Hola mis bellas y bellos lectores, gracias por entrar aquí. Después de varios meses, por fin les traigo el último capítulo de esta pequeña historia. Agradezco la paciencia de todos, y sin nada más que decir, los dejo con la lectura. Espero que les guste :D

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Como siempre quiero agradecer a todas las personas que me leen y que me dejan algún review, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente me leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar.

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Capítulo dedicado con mucho cariño a todos los que comentaron el capítulo anterior: Lirio-Shikamtema, ANABELITA N, Kaoru-Sakura, SophieNara040922 y Coeli Nara.

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Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.

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Ocurrencias de una problemática

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Capítulo 3.- Retomando ciertas prácticas.

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—¡Mi postre caliente! —exclamó la rubia, cínicamente, mientras Shikamaru solo se dedicó a observar.

—Así es —señaló con cordialidad, el camarero— ¿puede mover su copa, por favor?

—Por supuesto —respondió la mujer, con exagerada amabilidad y enseguida colocó su copa al centro de la mesa. El hombre al ver desocupado, depositó el postre enfrente de ella. Ante sus ojos, el platillo se veía delicioso.

—Uy, se me hace agua la boca —señaló ampliando su sonrisa, y sin perder tiempo, tomó el tenedor. El pelinegro que seguía observando la escena, aprovechó de llevarse el vaso de agua a la boca—. Hace como tres semanas que no degusto algo así. En mi casa, los postres calientes desaparecieron como por arte de magia. ¿Verdad Shikamaru?

El pelinegro apenas escuchó esa indirecta, volvió a ahogarse con el agua. Temari contuvo la risa

—¿Shika, estás bien? —preguntó con fingida preocupación, luego de ver que su marido no dejaba de toser.

—Cof, cof, cof… Sí… lo estoy —musitó con la voz enrarecida y continuó tosiendo.

—Dama, ¿necesita algo más? —inquirió el camarero, captando de inmediato la atención de la rubia.

—No, nada más. Gracias —respondió la mujer, con una sutil sonrisa, y el hombre hizo una pequeña reverencia y se marchó. Temari lo siguió con la vista por unos segundos, para luego enfocar la mirada en el postre, ignorando por completo a su marido. Coqueta se llevó una castaña a la boca.

Shikamaru que todavía no conseguía calmar el ataque de tos, recordó el reproche que hace minutos atrás ella le hizo.

Su mujer tenía razón, la había dejado sin sexo, ¿pero era motivo suficiente para ofuscarse como lo había hecho? Según él no, ya que había una justificación de por medio: «El trabajo lo había consumido por completo». Aunque ese exceso de trabajo, en gran parte, había sido culpa de él, debido a que la emoción de tener ese megaproyecto a cargo, lo había hecho equivocarse a la hora de establecer la fecha de presentación del proyecto. Un pequeño error en el cronograma que no quiso reconocer, y que al final, terminó por asumir como un reto.

¿Temari tenía la culpa de eso? No, por supuesto que no, incluso ni siquiera lo crítico por llevarse una parte considerable del trabajo a casa. Simplemente lo apoyo, tal como lo había hecho desde el momento que le asignaron ese proyecto. Su mujer se merecía el cielo.

¿Y qué había hecho él para agradecérselo? Nada. Durante esas últimas tres semanas, con suerte le había dado las gracias, pero eso no era lo que ella le reclamaba.

Al dejar de toser, Shikamaru contempló las acciones de su problemática. Se notaba que ella se estaba deleitando con sus castañas, aunque su forma de saborearlas era algo exagerada. No era el postre caliente que deseaba comer, claro no, pero por ahora con esa exquisitez su paladar se conformaba.

El pelinegro esbozó una semisonrisa ladina. Tal vez su coeficiente intelectual era superior al resto, pero a la hora de querer interpretar las palabras o el actuar de su mujer, era igual que todos los de su género.

Frunció la boca al recordar la propuesta de ir al Pub. Definitivamente era un idiota de primera.

Regresar a la normalidad con una invitación a cenar había sido pésima idea, ya que si quería agradecerle todo el apoyo brindado, debió haberle dado carta blanca para que ella decidiera la manera de cómo quería que la retribuyera.

Aunque con todo lo acontecido, el tipo de compensación saltaba a la vista. Todas sus notas mentales fueron contestadas enseguida.

Obviamente no quería aceptar la invitación a cenar, porque quería comenzar normalizando su vida marital. Había que ponerse al día con cierto menester que había quedado de lado, debido al bendito proyecto (respuesta de la nota mental uno).

Si había elegido una mesa al final de salón era para poder llevar a cabo su plan. Tenía que calentarlo rápido, pero con disimulo. De esa forma la cena duraría lo justo y preciso para luego ir a follar (respuesta de la nota mental dos).

