento.
– ¿Llegaste a... morir? – preguntó Naruto inquieto ante esa posibilidad.
– No, sí que me costaba respirar y sí que sentía como si me estuviese muriendo, pero mi corazón no se paró en ningún momento, solamente me desmayé, o al menos fue lo que sentí. El porqué Kakashi no notó mi pulso pudo ser por motivos emocionales, al creer que había muerto y entrar en shock, o quizás mi ritmo cardíaco se ralentizó tanto que parecía que no tenía pulso. No te puedo afirmar si fue una cosa u otra, las dos a la vez o algo totalmente diferente – le respondió Minato.
– Vale, entiendo que psicológicamente no estabais en vuestro mejor momento, pero sigo sin entender por qué tuvisteis que desaparecer durante tres días sin dar más señales de vida que un leve mensaje – comentó Naruto.
– Es que aún hay más que contar – dijo Kakashi.
– ¿Qué más pasó? – preguntó el alfa más joven.
– Tu padre comenzó a transformarse de inmediato en lobo, no completo, pero sí que su cuerpo iba cambiando y volviendo a la normalidad de forma incontrolada. Nunca había visto algo así, por lo que no te puedo decir la razón una transición tan inusual. No sé si se debe a su genética, a la mía, a la enfermedad que portaba... ni idea, solamente sabía que, por precaución, debía actuar y alejarle de cualquier otro ser humano por si perdía el control y atacaba a alguien. Yo le mordí, así que era mi responsabilidad.
– Hemos estado estos días en una cabaña abandonada hasta que mi cuerpo se ha estabilizado lo suficiente como para no cambiar de una forma tan radical. Aunque seguramente seguiré sufriendo algunos cambios hasta que aprenda a controlarme, como es más típico en alguien recién convertido – le contó Minato.
– En gran parte, entiendo que tomaras medidas de precaución para proteger a mi padre y que no hiriera a nadie, pero podrías haber llamado y explicado lo que pasaba. He estado muriéndome de preocupación por vosotros dos, si hasta estos días he estado viniendo a casa después de salir del hospital para ver si aparecíais – volvió a recriminarle a Kakashi.
– Tienes razón – acabó reconociendo – pero, en ese momento, mi mente estaba procesando demasiadas cosas a la vez. Solamente fui capaz de informarte levemente de que todo iba bien, y después, creí que lo mejor era que no vieras a tu padre en ese estado. Aun así, lamento no haberte puesto al corriente antes.
– Lo siento, Naru. Jamás fue nuestra intención preocuparte de esta manera – se disculpó su padre.
– Disculpas aceptadas, pero no volváis a hacer algo similar – les advirtió Naruto.
– Prometido – dijo Minato mientras Kakashi asentía con la cabeza.
Naruto dejó escapar un suspiro de cansancio. Por fin se quitaba otro peso de encima.
. . .
El olor a carne a la parrilla llenaba las fosas nasales de todos los presentes, provocando que la boca se les hiciera agua.
– Me pido la primera hamburguesa – dijo Sai impaciente al lado de Kakashi, quien cocinaba diferentes tipos de carne en la barbacoa.
– De eso nada, llevo sin comer desde hace horas y me muero de hambre, así que la primera para mí – se quejó Kiba.
– Como no me dejéis cocinar tranquilo, ninguno de los dos va a probar bocado esta noche – les advirtió Kakashi a ambos cansado de tenerlos tan pegados a él y no poder moverse con libertad.
Viendo que su cena peligraba, los dos chicos dieron un paso atrás. No querían quedarse sin probar esa deliciosa carne.
– Cuando se trata de comida, esos dos pierden la cabeza – comentó Ino sentada en la mesa preparada en el patio trasero de la casa de los Namikaze.
Habían pasado varias semanas desde su pelea contra las manadas de Zabuza y Pain, por lo que después de ponerse al corriente con la nueva situación de Minato, Sasuke se recuperara por completo y sentirse todos con mejores ánimos, decidieron pasar un buen rato todos juntos y hacer una barbacoa como las que solían hacer antes de que tantas tragedias comenzaran a ocurrir.
