Código Galaxy

Capítulo 26

Starlight recorría los pasillos de la nave con varios papeles en la mano, con una suave sonrisa en el rostro ante lo que le esperaba al otro lado del pasillo, pasado una puerta corredera en lo alto de aquel edificio. Estaba en su última adquisición para el imperio, el lejano planeta al que los nativos llamaban Tierra, y que ella consideraba un nombre cuanto menos curioso, dado que la mayoría de su superficie era agua. En todo caso era un mundo que sería útil en un futuro, pero antes debían adaptarlo, pero sus pensamientos no estaban ahí en esos momentos. De hecho ni siquiera hablaría con otro imperial, no podía considerar a esa persona como tal, pero sí que era alguien que había logrado ganarse la confianza de ella, lo cual sin duda era meritorio. Era una sala de comunicaciones instalada en el edificio del Parlamento Europeo, donde las dos partes se iban a reunir, pero no allí.

Estaba francamente bien decorada, hecha de madera y bonitos muebles llenos de premios y figuritas, con un par de banderas antiguas en uno de los rincones, ella supuso que eran viejos símbolos de las antiguas naciones que se repartían aquel planeta. La mayoría de mundos de la República eran así, de hecho, Asmara era de las pocas excepciones. En esos casos los principales Estados o regiones del planeta elegían a los representantes planetarios, y que defendían sus intereses en el exterior, pero internamente podían llevarse a muerte al mismo tiempo que determinaba quién hablaría por ellos ante la República.

En el interior de la sala había un pequeño súper ordenador, con forma de pirámide, y que tenía en un lateral una interfaz con la que trabajar. Su cúspide era totalmente negra, mientras el resto era gris, no desentonando en absoluto con el resto de la sala, pareciendo una decoración más junto a todas las demás. Estaba en el medio, y el teclado podía moverse hasta colocarse encima de la mesa que había al otro lado, permitiendo trabajar más cómodamente.

Pasó la mano por encima de la cúspide, que se encendió suavemente en un tenue tono gris claro, y apareció un rostro femenino ante ella, que contempló cómo Starlight se sentaba en la silla de la sala. No lo admitiría, pero la mujer tenía un cuerpo con bellas curvas, pensó Beatrice, con un suave sonrojo en el rostro.

Si la imperial estaba en su mundo natal, ella seguía en Delta Pisci 4, planeta donde Laura Gauthier y compañía seguían entrenando para ser un escuadrón de elite perfectamente formado y listo para entrar en acción. Con suerte no sería necesario que lo hicieran, era un grupo agradable, formado casi en su mayoría por individuos muy parecidos a humanos como era ella, ya no sólo en aspecto sino también en forma de ser. De todo ello hablarían ahora mismo.

-Buenos días, Star -saludó Beatrice, sonriendo-, ¿cómo estás?

La aludida suspiró.

-Cansada, durante el viaje nos intentaron atacar unos piratas, no sé en qué andaban pensando, nos debieron confundir con un carguero o algo…

Beatrice suspiró algo.

-Puede ser, por aquí todo está tranquilo, no nos han intentado atacar en todo el tiempo que llevamos aquí, es sorprendente.

Starlight sonrió de medio lado, con cierta diversión.

-Bueno, piensa en dónde está ese mundo, hay ciertas zonas que son islas en el lado contrario, pero las fronteras del Imperio y la República permanecen bastante estables desde hace un tiempo -reconoció-, pero pronto eso cambiará, ya sabes.

-Con Gran Resplandor, sí -Beatrice sonrió algo-, ¿me llevarás a la primera demostración?

Starlight asintió un poco.

-Sabes que sí -adoptó una pose algo más seria-, leí tu informe, muy detallado y bien escrito, te lo agradezco, has puesto mucho esfuerzo.

La otra asintió un poco, agradecida por esas palabras.

-He estado investigando al grupo, como me pediste -comenzó a explicar-, estuve haciéndome pasar como la asistenta de Shamarya, para hacerles unas pruebas, de paso te he mandado los datos, ¿verdad?

-Tengo aquí todo, sí, han avanzado en este tiempo -reconoció, sonriendo algo-, creo que pronto estarán listos para comenzar a ir a situaciones reales, ¿cómo lo ves?

Beatrice suspiró. Ella era mejor que Starlight en cuanto a entrenamiento de novatos, y sabía leer mejor que ella la información, para saber cuándo estaban realmente listos. Y estaban seguras de ello, pero había ciertas cosas que quería comentar.

-Creo que lo puse, que aunque sepan manejar armas, y estén aprendiendo a hacer uso de sus podres, aún no han matado, y deberán hacerlo antes de ir a combate o se quedarán estáticos en el sitio, y eso supondría su muerte -estaba sentada en el escritorio del cuarto donde residía, removiendo sus papeles-, por eso pienso que es mejor antes… obligarles a ello, para que se les pase la impresión.

Esperó, mirando atenta el rostro de la otra. En su caso era un monitor con una cámara lo que tenía en frente, con el ordenador cuántico que lo hacía funcionar bajo la mesa, Shamarya estaba por detrás, leyendo una revista que Beatrice le había regalado, para que supiera de las costumbres de la Tierra.

-Concuerdo, mi alumna es posible que lo pueda soportar, pero ellos no -suspiró pesadamente-, ¿has pensado en cómo hacerlo?