La vestimenta sensual solo era para apresurar el objetivo que había trazado (respuesta de la nota mental tres).

Aunque después de responder sus notas mentales, otras preguntas surgieron en su cabeza: ¿Por qué Temari no rechazó la invitación y le dijo lo que realmente quería hacer? Tal vez solo aceptó para complacerlo, sabiendo que después podía recurrir a una forma poco ortodoxa para encenderlo… pero, ¿por qué él no logró entrar en su juego?

A los tres segundos su cerebro reaccionó: «La teoría de los veintiún días para crear hábitos era la explicación». Había estado tres semanas trabajando para ese bendito proyecto sin ninguna distracción. Lo único que hacía diferente eran sus necesidades básicas, donde no estaba incluida hacer amor. Mal por él, pero muy efectivo para el objetivo laboral que se había propuesto. Había creado el hábito de dedicarse exclusivamente al trabajo, pero no era la vida que quería para él. Vivir para trabajar no era lo suyo. Tal vez inconscientemente lo aplicó mientras elaboraba ese bendito proyecto, pero él reconocía que aquello estaba mal. Ese mal hábito tenía que cambiarlo con urgencia, y quién más para ayudarlo que su problemática mujer.

El pelinegro la miró con detenimiento, sin embargo, Temari continuó ignorándolo. Las castañas en ese momento tenían toda su atención. La insistente mirada de Shikamaru prosiguió y descendió hasta la altura de sus senos. A través de su blusa pudo apreciar el brasier que cubría sus generosos pechos.

Sonrió con suficiencia al sentir que su sexo reaccionó. Sus ojos por reflejo volvieron a posarse en su rostro de su esposa. La rubia al sentirse observada, alzó la mirada y fijó los ojos en él.

Su marido tenía una estúpida sonrisa, por lo que fue imposible no fruncir el ceño y preguntar la razón.

—¿Me puedes contar el chiste? —sus ojos aguamarina lo miraron con curiosidad, y el rostro del pelinegro al instante se enserió.

—No es nada —respondió apático quitándole la mirada, para luego tomar la botella de vino y leer la etiqueta.

La mujer lo miró suspicaz. Lo conocía bastante bien, por eso podía afirmar que su cerebro algo estaba tramando, pero en ese momento no se le ocurría lo qué podía ser. Temari continúo pensando. Tal vez solo estaba elaborando una justificación, con respecto al reproche que ella le había hecho minutos atrás.

Dejó sus castañas de lado y se quedó mirándolo, hasta que de repente dio un respingo al sentir que alguien le acarició una de sus piernas. El suave roce descendió desde la altura de la pantorrilla hasta el tobillo y nuevamente ascendió por su piel.

Alborotada miró a su marido, quien tenía la vista clavada en la etiqueta del vino, como queriendo mantenerse ajeno a lo que pasaba bajo la mesa y el mantel.

Tenía que ser el pie de él, ¿de quién otro podía a ser?

Shikamaru sintió los ojos de su mujer sobre él, por lo que sin mirarla esbozó una sexy semisonrisa. Con parsimonia vertió vino en su copa y dejó la botella junto a la jarra de agua. Alzó la copa y clavó los ojos en su mirada aguamarina.

—Veo que al fin vuelves a ser tú —espetó la rubia, con un deje de coquetería, llevándose una castaña a la boca y disfrutando de esa sutil caricia.

—Así parece —acotó con suficiencia y bebió mientras contemplaba como ella disfrutaba de su bocado—. No hay mal que dure cien años.

Ella sonrió y enseguida tragó.

—Ni cuerpo que lo resista —completó el refrán y se saboreó los labios —. ¡Qué bien por mí!

Shikamaru sonrió con malicia.

—Por ambos —señaló, y a continuación su semblante se enserió, apoyando la copa en la mesa—. Fue una estupidez invitarte a cenar. Lo siento, Tem, pero creí que una salida era una buena idea para romper la rutina de los últimos veintiún días.

Temari lo miró comprensiva.

—Fueron tres semanas muy duras para ti.

—Pero también lo fueron para ti —espetó certero—, ya que ese proyecto hizo que yo desequilibrara todo nuestro ritmo de vida. Te arrastré a mi burbuja laboral sin consultarte, pero aceptaste el reto y me apoyaste. Te mereces el cielo, mujer, por eso nunca debí proponerte esta cena. Debí preguntarte cómo querías que retomáramos nuestra vida. Debí pensar primero en ti.

El pelinegro estiró su mano derecha tomando la mano libre de su mujer. Temari contempló el gesto y sonrió feliz. Su mirada aguamarina nuevamente volvió al rostro de su marido.

