Capitulo ambientado en el episodio 115 del anime.


—Son los sirvientes de Naraku —declaro Sesshomaru mirando a aquella persona.

La persona desconocida suelta una risa.

—Es muy astuto.

Para ese momento, Karin se encontraba perdida en la conversación mientras su mirada rotaba desde Sesshomaru y aquel desconocido que tenía un sutil aire afeminado.

—Tal como ese experto en venenos —dijo él haciendo que Karin lo mirara con atención ante la mención de aquella persona—. Tú también hueles a cadáver.

La joven de ojos azules se mordió el labio para contener una risa que amenazaba con salir.

—Que buen olfato tienes, se nota que es hermano de Inuyasha —dijo el desconocido mientras blandía su espada para hacer el mismo ataque que utilizo anteriormente.

«El sirviente de Naraku, no sabe que Sesshomaru odia que lo comparen con Inu». Pensó Karin mientras veía como Sesshomaru esquivaba el ataque para luego atacar al sirviente de Naraku provocando que este saliera volando como también la ruptura del suelo y caídas de árboles.

Jaken comenzó a reírse mientras festejaba, a su vez, que Karin lo miraba con negación. De pronto, el mismo ataque en cadena de hojas de sables impacto a unos centímetros de ellos sin herirlos.

—¡¿Tienes algo que decirme?! —dijo el sirviente de Naraku.

Karin se puso en frente de Rin y preparo su arco y flecha.

—Yo si —dijo la azabache ganándose la mirada del desconocido—. Nunca le des la espalda a tu enemigo —advirtió mientras señalaba detrás de este.

El sirviente de Naraku se dio la vuelta notando que Sesshomaru iba a atacarlo y nuevamente lanzo otro ataque hacia el demonio.

—Jaken —dijo Sesshomaru mientras volvía esquivar el ataque.

Ante el llamado, Jaken entendió lo que tenía que hacer.

—Hay que irnos —dijo este mientras empujaba a Rin y Karin en dirección al puente colgante.

Karin reacia se detuvo en la entrada del puente y luego se dio la vuelta dispuesta a ayudar a Sesshomaru. Inmediatamente se encontró este último en frente de ella dándole la espalda mientras le hacía frente al sirviente de Naraku.

—Tú también vete, no necesito de tu ayuda.

La azabache suspiro derrotada, obviamente que Sesshomaru hacia todo solo y que mucho menos aceptaría su ayuda. La verdad no tenía ganas de pelear con él y tampoco era el momento, asique simplemente guardo la flecha y se colgó el arco.

—Para que se sepas, no te hace débil que alguien te cuide las espaldas —dijo ella y se adentró al puente colgante para seguir a Rin y Jaken.

Karin corrió para alcanzar a la niña y al pequeño demonio mientras miraba al puente con desconfianza. No tenía miedo a las alturas, solo que tenía desconfiaba de que tan seguro era ese puente en una época como la Era Feudal.

—Somos un estorbo para el amo Sesshomaru —escucho decir a Jaken.

—Ojalá que no le pase nada al señor Sesshomaru —dijo Rin mientras corría.

—Tranquila, Rin —dijo Karin estando al lado de Rin—. Es Sesshomaru, dudo que le pase algo, es muy poderoso —intento tranquilizar a la niña.

—Eres tonta, el amo Sesshomaru jamás será vencido por un humano —declaro Jaken depositando toda la confianza en su amo.

—Usted seria vencido por un humano señor Jaken —declaro Rin.

Karin se echó a reír.

—Concuerdo —dijo ella.

—¿Qué dices? Sé que soy un insignificante demonio, pero… —Jaken fue interrumpido.

—Al menos lo admites —Karin lo miro divertida mientras recibía una mirada fulminante del pequeño sapo.

Los tres se detuvieron en el medio del puente al notar que entre la neblina se veía la silueta de una persona acercarse. Karin trago seco cuando vio el aspecto de aquella persona. Estatura alta, complexión robusta, seis marcas verdes en sus rostros y parecía tener una especie de garras en sus manos. Luego miro a atrás en busca de Sesshomaru viendo que estaba ocupado con el otro sirviente.

«Bueno estamos solos en esto.»

Karin vio como aquella extraña persona levantaba su mano con garras y se puso delante de Rin y Jaken. Cuando la garra se dirigió a ella con intensión de atacarla, la esquivo retrocediendo varios pasos hacia atrás.

—No podrán escapar —dijo el desconocido con malicia.

—Vayan retrocediendo —indico Karin a Rin y Jaken.

El desconocido volvió atacar nuevamente a Karin con sus garras. Izquierda. Derecha. Izquierda. Derecha. La joven de ojos azules retrocedía mientras esquivaba varias veces las garras hasta que hubo un momento que, al esquivar una garra, uso su puño para golpear la cara de su atacante.