La otra bajó un poco el rostro. El entrenamiento psicológico podría ser interesante, pero hasta que no estuvieran en la situación no podrían hacer frente a la situación, por eso había pensado en ejecuciones sumarias. Era lo único que se le ocurría, aunque fuera extraordinariamente cruel para gente que no estaba ni remotamente preparada.

-Si hay prisioneros de guerra disponibles, lo mejor es que acaben con ellos, aunque sea un crimen de guerra -comentó Beatrice-, o algún delincuente que haya sido condenado a la pena capital, es otra opción.

Starlight asintió, despacio, era una idea interesante cuanto menos. Sin embargo ella no contó con esas sutilezas durante sus años de entrenamiento y había llevado a cabo verdaderas matanzas, la última cuando salvó a Beatrice. Esta la miraba, en silencio, con las manos en el regazo. Tampoco estaba muy conforme con la idea, pero en el fondo sabía que era lo mejor para ellos. Por su seguridad. Y, pese a todo, tenía información que dar aún.

-Estuve investigando lo que me pediste -dijo entonces la chica-, acerca de Yekira Obara y sus posibles afinidades con el lado republicano… si tiene algo, lo esconde muy bien y necesitaría más tiempo, en estos días no he visto nada y las costumbres salen solas en ese tiempo.

A esa explicación, Starlight tamborileó en su mesa, y estuvo mirando por encima los papeles. Estaba bastante segura que era así, pero sin pruebas concluyentes poco podría hacer, por mucho que ella fuera una de las principales líderes militares del Imperio, necesitaban algo con lo que atacar para poder empezar un tribunal militar. Puede que directamente fueran sólo suspicacias suyas basadas en nada más allá de sus prejuicios, sin ninguna fuente real para pensarlo… habría tiempo para descubrirlo.

-No te preocupes, de todas formas tendrás que volver pronto, te quiero a mi lado para un asunto fundamental que se llevará a cabo pronto.

-La reunión con los líderes republicanos, ¿verdad?

-Así es -Star suspiró-, a ambos bandos les aterra la idea de poder tener una gran arma de destrucción, la aniquilación mutua puede ser una realidad de tenerlas listas a la vez, y si nosotros la tenemos caso lista, nada impide que ellos también -se relajó algo en su asiento-, Gran Resplandor está casi listo, pero antes hay que probarlo en un sitio seguro, lejos de miradas… indiscretas.

-Será un placer acompañarte, quer… Star -Beatrice se corrió a sí misma enseguida, sonrojada-, ¿necesitas algo más?

Eso no le pasó desapercibido a la aludida, que sonrió suavemente. Sin embargo, negó un poco, y sonrió afable.

-No será necesario, tranquila -respondió, restándole importancia-, ayuda a Shamarya en lo que necesite antes de volver conmigo, ¿vale?

-Será un placer -respondió en seguida la otra-, ¡nos vemos!

Y la comunicación se cerró. Starlight no sabía cómo sentirse respecto de las emociones de Beatrice hacia ella, pero tampoco quería jugar con ella. Y la atracción que esta sentía hacia su persona, aunque la agradaba, dudaba que pudiera funcionar de alguna forma. Ella seguía tras Seriel, siempre lo haría, de hecho la idea de poder verle era su principal motivación para ir a aquel rollo de reunión bilateral. Sabiendo cómo eran los políticos, dudaba que llegaran a acuerdo alguno, pero así hacían el paripé de cara a la galería y el pueblo se sentía más tranquilo con el asunto.

Se levantó tras apagar el aparato, y se estiró algo en el sitio. Tendría que verse más tarde con Zormu para hablar sobre la seguridad, ella sería la jefa en aquel sentido, y quería tenerlo organizado cuanto antes. Aquella debía ser una zona neutral, y mientras esa reunión se llevaba a cabo, a la vez y en un pequeño mundo republicano, un líder político imperial visitaría a un representante del otro bando. Era una exigencia de seguridad por parte de Alione, la Xanium que servía de escolta de Arkytior Foreman, que era la política que vendría hasta ellos. Ella podía entender ese pensamiento, a falta de un lugar que no estuviera en ningún bando aquello era lo mejor. Nadie se quería arriesgar a poder ponerse en contra de un bando u otro, por eso todos los sistemas no intervinientes se habían negado a servir de sede.

Por eso llevarían a cabo esa estrategia. Les recibirían aquella tarde – noche, y en pocos días se pondrían a trabajar. Zormu permanecía en las alturas, lejos del pueblo que se supone debía gobernar, pero había logrado poner paz pese a todos los problemas de seguridad del inicio de la ocupación. Debía reconocer que, pese a sus poco éticos medios, era un líder pragmático y que lograba sus objetivos.

Se levantó en silencio, y se dirigió a la salida, necesitaba ponerse al día con las tropa de seguridad y preparar todo, ojalá Beatrice volviera pronto, echaba de menos… Bueno, en general, no iba a entrar en ello. Por su parte, y precisamente en la nave de Zormu, este descansaba tras la comida, arropado bajo las mantas junto a su esposo Aquión, abrazados entre ellos con cierto cariño, el robot acariciaba despacio la cabeza del otro, que tenía una suave sonrisa en el rostro, totalmente apacible.

En una sala contigua, Brynja se dedicaba a masajear la espalda de Daraman con unos aceites, acariciando suavemente la piel del otro, que sentía como la sangre se desplazaba por su cuerpo. Ella estaba semidesnuda de cadera hacia arriba, con sus pechos suavemente apoyados en él, sonriendo por los suaves gruñidos del otro, hasta que llevó una mano a su entrepierna. Los machos de la especie de él tenían algo parecido a un miembro, más corto que el de los humanos pero más grueso, apenas podía tomar toda la circunferencia con una sola mano.