—Bueno, tú ya sabes que no quiero el cielo —aquella invitación lo sedujo al instante, por lo que sin quitarle la vista de encima, levantó el pie que descansaba al lado de uno de los pie de Temari, y lo posó en la cara interior de uno de sus muslos. La rubia que lo miraba con intensidad, separó las piernas lo suficiente para que el pie de su hombre se deslizara hasta donde tenía que llegar. Al percatarse de ese accionar, Shikamaru alzó la copa y la acercó a sus labios.

—Lo sé, siempre te ha gustado el infierno —aseveró con voz ronca, deslizando el pie hasta llegar al sexo de su mujer, el cual estaba cubierto con una pequeña braga. Lo movió y vio cómo su mujer, que iba a comerse una de sus castañas, se tensó. Presuntuoso bebió de su copa

—¿Y a quién, no? —inquirió la rubia, con un poco de dificultad esbozando al final sonrisa lasciva —. Ese tipo de calor es mi preferido.

El pelinegro le sobajeó más fuerte su sexo y dejó de beber.

—El mío igual —respondió seductor contemplado la excitación de ella.

—Y entonces… ¿por qué no me seguiste el juego desde un principio? —su curiosidad le sacó a Shikamaru una divertida sonrisa.

—Por culpa de «La teoría de veintiún días» —espetó dejando la copa sobre la mesa.

—¿La teoría de crear hábitos? —inquirió atenta.

—Sí, creé el hábito de centrarme solo en el trabajo —señaló observando como ella trataba de disimular sus jadeos—, pero ya estoy en proceso de dejar eso olvidado. En veintiún días lo revierto por completo, supongo que me ayudarás.

Lo miró con deseo.

—¿Lo dudas?

—No, por eso lo mejor es ir a pagar la cuenta y salir de este restaurant —acotó retirando el pie con prontitud y se colocó el zapato. Sin perder ni un segundo, se puso de pie.

— A menos que…

Esas tres simples palabras lo encendieron de inmediato.

—Pagaré la cuenta y de ahí pasaré al baño —le comentó y sonrió seductor—. Te espero allá.

Aquella invitación hizo que Temari se pusiera ansiosa enseguida, por lo que se levantó de su asiento, tomó su cartera y se encaminó con rapidez hacia sector mencionado. Con la libido alterada ingresó al baño de mujeres, pero al ver que el lugar no estaba vacío dudó que se pudiera hacer «algo» allí. Hizo una mueca de molestia y esperó a que un cubículo se desocupara, después de un rato pudo entrar a uno, y como lo hace todo el mundo, vació todo el líquido que tenía acumulado en su vejiga, sin embargo, al salir nuevamente al sector común, vio que la concurrencia continuaba igual.

«Tal vez el baño del otro salón esté un poco más desocupado», pensó dubitativa, pero sin perder aquella ansiedad candente que sentía. Caminó hacia el lavabo y se lavó las manos. Volvió a observar como entraban y salían mujeres del baño. Parecía como si todas se hubiesen puesto de acuerdo para venir justo en este momento. Avanzó hacia el secador de manos y lo utilizó.

En ese preciso instante, sintió que su celular vibró.

«Debe ser Shikamaru», pensó mientras abría su cartera y sacaba el móvil. Encendió la pantalla y lo revisó; tenía una llamada pérdida y par de mensajes de su vago. Abrió éstos últimos.

S: Estoy afuera.

S: Te estoy esperando.

S: Tem, ¿dónde estás?

Miró la hora en su teléfono y la contrastó con la hora del primer mensaje. Habían pasado cuatro benditos minutos. Rápidamente salió del baño y vio a su marido apoyado en la pared de enfrente, observándola con descaro. Su sex-appel era evidente, aunque tenía las manos en sus bolsillos como siempre. La rubia aprisa se encaminó hacia a él.

—Este baño está muy frecuentado —susurró con cierta ansiedad, cuando llegó a su lado —, tal vez habría que ir a inspeccionar el baño del otro salón.

Su marido se separó de pared y la miró deseoso.

—Jamás dije que utilizaríamos en baño de mujeres —musitó con suficiencia y luego dirigió la vista hacia el pasillo; nadie venía. Sin perder tiempo, deslizó la mirada en la puerta del frente; cero movimiento también. Con una semisonrisa ladina, abrió la puerta que estaba a su lado y con su mano libre tomó el brazo de Temari. —Entremos —le propuso y en menos de cuatro segundos ya estaban adentro. El moreno le puso seguro a la puerta y enseguida giró hacia su mujer, quien justo terminaba de observar lo que había en ese cuarto. Sus ojos aguamarina se posaron sobre él.