—Maldición, tiene la cara dura —mascullo ella mientras sacudía su mano para aliviar el dolor.

—Señorita Karin —susurro Rin con preocupación.

—Humana tonta —dijo Jaken no creyendo que aquella humana débil estuviera enfrentando a alguien muchas más grande que ella.

«Creo que lo hice enoja». Pensó Karin viendo como el hombre de las garras desbordaba ira mientras la miraba solamente a ella. Este se acercó rápidamente a ella para atacar y mientras esquivamente con torpeza las garras, intento nuevamente golpearlo.

El hombre detuvo su ataque usando su mano para agarrar su muñeca haciendo que Karin palideciera. Con la mano libre que tenía aquel hombre iba a usar sus garras para apuñalar del brazo de la cual sostenía a esta ultima.

La joven azabache se encontraba horrorizada por lo que iba a pasar. Iba a perder un brazo como Sesshomaru. Ante el pánico de ver como aquel hombre iba apuñalar su brazo con sus garras, uso su rostro para golpear el rostro de este haciendo que la soltara y retrocediera.

Al separarse, ignoro el dolor del golpe y vio como el hombre se sostenía la cara, aprovechando el momento corrió hacia este mientras hacia un salto y utilizaba sus pies para golpearlo en el pecho para hacerlo caer.

—Ahora, Jaken, usa ese maldito bastón —dijo Karin mientras gateaba para alejarse del atacante y acercarse a Rin que se encontraba asustada mirando la situación.

—Báculo de dos cabezas —dijo Jaken mientras el fuego cubría al extraño hombre.

Karin abrazo a Rin mientras Jaken utilizaba su bastón.

Cuando el báculo dejo de escupir fuego, Karin y Rin vieron como el suelo del puente se encontraba roto.

—Tienes tu merecido —dijo Jaken con orgullo.

—Esto no me está gustando —dijo Karin viendo como el puente parecía moverse de una forma sospechosa.

—Señor Jaken, señorita Karin —llamo Rin insegura—. El puente se va a caer.

—Hay que movernos —dijo Karin agarrando la mano de Rin y correr por la misma dirección por donde habían venido. De pronto, en frente de ellas una garra surgió por debajo del puente—. Bâtard, disparais tout de suite! (¡Bastardo, desaparece de una vez!) —dijo irritada.

—No podrán deshacerse de mi tan fácilmente —dijo el hombre se encontraba colgando debajo del puente.

—Si ya me di cuenta —contesto Karin enojada mirando el hueco por donde surgió la garra y luego sostuvo a Rin en sus brazos para correr en dirección donde se encontraba Sesshomaru, pero instantáneamente el puente se rompió y los cuatro comenzaron a caer—. Maldición —susurro ella mientras abrazaba a la niña—. ¡Sesshomaru! —grito sin darse cuenta a la persona que llamaba mientras sentía como caía cuesta abajo.


Karin estando semi inconsciente sentía como alguien la llevaba en brazos, de a poco abrió los ojos notando que un hombre de cabello castaños y rostro sereno la llevaba.

—Ya despertaste —dijo el suavemente.

Los ojos marrones se chocaron los ojos azules de la chica.

Karin dejo de respirar, ese hombre era aquel psicópata con las garras; sin embargo, su aspecto era completamente diferente. Sus marcas, sus garras, su rostro lleno de ira no estaban. Ahora solo era un hombre normal, con ojos que mostraban amabilidad y físicamente muy atractivo. Sin contar, que también podía sentir un fragmento de la perla en su cuello.

«¡Estúpida, no es momento para esto!». Se regañó a sí misma.

De pronto, la azabache abrió los ojos de horror. Rin. ¡¿Dónde estaba?!

—¡Rin! —grito Karin escapando de los brazos de aquel hombre y cayendo al suelo—. ¡¿Dónde está, Rin?!

—¡Señorita Karin!

La joven se levantó rápidamente del suelo notando que Rin se encontraba detrás del tipo y que tenía colgada sus flechas mientras se aferraba a su arco. Ella suspiro aliviada viendo que la niña estaba bien y que aquel psicópata no le había hecho nada.

—¡Rin! —Karin abrazo a la niña con fuerza—. ¿Qué paso? ¿Estás bien? ¿No estás herida?

—Ella despertó primero que tu —menciono el desconocido mientras Karin lo miraba sospechoso—. Rin está bien —noto como la joven lo miraba—. Me llamo Suikotsu y soy un médico.

Karin estaba sin palabras, no podía entender como el sujeto que la ataco y el que tenía ahora en frente eran la misma persona. Lo inspecciono de arriba abajo, parecía tener una conducta normal y sincera, pero no podía permitirse confiar en él. Hasta ahora su único indicio es que el sujeto parecía engañarlas con su personalidad amable y con personas como esas había que tener cuidado.