-Te gusta tocar ahí abajo, ¿eh? -gruñó él- Le has pillado el gusto…

Ella sonrió, y le susurró al oído.

-No está nada mal… -murmuró ella- Me gusta, la verdad.

El otro sonrió, y la vio colocarse, a gatas, frente a él. Separó sus piernas, y ella se llevó el miembro del otro a la boca, comenzando a pasar su lengua en torno a la punta, haciendo que Daraman sintiera un fuerte escalofrío. Los testículos de él se hincharon sensiblemente mientras ella le hacía la felación, usando de vez en cuando sus pechos para acariciar su miembro, sintiendo ella el suave calor propio del momento en su entrepierna también. Él entonces indicó que se levantara, y la ayudó a sentarse sobre su entrepierna, y, gimiendo, ella sintió como el miembro de él se introducía hasta el final en ella, para, poco a poco, comenzar a moverse arriba y abajo. Era realmente placentero, por eso los suaves movimientos rápidamente pasaron a ser bastante veloces, soltando cada uno sus gemidos hasta que, llegado un momento, ella se estremeció del orgasmo que sintió, corriéndose y soltando un poco de líquido a través de su vagina, para segundos después notar los fluidos del otro en su interior.

Sin embargo, lejos de haber acabado, los ojos de ella brillaron suavemente, y el hombre la levantó a pulso, colocándola de espaldas en la cama y mirándole a él, volviendo a penetrarla ahí mismo, ella entonces se limitó a enroscarse con sus piernas a la cintura de Daraman, que comenzó de nuevo con aquello, esa vez con más ganas desde el inicio y lamiendo los pezones de ella con energía. Ella se pegó más si cabe a él según notaba el cada vez más cercano orgasmo, momento en que eyaculó de nuevo, haciendo que su cuerpo se tensara por el placer, soltando un suave gemido de satisfacción, echándose atrás con una sonrisa divertida. Daraman la siguió penetrando hasta que alcanzó su segundo clímax, ambos envueltos en algo de sudor. Se recostaron juntos, y mientras los ojos de ella volvieron a brillar tenuemente, comenzando a besarse cálidamente, colocándose Brynja encima de él, que la arropó con sus brazos mientras de su cuerpo emanó un suave olor que llegó hasta ella rápidamente, que sonrió por su dulzura.

-No hace falta que uses tu convicción sobre mí, Brynja -comentó él-, dudo que te deje separarme de mi alguna vez.

-Me sale sólo, amor mío -comentó ella, colocándose el pelo a un lado de la oreja-, me gustas mucho…

Le volvió a besar, acariciando su cuerpo. Ella lo que amaba era el poder, y Daraman era poderoso, o desde luego lo sería. Tenía su atractivo, eso ayudaba mucho, pero si en un inicio se volvió su amante esa fue la razón. Solía usar su poder de forma habitual con él, casi por inercia, pero era algo recíproco. Aquión se había dado cuenta que ninguno se fiaba plenamente del otro, pese a que permanecían juntos siempre, era una relación curiosa la de sus amos. En todo caso, en esa ocasión, algo parecía ser diferente. Normalmente, tras terminar, seguían con sus cosas, pero esa vez se dedicaron a mirarse a los ojos, acariciando al otro despacio, tardando un par de minutos en levantarse por estar perdiéndose en los orbes del contrario, hasta que él empezó a moverse.

-Estos días serán importantes -comentó entonces Daraman, levantándose-, hay que impedir que este evento salga adelante, ¿vale?

Brynja asintió, y sonrió de medio lado.

-Puedo usar mi convicción para ello.

Pero el otro negó.

-Necesitamos algo más duradero en el tiempo, ya sabes que tu poder dura un tiempo escaso -le recordó-, tienes que exponerles una larga temporada para que dure más, tiene que ser algo más efectivo.

La otra asintió, despacio, y sonrió suavemente al recordar.

-Te refieres a ese contacto que tuvimos hace pocos días, ¿verdad? -comentó-, el de aquel mercenario.

Este asintió, despacio, tendiéndole la ropa a ella, que se la empezó a poner. Ella, mientras se colocaba bragas y sujetador, le escuchaba atenta.

-Efectivamente, me mandó una muestra de sus habilidades, y debo decir… -sonrió de medio lado- Que son impresionantes, la verdad.

-Tiene un nombre curioso, Nadie -añadió la joven-, el caso es que eso me suena de algo, pero ahora no caigo en qué…

Daraman le restó importancia con un gesto.

-No me importa la etimología, sólo que sea alguien efectivo -señaló entonces al otro lado de la sala-, cuando venga, encárgate de hacerle el pago.

En la amplia sala, antiguo despacho de uno de los grandes líderes europeos y ahora sala de amatorio de ellos, además de la gran cama que usaban, había un escritorio a un lado y unas sillas, un ordenador cuántico, y una bolsa de viaje. En su interior estaba el dinero en efectivo, sin ninguna marca que pudiera ser identificada o rastreada, era dinero absolutamente libre de cualquier carga. Y había el necesario para permitir el retiro de cualquiera.

-¿Viene de lejos?

-La señal estaba codificada, pero me da igual, siempre que cumpla con su propósito -comentó-, ¿puedo contar contigo, Brynja?

-Por supuesto, corazón.