—Estamos en el baño de hombres —susurró la rubia, con un deje de nerviosismo, pero a la vez de excitación al ver que su hombre la devoraba con la mirada.

—Habla con confianza, no hay nadie más que nosotros dos —acotó con voz ronca mientras acortaba la distancia. El deseo les emanaba por los poros, por lo que en un par de segundos aquella distancia desapareció.

Juntaron sus bocas con desespero, como si hubiese pasado mucho tiempo desde la última vez que lo hicieron. Tal vez no lo habían dejado de hacer, pero la intensidad había mermado. Sin embargo, hoy, Shikamaru estaba dispuesto a enmendar todos sus errores, retomando ciertas actividades que era muy necesario reanudar. Alborotados entrelazaron sus lenguas con premura, mientras las manos de ambos fueron a dar al lugar que querían toquetear. La cartera estorbaba, por lo que fue lanzada al piso, sin interrumpir su accionar.

La mano de Shikamaru dejó de sobajearle los glúteos para comenzarlo a apretar. Temari de inmediato dejó escapar un jadeó. Le encantaba que hiciera eso, aunque no podía sentir la calidez de su mano, debido a la tela de la falda que estaba entremedio. El pelinegro sabía de aquello, por lo que no tardó en bajar la mano y meterla por debajo de su falda para poder pellizcarle directamente el trasero.

La rubia gimió sobre los labios del pelinegro, y éste sin dejarla de manosear comenzó a besarle el cuello.

—Aaahh Shika… ¿Cómo conseguiste desocupar el baño? —inquirió lasciva mientras sentía que la mano de su marido comenzaba a colarse por sus entrepiernas.

El moreno dejó de succionarle la piel y sonrió.

—Antes de entrar la primera vez, saqué el cartel y lo coloqué por el reverso —acotó con voz ronca, enderezando la cabeza para mirarla a los ojos y contemplarla con suficiencia. Después la hizo retroceder—. Por ese lado dice: Fuera de servicio.

—Por eso nadie más entró —acotó la rubia mientras era guiada por su marido.

—Exacto, además hay otro baño para hombres —espetó el pelinegro deteniéndose su avance, antes de que su mujer chocara con la pared—. Tardarán un buen rato en darse cuenta.

Temari pudo ver el deseo en los ojos de su hombre.

—Eres muy listo —señaló sensualmente, mordiéndose el labio inferior.

Shikamaru sonrió ladino y se apegó al cuerpo de su mujer, consiguiendo que la espalda de la rubia hiciera contacto con el frío muro.

—Solo algunas veces —agregó con voz seductora, a un par de centímetros de los labios de su esposa—, por ejemplo hoy comprendí el tipo de postre que querías comer.

Empujó su sexo contra ella y la hizo jadear de placer.

—Ese postre caliente es mi debilidad —acotó empujándolo lo suficiente para poder guiar sus manos hacia ese cinturón que le estorbaba.

—Lo sé, por eso estoy preguntando cómo quieres comenzar —señaló observando la rapidez con la que le desajustaba el cinturón, continuando con el botón y el cierre—. Es tu premio por soportar tres semanas a este problemático ingeniero.

Bajó lo suficiente su ropa interior, dejando a la vista su hinchado sexo. Se saboreó la boca y luego lo rodeó con la mano, alzando después la vista para observar el rostro de Shikamaru.

—Te quiero con la espalda en la pared —espetó con una sonrisa lasciva ascendiendo la palma de su mano por su venosa hombría—. Debo inspeccionar que el celibato de tres semanas no lo haya dañado.

El pelinegro esbozó una traviesa semisonrisa.

—Control calidad.

—Exacto —afirmó soltando la erección de su marido y cambiaron de posición al instante. Shikamaru bajó sus prendas lo suficiente y se apoyó contra la pared expectante. «La revisión» comenzó enseguida.

La mujer se arrodilló enfrente de esa inhiesta majestuosidad y de inmediato se le hizo agua la boca. Evidentemente éste estaba como ella quería. Sin duda podía estar en esa posición «suplicándole» noche y día.

—Inspección visual aprobada —acotó cogiendo la erección por la base y acercó su boca —, ahora veamos si responde a las necesidades del usuario —abrió la boca deseosa y de una sola engullida lo abarcó, sintiendo el estremecimiento de su hombre, acompañado de un suave gemido. Temari comenzó a succionar. Lo hizo una y otra vez, sin acelerar, para luego ascender y descender por su gruesa longitud, y repetir la acción unas cuantas veces más.

—Ohh sí —balbuceó al sentir como su hembra se lo devoraba. No cabía duda que aquello le encantaba, por eso no entendía cómo era posible que él haya estado alejado tres semanas de esa práctica que tanto lo excitaba. Extasiado la tomó del cabello y se dejó llevar—; sigue chupándolo así.