—Soy Karin —contesto ella de forma seca mientras Rin le devolvía su arco y flechas—, gracias por salvarnos —agradeció con cierta dificultad.

—No fue nada.

«No fue nada. ¡Ja! Desde un principio caímos de un puente por tu culpa». Pensó la azabache irritada.

En el transcurso del tiempo, Karin y Rin siguieron a Suikotsu. Rin no parecía tenerle miedo a este último después de que se mostrara amables con ellas, pero Karin se encontraba siempre en alerta mirándolo con recelo. La única razón por la no se encontraban escapando era porque Rin quería darle una oportunidad para confiar en él.

—¿Eres el médico de la aldea? —pregunto Rin después de saber que Suikotsu las llevaba a su casa.

—Sí, mi casa se encuentra en la aldea al pie del monte de las Ánimas —respondió él—. Y sabes Rin, en mi hogar viven muchos niños de tu edad que ha perdido a sus padres.

La azabache dejo de respirar al escuchar tal declaración, como él y Rin conversaban mientras compartían sus historias de vida, ella solamente escuchaba y no creía lo que había dicho.

«¡Ay por favor, no puede ser verdad! ¿O sí? Suena muy genuino». Pensó ella vacilando de su desconfianza hacia Suikotsu.

Los tres se detuvieron cuando Suikotsu mostraba en la aldea donde vive.

De poco iba anocheciendo y Karin junto con Rin habían llegado a la casa de Suikotsu. La joven de ojos azules se encontraba sin hablar. Suikotsu no mentía. Si había niño viviendo en su casa. Se encontró con dos niños y uno de ellos sostenía a un bebe y de la casa salieron otros dos niños más.

Karin se le rompió el corazón al ver a esos niños y saber que eran huérfanos.

—Ya volví, niños —dijo Suikotsu suavemente.

—Señor Suikotsu —dijo el niño que sostenía al bebe.

«¡Es verdad lo que dijo! ¡¿Qué está pasando?!». Pensó Karin desorientada.

—Lamento haberlos dejados solos —se disculpó Suikotsu.

—¿Realmente es usted, señor Suikotsu? —pregunto otro niño que parecia ser el mayor que le resto.

—Así es. ¿Sucede algo malo? —pregunto él viendo como los niños negaban con la cabeza—. Ella son mis invitadas, la joven Karin y la pequeña Rin.

De pronto, Karin se tensó cuando sintió una energía maligna no muy lejos de ella, por lo que se aferró a su arco ante cualquier ataque sorpresa. Sin embargo, también noto como varios aldeanos se acercaban a la casa de Suikotsu. Cuatros hombre iban con antorchas y uno montaba un caballo.

—Es el señor Suitoksu —dijo un aldeano.

—A regresado a casa —dijo otro aldeano.

—¿Sucede algo malo? —pregunto Suikotsu viendo a los cinco hombres en frente de él.

—Señor Suikotsu, por favor, váyase de la aldea —pidió el aldeano que montaba al caballo.

Karin miro con los ojos entrecerrado a Suikotsu y los aldeanos mientras sostenía la mano de Rin por seguridad.

—Usted es el culpable de que esos sietes guerreros atacaran nuestra aldea —declaro un aldeano.

—Pero el rostro que tenía en ese entonces era diferente —dijo el aldeano más viejo que montaba el caballo, para luego bajarse y situarse en frente de Suikotsu.

En ese momento, Suikotsu soltó una risa siniestra que hizo estremecer a Karin y de pronto ese saco sus agarras atacando al hombre mayor.

—Lo sabía —dijo Karin inmediatamente—. Rin, ponte detrás de mí —luego miro al resto de los niños que se encontraban asustados—. Ustedes niños también —indico ella viendo como los niños le hacían caso.

—Que malagradecido era este hombre —dijo Suikotsu—. Después de todo los cuidados que le di como médico.

«Maldito loco». Pensó Karin apretando los dientes molesta.

Los aldeanos comenzaron a correr mientras Suikotsu los perseguía matándolos uno por uno. Karin no sabía que hacer porque por un lado se encontraba Suikotsu y por el otro aún estaba la energía maligna que había sentido desde el principio. No podía huir con huir con Rin y abandonar el resto de los niños. Eso estaba en contra de su moralidad.

—Rin —llamo Karin—. Corre y busca a Sesshomaru, seguramente él te está buscando —vio que la niña iba la boca para cuestionarla—. Por favor, no discutas esto y ve.

Rin apretó los labios, no quería dejar a Karin con ese hombre malo; pero tampoco quería desobedecerla. Asique con determinación intentaría buscar rápidamente al señor Sesshomaru para que salvara a su guardiana.