– Entonces, ¿la investigación está cerrada? – Naruto les preguntó a Hashirama y a Tobirama, quienes también estaban invitados en aquel festejo.
– Sí, pero aún quedaría el juicio, por lo que lo más probable es que os llamen a testificar – le contestó el jefe de la policía de Twain Harte.
– No pasa nada mientras no haya cargos contra ninguno de nosotros – comentó el rubio.
– No, como pillamos al miembro de la manada de Zabuza que provocó el incendio, acabó contando que todo era un plan de Zabuza para alejar a la policía de vuestra casa y así secuestrar a tu padre porque estaba obsesionado con él, por lo que las muertes de Hidan, Ameyuri, Zetsu y Fuguki las hemos considerado como defensa propia. Con las pruebas que tenemos y vuestros testimonios, no creo que haya ningún problema durante el juicio. Los que sobrevivieron y conseguimos detener pasarán una buena temporada en la cárcel.
– ¿Y qué pasa conmigo? – preguntó esta vez Minato –. Yo maté a Zabuza, la autopsia confirmará que fue asesinado.
Ambos policías se miraron entre sí con un gesto que no pudieron descifrar los que se hallaban cerca de ellos.
– Bueno, digamos que el informe toxicológico original se mezcló con otros y el forense acabó recibiendo el que no era – comentó Tobirama sin decir nada que pudiera incriminarles a él o a su hermano de manipulación de pruebas.
– El forense acabó dictaminando que murió debido a un ataque al corazón, lo cual no es extraño para alguien con un estilo de vida nada saludable – concluyó Hashirama.
– Gracias – Minato les dijo realmente agradecido por lo que habían hecho por él y su familia, aunque no pudieran reconocerlo.
– No tienes que darlas. Nosotros sólo nos hemos encargado de investigar lo que pasó esa noche y las pruebas indican que no eres culpable de nada – le dijo Hashirama.
Tras haber descubierto toda la verdad sobre Zabuza hacía más de un año, no iban a dejar que ese asesino siguiera jodiéndole la vida a Minato y a su familia incluso después de muerto.
– ¿Y qué pasa con Pain? – fue el turno de preguntar de Sasuke.
– Con las heridas que presentaba su cuerpo, las tuyas propias y los testimonios de Asuma, Kurenai e Ino, no hay nada que contradiga la versión oficial, la cual es que estabais de acampada por el bosque y os atacó un lobo. Asuma, Kurenai e Ino pudieron ponerse a salvo subiéndose a unos árboles, pero a ti te alcanzó antes de que pudieras hacerlo también. Después de dejarte moribundo, el lobo oyó a Pain echar a correr y acabó persiguiéndolo, provocando que cayera al campo de acónito, donde le mató – le contestó Hashirama.
Naruto posó su mano sobre la de su novio y la apretó con fuerza, indicándole que podía estar tranquilo, que gracias a la rápida reacción de Asuma y Kurenai, quienes se inventaron esa historia, y a que no hubiera testigos que pudieran contradecirla, no tenía que temer que acabara en la cárcel.
– ¿Y no pueden peligrar ambas teorías al haber estado Gaara tanto en la pelea de las manadas como después en el bosque? Tenía la sangre de Sasuke en sus manos por tratar de taponar mi herida y fue al hospital con ellos – preguntó Naruto.
– Me bajé de la camioneta antes de llegar allí. Por el camino, Kurenai y Asuma ya estaban planeando qué decir a la policía cuando llegaran a investigar qué le había pasado a Sasuke. Y como sopesaron esa posibilidad, creyeron que era mejor que nadie supiera que estuve en el bosque – contestó Gaara.
– Y yo como estuve todo el rato contigo, Sasuke y Pain y no me enfrenté a nadie, lo más seguro es que no me vieran – intervino Ino.
– Ya está bien de tanta cháchara, es hora de comer – dijo Kakashi cortando la conversación al llegar con un plato lleno de comida.
Sin perder tiempo, todos comenzaron a pinchar con un tenedor lo que les apetecía y ponerlo en sus respectivos platos para empezar a comer.
– ¿Al final leíste la carta que te llegó de Haku? – le preguntó Sasuke a Naruto después de haberse comido un par de salchichas y antes de comenzar a hincarle el diente a un chuletón.