La rubia apenas escuchó esas palabras, se calentó más de lo que ya estaba, por lo que no tardó en acelerar el vaivén que ejercía con su boca, incrementado también la intensidad al momento de succionar.

—Aaahh, aaahh.

Cómo había echado de menos ese inhiesto bocado. Ningún postre caliente se le comparaba, ya que su pelicular sabor y textura le acrecentaba la libido y el descaro. Continuó manteniendo el ritmo hasta que nuevamente lo escuchó balbucear.

—Ohh mujer.

Temari detuvo su accionar y con malicia deslizó la boca hasta situarse en su hinchado glande, comenzando enseguida a succionar. Lo hizo de menos a más con el fin de desesperarlo, para luego volver a abarcar parte de su sexo y regresar a la guinda que estaba saboreando. Excitada lo chupó con intensidad.

—Aaahh Tem —jadeó extasiado incitando a que ella descendiera por su venoso falo. El pelinegro aprovechó la circunstancia y empujó su rubia cabeza. —Comételo todo, mujer —sus palabras calentaron a esposa y de una sola zampada lo engulló—. Oh sí, sí —soltó mientras inmovilizaba la cabeza con sus manos y arremetía contra su cavidad bucal. Sabía lo que su mujer quería y él no se lo iba a negar, por lo que embistió contra su boca hasta sentir que estaba a punto de acabar.

—Aaaahh mujer —balbuceó jadeante al momento que un exquisito orgasmo lo embargó, liberando toda su semilla en la boca de ella. Temari sin titubear se la tragó. Caliente pensó que necesitaba más sensaciones con ese pedazo de carne, por eso con paciencia, esperó.

Shikamaru lentamente le soltó el cabello, y con la respiración irregular, apoyó toda la espalda en la pared. La rubia se separó de su miembro y alzó la mirada.

—No estuvo mal para comenzar —espetó coqueta captando la atención de su hombre —, lo que significa que el celibato no le hizo daño —sin quitarle la mirada, limpió la boca con los dedos y se puso de pie, sonriéndole con complicidad. El pelinegro que aún se veía agitado, le devolvió el gesto —. El toque agresivo a final estuvo genial.

—Era el postre caliente que quería devorar —señaló con voz ronca, separándose de la pared para posar una de sus manos en el generoso trasero de ella, y la otra en su espalda baja. La rubia por reflejo le rodeó el cuello y se apegó a él. El moreno al sentir los senos de su mujer contra él, desvió la vista hacia éstos. El solo contemplarlos a través de su escote, le aumento la libido endureciéndole el miembro en un santiamén.

—No lo puedo negar, aunque todavía tengo espacio para otro postre más —los orbes oscuros de su hombre volvieron a fijarse en los ojos deseosos de ella. El moreno la atrajo de los glúteos y la apegó a su sexo. Temari enseguida dejó escapar un jadeo—. Veo que tu compañero ya se recuperó.

Ansioso la observó.

—Sabe que tiene que ponerse al día contigo —acotó seductoramente, desplazando la mano que posaba en su trasero en dirección a su muslo. Al tocar su suave piel ascendió por ésta con rapidez, metiendo la mano por debajo de la falda para hacer contacto sus nalgas—. Lo conoces, no te decepcionará, sin embargo, hay algo que quiero hacer antes de ponerlo de nuevo a trabajar —le amasó los glúteos para luego dirigir la mano hacia su entrepierna. Ella dejó escapar un suspiro, apenas sintió los dedos de su hombre colarse por debajo de su ropa interior —Como siempre tan mojada —sonrió al manosear la intimidad y ella de inmediato comenzó a jadear—. Me encanta así.

El pelinegro sin sacar la mano de su sexo, la guió hacia donde estaban los lavabos. Agradecía a Kami, que éstos estuviesen sobre un largo mueble, ya que en los extremos había una superficie lisa que se podía ocupar. Sin dudarlo, empotró a su mujer en uno de los extremos y asaltó su boca. Sus lenguas se entrelazaron con fervor, mientras tanto, las manos del pelinegro se deslizaron hacia sus anchas caderas y rápidamente le bajó la ropa interior. Se separó de su boca y atacó su blanco cuello.

La braga en un par de segundos llegó a los pies de la rubia, y ella en dos movimientos mandó a volar la prenda. Shikamaru se separó de ella y con brusquedad la giró, dejándola de espaldas a él. Con una sonrisa lasciva, la empujó y ella apoyó las manos sobre la superficie, dando luego unos pasos hacia atrás, dejando a la vista parte del trasero y de su intimidad.

El moreno se agachó y la contempló hambriento.