Este asintió, se acercó y la besó despacio, pasando su mano por la cintura de ella, y la ayudó a vestirse del todo, cosa que ella imitó con él.

-Me alegro, querida, iré a trabajar ahora, espera a que venga Nadie y acomódalo como si de un soldado de la guardia más fuera -ella asintió, sería sencillo-, Zormu no despertará en unas horas así que no tendrás que atenderle en un rato, aprovecha ese rato.

Ella no tenía problemas con eso, así que asintió. Le gustaba trabajar para el líder político, no daba mucho trabajo y la trataba bien, y mejor aún, cobraba en abundancia. Eso sí, no tenía acceso a la información que ella hubiera esperado, pero eso sería sólo al principio. Con el tiempo, lograría llegar a más, sobre todo tras lo que iba a pasar en esos días.

Precisamente mientras ellos hablaban, llegaba un pequeño caza desde lo profundo de los caminos estelares, conducido por una persona menuda, totalmente vestida de negro, con una forma andrógina y el rostro cubierto por una máscara del mismo color, sin dejar pasar atisbo alguno de su aspecto real. Nadie tenía en su cinturón un par de armas de luz, dos arma bastante potentes, y una daga hecha con el mismo material que los Xanium hacían sus espadas de luz. Un robot esférico de compañía descansaba en una de las esquinas, mientras Nadie se dedicaba a tocar algunos botones para preparar el aterrizaje en aquel planeta. Su corazón se aceleró suavemente por las vistas, pero no comentó nada, estaba a solas de todas formas.

Procedió a llevar el aparato a la velocidad mínima para poder descender a tierra con cierta seguridad, podría pasar por las medidas de seguridad gracias al pase que le entregó Daraman, un acceso libre a aquel mundo y que iba a aprovechar. Primero tendría que pasar por el llamado Parlamento Europeo, instalarse, y más adelante podría hacer su trabajo y volver antes de… bueno, de tardar demasiado. Efectivamente ni llamaron por radio para preguntar, permitieron pasar a la nave por los medios de defensa sin más problemas, y pudo descender a lo largo de la atmósfera con seguridad, lenta y delicadamente, recorriendo la parte superior de la misma hasta adaptarse a la misma, momento en que empezó a bajar más rápidamente, siempre sobre la zona en la que debía aterrizar. Eventualmente llegó a tierra, a varios kilómetros de destino, en una zona asignada para poder hacerlo con más seguridad.

Desde allí, tomaría un vehículo aerodeslizador, un biplaza seguramente, e iría hasta el lugar definitivo. Consigo sólo traía un macuto con ropa para cambiarse y, sobre todo, más munición y baterías para su equipo, así como piezas de repuesto también para su robot de campaña. Apenas un par de bolsas, con las que cargó fácilmente. El suyo era un cuerpo pequeño pero debía ser fuerte para cargar con todo aquello, desprendía una aura fuerte desde luego, así que se acercó hasta los guardias más cercanos para obtener su vehículo.

-Vengo por orden del doctor Daraman, quiero uno de los biplaza -su voz estaba claramente distorsionada por un aparato-, ese mismo me valdrá.

Los dos clones se miraron, cuando Nadie les mostró los papeles se limitó uno de ellos a asentir, se fue hasta un pequeño puesto que había allí cerca, y le tendió unas llaves al rato. Estaban en una amplia explanada con múltiples vehículos, todos al servicio de los imperiales de la zona, rodeada de un gran edificio en forma de círculo, parecía un aeropuerto más que un aparcamiento por lo inmenso que era, pero Nadie no se sintió fuera de lugar allí. En cuanto le entregaron las llaves, montó al biplaza y aceleró suavemente para salir e ir dirección hacia el Parlamento, donde ya Brynja se preparara para recibir aquella visita.

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Al mismo tiempo, en Delta Pisci 4, el grupo había despedido a Beatrice y Shamarya, después de varios días de convivencia estas tenían que partir. Laura lo había ordenado, al menos, así que ellos cumplieron, acompañando a ambas mujeres hasta la zona de hangar, donde esperaba su nave ya preparada para volver a allá donde las necesitaran. Fue entonces que, cuando las dos mujeres salieron de allí, uno de los soldados clones se acercó al grupo, en concreto a Laura, que le miró de reojo, este traía una misiva, que le entregó a ella, a la que saludó como la superior que era.

-Tiene orden por parte de los mandos, asistencia inmediata, mi teniente.

Laura asintió, le devolvió el gesto, y se apartó un poco para leer. No tardó demasiado, se trataba de un documento digital que se reprodujo en exclusiva para ella, en cuanto terminó ella suspiró un poco.

-Es verdad, tengo que ir hasta una base en otro mundo, tardaré varios días en ir -miró a los otros-, ¿habéis oído hablar de los Juegos Lakyos?

Los demás se miraron, y asintieron. Fue Herb la que intervino

-Son una especie de Juegos Olímpicos, ¿verdad?

Y Laura asintió.

-Consisten en unas pruebas físicas y de uso de la energía, supongo que nos darán información acerca de eso.

Tras despedirse, la joven se fue de allí dirección hacia el piso que ocupaban, dejando allí a los demás, que tendrían que seguir entrenando en solitario pero siguiendo las indicaciones que había dejado la teniente. Sin embargo, antes de que nadie pudiera comentar nada, Suzanne tomó a Jim del brazo, y se resbaló un poco.

-¡¿Qué le pasa?! -exclamó, con algo de miedo, Estrella- ¡Hay que llevarla a enfermería!