La azabache vio a Rin correr hasta que vio que la misma persona que peleo con Sesshomaru anteriormente cerca del puente apareció agarrando a la niña por le kimono.

Nique ta mere! (¡Tu puta madre!) —exclamo ella furiosa viendo como empeoraba la situación.

Vio como ese desconocido quien sostenía a Rin se acercaba hacia donde estaba Suikotsu.

—Suikotsu, ¿Qué te sucedió? —pregunto él.

—Jakotsu, ¿Dónde estabas?

«Asique se llama Jakotsu». Pensó Karin viendo la interacción de aquellos dos.

—Me sorprendes, con ese rostro nunca fuiste capaz de matar ni a una mosca —dijo Jakotsu—. ¿Dime cual es el verdadero Suikotsu? —pregunto haciendo que Karin escuchara con interés.

«¿El verdadero Suikotsu?»

—No lo sé —dijo Suikotsu mientras miraba a Jakotsu, a la vez, que su fragmento del cuello brillara—. Ahora me siento mucho mejor. Antes sentía como la mitad de mi mente divagaba y tenía la inseguridad de perder mi esencia —explico—. En cambio, ahora, es distinto sigo siendo el mismo.

Karin se froto las cienes, aparte de que aquellos dos habían olvidado su presencia; ya entendía lo que estaba pasando.

«Ahora tiene sentido, Suikotsu sufre de trastorno de identidad disociativo o como la mayoría lo conoces como trastorno de identidad múltiple.»

—Aunque estés cerca de aquel campo de energía, no pierdes tu maldad —dijo Jakotsu.

—Quería comprobarlo, por eso vine al pie del monte de las Ánimas, pero el medico ya no aparece quiere decir que estoy bien —revelo Suikotsu.

«El médico debe ser su otra personalidad con la que se presento anteriormente.»

—Señor Suikotsu —dijo una niña mirándolo con miedo.

—Él no es el señor Suikotsu aunque tiene el mismo rostro —dijo el niño que era mayor que el resto.

Karin se congelo, estaba tan atenta a la conversación que se olvidó de los niños detrás de ella. Luego vio como Suikotsu la miraba para luego comenzar a caminar rápidamente hacia ella y los niños.

—Rápido niños, métanse a dentro de la casa —indico Karin viendo como los niños corrían.

Suikotsu fue detrás de los niños y levanto su mano derecha donde se mostraban claramente las garras. En el momento del ataque, Karin se interpuso y pudo agarra la muñeca de Suikotsu para detenerlo; una idea estúpida teniendo en cuenta que esas garras estaban a centímetro de su rostro, al mismo tiempo, que escuchaba los gritos de Rin.

Entre el forcejeo para evitar que las garras hirieran el rostro de Karin, esta noto una leve diferencia en Suikotsu. Podía ver en sus ojos la incertidumbre mientras que su brazo derecho con la que iba atacar se encontraba tieso como si estuviera intentando no atacar. Al parecer, Suikotsu estaba teniendo una pelea interna porque no hacia algún otro movimiento.

—Veo que el medico sigue estando en algún parte de tu mente —dijo Karin sonriente viendo como Suikotsu la miraba furioso mientras aun sujetaba su muñeca.

«No debería estar provocándolo, pero me encanta ver que no puede deshacerse de su otra personalidad»

—¿Acaso no puedes atacarla? —inquirió Jakotsu.

—¡Cállate! —exclamó Suikotsu.

En ese momento un insecto se acercó al lado de Jakotsu.

—Oye, Sesshomaru se acerca —declaro este.

La azabache sonrió, estaba segura que Sesshomaru estaría buscando a Rin porque dudaba mucho que él tuviera en cuenta a ella sabiendo que a veces era una molestia.

—Eres patético —declaro ella—. Ni siquiera puedes deshacerte de esa parte de ti que detestas.

Karin y Suikotsu se miraron fijamente a los ojos mientras aun forcejeaban. Suikotsu era terco aun peleaba con intentar de usar esas garrar y desgarrarle la cara.

—Me cansaste —susurra Suikotsu—. Voy a usar tu método.

—¿Qué? —Karin lo miró confundida.

Sin previo aviso, Suikotsu uso su cabeza para golpear el rostro de Karin. Esta ultima retrocedió mientras tenía un latente dolor en la frente. Se agarró la zona golpeada y cuando miro nuevamente a Suikotsu, este nuevamente la golpeo en la cabeza provocando a que cayera al suelo.

«Me lo merecía por jugar con la muerte». Pensó ella mientras tenía la vista borrosa mientras escuchaba a Rin llamarla.

Desde ahí todo se volvió negro.


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¡Hasta el próximo capitulo!