—Ay mujer, esa cara que me muestras —acotó cachondo, y se metió entre sus piernas de ella, con ansiedad. Acercó la boca a su sexo, y sin esperar más, le dio una lamida de extremo a extremo.

—Aaahh Shika —gimió dando un respingo y el hombre volvió a repetir tan deliciosa acción. Temari nuevamente gimió.

—Te gustó, ¿cierto? —inquirió el pelinegro, y sin dejar que respondiera, comenzó a succionarle su botón de placer.

—Oh sí, sí —chilló excitada mientras seguía disfrutando de cada succionada que su marido le daba —. Me encanta que me calientes con la lengua y la boca.

Shikamaru apenas la escuchó se detuvo, volviendo lamer de punta a punta el sexo ardiente de su mujer. Su sabor y aroma era prácticamente un vicio, por lo que la lamió un par de veces para luego arrastrar su lengua y empezar a introducirla en su sinuosa cavidad.

—Ahhh Shika —gimió la rubia, al sentir la lengua de su hombre hurgarle las paredes, lo que le provocó cierta tensión y la mojó aún más.

El pelinegro sacó la lengua de su abertura e introdujo la punta de dos de sus dedos, los cuales en un veloz movimiento llegaron hasta donde podían llegar. Temari volvió a dar un respingo y jadeó con intensidad.

—Oh Kami —soltó extasiada al sentir esos dos dedos hurgarle de manera desaforada—. Harás que me corra en tu mano.

Sus calderas por inercia siguieron el movimiento de ese par dedos.

—No mujer, lo harás en mi boca —afirmó su hombre antes de volver a chuparle su excitado botón rosado.

—Aaahhg Shika —chilló Temari, con intensidad, sintiendo como incrementaba su libido más con cada estimulación de su hombre. Cerró los ojos y continúo jadeando, sabiendo que en cualquier momento las olas de placer la iban a sobrepasar, por eso simplemente se dejó llevar.

Sintió un ligero cambio en la estimulación que ejercía su marido, pero la fruición que la envolvía no le permitió balbucear. Los gemidos simplemente se hicieron más audibles y continuos, hasta que una inmensa ola placentera la sacudió haciéndola sentir un orgasmo exquisito y arrasador.

—Aaaaahh Shikamaru.

Los dedos del pelinegro dejaron de masajear su clítoris. Sí, había hecho un cambio, ya que su lengua era la que estaba en la cavidad de su hembra al momento del colapso. Pudo saborear su esencia y rápidamente succionó. Lascivo tragó ese elixir y enseguida salió de entremedio de sus piernas. Caliente, y perder tiempo, levanto completamente la falda y se ubicó detrás de ella.

Era el momento del plato principal.

Temari que aún estaba en estado de éxtasis, sintió que el pelinegro la tomó de las caderas y que de una sola estocada se hundió en su cavidad

—Aaahh Shikamaru.

La había llenado por completo, reactivando su cuerpo y la lascivia desde un comienzo. Sin duda, no había comparación. Tener ese pedazo de carne bombeando su ardiente hendidura era lo mejor.

Con las fuertes arremetidas de Shikamaru, los jadeos de ambos prontamente se entremezclaron.

—Oh Tem… No sé cómo pude estar tanto tiempo sin hacer esto —acotó sin dejarla de embestirla, ya que las paredes húmedas de ella lo incitaban a seguir.

—Aaahh… aaahhh… Fue culpa de tu bendito proyecto —espetó entre jadeos, disfrutando del vaivén acompasado —, pero lo bueno es que eso acabó.

—O sea… no terminó —soltó el pelinegro, pero antes que la rubia dijera algo, tensó su mandíbula y aceleró haciendo que Temari gimiera extasiada—. Aaahh… aaahh… ya que ahora debo dirigirlo… Pero la etapa que demanda más tiempo… y exclusividad, ya finalizó.

—Aaahh… Aaahh… Entonces… ¿no volverás a dejarme solo a pan y agua? —inquirió con la voz irregular y el moreno levemente bajó la intensidad.

—No… nunca más…. Aaahh… aaahh… No es mundano estar sin sexo tres semanas… Menos si la mujer de mi vida comparte conmigo la misma cama.

Temari dejó escapar una sonrisa.

—Me parece muy bien —señaló mientras jadea—, pero ahora cortemos la conversación… y sigue compensándome las tres semanas.

—Tus deseos son órdenes… problemática —espetó con voz ronca para luego tensar el rostro y acelerar sus estocadas.

—Aaahh Shika… sí, sí…síguelo metiendo así —acotó jadeante, la rubia, gozando de las sensaciones que esa verga le hacía sentir. Podía estar recibiendo sus embestidas todo el bendito día, ya que ese pedazo de carne era su vicio y ella sin éste no podía vivir… ¿o sí? Bueno, había vivido tres semanas en sequía, pero eso había sido sobrevivir.