Jim, sin decir nada, la tomó en brazos y salió corriendo, dejando a los tres adolescentes al mando, y que se miraron, sin saber muy bien qué decir, y con el pelotón de clones bajo su mando por ser los siguientes en el orden de jerarquía.

-Bueno… ¿y ahora qué?

William pensó en qué decir ante esas palabras de Patrick, pero fue Yekira la que intervino.

-¿Vamos a la sala de entrenamiento? -propuso- Me gustaría probar eso que llamasteis fútbol.

-Tengo una idea mejor que esa -William puso una sonrisa divertida-, yo me llevo a los clones a jugar al fútbol, y vosotros os vais a retozar, ¿de acuerdo?

Yekira asintió con vehemencia y una sonrisa en la cara, tomando a Patrick del brazo, que estaba bastante sonrojado, sólo moviéndose cuando ella tiró de él. Los clones, ante aquello y no sabiendo muy bien qué decir, se quedaron mirando a William, que les indicó que le siguieran.

-Jefe William… -intervino Hielo- ¿Qué ha pasado?

-¿Entre quiénes?

-La jefa Hertz siempre ha sido alguien sana -comenzó Floresta-, es raro que de pronto y sin haber entrenado nada que se desmaye.

Blancas y Negras, por sus rostros, tampoco parecían creérselo. Incluso Estrella parecía no haber caído en el drama, y para Vientos y Tornillos aquello parecía bastante claro. Por eso, decidió llevarles hasta una zona algo más apartada, en concreto, a la misma sala que tenía pensada desde un inicio. Ellos se fiaban de ellos casi sin dudar, les veían como sus mayores, cosa común entre los clones dado el tipo de relación que tenían en aquellos momentos. Y si se hablaba de dos del grupo aquello era especialmente notorio, por eso tenían intención que fuera Jim el que hablara, y más adelante, pero… claramente le iba a tocar a él.

Recorrieron los pasillos todos juntos hasta volver de donde habían venido en un primer lugar, y tras abrir las puertas, penetraron hasta la sala de entrenamiento, y tras comprobar que estaban a solas y que nadie iba a escuchar su conversación, les miró con intensidad, cruzando los brazos detrás de su cuerpo, adoptando una posición marcial. En seguida los clones imitaron la postura, entendiendo que aquello era algo… se podría decir que oficial.

-Tenemos ciertas dudas referentes a la teniente, en estos momentos Jim y Suzanne lo están hablando, porque…

-… es raro que ella sepa de los Juegos Olímpicos -decía Hertz-, yo desde luego nunca le he dicho nada, ¿tú?

Jim negó. Estaban en un pasillo anexo a la sala del hangar, lejos de oídos y miradas extrañas, hablando en todo momento en francés para que nadie se enterara de estar escuchando. Era una ventaja esa, el que nadie comprenda tu lengua, y estaba lejos el que pudieran hacerlo de ahí a un corto plazo.

-¿Qué propones, Suzanne?

Esta suspiró.

-Creo que sabe cosas de la Tierra, pero no sé el cómo, pero… -ella frunció algo el ceño- Son cosas muy… locales, ¿no crees? Demasiado específicas, como lo de las albóndigas que te decía a ti, ¿sabes?

Jim asintió, entendiendo.

-O hizo un gran trabajo de investigación, o… ya lo sabía de antes, ¿crees que venga de la Tierra también?

-Se supone que los humanos de la República son los primeros y originales, y los de nuestro planeta son sus descendientes, ¿verdad?

Jim asintió suavemente.

-No es algo descartable, pero sería raro de creer… -murmuró- Yo me he inventado historias muy buenas, pero… esto supera mi imaginación.

Hertz le sonrió.

-Nunca te inventaste nada, no mientas.

Jim se rio un poco.

-Bueno, eso es verdad, todas esas cosas las viví mientras fui soldado de élite -adoptó una pose más seria entonces-, bien, antes de decir nada hay que tener pruebas, y…

-… no hablar porque sí, y estas son las que tenemos -William observaba en todo momento a los clones, que estaban cruzados de brazos-. Estoy seguro que tenéis dudas, pero Laura no es normal… ni siquiera su nombre lo es.

-¿Por?

-Su nombre viene de una planta de nuestro mundo, el laurel -respondió-, todos los demás imperiales que hemos conocido tienen un nombre muy… galáctico, ella no.

Y si esos dos grupos estaban con aquello, Patrick y Yekira, lejos de haber ido a retozar a alguna cama, se habían ido a uno de los patios internos de los Lakyos, donde podrían estar tranquilos. Estaban sentados en el suelo, con ella sonriendo y abrazada a él, que miraba al vacío, pensativo. No necesitaban hablar para estar cómodos en compañía del otro, pero él tenía que comentar algo con ella.

-Pude leer tu diario al completo al final…

-Me alegro, cariño -aseguró ella, pasando su dedo por la tripa de él-, gracias por guardar el secreto, lo agradezco… mucho

-Hablando de eso, se lo deberíamos decir a William, Jim y Suzanne.

Ella asintió suavemente, aunque al inicio tenía sus dudas, ellos no iban a traicionar su posición. Eran los primeros que querían irse de allí, los clones eran otra historia por supuesto. Dudaba que ellos, tan del lado del imperio como la propia Laura, fueran a ceder su posición. Sin embargo, y siendo consciente de lo que debía estar pasando, Patrick acarició su barbilla despacio, y la besó suavemente en los labios, gesto al que ella respondió, apoyando su mano en el pecho de él.