– Sí – contestó de forma escueta su pareja antes de darle un bocado a su hamburguesa.
– ¿Y qué decía?
– Pues nos pedía a mi padre y a mí que le perdonásemos por todo lo ocurrido, que realmente él no quería hacernos daño ni participar, pero Zabuza era su alfa y no podía negarse, o al menos, no era suficientemente valiente como para oponerse a él. También decía que no debía preocuparse por él o Raiga, que no deseaban venganza por la muerte de Zabuza, que se han dado cuenta de que están mejor sin él y que ahora son felices ellos dos juntos – le contó el rubio.
– ¿Y le crees?
– No lo sé, no le conocía por lo que no puedo estar seguro.
– ¿Pero? – dijo el moreno intuyendo que había uno.
– Algo me dice que es sincero y que no me tengo que preocupar por ninguno de los dos. Además, no tenía ninguna obligación de escribirme y lo ha hecho.
– Quizás se trate de una estrategia para que bajes la guardia – contempló Sasuke.
– Es posible, no hay que descartar nada.
– Pero sigues sin creer que se trate de eso – dijo Sasuke intuyendo lo que pensaba su novio. Le conocía demasiado bien.
– Sí, prefiero elegir creer que se trata de eso y no tener que preocuparme de otra batalla entre manadas.
– Siempre intentas ver el lado bueno de las personas y, aunque amo esa parte de ti...
– Crees que eso me trae problemas en ocasiones – terminó la frase por él. Naruto también le conocía muy bien.
– Sí, en ocasiones, pecas de ser demasiado confiado.
– Bueno, si alguna vez, mi intuición se equivoca, sé que tú estarás ahí para hacerme ver la verdad – le dijo Naruto sonriendo con cariño a su novio.
– Si te acabas toda la carne que hay para cenar, es posible que no – bromeó Sasuke.
Ambos se sonrieron con complicidad y continuaron cenando tranquilos con el resto de sus amigos y familia.
. . .
Después de llenar sus estómagos con una deliciosa cena, la fiesta continuó mientras charlaban entre sí. En ese momento, el joven alfa se encontraba absorto, mirando entre incrédulo y horrorizado, cómo Sai hacía una especie de baile alrededor de Ino, mientras ésta parecía no saber si pegar a Sai o morirse de la vergüenza. El moreno le había dicho que era una danza de apareamiento que hacían otros animales.
– Deberías hablar con Naruto.
De repente, sus afinados oídos captaron aquel leve susurro de Itachi.
– Ahora no es un buen momento. No quiero estropear la velada – escuchó que Konan le respondía en voz muy baja y algo amortiguada. Se imaginaba que la chica se estaría tapando la boca con tal de evitar que alguno de los presentes escuchara la conversación que mantenían, aunque no había servido de mucho porque él lo había oído.
– Naruto no es Pain, no va a tomar ninguna represalia ni se pondrá violento – le comentó Itachi, tratando de animar a Konan para que hablara con el rubio de lo que sea que le preocupara.
– Lo sé, es sólo que... hoy se trata de pasarlo bien, después de todo lo que hemos vivido, merecemos un momento de paz y de diversión, por lo que no creo que sea el mejor día para contárselo – le contestó Konan.
Por el tono inquieto en la voz de la joven, Naruto intuía que lo que le tuviera que contar no debía ser una buena noticia. Ya que les había oído, lo mejor sería acercarse a a ellos y quitar la tirita rápidamente.
– ¿Qué es lo que me tienes que contar? – preguntó Naruto tras acercarse a la pareja –. No suelo escuchar conversaciones ajenas, pero vuestros esfuerzos por hablar en susurros no han funcionado mucho – les aclaró al verles la cara de sorpresa.
– Puede esperar a otro momento – intentó escabullirse la chica.
– Pero parece que es importante – la alentó para que hablara –. No te preocupes, dudo que lo que tengas que decirme sea algo tan grave como para arruinar el ambiente si es eso lo que te preocupa.
Por el gesto en el rostro de Konan, Naruto dedujo que aún se hallaba dubitativa.