—Caliente… así me gusta tenerte —espetó sudoroso y extasiado, el pelinegro—. Te voy a follar hasta que tu coño no pueda más.

Temari con solo imaginárselo se encendió una enormidad. Amaba las palabras vulgares y las advertencias pecaminosas a la hora de fornicar.

—Oh sí, sí… Necesito que me sigas cogiendo así —suplicó cachonda Temari, iniciando un movimiento de las caderas para seguirle el ritmo.

—Aaahh… Aaahh… ¿Solo así… o prefieres así? —inquirió su marido, menguando el ritmo para ganar profundidad y dureza. La rubia se deshizo de placer al sentir esas tan estocadas tan sólidas y abismales.

—Aaahh Shika sí… sígueme follando así —acotó entre quejidos lascivos, sintiendo el golpeteo sordo contra sus sudadas nalgas. Era la penetración que anhelaba recibir hace días, y que hoy, por fin su marido se la concedía, por eso estaba dispuesta a disfrutar ese momento, sin importarle un bledo que fuese en el baño de un restaurant.

Ahora le daba lo mismo si la escuchaban, solo quería continuar deleitándose con ese grueso pedazo de carne que deslizaba deliciosamente por su ardiente cavidad.

—Aaahh…me encanta escucharte pedir más —espetó entre jadeos, haciendo más desaforado el vaivén. Los jadeos y gemidos de ambos se hicieron mucho más audibles y más repetitivos. La lascivia inundó todos sus sentidos, olvidándose de todo lo que podía estar pasando fuera de ese lugar.

Las embestidas continuaron una tras otra y las piernas de Temari comenzaron a temblar. Sabía que su cuerpo en cualquier momento colapsaría, pero quería seguir gozando de esa intensa cogida, sin embargo, el clímax en pocos segundos la alcanzó, y no pudo hacer nada más.

—Aaaaahhg Shikamaru —gimió con intensidad, dejando caer parte de su cuerpo sobre la superficie plana. Sus caderas todavía continuaban elevadas, debido a que su marido todavía la penetraba. En un breve instante, el pelinegro frenó su vaivén y se estremeció, sintiendo enseguida un éxtasis avasallador.

—Aaaahhg Tem —soltó extasiado llenándola enseguida con su simiente, para luego cubrirla con su cuerpo y apoyar las manos a cada costado de ella. Jadeante intentó regularizar la respiración. Había sido una follada exquisita, y qué decir del orgasmo que había sentido, sin embargo, necesitaba saber si había cumplido con las expectativas de su mujer.

Tragó saliva e hizo el amago de hablar. No obstante, la rubia se adelantó para variar.

—Oh Shikamaru…eso fue tan intenso —al escucharla el pelinegro lentamente se irguió. Temari comenzó hacer lo mismo y su hombre al instante la ayudó—. Necesitaba tanto esta follada como el aire para vivir —acotó ella, con una radiante sonrisa—. Por fin siento que vuelvo hacer yo.

Por detrás, el moreno la abrazó por la cintura y ella por inercia apegó su espalda a él.

—Temari, la pecaminosa e insaciable —espetó al sentir que ella comenzaba a mover el trasero contra él. Su miembro nuevamente se empezó a endurecer. Definitivamente su amigo estaba bien entrenado—. Debo reconocer me calienta demasiado esa versión —una de sus manos le levantó la falda y así pudo sentir la piel de ese redondo culo que tanto amaba. Luego la misma mano fue a parar en los pliegues de su intimidad. Comenzó a sobajearle el clítoris y ella por reflejo empezó a suspirar.

Deslizó su mano libre debajo de la blusa de Temari. Empujó el sostén hacia arriba para manosear y pellizcarle los pezones, hasta que un ruido que provenía del otro lado de la puerta detuvo su accionar.

—Mierda —recordó dónde estaba e intentó ponerle el sostén en su lugar—. Están intentando abrir la puerta.

—¡Ay no! —soltó aterrada y Shikamaru rápidamente la soltó. Ella con prontitud se acomodó la falda, el sostén y la blusa.

El pelinegro que ya se había subido las prendas, apresurado se dirigió hacia la puerta mientras se ajustaba el cinturón. Al llegar a ésta no escuchó ningún ruido sobre la manilla.

—Ya se dieron que estaba cerrada por error —acotó y enseguida volteó su rostro hacia ella, que justo se estaba mojando la cara —. Seguro fueron a buscar la llave para abrir.

Aprisa la vio sacar papel para el secado, y se enjugó la cara y las manos. Botó el papel y con prontitud recogió su cartera y se acercó a él.