-Lo haré yo, si no te importa -comentó-, gracias por guardar mi secreto… y mi diario.

-Gracias por confiar en mi para algo tan importante -murmuró Patrick-, me… sorprende que hayas confiado tanto en mí.

Ella le sonrió.

-¿Te han hablado de la conexión?

-No… -reconoció Patrick- ¿Es importante?

Ella le besó en la mejilla.

-La energía no sólo se manifiesta a través de nuestros poderes, también hace que… seres con energías parecidas se unan profundamente, así nacen muchas parejas, por su conexión -explicó Yekira, sonriendo-, a más poderosa sea esa energía, más fuerte es la conexión.

-Eso le pasaba a Starlight y Seriel, ¿verdad?

-Exacto, aunque su caso es… excepcional, por los poderes de ambos, ya sabes -comentó divertida Yekira-, ¿vas a querer ir a dar un paseo en un rato?

Patrick sonrió, y acarició algo sus curvas.

-Me encantaría…

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Al otro lado de la galaxia, en la base de entrenamiento de Alfa Leoni 1, el grupo de Jeremy, clones incluidos, se dedicaban a preparar las naves que iban a usar para hacer un simulacro de combate aéreo. Estaba comenzando la diversión de verdad, ahora que ya no tenían nada de teoría era todo totalmente practico, y la idea de volar con aparatos de verdad por primera vez solos les fascinaba. Eso los chicos, pues mientras los clones estarían haciendo una segunda parte aún más divertida: tendrían que derribarles. Por lo tanto, cada uno de los aprendices tendrían que defenderse no sólo de los demás cazas, también de los cañones anti cazas que usarían sus subordinados, todo evidentemente sin munición real, sería a base de láseres de luz que les irían restando puntos, parecido a lo que hicieron en veces anteriores.

-Bueno, ¿estáis preparado, equipo?

Jeremy parecía bastante contento, incluso motivado por la idea, era sorprendente. Odd le miró con diversión entonces.

-Por supuesto, Jefe Eins… Jeremy -aseguró Muralla, haciendo un gesto marcial-. Iremos a colocarnos en posición, cuando de la orden empezará el entrenamiento.

Con ellos estaba Cubo y Naipe, pero alejados, sin meterse. Era Jeremy el que lo organizaba todo, ellos sólo le indicaban qué hacer pero no el cómo. Le entregaban unos objetivos y era el chico el que organizaba qué ejercicios hacer y cómo hacerlos, tenía que ser imaginativo en las resoluciones y aquella era la mejor manera.

-Me podéis llamar Einstein, pero me da que hoy tendré otro nombre mejor -comentó, divertido-, bien, vamos a ello, buena suerte a todos.

Tras un nuevo saludo marcial, y una vez que rompieron filas, cada uno fue a su posición. Había un caza por adolescente, al que montaron de un salto, mientras los clones iban hacia los cañones. Estaban en una zona despejada, en el exterior, pero tendrían que volar en un área de kilómetro y medio de circunferencia y altura, y que se iría haciendo más pequeña cada cinco minutos, se reduciría en 100 metros. Así, aquello duraría 70 minutos, en ese momento Cubo y Naipe pararían el aparato que creaba la cúpula, esta sería demasiado pequeña para entonces, obligando a los que quedaran a maniobrar en una zona bastante pequeña. Así demostrarían su habilidad.

Jeremy se subió a su aparato, que arrancó con un suave pero seguro movimiento de muñeca, y, con calma, comenzó a hacer avanzar el aparato con los gestos de sus manos y pies, igual que los demás, que salieron volando cada uno en una dirección. En torno a su ojo derecho apareció un visor de luz y que le permitía apuntar y disparar mejor, durante esos primeros instantes se colocarían, y a la señal, comenzaría el combate.

Y el primero en avanzar fue Ulrich, que fue directo a por Aelita, que giró su aparato sobre sí mismo, apuntando directo contra el de su compañero, que disparó a bocajarro. Ella imitó su movimiento, pasando cerca de él, recibiendo los disparos en la tripa del caza. Yumi no se quedó parada, el que más cerca tenía era Jeremy, que dio un par de vueltas para buscar su cola, acción que ella imitó, mientras Odd volaba algo más raso buscando una oportunidad. La encontró cuando Ulrich, emboscado, iba a por Jeremy para ayudar a su chica, con la que se había enredado en una danza aérea.

Disparó con precisión contra las alas del chico, que tuvo que pegar un acelerón y mover el morro hacia arriba para recorrer la cúpula, perseguido por Odd, que sonreía divertido… hasta que notaron disparos más potentes que los propios. Los clones ya estaban disparando la munición antiaérea, se dijo, así que giró su nave y la dejó caer unos instantes para cambiar de dirección, y en cuanto estuvo orientado, volvió a acelerar y fue directo hacia ellos.

Jeremy comprobó aquello, y, en lugar de acribillar a Aelita, y que miraba a los lados intentando no ser vista por nadie, procedió a atacar al otro, pero yendo por debajo para no ser visto, así tampoco sería descubierto por su sombra. Sonriendo, logró posicionarse justo por debajo, y disparó todo lo que pudo a la alas y vientre del caza, que se desvió en cuanto vio aquello. En ese instante, las barreras se movieron 100 metros hacia dentro, obligándoles a tener que moverse en un área algo más pequeña.