– Itachi sabe por todo lo que hemos pasado los aquí presentes, incluido él, por lo que no te animaría a que hablaras conmigo si pensara que podría suponer un problema – dijo para terminar de alentarla.
– Está bien – acabó accediendo –. Lo primero, decirte que realmente estoy y estaré eternamente agradecida contigo y con tu manada por todo lo que habéis hecho por mí: por defenderme, abrirme los ojos y ver lo que es una manada de verdad y cuál es el papel de un buen alfa, por devolverme la confianza en mí misma que perdí hace mucho tiempo, por acogerme en vuestra manada cuando Pain murió... No quiero que creas que no valoro todo lo que habéis hecho por mí, porque realmente me habéis cambiado la vida...
– Hay un pero, ¿no? – dijo Naruto.
– Quiero formar mi propia manada – confesó Konan.
A Naruto le pilló desprevenido aquella noticia, no esperaba que se tratase de eso, pero no le sentó mal, si era lo que Konan esperaba.
– Yo no quiero que nadie se quede en la manada si no está a gusto o no me considera su alfa, no obligo a nadie a estar aquí, por lo que si es lo que necesitas o quieres, no hay problema – le comentó con sinceridad.
– ¿Seguro que no te molesta o estás enfadado? – insistió la chica.
– Segurísimo – le afirmó Naruto –. Serás una gran alfa – le dijo con sinceridad –.¿Y ya tienes pensado a alguien para incorporar a tu nueva manada o por ahora vas a ser una loba solitaria? – preguntó por curiosidad.
– Bueno... – murmuró nerviosa mirando de reojo a Itachi.
Naruto captó ese detalle y miró confuso al moreno.
– Creí que habíamos dejado nuestras rencillas atrás y estábamos bien – le dijo con intención de picarle, porque era bastante obvio que Itachi se marchaba con Konan no porque tuviera un problema con él sino para apoyar a la chica que le gustaba.
– Ya, es que eres demasiado rubio para mi gusto. Prefiero tener un alfa con un color de pelo más parecido al mío – bromeó Itachi.
– Si quieres, me lo tinto – le siguió la broma.
– Sabría que no es natural, lo siento – dijo Itachi con un tono fingido de estar dolido.
Naruto e Itachi no pudieron aguantar más las caras serias y acabaron soltando un par de carcajadas, haciendo que Konan también sonriera divertida.
– ¿En serio que te parece bien que me vaya con Konan? – Itachi quiso asegurarse.
– Sí, tranquilo, como le he dicho a ella, no obligo a nadie a estar en mi manada.
– Gracias, Naruto.
– De nada, pero tú se lo cuentas a tu hermano. No quiero ser el mensajero de malas noticias.
– Pero eres su alfa – se quejó Itachi, tratando de cargarle con la responsabilidad. Su hermanito podía dar auténtico miedo cuando se cabreaba e intuía que esa noticia no le iba a gustar demasiado.
– Y tú, su hermano, la sangre tira más – le rebatió el rubio.
Ambos se enzarzaron en una discusión tonta poniéndose excusas cada vez más alocadas con tal de no ser quien pagara el malhumor de Sasuke.
– ¿Qué pasa conmigo?
Sasuke apareció de la nada, sobresaltando a Naruto y a Itachi.
– Itachi tiene que contarte una cosa – se escaqueó Naruto.
– No, no, es Naruto quien tiene que comentarte algo. – Itachi echó la pelota al tejado del rubio.
– Más vale que alguno de los dos hable o pagareis los dos las consecuencias – amenazó el moreno con una mirada asesina.
Ligeramente asustados, ambos continuaron pasándose al marrón el uno al otro, hasta que Itachi salió corriendo y Naruto fue tras él gritándole cobarde mientras Sasuke también se unía a la persecución. Ante tal panorama, no pudieron evitar echarse a reír, consiguiendo contagiar las carcajadas al resto de invitados, al ver tal espectáculo.
Todos comenzaban una nueva etapa en sus vidas, una que seguramente tendría sus problemas, pero como todo en la vida, también tendría su parte positiva, donde crearían nuevos y felices recuerdos, pasarían tiempo juntos y donde se enfrentarían a lo que viniese juntos, como una familia.
FIN