—¡Entonces salgamos ahora! —susurró la rubia, con cierta nerviosismo.

El pelinegro miró el piso de soslayó el piso y esbozó una semisonrisa.

—Tu braga quedó tirada allá —espetó haciendo una ademán con el rostro.

—¡Te la regalo!

Shikamaru musitó «un maldición» y corrió a buscarla. La guardó en el bolsillo y se devolvió. Sin perder tiempo, le sacó el seguro a la puerta y la abrió. Nervioso asomó la cabeza.

Kami, lo tenía querer mucho, porque no había ningún hombre cerca. La puerta del baño de damas enseguida se abrió y enseguida salieron dos mujeres.

Volteó la mirada hacia Temari.

—Entra al baño de mujeres. Nos vemos en el estacionamiento.

La rubia que estaba detrás de la puerta, salió con rapidez del baño y cruzó hacia el otro. Shikamaru puso el seguro de la puerta y nuevamente la cerró. Se alejó unos pasos de la puerta y justo vio gente ingresar por el pasillo. Se acercó a la pared y apoyó su espalda en ésta. Elevó la mirada al techo y suspiró.

—Pensé que ya se había ido —apenas escuchó esa voz, desvió la mirada hacia quién le hablaba. Era el camarero que los atendió.

—O sea sí, pero regresamos —acotó mientras su mente inventaba algo. Se separó de pared y guardó sus manos en los bolsillos—. Vinimos a comprar unos postres de castañas para llevar a casa. Así que aprovechamos venir al baño —el moreno hizo un gesto con la cara—. El baño de hombre está cerrado.

Shikamaru simuló extrañeza.

—Enseguida lo abro —espetó el hombre, sacando un llavero de su bolsillo—. Alguien lo cerró por dentro y dejó puesto el cartel que decía: «Fuera de servicio».

—Un bromista seguramente —agregó el pelinegro mientras observaba al camarero abrir la puerta.

—Tal vez —contestó luego de observar por unos segundos el baño. Se movió para que el pelinegro ingresara—. Puede entrar, se ve todo normal.

—¿Todo normal? —el moreno alzó una ceja con curiosidad—. ¿Por qué dice eso?

—Una vez pillamos a una pareja infraganti.

Shikamaru simuló sorpresa.

—Vaya anécdota; mejor no entraré —sonrió divertido y de soslayo vio a Temari salir del baño—. Ahí salió mi esposa —la rubia al oír la voz de su marido, se dio cuenta con quién estaba conversando y le sonrió—. Nos vemos.

El moreno puso la mano en la cintura de la rubia.

—Nos vemos, ¡qué disfruten sus castañas en casa!

—Gracias —acotó el pelinegro y paso lento comenzaron a avanzar. Luego que el camarero se dirigió hacia otro sector, Temari se detuvo y miró a su marido con curiosidad.

—¿Qué fue eso, Shikamaru?

El pelinegro dejó de avanzar y giró hacia ella.

—Una mentira para salir del paso —explicó con una semisonrisa—. Supuestamente regresamos a comprar castañas en almíbar de miel.

Temari sonrió ladina y acortó la distancia.

—Suena tentador, pero ya tengo mi postre caliente empacado —espetó colocando la mano derecha en el pectoral izquierdo de Shikamaru, para luego morderse el labio inferior y desviar la mirada hacia el cierre de su pantalón.

—Entonces salgamos pronto de acá —señaló ansioso girando el cuerpo de Temari hacia la salida—. Me urge volver pronto a casa.

—¿A casa? ¿No que íbamos a ir al pub? —acotó con falsa ingenuidad mientras era jalada por su marido hacia la salida.

Shikamaru al escucharla se detuvo en seco y desvió los ojos hacia ella.

—Olvídate de eso, mujer. La prioridad de hoy es follar —susurró con el fin de que nadie más escuchara. La rubia enseguida se prendió.

—Wow, ese panorama me encanta —espetó acercando la boca a la oreja de su marido —. Te has ganado una buena mamada en el estacionamiento, Shikamaru Nara.

El moreno recordó los vidrios oscuros del carro y la verga se le puso dura en un santiamén.

—Es una buena ocurrencia, problemática; una muy buena ocurrencia— acotó girándola para nuevamente hacerla avanzar—. Todo sea por compensarte la sequía de esas tres semanas.

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FIN

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Gracias por leer, espero que les haya gustado el final.

Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor. Yo los amo con el corazón :D

Durante la semana intentaré responder los reviews pendientes, disculpen la demora.

Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré (ayyy Kami... dame tiempo por favor).

Nos vemos en mi próxima actualización (LQSNU)

Besos y abrazos para todos, espero que tengan un buen domingo y una excelente semana.