Pero los combates seguían. Debían esquivar los disparos de los otros cazas y los de los clones, que tuvieron que saltar a un lado varias veces cuando algunos de ellos fueron a por ellos, más por inercia que por verdadero peligro, pero o eran protegidos por alguno de los otros cazas, o eran acribillados por ambos a la vez, según la ocasión. Era Fan la que organizaba a los clones con aquello, siendo Muralla y Dinamo los encargados de uno de los aparatos, y Ritmo y Compás del otro. Ventura era el encargado de llevar las municiones junto a Fan, que seguía los movimientos de los cazas como podía y organizaba al grupo, sin que nadie la hubiera puesto al mando pero seguida sin dudar por los demás.

Jeremy había notado aquello, sonriendo, pero no era el momento de pensar en ello. Se encontró de bruces con el caza de Yumi, al que disparó incluso hacia la cabina de ella, que tuvo que girar e intentar darse la vuelta para poder disparar contra su parte trasera, interviniendo Aelita en ese instante, pues disparó contra las alas de Jeremy. Comenzó así una danza de disparos y rápidos movimientos en un área muy pequeña, casi parecían estar maniobrando helicópteros en lugar de cazas de combate, desde luego eran habilidosos con su manejo, pues apenas estaban en un área de 200 metros.

Ulrich y Odd se unieron a la fiesta, atacando a las chicas directamente lo suficiente para poder derribarlas, hasta que Jeremy intervino: colocó su caza justo delante del de ellas y disparó contra las alas de ambos, que se tuvieron que replegar y girando sus naves hacia un lado cada uno. Era sorprendente cómo maniobraba ese muchacho, todos estaban sorprendidos aunque la lluvia de láseres no cesaba en ningún momento, pero apenas había recibido unos pocos golpes.

Al contrario que los demás, que ya en combate real habrían acabado en el suelo, él podría seguir pilotando y llegar a buen puerto con cierta facilidad, siguiendo en todo momento los movimientos de los demás, atacando y defendiéndose como si en lugar de montando en un caza estuviera sobre un caballo, era uno con el aparato, y con aquel plasma en el ojo… Aelita sonrió un poco, con cierta diversión, encarándole y disparando junto a Yumi, estaba él colocado de tal forma que estaban ambas por encima, contra lo que poco o nada pudo hacer más que acelerar y recorrer la ya corta cúpula en la que estaban encerrados.

Eventualmente el espacio fue a menos cada vez, obligándoles a ser más y más técnicos, momento en que Jeremy pudo lucirse más aún. Aelita tampoco era mala, precisamente, y de hecho el apodo de valquiria en esos momentos demostró ser bastante acorde a sus habilidades en vuelo a corta distancia y con obligación a ser habilidoso. Los otros tres, si bien eran buenos en el cuerpo a cuerpo, no tenían aún esa capacidad, y si bien Odd se había esforzado, estaba seguro que era el que más había recibido. También el que más había atacado, pero por ser valiente también habría tenido muchos daños en su aparato, no sabía que era mejor a decir verdad. En todo caso, mientras pilotaba, no podía quitarse de la cabeza aquello que, cada vez más habitualmente, veía, a más se estrechaba el cerco iba a peor, pero supo controlar sus emociones para no preocupar a los demás.

En un momento dado, cuando enfrentaba a Jeremy, quedando tan sólo 20 minutos de los 70, casi se chocan, rozándose las alas lo bastante como para desestabilizar a ambos, y el chico escuchó los sonidos de gritos y chillidos que a veces sentía, y, cuando miró hacia la derecha, donde estaba Ulrich, creyó ver que sus ojos brillaban, el izquierdo de su habitual verde, y el derecho en azul. Disparó, sin llegar en ningún momento a plantearse qué estaba pasando, deseando poder, en un futuro, encontrar respuestas a todo aquello. Aelita se dio cuenta que a veces se despistaba un poco, cosa que los demás también notaban, pero suponían que era, simplemente, como a veces le pasaba en Lyoko, que se quedaba por unos instantes empanado, pensando en sus cosas.

Y por eso le restaban importancia, y se hacían bromas habituales. Esa vez no fue la excepción, cuando quedaban unos 10 minutos de ejercicio, Jeremy comenzó a hablar por el pinganillo para dar ánimos a todos, sabedor del estrés que debían estar sintiendo, y el grupo se fue desatando en bromas y chanzas, no siendo Odd la excepción en ello, sonriendo divertido cada vez que acertaba en alguno de sus compañeros. Estuvieron así hasta que, dando por finalizado el entrenamiento, se dio la orden de tomar tierra cerca de donde estaban los clones, con unos Cubo y Naipe bastante satisfechos por lo que habían visto.

Habían tomado notas, como siempre, de todo lo que veían para poder presentarlo a los mandos acerca de la evolución de aquel grupo tan pintoresco pero que trabajaba tan bien. En realidad poco que decir había, apenas tardaron diez minutos en avisar a Yumi, Ulrich y Odd de su necesidad de mejorar y en felicitar a Jeremy por su especial habilidad, permitiéndoles ir de nuevo hasta el edificio para descansar un poco y seguir con la formación, lo siguiente sería disparo de francotirador… y ahí los clones les pasarían por encima.

Tras cambiarse a sus ropas normales, fueron hacia el hangar, allí tenían aparcadas varias naves de viaje, no sólo cazas de guerra, incluso comprobaron, desde donde estaban, que había una especialmente grande y bonita, parecía más la de alguien realmente importante y con posibles más que de algún alto cargo del ejército republicano. Sin embargo, antes de que pudieran decir nada, Fan exclamó.

-¡Es una nave del planeta Alfa Prima, la perla de la galaxia!

Vieron bajar de la misma a dos jóvenes, dos chicas de su edad, de aspecto muy humano. Una era rubia, de ojos claros y bandas a lo largo del cuerpo que fluctuaban suavemente de color, pero que en esos momentos estaban en color negro. Sorprendentemente estaba cargada por su compañera, una chica que llevaba la cabeza cubierta por un paño, su piel era parda y sus ojos de un bello tono esmeralda, parecía de complexión fuerte, notaron que las dos tenían una espada de luz al cinto. Junto a ellas bajó Dayamnelis, y varios individuos de la misma raza que la primera de las jóvenes, y que comenzaba a moverse en las espaldas de la otra, parecía adormilada, sólo entonces las bandas de su cuerpo empezaron a ir cambiando de color, pero muy tenuemente.

Las de sus acompañantes, por el contrario, estaban muy marcadas en tonos violeta, con motas negras a lo largo de sus cuerpos. La cubrieron con una manta y entre varios la transportaron en una camilla, yéndose de allí rápidamente antes de demasiadas miradas curiosas pudieran hacer o decir nada al respecto. La chica con el paño, sin embargo, se les acercó tras mirarles al rostro, sólo vino ella pues el resto de la comitiva fue a acompañar a la otra. En cuanto estuvo delante de Jeremy, se inclinó suavemente ante él.

-Encantada de conocerte, Jeremy Belpois -ella le entregó un documento-, me llamo Aur Fandis, vengo del planeta Epsilon Librai 5.

-¿El planeta de los lectores de sueños? -preguntó sonriendo Ventura-, he oído muchas leyendas de vosotros, yo…

Odd sólo escuchó la primera frase, y sus latidos pasaron a acelerarse bastante. Ella… podría ser la clave de todo. Aur notó su intensa mirada y se la devolvió, comprendiendo en el acto las intenciones del otro, y, ahora más tranquilo, el chico prestó atención de verdad a la conversación. Aquel sí que era un golpe de suerte…

-… efectivamente, ella era princesa de Alfa Prima, pero ya sabéis, aquel accidente acabó con las opciones de aquel mundo -decía Aur-, ¿lo sabéis, no?

-Algo hemos oído -comentó Aelita-, hace un par de años, una nave carguera tuvo un accidente en sus motores nucleares, que estallaron, provocando una reacción en cadena que provocó un invierno nuclear -explicó la chica-, ahora la superficie es impracticable.

Aur asintió algo.

-Efectivamente, la princesa Lectra Ardaris, la de antes, es mi mejor amiga, nosotras… -suspiró- Ambas somos Lakyos, como vosotros, y nos estábamos instruyendo cuando sucedió la catástrofe… desde entonces, mi amiga no es capaz de usar tecnología alguna, se niega, le da pánico, por eso debemos sedarla cada vez que hay que viajar.

-¿Vosotras venís con nosotros, entonces?

Jeremy se había leído la misiva que le había entregado Aur, que asintió suavemente.

-Estaremos con vosotros en vuestra planta, pero creo que tendremos caminos separados de vez en cuando -explicó Aur-, vuestro equipo está completo, nosotros necesitaríamos clones propios, otros compañeros Xanium…

Fue Yumi la que sonrió suavemente.

-Creo que a más seamos mejor, además, nosotros también somos renegados, de alguna forma -explicó ella-, venimos de… Gamma Sagitari 12, aunque nosotros lo llamamos La Tierra.

Aur sonrió, satisfecha.

-Gracias, ehm…

Y como sólo se había presentado Jeremy, los demás fueron haciendo lo propio uno por uno, y, una vez que terminaron, fueron hacia el edificio donde vivían, charlando con su nueva compañera de, esperaban, pelotón.

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Seriel recorrió los pasillos del subterráneo a toda prisa, acompañado de Asmeya, que llevaba una buena montaña de papeles con ella. Los guardias les dejaron pasar, ya advertidos de que iban a venir, y penetraron a una amplia sala. Estaban justo debajo del Ministerio de Defensa de la República, en pleno centro de Asmara, y a varios kilómetros bajo tierra. Los pasillos eran estrechos y bien iluminados por luces en techo y suelos, estando esa sala en concreto llena de grandes contenedores de acero y aluminio de un tono verde con símbolos inscritos en ella, conectados con tubos de esos mismos colores, y montones de personas con gafas de protección yendo y viniendo por todas partes como pollos sin cabeza. En concreto, un grupo de ellos, los de aspecto más veterano, estaban reunidos en torno a una mesa llena de ordenadores con fórmulas, datos, programas poniéndose en funcionamiento y otros siendo en ese mismo momento creados.

-¿Es verdad, Profesor Laboria?

El aludido se giró. Era un humano canoso, de piel oscura y ojos pardos, bien peinado y afeitado, tenía puestas unas gafas y entre sus manos sostenía, aunque temblaba, un bote con un líquido verdoso.

-Hemos logrado… estabilizar… Aliento de Eos…

Seriel le miró con cierto grado de sorpresa, Asmeyapor su lado quedó en blanco, mientras tragaba saliva como podía, nerviosa. Se acercaron a una zona de pruebas para comprobar los efectos, si lo que habían predicho los científicos era verdad… aquello podría significar mucho para la guerra.

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Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.